1 de mayo
La manifestación del 1 de mayo se celebra este año en medio de la crisis
bélica más grave desde la Segunda Guerra Mundial. El ataque contra
Irán ha colocado al mundo al borde de una catástrofe que amenaza a
toda la humanidad y que solo la clase trabajadora puede frenar.
Debemos convertir este 1 de mayo en un grito unánime contra la guerra,
pero también hacerlo por una vivienda digna y desmercantilizada,
pues el mismo fondo buitre que nos echa de nuestras casas y barrios,
financia las guerras del capital. El mismo sistema en el que nos obligan a
malvivir parece haber agotado los recursos fósiles que lo apuntalaron.
La crisis que se viene la pagará solo una clase: la nuestra. De hecho,
ya la estamos pagando. Ahí están las colas del hambre, la pobreza
energética y la exclusión social rondan a las familias que viven de
trabajos precarios.
No nos olvidamos de las luchas de las mujeres que no dejan que
olvidemos que dentro de la misma clase algunas sufren aún más
opresiones, porque, a pesar de que las huelgas de mujeres han sido
determinantes no solo en la lucha por la igualdad, sino también
en la conquista de derechos laborales para todos siguen siendo las
víctimas de los feminicidios en las guerras, de la brecha salarial y de la
discriminación en el ámbito laboral.
El imperialismo y el rentismo nos quieren solas y enfrentadas, pero
estamos juntas y somos imparables. Debemos serlo contra el fascismo
que trabaja para el capital; contra las empresas que nos explotan y
contra los gobiernos que legislan para ellas.
Salgamos a las calles el 1 de mayo y quedémonos allí. Luchemos desde
ellas por nuestras condiciones laborales, por nuestros salarios y por
nuestras vidas.
No permitamos que nos sigan robando. Solo luchando conseguiremos
una vida mejor.

