{"id":2633,"date":"2016-09-14T09:04:37","date_gmt":"2016-09-14T09:04:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.solidaridadobrera.org\/?page_id=2633"},"modified":"2016-09-14T09:06:30","modified_gmt":"2016-09-14T09:06:30","slug":"el-apoyo-mutuo","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.solidaridadobrera.org\/confederal\/el-apoyo-mutuo\/","title":{"rendered":"EL APOYO MUTUO"},"content":{"rendered":"<p>EL APOYO MUTUO<br \/>\nPiotr Kropotkin<br \/>\nINTRODUCCI\u00d3N A LA TERCERA EDICI\u00d3N EN ESPA\u00d1OL<br \/>\nEl apoyo mutuo es la obra m\u00e1s representativa de la personalidad intelectual de Kropotkin. En<br \/>\nella se encuentran expresados por igual el hombre de ciencia y el pensador anarquista; el<br \/>\nbi\u00f3logo y el fil\u00f3sofo social; \u00e9l historiador y el ide\u00f3logo. Se trata de un ensayo enciclop\u00e9dico, de<br \/>\nun g\u00e9nero cuyos \u00faltimos cultores fueron positivistas y evolucionistas. Abarca casi todas las<br \/>\nramas del saber humano, desde la zoolog\u00eda a la historia social, desde la geograf\u00eda a la<br \/>\nsociolog\u00eda del arte, puestas al servicio de, una tesis cient\u00edfico-filos\u00f3fica que constituye, a su vez,<br \/>\nuna particular interpretaci\u00f3n del evolucionismo darwiniano.<br \/>\nPuede decirse que dicha tesis llega a ser el fundamento de toda su filosof\u00eda social y pol\u00edtica y de<br \/>\ntodas sus doctrinas e interpretaciones de la realidad contempor\u00e1nea Como gozne entre aquel<br \/>\nfundamento y estas doctrinas se encuentra una \u00e9tica de la expansi\u00f3n vital.<br \/>\nPara comprender el sentido de la tesis b\u00e1sica de El apoyo mutuo es necesario partir del<br \/>\nevolucionismo darwiniano al cual se adhiere Kropotkin, consider\u00e1ndolo la \u00faltima palabra de la<br \/>\nciencia moderna.<br \/>\nHasta el siglo XIX los naturalistas ten\u00edan casi por axioma la idea de la fijeza e inmovilidad de las<br \/>\nespecies biol\u00f3gicas: Tot sunt species quot a principio creavit infinitum ens. A\u00fan en el siglo XIX,<br \/>\nel m\u00e1s c\u00e9lebre de los cultores de la historia natural, el hugonote Cuvier, segu\u00eda impert\u00e9rrito en<br \/>\nsu fijismo. Pero ya en 1809 Lamarck, en su Filosof\u00edazool\u00f3gica defend\u00eda, con gran esc\u00e1ndalo de<br \/>\nla Iglesia y de la Academia, la tesis de que las especies zool\u00f3gicas se transforman, en<br \/>\nrespuesta a una tendencia inmanente, de su naturaleza y adapt\u00e1ndose al medio circundante.<br \/>\nHay en cada animal un impulso intr\u00ednseco (o \u00abconato\u00bb) que lo lleva a nuevas adaptaciones y lo<br \/>\nprovee de nuevos \u00f3rganos, que se agregan a su fondo gen\u00e9tico y se transmiten por herencia. A<br \/>\nla idea del impuso intr\u00ednseco y la formaci\u00f3n de nuevos \u00f3rganos exigidos por el medio ambiente<br \/>\nse a\u00f1ade la de la transmisi\u00f3n hereditaria. Tales ideas, a las que Cuvier opon\u00eda tres a\u00f1os m\u00e1s<br \/>\ntarde, en su Discurso sobre las revoluciones del globo, la teor\u00eda de las cat\u00e1strofes geol\u00f3gicas y<br \/>\nlas sucesivas creaciones1, encontr\u00f3 indirecto apoyo en los trabajos del ge\u00f3logo ingl\u00e9s, Lyell,<br \/>\nqui\u00e9n, en sus Principios de geolog\u00eda demostr\u00f3 la falsedad del catastrofismo de Cuvier,<br \/>\nprobando que las causas de la alteraci\u00f3n de la superficie del planeta no son diferentes hoy que<br \/>\nen las pasadas eras2.<br \/>\nLamarck desciende filos\u00f3ficamente de la filosof\u00eda de la Ilustraci\u00f3n, pero no ha desechado del<br \/>\ntodo la teleolog\u00eda. Para \u00e9l hay en la naturaleza de los seres vivos una tendencia continua a<br \/>\nproducir organismos cada vez m\u00e1s complejos3. Dicha tendencia act\u00faa en respuesta a<br \/>\nexigencias del medio y no s\u00f3lo crea nuevos caracteres som\u00e1ticos sino que los transmite por<br \/>\nherencia. Una voluntad inconsciente y gen\u00e9rica impulsa, pues, el cambio seg\u00fan una ley general<br \/>\nque se\u00f1ala el tr\u00e1nsito de lo simple a lo complejo. Est\u00e1 ley servir\u00e1 de base a la filosof\u00eda sint\u00e9tica<br \/>\nde Spencer. Pese a la importancia de la teor\u00eda de Lamarck en la historia de la ciencia y aun de<br \/>\n1 Cfr. H. Daudin, Cuvier et Lanzarck, Par\u00eds, 1926<br \/>\n2 Cfr. G. Colosi, La doctrina dell evolucione e le teorie evoluzionistiche, Florencia, 1945<br \/>\n3 S. J. Gould, Desde Darwin, Madrid, 1983, p. 80.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n6<br \/>\nla filosof\u00eda, ella estaba limitada por innegables deficiencias. Lamarck no aport\u00f3 muchas pruebas<br \/>\na sus hip\u00f3tesis; parti\u00f3 de una qu\u00edmica precient\u00edfica; no consider\u00f3 la evoluci\u00f3n sino como<br \/>\nproceso lineal. Darwin, en cambio, s\u00e9 preocup\u00f3 por acumular, sobre todo a trav\u00e9s de su viaje<br \/>\nalrededor del mundo, en el Beagle un gran c\u00famulo de observaciones zool\u00f3gicas y bot\u00e1nicas; se<br \/>\npuso al d\u00eda con la qu\u00edmica iniciada por Lavoisier (aunque ignor\u00f3 la gen\u00e9tica fundada por<br \/>\nMendel) y tuvo de la evoluci\u00f3n un concepto m\u00e1s amplio y, complejo. Desech\u00f3 toda clase de<br \/>\nteleologismo y se bas\u00f3, en supuestos estrictamente mecanicistas. Sus notas revelan que ten\u00eda<br \/>\nconciencia de las aplicaciones materialistas de sus teor\u00edas biol\u00f3gicas. De hecho, no s\u00f3lo recibi\u00f3<br \/>\nla influencia de su abuelo Erasmus Darwin y la del ge\u00f3logo Lyell sino tambi\u00e9n las del<br \/>\neconomista Adam Smith, del dem\u00f3grafo Malthus y del fil\u00f3sofo Comte4. En 1859 public\u00f3 su<br \/>\nOrigen de las especies que logr\u00f3 pronto universal celebridad; doce a\u00f1os m\u00e1s tarde sac\u00f3 a la luz<br \/>\nLa descendencia del hombre5. Darwin acepta de Lamarck la idea de adaptaci\u00f3n al medio, pero<br \/>\nse niega a admitir la de la fuerza inmanente que impulsa la evoluci\u00f3n. Rechaza, en<br \/>\nconsecuencia, toda posibilidad de cambios repentinos y s\u00f3lo admite una serie de cambios<br \/>\ngraduales y accidentales. Formula, en sustituci\u00f3n del principio lamarckiano del impulso<br \/>\ninmanente, la ley de la selecci\u00f3n natural6. Partiendo de Malthus, observa que hay una<br \/>\nreproducci\u00f3n excesiva de los vivientes, que llevar\u00eda de por s\u00ed a que cada especie llenara toda la<br \/>\ntierra. Si ello no sucede es porque una gran parte de los individuos perecen. Ahora bien, la<br \/>\ndesaparici\u00f3n de los mismos obedece a un proceso de selecci\u00f3n. Dentro de cada especie<br \/>\nsurgen inn\u00fameras diferencias; s\u00f3lo sobreviven aquellos individuos cuyos caracteres<br \/>\ndiferenciales los hacen m\u00e1s aptos para adaptarse al medio. De tal manera, la evoluci\u00f3n aparece<br \/>\ncomo un proceso mec\u00e1nico, que hace superflua toda teleolog\u00eda y toda idea de una direcci\u00f3n y<br \/>\nde una meta. Esta ley b\u00e1sica de la selecci\u00f3n natural y la supervivencia del m\u00e1s- apto (que<br \/>\nalgunos fil\u00f3sofos contempor\u00e1neos, como Popper, consideran mera tautolog\u00eda) comparte la idea<br \/>\nde la lucha por la vida (struggle for life)7. \u00c9sta se manifiesta principalmente entre los individuos<br \/>\nde una misma especie, donde cada uno lucha por el predominio y por el acceso a la<br \/>\nreproducci\u00f3n (selecci\u00f3n sexual).<br \/>\nHerbert Spencer, quien, antes de Darwin, hab\u00eda esbozado ya el plan de un vasto sistema de<br \/>\nfilosof\u00eda sint\u00e9tica, extendi\u00f3 la idea de la evoluci\u00f3n, por una parte, a la materia inorg\u00e1nica<br \/>\n(Primeros Principios 1862, II Parte) y, por otra parte, a la sociedad y la cultura (Principios de<br \/>\nSociolog\u00eda, 18761896). Para \u00e9l, la lucha por la vida y la supervivencia del m\u00e1s apto (expresi\u00f3n<br \/>\nque usaba desde 1852), representan no solamente, el mecanismo por el cual la vida se<br \/>\ntransforma y evoluciona s\u00ed no tambi\u00e9n la \u00fanica v\u00eda de todo progreso humano8. Sienta as\u00ed las<br \/>\nbases de lo que se llamar\u00e1 el darwinismo social, cuyos dos hijos, el feroz capitalismo<br \/>\nmanchesteriano y el ignominioso racismo fuero tal vez m\u00e1s lejos de lo que aquel pac\u00edfico<br \/>\nburgu\u00e9s pod\u00eda imaginar. Th. Huxley, disc\u00edpulo fiel de Darwin, publica, en febrero de 1888, en, la<br \/>\nrevista The N\u00edneteenth Century, un art\u00edculo que como su mismo t\u00edtulo indica, es todo un<br \/>\nmanifiesto del darwinismo social: The Struggle for life. A Programme9. Kropotkin queda<br \/>\nconmovido por este trabajo, en el cual ve expuestas las ideas sociales contra las que siempre<br \/>\nhab\u00eda luchado, fundadas en las teor\u00edas cient\u00edficas a las que consideraba como culminaci\u00f3n, del<br \/>\npensamiento biol\u00f3gico contempor\u00e1neo. Reacciona contra \u00e9l y, a partir de 1890, se propone<br \/>\nrefutarlo en una serie de art\u00edculos, que van apareciendo tambi\u00e9n en The Nineteenth Century y<br \/>\nque m\u00e1s tarde ampl\u00eda y complementa, al reunirlos en un volumen titulado El apoyo mutuo. Un<br \/>\nfactor de la evoluci\u00f3n.<br \/>\n4 R. Grasa Hern\u00e1ndez, El evolucionismo: de Darwin a la sociobiolog\u00eda, Madrid, 1986, p. 43.<br \/>\n5 C. J. Rostand, Charles Darwin, Par\u00eds, 1948; P. Leonardi, Darwin Brescia, 1948; M.T. Ghiselin, The Triumph of the<br \/>\nDarwinian Method Chicago, 1949.fr<br \/>\n6 Cfr. A. Pauli, Darwinisimusund Lamarckismus, Muninch, 1905.<br \/>\n7 Cfr. G. De Beer, Charles Darwin, Evolution by Natural Selection Londres, 1963.<br \/>\n8 Cfr. W.H. Hudson, Introditction to the Philosophy of Herbert Spencer Londres, 1909.<br \/>\n9 Cfr. W. Irvine, T. H. Huxley Londres, 1960.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n7<br \/>\nUn camino para refutar a Huxley y al darwinismo social hubiera sido seguir los pasos de Russell<br \/>\nWallace, quien pone el cerebro del hombre, al margen de la evoluci\u00f3n. Hay que tener en cuenta<br \/>\nque este ilustre sabio que formul\u00f3 su teor\u00eda de la evoluci\u00f3n de las especies casi al mismo<br \/>\ntiempo que Darwin, al hacer un lugar aparte para la vida moral e intelectual del ser humano,<br \/>\nsosten\u00eda que desde el momento en que \u00e9ste lleg\u00f3 a descubrir el fuego, entr\u00f3 en el campo de la<br \/>\ncultura y dejo de ser afectado por la selecci\u00f3n natural10. De este modo Wallace se sustrajo,<br \/>\nmucho m\u00e1s que Darwin o Spencer, al prejuicio racial11. Pero Kropotkin, firme en su<br \/>\nmaterialismo, no pod\u00eda seguir a Wallace, quien no dudaba en postular la intervenci\u00f3n de Dios<br \/>\npara explicar las caracter\u00edsticas del cerebro y la superioridad moral e intelectual del hombre.<br \/>\nPor otra parte, como socialista y anarquista, no pod\u00eda en, modo alguno cohonestar las<br \/>\nconclusiones de Huxley, en las que ve\u00eda sin duda un c\u00f3modo fundamento para la econom\u00eda del<br \/>\nirrestricto \u00ablaissez faire\u00bb capitalista, para las teor\u00edas racistas de Gobineau (cuyo Ensayo sobre la<br \/>\ndesigualdad de las razas humanas hab\u00eda sido publicados ya en 1855), para el malthusianismo,<br \/>\npara las elucubraciones falsamente individualistas de Stirner y de Nietzsche.<br \/>\nConsidera, pues, el manifiesto huxleyano como una interpretaci\u00f3n unilateral y, por tanto, falsa<br \/>\nde la teor\u00eda darwinista del \u00abstruggle for life\u00bb y le propone demostrar que, junto al principio de la<br \/>\nlucha (de cuya vigencia no duda), se debe tener en cuenta otro, m\u00e1s importante que aqu\u00e9l para<br \/>\nexplicar la evoluci\u00f3n de los animales y el progreso del hombre. Este principio es el de la ayuda<br \/>\nmutua entre los individuos de una misma especie (y, a veces, tambi\u00e9n entre las de especies<br \/>\ndiferentes). El mismo Darwin hab\u00eda admitido este principio. En el pr\u00f3logo a la edici\u00f3n de 1920<br \/>\nde El apoyo mutuo, escrito pocos meses antes de su muerte, Kropotkin manifiesta su alegr\u00eda<br \/>\npor el hecho de que el mismo Spencer reconociera la importancia de \u00abla ayuda mutua y su<br \/>\nsignificado en la lucha por la existencia&#8217;. Ni Darwin ni Spencer le otorgaron nunca, sin embargo,<br \/>\nel rango que le da Kropotkin al ponerla al mismo nivel (cuando no por encima) de la lucha por la<br \/>\nvida como factor de evoluci\u00f3n.<br \/>\nTras un examen bastante minucioso de la conducta de diferentes especies animales, desde los<br \/>\nescarabajos sepultureros y los cangrejos de las Molucas hasta los insectos sociales (hormigas,<br \/>\nabejas etc.), para lo cual aprovecha las investigaciones de Lubbock y Fabre; desde el grifoh\u00e1lc\u00f3n<br \/>\ndel Brasil hasta el frailecico y el aguzanieves desde c\u00e1nidos, roedores, angulados y<br \/>\nrumiantes hasta elefantes, jabal\u00edes, morsas y cet\u00e1ceos; Despu\u00e9s de haber descripto<br \/>\nparticularmente los h\u00e1bitos de los monos que son, entre todos los animales &#8216;los m\u00e1s pr\u00f3ximos al<br \/>\nhombre por su constituci\u00f3n y por su inteligencia&#8217;, concluye que en todos los niveles de la escala<br \/>\nzool\u00f3gica existe vida social y que, a medida que se asciende en dicha escala, las colonias o<br \/>\nsociedades animales se tornan cada vez m\u00e1s conscientes, dejan de tener un mero alcance<br \/>\nfisiol\u00f3gico y de fundamentarse en el instinto, para llegar a ser, al fin, racionales. En lugar de<br \/>\nsostener, como Huxley, que la sociedad humana naci\u00f3 de un pacto de no agresi\u00f3n, Kropotkin<br \/>\nconsidera que ella existi\u00f3 desde siempre y no fue creada por ning\u00fan contrato, sino que fue<br \/>\nanterior inclusive a la existencia de los individuos. El hombre, para \u00e9l, no es lo que es sino por<br \/>\nsu sociabilidad, es decir, por la fuerte tendencia al apoyo mutuo y a la convivencia permanente.<br \/>\nSe opone as\u00ed al contractualismo, tanto en la versi\u00f3n pesimista de Hobbes (honro homini lupus),<br \/>\nque fundamenta el absolutismo mon\u00e1rquico, c\u00f3mo en la optimista de Rousseau, sobre la cual<br \/>\nse considera basada&#8217; la democracia liberal. Para Kropotkin igual que par Arist\u00f3teles, la sociedad<br \/>\nes tan connatural al hombre como el lenguaje. Nadie como el hombre merece el apelativo de<br \/>\n\u00abanimal social\u00bb (ds\u00f3on koinonik\u00f3n).<br \/>\nPero a Arist\u00f3teles se opone al no admitir la equivalencia que \u00e9ste establece entre \u00abanimal<br \/>\nsocial\u00bb y \u00abanimal pol\u00edtico\u00bb (ds\u00f3on politik\u00f3n). Seg\u00fan Kropotkin, la existencia del hombre depende<br \/>\nsiempre de una coexistencia. El hombre existe para la sociedad tanto como la sociedad para el<br \/>\n10 R. Grasa Hern\u00e1ndez, op. cit. p. 57.<br \/>\n11 Cfr. W.B. George, Biologist philosopher.- A Study of the Life and Writings of A. R. Wallace, Nueva York, 1964.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n8<br \/>\nhombre. Es claro, por eso que su simpat\u00eda por Nietzsche no pod\u00eda ser profunda. Considera al<br \/>\nnietzscheanismo, tan de moda en su \u00e9poca como en la nuestra, \u00abuno de los individualismos<br \/>\nesp\u00fareos\u00bb. Lo identifica en definitiva con el individualismo burgu\u00e9s, &#8216;que s\u00f3lo puede existir bajo<br \/>\nla condici\u00f3n de oprimir a las masas y del lacayismo, del servilismo hacia la tradici\u00f3n, de la<br \/>\nobliteraci\u00f3n de la individualidad dentro del propio opresor, como en seno de la masa oprimida12 .<br \/>\nAun a Guyau, ese Nietzsche franc\u00e9s cuya moral sin obligaci\u00f3n ni sanci\u00f3n encuentra tan cercana<br \/>\na la \u00e9tica anarquista, le reprocha el no haber comprendido que la expansi\u00f3n vital a la cual aspira<br \/>\nes ante todo lucha por la justicia y la Libertad del pueblo. Con mayor fuerza todav\u00eda se opone al<br \/>\nsolipsismo moral y al egotismo trascendental de Stirner, que considera \u00absimplemente la vuelta<br \/>\ndisimulada a la actual educaci\u00f3n del monopolio de unos pocos\u00bb y el derecho al desarrollo \u00abpara<br \/>\nlas minor\u00edas privilegiadas\u00bb<br \/>\nSin dejar de reconocer, pues, que la idea de la lucha por la vida, tal como la propusieron Darwin<br \/>\ny Wallace, resulta sumamente fecunda: en cuanto hace posible abarcar una gran cantidad de<br \/>\nhechos bajo un enunciado general, insiste en que muchos darwinistas han restringido aquella<br \/>\nidea a l\u00edmites excesivamente estrechos y tienden a interpretar el mundo de los animales como<br \/>\nun sangriento escenario de luchas ininterrumpidas entre seres siempre hambrientos y \u00e1vidos de<br \/>\nsangre. Gracias a ellos la literatura moderna se ha llenado con el grito de &#8216;vae victis\u00bb (\u00a1ay de los<br \/>\nvencidos!), grito que consideran como la \u00faltima palabra de la ciencia biol\u00f3gica. Elevaron la<br \/>\nlucha sin cuartel a la condici\u00f3n de principio y ley de la biolog\u00eda y pretenden que a ella se<br \/>\nsubordine el ser humano. Mientras tanto, Marx consideraba que el evolucionismo darwiniano,<br \/>\nbasado en la lucha por la vida, formaba parte de la revoluci\u00f3n social13 y, al mismo tiempo, los<br \/>\neconomistas manchesterianos lo ten\u00edan como excelente soporte cient\u00edfico para su teor\u00eda de la<br \/>\nlibre competencia, en la cual la lucha de todos contra todos (la ley de la selva) representa el<br \/>\n\u00fanico camino hacia, la prosperidad. Kropotkin coincide con Marx y Engels en que el darwinismo<br \/>\ndio un golpe de gracia a la teleolog\u00eda. Al intento de aprovechar para los fines de la revoluci\u00f3n<br \/>\nsocial la idea darwinista de la vida (interpretada como lucha de clases) le asigna relativa<br \/>\nimportancia. Por otra parte, como Marx, ataca \u00e1 Malthus, cuyo primer adversario de talla hab\u00eda<br \/>\nsido Godwin, el precursor de Proudhon y del anarquismo.<br \/>\nPero la decidida oposici\u00f3n al malthusianismo, que propicia la muerte masiva de los pobres por<br \/>\nsu inadaptaci\u00f3n al medio, y la lucha contra Huxley, que no encuentra otro factor de evoluci\u00f3n<br \/>\nfuera de la perenne lucha sangrienta, no significan que Kropotkin se adhiera a una visi\u00f3n id\u00edlica<br \/>\nde la vida animal y humana ni que se libre, como muchas veces se ha dicho, a un optimismo<br \/>\ndesenfrenado e ingenuo. Como naturalista y hombre de ciencia est\u00e1 lejos de los rosados<br \/>\ncuadros galantes y festivos del rococ\u00f3, y no comparte simple y llanamente la idea del bien<br \/>\nsalvaje de Rousseau. Pretende situarse en un punto intermedio entre \u00e9ste y Huxley. El error de<br \/>\nRousseau consiste en que perdi\u00f3 de vista por completo la lucha sostenida con picos y garras, y<br \/>\nHuxley es culpable del error de car\u00e1cter opuesto; pero ni el optimismo de Rousseau ni el<br \/>\npesimismo de Huxley pueden ser aceptados como una interpretaci\u00f3n desapasionada y cient\u00edfica<br \/>\nde la naturaleza.<br \/>\nEl ilustre bi\u00f3logo Ashley Montagu escribe a este respecto: \u00abEs error generalizado creer que<br \/>\nKropotkin se propuso demostrar que es la ayuda mutua y no la selecci\u00f3n natural o la<br \/>\ncompetencia el principal o \u00fanico factor que act\u00faa en el proceso evolutivo\u00bb. En un libro de<br \/>\ngen\u00e9tica publicado recientemente por una gran autoridad en la materia, leemos: \u00abEl reconocer<br \/>\nla importancia que tiene la cooperaci\u00f3n y la ayuda mutua en la adaptaci\u00f3n no contradice de<br \/>\nninguna manera la teor\u00eda de la selecci\u00f3n natural, seg\u00fan interpretaron Kropotkin y otros\u00bb. Los<br \/>\nlectores de El apoyo mutuo pronto percibir\u00e1n hasta qu\u00e9 punto es injusto este comentario.<br \/>\nKropotkin no considera que la ayuda mutua contradice la teor\u00eda de la selecci\u00f3n natural. Una y<br \/>\notra vez llama la atenci\u00f3n sobre el hecho de que existe competencia en la lucha por la vida<br \/>\n12 Felix Garc\u00eda Moriy\u00f3n Del socialismo ut\u00f3pico al anarquismo, Madrid, 1985, p. 59.<br \/>\n13 J. Hewetson, \u00abMutual Aid and Social Evolution\u00bb, Anarchy 55 p. 258.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n9<br \/>\n(expresi\u00f3n que critica acertadamente con razones sin duda aceptables para la mayor parte de<br \/>\nlos darwinistas modernos), una y otra vez destaca la importancia de la teor\u00eda de la selecci\u00f3n<br \/>\nnatural, que se\u00f1ala como la m\u00e1s significativa del siglo XIX. Lo que encuentra inaceptable y<br \/>\ncontradictorio es el extremismo representado por Huxley en su ensayo \u00abStruggle for Existence<br \/>\nManifesto\u00bb, y as\u00ed lo demuestra al calificarlo de \u00abatroz\u00bb en sus Memorias14. En efecto, en<br \/>\nMemorias de un revolucionario relata: \u00abCuando Huxley, queriendo luchar contra el socialismo,<br \/>\npublic\u00f3 en 1888 en Nineteenth Century, su atroz articulo \u00abLa lucha por la existencia es todo un<br \/>\nprograma\u00bb, me decid\u00ed a presentar en forma comprensible mis objeciones a su modo de<br \/>\nentender la referida lucha, lo mismo entre los animales que entre los hombres, materiales que<br \/>\nestuve acumulando durante seis a\u00f1os\u00bb15. El prop\u00f3sito no tuvo calurosa acogida entre los<br \/>\nhombres de ciencia amigos, ya que la interpretaci\u00f3n de \u00abla lucha por la vida como sin\u00f3nimo de<br \/>\n\u00a1ay de los vencidos!\u00bb, elevado al nivel de un imperativo de la naturaleza, se hab\u00eda convertido<br \/>\ncasi en un dogma. S\u00f3lo dos personas apoyaron la rebeld\u00eda de Kropotkin contra el dogma y la<br \/>\n\u00abatroz\u00bb interpretaci\u00f3n huxleyana: James Knowles, director de la revista Nineteenth Century H.W.<br \/>\nBates, conocido autor de Un naturalista en el r\u00edo Amazonas. Por lo dem\u00e1s, la tesis que<br \/>\npretend\u00eda defender, contra Huxley, hab\u00eda sido va propuesta por el ge\u00f3logo ruso Kessler, aunque<br \/>\n\u00e9ste a penas hab\u00eda aducido alguna prueba en favor de la misma. Eliseo Reclus, con su<br \/>\nautoridad de sabio, dar\u00e1 su abierta adhesi\u00f3n a dicha tesis y defender\u00e1 los mismos puntos de<br \/>\nvista que Kropotkin16.<br \/>\nDe la gran masa de datos zool\u00f3gicos que ha reunido infiere, pues, que aunque es cierta la<br \/>\nlucha entre especies diferentes y entre grupos de una misma especie, en t\u00e9rminos generales<br \/>\ndebe decirse que la pac\u00edfica convivencia y el apoyo mutuo reinan dentro del grupo y de la<br \/>\nespecie, y, m\u00e1s a\u00fan, que aquellas especies en las cuales m\u00e1s desarrollada est\u00e1 la solidaridad y<br \/>\nla ayuda rec\u00edproca entre los individuos tiene mayores posibilidades de supervivencia y<br \/>\nevoluci\u00f3n.<br \/>\nEl principio del apoyo mutuo no constituye, por tanto, para Kropotkin, un ideal \u00e9tico ni tampoco<br \/>\nuna mera anomal\u00eda que rompe las r\u00edgidas exigencias de la lucha por la vida, sino un hecho<br \/>\ncient\u00edficamente comprobado como factor de la evoluci\u00f3n, paralelo y contrario al otro factor, el<br \/>\nfamoso \u00abstruggle for life\u00bb. Es claro que el principio podr\u00eda interpretarse como pura exigencia<br \/>\nmoral del esp\u00edritu humano, como imperativo categ\u00f3rico o como postulado o fundacional de la<br \/>\nsociedad y de la cultura. Pero en ese caso habr\u00eda que adoptar una posici\u00f3n idealista o, por lo<br \/>\nmenos, renunciar al materialismo mecanicista y, al naturalismo anti-teol\u00f3gico que Kropotkin ha<br \/>\naceptado. Si tanto se esfuerza por demostrar que el apoyo mutuo es un factor biol\u00f3gico, es<br \/>\nporque s\u00f3lo as\u00ed quedan igualmente satisfechas y armonizadas sus ideas filos\u00f3ficas y sus ideas<br \/>\nsocio-pol\u00edticas en una \u00fanica \u00abWeitanschaung\u00bb, acorde, por lo dem\u00e1s, con el esp\u00edritu de la \u00e9poca.<br \/>\nLa concepci\u00f3n huxleyana de la lucha por la vida, aplicada a la historia y la sociedad humana,<br \/>\ntiene una expresi\u00f3n anticipada en Hobbes, que presenta el estado primitivo de la humanidad<br \/>\ncomo lucha perpetua de todos contra todos. Esta teor\u00eda, que muchos darwinistas como Huxley<br \/>\naceptan complacidos, se funda, seg\u00fan Kropotkin, en supuestos que la moderna etnolog\u00eda<br \/>\ndesmiente, pues imagina a los hombres primitivos unidos s\u00f3lo en familias n\u00f3madas y<br \/>\ntemporales. Invoca, a este respecto, lo mismo que Engels, el testimonio de Morgan y Bachofen.<br \/>\nLa familia no aparece as\u00ed tomo forma primitiva y originaria de convivencia sino como producto<br \/>\nm\u00e1s bien tard\u00edo de la evoluci\u00f3n social. Seg\u00fan Kropotkin, la antropolog\u00eda nos inclina a pensar<br \/>\nque en sus or\u00edgenes el hombre viv\u00eda en grandes grupos o reba\u00f1os, similares a los que<br \/>\nconstituyen hoy muchos mam\u00edferos superiores. Siguiendo al propio Darwin, advierte que no<br \/>\nfueron monos solitarios, como el orangut\u00e1n y el gorila, los que originaron los primeros<br \/>\nhom\u00ednidos o antropoides, sino, al contrario, monos menos fuertes pero m\u00e1s sociables, como \u00e9l<br \/>\nchimpanc\u00e9. La informaci\u00f3n antropol\u00f3gica y prehist\u00f3rica, obtenida al parecer en el Museo<br \/>\n14 Ashley Montagu, Pr\u00f3logo a El Apoyo Mutuo, Buenos Aires, 1970, PP. VII &#8211; VIII.<br \/>\n15 P. Kropotkin, Memorias de un revolucionario, Madrid, 1973 p. 419.<br \/>\n16 Cfr. E. Reclus, Correspondance Par\u00eds, 1911 &#8211; 1925.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n10<br \/>\nBrit\u00e1nico, es abundante y est\u00e1 muy actualizada para el momento. Con ella cree Kropotkin<br \/>\ndemostrar ampliamente su tesis. El hombre prehist\u00f3rico viv\u00eda en sociedad: las cuevas de los<br \/>\nvalles de Dordogne, por ejemplo, fueron habitadas durante el paleol\u00edtico y en ellas se han<br \/>\nencontrado numerosos instrumentos de s\u00edlice. Durante el neol\u00edtico, seg\u00fan se infiere de los<br \/>\nrestos palaf\u00edticos de Suiza, los hombres viv\u00edan y laboraban en com\u00fan y al parecer en paz.<br \/>\nTambi\u00e9n estudia, vali\u00e9ndose de relatos de viajeros y estudios etnogr\u00e1ficos, las tribus primitivas<br \/>\nque aun habitan fuera de Europa (bosquimanos, australianos, esquimales, hotentotes, pap\u00faes<br \/>\netc.), en todas las cuales encuentra abundantes pruebas de altruismo y esp\u00edritu comunitario<br \/>\nentre los miembros del clan y de la tribu. Adelant\u00e1ndose en cierta manera a estudios<br \/>\netnogr\u00e1ficos posteriores, intenta desmitologizar la antropofagia, el infanticidio y otras pr\u00e1cticas<br \/>\nsemejantes (que antrop\u00f3logos y misioneros de la \u00e9poca utilizaban sin duda para justificar la<br \/>\nopresi\u00f3n colonial). Pone de relieve, por el contrario, la abnegaci\u00f3n de los individuos en pro de la<br \/>\ncomunidad, el d\u00e9bil o inexistente sentido de la propiedad privada, la actitud m\u00e1s pac\u00edfica de lo<br \/>\nque se suele suponer, la falta de gobierno. En este, punto, Kropotkin es evidentemente un<br \/>\nprecursor de la actual antropolog\u00eda pol\u00edtica de Clastres17. Aunque considera inaceptable tanto la<br \/>\nvisi\u00f3n rousseauniana del hombre primitivo cual modelo de inocencia y de virtud, como la de<br \/>\nHuxley y muchos antrop\u00f3logos del siglo XIX, que lo consideran una bestia sanguinaria y feroz,<br \/>\ncree que esta segunda visi\u00f3n es m\u00e1s falsa y anticient\u00edfica que la primera. En su lucha por la<br \/>\nvida &#8211; dice Kropotkin- el hombre primitivo lleg\u00f3 a identificar su propia existencia con la de la<br \/>\ntribu, y sin tal identificaci\u00f3n jam\u00e1s hubiera negado la humanidad al nivel en que hoy se halla. Si<br \/>\nlos pueblos \u00abb\u00e1rbaros\u00bb parecen caracterizarse por su incesante actividad b\u00e9lica, ello se debe,<br \/>\nen buena parte, seg\u00fan nuestro autor, al hecho de que los cronistas e historiadores, los<br \/>\ndocumentos y los poemas \u00e9picos, s\u00f3lo consideran dignas de menci\u00f3n las haza\u00f1as guerreras y<br \/>\npasan casi siempre por alto las proezas del trabajo, de la convivencia y de la paz.<br \/>\nGran importancia concede a la comuna aldeana, instituci\u00f3n universal y c\u00e9lula de toda sociedad<br \/>\nfutura, que existi\u00f3 en todos los pueblos y sobrevive aun hoy en algunos. En lugar de ver en ella,<br \/>\ncomo hacen no pocos historiadores, un resultado de la servidumbre, la entiende como<br \/>\norganizaci\u00f3n previa y hasta contraria a la misma. En ella no s\u00f3lo se garantizaban a cada<br \/>\ncampesino los frutos de la tierra com\u00fan sino tambi\u00e9n la defensa de la vida y el solidario apoyo<br \/>\nen todas las necesidades de la vida. Enuncia una especie de ley sociol\u00f3gica al decir que,<br \/>\ncuanto m\u00e1s \u00edntegra se conserva la obsesi\u00f3n comunal, tanto m\u00e1s nobles y suaves son las<br \/>\ncostumbres de los pueblos. De hecho, las normas morales de los b\u00e1rbaros eran muy elevadas y<br \/>\nel derecho penal relativamente humano frente a la crueldad del derecho romano o bizantino.<br \/>\nLas aldeas fortificadas, se convirtieron desde comienzos del Medioevo en ciudades, que<br \/>\nllegaron a ser pol\u00edticamente an\u00e1logas a las de la antigua Grecia. Sus habitantes, con<br \/>\nunanimidad que hoy parece casi inexplicable, sacudieron por doquier el yugo de los se\u00f1ores y<br \/>\nse rebelaron contra el dominio feudal. De tal modo, la ciudad libre medieval, surgida de la<br \/>\ncomuna b\u00e1rbara (y no del municipio romano, como sostiene Savigny), llega a ser, para<br \/>\nKropotkin, la expresi\u00f3n tal vez m\u00e1s perfecta de una sociedad humana, basada en el libre<br \/>\nacuerdo y en el apoyo mutuo. Kropotkin sostiene, a partir de aqu\u00ed, una interpretaci\u00f3n de la Edad<br \/>\nMed\u00eda que contrasta con la historiograf\u00eda de la Ilustraci\u00f3n y tambi\u00e9n, en gran parte, con la<br \/>\nhistoriograf\u00eda liberal, y Marxista. Inclusive algunos escritores anarquistas, como Max Nettlau, la<br \/>\nconsideran excesivamente laudatoria e idealizada18. Sin embargo, dicha interpretaci\u00f3n supone<br \/>\nen el Medioevo un claro dualismo por una parte, el lado oscuro, representado por la estructura<br \/>\nvertical del feudalismo (cuyo v\u00e9rtice ocupan el emperador y el papa); por otra, el lado claro y<br \/>\nluminoso, encarnado en la estructura horizontal de las ligas de ciudades libres (pr\u00e1cticamente<br \/>\najenas a toda autoridad pol\u00edtica). Grave error de perspectiva ser\u00eda, pues, equiparar est\u00e1<br \/>\nreivindicaci\u00f3n de la edad Media, no digamos ya con la que intentaron ultramontonos como De<br \/>\n17 Cfr. P. Clastres, La sociedad contra el Estado, Caracas, 1978.<br \/>\n18 \u00c1lvarez Junco, Introducci\u00f3n a Panfletos revolucionarios de Kropotkin, Madrid, 1977, p. 26.