AVISO 29/2020 METROMADRID – SOCIÓPATAS

Parece claro que nuestros destinos están en manos de verdaderos sociópatas, que lejos de preocuparse por mejorar las condiciones y cuidar de las personas que componen la clase obrera, gobiernan y gestionan pensando únicamente en el bien comercial, en el económico, para así tener contentos a sus jefes, los grandes capitales y jerarcas del poder.

Una clara muestra de ello es la política de privatización de los servicios públicos en favor de intereses privados de grandes corporaciones evasoras de impuestos, en favor de las ganancias para unos pocos a costa de las arcas públicas de los trabajadores, políticas neoliberales que están siendo implementadas desde hace ya años, hoy en día lo estamos pagando con nuestras vidas.

Pues bien, éstos que gestionan nuestros designios laborales no son mejores, empezando por el Consejero de Transportes y el Consorcio Regional de Transportes de la Comunidad de Madrid, que no parecen entender o más bien no quieren, que estamos en un estado de alarma, no solo la decretada por el gobierno, si no realmente grave: de alarma sanitaria. En sus manos está tomar medidas que eviten determinados focos de contagio, como apagar las máquinas de recarga de tarjetas, abrir los torniquetes al paso libre y adaptar la tabla de trenes a la verdadera afluencia de viajeros, para así permitir que más compañeros puedan permanecer en casa sin exponerse a esta fatal pandemia.

Pero éste no es el único síntoma de lo poco que les importamos, siguen exponiéndonos en desplazamientos en estaciones y en trenes de forma innecesaria por la mala gestión, en Mantenimiento de Instalaciones siguen mandándonos a hacer avisos que no requieren ninguna urgencia incluso mandando informes a los agentes que piden medidas preventivas, en Mantenimiento de Trenes se continúan haciendo trabajos que no son necesarios en las circunstancias en las que nos encontramos, además, siguen sin suministrarnos el material higiénico sanitario suficiente que nos ayude a disminuir nuestra exposición al virus…

Por otro lado, ninguna de las propuestas de los representantes de los sindicatos es buena para ellos, así, se les ha propuesto que los M.T.E. hagan jornada de unas 3,5h., sin cambiar de tren, para de este modo evitar posibles contagios entre compañeros al utilizar la cabina de conducción, con intervalos pronunciados y horarios publicados que aseguren además un descanso en cabecera para ir al aseo. En Estaciones, se les hizo una propuesta de turnos de 6h., además de cubrir una estación de cada tres recuperando sectores, y que el Jefe de Sector no saliera del cuarto del operador si no fuera absolutamente imprescindible su presencia, adaptando el horario a las recomendaciones de la ley. En los mantenimientos, se les ha exigido desde el primer día, que no se realice ningún trabajo que no pusiera en riesgo la circulación de trenes o pusiera en peligro la integridad física de trabajador@s y usuari@s.

Pues bien, ni éstas ni ninguna otra medida propuesta ha sido suficientemente buena para estos aprendices de SOCIÓPATAS, que lejos de velar por la salud y seguridad de los trabajadores, han mostrado una vez más, al igual que con el tema del amianto, que no les importamos nada.

Si algo tiene claro Solidaridad Obrera es que solo el pueblo salva al pueblo, así que invitaros a todos los compañeros a cuidarnos los unos a los otros, porque desde luego, ni la Dirección de Metro ni ningún otro organismo que derive del ámbito político lo hará, ellos son solo el instrumento final de esos poderes económicos, son solo los siervos fieles plegados a los lobbys de poder.

Madrid a 31 de marzo de 2020

Por Solidaridad Obrera

La Junta Sindical

Ante la pandemia represiva – Carlos Taibo

Ante la pandemia represiva: un borrador de tareas, modestas y asequibles, para anarquist@s, libertari@s y afines.


Permitan un gesto de ingenuidad extrema que asume la forma de una reflexión en voz alta. Pongo aquí por escrito las que entiendo que son, en un momento crítico, las tareas mayores de las gentes que siguen creyendo en la autogestión, en la acción directa y en el apoyo mutuo. Me trae sin cuidado si esas gentes son anarquistas o no lo son. Lo he dicho mil veces: lo que importan son las conductas, y no los emperifollamientos ideológicos. Desde una conciencia clara –la de que no podemos seguir así, desunidas y, a menudo, enfrentadas-, parto de la firme convicción de que somos más, muchas más, de lo que parece y de que tenemos que movernos con urgencia. A duras penas puede ser casual que un buen número de las iniciativas de solidaridad que han cobrado cuerpo en las últimas semanas hayan decidido autodescribirse como grupos de apoyo mutuo, como si un flujo subterráneo de la historia reapareciese ahora y empezase a correr, suelto, por ahí. Si este texto les sirve de algo, mejor; si no, deséchenlo. O, por qué no, reescríbanlo a su gusto. Y pongan manos a la tarea, a las tareas. Que desde mi punto de vista son las que siguen.