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n11<br \/>\nMaistre o Donoso Cort\u00e9s sino inclusive con la que propusieron Augusto Comte y algunos otros<br \/>\npositivistas19.<br \/>\nPara Kropotkin, la ciudad libre medieval es como una preciosa tela, cuya urdimbre est\u00e1<br \/>\nconstituida por los hilos de gremios y guiadas. El mundo libre del Medioevo es, a su vez, una<br \/>\ntela m\u00e1s vasta (que cubre toda Europa, desde Escocia a Sicilia y desde Portugal a Noruega),<br \/>\nformada por ciudades libremente federadas y unidas entre s\u00ed por pactos de solidaridad an\u00e1logos<br \/>\na los que unen a los individuos en gremios y guiadas en la ciudad. No le hasta, sin embargo,<br \/>\nexplicar as\u00ed la estructura del medioevo libertario. Juzga indispensable explicar tambi\u00e9n su<br \/>\ng\u00e9nesis. Y, al hacerlo, subraya con fuerza esencial la lucha contra el feudalismo, de tal modo<br \/>\nque, si tal lucha basta para dar raz\u00f3n del nacimiento de gremios, guiadas, ciudades libres y<br \/>\nligas de ciudades, la culminaci\u00f3n de la misma explica su apogeo, y la decadencia posterior su<br \/>\nderrota y absorci\u00f3n por el nuevo Estado absolutista de la \u00e9poca moderna. Las guiadas<br \/>\nsatisfac\u00edan las necesidades sociales mediante la cooperaci\u00f3n, sin dejar de respetar por eso las<br \/>\nlibertades individuales. Los gremios organizaban el trabajo tambi\u00e9n sobre la base de la<br \/>\ncooperaci\u00f3n y con la finalidad de satisfacer las necesidades materiales, sin preocuparse,<br \/>\nfundamentalmente par el lucro. Las ciudades, liberadas del yugo feudal estaban regidas en la<br \/>\nmayor\u00eda de los casos por una asamblea popular. Gremios y guildas ten\u00edan, a su vez, una<br \/>\nconstituci\u00f3n m\u00e1s igualitaria de lo que se suele suponer. la diferencia entre maestro y aprendiz<br \/>\nmenos en un comienzo una diferencia de edad m\u00e1s que de poder o riqueza, y no exist\u00eda el<br \/>\nr\u00e9gimen del salariado. S\u00f3lo en la baja Edad Media, cuando las ciudades libres, comenzaron a<br \/>\ndecaer por influencia de una monarqu\u00eda en proceso, de unificaci\u00f3n y de absolutizaci\u00f3n del<br \/>\npoder, el cargo de maestro de un gremio empez\u00f3, a ser hereditario y el trabajo de los artesanos<br \/>\ncomenz\u00f3 a ser alquilado a patronos particulares Aun entonces, el salario que percib\u00edan era muy<br \/>\nsuperior al de los obreros industriales del siglo XIX, se realizaba en mejores condiciones y en<br \/>\njornadas m\u00e1s cortas (que, en Inglaterra no sumaban m\u00e1s de 48 horas por semana)20. Con esta<br \/>\nsociedad de trabajadores libres solidarios se asociaba necesariamente, seg\u00fan Kropotkin, el arte<br \/>\ngrandioso de las catedrales, obra, comunitaria para el disfrute de la comunidad. La pintura no la<br \/>\nejecutaba un genio solitario para ser despu\u00e9s guardada en los salones de un duque ni los<br \/>\npoetas compon\u00edan sus versos para que los leyera en su alcoba la querida del rey. Pintura y<br \/>\npoes\u00eda, arquitectura a y m\u00fasica surg\u00edan del pueblo y eran, por eso, muchas veces, an\u00f3nimas;<br \/>\nsu finalidad era tambi\u00e9n el goce colectivo y la elevaci\u00f3n espiritual del pueblo. Aun en la filosof\u00eda<br \/>\nmedieval ve Kropotkin un poderoso esfuerzo \u00abracionalista\u00bb, no desconectado con el esp\u00edritu de<br \/>\nlas ciudades libres. Esto, aunque resulte extra\u00f1o para muchos, parece coherente con toda la<br \/>\nargumentaci\u00f3n anterior: \u00bfAcaso la universidad, creaci\u00f3n esencialmente medieval, no era en sus<br \/>\nor\u00edgenes un gremio (universitas magistrorum et scolarium), igual que los dem\u00e1s?21.<br \/>\nLa resurrecci\u00f3n del derecho romano y la tendencia a constituir Estados centralizados y<br \/>\nunitarios, regidos por monarcas absolutos, caracteriz\u00f3 el comienzo de la \u00e9poca moderna. Esto<br \/>\npuso fin no s\u00f3lo al feudalismo (con la domesticaci\u00f3n de los arist\u00f3cratas, transformados en<br \/>\ncortesanos) sino tambi\u00e9n en las ciudades libres (convertidas en partes integrantes de un calado<br \/>\nunitario). Los Ubres ciudadanos se convierten en leales s\u00fabditos burgueses del rey. No por eso<br \/>\ndesaparece el impulso connatural hacia la ayuda mutua y hacia la libertad, que se manifiesta en<br \/>\nla pr\u00e9dica comunista y libertaria de muchos herejes (husitas, anabaptistas etc.). Y aunque es<br \/>\nverdad que la edad moderna comparte un crecimiento maligno del Estado que corno c\u00e1ncer<br \/>\ndevora las instituciones sociales libres, y promueve un individualismo malsano (concomitante o<br \/>\nsecuela del r\u00e9gimen capitalista), aquel impulso no ha muerto. Se manifiesta durante el siglo XIX,<br \/>\nen las uniones obreras, que prolongan el esp\u00edritu de gremios y guiadas en el contexto de la<br \/>\nlucha obrera contra la explotaci\u00f3n capitalista. En Inglaterra, por ejemplo, donde Kropotkin viv\u00eda,<br \/>\nla derogaci\u00f3n de las leyes contra tales uniones (Combinatioms Laws), en 1825, produjo una<br \/>\n19 D. Negro Pav\u00f3n, Comte: Positivismo y revoluci\u00f3n, Madrid, 1985, PP. 98 &#8211; 99.<br \/>\n20 Cfr. Thorold Rogers, Six Centuries of Wages.<br \/>\n21 E. Br\u00e9hier, La philosophie du Moyen Age, Par\u00eds, 1971, p. 226.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n12<br \/>\nproliferaci\u00f3n de asociaciones gremiales y federaciones que Owen, gran promotor del socialismo<br \/>\nen aquel pa\u00eds, logr\u00f3 federar dentro de la \u00abGran Uni\u00f3n Consolidada Nacional\u00bb. Pese a las<br \/>\ncontinuas trabas impuestas par el gobierno de la clase propietaria, los sindicatos (trade unions)<br \/>\nsiguieron creciendo en Inglaterra. Lo mismo sucedi\u00f3 en Francia y en los dem\u00e1s pa\u00edses<br \/>\neuropeos y americanos, aunque a veces las persecuciones los obligaran a una actividad<br \/>\nclandestina subterr\u00e1nea. Kropotkin ve as\u00ed la lucha obrera de los sindicatos y en el socialismo la<br \/>\nm\u00e1s significativa (aunque no la \u00fanica) manifestaci\u00f3n de la ayuda mutua y de la solidaridad en<br \/>\nlos d\u00edas en que le toc\u00f3 vivir. El movimiento obrero se caracteriza, por \u00e9l, por la abnegaci\u00f3n, el<br \/>\nesp\u00edritu de sacrificio y el hero\u00edsmo de sus militantes. Al sostener esto, no est\u00e1 sin duda<br \/>\nexagerando nada, en una \u00e9poca en que sindicatos estaban lejos de la burocratizaci\u00f3n y la<br \/>\nmediatizaci\u00f3n estatal que hoy los caracteriza en casi todas partes, aun cuando la Internacional<br \/>\nhab\u00eda sido ya disuelta gracias a las maquinaciones burocratizantes de Carlos Marx y sus<br \/>\namigos alemanes. Algunos soci\u00f3logos burgueses, que hacen gala de un \u00abrealismo\u00bb<br \/>\nverdaderamente irreal, se han burlado del \u00abingenuo optimismo\u00bb de Kropotkin y, en nombre del<br \/>\nevolucionismo darwiniano, han pretendido negarle s\u00f3lidos fundamentos cient\u00edficos. Esto no<br \/>\nobstante, su ingente esfuerzo por hallar una base biol\u00f3gica para el comunismo libertario, no<br \/>\npuede ser tenida hoy como enteramente descaminada. Es verdad que, como dice el ilustre<br \/>\nzo\u00f3logo Dobzhansky, fue poco cr\u00edtico en algunas de las pruebas que adujo en apoyo de sus<br \/>\nopiniones. Pero de acuerdo con el mismo autor, una versi\u00f3n modernizada de su tesis, tal como<br \/>\nla presentada por Ashley Montagu, resulta m\u00e1s bien compatible que contradictoria con la<br \/>\nmoderna teor\u00eda de la selecci\u00f3n natural. Para Dobzhansky, uno de los autores de la teor\u00eda<br \/>\nsint\u00e9tica de la evoluci\u00f3n, elaborada entre 1936 y 1947 como fruto de las observaciones<br \/>\nexperimentales sobre la variabilidad de las poblaciones y la teor\u00eda cromos\u00f3mica de la<br \/>\nherencia22, la aseveraci\u00f3n de que en la naturaleza cada individuo no tiene m\u00e1s opci\u00f3n que la de<br \/>\ncomer o ser comido resulta tan poco fundada como la idea de que en ella todo es dulzura y paz.<br \/>\nHace notar que los ec\u00f3logos atribuyen cada vez mayor importancia a las comunidades de la<br \/>\nmisma especie y que la especie no podr\u00eda sobrevivir sin cierto grado de cooperaci\u00f3n y ayuda<br \/>\nmutua23. Los trabajos de C.H. Waddington, como Ciencia y \u00e9tica, por ejemplo, van todav\u00eda m\u00e1s<br \/>\nall\u00e1 en su aproximaci\u00f3n a las ideas de Kropotkin sobre el apoyo mutuo. Un et\u00f3logo de la<br \/>\nescuela de Lorenz Irenaeus Eibl-Eibesfeldt, sin adherirse por completo a las conclusiones de El<br \/>\napoyo mutuo, reconoce que, en lo referente al altruismo y la agresividad, ellas est\u00e1n m\u00e1s<br \/>\npr\u00f3ximas a la verdad cient\u00edfica que las de sus adversarios. Para Eibl-Eibesfeld, los impulsos<br \/>\nagresivos est\u00e1n compensados, en el hombre, por tendencias no menos arraigadas a la ayuda<br \/>\nmutua24. Pese a los a\u00f1os transcurridos, que no son pocos si se tiene en cuenta la aceleraci\u00f3n<br \/>\ncreciente de los descubrimientos de la ciencia, la obra con que Kropotkin intent\u00f3 brindar una<br \/>\nbase biol\u00f3gica al comunismo libertario, no carece hoy de valor cient\u00edfico. Adem\u00e1s de ser un<br \/>\nmagn\u00edfico exponente de la so\u00f1ada alianza entre ciencia y revoluci\u00f3n, constituye una<br \/>\ninterpretaci\u00f3n equilibrada y b\u00e1sicamente aceptable de la evoluci\u00f3n biol\u00f3gica y social. El ya<br \/>\ncitado Ashley Montagu escribe: \u00abHoy en, d\u00eda El Apoyo Mutuo es la m\u00e1s famosa de las muchas<br \/>\nobras escritas por Kropotkin; en rigor, es ya un cl\u00e1sico. El punto de vista que representa se ha<br \/>\nido abriendo camino lenta pero firmemente, y seguramente pronto entrar\u00e1 a formar parte de los<br \/>\nc\u00e1nones aceptados de la biolog\u00eda evolutiva\u00bb25.<br \/>\nAngel J. Cappelletti<br \/>\n22 R. Grasa Hern\u00e1ndez, op. cit. p.91.<br \/>\n23 T. Dobzhansky, Las bases biol\u00f3gicas de la libertad humana, Buenos Aires, 1957, p. 58.<br \/>\n24 G. Eibl-Eibesfeldt, Amor y odio. Historia de las pautas elementales del comportamiento, M\u00e9xico, 1974, p. 8.<br \/>\n25 Ashley Montagu, op. cit. p. IX.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n13<br \/>\nPR\u00d3LOGO AL \u00abAPOYO MUTUO\u00bb, DE P. KROPOTKIN, EN LA EDICI\u00d3N<br \/>\nNORTEAMERICANA<br \/>\nEl \u00abApoyo Mutuo\u00bb, de Kropotkin, es uno de los grandes libros del mundo. Un hecho que<br \/>\nevidencia tal afirmaci\u00f3n es el que est\u00e1 siendo continuamente reeditado y que tambi\u00e9n<br \/>\nconstantemente se encuentra agotado. Es un libro que siempre ha sido dif\u00edcil de conseguir,<br \/>\nincluso en bibliotecas, pues parece estar en demanda perenne.<br \/>\nCuando Kropotkin decidi\u00f3 marchar a Siberia, en julio de 1862, la geograf\u00eda, zoolog\u00eda, bot\u00e1nica y<br \/>\nantropolog\u00eda de esta regi\u00f3n era escasamente conocida. All\u00ed, su trabajo de investigaci\u00f3n en este<br \/>\ntema fue sobresaliente. Las publicaciones resultantes de sus observaciones meteorol\u00f3gicas y<br \/>\ngeogr\u00e1ficas fueron publicadas por la Sociedad Geogr\u00e1fica Rusa, y por este trabajo Kropotkin<br \/>\nrecibi\u00f3 una de sus medallas de oro. La teor\u00eda kropotk\u00edniana sobre el desarrollo de la estructura<br \/>\ngeogr\u00e1fica de Asia represento una de las grandes generalizaciones de la geograf\u00eda cient\u00edfica, y<br \/>\nes suficiente como para &#8216;darle un lugar permanente en la historia de esta ciencia. Kropotkin<br \/>\nmantuvo a lo largo de toda su vida un inter\u00e9s activo por esta ciencia, y, adem\u00e1s de muchas<br \/>\nconferencias sobre el tema y art\u00edculos en revistas cient\u00edficas y publicaciones de car\u00e1cter<br \/>\ngeneral, escribi\u00f3 art\u00edculos geogr\u00e1ficos- en la Geograf\u00eda Universal de Reclus, en la Enciclopedia<br \/>\nChambers y en la Enciclopedia Brit\u00e1nica.<br \/>\nEl trabajo de Kropotkin en zoolog\u00eda fue principalmente el de un naturalista de campo. De 1862 a<br \/>\n1866, en que march\u00f3 de Siberia, Kropotkin aprovech\u00f3 &#8216;al m\u00e1ximo las oportunidades que tuvo<br \/>\npara estudiar la vida de la naturaleza. Bajo la influencia del \u00abOrigen de las especies\u00bb, de Darwin<br \/>\n(1859), Kropotkin, como nos dice en el primer p\u00e1rrafo del presente libro, busc\u00f3 atentamente<br \/>\n\u00abesa amarga lucha por la subsistencia entre animales de la misma especie\u00bb que era<br \/>\nconsiderada por la mayor\u00eda de los Darwinistas (aunque no siempre por Darwin mismo) como la<br \/>\ncaracter\u00edstica dominante de la lucha por la vida y el principal factor de evoluci\u00f3n.<br \/>\nLo que Kropotkin vio con sus propios ojos, sobre el terreno, le motiv\u00f3 a desarrollar ciertas dudas<br \/>\ngraves en lo que concierne a la teor\u00eda de Darwin, dudas que no llegar\u00edan, sin embargo, a<br \/>\nencontrar expresi\u00f3n plena hasta que T. H. Huxley, en su famoso \u00abManifiesto de la lucha por la<br \/>\nexistencia\u00bb, (titulado \u00abLa lucha por la existencia: un programa\u00bb) le dio ocasi\u00f3n para ello.<br \/>\nOtro gran cambio operado en Kropotkin por su experiencia siberiana fue su toma de conciencia<br \/>\nde la \u00ababsoluta imposibilidad de hacer nada realmente \u00fatil a la masa del pueblo por medio de la<br \/>\nmaquinaria administrativa\u00bb. \u00abDe este enga\u00f1o -escribe en sus \u00abMemorias\u00bb- me desprend\u00ed para<br \/>\nsiempre&#8230; perd\u00ed en Siberia toda clase de fe en la disciplina estatal que antes hubiera tenido.<br \/>\nEstaba preparado para convertirme en un anarquista\u00bb. Y en un anarquista se convirti\u00f3, y<br \/>\npermaneci\u00f3 si\u00e9ndolo toda su vida.<br \/>\nViviendo, como hizo, entre los nativos de Siberia, a lo largo de las riberas del Amur, Kropotkin<br \/>\ndescubri\u00f3, impresionado, el papel que las masas desconocidas juegan en el desarrollo y<br \/>\nrealizaci\u00f3n de todos los acontecimientos hist\u00f3ricos. \u00abDesde los diecinueve a los veinticinco<br \/>\na\u00f1os, escribe, tuve que proyectar importantes planes de reforma, tratar con cientos de hombres<br \/>\nen el Amur, preparar y llevar a cabo arriesgadas expediciones con medios rid\u00edculamente<br \/>\npeque\u00f1os, etc.; y si todas estas cosas terminaron con m\u00e1s o menos \u00e9xito yo lo achaco<br \/>\nsolamente al hecho de que pronto comprend\u00ed que, en el trabajo serio, el mando y la disciplina<br \/>\nson de poco provecho. Se requieren en todas partes hombres de iniciativa; pero una vez que el<br \/>\nimpulso ha sido dado, la empresa debe ser conducida, especialmente en Rusia, no al modo<br \/>\nmilitar, sino en una especie de manera comunal, por medio del entendimiento com\u00fan. Yo<br \/>\ndesear\u00eda que todos los creadores de planes de disciplina estatal pudieran pasar por la escuela<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n14<br \/>\nde la vida real antes de que empezaran a proyectar sus utop\u00edas estatales. Entonces<br \/>\nescuchar\u00edamos muchos menos esfuerzos de organizaci\u00f3n militar y piramidal de la sociedad que<br \/>\nen la actualidad.<br \/>\nEste pasaje es clave para la comprensi\u00f3n de Kropotkin como fil\u00f3sofo anarquista. Para \u00e9l el<br \/>\nanarquismo era una parte de la filosof\u00eda que deb\u00eda ser tratada por los mismos m\u00e9todos que las<br \/>\nciencias naturales. \u00c9l ve\u00eda el anarquismo como el medio por el cual pod\u00eda ser establecida la<br \/>\njusticia (esto es, igualdad y reciprocidad), en todas las relaciones humanas, en todo el orbe de<br \/>\nla humanidad.<br \/>\nAunque el \u00abApoyo mutuo\u00bb ha tenido innumerables admiradores y ha influido en el pensamiento y<br \/>\nla conducta de muchas personas, tambi\u00e9n ha sufrido alguna falta de comprensi\u00f3n por parte de<br \/>\naquellos que conocen el libro de segunda o tercera mano, o que habi\u00e9ndole le\u00eddo en su<br \/>\njuventud no tienen m\u00e1s que un vago recuerdo de su car\u00e1cter,<br \/>\nUn error muy extendido es que Kropotkin pretendi\u00f3 mostrar que la ayuda mutua y no la<br \/>\nselecci\u00f3n o competici\u00f3n natural, es el principal o el \u00fanico factor implicado en el proceso<br \/>\nevolutivo. En un reciente libro sobre gen\u00e9tica de un gran maestro en el tema se afirma, que \u00abel<br \/>\nreconocimiento de la importancia adaptable de la cooperaci\u00f3n y el socorro mutuo no contradice,<br \/>\nde ning\u00fan modo, la teor\u00eda de la selecci\u00f3n natural, como fue forzado a pensar por Kropotkin y<br \/>\notros\u00bb. Los lectores de \u00abEl apoyo mutuo\u00bb percibir\u00e1n pronto lo injusto de este comentario.<br \/>\nKropotkin no consider\u00f3 que la ayuda mutua contradijera la teor\u00eda de la selecci\u00f3n natural. Una y<br \/>\notra vez llama la atenci\u00f3n del lector sobre el hecho de la competici\u00f3n en la lucha por la<br \/>\nexistencia (frase que muy correctamente critica en t\u00e9rminos que ciertamente ser\u00edan aceptables<br \/>\npara la mayor\u00eda de los darwinistas modernos); una y otra vez subraya la importancia de la teor\u00eda<br \/>\nde, la selecci\u00f3n natural como la m\u00e1s significativa generalizaci\u00f3n del siglo XIX. Lo que Kropotkin<br \/>\nencontr\u00f3 inaceptable y contradictorio era el extremismo evolucionista representado por Huxley<br \/>\nen su \u00abManifiesto de la lucha por la existencia\u00bb. Ello le iba a la filosof\u00eda de la \u00e9poca, el laissezfaire,<br \/>\ncomo anillo al dedo. A Kropotkin no le gustaban sus implicaciones, ni pol\u00edticas ni en<br \/>\ncuanto al evolucionismo. Habiendo ya dedicado durante varios a\u00f1os mucha reflexi\u00f3n a estas<br \/>\nmaterias, Kropotkin decidi\u00f3 contestara Huxley con amplitud.<br \/>\nHoy \u00abEl apoyo mutuo\u00bb es el m\u00e1s famoso de los muchos libros de Kropotkin. Es un cl\u00e1sico. El<br \/>\npunto de vista que representa se ha abierto camino lenta, pero firmemente, y, en verdad, poco<br \/>\nlejos estamos del momento en que se convierta en parte del canon generalmente aceptado de<br \/>\nla biolog\u00eda evolucionista.<br \/>\nA la luz de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica, en los muchos campos que toca \u00abEl apoyo mutuo\u00bb desde<br \/>\nsu publicaci\u00f3n, los datos de Kropotkin y la discusi\u00f3n que basa en ellos se mantienen<br \/>\nnotablemente en pie. Los trabajos de ec\u00f3logos como Allen y sus alumnos, de Wheeler,<br \/>\nEmerson y otros, de antrop\u00f3logos, demasiado numerosos como para nombrarlos, sobre<br \/>\npueblos primitivos y sin literatura, y de naturalistas, han servido abundantemente cada uno en<br \/>\nsu campo para confirmar las principales tesis de Kropotkin. Nuevos datos pueden llegar a ser<br \/>\nobtenidos, pero ya podemos ver con seguridad que todos ellos servir\u00e1n mayormente para<br \/>\napoyar la conclusi\u00f3n de Kropotkin de que \u00aben el progreso \u00e9tico del hombre, el apoyo mutuo &#8211; y<br \/>\nno la lucha mutua- ha constituido la parte determinantes. En su amplia extensi\u00f3n, incluso en los<br \/>\ntiempos actuales, vemos tambi\u00e9n la mejor garant\u00eda de una evoluci\u00f3n a\u00fan m\u00e1s sublime de<br \/>\nnuestra raza.<br \/>\nAsmley Montagu<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n15<br \/>\nPR\u00d3LOGO A LA PRIMERA EDICI\u00d3N RUSA<br \/>\nMientras preparaba la impresi\u00f3n de esta edici\u00f3n rusa de mi libro &#8211; la primera que ha sido<br \/>\ntraducida del libro Mutual aid: a Factor of Evolution, y no de los art\u00edculos publicados en la revista<br \/>\ninglesa- he aprovechado para revisar cuidadosamente todo el texto, corregir peque\u00f1os errores y<br \/>\ncompletar los ap\u00e9ndices bas\u00e1ndome en algunas obras nuevas, en parte respecto a la ayuda<br \/>\nmutua entre los animales (ap\u00e9ndice III, VI y VIII), y en parte respecto a la propiedad comunal en<br \/>\nSuiza e Inglaterra (ap\u00e9ndices XVI y XVII).<br \/>\nP. K.<br \/>\nPR\u00d3LOGO<br \/>\nMis investigaciones sobre la ayuda mutua entre los animales y entre los hombres se<br \/>\nimprimieron por vez primera en la revista inglesa Nineteenth Century. Los dos primeros<br \/>\ncap\u00edtulos sobre la: sociabilidad en los animales y sobre la fuerza adquirida por las especies<br \/>\nsociables en la lucha por la existencia, eran respuesta al art\u00edculo desconocido fisi\u00f3logo y<br \/>\ndarwinista Huxley, aparecido en Nineteenth Century en febrero de 1888 -\u00abLa lucha por la<br \/>\nexistencia: un programas en donde se pintaba la vida de los animales como una lucha<br \/>\ndesesperada de uno contra todos. Despu\u00e9s de la: aparici\u00f3n de mis dos art\u00edculos, donde refut\u00e9<br \/>\nesa opini\u00f3n, el editor de la revista, James Knowies, expresando mucha simpat\u00eda hacia mi<br \/>\ntrabajo, y rog\u00e1ndome que lo continuara, observ\u00f3: \u00abEs indudable que usted ha demostrado su<br \/>\nposici\u00f3n en cuanto a los animales, pero \u00bfcu\u00e1l es su posici\u00f3n con respecto al hombre primitivo?\u00bb<br \/>\nEsta observaci\u00f3n me alegr\u00f3 mucho, puesto que, indudablemente, reflejaba no s\u00f3lo la opini\u00f3n de<br \/>\nKnowles, sino tambi\u00e9n la de Herbert Spencer, con el cual Knowles se ve\u00eda a menudo en<br \/>\nBrighton, donde ambos viv\u00edan muy pr\u00f3ximos El reconocimiento por Spencer de la ayuda mutua<br \/>\nY su significado en la lucha por la existencia era muy importante. En cuanto a sus opiniones<br \/>\nsobre el hombre primitivo, era sabido que estaban formadas sobre la base de las deducciones<br \/>\nfalsas acerca de los salvajes, hechas por los misioneros y los viajeros ocasionales del siglo<br \/>\ndieciocho y principios del diecinueve. Estos datos fueron reunidos para Spencer por tres de sus<br \/>\ncolaboradores, y publicados por ellos mismos bajo el t\u00edtulo de Datos de la Sociolog\u00eda, en ocho<br \/>\ngrandes tomos; fundado en \u00e9stos escribi\u00f3 \u00e9l su obra Bases de la Sociolog\u00eda.<br \/>\nSobre la cuesti\u00f3n del hombre respond\u00ed tambi\u00e9n en dos art\u00edculos, donde, despu\u00e9s de un estudio<br \/>\ncuidadoso de la rica literatura moderna sobre las complejas instituciones de la vida tribal, que<br \/>\nno pod\u00edan analizar los primeros viajeros y misioneros, describ\u00ed estas instituciones entre los<br \/>\nsalvajes y los llamados \u00abb\u00e1rbaros\u00bb. Esta obra, y especialmente el conocimiento de la Comuna<br \/>\nrural a principios de la Edad Media, que desempe\u00f1\u00f3 un enorme papel en el desarrollo de la<br \/>\ncivilizaci\u00f3n que renac\u00eda nuevamente, me condujeron al estudio de la etapa siguiente, a\u00fan m\u00e1s<br \/>\nimportante, del desarrollo de Europa &#8211; de la ciudad medieval libre y sus guiadas de artesanos -.<br \/>\nSe\u00f1alando luego el papel corruptor del Estado militar que destruy\u00f3 el libre desarrollo de las<br \/>\nciudades libres, sus artes, oficios, ciencias y comercio, mostr\u00e9, en el \u00faltimo art\u00edculo, que a pesar<br \/>\nde la descomposici\u00f3n de las federaciones y uniones libres por la centralizaci\u00f3n estatal, estas<br \/>\nfederaciones y uniones comienzan a desarrollarse ahora cada vez m\u00e1s, y a apoderarse de<br \/>\nnuevos dominios. La ayuda mutua en la sociedad moderna constituy\u00f3, de tal modo, el \u00faltimo<br \/>\nart\u00edculo de mi obra sobre la ayuda mutua.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n16<br \/>\nAl editar estos art\u00edculos en libro, introduce al unos agregados esenciales, especialmente acerca<br \/>\nde la relaci\u00f3n de mis opiniones con respecto a la lucha darwiniana por la existencia; y en los<br \/>\nap\u00e9ndices cit\u00e9 algunos hechos nuevos y analic\u00e9 algunas cuestiones que, a causa de su<br \/>\nbrevedad, hube de omitir en los art\u00edculos de la revista.<br \/>\nNinguna de las ediciones en lenguas europeas occidentales, y tampoco las escandinavas y<br \/>\npolacas fueron hechas, naturalmente, de los art\u00edculos, sino del libro, y es por ello que conten\u00edan<br \/>\nlos agregados hechos en el texto y los ap\u00e9ndices. De las traducciones rusas s\u00f3lo una,<br \/>\naparecida en 1907, en la Editorial Conocimientos (Znania) era completa; adem\u00e1s, introduje,<br \/>\nfundado en nuevas obras, varios ap\u00e9ndices nuevos, parte sobre la ayuda mutua entre los<br \/>\nanimales y parte sobre la propiedad comunal de la tierra en Inglaterra y Suiza. Las otras<br \/>\nediciones rusas fueron hechas de los art\u00edculos de la revista inglesa, y no del libro, y por ello no<br \/>\ntienen los agregados hechos por m\u00ed en el texto, o bien han omitido los ap\u00e9ndices. La edici\u00f3n<br \/>\nque se ofrece ahora contiene completos todos los agregados y ap\u00e9ndices, y he revisado<br \/>\nnuevamente todo el texto y la traducci\u00f3n.<br \/>\nP. K.<br \/>\nDmitrof, marzo 1920.<br \/>\nINTRODUCCI\u00d3N<br \/>\nDos rasgos caracter\u00edsticos de la vida animal de la Siberia Oriental y del Norte de Manchuria<br \/>\nllamaron poderosamente mi atenci\u00f3n durante los viajes que, en mi juventud, realic\u00e9 por esas<br \/>\nregiones del Asia Oriental.<br \/>\nMe llam\u00f3 la atenci\u00f3n, por una parte, la extraordinaria dureza de la lucha por la existencia que<br \/>\ndeben sostener la mayor\u00eda de las especies animales contra la naturaleza inclemente, as\u00ed como<br \/>\nla extinci\u00f3n de grandes cantidades de individuos, que ocurr\u00eda peri\u00f3dicamente, en virtud de<br \/>\ncausas naturales, debido a lo cual se produc\u00eda extraordinaria pobreza de vida y despoblaci\u00f3n en<br \/>\nla superficie de los vastos territorios donde realizaba yo mis investigaciones.<br \/>\nLa otra particularidad era que, aun en aquellos pocos puntos aislados en donde la vida animal<br \/>\naparec\u00eda en abundancia, no encontr\u00e9, a pesar de haber buscado empe\u00f1osamente sus rastros,<br \/>\naquella lucha cruel por los medios de subsistencia entre los animales pertenecientes a una<br \/>\nmisma especie que la mayor\u00eda de los darwinistas (aunque no siempre el mismo Darwin)<br \/>\nconsideraban como el rasgo predominante y caracter\u00edstica de la lucha por la vida, y como la<br \/>\nprincipal fuerza activa del desarrollo gradual en el mundo de los animales.<br \/>\nLas terribles tormentas de nieve que azotan la regi\u00f3n norte de Asia al final del invierno, y la<br \/>\ncongelaci\u00f3n que a menudo sucede a la tormenta; las heladas, las nevadas que se repiten todos<br \/>\nlos a\u00f1os en la primera quincena de mayo cuando los \u00e1rboles est\u00e1n en plena floraci\u00f3n y la vida<br \/>\nde los insectos en su apogeo; las ligeras heladas tempranas y, a veces, las nevadas<br \/>\nabundantes que caen ya en julio y en agosto, aun en las regiones de los prados de la Siberia<br \/>\nOccidental, aniquilando, repentinamente, no s\u00f3lo mir\u00edadas de insectos, sino tambi\u00e9n la segunda<br \/>\nnidada de las aves; las lluvias torrenciales, debidas a los monzones, que caen en agosto en las<br \/>\nregiones templadas del Amur y del Usuri, y se prolongan semanas enteras y producen<br \/>\ninundaciones en las tierras bajas del Amur y del Sungari en proporciones tan grandes como<br \/>\ns\u00f3lo se conoce en Am\u00e9rica y Asia Oriental, y, en los altiplanos, grand\u00edsimas extensiones se<br \/>\ntransforman en pantanos comparables, por sus dimensiones, con Estados europeos enteros, y,<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n17<br \/>\npor \u00faltimo, las abundantes nevadas que caen a veces a principios de octubre, debido a las<br \/>\ncuales un vasto territorio, igual por su extensi\u00f3n a Francia o Alemania, se hace completamente<br \/>\ninhabitable para los rumiantes que perecen, entonces, por millares; \u00e9stas son las condiciones<br \/>\nen que se sostiene la lucha por la vida en el reino animal del Asia Septentrional.<br \/>\nEstas dif\u00edciles condiciones de la vida animal ya entonces atrajeron mi atenci\u00f3n hacia la<br \/>\nextraordinaria importancia, en la naturaleza, de aquellas series de fen\u00f3menos que Darwin llama<br \/>\n\u00ablimitaciones naturales a la multiplicaci\u00f3n\u00bb en comparaci\u00f3n con la lucha por los medios de<br \/>\nsubsistencia. Esta \u00faltima, naturalmente, se produce no s\u00f3lo entre las diferentes especies, sino<br \/>\ntambi\u00e9n entre los individuos de la misma especie, pero jam\u00e1s alcanza la importancia de los<br \/>\nobst\u00e1culos naturales a la multiplicaci\u00f3n. La escasez de la poblaci\u00f3n, no el exceso, es el rasgo<br \/>\ncaracter\u00edstico de aquella inmensa extensi\u00f3n del globo que llamamos Asia Septentrional.<br \/>\nPor consiguiente, ya desde entonces comenc\u00e9 a abrigar serias dudas, que m\u00e1s tarde no<br \/>\nhicieron sino confirmarse, respecto a esa terrible y supuesta lucha por el alimento y la vida<br \/>\ndentro de los l\u00edmites de una misma especie, que constituye un verdadero credo para la mayor\u00eda<br \/>\nde los darwinistas. Exactamente del mismo modo comenc\u00e9 a dudar respecto a la influencia<br \/>\ndominante que ejerce esta clase de lucha, seg\u00fan las suposiciones de los darwinistas, en el<br \/>\ndesarrollo de las nuevas especies.<br \/>\nAdem\u00e1s, dondequiera que alcanzaba a ver la vida animal abundante y bullente como, por<br \/>\nejemplo, en los lagos, donde, en primavera decenas de especies de aves y millones de<br \/>\nindividuos se re\u00fanen para empollar sus cr\u00edas o en las populosas colonias de roedores, o bien<br \/>\ndurante la migraci\u00f3n de las aves que se produc\u00eda, entonces, en proporciones puramente<br \/>\n\u00abamericanas\u00bb a lo largo del valle del Usuri, o durante una enorme emigraci\u00f3n de gamos que<br \/>\ntuve oportunidad de ver en el Amur, en que decenas de millares de estos inteligentes animales<br \/>\nhu\u00edan en grandes tropeles de un territorio inmenso, buscando salvarse de las abundantes<br \/>\nnieves ca\u00eddas, y se reun\u00edan en grandes reba\u00f1os para atravesar el Amur en el punto m\u00e1s<br \/>\nestrecho, en el Peque\u00f1o Jingan; en todas estas escenas de la vida animal que se desarrollaba<br \/>\nante mis ojos, ve\u00eda yo la ayuda y el apoyo mutuo llevado a tales proporciones que<br \/>\ninvoluntariamente me hizo pensar, en la enorme importancia que debe tener en la econom\u00eda de<br \/>\nla naturaleza, para el mantenimiento de la existencia de cada especie, su conservaci\u00f3n y su<br \/>\ndesarrollo futuro.<br \/>\nPor \u00faltimo, tuve oportunidad de observar entre el ganado corn\u00fapeta semisalvaje y entre los<br \/>\ncaballos en la Transbaikalia, y en todas partes entre las ardillas y los animales salvajes en<br \/>\ngeneral, que cuando los animales tedian que luchar contra la escasez de alimento debida a una<br \/>\nde las causas ya indicadas, entonces todo la parte de la especie a quien afectaba esta<br \/>\ncalamidad sal\u00eda de la prueba experimentada con una p\u00e9rdida de energ\u00eda y salud tan grande que<br \/>\nninguna evoluci\u00f3n progresista de las especies pod\u00eda basarse en semejantes per\u00edodos de lucha<br \/>\naguda.<br \/>\nDebido a las razones ya expuestas, cuando m\u00e1s tarde las relaciones entre el darwinismo y la<br \/>\nsociolog\u00eda atrajeron mi atenci\u00f3n, no pude estar de acuerdo con ninguno de los numerosos<br \/>\ntrabajos que juzgaban de un modo u otro una cuesti\u00f3n extremadamente importante. Todos ellos<br \/>\ntrataban de demostrar que el hombre, gracias a su inteligencia superior y a sus conocimientos<br \/>\npuede suavizar la dureza de la lucha por la vida entre los hombres pero al mismo tiempo, todos<br \/>\nellos reconoc\u00edan que la lucha por los medios de subsistencia de cada animal contra todos sus<br \/>\ncong\u00e9neres, y de cada hombre contra todos los hombres, es una \u00abley natural\u00bb. Sin embargo, no<br \/>\npod\u00eda estar de acuerdo con este punto de vista, puesto que me hab\u00eda convencido antes de que,<br \/>\nreconocer la despiadada lucha interior por la existencia en los l\u00edmites de cada especie, y<br \/>\nconsiderar tal guerra como una condici\u00f3n de progreso, significar\u00eda aceptar algo que no s\u00f3lo no<br \/>\nha sido demostrado a\u00fan, sino que de ning\u00fan modo es confirmado por la observaci\u00f3n directa.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n18<br \/>\nPor otra parte, habiendo llegado a mi conocimiento la conferencia \u00abSobre la ley de la ayuda<br \/>\nmutua\u00bb, del profesor Kessler, entonces decano de la Universidad de San Petersburgo, que<br \/>\npronunci\u00f3 en un Congreso de naturalistas rusos, en enero de. 1880, vi que arrojaba nueva luz<br \/>\nsobre toda esta cuesti\u00f3n. Seg\u00fan la opini\u00f3n de Kessler, adem\u00e1s de la ley de lucha mutua, existe<br \/>\nen la naturaleza tambi\u00e9n la ley de ayuda mutua, que, para el \u00e9xito de la lucha por la vida y,<br \/>\nparticularmente, para la evoluci\u00f3n progresiva de las especies, desempe\u00f1a un papel mucho m\u00e1s<br \/>\nimportante que la ley de la lucha mutua. Esta hip\u00f3tesis, que no es en realidad m\u00e1s que el<br \/>\ndesarrollo m\u00e1ximo de las ideas anunciadas por el mismo Darwin en su Origen del hombre, me<br \/>\npareci\u00f3 tan justa y ten\u00eda tan enorme importancia, que, desde que tuve conocimiento de ello (en<br \/>\n1883), comenc\u00e9 a reunir materiales para el m\u00e1ximo desarrollo de esta idea que Kessler apenas<br \/>\ntoc\u00f3, en su discurso, y no tuvo tiempo de desarrollar, puesto que muri\u00f3 en 1881.<br \/>\nSolamente en un punto no pude estar completamente de acuerdo con las opiniones de Kessler.<br \/>\nMencionaba \u00e9ste los \u00absentimientos familiares\u00bb y los cuidados de la descendencia (v\u00e9ase<br \/>\ncap\u00edtulo 1) como la fuente de las inclinaciones mutuas de los animales. Pero creo que el<br \/>\ndeterminar cu\u00e1nto contribuyeron realmente estos dos sentimientos al desarrollo de los instintos<br \/>\nsociales entre los animales y cu\u00e1nto los otros instintos actuaron en el mismo sentido constituye<br \/>\nuna cuesti\u00f3n aparte, y muy compleja, a la cual apenas estamos, ahora, en condiciones de<br \/>\nresponder. S\u00f3lo despu\u00e9s que establezcamos bien los hechos mismos de la ayuda mutua entre<br \/>\nlas diferentes clases de animales y su importancia para la evoluci\u00f3n podremos determinar qu\u00e9<br \/>\nparte del desarrollo de los instintos sociales corresponde a los sentimientos familiares y qu\u00e9<br \/>\nparte a la sociabilidad misma; y el origen de la \u00faltima, evidentemente, se ha de buscar en los<br \/>\nestadios m\u00e1s elementales de evoluci\u00f3n del mundo animal hasta, quiz\u00e1, en los \u00abestadios<br \/>\ncoloniales\u00bb. Debido a esto, dediqu\u00e9 toda mi atenci\u00f3n a establecer, ante todo, la importancia de<br \/>\nla ayuda mutua como factor de evoluci\u00f3n, especialmente de la progresiva, dejando para otros<br \/>\ninvestigadores el problema del origen de los instintos de ayuda mutua en la Naturaleza.<br \/>\nLa importancia del factor de la ayuda mutua -\u00absi tan s\u00f3lo pudiera demostrarse su generalidad\u00bb-<br \/>\nno escap\u00f3 a la atenci\u00f3n de Goethe, en quien de manera tan brillante se manifest\u00f3 el genio del<br \/>\nnaturalista. Cuando, cierta vez, Eckerman cont\u00f3 a Goethe &#8211; suced\u00eda esto en el a\u00f1o 1827- que<br \/>\ndos pichoncillos de \u00abreyezuelo\u00bb, que se le hab\u00edan escapado cuando mat\u00f3 a la madre, fueron<br \/>\nhallados por \u00e9l, al d\u00eda siguiente, en un nido de pelirrojos que los alimentaban ala par de los<br \/>\nsuyos, Goethe se emocion\u00f3 mucho por este relato. Vio en ello la confirmaci\u00f3n de sus opiniones<br \/>\npante\u00edstas sobre la, naturaleza y dijo: \u00abSi resultara, cierto que alimentar a los extra\u00f1os es<br \/>\ninherente a la naturaleza toda, como algo que tiene car\u00e1cter de ley general, muchos enigmas<br \/>\nquedar\u00edan entonces resueltos. Volvi\u00f3 sobre esta cuesti\u00f3n al d\u00eda siguiente, -y rog\u00f3 a Eckerman<br \/>\n(quien, como es sabido, era zo\u00f3logo) que hiciera un estudio especial de ella, agregando que<br \/>\nEckerman, sin duda, podr\u00eda obtener \u00abresultados valiosos e inapreciables\u00bb (Gespr\u00e1che, ed.<br \/>\n1848,- tomo III, p\u00e1gs. 219, 221). Por desgracia, tal estudio nunca fue emprendido, aunque es<br \/>\nmuy probable que Brehm, que ha reunido en sus obras materiales tan ricos sobre la ayuda<br \/>\nmutua entre los animales, podr\u00eda haber sido llevado a esta idea por la observaci\u00f3n citada de<br \/>\nGoethe.<br \/>\nDurante los a\u00f1os 1878-1886 se imprimieron varias obras voluminosas sobre la inteligencia y la<br \/>\nvida mental de los animales (esas obras se citan en las notas del cap\u00edtulo I de este libro), tres<br \/>\nde las cuales tienen una relaci\u00f3n m\u00e1s estrecha con la cuesti\u00f3n que nos interesa, a: saber: Les<br \/>\nSoci\u00e9t\u00e9s animales, de Espinas (Par\u00eds, 1887); La lutte pour I&#8217;existence et l&#8217;association pour la<br \/>\nlutte, conferencia de Lanessan (abril 1881); y el libro, cuya primera edici\u00f3n apareci\u00f3 en el a\u00f1o<br \/>\n1881 \u00f3 1882, y la segunda, considerablemente aumentada, en 1885. Pero, a pesar de la<br \/>\nexcelente calidad de cada una, estas obras dejan, sin embargo, amplio margen para una<br \/>\ninvestigaci\u00f3n en la que la ayuda mutua fuera considerada no solamente en calidad de<br \/>\nargumento en favor del origen prehumano de los instintos morales, sino tambi\u00e9n como una ley<br \/>\nde la naturaleza y un factor de evoluci\u00f3n.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n19<br \/>\nEspinas llam\u00f3 especialmente la atenci\u00f3n sobre las sociedades de animales (hormigas, abejas)<br \/>\nque est\u00e1n fundadas en las diferencias fisiol\u00f3gicas de estructura de los diversos miembros de la<br \/>\nmisma especie y la divisi\u00f3n fisiol\u00f3gica del trabajo entre ellos, y aun cuando su obra trae<br \/>\nexcelentes, indicaciones en todos los sentidos posibles, fue escrita en una \u00e9poca en que el<br \/>\ndesarrollo de las sociedades humanas, no pod\u00eda ser examinado como podemos hacerlo ahora,<br \/>\ngracias al caudal de conocimientos acumulado desde entonces. La conferencia de Lanessan<br \/>\ntiene m\u00e1s bien el car\u00e1cter de un plan general de trabajo, brillantemente expuesto, como una<br \/>\nobra en la cual fuera examinado el apoyo mutuo comenzando desde las rocas a orillas del mar,<br \/>\ny pasando al mundo de los vegetales, de los animales y de los hombres.<br \/>\nEn cuanto a la obra reci\u00e9n editada de B\u00fcchner, a pesar de que induce a la reflexi\u00f3n sobre el<br \/>\npapel de la ayuda mutua en la naturaleza, y de que es rica en hechos, no estoy de acuerdo con<br \/>\nsu idea dominante. El libro se inicia con un himno al amor, y casi todos los ejemplos son<br \/>\ntentativas para demostrar la existencia del amor y la simpat\u00eda entre los animales. Pero, reducir<br \/>\nla sociabilidad de los animales al amor y a la simpat\u00eda significa restringir su universalidad y su<br \/>\nimportancia, exactamente lo mismo que una \u00e9tica humana basada en el amor y la simpat\u00eda<br \/>\npersonal conduce nada m\u00e1s que a restringir la concepci\u00f3n del sentido moral en su totalidad. De<br \/>\nning\u00fan modo me gu\u00eda el amor hacia el due\u00f1o de una determinada casa a quien muy a menudo<br \/>\nni siquiera conozco cuando, viendo su casa presa de las llamas, tomo un cubo con agua y corro<br \/>\nhacia ella, aunque no tema por la m\u00eda. Me gu\u00eda un sentimiento m\u00e1s amplio, aunque es m\u00e1s<br \/>\nindefinido, un instinto, m\u00e1s exactamente dicho, de solidaridad humana; es decir, de cauci\u00f3n<br \/>\nsolidaria entre todos los hombres y de sociabilidad. Lo mismo se observa tambi\u00e9n entre los<br \/>\nanimales. No es el amor, ni siquiera la simpat\u00eda (comprendidos en el sentido verdadero de \u00e9stas<br \/>\npalabras) lo que induce al reba\u00f1o de rumiantes o caballos a formar un c\u00edrculo con el fin de<br \/>\ndefenderse de las agresiones de los lobos; de ning\u00fan modo es el amor el que hace que los<br \/>\nlobos se re\u00fanan en manadas para cazar; exactamente lo mismo que no es el amor lo que obliga<br \/>\na los corderillos y a los gatitos a entregarse a sus juegos, ni es el amor lo que junta las cr\u00edas<br \/>\noto\u00f1ales de las aves que pasan juntas d\u00edas enteros durante casi todo el oto\u00f1o. Por \u00faltimo,<br \/>\ntampoco puede atribuirse al amor ni a la simpat\u00eda personal el hecho de que muchos millares de<br \/>\ngamos, diseminados por territorios de extensi\u00f3n comparable a la de Francia, se re\u00fanan en<br \/>\ndecenas de reba\u00f1os aislados que se dirigen, todos, hacia un punto conocido, con el fin de<br \/>\natravesar el Amur y emigrar a una parte m\u00e1s templada de la Manchuria.<br \/>\nEn todos estos casos, el papel m\u00e1s importante lo desempe\u00f1a un sentimiento<br \/>\nincomparablemente m\u00e1s amplio que el amor o la simpat\u00eda personal. Aqu\u00ed entra el instinto de<br \/>\nsociabilidad, que se ha desarrollado lentamente entre los animales y los hombres en el<br \/>\ntranscurso de un per\u00edodo de evoluci\u00f3n extremadamente largo, desde los estadios m\u00e1s<br \/>\nelementales, y que ense\u00f1\u00f3 por igual a muchos animales y hombres a tener conciencia de esa<br \/>\nfuerza que ellos adquieren practicando la ayuda y el apoyo mutuos, y tambi\u00e9n a tener<br \/>\nconciencia del placer que se puede hallar en la vida social.<br \/>\nUna importancia de esta distinci\u00f3n podr\u00e1 ser apreciada f\u00e1cilmente por todo aqu\u00e9l que estudie la<br \/>\npsicolog\u00eda de los animales, y m\u00e1s a\u00fan, la \u00e9tica humana. El amor, la simpat\u00eda y el sacrificio de s\u00ed<br \/>\nmismos, naturalmente, desempe\u00f1an un papel enorme en el desarrollo progresivo de nuestros<br \/>\nsentimientos morales. Pero la sociedad, en la humanidad, de ning\u00fan modo le ha creado sobre el<br \/>\namor ni tampoco sobre la simpat\u00eda. Se ha creado sobre la conciencia &#8211; aunque sea instintiva- de<br \/>\nla solidaridad humana y de la dependencia rec\u00edproca de los hombres. Se ha creado sobre el<br \/>\nreconocimiento inconsciente semiconsciente de la fuerza que la pr\u00e1ctica com\u00fan de dependencia<br \/>\nestrecha de la felicidad de cada individuo de la felicidad de todos, y sobre los sentimientos de<br \/>\njusticia o de equidad, que obligan al individuo a considerar los derechos de cada uno de los<br \/>\notros como iguales a sus propios derechos. Pero esta cuesti\u00f3n sobrepasa los l\u00edmites del<br \/>\npresente trabajo, y yo me limitar\u00e9 m\u00e1s que a indicar mi conferencia \u00abJusticia y Moral\u00bb, que era<br \/>\ncontestaci\u00f3n a la \u00c9tica de Huxley, y en la cual me refer\u00eda esta cuesti\u00f3n con mayor detalle.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n20<br \/>\nDebido a todo, lo dicho anteriormente, Pens\u00e9 que un libro sobre \u00abLa ayuda mutua como ley de<br \/>\nla naturaleza y factor de evoluci\u00f3n\u00bb podr\u00eda llenar una laguna muy importante. Cu\u00e1ndo Huxley<br \/>\npublic\u00f3, en el a\u00f1o 1888 su \u00abmanifiesto\u00bb sobre la lucha por la existencia (\u00abStruggle for Existence<br \/>\nand its Bearing upon Man\u00bb) el cual, desde mi punto de vista, era una representaci\u00f3n<br \/>\ncompletamente infiel de los fen\u00f3menos de la naturaleza, tales como los vemos en las taigas y<br \/>\nlas estepas, me dirig\u00ed al redactor de la revista Nineteenth Century rogando dar ubicaci\u00f3n en las<br \/>\np\u00e1ginas, de la revista que \u00e9l dirig\u00eda a una critica cuidadosa de las opiniones de uno de los m\u00e1s<br \/>\ndestacados darwinistas, y Mr. James Knowles acogi\u00f3 mi prop\u00f3sito con la mayor simpat\u00eda por<br \/>\neste motivo habl\u00e9 tambi\u00e9n, con W. Bates, con el gran \u00abnaturalista del Amazonas\u00bb, quien reuni\u00f3,<br \/>\ncomo es sabido, los materiales para Wallace y Darwin, y a quien Darwin, con perfecta justicia,<br \/>\ncalific\u00f3 en su autobiograf\u00eda como uno de los hombres m\u00e1s inteligentes qu\u00e9 hab\u00eda encontrado.<br \/>\n\u00abs\u00ed, por cierto; eso es verdadero darwinismo exclam\u00f3 Bates, lo que han hecho de Darwin es<br \/>\nsencillamente indignante. Escriba esos art\u00edculos y cuando est\u00e9n impresos le enviar\u00e9 una carta<br \/>\nque podr\u00e1 publicar. Por desgracia, la composici\u00f3n de estos art\u00edculos me ocup\u00f3 casi siete a\u00f1os,<br \/>\ny cu\u00e1ndo el \u00faltimo fue publicado, Bates ya no estaba entre los vivos.<br \/>\nDespu\u00e9s de haber examinado la importancia de la ayuda mutua para el \u00e9xito y desarrollo de las<br \/>\ndiferentes clases de animales, evidentemente, estaba obligado a juzgar la importancia de aquel<br \/>\nmismo factor en el desarrollo del hombre. Esto era a\u00fan m\u00e1s indispensable, porque existen<br \/>\nevolucionistas dispuestos a admitir la importancia de la ayuda mutua entre los animales, pero, a<br \/>\nla vez, como Herbert Spencer, neg\u00e1ndola al respecto al hombre. Para los salvajes primitivos &#8211;<br \/>\nafirman- la guerra de uno contra todos era la ley dominante del la vida. He tratado de analizar<br \/>\nen este libro, en los cap\u00edtulos dedicados a los salvajes y b\u00e1rbaros, hasta d\u00f3nde esta afirmaci\u00f3n<br \/>\nque con excesiva complacencia repiten todos sin la necesaria comprobaci\u00f3n desde la \u00e9poca de<br \/>\nHobbes, coincide con lo que conocemos respecto a los grados m\u00e1s antiguos del desarrollo del<br \/>\nhombre.<br \/>\nEl n\u00famero y la importancia de las diferentes instituciones de ayuda mutua que se desarrollaron<br \/>\nen la humanidad gracias al genio creador las masas salvajes y semisalvajes, ya durante el<br \/>\nper\u00edodo siguiente de la comuna aldeana, y tambi\u00e9n la inmensa influencia que estas instituciones<br \/>\nantiguas ejercieron sobre el, desarrollo posterior de la humanidad hasta los tiempos modernos,<br \/>\nme indujeron a extender el camino de mis investigaciones a los per\u00edodos de los tiempos<br \/>\nhist\u00f3ricos m\u00e1s antiguos. Especialmente me detuve en el per\u00edodo de mayor inter\u00e9s, el de las<br \/>\nciudades rep\u00fablicas, libres, de la Edad Media, cuya universalidad y cuya influencia sobre<br \/>\nnuestra civilizaci\u00f3n moderna no ha sido suficientemente apreciada hasta ahora. Por \u00faltimo,<br \/>\ntambi\u00e9n trat\u00e9 de indicar brevemente la enorme importancia que tienen todav\u00eda las costumbres<br \/>\nde apoyo mutuo transmitidas en herencia por el hombre a trav\u00e9s de un periodo<br \/>\nextraordinariamente largo de su desarrollo, sobre nuestra sociedad contempor\u00e1nea, a pesar de<br \/>\nque se piensa y se dice que descansa sobre el principio: \u00abcada uno para s\u00ed y el Estado para<br \/>\ntodos\u00bb, principio que las sociedades humanas nunca siguieron por entero y que nunca ser\u00e1<br \/>\nllevado a la realizaci\u00f3n, \u00edntegramente.<br \/>\nQuiz\u00e1 se me objetar\u00e1 que en este libro tanto los hombres como los animales est\u00e1n<br \/>\nrepresentados desde un punto de vista demasiado favorable: que sus cualidades sociales son<br \/>\ndestacadas en exceso, mientras que sus inclinaciones antisociales, de afirmaci\u00f3n de s\u00ed mismos,<br \/>\napenas est\u00e1n marcadas. Sin embargo, esto era inevitable. En los \u00faltimos tiempos hemos o\u00eddo<br \/>\nhablar tanto de \u00abla lucha dura y despiadada por la vida\u00bb que aparentemente sostiene cada<br \/>\nanimal contra todos los otros, cada salvaje contra todos los dem\u00e1s salvajes, y cada hombre<br \/>\ncivilizado contra todos sus conciudadanos semejantes opiniones se convirtieron en una especie<br \/>\nde dogma, de religi\u00f3n de la sociedad instruida-, que fue necesario, ante todo oponer una serie<br \/>\namplia de hechos que muestran la vida de los animales y de los hombres completamente desde<br \/>\notro \u00e1ngulo. Era necesario mostrar, en primer lugar, el papel predominante que desempe\u00f1an las<br \/>\ncostumbres sociales en la vida de la naturaleza y en la evoluci\u00f3n progresiva, tanto de las<br \/>\nespecies animales como igualmente de los seres humanos.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n21<br \/>\nEra necesario demostrar que las costumbres de apoyo mutuo dan a los animales mejor<br \/>\nprotecci\u00f3n contra sus enemigos, que hacen menos dif\u00edcil obtener alimentos (provisiones<br \/>\ninvernales, migraciones, alimentaci\u00f3n bajo la vigilancia de centinelas, etc.), que aumentan la<br \/>\nprolongaci\u00f3n de la vida y debido a esto facilitan el desarrollo de las facultades intelectuales; que<br \/>\ndieron a los hombres, aparte de las ventajas citadas, comunes con las de los animales, la<br \/>\nposibilidad de formar aquellas instituciones que ayudaron a la humanidad a sobrevivir en la<br \/>\nlucha dura con la naturaleza y a perfeccionarse, a pesar de todas las vicisitudes de la historia.<br \/>\nAs\u00ed lo hice. Y por esto el presente libro es libro de la ley de ayuda mutua considerada como una<br \/>\nde las principales causas activas del desarrollo progresivo, y no la investigaci\u00f3n de todos los<br \/>\nfactores de evoluci\u00f3n y su valor respectivo. Era necesario escribir este libro antes de que fuera<br \/>\nposible investigar la cuesti\u00f3n de la importancia respectiva de los diferentes agentes de la<br \/>\nevoluci\u00f3n.<br \/>\nY menos a\u00fan, naturalmente, estoy inclinado a menospreciar el papel que desempe\u00f1\u00f3 la<br \/>\nautoafirmaci\u00f3n del individuo en el desarrollo de la humanidad. Pero esta cuesti\u00f3n, seg\u00fan mi<br \/>\nopini\u00f3n, exige un examen bastante m\u00e1s profundo que el que ha hallado hasta ahora. En la<br \/>\nhistoria de la humanidad, la autoafirmaci\u00f3n del individuo a menudo represent\u00f3, y contin\u00faa<br \/>\nrepresentando, algo perfectamente destacado, y algo m\u00e1s amplio y profundo que esa mezquina<br \/>\ne irracional estrechez mental que la mayor\u00eda de los escritores presentan como \u00abindividualismo\u00bb y<br \/>\n\u00abautoafirmaci\u00f3n\u00bb. De modo semejante, los individuos impulsores de la historia no se redujeron<br \/>\nsolamente a aquellos que los historiadores nos describen en calidad de h\u00e9roes. Debido a esto,<br \/>\ntengo el prop\u00f3sito, siempre que sea posible, de analizar en detalle, posteriormente, el papel que<br \/>\nha desempe\u00f1ado la autoafirmaci\u00f3n del individuo en el desarrollo progresivo de la humanidad.<br \/>\nPor ahora, me limito a hacer nada m\u00e1s que la observaci\u00f3n general siguiente: Cuando las<br \/>\ninstituciones de ayuda mutua es decir, la organizaci\u00f3n tribal, la comuna aldeana, las guildas, la<br \/>\nciudad de la edad media empezaron a perder en el transcurso del proceso hist\u00f3rico su car\u00e1cter<br \/>\nprimitivo, cuando comenzaron a aparecer en ellas las excrecencias parasitarias que les eran<br \/>\nextra\u00f1as, debido a lo cual estas mismas instituciones se transformaron en obst\u00e1culo para el<br \/>\nprogreso, entonces la rebeli\u00f3n de los individuos en contra de estas instituciones tomaba<br \/>\nsiempre un car\u00e1cter doble. Una parte de los rebeldes se empezaba en purificar las viejas<br \/>\ninstituciones de los elementos extra\u00f1os a ella, o en elaborar formas superiores de libre<br \/>\nconvivencia, basadas una vez m\u00e1s en los principios de ayuda mutua; trataron de introducir, por<br \/>\nejemplo, en el derecho penal, el principio de compensaci\u00f3n (multa), en lugar de la ley del Tali\u00f3n,<br \/>\ny m\u00e1s tarde, proclamaron el \u00abperd\u00f3n de las ofensas\u00bb, es decir, un ideal a\u00fan m\u00e1s elevado de<br \/>\nigualdad ante la conciencia humana, en lugar de la \u00abcompensaci\u00f3n\u00bb que se pagaba seg\u00fan el<br \/>\nvalor de clase del damnificado. Pero al mismo tiempo, la otra parte de esos individuos, que se<br \/>\nrebelaron contra la organizaci\u00f3n que se hab\u00eda consolidado, intentaban simplemente destruir las<br \/>\ninstituciones protectoras de apoyo mutuo a fin de imponer, en lugar de \u00e9stas, su propia<br \/>\narbitrariedad, acrecentar de este modo sus riquezas propias y fortificar su propio poder. En esta<br \/>\ntriple lucha entre las dos categor\u00edas de individuos, los qu\u00e9 se hab\u00edan rebelado y los protectores<br \/>\nde lo existente, consiste toda la verdadera tragedia de la historia. Pero, para representar esta<br \/>\nlucha y estudiar honestamente el papel desempe\u00f1ado en el desarrollo de la humanidad por<br \/>\ncada una de las tres fuerzas citadas, har\u00e1 falta, por lo menos, tantos a\u00f1os de trabajo como hube<br \/>\nde dedicar a escribir este libro.<br \/>\nDe las obras que examinan aproximadamente el mismo problema, pero aparecidas ya despu\u00e9s<br \/>\nde la publicaci\u00f3n de mis art\u00edculos sobre la ayuda mutua entre los animales, debo mencionar The<br \/>\nLowell Lectures on the Ascent of Man, por Henry Drummond, Londres, 1894, y The Origin and<br \/>\nGrowth of the Moral Instinct, por A. Sutherland, Londres, 1898. Ambos libros est\u00e1n concebidos,<br \/>\nen grado considerable, seg\u00fan el mismo plan del libro citado de B\u00fcchner, y en el libro de<br \/>\nSutherland le consideran con bastantes detalles los sentimientos paternales y familiares corno<br \/>\n\u00fanico factor en el proceso de desarrollo de los sentimientos morales. La tercera obra de esta<br \/>\nclase que trata del hombre y est\u00e1 escrita seg\u00fan el mismo plan es el libro del profesor americano<br \/>\nF. A. Giddings, cuya primera edici\u00f3n apareci\u00f3 en el a\u00f1o 1896, en Nueva York y en Londres,<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n22<br \/>\nbajo el t\u00edtulo The Principles of Sociology, y cuyas ideas dominantes hab\u00edan sido expuestas por<br \/>\nel autor en un folleto, en el a\u00f1o 1894. Debo, sin embargo, dejar por completo a la cr\u00edtica literaria<br \/>\nel examen de las coincidencias, similitudes y divergencias entre las dos obras citadas y la m\u00eda.<br \/>\nTodos los cap\u00edtulos de este libro fueron publicados primeramente en la revista Nineteenth<br \/>\nCentury (\u00abLa ayuda mutua entre los animales\u00bb, en septiembre y noviembre de 1890; \u00abLa ayuda<br \/>\nmutua entre los salvajes\u00bb, en abril de 1891; \u00abayuda mutua entre los b\u00e1rbaros\u00bb, en enero de<br \/>\n1892; \u00abLa ayuda mutua en la Ciudad Medieval\u00bb, en agosto y septiembre de 1884, y \u00abLa ayuda<br \/>\nmutua en la \u00e9poca moderna\u00bb, en enero y junio de 1896). Al publicarlos en forma de libro, pens\u00e9,<br \/>\nen un principio, incluir en forma de ap\u00e9ndices la masa de materiales reunidos por m\u00ed que no<br \/>\npude aprovechar para los art\u00edculos que aparecieron en la revista, as\u00ed como el juicio sobre<br \/>\ndiferentes puntos secundarios que tuve que omitir. Tales ap\u00e9ndices habr\u00edan duplicado el<br \/>\ntama\u00f1o del libro, y me vi obligado a renunciar a su publicaci\u00f3n o, por lo menos, a aplazarla. En<br \/>\nlos ap\u00e9ndices de este libro est\u00e1 incluido solamente el juicio sobre algunas pocas cuestiones que<br \/>\nhan sido objeto de controversia cient\u00edfica en el curso de estos \u00faltimos a\u00f1os; del mismo modo en<br \/>\nel texto de los art\u00edculos primitivos intercal\u00e9 s\u00f3lo el poco material adicional que me fue posible<br \/>\nagregar sin alterar la estructura general de esta obra.<br \/>\nAprovecho esta oportunidad para expresar al editor de Nineteenth Century, James Knowles, mi<br \/>\nagradecimiento, tanto por la amable hospitalidad que mostr\u00f3 hacia la presente obra, apenas se<br \/>\nenter\u00f3 de su idea general, como por su amable permiso para la reimpresi\u00f3n de este trabajo.<br \/>\nP. K.<br \/>\nBromley, Kent, 1902.<br \/>\nCAP\u00cdTULO I<br \/>\nLA AYUDA MUTUA ENTRE LOS ANIMALES<br \/>\nLa concepci\u00f3n de la lucha por la existencia como condici\u00f3n del desarrollo progresivo,<br \/>\nintroducida en la ciencia por Darwin y Wallace, nos permiti\u00f3 abarcar, en una generalizaci\u00f3n, una<br \/>\nvast\u00edsima masa de fen\u00f3menos, y esta generalizaci\u00f3n fue, desde entonces, la base de todas<br \/>\nnuestras teor\u00edas filos\u00f3ficas, biol\u00f3gicas y sociales. Un n\u00famero infinito de los m\u00e1s diferentes<br \/>\nhechos, que antes explic\u00e1bamos cada uno por una causa propia, fueron encerrados por Darwin<br \/>\nen una amplia generalizaci\u00f3n. La adaptaci\u00f3n de los seres vivientes a su medio ambiente, su<br \/>\ndesarrollo progresivo, anat\u00f3mico y fisiol\u00f3gico, el progreso intelectual y aun el perfeccionamiento<br \/>\nmoral, todos estos fen\u00f3menos empezaron a present\u00e1rsenos como parte de un proceso com\u00fan.<br \/>\nComenzamos a comprenderlos como una serie de esfuerzos ininterrumpidos, como una lucha<br \/>\ncontra diferentes condiciones desfavorables, lucha que conduce al desarrollo de individuos,<br \/>\nrazas, especies y sociedades tales- que representar\u00edan la mayor plenitud, la mayor variedad y la<br \/>\nmayor intensidad de vida.<br \/>\nEs muy posible que, al comienzo de sus trabajos, el mismo Darwin no tuviera conciencia de<br \/>\ntoda la importancia y generalidad de aquel fen\u00f3meno la lucha por la existencia, al que recurri\u00f3<br \/>\nbuscando la explicaci\u00f3n de un grupo de hechos, a saber: la acumulaci\u00f3n de desviaciones del<br \/>\ntipo primitivo y la formaci\u00f3n de nuevas especies. Pero comprendi\u00f3 que el t\u00e9rmino que \u00e9l<br \/>\nintroduc\u00eda en la ciencia perder\u00eda su sentido filos\u00f3fico exacto si era comprendido exclusivamente<br \/>\nen sentido estrecho, como lucha entre los individuos por los medios de subsistencia. Por eso, al<br \/>\ncomienzo mismo de su gran investigaci\u00f3n sobre el origen de las especies, insisti\u00f3 en que se<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n23<br \/>\ndebe comprender \u00abla lucha por la existencia en su sentido amplio y metaf\u00f3rico, es decir,<br \/>\nincluyendo en \u00e9l la dependencia de un ser viviente de los otros, y tambi\u00e9n &#8211; lo que es bastante<br \/>\nm\u00e1s importante- no s\u00f3lo la vida del individuo mismo, sino tambi\u00e9n la posibilidad de que deje<br \/>\ndescendencia.<br \/>\nDe este modo, aunque el mismo Darwin, para su prop\u00f3sito especial, utiliz\u00f3 la expresi\u00f3n \u00ablucha<br \/>\npor la existencia\u00bb preferentemente en su sentido estrecho, previno a sus sucesores en contra<br \/>\ndel error (en el cual parece que cay\u00f3 \u00e9l mismo en una \u00e9poca) de la comprensi\u00f3n demasiado<br \/>\nestrecha de estas palabras. En su obra posterior, Origen del hombre, hasta escribi\u00f3 varias<br \/>\np\u00e1ginas bellas y vigorosas para explicar el verdadero y amplio sentido de esta lucha. Mostr\u00f3<br \/>\nc\u00f3mo, en innumerables sociedades animales, la lucha por la existencia entre los individuos de<br \/>\nestas sociedades desaparece completamente, y c\u00f3mo, en lugar de la lucha, aparece la<br \/>\ncooperaci\u00f3n que conduce al desarrollo de las facultades intelectuales y de las cualidades<br \/>\nmorales, y que asegura a tal especie las mejores oportunidades de vivir y propasarse. Se\u00f1al\u00f3<br \/>\nque, de tal modo, en estos casos, no se muestran de ninguna manera \u00abm\u00e1s aptos\u00bb aqu\u00e9llos que<br \/>\nson f\u00edsicamente m\u00e1s fuertes o m\u00e1s astutos, o m\u00e1s h\u00e1biles, sino aqu\u00e9llos que mejor saben<br \/>\nunirse y apoyarse los unos a los otros &#8211; tanto los fuertes como los d\u00e9biles- para el bienestar de<br \/>\ntoda su comunidad \u00abAquellas comunidades -escribi\u00f3- que encierran la mayor cantidad de<br \/>\nmiembros que simpatizan entre s\u00ed, florecer\u00e1n mejor y dejar\u00e1n mayor cantidad de descendientes-<br \/>\n(segunda edici\u00f3n inglesa, p\u00e1gina 163).<br \/>\nLa expresi\u00f3n, tomada por Darwin de la concepci\u00f3n malthusiana de la lucha de todos contra uno,<br \/>\nperdi\u00f3, de tal modo, su estrechez cuando fue transformada en la mente de un hombre que<br \/>\ncomprend\u00eda la naturaleza profundamente. Por desgracia, estas observaciones de Darwin, que<br \/>\npodr\u00edan haberse convertido en base de las investigaciones m\u00e1s fecundas, pasaron inadvertidas,<br \/>\na causa de la masa de hechos en que entraba, o se supon\u00eda, la lucha real entre los individuos<br \/>\npor los medios de subsistencia.<br \/>\nY Darwin no someti\u00f3 a una investigaci\u00f3n m\u00e1s severa la importancia comparativa y la relativa<br \/>\nextensi\u00f3n de las dos formas de la \u00ablucha por la vida\u00bb en el mundo animal: la lucha inmediata<br \/>\nentre las personas aisladas, y la lucha com\u00fan, entre muchas personas, en conjunto; tampoco<br \/>\nescribi\u00f3 la obra que se propon\u00eda escribir sobre los obst\u00e1culos naturales a la multiplicaci\u00f3n<br \/>\nexcesiva de los animales, tales como la sequ\u00eda, las inundaciones, los fr\u00edos repentinos, las<br \/>\nepidemias, etc.