  1. Ejercer la solidaridad desnuda desarrollada desde abajo, y no la forzada y, en último término, interesada. Agradecer sin dobleces la conducta de quienes despliegan, con coraje, la primera.
  2. Repensar el papel de viejitos y viejitas en nuestros movimientos e iniciativas, otorgarles el relieve que merecen –que han merecido siempre- y aprovechar su sabiduría, su entrega y su tiempo.
  3. Pelear por la definitiva liberación de las mujeres y, al respecto, denunciar las limitaciones del feminismo de Estado y de las reivindicaciones que poco más reclaman que una igualitaria integración de aquéllas en la sociedad creada por los hombres. La sociedad patriarcal parece llamada a pervivir aun en presencia de la deseable, y hoy por hoy lejana, igualdad formal entre mujeres y hombres.
  4. Ante agresiones y recortes que se van a convertir en el pan nuestro de cada día, recuperar las prácticas del sindicalismo de combate y, entre ellas, en lugar principal, la acción directa. Extender la autogestión y, frente al capital, el mercado y sus miserias, abrir espacios autónomos desmercantilizados y despatriarcalizados. Tener presente, en suma, la dimensión de clase de la crisis. La situación no es la misma para las elites políticas y económicas, para las clases medias y para las clases populares, a menudo condenadas a trabajar en condiciones infames. Es mentira que a todas nos toque por igual. Y sería un error aceptar que, para resolver problemas muy graves, se impone acatar retrocesos sin cuento.
  5. Defender lo público, pero agregar detrás de ese sustantivo los adjetivos autogestionado y socializado, no vaya a ser que, como tantas veces, lo público oculte el relieve de lamentables intereses privados y se emplee contra las gentes que son sus teóricas beneficiarias.
  6. Denunciar el espectáculo de la política al uso, de la lógica de la representación, de los juegos de los partidos y de los intereses subterráneos a los que obedecen. Al tiempo, contestar frontalmente la jerarquía y la militarización, denunciar la represión –la de antaño y la de hoy- y repudiar el sinfín de formas de servidumbre voluntaria que se revelan entre nosotras en estas horas. Tomar conciencia, en suma, de que estamos ante lo que parece un ensayo general de contrainsurgencia –sin insurgencia previa, claro- que bien puede ser empleado, desde los estamentos de poder, para perfilar medidas futuras en la línea del ecofascismo.
  7. Subrayar que la pandemia contemporánea ha tenido el efecto, llamativo, de reducir la contaminación planetaria, de rebajar sensiblemente el concurso de los combustibles fósiles y de imponer un freno salvaje a la turistificación. Evitar que lo que se nos ha dado de forma sobrevenida e imprevista se diluya en la nada. Propiciar, por añadidura, una contestación franca del crecimiento económico y sus tributos, y, para ello, apostar por el decrecimiento, la rerruralización, la destecnologización, la despatriarcalización, la descolonización y la descomplejización de nuestras sociedades. No tanto para esquivar el colapso que viene como para aprender a adaptarnos al escenario correspondiente.
  8. Recordar una y otra vez, y actuar en consecuencia, que el escenario de muchos de los países del Sur es infinitamente más calamitoso que el nuestro, y subrayar cómo en esos países muere todos los años, por enfermedades curables, mucha más gente que la que lo hace de resultas del coronavirus. Extraer, en paralelo, las consecuencias que se derivan del carácter internacional de la pandemia, y contestar, también de manera internacional, el escenario que los poderes de siempre nos proponen.
  9. Recelar de la idea de que el capital todo lo puede y todo lo controla. Ese capital sigue siendo, en muchos lugares y momentos, aberrantemente cortoplacista, poco más le preocupa que la obtención del beneficio más rápido y descarnado, y –ecofascismo aparte- carece en los hechos de un proyecto de futuro. Tomar nota, sin embargo, de lo que significa el ecofascismo recién mencionado, una perspectiva que se revela de manera incipiente y que entiende que en el planeta sobra gente, de tal manera que se trataría, en la versión más suave, de marginar a quienes sobran –esto ya lo hacen- y, en la más dura, de exterminarlos directamente.
  10. Procurar el acercamiento entre las gentes que creen en la autogestión, en la democracia directa y en el apoyo mutuo. Aparcar al respecto sectarismos y debates estériles. Pensar antes en la gente común –más lúcida, a menudo, de lo que tendemos a creer- que en nuestros círculos de iniciados, y emplear al efecto los resortes que ofrecen el apoyo mutuo y la empatía con quienes sufren.
    Fácil, ¿verdad?

Artículo enviado por Carlos Taibo para publicar en la web de Solidaridad Obrera