<br \/>\nSin embargo, tal investigaci\u00f3n era ciertamente indispensable para determinar las verdaderas<br \/>\nproporciones y la importancia en la naturaleza de la lucha individual por la vida entre los<br \/>\nmiembros de una misma especie de animales en comparaci\u00f3n con la lucha de toda la<br \/>\ncomunidad contra los obst\u00e1culos naturales y los enemigos de otras especies. M\u00e1s a\u00fan, en este<br \/>\nmismo libro sobre el origen del hombre, donde escribi\u00f3 los pasajes citados que refutan la<br \/>\nestrecha comprensi\u00f3n malthusiana de la \u00ablucha\u00bb se abri\u00f3 paso nuevamente el fermento<br \/>\nmalthusiano; por ejemplo, all\u00ed donde se hac\u00eda la pregunta: \u00bfes menester conservar la vida de<br \/>\nlos \u00abd\u00e9biles de mente y cuerpo\u00bb en nuestras sociedades civilizados? (cap\u00edtulo V). Como si miles<br \/>\nde poetas, sabios inventores y reformadores \u00ablocos\u00bb, Y tambi\u00e9n los llamados \u00abentusiastas<br \/>\nd\u00e9biles de mente\u00bb no fueran el arma m\u00e1s fuerte de la humanidad en su lucha por la vida, en la<br \/>\nlucha que se sostiene con medios intelectuales y- morales, cuya importancia expuso tan bien el<br \/>\nmismo Darwin en los mismos cap\u00edtulos de su libro.<br \/>\nLuego sucedi\u00f3 con la teor\u00eda de Darwin lo que sucede con todas las teor\u00edas que tienen relaci\u00f3n<br \/>\ncon la vida humana. Sus continuadores no s\u00f3lo no la ampliaron, de acuerdo con sus<br \/>\nindicaciones, sino que, por lo contrario, la restringieron a\u00fan m\u00e1s. Y mientras Spencer,<br \/>\ntrabajando independientemente, pero en an\u00e1logo sentido, trataba hasta cierto punto de ampliar<br \/>\nlas investigaciones acerca de la cuesti\u00f3n de qui\u00e9n es el m\u00e1s apto (especialmente en el<br \/>\nap\u00e9ndice de la tercera edici\u00f3n de Data of Ethics), numerosos continuadores de Darwin<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n24<br \/>\nrestringieron la concepci\u00f3n de la lucha por la existencia hasta los l\u00edmites m\u00e1s estrechos.<br \/>\nEmpezaron a representar el mundo de los animales como un mundo de luchas ininterrumpidas<br \/>\nentre seres eternamente hambrientos y \u00e1vidos de la sangre de sus hermanos. Llenaron la<br \/>\nliteratura moderna con el grito de \u00a1Ay de los vencidos! y presentaron este grito como la \u00faltima<br \/>\npalabra de la biolog\u00eda.<br \/>\nElevaron la lucha \u00absin cuartel\u00bb, Y en pos de ventajas individuales, a la altura de un principio, de<br \/>\nuna ley de toda la biolog\u00eda, a la cual el hombre debe subordinarse, de lo contrario, sucumbir\u00e1 en<br \/>\neste mundo que est\u00e1 basado en el exterminio mutuo. Dejando de lado a los economistas, los<br \/>\ncuales generalmente apenas conocen, del campo de las ciencias naturales, algunas frases<br \/>\ncorrientes, y \u00e9sas tomadas de los divulgadores de segundo grado, debemos reconocer que aun<br \/>\nlos m\u00e1s autorizados representantes de las opiniones de Darwin emplean todas sus fuerzas para<br \/>\nsostener est\u00e1s falsas ideas. Si tomamos, por ejemplo, a Huxley, a quien se considera, sin duda,<br \/>\ncomo uno de los mejores representantes de la teor\u00eda del desarrollo (evoluci\u00f3n) veremos<br \/>\nentonces que en el art\u00edculo titulado \u00abLa lucha por la existencia y su relaci\u00f3n con el hombre\u00bb no<br \/>\nense\u00f1a que \u00abdesde el punto de vista del moralista, el mundo animal se encuentra en el mismo<br \/>\nnivel que la lucha de gladiadores: alimentan bien a los animales y los arrojan a la lucha: en<br \/>\nconsecuencia, s\u00f3lo los m\u00e1s fuertes, los m\u00e1s \u00e1giles y los m\u00e1s astutos sobreviven \u00fanicamente<br \/>\npara entrar en lucha al d\u00eda siguiente. No es necesario que el espectador baje el dedo para exigir<br \/>\nque sean muertos los d\u00e9biles- aqu\u00ed, sin ello, no hay cuartel para nadie\u00bb.<br \/>\nEn el mismo art\u00edculo, Huxley dice m\u00e1s adelante que entre los animales, lo mismo que entre los<br \/>\nhombres primitivos \u00ablos m\u00e1s d\u00e9biles y los m\u00e1s est\u00fapidos est\u00e1n condenados a muerte, mientras<br \/>\nque sobreviven los m\u00e1s astutos y aquellos a quienes es m\u00e1s dif\u00edcil vulnerar, a que los que mejor<br \/>\nsupieron adaptarse a las circunstancias, pero que de ning\u00fan modo son mejores en los otros<br \/>\nsentidos. La vida -dice- era una lucha constante y general, y con excepci\u00f3n de las relaciones<br \/>\nlimitadas y temporales dentro de la familia, la guerra hobbesiana de uno contra todos era el<br \/>\nestado normal de la existencia.<br \/>\nHasta d\u00f3nde se justifica o no semejante opini\u00f3n sobre la naturaleza, se ver\u00e1 en los hechos que<br \/>\neste libro aporta, tanto del mundo animal como de la vida del hombre primitivo. Pero podemos<br \/>\ndecir ya ahora que la opini\u00f3n de Huxley sobre la naturaleza tiene tan poco derecho a ser<br \/>\nreconocida en tanto que deducci\u00f3n cient\u00edfica, como la opini\u00f3n opuesta de Rousseau, que ve\u00eda<br \/>\nen la naturaleza solamente amor, paz y armon\u00eda, perturbados por la aparici\u00f3n del hombre. En<br \/>\nrealidad, el primer paseo por el bosque, la primera observaci\u00f3n sobre cualquier sociedad animal<br \/>\no hasta el conocimiento de cualquier trabajo serio en donde se habla de la vida de los animales<br \/>\nen los continentes que a\u00fan no est\u00e1n densamente poblados por el hombre (por ejemplo de<br \/>\nD&#8217;Orbigny, Audubon, Le Vaillant), deb\u00eda obligar al naturalista a reflexionar sobre el papel que<br \/>\ndesempe\u00f1a la vida social en el mundo de los animales, y preservarle tanto de concebir la<br \/>\nnaturaleza en forma de campo de batalla general como del extremo opuesto, que ve en la<br \/>\nnaturaleza s\u00f3lo paz y armon\u00eda. El error de Rousseau consiste en que perdi\u00f3 de vista, por<br \/>\ncompleto, la lucha sostenida con picos y garras, y Huxley es culpable del error de car\u00e1cter<br \/>\nopuesto; pero ni el optimismo de Rousseau ni el pesimismo de Huxley pueden ser aceptados<br \/>\ncomo una interpretaci\u00f3n desapasionada y cient\u00edfica de la naturaleza.<br \/>\nSi bien, comenzamos a estudiar los animales no \u00fanicamente en los laboratorios y museos sino<br \/>\nen el bosque, en los prados, en las estepas y en las zonas monta\u00f1osas, en seguida<br \/>\nobservamos que, a pesar de que entre diferentes especies y, en particular, entre diferentes<br \/>\nclases de animales, en proporciones sumamente vastas, se sostiene la lucha y el exterminio, se<br \/>\nobserva, al mismo tiempo, en las mismas proporciones, o tal vez mayores, el apoyo mutuo, la<br \/>\nayuda mutua y la protecci\u00f3n mutua entre los animales pertenecientes a la misma especie o, por<br \/>\nlo menos, a la misma sociedad. La sociabilidad es tanto una ley de la naturaleza como lo es la<br \/>\nlucha mutua.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n25<br \/>\nNaturalmente, ser\u00eda demasiado dif\u00edcil determinar, aunque fuera aproximadamente, la<br \/>\nimportancia num\u00e9rica relativa de estas dos series de fen\u00f3menos. Pero si recurrimos, a la<br \/>\nverificaci\u00f3n indirecta y preguntamos a la naturaleza: \u00ab\u00bfQui\u00e9nes son m\u00e1s aptos, aquellos que<br \/>\nconstantemente luchan entre s\u00ed o, por lo contrario, aquellos que se apoyan entre s\u00ed?\u00bb, en<br \/>\nseguida veremos que los animales que adquirieron las costumbres de ayuda mutua resultan, sin<br \/>\nduda alguna, los m\u00e1s aptos. Tienen m\u00e1s posibilidades de sobrevivir como individuos y como<br \/>\nespecie, y alcanzan en sus correspondientes clases (insectos, aves, mam\u00edferos) el m\u00e1s alto<br \/>\ndesarrollo mental y organizaci\u00f3n f\u00edsica. Si tomamos en consideraci\u00f3n los Innumerables hechos<br \/>\nque hablan en apoyo de esta opini\u00f3n, se puede decir con seguridad que la ayuda mutua<br \/>\nconstituye tanto una ley de la vida animal como la lucha mutua. M\u00e1s a\u00fan. Como factor de<br \/>\nevoluci\u00f3n, es decir, como condici\u00f3n de desarrollo en general, probablemente tiene importancia<br \/>\nmucho mayor que la lucha mutua, porque facilita el desarrollo de las costumbres y caracteres<br \/>\nque aseguran el sostenimiento y el desarrollo m\u00e1ximo de la especie junto con el m\u00e1ximo<br \/>\nbienestar y goce de la vida para cada individuo, y, al mismo tiempo, con el m\u00ednimo de desgaste<br \/>\nin\u00fatil de energ\u00edas, de fuerzas.<br \/>\nHasta donde yo sepa, de los sucesores cient\u00edficos de Darwin, el primero que reconoci\u00f3 en la<br \/>\nayuda mutua la importancia de una ley de la naturaleza y de un factor principal de la evoluci\u00f3n,<br \/>\nfue el muy conocido bi\u00f3logo ruso, ex-decano de la Universidad de San Petersburgo, profesor K.<br \/>\nF. Kessler. Desarroll\u00f3 este pensamiento en un discurso pronunciado en enero del a\u00f1o 1880,<br \/>\nalgunos meses antes de su muerte, en el congreso de naturalistas rusos, pero, como muchas<br \/>\ncosas buenas publicadas, s\u00f3lo en la lengua rusa, esta conferencia pas\u00f3 casi completamente<br \/>\ninadvertida.<br \/>\nComo zo\u00f3logo viejo &#8211; dec\u00eda Kessler -, se sent\u00eda obligado a expresar su protesta contra el abuso<br \/>\ndel t\u00e9rmino \u00ablucha por la existencia\u00bb, tomado de la &#8211; zoolog\u00eda, o por lo menos contra la<br \/>\nvaloraci\u00f3n excesivamente exagerada de su importancia. &#8211; Especialmente en la zoolog\u00eda -dec\u00edaen<br \/>\nlas ciencias consagradas al estudio multilateral del hombre, a cada paso se menciona la<br \/>\nlucha cruel por la existencia, y a menudo se pierde de vista por completo, que existe otra ley<br \/>\nque podemos llamar de la ayuda mutua, y que, por lo menos ton relaci\u00f3n a los animales, tal vez<br \/>\nsea m\u00e1s importante &#8211; que la ley de la lucha por la existencias. Se\u00f1al\u00f3 luego Kessler que la<br \/>\nnecesidad de dejar descendencia, inevitablemente une a los animales, y \u00abcuando m\u00e1s se<br \/>\nvinculan entre si los individuos de una determinada especie, cuanto m\u00e1s ayuda mutua se<br \/>\nprestan, tanto m\u00e1s se consolida la existencia de la especie y tanto m\u00e1s se dan la! posibilidades<br \/>\nde que dicha especie vaya m\u00e1s lejos en su desarrollo y se perfeccione, adem\u00e1s, en su aspecto<br \/>\nintelectual\u00bb. \u00abLos animales de todas las clases, especialmente de las superiores, se prestan<br \/>\nayuda mutua\u00bb &#8211; prosegu\u00eda Kessler (p\u00e1g. 131), y confirmaba su idea con ejemplos tomados de la<br \/>\nvida de los escarabajos enterradores o necr\u00f3foros y de la vida social de las aves y de algunos<br \/>\nmam\u00edferos. Estos ejemplos eran poco numerosos, como era menester en un breve discurso de<br \/>\ninauguraci\u00f3n, pero puntos importantes fueron claramente establecidos. Despu\u00e9s de haber<br \/>\nse\u00f1alado luego que en el desarrollo de la humanidad la ayuda mutua desempe\u00f1a un papel a\u00fan<br \/>\nm\u00e1s grande, Kessler concluy\u00f3 su discurso con las siguientes observaciones.<br \/>\n\u00abCiertamente, no niego la lucha por la existencia, sino que sostengo que, el desarrollo<br \/>\nprogresivo, tanto de todo el reino animal como en especial de la humanidad, no contribuye tanto<br \/>\nla lucha rec\u00edproca cuanto la ayuda mutua. Son inherentes a todos los cuerpos org\u00e1nicos dos<br \/>\nnecesidades esenciales: la necesidad de alimento y la necesidad de multiplicaci\u00f3n. La<br \/>\nnecesidad de alimentaci\u00f3n los conduce a la lucha por la subsistencia, y al exterminio rec\u00edproco,<br \/>\ny la necesidad de la multiplicaci\u00f3n los conduce a aproximarse a la ayuda mutua. Pero, en el<br \/>\ndesarrollo del mundo org\u00e1nico, en la transformaci\u00f3n de unas formas en otras, quiz\u00e1 ejerza<br \/>\nmayor influencia la ayuda mutua entre los individuos de una misma especie que la lucha entre<br \/>\nellos\u00bb.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n26<br \/>\nLa exactitud de las opiniones expuestas m\u00e1s arriba llam\u00f3 la atenci\u00f3n de la mayor\u00eda de los<br \/>\npresentes en el congreso de los zo\u00f3logos rusos, y N. A. Syevertsof, cuyas obras son bien<br \/>\nconocidas de los ornit\u00f3logos y ge\u00f3grafos, las apoy\u00f3 e ilustr\u00f3 con algunos ejemplos<br \/>\ncomplementarios. Mencion\u00f3 algunas especies de halcones dotados de una organizaci\u00f3n quiz\u00e1<br \/>\nideal para los fines de ataque, pero a pesar de ello, se extinguen, mientras &#8211; que las otras<br \/>\nespecies de halcones que practican la ayuda mutua prosperan. Por otra parte, tomad un ave tan<br \/>\nsocial como el pato -dijo- en general, est\u00e1 mal organizado, pero practica el apoyo mutuo y, a<br \/>\njuzgar por sus innumerables especies y variedades, tiende positivamente a extenderse por toda<br \/>\nla tierra\u00bb.<br \/>\nLa disposici\u00f3n de los zo\u00f3logos rusos a aceptar las opiniones de Kessler le explica muy<br \/>\nnaturalmente porque casi todos ellos tuvieron oportunidad de estudiar el mundo animal en las<br \/>\nextensas regiones deshabitadas del Asia Septentrional o de Rusia Oriental, y el estudio de tales<br \/>\nregiones conduce, inevitablemente, a esas mismas conclusiones. Recuerdo la impresi\u00f3n que<br \/>\nme produjo el mundo animal de Siberia cuando yo exploraba las tierras altas de Oleminsk<br \/>\nVitimsk en compa\u00f1\u00eda de tan- destacado zo\u00f3logo como era mi, amigo Iv\u00e1n Simionovich Poliakof.<br \/>\nAmbos est\u00e1bamos bajo la impresi\u00f3n reciente de El origen de las especies, de Darwin, pero yo<br \/>\nbuscaba vanamente esa aguzada competencia entre los animales de la misma especie a que<br \/>\nnos hab\u00eda preparado la lectura de la obra de Darwin, aun despu\u00e9s de tomar en cuenta la<br \/>\nobservaci\u00f3n hecha en el capitulo III de esta obra (p\u00e1g. 54).<br \/>\n-\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 esa lucha? -preguntaba yo a Poliakof-. Ve\u00edamos muchas adaptaciones para la<br \/>\nlucha, muy a menudo para la lucha en com\u00fan, contra las condiciones clim\u00e1ticas desfavorables,<br \/>\no contra diferentes enemigos, y I. S. Poliakof escribi\u00f3 algunas p\u00e1ginas hermosas sobre la<br \/>\ndependencia mutua de los carn\u00edvoros, rumiantes y roedores en su distribuci\u00f3n geogr\u00e1fica. Por<br \/>\notra parte, vi yo all\u00ed, y en el Amur, numerosos casos de apoyo mutuo, especialmente en la<br \/>\n\u00e9poca de la emigraci\u00f3n de las aves y de los rumiantes, pero aun en las regiones del Amur y del<br \/>\nUssuri, donde la vida animal se distingue por su gran abundancia, muy raramente me ocurri\u00f3<br \/>\nobservar, a pesar de que los buscaba, casos de competencia real y de lucha entre los<br \/>\nindividuos de &#8211; una misma especie de animales superiores. La misma impresi\u00f3n brota de los<br \/>\ntrabajos de la mayor\u00eda de los zo\u00f3logos rusos, y esta circunstancia quiz\u00e1 aclare por qu\u00e9 las ideas<br \/>\nde Kessler fueron tan bien recibidas por los darwinistas rusos, mientras que semejantes<br \/>\nopiniones no son corrientes entre los continuadores de Darwin de Europa Occidental, que<br \/>\nconocen el mundo animal preferentemente en la Europa m\u00e1s occidental, donde el exterminio de<br \/>\nlos animales por el hombre alcanz\u00f3 tales proporciones que los individuos de muchas especies,<br \/>\nque fueron en otros tiempos sociales, viven ahora solitarios.<br \/>\nLo primero que nos sorprende, cuando comenzamos a estudiar la lucha por la existencia, tanto<br \/>\nen sentido directo como en el figurado de la expresi\u00f3n, en las regiones a\u00fan escasamente<br \/>\nhabitadas por el hombre, es la abundancia de casos de ayuda mutua practicada por los<br \/>\nanimales, no s\u00f3lo con el fin de educar a la descendencia, como est\u00e1 reconocido por la mayor\u00eda<br \/>\nde los evolucionistas, sino tambi\u00e9n para la seguridad del individuo y para proveerse del alimento<br \/>\nnecesario. En muchas vastas subdivisiones del reino animal, la ayuda mutua es regla general. b<br \/>\nayuda mutua se encuentra hasta entre los animales m\u00e1s inferiores y probablemente<br \/>\nconoceremos alguna vez, por las personas que estudian la vida microsc\u00f3pica de las aguas<br \/>\nestancadas, casos de ayuda mutua inconsciente hasta entre los microorganismos m\u00e1s<br \/>\npeque\u00f1os.<br \/>\nNaturalmente, nuestros conocimientos de la vida de los invertebrados &#8211; excluyendo las termitas,<br \/>\nhormigas y abejas- son sumamente limitados; pero a pesar de esto, de la vida de los animales<br \/>\nm\u00e1s inferiores podemos citar algunos casos de ayuda mutua bien verificados. Innumerables<br \/>\nsociedades de langostas, mariposas -especialmente vanessae-, grillos, escarabajos<br \/>\n(cicindelae), etc., en realidad se hallan completamente inexploradas, pero ya el mismo hecho de<br \/>\nsu existencia indica que deben establecerse aproximadamente sobre los mismos principios que<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n27<br \/>\nlas sociedades temporales de hormigas y abejas con fines de migraci\u00f3n. En cuanto a los<br \/>\nescarabajos, son bien conocidos casos exactamente observados de ayuda mutua entre los<br \/>\nsepultureros (Necrophorus). Necesitan alguna materia org\u00e1nica en descomposici\u00f3n para<br \/>\ndepositar los huevos y asegurar la alimentaci\u00f3n de sus larvas; pero la putrefacci\u00f3n de ese<br \/>\nmaterial no debe producirse muy r\u00e1pidamente. Por eso, los escarabajos sepultureros entierran<br \/>\nlos cad\u00e1veres de todos los animales peque\u00f1os con que se topan &#8211; casualmente durante sus<br \/>\nb\u00fasquedas. En general, los escarabajos de esta raza viven solitarios; pero, cuando alguno de<br \/>\nellos encuentra el cad\u00e1ver de alg\u00fan rat\u00f3n o de un ave, que no puede enterrar, convoca a varios<br \/>\notros sepultureros m\u00e1s (se juntan a veces hasta seis) para realizar esta operaci\u00f3n con sus<br \/>\nfuerzas asociadas. Si es necesario, transportan el cad\u00e1ver a un suelo m\u00e1s conveniente y<br \/>\nblando. En general, el entierro se realiza de un modo sumamente meditado y sin la menor<br \/>\ndisputa con respecto a qui\u00e9n corresponde disfrutar del privilegio de poner sus huevos en el<br \/>\ncad\u00e1ver enterrado. Y cuando Gleditsch at\u00f3 un p\u00e1jaro muerto a una cruz hecha de dos palitos, o<br \/>\nsuspendi\u00f3 una rana de un palo clavado en el suelo, los sepultureros, del modo m\u00e1s amistoso,<br \/>\ndirigieron la fuerza de sus inteligencias reunidas para vencer la astucia del hombre. La misma<br \/>\ncombinaci\u00f3n de esfuerzos se observa tambi\u00e9n en los escarabajos del esti\u00e9rcol.<br \/>\nPero, a\u00fan entre los animales situados en un grado de organizaci\u00f3n algo inferior, podemos<br \/>\nencontrar ejemplos semejantes. Ciertos cangrejos anfibios de las Indias Orientales y Am\u00e9rica<br \/>\ndel Norte se re\u00fanen en grandes masas cuando se dirigen hacia el mar para depositar sus<br \/>\nhuevas, por lo cual cada una de estas migraciones presupone cierto acuerdo mutuo. En cuanto<br \/>\na los grandes cangrejos de las Molucas (Limulus), me sorprendi\u00f3 ver en el a\u00f1o 1882, en el<br \/>\nacuario de Brighton, hasta qu\u00e9 punto son capaces estos animales torpes de prestarse ayuda<br \/>\nentre s\u00ed cuando alguno de ellos la necesita. As\u00ed, por ejemplo, uno se dio vuelta Y qued\u00f3 de<br \/>\nespalda en un rinc\u00f3n de la gran cuba donde se les guarda en el acuario, y su pesada<br \/>\ncaparaz\u00f3n, parecida a una gran cacerola, le imped\u00eda tomar su posici\u00f3n habitual, tanto m\u00e1s<br \/>\ncuanto que en ese rinc\u00f3n hab\u00edan hecho una divisi\u00f3n de hierro que dificultaba m\u00e1s a\u00fan sus<br \/>\ntentativas de volverse. Entonces, los compa\u00f1eros corrieron en su ayuda, y durante una hora<br \/>\nentera observ\u00e9 c\u00f3mo trataban de socorrer a su camarada de cautiverio. Al principio aparecieron<br \/>\ndos cangrejos, que empujaron a su amigo por debajo, y despu\u00e9s de esfuerzos empe\u00f1osos,<br \/>\nconsiguieron colocarlo de costado, pero la divisi\u00f3n de hierro imped\u00edales terminar su obra, y \u00e9l<br \/>\ncangrejo cala de nuevo, pesadamente, de espaldas. Despu\u00e9s de muchas tentativas, uno de los<br \/>\nsalvadores se dirigi\u00f3 hacia el fondo de la cuba y trajo consigo otros dos cangrejos, los cuales,<br \/>\ncon fuerzas frescas, se entregaron nuevamente a la tarea de levantar y empujar al camarada<br \/>\nincapacitado. Permanecimos en el acuario, m\u00e1s de dos horas, y cuando nos \u00edbamos, nos<br \/>\nacercamos de nuevo a echar; un vistazo a la cuba: \u00a1el trabajo de liberaci\u00f3n continuaba a\u00fan!<br \/>\nDespu\u00e9s de haber sido testigo de este episodio, creo plenamente en la observaci\u00f3n hecha por<br \/>\nErasmo Darwin, a saber: que \u00abel cangrejo com\u00fan, durante la muda, coloca en calidad de<br \/>\ncentinela a cangrejos que no han sufrido la muda o bien a un individuo cuya caparaz\u00f3n se ha<br \/>\nendurecido ya, a fin de proteger a los individuos que han mudado, en su situaci\u00f3n<br \/>\ndesamparada, contra la agresi\u00f3n de los enemigos marinos\u00bb.<br \/>\nLos casos de ayuda mutua entre las termitas, hormigas y abejas son tan conocidos para casi<br \/>\ntodos los lectores, en especial gracias a los populares libros de Romanes, B\u00fcchner y John<br \/>\nLubbock, que puedo limitarme a muy pocas citas. Si tomamos un hormiguero, no s\u00f3lo veremos<br \/>\nque todo g\u00e9nero de trabajo &#8211; la cr\u00eda de la descendencia el aprovisionamiento, la construcci\u00f3n, la<br \/>\ncr\u00eda de los pulgones, etc.-, se realiza de acuerdo con los principios de ayuda mutua voluntaria,<br \/>\nsino que, junto con Forel, debemos tambi\u00e9n reconocer que el rasgo principal, fundamental, de la<br \/>\nvida de muchas especies de hormigas es que cada hormiga comparte y est\u00e1 obligada a<br \/>\ncompartir su alimento, ya deglutido y en parte digerido, con cada miembro de la comunidad que<br \/>\nhaya manifestado su demanda de ello. Dos hormigas pertenecientes a dos especies diferentes<br \/>\no a dos hormigueros enemigos, en un encuentro casual, se evitar\u00e1n la una a la otra. Pero dos<br \/>\nhormigas pertenecientes &#8211; al mismo hormiguero, o a la misma colonia de hormigueros, siempre<br \/>\nque se aproximan, cambian algunos movimientos de antena y, -\u00absi una de ellas est\u00e1 hambrienta<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n28<br \/>\no siente sed, y si especialmente en ese momento la otra tiene el papo lleno, entonces la primera<br \/>\npide inmediatamente alimento\u00bb. La hormiga a la cual se dirigi\u00f3 el pedido de tal modo, nunca se<br \/>\nrehusa; separa sus mand\u00edbulas, y dando a su cuerpo la posici\u00f3n conveniente, devuelve una<br \/>\ngota de l\u00edquido transparente, que la hormiga hambrienta sorbe.<br \/>\nLa devoluci\u00f3n de alimentos para nutrir a otros es un rasgo tan importante de la vida de la<br \/>\nhormiga (en libertad) y se aplica tan constantemente, tanto para la alimentaci\u00f3n de los<br \/>\ncamaradas hambrientos como para la nutrici\u00f3n de las larvas, que, seg\u00fan la opini\u00f3n de Forel, los<br \/>\n\u00f3rganos digestivos de las hormigas se componen de dos partes diferentes; una de ellas, la<br \/>\nposterior, se destina al uso especial de la hormiga misma, y la otra, la anterior, principalmente a<br \/>\nutilidad de la comunidad. Si cualquier hormiga con el papo lleno, mostrara ser tan ego\u00edsta que<br \/>\nrehusara alimento a un camarada, la tratar\u00edan como enemiga o peor a\u00fan. Si la negativa fuera<br \/>\nhecha en el momento en que sus cong\u00e9neres luchan contra cualquier especie de hormiga o<br \/>\ncontra un hormiguero extra\u00f1o, caer\u00edan sobre su codiciosa compa\u00f1era con mayor furor que<br \/>\nsobre sus propias enemigas. Pero, si la hormiga no se rehusara a alimentar a otra hormiga<br \/>\nperteneciente a un hormiguero enemigo, entonces las cong\u00e9neres de la \u00faltima la tratar\u00edan como<br \/>\namiga. Todo esto est\u00e1 confirmado por observaciones y experiencias sumamente precisas, que<br \/>\nno dejan ninguna duda sobre la autenticidad de los hechos mismos ni sobre la exactitud de su<br \/>\ninterpretaci\u00f3n.<br \/>\nDe tal modo, en esta inmensa divisi\u00f3n del mundo animal, que comprende m\u00e1s de mil especies y<br \/>\nes tan numerosa que el Brasil, seg\u00fan la afirmaci\u00f3n de los brasile\u00f1os, no pertenece a los<br \/>\nhombres, sino a las hormigas, no existe en absoluto lucha ni competencia por el alimento entre<br \/>\nlos miembros de un mismo hormiguero o de una colonia de hormigueros. Por terribles que sean<br \/>\nlas guerras entre las diferentes especies de hormigas y los diferentes hormigueros, y<br \/>\ncualesquiera que sean las atrocidades cometidas durante la guerra, la ayuda mutua dentro de la<br \/>\ncomunidad, la abnegaci\u00f3n en beneficio com\u00fan, se ha transformado en costumbre, y el sacrificio,<br \/>\nen bien com\u00fan, es la regla general. Las hormigas, y las termitas repudiaron de este modo la<br \/>\n\u00abguerra hobbesiana\u00bb, y salieron ganando. Sus sorprendentes hormigueros, sus construcciones,<br \/>\nque sobrepasan por la altura relativa, a las construcciones de los hombres; sus caminos<br \/>\npavimentados y galer\u00edas cubiertas entre los hormigueros; sus espaciosas salas y graneros; sus<br \/>\ncampos trigo; sus cosechas, los granos \u00abmalteados\u00bb, los \u00abhuertos\u00bb asombrosos de la \u00abhormiga<br \/>\numbel\u00edfera\u00bb, que devora hojas y abona trocitos de tierra con bolitas de fragmentos de hojas<br \/>\nmasticadas y por eso crece en estos huertos solamente una clase de hongos, y todos los otros<br \/>\nson exterminados; sus m\u00e9todos racionales de cuidado de los huevos y de las larvas, comunes a<br \/>\ntodas las hormigas, y la construcci\u00f3n de nidos especiales y cercados para la cr\u00eda de los<br \/>\npulgones, que Linneo llam\u00f3 tan pintorescamente \u00abvacas de las hormigas\u00bb y, por \u00faltimo, su<br \/>\nbravura, atrevimiento y elevado desarrollo mental; todo esto es la consecuencia natural de la<br \/>\nayuda mutua que practican a cada paso de su vida activa y laboriosa. La sociabilidad de las<br \/>\nhormigas condujo tambi\u00e9n al desarrollo de otro rasgo esencial de su vida, a saber: el enorme<br \/>\ndesarrollo de la iniciativa individual que, a su vez, contribuy\u00f3 a que se desarrollaran en la<br \/>\nhormiga tan elevadas y variadas capacidades mentales que producen la admiraci\u00f3n y el<br \/>\nasombro de todo observador.<br \/>\nSi no conoci\u00e9ramos ning\u00fan otro caso de la vida de los animales, aparte de aquellos conocidos<br \/>\nde las hormigas y termitas, podr\u00edamos concluir con seguridad que la ayuda mutua (que conduce<br \/>\na la confianza mutua, primera condici\u00f3n de la bravura) y la iniciativa personal (primera condici\u00f3n<br \/>\ndel progreso intelectual), son dos condiciones incomparablemente m\u00e1s importantes en el<br \/>\ndesarrollo del mundo de los animales que la lucha mutua. En realidad, las hormigas prosperan,<br \/>\na pesar de que no poseen ninguno de los rasgos \u00abdefensivos\u00bb sin los cuales no puede pasarse<br \/>\nanimal alguno que lleve vida solitaria. Su color les hace muy visibles para sus enemigos, y en<br \/>\nlos bosques y en los prados, los grandes hormigueros de muchas especies, llaman la atenci\u00f3n<br \/>\nen seguida. La hormiga no tiene caparaz\u00f3n duro; su aguij\u00f3n, por m\u00e1s que resulte peligroso<br \/>\ncuando centenares se hunden en el cuerpo de un animal, no tiene gran valor para la defensa<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n29<br \/>\nindividual. Al mismo tiempo, las larvas y los huevos de las hormigas constituyen un manjar para<br \/>\nmuchos de los habitantes de los bosques.<br \/>\nNo obstante, las mal defendidas hormigas no sufren gran exterminio por parte de las aves, ni<br \/>\naun de los osos hormigueros; e infunden terror a insectos que son bastante m\u00e1s fuertes que<br \/>\nellas mismas. Cuando Forel vaci\u00f3 un saco de hormigas en un prado, vio que &#8211; los grillos se<br \/>\ndispersaban abandonando sus nidos al pillaje de las hormigas; las ara\u00f1as y los escarabajos<br \/>\nabandonaban sus presas por miedo a encontrarse en situaci\u00f3n de v\u00edctimas\u00bb; las hormigas se<br \/>\napoderan hasta de los nidos de avispas, despu\u00e9s de una batalla durante la cual muchas<br \/>\nperecieron en bien de la comunidad. Aun los m\u00e1s veloces insectos no alcanzaron a salvarse, y<br \/>\nForel tuvo ocasi\u00f3n de ver, a menudo, que las hormigas atacaban y mataban, inesperadamente,<br \/>\nmariposas, mosquitos, moscas, etc. Su fuerza reside en el apoyo mutuo y en la confianza<br \/>\nmutua. Y si la hormiga &#8211; sin hablar de otras termitas m\u00e1s desarrolladas- ocupa la cima de una<br \/>\nclase entera de insectos por su capacidad mental; si por su bravura se puede equiparar a los<br \/>\nm\u00e1s valientes vertebrados, y su cerebro -usando las palabras de Darwin- \u00abconstituye uno de los<br \/>\nm\u00e1s maravillosos \u00e1tomos de materia del mundo, tal vez aun m\u00e1s asombroso que el cerebro del<br \/>\nhombre\u00bb -\u00bfno debe la hormiga todo esto a que la ayuda mutua reemplaza completamente la<br \/>\nlucha mutua en su comunidad?<br \/>\nLo mismo es cierto tambi\u00e9n con respecto a las abejas. Estos peque\u00f1os insectos, que podr\u00edan<br \/>\nser tan f\u00e1cil presa de numerosas aves, y cuya miel atrae a toda clase de animales, comenzando<br \/>\npor el escarabajo y terminando con el oso, tampoco tienen particularidad alguna protectora en la<br \/>\nestructura o en lo que a mimetismo se refiere, sin los cuales los insectos que viven aislados<br \/>\napenas podr\u00edan evitar el exterminio completo. Pero, a pesar de eso, debido a la ayuda mutua<br \/>\npracticada por las abejas, como es sabido, alcanzaron a extenderse ampliamente por la tierra;<br \/>\nposeen una gran inteligencia, y han elaborado formas de vida social sorprendentes.<br \/>\nTrabajando en com\u00fan, las abejas multiplican en proporciones inveros\u00edmiles sus fuerzas<br \/>\nindividuales, y recurriendo a una divisi\u00f3n temporal del trabajo, por lo cual cada abeja conserva<br \/>\nsu aptitud para cumplir cuando es necesario, cualquier clase de trabajo, alcanzando tal grado<br \/>\nde bienestar y seguridad que no tiene ning\u00fan animal, por fuerte que sea o bien armado que<br \/>\nest\u00e9. En sus sociedades, las abejas a menudo superan al hombre, cuando \u00e9ste descuida las<br \/>\nventajas de una ayuda mutua bien planeada. As\u00ed, por ejemplo, cuando un enjambre de abejas<br \/>\nse prepara a abandonar la colmena para fundar una nueva sociedad, cierta cantidad de abejas<br \/>\nexploran previamente la vecindad, y si logran descubrir un lugar conveniente para vivienda, por<br \/>\nejemplo, un cesto viejo, o algo por el estilo, se apoderan de \u00e9l, y lo limpian y lo guardan, a veces<br \/>\ndurante una semana entera, hasta que el enjambre se forma y se asienta en el lugar elegido.<br \/>\n\u00a1En cambio, muy a menudo los hombres hubieron de perecer en sus emigraciones a nuevos<br \/>\npa\u00edses, s\u00f3lo porque los emigrantes no comprendieron la necesidad de unir sus esfuerzos! Con<br \/>\nla ayuda de su inteligencia colectiva reunida, las abejas luchan con \u00e9xito contra las<br \/>\ncircunstancias adversas, a veces completamente imprevistas y desusadas, como sucedi\u00f3, por<br \/>\nejemplo, en la exposici\u00f3n de Par\u00eds, donde las abejas fijaron con su prop\u00f3leo resinoso (cera) un<br \/>\npostigo que cerraba una ventana construida en la pared de sus colmenas. Adem\u00e1s, no se<br \/>\ndistinguen por las inclinaciones sanguinarias, -y por el amor a los combates in\u00fatiles con que<br \/>\nmuchos escritores dotan tan gustosamente a todos los animales. Los centinelas que guardan<br \/>\nlas entradas de las colmenas matan sin piedad a todas las abejas ladronas que tratan de<br \/>\npenetrar en ella; pero las abejas extra\u00f1as que caen por error no son tocadas, especialmente si<br \/>\nllegan cargadas con la provisi\u00f3n del polen recogido, o si son abejas j\u00f3venes, que pueden errar<br \/>\nf\u00e1cilmente el camino. De este modo, las acciones b\u00e9licas, se reducen a las m\u00e1s estrictamente<br \/>\nnecesarias.<br \/>\nLa sociabilidad de las abejas es tanto m\u00e1s instructiva cuanto m\u00e1s los instintos de rapi\u00f1a y de<br \/>\npereza contin\u00faan existiendo entre ellas, y reaparecen de nuevo cada vez que las circunstancias<br \/>\nles son favorables. Sabido es que siempre hay un cierto n\u00famero de abejas que prefieren la vida<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n30<br \/>\nde ladrones a la vida laboriosa de obreras; por lo cual, tanto en los per\u00edodos de escasez de<br \/>\nalimentos como en los per\u00edodos de abundancia extraordinaria, el n\u00famero de las ladronas crece<br \/>\nr\u00e1pidamente. Cuando la recolecci\u00f3n est\u00e1 terminada y en nuestros campos y praderas queda<br \/>\npoco material para la elaboraci\u00f3n de la miel, las abejas ladronas aparecen en gran n\u00famero: por<br \/>\notra parte, en las plantaciones de az\u00facar de las Indias Orientales y en las refiner\u00edas de Europa,<br \/>\nel robo, la pereza y, muy a menudo, la embriaguez, se vuelven fen\u00f3menos corrientes entre las<br \/>\nabejas. Vemos, de este modo, que los instintos antisociales contin\u00faan existiendo; pero la<br \/>\nselecci\u00f3n natural debe aniquilar incesantemente a las ladronas, ya que, a la larga, la pr\u00e1ctica de<br \/>\nla reciprocidad se muestra m\u00e1s ventajosa para la especie que el desarrollo de los individuos<br \/>\ndotados de inclinaciones de rapi\u00f1a. \u00abLos m\u00e1s astutos y los m\u00e1s inescrupulosos\u00bb de los que<br \/>\nhablaba Huxley como de los vencedores, son eliminados para dar lugar a los individuos que<br \/>\ncomprenden las ventajas de la vida social y del apoyo mutuo.<br \/>\nNaturalmente, ni las hormigas ni las abejas, ni siquiera las termitas, se han elevado hasta la<br \/>\nconcepci\u00f3n de una solidaridad m\u00e1s elevada, que abrazase toda su especie. En este respecto,<br \/>\nevidentemente, no alcanzaron un grado de desarrollo que no encontrarnos siquiera entre los<br \/>\ndirigentes pol\u00edticos, cient\u00edficos y religiosos, de la humanidad. Sus instintos sociales casi no van<br \/>\nm\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites del hormiguero o de la colmena. A pesar de eso, Forel describi\u00f3 colonias<br \/>\nde hormigas en Mont Tendr\u00e9 y en la monta\u00f1a Saleve, que inclu\u00edan no menos de doscientos<br \/>\nhormigueros, y los habitantes de tales colonias pertenec\u00edan a dos diferentes especies (Formica<br \/>\nexsecta y F. pressilabris). Forel afirma que cada miembro de estas colonias conoce a los<br \/>\nmiembros restantes, y que todos toman parte en la defensa com\u00fan. Mac Cook observ\u00f3, en<br \/>\nPensilvania, una naci\u00f3n entera de hormigas, compuesta de 1600 a 1700 hormigueros, que<br \/>\nviv\u00edan en completo acuerdo; y Bates describi\u00f3 las enormes extensiones de los campos<br \/>\nbrasile\u00f1os cubiertos de mont\u00edculos de termitas, en done algunos hormigueros serv\u00edan de refugio<br \/>\na dos o tres especies diferentes, y la mayor\u00eda de estas construcciones estaban unidas entre s\u00ed<br \/>\npor galer\u00edas abovedadas y arcadas cubiertas. De este modo, algunos ensayos de unificaci\u00f3n de<br \/>\nsubdivisiones bastante amplias de una especie, con fines de defensa mutua y de vida social, se<br \/>\nencuentra hasta entre los animales invertebrados.<br \/>\nPasando ahora a los animales superiores, encontramos a\u00fan m\u00e1s casos de ayuda mutua,<br \/>\nindudablemente consciente, que se practica con todos los fines posibles, a pesar de que, por<br \/>\notra parte, debernos observar qu\u00e9 nuestros conocimientos de la vida, hasta de los animales<br \/>\nsuperiores, todav\u00eda se distinguen sin embargo, por su gran insuficiencia. Una multitud de casos<br \/>\nde este g\u00e9nero fueron descritos por zo\u00f3logos eminent\u00edsimos, pero, sin embargo, hay divisiones<br \/>\nenteras del reino animal de los cuales casi nada nos es conocido.<br \/>\nSobre todo, tenemos pocos testimonios fidedignos con respecto a los peces, en parte debido a<br \/>\nla dificultad de las observaciones y en parte porque no se ha prestado a esta materia la debida<br \/>\natenci\u00f3n. En cuanto a los mam\u00edferos, ya Kessler observ\u00f3 lo poco que conocemos de su vida.<br \/>\nMuchos de ellos s\u00f3lo salen de noche de sus madrigueras; otros, se ocultan debajo de la tierra;<br \/>\nlos rumiantes, cuya vida social y cuyas migraciones ofrecen un inter\u00e9s muy profundo, no<br \/>\npermiten al hombre aproximarse a sus reba\u00f1os. De las que sabemos m\u00e1s, es de las aves; sin<br \/>\nembargo, la vida social de muchas especies contin\u00faa siendo a\u00fan poco conocida para nosotros.<br \/>\nPor otra parte, en general, no tenemos de qu\u00e9 quejamos poca la falta de casos bien<br \/>\nestablecidos, como se ver\u00e1 a continuaci\u00f3n. Llamo la atenci\u00f3n \u00fanicamente que la mayor parte de<br \/>\nestos hechos han sido reunidos por zo\u00f3logos indiscutiblemente eminentes -fundadores de la<br \/>\nzoolog\u00eda descriptiva- sobre la base de sus propias observaciones, especialmente en Am\u00e9rica,<br \/>\nen la \u00e9poca en que a\u00fan estaba muy densamente poblada por mam\u00edferos y aves. El gran<br \/>\ndesarrollo de la ayuda mutua que ellos observaron, ha sido notado tambi\u00e9n recientemente en el<br \/>\nAfrica central, todav\u00eda poco poblada por el hombre.<br \/>\nNo tengo necesidad de detenerme aqu\u00ed sobre las asociaciones entre macho y hembra para la<br \/>\ncrianza de la prole, para asegurar su alimento en las primeras \u00e9pocas de su vida y para la caza<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n31<br \/>\nen com\u00fan. Es menester recordar solamente que semejantes asociaciones familiares est\u00e1n<br \/>\nextendidas ampliamente hasta entre los carn\u00edvoros menos sociables y las aves de rapi\u00f1a; su<br \/>\nmayor inter\u00e9s reside en que la asociaci\u00f3n familiar constituye el medio en donde se desarrollan<br \/>\nlos sentimientos m\u00e1s tiernos, hasta entre los animales muy feroces en otros aspectos.<br \/>\nPodemos, tambi\u00e9n, agregar que la rareza de asociaciones que traspasen los l\u00edmites de la<br \/>\nfamilia en los carn\u00edvoros y las aves de rapi\u00f1a, aunque en la mayor\u00eda de los casos es resultado<br \/>\nde la forma de alimentaci\u00f3n, sin embargo, indudablemente constituye tambi\u00e9n, hasta cierto<br \/>\npunto, la consecuencia de cambios en el mundo animal, provocados por la r\u00e1pida multiplicaci\u00f3n<br \/>\nde la humanidad. Hasta ahora se ha prestado poca atenci\u00f3n a estas circunstancias, pero<br \/>\nsabemos que hay especies cuyos individuos llevan una vida completamente solitaria en<br \/>\nregiones densamente pobladas, mientras que aquellas mismas especies o sus cong\u00e9neres m\u00e1s<br \/>\npr\u00f3ximos viven en reba\u00f1os, en lugares no habitados por el hombre. En este sentido podemos<br \/>\ncitar como ejemplo a los lobos, zorros, osos y algunas aves de rapi\u00f1a.<br \/>\nAdem\u00e1s, las asociaciones que no traspasan los limites de la familia presentan para nosotros<br \/>\ncomparativamente poco inter\u00e9s; tanto m\u00e1s cuanto que son conocidas muchas otras<br \/>\nasociaciones, de car\u00e1cter bastante m\u00e1s general, como, por ejemplo, las asociaciones formadas<br \/>\npor muchos animales, para la caza, la defensa mutua o, simplemente, para el goce de la vida.<br \/>\nAudubon ya mencion\u00f3 que las \u00e1guilas se re\u00fanen a veces en grupos de varios individuos, y su<br \/>\nrelato sobre dos \u00e1guilas calvas, macho y hembra, que cazaban en el Mississipi, es muy<br \/>\nconocido como modelo de descripci\u00f3n art\u00edstico, pero una de las m\u00e1s convincentes<br \/>\nobservaciones en este sentido Pertenece a Syevertsof. Mientras estudiaba la fauna de las<br \/>\nestepas rusas, vio cierta vez un \u00e1guila perteneciente a la especie gregaria (cola blanca,<br \/>\nHaliaetos abicilla) que se elevaba hacia lo alto; durante media hora, el \u00e1guila describi\u00f3 c\u00edrculos<br \/>\namplios, en silencio, y repentinamente reson\u00f3 su penetrante graznido. Al poco tiempo respondi\u00f3<br \/>\na este grito el graznido de otro \u00e1guila que se hab\u00eda acercado volando a la primera, le sigui\u00f3 una<br \/>\ntercera, una cuarta, etc\u00e9tera, hasta que se reunieron nueve o diez, que pronto se perdieron de<br \/>\nvista. Despu\u00e9s de medio d\u00eda, Syevertsof se dirigi\u00f3 hacia el lugar donde not\u00f3 que hab\u00edan volado<br \/>\nlas \u00e1guilas y, ocult\u00e1ndose detr\u00e1s de una ondulaci\u00f3n de la estepa, se acerc\u00f3 a la bandada y<br \/>\nobserv\u00f3 que se hab\u00edan reunido alrededor del cad\u00e1ver de un caballo. Las \u00e1guilas viejas, que<br \/>\ngeneralmente se alimentan primero -tales son las reglas de la urbanidad entre las \u00e1guilas-, ya<br \/>\nestaban posadas sobre las parvas de heno vecinas, en calidad de centinelas, mientras las<br \/>\nj\u00f3venes contin\u00faan aliment\u00e1ndose, rodeadas por bandadas de cornejas. De esta y otras<br \/>\nobservaciones semejantes Syevertsof dedujo que las \u00e1guilas de cola blanca se re\u00fanen para la<br \/>\ncaza; elev\u00e1ndose a gran altura, si son por ejemplo alrededor de una decena, pueden observar<br \/>\nuna superficie de cerca de 50 verstas cuadradas, y, en cuanto descubren algo, en seguida,<br \/>\nconsciente e inconscientemente, avisan a sus compa\u00f1eras, que se acercan y sin discusi\u00f3n, se<br \/>\nreparten el alimento hallado.<br \/>\nEn general, Syevertsof m\u00e1s tarde tuvo varias veces ocasi\u00f3n de convencerse de que las \u00e1guilas<br \/>\nde cola blanca se re\u00fanen siempre para devorar la carro\u00f1a y que algunas de ellas (al comienzo<br \/>\ndel fest\u00edn, las j\u00f3venes) desempe\u00f1an siempre el papel de vigilantes, mientras las otras comen.<br \/>\nRealmente, las \u00e1guilas de cola blanca, unas de las m\u00e1s bravas y mejores cazadoras, son, en<br \/>\ngeneral, aves gregarias, y Brehm dice que, encontr\u00e1ndose en cautiverio, se aficionan<br \/>\nr\u00e1pidamente al hombre (I. c., p\u00e1g. 499-501).<br \/>\nLa sociabilidad es el rasgo com\u00fan de muchas otras aves de rapi\u00f1a. El grifo halc\u00f3n brasile\u00f1o<br \/>\n(Caravara), uno de los rapaces m\u00e1s \u00abdesvergonzados\u00bb, es, sin embargo, extraordinariamente<br \/>\nsociable. Sus asociaciones para la caza han sido descritas por Darwin y otros naturalistas, y<br \/>\nest\u00e1 probado que, si se apoderan de una presa demasiado grande, convocan entonces a cinco<br \/>\n\u00f3 seis de sus camaradas para llevarla. Por la tarde, cuando estas aves, que se encuentran<br \/>\nsiempre en movimiento, despu\u00e9s de haber volado todo el d\u00eda, se dirigen a descansar y se<br \/>\nposan sobre alg\u00fan \u00e1rbol aislado del campo, siempre se re\u00fanen en bandadas poco numerosas, y<br \/>\nentonces se juntan con ellas los pern\u00f3cteros, peque\u00f1os milanos de alas oscuras, parecidos a<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n32<br \/>\nlas cornejas, sus \u00abverdaderos amigos\u00bb, como dice D&#8217;Orbigny. En el viejo mundo, en las estepas<br \/>\ntranscaspianas, los milanos, seg\u00fan las observaciones de Zarudnyi, tienen la misma costumbre<br \/>\nde construir sus nidos en un mismo lugar, agrup\u00e1ndose varios. El grifo social -una de las razas<br \/>\nm\u00e1s fuertes de los milanos- recibi\u00f3 su propio nombre por su amor a la sociedad. Viven en<br \/>\ngrandes bandadas, y en el \u00c1frica se encuentran monta\u00f1as enteras literalmente cubiertas, en<br \/>\ntodo lugar libre, &#8211; por sus nidos. Decididamente, gozan de la vida social y se re\u00fanen en<br \/>\nbandadas muy grandes para volar a gran altura, lo que constituye para ellos una especie de<br \/>\ndeporte. \u00abViven en gran amistad -dice Le Vaillant-, y a veces en una misma cueva encontr\u00e9<br \/>\nhasta tres nidos\u00bb.<br \/>\nLos milanos urub\u00fa, en Brasil, se distinguen quiz\u00e1 por una mayor sociabilidad que las cornejas<br \/>\nde pico blanco, dice Bates, el conocido explorador del r\u00edo Amazonas. Los peque\u00f1os milanos<br \/>\negipcios (Pernocterus stercorarius), tambi\u00e9n viven en buena amistad. Juegan en el aire, en<br \/>\nbandadas, pasan la noche juntos, y, por la ma\u00f1ana, en montones, se dirigen en busca de<br \/>\nalimento, y entre ellos no se produce ni la m\u00e1s peque\u00f1a rif\u00eda; as\u00ed lo atestigua Brehm, que ha<br \/>\ntenido posibilidad plena de observar su vida. El halc\u00f3n de cuello rojo se encuentra tambi\u00e9n en<br \/>\nbandadas numerosas en los bosques del Brasil, y el halc\u00f3n rojo cern\u00edcalo (Tinunculus<br \/>\ncenchyis), despu\u00e9s de abandonar Europa y de haber alcanzado en invierno las estepas y los<br \/>\nbosques de Asia, se re\u00fane en grandes sociedades. En las estepas meridionales de Rusia lleva<br \/>\n(m\u00e1s exactamente, llevaba) una vida tan social que Nordman lo observ\u00f3 en grandes bandadas<br \/>\njuntos con otros gerifaltes (falco tinunculus, F. oesulon y F. subbuteo) que se reun\u00edan los d\u00edas<br \/>\nclaros alrededor de las cuatro de la tarde, y se recreaban con sus vuelos hasta entrada la<br \/>\nnoche. Generalmente volaban todos juntos, en una l\u00ednea completamente recta, hasta un punto<br \/>\nconocido y determinado; despu\u00e9s de lo cual, volv\u00edan inmediatamente siguiendo la misma l\u00ednea,<br \/>\ny luego repet\u00edan nuevamente aquel vuelo.<br \/>\nTales vuelos en bandadas por el placer mismo del vuelo son muy comunes entre las aves de<br \/>\ntodo g\u00e9nero. Ch. Dixon informa que, especialmente en el r\u00edo Humber, en las llanuras<br \/>\npantanosas, a menudo aparecen a fines de agosto, numerosas bandadas de becasas (traga<br \/>\nalpina; \u00abarenero de monta\u00f1a\u00bb llamada tambi\u00e9n \u00abbuche negro\u00bb) y se quedan durante el invierno.<br \/>\nLos vuelos de estas aves son sumamente interesantes, puesto que, reunidas en una enorme<br \/>\nbandada, describen c\u00edrculos en el aire, luego se dispersan y se re\u00fanen de nuevo, repitiendo<br \/>\nesta maniobra con la precisi\u00f3n de soldados bien instruidos. Dispersos entre ellos suelen<br \/>\nencontrarse areneros de otras especies, alondras de mar y chochas.<br \/>\nEnumerar aqu\u00ed las diversas asociaciones de caza de las aves ser\u00eda simplemente imposible:<br \/>\nconstituyen el fen\u00f3meno m\u00e1s corriente; pero, es menester, por lo menos, mencionar las<br \/>\nasociaciones de pesca de los pel\u00edcanos, en las que estas torpes aves evidencian una<br \/>\norganizaci\u00f3n y una inteligencia notables. Se dirigen a la pesca siempre en grandes bandadas,<br \/>\nY, eligiendo una bah\u00eda conveniente, forman un amplio semic\u00edrculo, frente a la costa; poco a<br \/>\npoco, este semic\u00edrculo se estrecha, a medida que las aves nadan hacia la costa, y, gracias a<br \/>\nesta maniobra, todo pez ca\u00eddo en el semic\u00edrculo es atrapado. En los r\u00edos, canales, los pel\u00edcanos<br \/>\nse dividen en dos partes, cada una de las cuales forma su semic\u00edrculo, y va al encuentro de la<br \/>\notra, nadando, exactamente como ir\u00edan al encuentro dos partidas de hombres con dos largas<br \/>\nredes, para recoger el pez ca\u00eddo entre ellas. A la entrada de la noche, los pel\u00edcanos vuelven a<br \/>\nsu lugar de descanso habitual -siempre el mismo para cada bandada- y nadie ha observado<br \/>\nnunca que se hayan originado peleas entre ellos por un lugar de pesca o por un lugar de<br \/>\ndescanso. En Am\u00e9rica del sur, los pel\u00edcanos se re\u00fanen en bandadas hasta 50.000 aves, una<br \/>\nparte de las cu\u00e1les se entrega al sue\u00f1o mientras otras vigilan, y otra parte se dirige a la pesca.<br \/>\nFinalmente, cometer\u00eda yo una gran injusticia con nuestro gorri\u00f3n dom\u00e9stico, tan calumniado, si<br \/>\nno mencionara cu\u00e1n de buen girado comparte toda la comida que encuentra con los miembros<br \/>\nd\u00e9 la sociedad a que pertenece. Este hecho era bien conocido por los griegos antiguos, y hasta<br \/>\nnosotros ha llegado el relato del orador que exclam\u00f3 cierta vez (cito de memoria): \u00abMientras os<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n33<br \/>\nhablo, un gorri\u00f3n vino a decir a los otros gorriones que un esclavo ha desparramado un saco de<br \/>\ntrigo, y todos s han ido a recoger el grano\u00bb. Muy agradable fue para mi encontrar confirmaci\u00f3n<br \/>\nde esta observaci\u00f3n de los antiguos en el peque\u00f1o libro contempor\u00e1neo de Gurney, el cual est\u00e1<br \/>\ncompletamente convencido que los gorriones dom\u00e9sticos se comunican entre si siempre que<br \/>\npuedan conseguir comida en alguna parte. Dice: \u00abPor lejos del patio de la granja que se<br \/>\nhubiesen trillado las parvas de trigo, los gorriones de dicho patio siempre aparec\u00edan con los<br \/>\nbuches repletos de granos\u00bb. Cierto es que los gorriones guardan sus dominios con gran celo de<br \/>\nla invasi\u00f3n de extra\u00f1os, como, por ejemplo, los gorriones del jard\u00edn de Luxemburgo, Par\u00eds, que<br \/>\natacan con fiereza a todos los otros gorriones que tratan, a su vez, de aprovechar el jard\u00edn y la<br \/>\ngenerosidad de sus visitantes; pero dentro de sus propias comunidades o grupos practican con<br \/>\nextraordinaria amplitud el apoyo mutuo a pesar de que a veces se producen ri\u00f1as, como<br \/>\nsucede, por otra parte, entre los mejores amigos.<br \/>\nLa caza en grupos y la alimentaci\u00f3n en bandadas son tan corrientes en el mundo de las aves<br \/>\nque apenas es necesario citar m\u00e1s ejemplos: es menester considerar estos dos fen\u00f3menos<br \/>\ncomo un hecho plenamente establecido. En cuanto a la fuerza que dan a las aves semejantes<br \/>\nasociaciones, es cosa bien evidente. Las aves de rapi\u00f1a m\u00e1s grandes suelen verse obligadas a<br \/>\nceder ante las asociaciones de los p\u00e1jaros m\u00e1s peque\u00f1os. Hasta las \u00e1guilas -a\u00fan la<br \/>\npoderos\u00edsima y terrible \u00e1guila rapaz y el \u00e1guila marcial, que se destacan por una fuerza tal que<br \/>\npueden levantar en sus garras una liebre o un ant\u00edlope joven- suelen vers\u00e9 obligadas a<br \/>\nabandonar su presa a las bandadas de milanos, que emprenden una caza regular de ellas, no<br \/>\nbien notan que alguna ha hecho una buena presa. Los milanos tambi\u00e9n dan caza al r\u00e1pido<br \/>\ngavil\u00e1n pescador, y le quitan el pescado capturado; pero nadie ha tenido ocasi\u00f3n de observar<br \/>\nque los milanos se pelearan por la posesi\u00f3n de la presa arrebatada de tal modo. En la isla<br \/>\nKerguelen el doctor Cou\u00e9s ha visto que el Buphagus, la peque\u00f1a gallina marina, de los<br \/>\npescadores de focas, persigue a las gaviotas con el fin de obligarlas a vomitar el alimento; a<br \/>\npesar de que, por otra parte, las gaviotas, unidas a las golondrinas marinas, ahuyentan a la<br \/>\npeque\u00f1a gallina de mar en cuanto se aproxima a sus posesiones, especialmente durante el<br \/>\nanidamiento. Los frailecicos (Vanellus oristatus), peque\u00f1os pero muy r\u00e1pidos, atacan<br \/>\nosadamente a los buhardos, a los mochuelos, o a una corneja o \u00e1guila que atisban sus huevos,<br \/>\nes un espect\u00e1culo instructivo. Se siente que est\u00e1n seguros de. la victoria, y se ve la decepci\u00f3n<br \/>\ndel ave de rapi\u00f1a. En semejantes casos, las avefr\u00edas se apoyan mutuamente, a la perfecci\u00f3n, y<br \/>\nla bravura de cada una aumenta con el n\u00famero. Ordinariamente persiguen al malhechor de tal<br \/>\nmodo que \u00e9ste prefiere abandonar la caza con tal de alejarse de sus atormentadores. El<br \/>\nfrailecico ha merecido bien el apodo de \u00abbuena madre\u00bb que le dieron los griegos, puesto que<br \/>\njam\u00e1s rehusa defender a las otras aves acu\u00e1ticas, de los ataques de sus enemigos.<br \/>\nLo mismo es menester decir acerca del peque\u00f1o habitante de nuestros jardines, la blanca<br \/>\nnevatilla, o aguzanieve (Motacilla alba), cuya longitud total alcanza apenas a ocho pulgadas.<br \/>\nObliga hasta al cemicalo a suspender la caza. \u00abNo bien las aguzanieves ven al ave de rapi\u00f1a &#8211;<br \/>\nha escrito Brehm, padre- lanzando un grito fuerte la persiguen, previniendo as\u00ed a todas las otras<br \/>\naves, y, de tal modo, obligan a muchos buitres a renunciar a la caza. A menudo he admirado su<br \/>\ncoraje y su agilidad, y estoy firmemente convencido de que s\u00f3lo el halc\u00f3n, rapid\u00edsimo y noble,<br \/>\nes capaz de capturar a la nevatilla&#8230; Cuando sus bandadas obligan a cualquier ave de rapi\u00f1a a<br \/>\nalejarse, ensordecen con sus chillidos triunfantes y luego se separan\u00bb (Brehm tomo tercero,<br \/>\np\u00e1g. 950). En tales casos, se re\u00fanen con el fin determinado de dar caza al enemigo,<br \/>\nexactamente lo mismo tuve oportunidad de observar en la poblaci\u00f3n vol\u00e1til de un bosque que se<br \/>\nelevaba de golpe ante el anuncio de la aparici\u00f3n de alguna ave nocturna, y todos, tanto las aves<br \/>\nde rapi\u00f1a como- los peque\u00f1os e inofensivos cantores, empezaban a perseguir al reci\u00e9n venido<br \/>\ny, finalmente, le obligaban a volver a su refugio.<br \/>\n\u00a1Qu\u00e9 diferencia enorme entre las fuerzas del milano, del cern\u00edcalo o del gavil\u00e1n y la de tan<br \/>\npeque\u00f1os pajarillos, como la nevatilla del prado, sin embargo, estos peque\u00f1os pajarillos gracias<br \/>\na su acci\u00f3n conjunta y su bravura, prevalecen sobre las rapaces, que est\u00e1n dotadas de vuelo<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n34<br \/>\npoderoso y armadas de manera excelente para el ataque. En Europa, las nevatillas no s\u00f3lo<br \/>\npersiguen a las aves de rapi\u00f1a que pueden ser peligrosas para ellas, sino tambi\u00e9n a los<br \/>\ngavilanes pescadores, \u00abm\u00e1s bien para entretenerse que para hacerles da\u00f1o\u00bb -dice Brehm. En la<br \/>\nIndia, seg\u00fan el testimonio del Dr. Jerd\u00f3n, los grajos, persiguen al milano gowinda \u00absimplemente<br \/>\npara distraerse\u00bb. Y Wied dice que a menudo rodean al \u00e1guila brasile\u00f1a urubitinga innumerables<br \/>\nbandadas de tucanes (\u00abburlones\u00bb) y caciques (ave que est\u00e1 estrechamente emparentado con<br \/>\nnuestras cornejas de Pico blanco) y se burlan de \u00e9l. -\u00abEl cern\u00edcalo -agrega Wied-,<br \/>\nordinariamente soporta tales molestias con mucha tranquilidad; adem\u00e1s, de tanto en tanto, coge<br \/>\na uno de los burlones que lo rodean\u00bb. Vemos, de tal modo, en todos estos casos (y se podr\u00eda<br \/>\ncitar decenas de ejemplos semejantes), que los peque\u00f1os p\u00e1jaros, inmensamente inferiores por<br \/>\nsu fuerza al ave de rapi\u00f1a, se muestran, a pesar de eso, m\u00e1s fuertes que ella gracias a que<br \/>\nact\u00faan en com\u00fan.<br \/>\nDos grandes familias de aves, a saber, las grullas y los papagayos han alcanzado los m\u00e1s<br \/>\nadmirables resultados en lo que respecta a la seguridad individual, al goce de la vida en com\u00fan.<br \/>\nLas grullas son sumamente sociables, y viven en excelentes relaciones no s\u00f3lo con sus<br \/>\ncong\u00e9neres, sino tambi\u00e9n con la mayor\u00eda de las aves acu\u00e1ticas. Su prudencia no es menos<br \/>\nasombrosa que su inteligencia. Inmediatamente disciernen las condiciones nuevas y act\u00faan de<br \/>\nacuerdo con las nueve exigencias. Sus centinelas vigilan siempre que las bandadas comen o<br \/>\ndescansan, y los cazadores saben, por experiencia, cu\u00e1n dif\u00edcil es aproxim\u00e1rseles. Si el hombre<br \/>\nconsigue cogerlas desprevenidas, no vuelven m\u00e1s a ese lugar sin enviar primero un explorador,<br \/>\ny tras \u00e9l una partida de exploradores; y cuando esta partida vuelve con la noticia de que no se<br \/>\nvislumbra peligro, env\u00edan una segunda partida exploradora para comprobar el informe de los<br \/>\nprimeros, antes de que toda la bandada se decida a adelantarse. Con especies pr\u00f3ximas, las<br \/>\ngrullas contraen verdaderas amistades, y, en cautiverio, ninguna otra ave, excepci\u00f3n hecha<br \/>\nsolamente del no menos social e inteligente papagayo, contrae una amistad tan verdadera con<br \/>\nel hombre.<br \/>\n\u00abLa grulla no ve en el hombre un amo, sino un amigo, y trata de demostr\u00e1rselo de todos modos\u00bb<br \/>\n-dice Brehm basado en su experiencia personal. Desde la ma\u00f1ana temprano hasta bien entrada<br \/>\nla noche, la grulla se encuentra en incesante actividad; pero, consagra en total algunas horas<br \/>\nde la ma\u00f1ana a la b\u00fasqueda del alimento, en especial el alimento vegetal; el resto del tiempo se<br \/>\nentrega a la vida social. \u00abEstando con \u00e1nimo de juguetear -escribe Brehm- la grulla levanta de la<br \/>\ntierra danzando, piedrecillas, pedacitos de madera, los arroja al aire tratando de agarrarlos<br \/>\ntuerce el cuello, despliega las alas, danza, brinca, corre, y, por todos los medios, expresa su<br \/>\nbuen humor, y siempre es hermosa y graciosa. Puesto que viven constantemente en sociedad,<br \/>\ncasi no tienen enemigos, a pesar de que Brehm tuvo ocasi\u00f3n de ver, a veces, que alguna era<br \/>\natrapada accidentalmente por un cocodrilo, pero con excepci\u00f3n del cocodrilo, no conoce la<br \/>\ngrulla ning\u00fan otro enemigo. La prudencia de la grulla, que se ha hecho proverbial, la salva de<br \/>\ntodos los enemigos, y, en general, vive hasta una edad muy avanzada. Por esto no es<br \/>\nsorprendente que la grulla, para conservar la especie, no tenga necesidad de criar una<br \/>\ndescendencia numerosa y, generalmente, no pone m\u00e1s de dos huevos. En cuanto al elevado<br \/>\ndesarrollo de su inteligencia, bastar\u00e1 decir que todos los observadores reconocen<br \/>\nun\u00e1nimemente que la capacidad intelectual de la grulla recuerda poderosamente la capacidad<br \/>\ndel hombre.<br \/>\nOtra ave sumamente social, el papagayo, ocupa, como es sabido, por el desarrollo de su<br \/>\ncapacidad intelectual, el primer puesto en todo el mundo vol\u00e1til. Su modo de vida est\u00e1 tan<br \/>\nexcelentemente descrito por Brehm, que me ser\u00e1 suficiente reproducir el trozo siguiente, como<br \/>\nla mejor caracter\u00edstica:<br \/>\n\u00abLos papagayos -dice- viven en sociedades o bandadas muy numerosas, excepto durante el<br \/>\nperiodo de aparejamiento. Eligen como vivienda un lugar del bosque, de donde salen todas las<br \/>\nma\u00f1anas para sus expediciones de caza. Los miembros de cada bandada est\u00e1n muy ligados<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n35<br \/>\nentre s\u00ed, comparten tanto el dolor corno la alegr\u00eda. Todas las ma\u00f1anas se dirigen juntos al<br \/>\ncampo, al huerto, o a cualquier \u00e1rbol frutal, para alimentarse de frutas. Apostan centinelas para<br \/>\nproteger a toda la bandada y siguen con atenci\u00f3n sus advertencias. En caso de peligro, se<br \/>\napresuran todos a volar, prest\u00e1ndose mutuo apoyo, y por la tarde, todos vuelven al lugar de<br \/>\ndescanso al mismo tiempo. Dicho m\u00e1s brevemente, viven siempre en uni\u00f3n estrechamente<br \/>\namistosa.\u00bb<br \/>\nEncuentran tambi\u00e9n placer en la sociedad de otras aves. En la India: -dice Leyard- los grajos y<br \/>\nlos cuervos cubren volando una distancia de muchas millas, para pasar la noche junto con los<br \/>\npapagayos, en las espesuras de bamb\u00faes. Cuando se dirigen a la caza, los papagayos no s\u00f3lo<br \/>\ndemuestran un ingenio y una prudencia sorprendentes, sino tambi\u00e9n capacidad para adaptarse<br \/>\na las circunstancias. As\u00ed, por ejemplo, una bandada de cacat\u00faas blancas de Australia, antes de<br \/>\niniciar el saqueo de un trigal, indefectiblemente env\u00eda una partida de exploradores, que se<br \/>\ndistribuye en los \u00e1rboles m\u00e1s altos de la vecindad del campo citado, mientras que otros<br \/>\nexploradores se posan sobre los \u00e1rboles intermedios entre el campo y el bosque, y transmiten<br \/>\nse\u00f1ales. Si las se\u00f1ales comunican que \u00abtodo est\u00e1 en orden, entonces una decena de cacat\u00faas<br \/>\nse separa de la bandada, traza varios c\u00edrculos en el aire y se dirige hacia los \u00e1rboles m\u00e1s<br \/>\npr\u00f3ximos al campo. Esta segunda partida, a su vez, observa con bastante detenci\u00f3n los<br \/>\nalrededores, y s\u00f3lo despu\u00e9s de esa observaci\u00f3n, da la se\u00f1al para el traslado general; despu\u00e9s,<br \/>\ntoda \u00a1-a bandada se eleva al mismo tiempo y saquea r\u00e1pidamente el campo. Los colonos<br \/>\naustralianos vencen con mucha dificultad la vigilancia de los papagayos; pero, si el hombre, con<br \/>\ntoda su astucia y sus armas, consigue matar algunas cacat\u00faas, entonces se vuelven tan<br \/>\nvigilantes y prudentes, que desbaratan todas las artima\u00f1as de los enemigos.<br \/>\nNo hay duda alguna de que s\u00f3lo gracias al car\u00e1cter social de su vida, pudieron los papagayos<br \/>\nalcanzar ese elevado desarrollo de la inteligencia y de los sentidos (que encontramos en ellos) y<br \/>\nque casi llega al nivel humano. Su elevada inteligencia indujo a los mejores naturalistas a llamar<br \/>\na algunas especies -especialmente al papagayo gris- \u00abave-hombres\u00bb. En cuanto a su afecto<br \/>\nmutuo, sabido es que si ocurre que uno de la bandada es muerto por un cazador, los restantes<br \/>\ncomienzan a volar sobre el cad\u00e1ver de su camarada lanzando gritos lastimeros y \u00abcaen ellos<br \/>\nmismos v\u00edctimas de su afecci\u00f3n amistosa\u00bb -como escribi\u00f3 Audubon-, y si dos papagayos<br \/>\ncautivos, aunque sean pertenecientes a dos especies distintas, contrajeran amistad, y uno de<br \/>\nellos muriera accidentalmente, no es raro entonces que el otro tambi\u00e9n perezca de tristeza y de<br \/>\npena por su amigo muerto.<br \/>\nNo es menos evidente que en sus asociaciones los papagayos encuentren una protecci\u00f3n<br \/>\ncontra los enemigos incomparablemente superior a la que podr\u00edan encontrar por medio del<br \/>\ndesarrollo m\u00e1s ideal de sus \u00abpicos y garras\u00bb. Muy escasas aves de rapi\u00f1a y mam\u00edferos se<br \/>\natreven a atacar a los papagayos -y esto solamente a las especies peque\u00f1as- y Brehm tiene<br \/>\ntoda la raz\u00f3n cuando dice, hablando de los papagayos, que ellos, igual que las grullas y los<br \/>\nmonos sociales, apenas tienen otro enemigo fuera del hombre; y agrega: \u00abMuy probablemente,<br \/>\nla mayor\u00eda de los papagayos grandes mueren de vejez y no en las garras de sus enemigos\u00bb.<br \/>\n\u00danicamente el hombre, gracias a su superior inteligencia, y a sus armas -que tambi\u00e9n<br \/>\nconstituyen el resultado de su vida en sociedad-, puede, hasta cierto punto, exterminar a los<br \/>\npapagayos. Su misma longevidad se debe de tal modo al resultado de la vida social. Y, muy<br \/>\nprobablemente, es necesario decir lo mismo con respecto a su memoria sorprendente, cuyo<br \/>\ndesarrollo, sin duda, favorece la vida en sociedad, y tambi\u00e9n la longevidad, acompa\u00f1ada por la<br \/>\nplena conservaci\u00f3n, tanto de las capacidades f\u00edsicas como intelectuales hasta una edad muy<br \/>\navanzada.<br \/>\nSe ve, por todo lo que precede que la guerra de todos contra cada uno no es, de ning\u00fan modo,<br \/>\nla ley dominante de la naturaleza. La ayuda mutua es ley de la naturaleza tanto como la guerra<br \/>\nmutua y esta ley se hace para nosotros m\u00e1s exigente cuando observamos algunas otras<br \/>\nasociaciones de aves y observamos la vida social de los mam\u00edferos. Algunas r\u00e1pidas<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n36<br \/>\nreferencias a la importancia de la ley de la ayuda mutua en la evoluci\u00f3n del reino animal han<br \/>\nsido ya hechas en las p\u00e1ginas precedentes; pero su importancia se aclarar\u00e1 con mayor<br \/>\nprecisi\u00f3n cuando, citando algunos hechos, podamos hacer, basados en ellos, nuestras<br \/>\nconclusiones.<br \/>\nCAP\u00cdTULO II<br \/>\nLA AYUDA MUTUA ENTRE LOS ANIMALES (Continuaci\u00f3n)<br \/>\nApenas vuelve la primavera a la zona templada, mir\u00edadas de aves, dispersas por los pa\u00edses<br \/>\ntemplados del sur, se re\u00fanen en bandadas innumerables y se apresuran, llenas de alegre<br \/>\nenerg\u00eda, a ir hacia el norte para criar su descendencia. Cada seto, cada bosquecillo, cada roca<br \/>\nde la costa del oc\u00e9ano, cada lago o estanque de los que se halla sembrado el norte de Am\u00e9rica,<br \/>\nel norte de Europa, y -el norte de Asia, podr\u00edan decirnos, en esa \u00e9poca del a\u00f1o, qu\u00e9 representa<br \/>\nla ayuda mutua en la vida de las aves; qu\u00e9 fuerza, qu\u00e9 energ\u00eda y cu\u00e1nta protecci\u00f3n dan a cada<br \/>\nser viviente por d\u00e9bil e indefenso que sea de por s\u00ed.<br \/>\nTomad, por ejemplo, uno de los innumerables lagos de las estepas rusas o siberianas, al<br \/>\nprincipio de la primavera. Sus orillas est\u00e1n pobladas de mir\u00edadas de aves acu\u00e1ticas,<br \/>\npertenecientes por lo menos a veinte especies diferentes que viven en pleno acuerdo y que se<br \/>\nprotegen entre s\u00ed constantemente. He aqu\u00ed c\u00f3mo describe Syevertsof uno de estos lagos:<br \/>\n\u00abEl lago se halla oculto entre las arenas de color rojo amarillo, las talas verde oscuro y las<br \/>\nca\u00f1as. Aquello es un hervidero de aves, un torbellino que nos marea&#8230; El espacio, lleno de<br \/>\ngaviotas (Larus rudibundus) y golondrinas marinas (Sterna hirundo) es conmovido por sus gritos<br \/>\nsonoros. Miles de avefr\u00edas recorren las orillas y silban&#8230; M\u00e1s all\u00e1, casi sobre cada ola, un pato<br \/>\nse mece y grita. En lo alto se extienden las bandadas de patos kazarki; m\u00e1s abajo, de tanto en<br \/>\ntanto, vuelan sobre el lago los &#8216;podorliki&#8217; (Aquila clanga) y los buhardos de pantano, seguidos<br \/>\ninmediatamente por la bandada bullanguera de los pescadores. Mis ojos se fueron en pos de<br \/>\nellos\u00bb.<br \/>\nPor todas partes brota la vida. Pero he aqu\u00ed las rapaces, \u00ablas m\u00e1s fuertes y \u00e1giles\u00bb -como dice<br \/>\nHuxley- e -idealmente dotadas para el ataque\u00bb -como dice Syeverstof. Se oyen sus voces<br \/>\nhambrientas y \u00e1vidas y sus gritos exasperados cuando, durante horas enteras, esperan una<br \/>\nocasi\u00f3n conveniente para atrapar, en esta masa de seres vivientes, siquiera un solo individuo<br \/>\nindefenso. No bien se acercan, decenas de centinelas voluntarios avisan su aparici\u00f3n, y en<br \/>\nseguida centenares de gaviotas y golondrinas marinas inician la persecuci\u00f3n del rapaz.<br \/>\nEnloquecido por el hambre, deja de lado por \u00faltimo sus precauciones habituales; se arroja de<br \/>\nimproviso sobre la masa viva de aves; pero, atacado por todas partes, de nuevo es obligado a<br \/>\nretirarse. En un arranque de hambre desesperada, se arroja sobre los patos salvajes; pero, las<br \/>\ningeniosas aves sociales, r\u00e1pidamente, se re\u00fanen en una bandada y huyen si el rapaz es un<br \/>\n\u00e1guila pescadora; si es un halc\u00f3n, se zambullen en el lago; si es un buitre, levantan nubes de<br \/>\nsalpicaduras de agua y sumen al rapaz en una confusi\u00f3n completa. Y mientras la vida contin\u00faa<br \/>\npululando en el lago, como antes, el rapaz huye con gritos col\u00e9ricos en busca de carro\u00f1a, o de<br \/>\nalg\u00fan pajarilla joven o rat\u00f3n de campo, a\u00fan no acostumbrado a obedecer a tiempo las<br \/>\nadvertencias de los camaradas. En presencia de toda esta vida que fluye a torrentes, el rapaz,<br \/>\narmado idealmente, tiene que contentarse s\u00f3lo con los desechos de ella.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n37<br \/>\nA\u00fan m\u00e1s lejos, hacia el norte, en los archipi\u00e9lagos \u00e1rticos, \u00abpod\u00e9is navegar millas enteras a lo<br \/>\nlargo de la orilla y ver\u00e9is que todos los saledizos, todas las rocas y los rincones de las<br \/>\npendientes de las monta\u00f1as hasta doscientos pies, y a veces hasta quinientos sobre el nivel del<br \/>\nmar, est\u00e1n literalmente cubiertos de aves marinas, cuyos pechos blancos se destacan sobre el<br \/>\nfondo de las rocas sombr\u00edas, de tal modo que parecen salpicadas de creta. El aire, tanto de<br \/>\ncerca como a lo lejos, est\u00e1 repleto de aves.<br \/>\nCada una de estas \u00abmonta\u00f1as de aves\u00bb constituye un ejemplo viviente de la ayuda mutua, y<br \/>\ntambi\u00e9n de la variedad sin fin de caracteres, individuales y espec\u00edficos, &#8211; que son resultado de la<br \/>\nvida social. As\u00ed, por ejemplo, el ostrero es conocido por su presteza en atacar a cualquier ave<br \/>\nde presa. El arga de los pantanos es renombrada por su vigilancia e inteligencia como gu\u00eda de<br \/>\naves m\u00e1s pac\u00edficas. Pariente de la anterior, el revuelve piedras, cuando est\u00e1 rodeado de<br \/>\ncamaradas pertenecientes a especies m\u00e1s grandes, deja que se ocupen ellos de la protecci\u00f3n<br \/>\nde todos, y hasta se vuelve un ave bastante t\u00edmida; Pero cuando est\u00e1 rodeado de p\u00e1jaros m\u00e1s<br \/>\npeque\u00f1os, toma a su cargo, en inter\u00e9s de la sociedad, el servicio de centinela, y hace que le<br \/>\nobedezcan, dice Brehm.<br \/>\nSe puede observar aqu\u00ed a los cisnes, dominadores, y a la par de ellos, a las gaviotas Kitty-Wake<br \/>\n-extremadamente sociables y hasta tiernas y entre las cuales, como dice Nauman, las disputas<br \/>\nse producen muy raramente y siempre son breves; se ve a las atractivas kairas polares, que<br \/>\ncontinuamente se prodigan caricias; a las gansas-ego\u00edstas, que entregan a los caprichos de la<br \/>\nsuerte los hu\u00e9rfanos de la camarada muerta, y junto a ellas, a otras gansas que adoptan a los<br \/>\nhu\u00e9rfanos y nadan rodeadas de cincuenta o sesenta peque\u00f1uelos, de los cuales cuidan como si<br \/>\nfueran sus propios hijos. Junto a los ping\u00fcinos, que se roban los huevos unos a otros, se ven<br \/>\nlas calandrias marinas, cuyas relaciones familiares son ,\u00bbtan encantadoras y conmovedoras\u00bb<br \/>\nque ni los cazadores apasionados se deciden a disparar a la hembra rodeada de su cr\u00eda; o a los<br \/>\ngansos del norte, entre los cuales (como los patos velludos o \u00abcoroyas\u00bb de las sabanas), varias<br \/>\nhembras empollan los huevos en un mismo nido; o los kairas (Uria troile) que -afirman<br \/>\nobservadores dignos de fe- a veces se sientan por turno sobre el nido com\u00fan. La naturaleza es<br \/>\nla variedad misma, y ofrece todos los matices posibles de caracteres, hasta lo m\u00e1s elevado: por<br \/>\neso no es posible representarla en una afirmaci\u00f3n generalizada. Menos a\u00fan puede juzg\u00e1rsela<br \/>\ndesde el punto de vista moral, puesto que las opiniones mismas del moralista son resultado -la<br \/>\nmayor\u00eda de las veces inconsciente- de las observaciones sobre la naturaleza.<br \/>\nLa costumbre de reunirse en el per\u00edodo de anidamiento es tan com\u00fan entre la mayor\u00eda de las<br \/>\naves, que apenas es necesario dar otros ejemplos. Las cimas de nuestros \u00e1rboles est\u00e1n<br \/>\ncoronadas por grupos de nidos de peque\u00f1os p\u00e1jaros; en las granjas anidan colonias de<br \/>\ngolondrinas; en las torres viejas y campanarios se refugian centenares de aves nocturnas; y<br \/>\nf\u00e1cil ser\u00eda llenar p\u00e1ginas enteras con las m\u00e1s encantadoras descripciones de la paz y armon\u00eda<br \/>\nque se encuentran en casi todas estas sociedades vol\u00e1tiles para el anidamiento. Y hasta d\u00f3nde<br \/>\ntales asociaciones sirven de defensa a las aves m\u00e1s d\u00e9biles, es evidente de por s\u00ed. Un<br \/>\nexcelente observador, como el americano Dr. Cou\u00ebs, vio, por ejemplo, que las peque\u00f1as<br \/>\ngolondrinas (cliff swallaws) constru\u00edan sus nidos en la vecindad inmediata de un halc\u00f3n de las<br \/>\nestepas (Falco polyargus). El halc\u00f3n hab\u00eda construido su nido en la c\u00faspide de uno de aquellos<br \/>\nminaretes de arcilla de los que tantos hay en el Ca\u00f1\u00f3n del Colorado, y la colonia de golondrinas<br \/>\nviv\u00eda inmediatamente debajo de \u00e9l. Los peque\u00f1os p\u00e1jaros pac\u00edficos no tem\u00edan a su rapaz<br \/>\nvecino: simplemente no le permit\u00edan acercarse a su colonia. Si lo hac\u00eda, inmediatamente lo<br \/>\nrodeaban y comenzaban correrlo, de modo que el rapaz hab\u00eda de alejarse enseguida.<br \/>\nLa vida en sociedades no cesa cuando ha terminado la \u00e9poca del anidamiento; toma solamente<br \/>\nnueva forma. Las cr\u00edas j\u00f3venes se re\u00fanen en oto\u00f1o, en sociedades juveniles, en las que<br \/>\nordinariamente ingresan varias especies. La vida social es practicada en esta \u00e9poca<br \/>\nprincipalmente por los placeres que ella proporciona, y tambi\u00e9n, en parte, por su seguridad. As\u00ed<br \/>\nencontramos en oto\u00f1o, en nuestros bosques, sociedades compuestas de picamaderos j\u00f3venes<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n38<br \/>\n(Sitta coesia), junto con diversos paros, trepadores, reyezuelos, pinzones de monta\u00f1a y p\u00e1jaros<br \/>\ncarpinteros. En Espa\u00f1a, las golondrinas se encuentran en compa\u00f1\u00eda de cern\u00edcalos,<br \/>\natrapamoscas y hasta de palomas.<br \/>\nEn el Far West americano, las j\u00f3venes calandrias copetudas (Horned Park) viven en grandes<br \/>\nsociedades, conjuntamente con otras especies de cogujadas (Spragues Lark), con el gorri\u00f3n de<br \/>\nla sabana (Savannah sparoow) y algunas otras especies de verderones y hortelanos. En<br \/>\nrealidad, ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil describir todas las especies que llevan vida aislada que enumerar<br \/>\naquellas especies cuyos pichones constituyen sociedades, cuyo objeto de ning\u00fan modo es<br \/>\ncazar o anidar, sino solamente disfrutar de la vida en com\u00fan y pasar el tiempo en juegos y<br \/>\ndeportes, despu\u00e9s de las pocas horas que deben consagrar a la b\u00fasqueda de alimento.<br \/>\nPor \u00faltimo, tenemos ante nosotros, todav\u00eda, un campo ampl\u00edsimo de estudio de la ayuda mutua<br \/>\nen las aves, durante sus migraciones, y hasta tal punto es amplio que s\u00f3lo puedo mencionar, en<br \/>\npocas palabras, este gran hecho de la naturaleza. Bastar\u00e1 decir que las aves que han vivido,<br \/>\nhasta entonces, meses enteros en peque\u00f1as bandadas diseminadas por una superficie vasta,<br \/>\ncomienzan a reunirse en la primavera o en el oto\u00f1o a millares; durante varios d\u00edas seguidos, a<br \/>\nveces una semana o &#8216; m\u00e1s, acuden a un lugar determinado, antes de ponerse en camino, y<br \/>\nparlotean con vivacidad, probablemente sobre la migraci\u00f3n inminente. Algunas especies, todos<br \/>\nlos d\u00edas, antes de anochecer, se ejercitan en vuelos preparatorios, alist\u00e1ndose para el largo<br \/>\nviaje. Todas esperan a sus cong\u00e9neres retrasadas, y, por \u00faltimo, todas juntas desaparecen un<br \/>\nbuen d\u00eda; es decir vuelan, en una direcci\u00f3n determinada, siempre bien escogida, que<br \/>\nrepresenta, sin duda, el fruto de la experiencia colectiva acumulada. Los individuos fuertes<br \/>\nvuelan a la cabeza de la bandada, cambi\u00e1ndose por turno para cumplir con esta dif\u00edcil<br \/>\nobligaci\u00f3n. De tal modo, las aves atraviesan hasta los vastos mares, en grandes bandadas<br \/>\ncompuestas tanto de aves grandes como de peque\u00f1as; y, cuando, en la primavera siguiente<br \/>\nvuelven al mismo lugar, cada ave se dirige al mismo sitio bien conocido, y en la mayor\u00eda de los<br \/>\ncasos, hasta cada pareja ocupa el mismo nido que repar\u00f3 o construy\u00f3 el a\u00f1o anterior.<br \/>\nEste, fen\u00f3meno de migraci\u00f3n se halla tan extendido, y est\u00e1 al mismo tiempo tan eficientemente<br \/>\nestudiado, cre\u00f3 tantas costumbres asombrosas de ayuda mutua -y estas costumbres y el hecho<br \/>\nmismo de la migraci\u00f3n requerir\u00edan un trabajo especial- que me veo obligado a abstenerme de<br \/>\ndar mayores detalles. Mencionar\u00e9 solamente las reuniones numerosas y animadas que tienen<br \/>\nlugar de a\u00f1o en a\u00f1o en el mismo sitio, antes de emprender su largo viaje al norte o al sur; y, del<br \/>\nmismo modo, las reuniones que se pueden ver en el norte, por ejemplo, en las desembocaduras<br \/>\ndel Yenesei, o en los condados del norte de Inglaterra, cuando las aves vuelven del sur a sus<br \/>\nlugares habituales de anidamiento, pero no se han asentado a\u00fan en sus nidos. Durante muchos<br \/>\nd\u00edas, a veces hasta un mes entero, se re\u00fanen todas las ma\u00f1anas y pasan juntas alrededor de<br \/>\nmedia hora, antes de echar a volar en busca de alimento, quiz\u00e1 deliberando sobre los lugares<br \/>\ndonde se dispondr\u00e1n a construir sus nidos. si durante la migraci\u00f3n sucede que las columnas de<br \/>\naves que emigran son sorprendidas por una tormenta, entonces la desgracia com\u00fan une a las<br \/>\naves de las especies m\u00e1s diferentes. La diversidad de aves que, sorprendidas por una nevasca<br \/>\ndurante la migraci\u00f3n, golpean contra los vidrios de los faros de Inglaterra, sencillamente es<br \/>\nasombrosa. Necesario es observar tambi\u00e9n que las aves no migratorias, pero que se desplazan<br \/>\nlentamente hacia el norte o sur, conforme a la \u00e9poca del a\u00f1o; es decir, las llamadas aves<br \/>\nn\u00f3madas, tambi\u00e9n realizan sus traslados en peque\u00f1as bandadas. No emigran aisladas, para<br \/>\nasegurarse de tal modo, y por separado, el mejor alimento y encontrar mejor refugio en la nueva<br \/>\nregi\u00f3n sino, que siempre se esperan mutuamente y se re\u00fanen en bandadas antes de comenzar<br \/>\nsu lento cambio de lugar hacia el norte o el sur.<br \/>\nPasando ahora a los mam\u00edferos, lo primero que nos asombra en esta vasta clase de animales<br \/>\nes la enorme supremac\u00eda num\u00e9rica de las especies sociales sobre aquellos pocos carn\u00edvoros<br \/>\nque viven solitarios. Las mesetas, las regiones monta\u00f1osas, estepas y depresiones del nuevo y<br \/>\nviejo mundo, literalmente hierven de reba\u00f1os de ciervos, ant\u00edlopes, gacelas, b\u00fafalos, cabras y<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n39<br \/>\novejas salvajes; es decir, de todos los animales que son sociales. Cuando los europeos<br \/>\ncomenzaron a penetrar en las praderas de Am\u00e9rica del Norte, las hallaron hasta tal punto<br \/>\ndensamente poblados por b\u00fafalos, que suced\u00eda que los pioneros ten\u00edan, a veces, que<br \/>\ndetenerse, y durante mucho tiempo, cuando las columnas de b\u00fafalos en densa columna se<br \/>\nprolongaba a veces hasta dos o tres d\u00edas; y cuando los rusos ocuparon Siberia, encontraron en<br \/>\nella una cantidad tan enorme de ciervos, ant\u00edlopes, corzos, ardillas y otros animales, que la<br \/>\nconquista d\u00e9 Siberia no fue m\u00e1s que una expedici\u00f3n cineg\u00e9tica que se prolong\u00f3 durante dos<br \/>\nsiglos. Las llanuras herbosas de \u00c1frica oriental a\u00fan ahora est\u00e1n repletas de cebras, jirafas y<br \/>\ndiversas especies de ant\u00edlopes.<br \/>\nHasta hace un tiempo no muy lejano, los r\u00edos peque\u00f1os de Am\u00e9rica del Norte y de la Siberia<br \/>\nSeptentrional estaban todav\u00eda poblados por colonias de castores, y en la Rusia europea, toda<br \/>\nsu parte norte, todav\u00eda en el siglo XVIII, estaba cubierta por colonias semejantes. Las llanuras<br \/>\nde los cuatro grandes continentes est\u00e1n a\u00fan ahora pobladas de innumerables colonias de<br \/>\ntopos, ratones, marmotas, tarbaganes, \u00abardillas de tierra\u00bb y otros roedores. En las latitudes m\u00e1s<br \/>\nbajas de Asia y \u00c1frica, en esta \u00e9poca, los bosques son refugios de numerosas familias de<br \/>\nelefantes, rinocerontes, hipop\u00f3tamos y de innumerables sociedades de monos. En el lejano<br \/>\nnorte, los ciervos se re\u00fanen en innumerables reba\u00f1os, y a\u00fan m\u00e1s al norte, encontramos<br \/>\nreba\u00f1os de toros almizcleros e incontables sociedades de zorros polares. Las costas del<br \/>\noc\u00e9ano est\u00e1n animadas por manadas de focas y morsas, y sus aguas por manadas de<br \/>\nanimales sociales pertenecientes a la familia de las ballenas; por \u00faltimo, y aun en los desiertos<br \/>\ndel altiplano del Asia central, encontramos manadas de caballos salvajes, asnos salvajes,<br \/>\ncamellos salvajes y ovejas salvajes. Todos estos mam\u00edferos viven en sociedades y en grupos<br \/>\nque cuentan, a veces, cientos de miles de individuos, a pesar de que ahora, despu\u00e9s de tres<br \/>\nsiglos de civilizaci\u00f3n a base de p\u00f3lvora, quedan \u00fanicamente restos lastimosos de aquellas<br \/>\nincontables sociedades animales que exist\u00edan en tiempos pasados.<br \/>\n\u00a1Qu\u00e9 insignificante, en comparaci\u00f3n con ella, es el n\u00famero de los carn\u00edvoros! \u00a1Y qu\u00e9 err\u00f3neo,<br \/>\nen consecuencia, el punto de vista de aqu\u00e9llos que hablan del mundo animal como si estuviera<br \/>\ncompuesto solamente de leones y hienas que clavan sus colmillos ensangrentados en la presa!<br \/>\nEs lo mismo que si afirm\u00e1semos que toda la vida de la humanidad se reduce solamente a las<br \/>\nguerras y a las masacres.<br \/>\nLas asociaciones y la ayuda mutua son regla en la vida de los mam\u00edferos. La costumbre de la<br \/>\nvida social se encuentra hasta en los carn\u00edvoros, y en toda esta vasta clase de animales<br \/>\nsolamente podemos nombrar una familia de felinos (leones, tigres, leopardos, etc.), cuyos<br \/>\nmiembros realmente prefieren la vida solitaria a la vida social, y s\u00f3lo raramente se encuentran,<br \/>\npor lo menos ahora, en peque\u00f1os grupos. Adem\u00e1s, aun entre los leones \u00abel hecho m\u00e1s com\u00fan<br \/>\nes cazar en grupos\u00bb, dice el c\u00e9lebre cazador y conocedor S. Baker. Hace poco, N. Schillings,<br \/>\nque estaba cazando en el este del Africa Ecuatorial, fotografi\u00f3 de noche -al fogonazo repentino<br \/>\nde la luz de magnesio- leones que se hab\u00edan reunido en grupos de tres individuos adultos, y<br \/>\nque cazaban en com\u00fan; por la ma\u00f1ana, cont\u00f3 en el r\u00edo, adonde durante la sequ\u00eda acud\u00edan de<br \/>\nnoche a beber los reba\u00f1os de cebras, las huellas de una cantidad mayor a\u00fan de leones -hasta<br \/>\ntreinta- que iban a cazar cebras, y naturalmente, nunca, en muchos a\u00f1os, ni Schillings ni otro<br \/>\nalguno, oyeron decir que los leones se pelearan o se disputaran la presa. En cuanto a los<br \/>\nleopardos, y esencialmente al puma sudamericano (g\u00e9nero de le\u00f3n), su sociabilidad es bien<br \/>\nconocida. El puma, en consecuencia, como lo describi\u00f3 Hudson, se hace amigo del hombre<br \/>\ngustosamente.<br \/>\nEn la familia de los viverridoe, carn\u00edvoros que representan algo intermedio entre los gatos y las<br \/>\nmartas, y en la familia de las martas (marta, armi\u00f1o, comadreja, gardu\u00f1a, tej\u00f3n, etc.), tambi\u00e9n<br \/>\npredomina la forma de vida solitaria. Pero puede considerarse plenamente establecido que en<br \/>\n\u00e9pocas no m\u00e1s tempranas que el final del siglo XVIII, la comadreja vulgar (mustela, vulgaris) era<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n40<br \/>\nm\u00e1s social que ahora; se encontraba entonces en Escocia y tambi\u00e9n en el cant\u00f3n de Unterwald,<br \/>\nen Suiza, en peque\u00f1os grupos.<br \/>\nEn cuanto a la vasta familia canina (perros, lobos, chacales, zorros y zorros polares), su<br \/>\nsociabilidad, sus asociaciones con fines de caza pueden considerarse como rasgo<br \/>\ncaracter\u00edstico de muchas variedades de esta familia. Es por todos sabido que los lobos se<br \/>\nre\u00fanen en manadas para cazar, y el investigador de la naturaleza de los Alpes, Tschudi, dej\u00f3<br \/>\nuna descripci\u00f3n excelente de c\u00f3mo, disponi\u00e9ndose en semic\u00edrculo, rodean a la vaca que pace<br \/>\nen la pendiente monta\u00f1osa y, luego, saltando s\u00fabitamente, lanzando un fuerte aullido, la hacen<br \/>\ncaer al precipicio, Audubon, en el a\u00f1o 1830 vio tambi\u00e9n que los lobos del Labrador cazaban en<br \/>\nmanadas, y que una manada persigui\u00f3 a un hombre hasta su choza y destroz\u00f3 a sus perros. En<br \/>\nlos crudos inviernos, las manadas de lobos vuelven tan numerosas que son peligrosas para las<br \/>\npoblaciones humanas, como sucedi\u00f3 en Francia por el a\u00f1o 1840. En las estepas rusas, los<br \/>\nlobos nunca atacan a los caballos si no es en manadas, y deben soportar una lucha feroz,<br \/>\ndurante la cual los caballos (seg\u00fan el testimonio de Kohl), a: veces pasan al ataque; en tal caso,<br \/>\nsi los lobos no se apresuran a retroceder\u2026 corren riesgo de ser rodeados por los caballos, que<br \/>\nlos matan a coces. Sabido es, tambi\u00e9n, que los lobos de las praderas americanas (canis<br \/>\nlatrans) se re\u00fanen en manadas de 20 y 30 individuos para atacar al b\u00fafalo que se ha separado<br \/>\naccidentalmente del reba\u00f1o. Los chacales, que se distinguen por su gran bravura y pueden ser<br \/>\nconsiderados entre los m\u00e1s inteligentes representantes de la familia canina, siempre cazan en<br \/>\nmanadas; reunidos de tal modo, no temen a los carn\u00edvoros mayores.<br \/>\nEn cuanto a los perros salvajes del Asia (Jolzuni o Dholes), Williamson vio que sus grandes<br \/>\nmanadas atacan resueltamente a todos los animales grandes, excepto elefantes y rinocerontes,<br \/>\ny que hasta consiguen vencer a los osos y tigres, a quienes, como es sabido, arrebatan siempre<br \/>\nlos cachorros.<br \/>\nLas hienas viven siempre en sociedades y cazan en manadas, y Cummings se refiere con gran<br \/>\nelogio a las organizaciones de caza de las hienas manchadas (Lycain). Hasta los zorros, que en<br \/>\nnuestros pa\u00edses civilizados indefectiblemente viven solitarios, se re\u00fanen a veces para cazar,<br \/>\ncomo lo testimonian algunos observadores. Tambi\u00e9n el zorro polar, es decir, el zorro \u00e1rtico, es o<br \/>\nm\u00e1s exactamente era, en los tiempos de Steller, en la primera mitad del siglo XVIII, uno de los<br \/>\nanimales m\u00e1s sociables. Leyendo el relato de Steller sobre la lucha que tuvo que sostener la<br \/>\ninfortunada tripulaci\u00f3n de Behring con estos peque\u00f1os e inteligentes animales, no se sabe de<br \/>\nqu\u00e9 asombrarse m\u00e1s: de la inteligencia no com\u00fan de los zorros polares y del apoyo mutuo que<br \/>\nrevelaban al desenterrar los alimentos ocultos debajo de las piedras o colocados sobre pilares<br \/>\n(uno de ellos, en tal caso, trepaba a la cima del pilar y arrojaba los alimentos a los compa\u00f1eros<br \/>\nque esperaban abajo), o de la crueldad del hombre, llevado a la desesperaci\u00f3n por sus<br \/>\nnumerosas manadas. Hasta, algunos osos viven en sociedades en los lugares donde el hombre<br \/>\nno los molesta. As\u00ed, Steller vio numerosas bandas de osos negros de Kamchatka, y, a veces, se<br \/>\nha encontrado osos polares en peque\u00f1os grupos. Ni siquiera los insect\u00edvoros, no muy<br \/>\ninteligentes, desde\u00f1an siempre la asociaci\u00f3n.<br \/>\nPor otra parte, encontramos las formas m\u00e1s desarrolladas de ayuda mutua especialmente entre<br \/>\nlos roedores, ungulados y rumiantes. Las ardillas son individualistas en grado considerable.<br \/>\nCada una de ellas construye su c\u00f3modo nido y acumula su provisi\u00f3n. Est\u00e1n inclinadas a la vida<br \/>\nfamiliar, y Brehm hall\u00f3 que se sienten muy felices cuando las dos cr\u00edas del mismo a\u00f1o se juntan<br \/>\ncon sus padres en alg\u00fan rinc\u00f3n apartado del bosque. Mas, a pesar de esto, las ardillas<br \/>\nmantienen relaciones rec\u00edprocas, y si en el bosque donde viven se produce una escasez de<br \/>\npi\u00f1as, emigran en destacamentos enteros. En cuanto a las ardillas negras del Far West<br \/>\namericano, se destacan especialmente por su sociabilidad. Con excepci\u00f3n de algunas horas<br \/>\ndedicadas diariamente al aprovisionamiento, pasan toda su vida en juegos, junt\u00e1ndose para<br \/>\nesto en numerosos grupos. Cuando se multiplican demasiado r\u00e1pidamente en alguna regi\u00f3n,<br \/>\ncomo sucedi\u00f3, por ejemplo, en Pensylvania en 1749, se re\u00fanen en manadas casi tan<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n41<br \/>\nnumerosas como nubes de langostas y avanzan -en este caso- hacia el Suroeste, devastando<br \/>\nen su camino bosques, campos y huertos. Naturalmente, detr\u00e1s de sus densas columnas se<br \/>\nintroducen los zorros, las garduflas, los halcones y toda clase de aves nocturnas, que se<br \/>\nalimentan con los individuos rezagados. El pariente de la ardilla com\u00fan, burunduk, se distingue<br \/>\npor una sociabilidad a\u00fan mayor. Es un gran acaparador, y en sus galer\u00edas subterr\u00e1neas<br \/>\nacumula grandes provisiones de ra\u00edces comestibles y nueces, que generalmente son<br \/>\nsaqueadas en oto\u00f1o por los hombres. Seg\u00fan la opini\u00f3n de algunos observadores, el burunduk<br \/>\nconoce, hasta cierto punto, las alegr\u00edas que experimenta un avaro. Pero, a pesar de eso, es un<br \/>\nanimal social. Vive siempre en grandes poblaciones, y cuando Audubon abri\u00f3, en invierno,<br \/>\nalgunas madrigueras de \u00abhackee\u00bb (el cong\u00e9nere americano m\u00e1s cercano de nuestro burunduk)<br \/>\nencontr\u00f3 varios individuos en un refugio. Las provisiones en tales cuevas, hab\u00edan sido<br \/>\npreparadas por el esfuerzo com\u00fan.<br \/>\nLa gran familia de las marmotas, en la que entran tres grandes g\u00e9neros: las marmotas<br \/>\npropiamente dichas, los susliki y los \u00abperros de las praderas\u00bb americanas (Arctomys,<br \/>\nSpermophilus y Cynomys), se distingue por una sociabilidad y una inteligencia a\u00fan mayor.<br \/>\nTodos los representantes de esta familia prefieren tener cada cual su madriguera, pero viven en<br \/>\ngrandes poblaciones. El terrible enemigo de los trigales del Sur de Rusia -el suslik- de los<br \/>\ncuales el hombre s\u00f3lo extermina anualmente alrededor de diez millones, vive en innumerables<br \/>\ncolonias; y mientras las asambleas provinciales (Ziemstvo) rusas, discuten seriamente los<br \/>\nmedios de liberarse de este \u00abenemigo social\u00bb, los susliki, reunidos a millares en sus poblados,<br \/>\ndisfrutan de la vida. Sus juegos son tan encantadores que no existe observador alguno que no<br \/>\nhaya expresado su admiraci\u00f3n y referido sus conciertos melodiosos, formados por los silbidos<br \/>\nagudos de los machos y los silbidos melanc\u00f3licos de las hembras, antes de que, recordando<br \/>\nsus obligaciones ciudadanas, se dedicaran a la invenci\u00f3n de diferentes medios diab\u00f3licos para<br \/>\nel exterminio de estos saqueadores. Puesto que la reproducci\u00f3n de todo g\u00e9nero de aves<br \/>\nrapaces y bestias de presa para la lucha con- los susliki result\u00f3 infructuosa, actualmente la<br \/>\n\u00faltima palabra de la ciencia en esta lucha consiste en inocularles el c\u00f3lera.<br \/>\nLas Poblaciones de los perros de las praderas\u00bb (Cynomys), en las llanuras de la Am\u00e9rica del<br \/>\nNorte, presentan uno de los espect\u00e1culos m\u00e1s atrayentes. Hasta donde el ojo puede abarcar la<br \/>\nextensi\u00f3n de la pradera se ven, por doquier, peque\u00f1os mont\u00edculos de tierra, y sobre cada uno<br \/>\nse encuentra una bestezuela, en conversaci\u00f3n animad\u00edsima con sus vecinos, vali\u00e9ndose de<br \/>\nsonidos entrecortados parecidos al ladrido. Cuando alguien da la se\u00f1al de la aproximaci\u00f3n del<br \/>\nhombre, todos, en un instante, se zambullen en sus peque\u00f1as cuevas, desapareciendo como<br \/>\npor encanto. Pero no bien el peligro ha pasado, las bestezuelas salen inmediatamente. Familias<br \/>\nenteras salen de sus cuevas y comienzan a jugar. Los j\u00f3venes se ara\u00f1an y provocan<br \/>\nmutuamente, se enojan, p\u00e1ranse graciosamente sobre las patas traseras, mientras los viejos<br \/>\nvigilan. Familias enteras se visitan, y los senderos bien trillados entre los mont\u00edculos de tierra,<br \/>\ndemuestran que tales visitas se repiten muy a menudo. Dicho m\u00e1s brevemente, algunas de las<br \/>\nmejores p\u00e1ginas de nuestros mejores naturalistas est\u00e1n dedicadas a la descripci\u00f3n de las<br \/>\nsociedades de los perros de las praderas de Am\u00e9rica, de las marmotas del Viejo Continente y<br \/>\nde las marmotas polares de las regiones alpinas. A pesar de eso, tengo que repetir, respecto a<br \/>\nlas marmotas lo mismo que dije sobre las abejas. Han conservado sus instintos b\u00e9licos, que se<br \/>\nmanifiestan tambi\u00e9n en cautiverio. Pero en sus grandes asociaciones, en contacto con la<br \/>\nnaturaleza libre, los instintos antisociales no encuentran terreno para su desarrollo, y el<br \/>\nresultado final es la paz y la armon\u00eda.<br \/>\nAun animales tan gru\u00f1ones como las ratas, que siempre se pelean en nuestros s\u00f3tanos, son lo<br \/>\nbastante inteligentes no s\u00f3lo para no enojarse cuando se entregan al saqueo de las despensas,<br \/>\nsino para prestarse ayuda mutua durante sus asaltos y migraciones. Sabido es que a veces<br \/>\nhasta alimentan a sus inv\u00e1lidos. En cuanto al castor o rata almizclera del Canad\u00e1 (nuestra<br \/>\nondrata) y la desman, se distinguen por su elevada sociabilidad. Audubon habla con admiraci\u00f3n<br \/>\nde sus \u00abcomunidades pac\u00edficas, que, para ser felices, s\u00f3lo necesitan que no se les perturbe\u00bb.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n42<br \/>\nComo todos los animales sociales, est\u00e1n llenos de alegr\u00eda de vivir, son juguetones y f\u00e1cilmente<br \/>\nse unen con otras especies de animales, y, en general, se puede decir que han alcanzado un<br \/>\ngrado elevado de desarrollo intelectual. En la construcci\u00f3n de sus poblados, situados siempre a<br \/>\norillas de los lagos y de los r\u00edos, evidentemente toman en cuenta el nivel variable de las aguas,<br \/>\ndice Audubon; sus casas cupuliformes, construidas con arca y ca\u00f1as, poseen rincones<br \/>\napartados para los detritus org\u00e1nicos; y sus salas, en la \u00e9poca invernal, est\u00e1n bien tapizadas<br \/>\ncon hojas y hierbas: son tibias, y al mismo tiempo est\u00e1n dotados de un car\u00e1cter sumamente<br \/>\nsimp\u00e1tico; sus asombrosos diques y poblados, en los cuales viven y mueren generaciones<br \/>\nenteras sin conocer m\u00e1s enemigos que la nutria y el hombre, constituyen asombrosas muestras<br \/>\nde lo que la ayuda mutua puede dar al animal para la conservaci\u00f3n de la especie, la formaci\u00f3n<br \/>\nde las costumbres sociales y el desarrollo de las capacidades intelectuales. Los diques y<br \/>\npoblados de los castores son bien conocidos por todos los que se interesan en la vida animal, y<br \/>\npor esto no me detendr\u00e9 m\u00e1s en ellos. Observar\u00e9 \u00fanicamente que en los castores, ratas<br \/>\nalmizcleras y algunos otros roedores, encontramos ya aquel rasgo que es tambi\u00e9n<br \/>\ncaracter\u00edstico de las sociedades humanas, o sea, el trabajo en com\u00fan.<br \/>\nPasar\u00e9 en silencio dos grandes familias, en cuya composici\u00f3n entran los ratones saltadores (la<br \/>\nyerboa egipcia o peque\u00f1o emuran, y el alataga), la chinchilla, la vizcacha (liebre americana<br \/>\nsubterr\u00e1nea) y los tushkan (liebre subterr\u00e1nea del sur de Rusia), a pesar de que las costumbres<br \/>\nde todos estos peque\u00f1os roedores podr\u00edan servir como excelentes muestras de los placeres<br \/>\nque los animales obtienen de la vida social. Precisamente de los placeres, puesto que es<br \/>\nsumamente dif\u00edcil determinar qu\u00e9 es lo que hace reunirse a los animales: si la necesidad de<br \/>\nprotecci\u00f3n mutua o simplemente el placer, la costumbre, de sentirse rodeados de sus<br \/>\ncong\u00e9neres. En todo caso, nuestras liebres vulgares, que no se re\u00fanen en sociedades para la<br \/>\nvida en com\u00fan, y m\u00e1s a\u00fan, que no est\u00e1n dotadas de sentimientos paternales especialmente<br \/>\nfuertes, no pueden vivir, sin embargo, sin reunirse para los juegos comunes. Dietrich de<br \/>\nWinckell, considerado el mejor conocedor de la vida de las liebres, las describe como jugadoras<br \/>\napasionadas; se embriagan de tal manera con el proceso del juego, que es conocido el caso de<br \/>\nunas libres que tomaron a un zorro, que se aproxim\u00f3 sigilosamente, como compa\u00f1ero de juego.<br \/>\nEn cuanto a los conejos, viven constantemente en sociedades, y toda su vida reposa sobre \u00e9l<br \/>\nprincipio de la antigua familia patriarcal; los j\u00f3venes obedecen ciegamente al padre, y hasta el<br \/>\nabuelo. Con respecto a esto, hasta sucede algo interesante; estas dos especies pr\u00f3ximas, los<br \/>\nconejos y las liebres, no se toleran mutuamente, y no porque se alimentan de la misma clase de<br \/>\ncomida, como suelen explicarse casos semejantes, sino, lo que es m\u00e1s probable, porque la<br \/>\napasionada liebre, que es una gran individualista, no puede trabar amistad con una criatura tan<br \/>\ntranquila, apacible y humilde como el conejo. Sus temperamentos son tan diferentes, que deben<br \/>\nconstituir un obst\u00e1culo para su amistad.<br \/>\nEn la vasta familia de los equinos, en la que entran los caballos salvajes y asnos salvajes de<br \/>\nAsia, las cebras, los mustangos, los cimarrones de las pampas y los caballos semisalvajes de<br \/>\nMongolia y Siberia, encontramos de nuevo la sociabilidad m\u00e1s estrecha. Todas estas especies<br \/>\ny razas viven en reba\u00f1os numerosos, cada uno de los cuales se compone de muchos grupos,<br \/>\nque comprenden varias yeguas bajo la direcci\u00f3n de un padrino. Estos innumerables habitantes<br \/>\ndel viejo y del nuevo mundo -hablando en general, bastante d\u00e9bilmente organizados para la<br \/>\nlucha con sus numerosos enemigos y tambi\u00e9n para defenderse de las condiciones clim\u00e1ticas<br \/>\ndesfavorables- desaparecer\u00edan de la faz de la tierra si no fuera por su esp\u00edritu social. Cuando se<br \/>\naproxima un carnicero, se re\u00fanen inmediatamente varios grupos; rechazan el ataque del<br \/>\ncarn\u00edvoro y, a veces, hasta lo persiguen; debido a esto, ni el lobo, ni siquiera el le\u00f3n, pueden<br \/>\ncapturar un caballo, ni aun una cebra mientras no se haya separado del grupo. Hasta, de<br \/>\nnoche, gracias a su no com\u00fan prudencia gregaria y a la inspecci\u00f3n preventiva del lugar, que<br \/>\nrealizan individuos experimentados, las cebras pueden ir a abrevar al r\u00edo, a pesar de los leones<br \/>\nque acechan en los matorrales.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n43<br \/>\nCuando la sequ\u00eda quema la hierba de las praderas americanas, los grupos de caballos y cebras<br \/>\nse re\u00fanen en reba\u00f1os cuyo n\u00famero alcanza, a veces, hasta diez mil cabezas, y emigran a<br \/>\nnuevos lugares. Y cuando en invierno, en nuestras estepas asi\u00e1ticas, rugen las nevascas, los<br \/>\ngrupos se mantienen cerca unos de otros y juntos buscan protecci\u00f3n en cualquier quebrada.<br \/>\nPero, si la confianza mutua, por alguna raz\u00f3n, desaparece en el grupo, o el p\u00e1nico hace presa<br \/>\nde los caballos y los dispersa, entonces la mayor parte perece, y se encuentra a los<br \/>\nsobrevivientes, despu\u00e9s de la nevasca, medio muertos de cansancio. La uni\u00f3n es, de tal modo,<br \/>\nsu arma principal en la lucha por la existencia, y el hombre, su principal enemigo. Retir\u00e1ndose<br \/>\nante el n\u00famero creciente de este enemigo, los antecesores de nuestros caballos dom\u00e9sticos<br \/>\n(denominados por Poliakof Equus Przewalski), prefirieron emigrar a las m\u00e1s salvajes y menos<br \/>\naccesibles partes del altiplano de las fronteras del Tibet, donde han sobrevivido hasta ahora,<br \/>\nrodeados en verdad de carn\u00edvoros y en un clima que poco cede por su crudeza a la regi\u00f3n<br \/>\n\u00e1rtica, pero en un lugar todav\u00eda inaccesible al hombre.<br \/>\nMuchos ejemplos sorprendentes de sociabilidad podr\u00edan ser tomados de la vida de los ciervos,<br \/>\ny en especial de la vasta divisi\u00f3n de los rumiantes, en la que pueden incluirse a los gamos,<br \/>\nant\u00edlopes, las gacelas, cabras, ibex, etc\u00e9tera, en suma de la vida de tres familias numerosas:<br \/>\nantilopides, caprides y ovides. La vigilancia con que preservan sus reba\u00f1os de los ataques de<br \/>\nlos carn\u00edvoros; la ansiedad demostrada por el reba\u00f1o entero de gamuzas, mientras no han<br \/>\natravesado todos un lugar peligroso a trav\u00e9s de los pe\u00f1ascos rocosos; la adopci\u00f3n de los<br \/>\nhu\u00e9rfanos; la desesperaci\u00f3n de la gacela, cuyo macho o cuya hembra, o hasta un compa\u00f1ero<br \/>\ndel mismo sexo, han sido muertos; los juegos de los j\u00f3venes, y muchos otros rasgos, podr\u00edase<br \/>\nagregar para caracterizar su sociabilidad. Pero, quiz\u00e1, constituyan el ejemplo m\u00e1s sorprendente<br \/>\nde apoyo mutuo las migraciones ocasionales de los corzos, parecidas a las que observ\u00e9 una<br \/>\nvez en el Amur.<br \/>\nCuando cruc\u00e9 los altiplanos del Asia Oriental y su cadena lim\u00edtrofe, el Gran Jingan, por el<br \/>\ncamino de Transbaikalia a Merguen, y luego segu\u00ed viaje por las altas planicies de Manchuria, en<br \/>\nmi marcha hacia el Amur puede comprobar cu\u00e1n escasamente pobladas de corzos se hallan<br \/>\nest\u00e1s regiones casi inhabitables. Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, viajaba yo a caballo Amur arriba y, a<br \/>\nfines de octubre, alcanc\u00e9 la comarca inferior de aquel pintoresco paisaje estrecho con el cual el<br \/>\nAmur penetra a trav\u00e9s de Dousse-Alin (Peque\u00f1o Jingan), antes de alcanzar las tierras bajas,<br \/>\ndonde se une con el Sungari. En las stanitsas distribuidas en esta parte del peque\u00f1o Jingan,<br \/>\nencontr\u00e9 a los cosacos Henos de la mayor excitaci\u00f3n, pues suced\u00eda que miles y miles de corzos<br \/>\ncruzaban a nado el Amur all\u00ed, en el lugar estrecho del gran r\u00edo, para llegar a las sierras bajas del<br \/>\nSungari. Durante algunos d\u00edas, en una extensi\u00f3n de alrededor de sesenta verstas r\u00edo arriba, los<br \/>\ncosacos masacraron infatigablemente a los corzos que cruzaban a nado el Amur, el cual ya<br \/>\nentonces llevaba mucho hielo. Mataban miles por d\u00eda, pero el movimiento de corzos no se<br \/>\ninterrump\u00eda<br \/>\nNunca hab\u00edan visto antes una migraci\u00f3n semejante, y es necesario buscar sus causas, con toda<br \/>\nprobabilidad, en el hecho de que en el Gran Jingan y en sus declives orientales hab\u00edan ca\u00eddo<br \/>\nentonces nieves tempranas desusadamente copiosas, que hab\u00edan obligado a los corzos a hacer<br \/>\nel intento desesperado de alcanzar las tierras bajas del Este del Gran Jingan. Y en realidad,<br \/>\npasados algunos d\u00edas, cuando comenc\u00e9 a cruzar estas \u00faltimas monta\u00f1as, las hall\u00e9<br \/>\nprofundamente cubiertas de nieve porosa que alcanzaba dos y tres pies de profundidad. Vale la<br \/>\npena reflexionar sobre esta migraci\u00f3n de corzos. Necesario es imaginarse el territorio inmenso<br \/>\n(unas 200 verstas de ancho por 700 de largo), de donde debieron reunirse los grupos de corzos<br \/>\ndispersos en \u00e9l, para iniciar la emigraci\u00f3n, que emprendieron bajo la presi\u00f3n de circunstancias<br \/>\ncompletamente excepcionales. Necesario es imaginarse, luego, las dificultades que debieron<br \/>\nvencer los corzos antes de llegar a un pensamiento com\u00fan sobre la necesidad de cruzar el<br \/>\nAmur, no en cualquier parte, sino justo m\u00e1s al sur, donde su lecho se estrecha en una cadena, y<br \/>\ndonde al cruzar el r\u00edo, cruzar\u00edan al mismo tiempo la cadena y saldr\u00edan a las tierras bajas<br \/>\ntempladas. Cuando se imagina todo esto concretamente, no es posible dejar de sentir profunda<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n44<br \/>\nadmiraci\u00f3n ante el grado y la fuerza de la sociabilidad evidenciada en el caso presente por<br \/>\nestos inteligentes animales.<br \/>\nNo menos asombrosas, tambi\u00e9n, en lo que respecta a la capacidad de uni\u00f3n y de acci\u00f3n<br \/>\ncom\u00fan, son las migraciones de bisontes y b\u00fafalos que tienen lugar en Am\u00e9rica del Norte.<br \/>\nVerdad es que los b\u00fafalos ordinariamente pac\u00edan en cantidades enormes en las praderas, pero<br \/>\nesas masas estaban compuestas de un n\u00famero infinito de peque\u00f1os reba\u00f1os que nuca se<br \/>\nmezclaban. Y todos estos peque\u00f1os grupos, por m\u00e1s dispersos que estuvieran sobre el<br \/>\ninmenso territorio, en caso de necesidad, se reun\u00edan y formaban las enormes columnas de<br \/>\ncentenares de miles de individuos de que he hablado en una de las p\u00e1ginas precedentes.<br \/>\nDeber\u00eda decir, tambi\u00e9n, siquiera unas pocas palabras de las \u00abfamilias compuestas\u00bb de los<br \/>\nelefantes, de su afecto mutuo, de la manera meditada como apostan sus centinelas, y de los<br \/>\nsentimientos de simpat\u00eda que se desarrollan entre ellos bajo la influencia de esa vida, plena de<br \/>\nestrecho apoyo mutuo. Podr\u00eda hacer menci\u00f3n, tambi\u00e9n, de los sentimientos sociales existentes<br \/>\nentre los jabal\u00edes, que no gozan de buena fama, y s\u00f3lo podr\u00eda alabarlos por su inteligencia al<br \/>\nunirse en el caso de ser atacados por un animal carn\u00edvoro. Los hipop\u00f3tamos y los rinocerontes<br \/>\ndeben tambi\u00e9n tener su lugar en un trabajo consagrado a la sociabilidad de los animales. Se<br \/>\npodr\u00eda escribir tambi\u00e9n varias p\u00e1ginas asombrosas sobre la sociabilidad y el mutuo afecto de<br \/>\nlas focas y morsas; y finalmente, podr\u00eda mencionarse los buenos sentimientos desarrollados<br \/>\nentre las especies sociales de la familia de los cet\u00e1ceos. Pero es necesario, a\u00fan, decir algo<br \/>\nsobre las sociedades de los monos, que son especialmente interesantes porque representan la<br \/>\ntransici\u00f3n a las sociedades de los hombres primitivos.<br \/>\nApenas es necesario recordar que estos mam\u00edferos que ocupan la cima misma del mundo<br \/>\nanimal, y son los m\u00e1s pr\u00f3ximos al hombre, por su constituci\u00f3n y por su inteligencia, se destacan<br \/>\npor su extraordinaria sociabilidad. Naturalmente, en tan vasta divisi\u00f3n del mundo animal, que<br \/>\nincluye centenares de especies, encontramos inevitablemente la mayor diversidad de pareceres<br \/>\ny costumbres. Pero, tomando todo esto con consideraci\u00f3n, es necesario reconocer que la<br \/>\nsociabilidad, la acci\u00f3n en com\u00fan, la protecci\u00f3n mutua y el elevado desarrollo de los<br \/>\nsentimientos que son consecuencia necesaria de la vida social, son los rasgos distintivos de<br \/>\ncasi toda la vasta divisi\u00f3n de los monos. Comenzando por las especies m\u00e1s peque\u00f1as y<br \/>\nterminando por las m\u00e1s grandes, la sociabilidad es la regia, y tiene s\u00f3lo muy pocas<br \/>\nexcepciones.<br \/>\nLas especies de monos que viven solitarios son muy raras. As\u00ed, los monos nocturnos prefieren<br \/>\nla vida aislada; los capuchinos (Cebus capacinus), y los \u00abateles\u00bb -grandes monos aulladores que<br \/>\nse encuentran en el Brasil- y los aulladores en general, viven en peque\u00f1as familias; Wallace<br \/>\nnunca encontr\u00f3 a los orangutanes de otro modo que aislados o en peque\u00f1os grupos de tres a<br \/>\ncuatro individuos; y los gorilas, seg\u00fan parece, nunca se re\u00fanen en grupos. Pero todas las<br \/>\nrestantes especies de monos: chimpanc\u00e9s gibones, los monos arb\u00f3reos de Asia y \u00c1frica, los<br \/>\nmacacos, mogotes, todos los pavianos parecidos a perros, los mandriles y todos los peque\u00f1os<br \/>\njuguetones, son sociables en alto grado. Viven en grandes bandas y algunas re\u00fanen varias<br \/>\nespecies distintas. La mayor\u00eda de ellos se sienten completamente infelices cuando se hallan<br \/>\nsolitarios. El grito de llamada de cada mono inmediatamente re\u00fane a toda la banda, y todos<br \/>\njuntos rechazan valientemente los ataques de casi todos los animales carn\u00edvoros y aves de<br \/>\nrapi\u00f1a. Ni siquiera las \u00e1guilas se deciden a atacar a los monos. Saquean siempre nuestros<br \/>\ncampos en bandas, y entonces los viejos se encargan de la tarea de cuidar la seguridad de la<br \/>\nsociedad. Los peque\u00f1as tit\u00edes, cuyas caritas infantiles tanto asombraron a Humboldt, se<br \/>\nabrazan Y protegen mutuamente de la lluvia enrollando la cola alrededor del cuello del<br \/>\ncamarada que tiembla de fr\u00edo. Algunas especies tratan a sus camaradas heridos con extrema<br \/>\nsolicitud, y durante la retirada nunca abandonan a un herido antes de convencerse de que ha<br \/>\nmuerto, que est\u00e1 fuera de sus fuerzas el volverlo a la vida. As\u00ed, James Forbes refiere en sus<br \/>\nOriental Memoirs con qu\u00e9 persistencia reclamaron los monos a su partida la entrega del<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n45<br \/>\ncad\u00e1ver de una hembra muerta, y que esta exigencia fue hecha en forma tal que comprendi\u00f3<br \/>\nperfectamente por qu\u00e9 \u00ablos testigos de esta extraordinaria escena decidieron en, adelante no<br \/>\ndisparar nunca m\u00e1s contra los monos\u00bb.<br \/>\nLos monos de algunas especies re\u00fanense varios cuando quieren volcar una piedra y recoger<br \/>\nlos huevos de hormigas que se encuentran bajo ella. Les pavianos de \u00c1frica del Norte<br \/>\n(Hamadryas), que viven en grandes bandas, no s\u00f3lo colocan centinelas, sino que observadores<br \/>\ndignos de toda fe los han visto formar una cadena para transportar a lugar seguro los frutos<br \/>\nrobados. Su coraje es bien conocido, y bastar\u00e1 recordar la descripci\u00f3n cl\u00e1sica de Brehm, que<br \/>\nrefiri\u00f3 detalladamente la lucha regular sostenida por su caravana antes de que los pavianos les<br \/>\npermitieran proseguir viaje en el valle de Mensa, en Abisinia.<br \/>\nSon conocidas tambi\u00e9n las travesuras de los monos de cola, que los han hecho merecedores<br \/>\nde su propio nombre (juguetones), y gracias a este rasgo de sus sociedades, tambi\u00e9n es<br \/>\nconocido el afecto mutuo que reina en las familias de chimpanc\u00e9s. Y si entre los monos<br \/>\nsuperiores hay dos especies (orangut\u00e1n y gorila) que no se distinguen por la sociabilidad,<br \/>\nnecesario es recordar que ambas especies est\u00e1n limitadas a superficies muy reducidas (una<br \/>\nvive en Africa Central y la otra en las islas de Borneo y Sumatra), y con toda evidencia<br \/>\nconstituyen los \u00faltimos restos moribundos de dos especies que fueron antes<br \/>\nincomparablemente m\u00e1s numerosas. El gorila, por lo menos as\u00ed parece, ha sido sociable en<br \/>\ntiempos pasados, siempre que los monos citados por el cartagin\u00e9s Hannon en la descripci\u00f3n de<br \/>\nsu viaje (Periplus) hayan sido realmente gorilas.<br \/>\nDe tal modo, aun en nuestra r\u00e1pida ojeada vemos que la vida en sociedades no constituye<br \/>\nexcepci\u00f3n en el mundo animal; por lo contrario, es regla general -ley de la naturaleza- y alcanza<br \/>\nsu m\u00e1s pleno desarrollo en los vertebrados superiores. Hay muy pocas especies que vivan<br \/>\nsolitarias o solamente en peque\u00f1as familias, y son comparativamente poco numerosas. A pesar<br \/>\nde eso, hay fundamentos para suponer que, con pocas excepciones, todas las aves y los<br \/>\nmam\u00edferos que en el presente no viven en reba\u00f1os o bandadas han vivido antes en sociedades,<br \/>\nhasta que el g\u00e9nero humano se multiplic\u00f3 sobre la superficie de la tierra y comenz\u00f3 a librar<br \/>\ncontra ellos una guerra de exterminio, y del mismo modo comenz\u00f3 a destruir las fuentes de sus<br \/>\nalimentos. \u00abOn ne s&#8217;associe pas pour mourir\u00bb -observ\u00f3 justamente Espinas (en el libro Les<br \/>\nSoci\u00e9t\u00e9s animales). Houzeau, que conoc\u00eda bien el mundo animal de algunas partes de Am\u00e9rica<br \/>\nantes de que los animales sufrieran el exterminio en gran escala de que los hizo objeto el<br \/>\nhombre, expres\u00f3 en sus escritos el mismo pensamiento.<br \/>\nLa vida social se encuentra en el mundo animal en todos los grados de desarrollo; y de acuerdo<br \/>\ncon la gran idea de Herbert Spencer, tan brillantemente desarrollada en el trabajo de Perrier,<br \/>\nColonies Animales, las \u00abcolonias\u00bb, es decir, sociedades estrechamente ligadas, aparecen ya en<br \/>\nel principio mismo del desarrollo del mundo animal. A medida que nos elevamos en la escala de<br \/>\nla evoluci\u00f3n, vemos c\u00f3mo las sociedades de los animales se vuelven m\u00e1s y m\u00e1s conscientes.<br \/>\nPierden su car\u00e1cter puramente f\u00edsico, luego cesan de ser instintivas y se hacen razonadas.<br \/>\nEntre los vertebrados superiores, la sociedad es ya temporaria, peri\u00f3dica, o sirve para la<br \/>\nsatisfacci\u00f3n de alguna necesidad definida, por ejemplo la reproducci\u00f3n, las migraciones, la caza<br \/>\no la defensa mutua. Se hace hasta accidental, por ejemplo, cuando las aves se re\u00fanen contra<br \/>\nun rapaz, o los mam\u00edferos se juntan para emigrar bajo la presi\u00f3n de circunstancias<br \/>\nexcepcionales. En este \u00faltimo caso, la sociedad se convierte en una desviaci\u00f3n voluntaria del<br \/>\nmodo habitual de vida.<br \/>\nAdem\u00e1s, la uni\u00f3n a veces es de dos o tres grados: al principio, la familia; despu\u00e9s, el grupo, y<br \/>\npor \u00faltimo, la sociedad de grupos, ordinariamente dispersos, pero que se re\u00fanen en caso de<br \/>\nnecesidad, como hemos visto en el ejemplo de los b\u00fafalos y otros rumiantes durante sus<br \/>\ncambios de lugar. La asociaci\u00f3n tambi\u00e9n toma formas m\u00e1s elevadas, y entonces asegura mayor<br \/>\nindependencia para cada individuo, sin privarlo, al mismo tiempo, de las ventajas de la vida<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n46<br \/>\nsocial. De tal modo, en la mayor\u00eda de los roedores, cada familia tiene su propia vivienda, a la<br \/>\nque puede retirarse si de esa el aislamiento; pero esas viviendas se distribuyen en pueblos y<br \/>\nciudades enteras, de modo que aseguren a todos los habitantes las comodidades todas y los<br \/>\nplaceres de la vida social. Por \u00faltimo, en algunas especies, como, por ejemplo, las ratas,<br \/>\nmarmotas, liebres, etc&#8230;, la sociabilidad de la vida se mantiene a pesar de su car\u00e1cter<br \/>\npendenciero, o, en general, a pesar de las inclinaciones ego\u00edstas de los individuos tomados<br \/>\nseparadamente.<br \/>\nEn estos casos, la vida social, por consiguiente, no est\u00e1 condicionada, como en las hormigas y<br \/>\nabejas, por la estructura fisiol\u00f3gica; aprovechan de ella, por las ventajas que presenta, la ayuda<br \/>\nmutua o por los placeres que proporciona. Y esto, finalmente, se manifiesta en todos los grados<br \/>\nposibles, y la mayor variedad de caracteres individuales y espec\u00edficos y la mayor variedad de<br \/>\nformas de vida social es su consecuencia, y para nosotros una prueba m\u00e1s de su generalidad.<br \/>\nLa sociabilidad, es decir, la necesidad experimentada por los animales de asociarse con sus<br \/>\nsemejantes, el amor a la sociedad por la sociedad, unido al \u00abgoce de la vida\u00bb, s\u00f3lo ahora<br \/>\ncomienza a recibir la debida atenci\u00f3n por parte de los zo\u00f3logos. Actualmente sabemos que<br \/>\ntodos los animales, comenzando por las hormigas, pasando a las aves y terminando con los<br \/>\nmam\u00edferos superiores, aman los juegos, gustan de luchar y correr uno en pos de otro, tratando<br \/>\nde atraparse mutuamente, gustan de burlarse, etc\u00e9tera, y as\u00ed muchos juegos son, por as\u00ed<br \/>\ndecirlo, la escuela preparatoria para los individuos j\u00f3venes, prepar\u00e1ndolos para obrar<br \/>\nconvenientemente cuando entren en la madurez; a la par de ellos, existen tambi\u00e9n juegos que,<br \/>\naparte de sus fines utilitarios, junto con las danzas y canciones, constituyen la simple<br \/>\nmanifestaci\u00f3n de un exceso de fuerzas vitales, \u00abde un goce de la vida\u00bb, y expresan el deseo de<br \/>\nentrar, de un modo u otro, en sociedad con los otros individuos de su misma especie, o hasta<br \/>\nde otra. Dicho m\u00e1s brevemente, estos juegos constituyen la manifestaci\u00f3n de la sociabilidad en<br \/>\nel verdadero sentido de la palabra, como rasgo distintivo de todo el mundo animal. Ya sea el<br \/>\nsentimiento de miedo experimentado ante la aparici\u00f3n de un ave de rapi\u00f1a, o una \u00abexplosi\u00f3n de<br \/>\nalegr\u00eda\u00bb que se manifiesta cuando los animales est\u00e1n sanos y, en especial, son j\u00f3venes, o bien<br \/>\nsencillamente el deseo de liberarse del exceso de impresiones y de la fuerza vital bullente, la<br \/>\nnecesidad de comunicar sus impresiones a los dem\u00e1s, la necesidad del juego en com\u00fan, de<br \/>\nparlotear, o simplemente la sensaci\u00f3n de la proximidad de otros seres vivos, parientes, esta<br \/>\nnecesidad se extiende a toda la naturaleza; y en tal alto grado como cualquier funci\u00f3n<br \/>\nfisiol\u00f3gica, constituye el rasgo caracter\u00edstico de la vida y la impresionabilidad en general. Esta<br \/>\nnecesidad alcanza su m\u00e1s elevado desarrollo y toma las formas m\u00e1s bellas en los mam\u00edferos,<br \/>\nespecialmente en los individuos j\u00f3venes, y m\u00e1s a\u00fan en las aves; pero ella se extiende a toda la<br \/>\nnaturaleza. Ha sido detenidamente observada por los mejores naturalistas, incluyendo a Pierre<br \/>\nHuber, aun entre las hormigas; y no hay duda de que esa misma necesidad, ese mismo instinto,<br \/>\nre\u00fane a las mariposas y otros insectos en, las enormes columnas de que hemos hablado antes.<br \/>\nLa costumbre de las aves de reunirse para danzar juntas y adornar los lugares donde se<br \/>\nentregan habitualmente a las danzas probablemente es bien conocida por los lectores, aunque<br \/>\nsea gracias a las p\u00e1ginas que Darwin dedic\u00f3 a esta materia en su Origen del Hombre (cap.<br \/>\nXIII). Los visitantes del jard\u00edn zool\u00f3gico de Londres conocen tambi\u00e9n la glorieta, bellamente<br \/>\nadornada, del \u00abpajarito satinado\u00bb construida con ese mismo fin. Pero esta costumbre de danzar<br \/>\nresulta mucho m\u00e1s extendida de lo que antes se supon\u00eda, y W. Hudson, en su obra maestra<br \/>\nsobre la regi\u00f3n del Plata, hace una descripci\u00f3n sumamente interesante de las complicadas<br \/>\ndanzas ejecutadas por numerosas especies de aves: rascones, jilgueros, avefr\u00edas.<br \/>\nLa costumbre de cantar en com\u00fan que existe en algunas especies de aves, pertenece a la<br \/>\nmisma categor\u00eda de instintos sociales. En grado asombro est\u00e1 desarrollada en el chaj\u00e1<br \/>\nsudamericano (Chauna Chavarria, de raza pr\u00f3xima al ganso) y al que los ingleses dieron el<br \/>\napodo m\u00e1s prosaico de \u00abcopetuda chillona\u00bb. Estas aves se re\u00fanen, a veces, en enormes<br \/>\nbandadas y en tales casos organizan a menudo todo un concierto, Hudson las encontr\u00f3 cierta<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n47<br \/>\nvez en cantidades innumerables, posadas alrededor de un lago de las Pampas, en bandadas<br \/>\nseparadas de unas quinientas aves.<br \/>\n\u00abPronto -dice- una de las bandadas que se hallaba cercana a m\u00ed comenz\u00f3 a cantar, y este coro<br \/>\npoderoso no ces\u00f3 durante tres o cuatro minutos. Cuando hubo cesado, la bandada vecina<br \/>\ncomenz\u00f3 el canto, y, a continuaci\u00f3n de ella, la siguiente, y as\u00ed sucesivamente hasta que lleg\u00f3 el<br \/>\ncanto de la bandada que se hallaba en la orilla opuesta del lago, y cuyo sonido se transmit\u00eda<br \/>\nclaramente por el agua; luego, poco a poco, se callaron y de nuevo comenz\u00f3 a resonar a mi<br \/>\nlado.\u00bb<br \/>\nOtra vez el mismo zo\u00f3logo tuvo ocasi\u00f3n de observar a una innumerable bandada de chaj\u00e1s que<br \/>\ncubr\u00eda toda la Ranura, pero esta vez dividida no en secciones, sino en parejas y en grupos<br \/>\npeque\u00f1os. Alrededor de. las nueve de la noche, \u00abde repente toda esta masa de aves, que<br \/>\ncubr\u00eda los pantanos en millas enteras a la redonda, estall\u00f3 en un poderoso canto vespertino&#8230;<br \/>\nVal\u00eda la pena cabalgar un centenar de millas para escuchar tal concierto\u00bb.<br \/>\nA la observaci\u00f3n precedente se puede agregar que el chaj\u00e1, como todos los animales sociales,<br \/>\nse domestica f\u00e1cilmente y se aficiona mucho al hombre. D\u00edcese que \u00abson aves pac\u00edficas que<br \/>\nraramente disputan\u00bb a pesar de estar bien armadas y provistas de espolones bastante<br \/>\namenazadores en las alas. La vida en sociedad, sin embargo, hace superflua este arma.<br \/>\nEl hecho de que la vida social sirva de arma poderos\u00edsima en la lucha por la existencia<br \/>\n(tomando este t\u00e9rmino en el sentido amplio de la palabra) es confirmado, como hemos visto en<br \/>\nlas p\u00e1ginas precedentes, por ejemplos bastante diversos, y de tales ejemplos, si necesario<br \/>\nfuera, se podr\u00eda citar un n\u00famero incomparablemente mayor. La vida en sociedad, como hemos<br \/>\nvisto, da a los insectos m\u00e1s d\u00e9biles, a las aves m\u00e1s d\u00e9biles y a los mam\u00edferos m\u00e1s d\u00e9biles, la<br \/>\nposibilidad de defenderse de los ataques de las aves y animales carn\u00edvoros m\u00e1s temibles, o<br \/>\nprevenirse de ellos. Ella les asegura la longevidad; da a las especies la posibilidad de criar una<br \/>\ndescendencia con el m\u00ednimo de desgaste innecesario de energ\u00edas y de sostener su n\u00famero aun<br \/>\nen caso de natalidad muy baja; permite a lo animales gregarios realizar sus migraciones y<br \/>\nencontrar nuevos lugares de residencia. Por esto, aun reconociendo enteramente que la fuerza,<br \/>\nla velocidad, la coloraci\u00f3n protectora, la astucia, y la resistencia al fr\u00edo y hambre, mencionadas<br \/>\npor Darwin y Wallace realmente constituye cualidades que hacen al individuo o a las especies<br \/>\nm\u00e1s aptos en algunas circunstancias, nosotros, junto con esto, afirmamos que la sociabilidad es<br \/>\nla ventaja m\u00e1s grande en la lucha por la existencia en todas las circunstancias naturales, sean<br \/>\ncuales fueran. Las especies que voluntaria o involuntariamente reniegan de ella, est\u00e1n<br \/>\ncondenadas a. la extinci\u00f3n, mientras que los animales que saben unirse del mejor modo, tienen<br \/>\nmayores oportunidades para subsistir y para un desarrollo m\u00e1ximo, a pesar de ser inferiores a<br \/>\nlos otros en cada una de las particularidades enumeradas por Darwin y Wallace, con excepci\u00f3n<br \/>\nsolamente de las facultades intelectuales. Los vertebrados superiores, y en especial \u00e9l g\u00e9nero<br \/>\nhumano, sirven como la mejor demostraci\u00f3n de esta afirmaci\u00f3n.<br \/>\nEn cuanto a las facultades intelectuales desarrolladas, todo darwinista est\u00e1 de acuerdo con<br \/>\nDarwin en que ellas constituyen el instrumento m\u00e1s poderoso en la lucha por la existencia y la<br \/>\nfuerza m\u00e1s poderosa para el desarrollo m\u00e1ximo; pero debe estar de acuerdo, tambi\u00e9n, en que<br \/>\nlas facultades intelectuales, m\u00e1s a\u00fan que todas las otras, est\u00e1n condicionadas en su desarrollo<br \/>\npor la vida social. La lengua, la imitaci\u00f3n, la experiencia acumulada, son condiciones necesarias<br \/>\npara el desarrollo de las facultades intelectuales, y precisamente los animales no sociables<br \/>\nsuelen estar desprovistos de ellas. Por eso nosotros encontramos que en la cima de las<br \/>\ndiversas clases se hallan animales tales como la abeja, la hormiga y termita, en los insectos,<br \/>\nentre los cuales est\u00e1 altamente desarrollada la sociabilidad, y con ella, naturalmente, las<br \/>\nfacultades intelectuales.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n48<br \/>\n\u00abLos m\u00e1s aptos\u00bb, los mejor dotados para la lucha con todos los elementos hostiles son, de tal<br \/>\nmodo, los animales sociales, de manera que se puede reconocer la sociabilidad como el factor<br \/>\nprincipal de la evoluci\u00f3n progresiva, tanto indirecto, porque asegura el bienestar de la especie<br \/>\njunto con la disminuci\u00f3n del gasto in\u00fatil de energ\u00eda, como directo, porque favorece el<br \/>\ncrecimiento de las facultades intelectuales\u00bb.<br \/>\nAdem\u00e1s, es evidente que la vida en sociedad ser\u00eda completamente imposible sin el<br \/>\ncorrespondiente desarrollo de los sentimientos sociales, en especial, si el sentimiento colectivo<br \/>\nde justicia (principio fundamental de la moral) no se hubiera desarrollado y convertido en<br \/>\ncostumbre. Si cada individuo abusara constantemente de sus ventajas personales y los<br \/>\nrestantes no intervinieran en favor del ofendido, ninguna clase de vida social ser\u00eda posible. Por<br \/>\nesto, en todos los animales sociales, aunque sea poco, debe desarrollarse el sentimiento de<br \/>\njusticia. Por grande que sea la distancia de donde vienen las golondrinas o las grullas, tanto las<br \/>\nunas como las otras vuelven cada una al mismo nido que construyeron o repararon el a\u00f1o<br \/>\nanterior. Si alg\u00fan gorri\u00f3n perezoso (o joven) trata de apoderarse de un nido que construye su<br \/>\ncamarada, o aun robar de \u00e9l algunas piajuelas, todo el grupo local de gorriones interviene en<br \/>\ncontra del camarada perezoso; lo mismo en muchas otras aves, y es evidente que, si<br \/>\nsemejantes intervenciones no fueran la regla general, entonces las sociedades de aves para el<br \/>\nanidamiento ser\u00edan imposibles. Los grupos separados de ping\u00fcinos tienen su lugar de descanso<br \/>\ny su lugar de pesca y no se pelean por ellos. Los reba\u00f1os de ganado corn\u00fapeta de Australia<br \/>\ntienen cada uno su lugar determinado, adonde invariablemente se dirigen d\u00eda a d\u00eda a<br \/>\ndescansar, etc\u00e9tera.<br \/>\nDisponemos de gran cantidad de observaciones directas que hablan del acuerdo que reina<br \/>\nentre las sociedades de aves anidadoras, en las poblaciones de roedores, en los reba\u00f1os de<br \/>\nherb\u00edvoros, etc.; pero por otra parte, sabemos que son muy pocos los animales sociales que<br \/>\ndisputan constantemente entre s\u00ed, como hacen las ratas de nuestras despensas, o las morsas<br \/>\nque pelean por el lugar para calentarse al sol en las riberas que ocupan. La sociabilidad, de tal<br \/>\nmodo, pone l\u00edmites a la lucha f\u00edsica y da lugar al desarrollo de los mejores sentimientos<br \/>\nmorales. Es bastante conocido el elevado desarrollo del amor paternal en todas las clases de<br \/>\nanimales, sin exceptuar siquiera a los leones y tigres. \u00a1Y en cuanto a las aves j\u00f3venes y a los<br \/>\nmam\u00edferos, que vemos constantemente en relaciones mutua!, en sus sociedades reciben ya el<br \/>\nm\u00e1ximo desarrollo, la simpat\u00eda, la comunidad de sentimientos y no el amor de s\u00ed mismos.<br \/>\nDejando de lado los actos realmente conmovedores de apego y compasi\u00f3n que se han<br \/>\nobservado tanto entre los animales dom\u00e9sticos como entre los salvajes mantenidos en<br \/>\ncautiverio, disponemos de un n\u00famero suficiente de hechos plenamente comprobados que<br \/>\ntestimonian la manifestaci\u00f3n del sentimiento de compasi\u00f3n entre los animales salvajes en<br \/>\nlibertad. Max Perty y L. B\u00fcchner reunieron no pocos de tales hechos. El relato de Wood de<br \/>\nc\u00f3mo una marta apareci\u00f3 para levantar y llevarse a una compa\u00f1era lastimada goza de una<br \/>\npopularidad bien merecida. A la misma categor\u00eda de hechos se refiere la conocida observaci\u00f3n<br \/>\ndel capit\u00e1n Stanbury, durante su viaje por la altiplanicie de Utah, en las Monta\u00f1as Rocosas,<br \/>\ncitada por Darwin. Stanbury observ\u00f3 a un pelicano ciego que era alimentado, y bien alimentado,<br \/>\npor otros pel\u00edcanos, que le tra\u00edan pescado desde cuarenta y cinco verstas. H. Weddell, durante<br \/>\nsu viaje por Bolivia y Per\u00fa, observ\u00f3 m\u00e1s de una vez que, cuando un reba\u00f1o de vicu\u00f1as es<br \/>\nperseguido por cazadores, los machos fuertes cubren la retirada del reba\u00f1o, separ\u00e1ndose a<br \/>\nprop\u00f3sito para proteger a los que se retiran. Lo mismo se observa constantemente en Suiza<br \/>\nentre las cabras salvajes. Casos de compasi\u00f3n de los animales hacia sus camaradas heridos<br \/>\nson constantemente citados por los zo\u00f3logos que estudian la vida de la naturaleza: y s\u00f3lo ha de<br \/>\nasombrarse uno por la vanagloria del hombre, que desea indefectiblemente apartarse del<br \/>\nmundo animal, cuando se ve que semejantes casos no son generalmente reconocidos.<br \/>\nAdem\u00e1s, son perfectamente naturales. La compasi\u00f3n necesariamente se desarrolla en la vida<br \/>\nsocial. Pero la compasi\u00f3n, a su vez, indica un progreso general importante en el campo de las<br \/>\nfacultades intelectuales y de la sensibilidad. Es el primer paso hacia el desarrollo de los<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n49<br \/>\nsentimientos morales superiores, y, a su vez, se vuelve agente poderoso del m\u00e1ximo desarrollo<br \/>\nprogresivo, de la evoluci\u00f3n.<br \/>\nSi las opiniones expuestas en las p\u00e1ginas precedentes son correctas, entonces surge,<br \/>\nnaturalmente, la cuesti\u00f3n: \u00bfhasta d\u00f3nde concuerdan con la teor\u00eda de la lucha por la existencia,<br \/>\nde la manera como ha sido desarrollada por Darwin, Wallace y sus continuadores? Y yo<br \/>\ncontestar\u00e9 brevemente ahora a esta importante cuesti\u00f3n. Ante todo, ning\u00fan naturalista dudar\u00e1<br \/>\nde que la idea de la lucha por la existencia, conducida a trav\u00e9s de toda la naturaleza org\u00e1nica,<br \/>\nconstituye la m\u00e1s grande generalizaci\u00f3n de nuestro siglo. La vida es lucha, y en esta lucha<br \/>\nsobreviven los m\u00e1s aptos. Pero, la cuesti\u00f3n reside en esto: \u00bfllega esta competencia hasta los<br \/>\nl\u00edmites supuestos por Darwin o, a\u00fan, por Wallace? y, \u00bfdesempe\u00f1\u00f3 en el desarrollo del reino<br \/>\nanimal el papel que se le atribuye?<br \/>\nLa idea que Darwin llev\u00f3 a trav\u00e9s de todo su libro sobre el origen de las especies es, sin duda,<br \/>\nla idea de la existencia de una verdadera competencia, de una lucha dentro de cada grupo<br \/>\nanimal por el alimento, la seguridad y la posibilidad de dejar descendencia. A menudo habla de<br \/>\nregiones saturadas de vida animal hasta los l\u00edmites m\u00e1ximos, y de tal saturaci\u00f3n deduce la<br \/>\ninevitabilidad de la competencia, de la lucha entre los habitantes. Pero si empezamos a buscar<br \/>\nen su libro pruebas reales de tal competencia, debemos reconocer que no existen testimonios<br \/>\nsuficientemente convincentes. Si acudirnos al p\u00e1rrafo titulado \u00abLa lucha por la existencia es<br \/>\nriguros\u00edsima entre individuos y variedades de una misma especie\u00bb, no encontramos entonces<br \/>\nen \u00e9l aquella abundancia de pruebas y ejemplos que estamos acostumbrados a encontrar en<br \/>\ntoda obra de Darwin. En confirmaci\u00f3n de la lucha entre los individuos de una misma especie no<br \/>\nse trae, bajo el t\u00edtulo arriba citado, ni un ejemplo; se acepta como axioma. La competencia entre<br \/>\nlas especies cercanas de animales es afirmada s\u00f3lo por cinco ejemplos, de los cuales, en todo<br \/>\ncaso, uno (que se refiere a dos especies de mirlos) resulta dudoso, seg\u00fan las m\u00e1s recientes<br \/>\nobservaciones, y otro (referente a las ratas), tambi\u00e9n suscitar\u00e1 dudas.<br \/>\nSi comenzamos a buscar en Darwin mayores detalles con objeto de convencernos hasta d\u00f3nde<br \/>\nel crecimiento de una especie realmente est\u00e1 condicionado por el decrecimiento de otra<br \/>\nespecie, encontramos que, con su habitual rectitud, dice \u00e9l lo siguiente:<br \/>\n\u00abPodemos conjeturar (dimley see) por qu\u00e9 la competencia debe ser tan rigurosa entre las<br \/>\nformas emparentadas que llenan casi un mismo lugar en la naturaleza; pero, probablemente en<br \/>\nning\u00fan caso podr\u00edamos determinar con precisi\u00f3n por qu\u00e9 una especie ha logrado la victoria<br \/>\nsobre otras en la gran batalla de la vida.<br \/>\nEn cuanto a Wallace, que cita en su exposici\u00f3n del darwinismo los mismos hechos, pero bajo el<br \/>\nt\u00edtulo ligeramente modificado (\u00abLa lucha por la existencia entre los animales y las plantas<br \/>\nestrechamente emparentadas a menudo es riguros\u00edsima\u00bb), hace la observaci\u00f3n siguiente, que<br \/>\nda a los hechos arriba citados un aspecto completamente distinto. Dice (las cursivas son m\u00edas):<br \/>\n\u00abEn algunos casos, sin duda, se libra una verdadera guerra entre dos especies, y la especie<br \/>\nm\u00e1s fuerte mata a la m\u00e1s d\u00e9bil; pero esto de ning\u00fan modo es necesario y pueden darse casos<br \/>\nen que especies m\u00e1s d\u00e9biles f\u00edsicamente pueden vencer, debido a su mayor poder de<br \/>\nmultiplicaci\u00f3n r\u00e1pida, a la mayor resistencia con respecto a las condiciones clim\u00e1ticas hostiles o<br \/>\na la mayor astucia que les permite evitar los ataques de sus enemigos comunes.\u00bb<br \/>\nDe tal manera, en casos semejantes, lo que se atribuye a la competencia, a la lucha, puede<br \/>\nocurrir que de ning\u00fan modo sea competencia ni lucha. De ning\u00fan modo una especie<br \/>\ndesaparece porque otra especie la ha exterminado o la ha hecho morir de consunci\u00f3n<br \/>\ntom\u00e1ndole los medios de subsistencia, sino porque no pudo adaptarse bien a nuevas<br \/>\ncondiciones, mientras que la otra especie logr\u00e9 hacerlo. La expresi\u00f3n \u00ablucha por la existencia\u00bb<br \/>\ntal vez se emplea aqu\u00ed, una vez m\u00e1s, en su sentido figurado, y por lo visto no tiene otro sentido.<br \/>\nEn cuanto a la competencia real por el alimento entre los individuos de una misma especie que<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n50<br \/>\nDarwin ilustr\u00f3 en otro lugar con un ejemplo tomado de la vida del ganado corn\u00fapeta de Am\u00e9rica<br \/>\ndel Sur durante una sequ\u00eda, el valor de este ejemplo disminuye significativamente porque ha<br \/>\nsido tomado de la vida de animales dom\u00e9sticos. En circunstancias semejantes, los bisontes<br \/>\nemigran con el objeto de evitar la competencia por el alimento. Por m\u00e1s rigurosa que sea la<br \/>\nlucha entre las plantas -y est\u00e1 plenamente demostrada-, podemos s\u00f3lo repetir con respecto a<br \/>\nella la observaci\u00f3n de Wallace: \u00abQue las plantas viven all\u00ed donde pueden\u00bb, mientras que los<br \/>\nanimales, en grado considerable, tienen la posibilidad de elegirse ellos mismos el lugar de<br \/>\nresidencia. Y nosotros nos preguntamos de nuevo: \u00bfen qu\u00e9 medida existe realmente la<br \/>\ncompetencia, la lucha, dentro de cada especie animal? \u00bfEn qu\u00e9 est\u00e1 basada esta suposici\u00f3n?<br \/>\nLa misma observaci\u00f3n tengo que hacer con respecto al argumento \u00abindirecto\u00bb en favor de la<br \/>\nrealidad de una competencia rigurosa y la lucha por la existencia dentro de cada especie, que<br \/>\nse puede deducir del \u00abexterminio de las variedades de transici\u00f3n\u00bb, mencionadas tan a menudo<br \/>\npor Darwin. Lo que pasa es lo siguiente: Como es sabido, durante mucho tiempo ha confundido<br \/>\na todos los naturalistas, y al mismo Darwin la dificultad que \u00e9l ve\u00eda en la ausencia de una gran<br \/>\ncadena de formas intermedias entre especies estrechamente emparentadas; y sabido es que<br \/>\nDarwin busc\u00f3 la soluci\u00f3n de esta dificultad en el exterminio supuesto por \u00e9l de todas las formas<br \/>\nintermedias. Sin embargo, la lectura atenta de los diferentes cap\u00edtulos en los que Darwin y<br \/>\nWallace hab\u00edan de esta materia, f\u00e1cilmente llevan a la conclusi\u00f3n de que la palabra \u00abexterminio\u00bb<br \/>\nempleada por ellos de ning\u00fan modo se refiere al exterminio real, y menos a\u00fan al exterminio por<br \/>\nfalta de alimento y, en general, por la superpoblaci\u00f3n. La observaci\u00f3n que hizo Darwin acerca<br \/>\ndel significado de su expresi\u00f3n: \u00ablucha por la existencia\u00bb, evidentemente se aplica en igual<br \/>\nmedida tambi\u00e9n a la palabra \u00abexterminio\u00bb: la \u00faltima de ninguna manera puede ser comprendida<br \/>\nen su sentido directo, sino \u00fanicamente en el sentido \u00abmetaf\u00f3rico\u00bb figurado.<br \/>\nSi partimos de la suposici\u00f3n que una superficie determinada est\u00e1 saturada de animales hasta<br \/>\nlos l\u00edmites m\u00e1ximos de su capacidad, y que, debido a esto, entre todos sus habitantes se libra<br \/>\nuna lucha aguda por los medios de subsistencia indispensables -y en cuyo caso cada animal<br \/>\nest\u00e1 obligado a luchar contra todos sus cong\u00e9neres para obtener el alimento cotidiano-,<br \/>\nentonces la aparici\u00f3n de una variedad nueva, y que ha tenido \u00e9xito, sin duda consistir\u00e1 en<br \/>\nmuchos casos (aunque no siempre) en la aparici\u00f3n de individuos tales que podr\u00e1n apoderarse<br \/>\nde una parte de los medios de subsistencia mayor que la que les corresponde en justicia;<br \/>\nentonces el resultado ser\u00eda realmente que semejantes individuos condenar\u00edan a la consunci\u00f3n<br \/>\ntanto a la forma paterna original que no pelee la nueva modificaci\u00f3n, como a todas las formas<br \/>\nintermedias que ni poseyeran la nueva especialidad en el mismo grado que ellos. Es muy<br \/>\nposible que al principio Darwin comprendiera la aparici\u00f3n de las nuevas variedades<br \/>\nprecisamente en tal aspecto; por lo menos, el uso frecuente de la palabra \u00abexterminio\u00bb produce<br \/>\ntal impresi\u00f3n. Pero tanto \u00e9l como Wallace conoc\u00edan demasiado bien la naturaleza para no ver<br \/>\nque de ning\u00fan modo \u00e9sta es la \u00fanica soluci\u00f3n posible y necesaria.<br \/>\nSi las condiciones f\u00edsicas y biol\u00f3gicas de una superficie determinada y tambi\u00e9n la extensi\u00f3n<br \/>\nocupada por cierta especie, y el modo de vida de todos los miembros de esta especie,<br \/>\npermanecieron siempre invariables, entonces la aparici\u00f3n repentina de una variedad realmente<br \/>\npodr\u00eda llevar a la consunci\u00f3n y al exterminio de todos los individuos que no poseyeran, en la<br \/>\nmedida necesaria, el nuevo rasgo que caracteriza a la nueva variedad. Pero, precisamente, no<br \/>\nvemos en la naturaleza semejante combinaci\u00f3n de condiciones, semejante invariabilidad. Cada<br \/>\nespecie tiende constantemente a la expansi\u00f3n de su lugar de residencia, y la emigraci\u00f3n a<br \/>\nnuevas residencias es regla general, tanto para las aves di vuelo r\u00e1pido como para el caracol de<br \/>\nmarcha lenta. Luego, en cada extensi\u00f3n determinada de la superficie terrestre, se producen<br \/>\nconstantemente cambios f\u00edsicos, y el rasgo caracter\u00edstico de las nuevas variedades entre los<br \/>\nanimales en un inmenso n\u00famero de casos -quiz\u00e1 en la mayor\u00eda- no es de ning\u00fan modo la<br \/>\naparici\u00f3n de nuevas adaptaciones para arrebatar el alimento de la boca de sus cong\u00e9neres -el<br \/>\nalimento es s\u00f3lo una de las centenares de condiciones diversas de la existencia-, sino, como el<br \/>\nmismo Wallace demostr\u00f3 en un hermoso p\u00e1rrafo sobre la divergencia de las caracteres\u00bb<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n51<br \/>\n(Darwinism, p\u00e1gina 107), el principio de la nueva variedad puede ser la formaci\u00f3n de nuevas<br \/>\ncostumbres, la migraci\u00f3n a nuevos lugares de residencia y la transici\u00f3n a nuevas formas de<br \/>\nalimentos.<br \/>\nEn todos estos casos, no ocurrir\u00e1 ning\u00fan exterminio, hasta faltar\u00e1 \u00a1a lucha por el alimento,<br \/>\npuesto que la nueva adaptaci\u00f3n servir\u00e1 para suavizar la competencia, si la \u00faltima existiera<br \/>\nrealmente, y sin embargo, se producir\u00e1, transcurrido cierto tiempo, una ausencia de eslabones<br \/>\nintermedias como resultado de la simple supervivencia de aqu\u00e9llos que est\u00e1n mejor adaptados<br \/>\na las nuevas condiciones. Se realizar\u00e1 esto tambi\u00e9n, sin duda, como si ocurriera el exterminio<br \/>\nde las formas originales supuesto por la hip\u00f3tesis. Apenas es necesario agregar que, si<br \/>\nadmitimos junto con Spencer, junto con todos los lamarckianos y el mismo Darwin, la influencia<br \/>\nmodificadora del medio ambiente en las especies que viven en \u00e9l -y la ciencia contempor\u00e1nea<br \/>\nse mueve m\u00e1s y m\u00e1s en esta direcci\u00f3n-, entonces habr\u00e1 menos necesidad a\u00fan de la hip\u00f3tesis<br \/>\ndel exterminio de las formas intermedias.<br \/>\nLa importancia de las migraciones de los animales para la aparici\u00f3n y el afianzamiento de las<br \/>\nnuevas variedades, y, por \u00faltimo, de las nuevas especies, que se\u00f1al\u00f3 Moritz Wagner, ha sido<br \/>\nbien reconocida posteriormente por el mismo Darwin. En realidad, no es raro que parte de los<br \/>\nanimales de una especie determinada sean sometidos a nuevas condiciones de vida, y a veces<br \/>\nseparados de la parte restante de su especie, por lo cual aparece y se afianza una nueva raza o<br \/>\nvariedad. Esto fue reconocido ya por Darwin, pero las \u00faltimas investigaciones subrayaron a\u00fan<br \/>\nm\u00e1s la importancia de este factor, y mostraron tambi\u00e9n de qu\u00e9 modo la amplitud del territorio<br \/>\nocupado por esta determinada especie a esta amplitud Darwin, con fundamentos plenos,<br \/>\natribu\u00eda gran importancia para la aparici\u00f3n de nuevas variedades puede estar unida al<br \/>\naislamiento de cierta parte de una especie determinada, en virtud de los cambios geol\u00f3gicos<br \/>\nlocales o la aparici\u00f3n de obst\u00e1culos locales. Entrar aqu\u00ed a juzgar toda esta amplia cuesti\u00f3n ser\u00eda<br \/>\nimposible, pero bastar\u00e1n algunas observaciones para ilustrar la acci\u00f3n combinada de tales<br \/>\ninfluencias. Corro es sabido, no es raro que parte de una especie determinada recurra a un<br \/>\nnuevo g\u00e9nero de alimento. Por ejemplo, si se produce una escasez de pi\u00f1as en los bosques de<br \/>\nalerces, las ardillas se trasladan a los pinares, y este cambio de alimento, como se\u00f1al\u00f3 Poliakof,<br \/>\nproduce cambios fisiol\u00f3gicos determinados en el organismo de esas ardillas. Si este cambio de<br \/>\ncostumbres no se prolonga, si al a\u00f1o siguiente hay otra vez abundancia de pi\u00f1as en los<br \/>\nsombr\u00edos bosques de alerces, entonces, evidentemente, no se forma ninguna variedad nueva.<br \/>\nPero si parte de la inmensa extensi\u00f3n ocupada por las ardillas empieza a cambiar de car\u00e1cter<br \/>\nf\u00edsico, digamos debido a la suavizaci\u00f3n del clima, o a la desecaci\u00f3n, y estas dos causas<br \/>\nfacilitaran el aumento de la superficie de los pinares en desmedro de los bosques de alerces, y<br \/>\nsi algunas otras condiciones contribuyeran a hacer que parte de las ardillas se mantuvieran en<br \/>\nlos bordes de la regi\u00f3n, entonces aparecer\u00e1 una nueva variedad, es decir, una especie nueva<br \/>\nde ardillas. Pero la aparici\u00f3n de esta variedad no ir\u00e1 acompa\u00f1ada, decididamente, por nada que<br \/>\npudiese merecer el nombre, de exterminio entre ardillas. Cada a\u00f1o sobrevivir\u00e1 una proporci\u00f3n<br \/>\nalgo mayor, en comparaci\u00f3n con otras, de ardillas de esta variedad nueva y mejor adaptada, y<br \/>\nlos eslabones intermedios se extinguir\u00e1n en el transcurso del tiempo, de a\u00f1o en a\u00f1o, sin que<br \/>\nsus competidores malthusianos las condenen de ning\u00fan modo a muerte por hambre.<br \/>\nPrecisamente procesos semejantes se realizan ante nuestros ojos, debidos a los grandes<br \/>\ncambios f\u00edsicos que se producen en las vastas extensiones de Asia Central a consecuencia de<br \/>\nla desecaci\u00f3n que evidentemente se viene produciendo all\u00ed desde el per\u00edodo glacial.<br \/>\nTomemos otro ejemplo. Ha sido demostrado por los ge\u00f3logos que el actual caballo salvaje<br \/>\n(Equus Przewalski) es el resultado del lento proceso de evoluci\u00f3n que se realiz\u00f3 en el<br \/>\ntranscurso de las \u00faltimas partes del per\u00edodo terciario y de todo el cuaternario (el glacial y el<br \/>\nposglacial), y durante el transcurso de esta larga serie de siglos, los antecesores del caballo<br \/>\nactual no permanecieron en ninguna superficie determinada del globo terrestre. Por lo contrario,<br \/>\nerraron por el viejo y el nuevo mundo, y con toda probabilidad, por \u00faltimo, volvieron<br \/>\ncompletamente transformados en el curso de sus numerosas migraciones, a los mismos pastos<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n52<br \/>\nque dejaron en otros tiempos. De esto resulta claro que, si no encontramos ahora en Asia todos<br \/>\nlos eslabones intermedios entre el caballo salvaje actual y sus ascendientes asi\u00e1ticos<br \/>\nposterciarios, de ning\u00fan modo significa que los eslabones intermedios fueran exterminados.<br \/>\nSemejante exterminio jam\u00e1s ha ocurrido. Ni siquiera puede haber tan elevada mortandad entre<br \/>\nlas especies ancestrales del caballo actual: los individuos que pertenec\u00edan a las variedades y<br \/>\nespecies intermedias perecieron en las condiciones m\u00e1s comunes -a menudo aun en medio de<br \/>\nla abundancia de alimento- y sus restos se hallan dispersos ahora en el seno de la tierra por<br \/>\ntodo el globo terr\u00e1queo. Dicho m\u00e1s brevemente, si reflexionamos sobre esta materia y releemos<br \/>\natentamente lo que el mismo Darwin escribi\u00f3 sobre ella, veremos que si empleamos ya la<br \/>\npalabra \u00abexterminio\u00bb en relaci\u00f3n con las variedades transitorias, hay que utilizarla una vez m\u00e1s<br \/>\nen el sentido metaf\u00f3rico, figurado.<br \/>\nLo mismo es menester observar con respecto a expresiones tales como \u00abrivalidad\u00bb o<br \/>\n\u00abcompetencia\u00bb (competition). Estas dos expresiones fueron empleadas tambi\u00e9n constantemente<br \/>\npor Darwin (v\u00e9ase por ejemplo, el cap\u00edtulo \u00abSobre la extinci\u00f3n\u00bb) m\u00e1s bien como imagen o como<br \/>\nmedio de expresi\u00f3n, no d\u00e1ndole el significado de lucha real por los medios de subsistencia<br \/>\nentre las dos partes de una misma especie. En todo caso, la ausencia de las formas<br \/>\nintermedias no constituye un argumento en favor de la lucha recrudecida y de la competencia<br \/>\naguda por los medios de subsistencia -de la rivalidad, prolong\u00e1ndose ininterrumpidamente<br \/>\ndentro de cada especie animal- es, seg\u00fan la expresi\u00f3n del profesor Geddes, el \u00abargumento<br \/>\naritm\u00e9tico\u00bb tomado en pr\u00e9stamo a Malthus.<br \/>\nPero este argumento no prueba nada semejante. Con el mismo derecho podr\u00edamos tomar<br \/>\nalgunas aldeas del Sureste de Rusia, cuyos habitantes no han sufrido por la carencia de<br \/>\nalimento, pero que, al mismo tiempo, nunca tuvieron clase alguna de instalaciones sanitarias; y<br \/>\nhabiendo observado que en los \u00faltimos setenta u ochenta a\u00f1os la natalidad media alcanza en<br \/>\nellas al 60 por 1.000, y, sin embargo, la poblaci\u00f3n durante este tiempo no ha aumentado -tengo<br \/>\nen mis manos tales hechos concretos- podr\u00edamos quiz\u00e1 llegar a la conclusi\u00f3n de que un tercio<br \/>\nde los reci\u00e9n nacidos muere cada a\u00f1o sin haber llegado al sexto mes de vida; la mitad de los<br \/>\nni\u00f1os muere en el curso de los cuatro a\u00f1os siguientes, y de cada centenar de nacidos, s\u00f3lo 17<br \/>\nalcanzan la edad de veinte a\u00f1os. De tal modo los reci\u00e9n venidos al mundo se van de \u00e9l antes de<br \/>\nalcanzar la edad en que pudieran llegar a ser competidores. Es evidente, sin embargo, que si<br \/>\nalgo semejante ocurre en el medio humano, ello es m\u00e1s probable a\u00fan entre los animales. Y<br \/>\nrealmente, en el mundo de los plum\u00edferos se produce la destrucci\u00f3n de huevos en medida tan<br \/>\ncolosal que al principio del verano los huevos constituyen el alimento principal de algunas<br \/>\nespecies de animales. No hablo ya de las tormentas e inundaciones que destruyen por millones<br \/>\nlos nidos en Am\u00e9rica y en Asia, y de los cambios bruscos de tiempo por los cuales perecen en<br \/>\nmasa los individuos j\u00f3venes de los mam\u00edferos. Cada tormenta, cada inundaci\u00f3n, cada cambio<br \/>\nbrusco de temperatura, cada incursi\u00f3n de las ratas a los nidos de las aves, destruyen a aquellos<br \/>\ncompetidores que parecen tan terribles en el papel. En cuanto a los hechos de la multiplicaci\u00f3n<br \/>\nextremadamente r\u00e1pida de los caballos y del ganado corn\u00fapeta de Am\u00e9rica, y tambi\u00e9n de los<br \/>\ncerdos y de los conejos de Nueva Zelanda, desde que los europeos los introdujeron en esos<br \/>\npa\u00edses, y aun de los animales salvajes importados de Europa (donde su cantidad disminuye por<br \/>\nla acci\u00f3n del hombre y no por la de los competidores) es evidente que m\u00e1s bien contradicen la<br \/>\nteor\u00eda de la superpoblaci\u00f3n. Si los caballos y el ganado corn\u00fapeto pudieron multiplicarse en<br \/>\nAm\u00e9rica con tal velocidad, demuestra esto simplemente que, por numerosos que fueran los<br \/>\nbisontes y otros rumiantes en el Nuevo Mundo en aquellos tiempos, su poblaci\u00f3n herb\u00edvora, sin<br \/>\nembargo, estaba muy por debajo de la cantidad que hubiera podido alimentarse en las<br \/>\npraderas. Si millones de nuevos inmigrantes hallaron, no obstante, alimento suficiente sin<br \/>\nobligar a sufrir hambre a la poblaci\u00f3n anterior de las praderas, deber\u00edamos llegar m\u00e1s bien a la<br \/>\nconclusi\u00f3n de que los europeos hallaron en Am\u00e9rica una cantidad no excesiva, sino insuficiente<br \/>\nde herb\u00edvoros, a pesar de la cantidad incre\u00edblemente enorme de bisontes o de palomas<br \/>\nsilvestres que fue encontrada por los primeros exploradores de Am\u00e9rica del Norte.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n53<br \/>\nAdem\u00e1s, me permito decir que existen bases serias para pensar que tal escasez de poblaci\u00f3n<br \/>\nanimal constituye la situaci\u00f3n natural de las cosas sobre la superficie de todo el globo terrestre,<br \/>\ncon pocas excepciones, que son temporales, a esta regla general. En realidad, la cantidad de<br \/>\nanimales existentes en una extensi\u00f3n determinada de la tierra de ning\u00fan modo se determina por<br \/>\nla capacidad m\u00e1xima de abastecimiento de este espacio, sino por lo que ofrece cada a\u00f1o en las<br \/>\ncondiciones menos favorables. Lo importante no es saber cu\u00e1ntos millones de b\u00fafalos, cabras,<br \/>\nciervos, etc., pueden alimentarse en un territorio determinado durante un verano exuberante y<br \/>\nde lluvias moderadas, sino cu\u00e1ntos sobrevivir\u00e1n si se produce uno de esos veranos secos en<br \/>\nque toda la hierba se quema, o un verano h\u00famedo en que territorios semejantes a la. Europa<br \/>\ncentral se convierten en pantanos continuos, como he visto en la, meseta de Vitimsk- o cuando<br \/>\nlas praderas y los bosques se incendian en miles de verstas cuadradas, como hemos visto en<br \/>\nSiberia y en Canad\u00e1.<br \/>\nHe aqu\u00ed por qu\u00e9, debido a esta sola cansa, la competencia, la lucha por el alimento, dif\u00edcilmente<br \/>\npuede ser condici\u00f3n normal de la vida. Pero, aparte de esto, otras causas hay que a su vez<br \/>\nrebajan a\u00fan m\u00e1s este nivel no tan alto de poblaci\u00f3n. Si tomamos los caballos (y tambi\u00e9n el<br \/>\nganado corn\u00fapeta) que pasan todo el invierno pastando en las estepas de la Transbaikalia,<br \/>\nencontramos, al finalizar el invierno, a todos ellos mira, enflaquecidos y exhaustos. Este<br \/>\nagotamiento, por otra parte, no es resultado de la carencia de alimento, puesto que debajo de la<br \/>\ndelgada capa de nieve, por doquier, hay pasto en abundancia: su causa reside el, la dificultad<br \/>\nde extraer el pasto que est\u00e1 debajo de la nieve, y esta dificultad es la misma para todos los<br \/>\ncaballos. Adem\u00e1s, a principios de la primavera suele haber escarcha, y si se prolonga \u00e9sta<br \/>\nalgunos d\u00edas sucesivos los caballos son v\u00edctimas de una extenuaci\u00f3n a\u00fan mayor. Pero<br \/>\nfrecuentemente, a continuaci\u00f3n sobrevienen las nevascas, las tormentas de nieve, y entonces<br \/>\nlos animales, ya debilitados, suelen verse obligados a permanecer algunos d\u00edas completamente<br \/>\nprivados de alimento, y por ello caen cantidades muy grandes. Las p\u00e9rdidas durante la<br \/>\nprimavera suelen ser tan elevadas, que si \u00e9sta se ha distinguido por una extrema crudeza no<br \/>\npueden ser reparadas ni a\u00fan por el nuevo aumento, tanto m\u00e1s cuanto que todos los caballos<br \/>\nsuelen estar agotados y los potrillos nacen d\u00e9biles. La cantidad de caballos y de ganado<br \/>\ncorn\u00fapeto siempre se mantiene, de tal modo, considerablemente inferior al nivel en que podr\u00edan<br \/>\nmantenerse si no existiera esta causa especial: la primavera fr\u00eda y tormentosa. Durante todo el<br \/>\na\u00f1o hay alimento en abundancia: alcanzar\u00eda para una cantidad de animales cinco o diez veces<br \/>\nmayor de la que existe In realidad; y sin embargo, la poblaci\u00f3n animal de las estepas crece<br \/>\nforma extremadamente lenta, pero apenas los buriatos, amos del gana y de los reba\u00f1os de<br \/>\ncaballos, comienzan a hacer aun la m\u00e1s insignificante provisi\u00f3n de heno en las estepas, y les<br \/>\npermiten el acceso durante la escarcha o las nieves profundas, inmediatamente se observar\u00e1 el<br \/>\naumento de sus reba\u00f1os.<br \/>\nEn las mismas condiciones se encuentran casi todos los animales herb\u00edvoros que viven en<br \/>\nlibertad, y muchos roedores de Asia y Am\u00e9rica; por eso podemos afirmar con seguridad que su<br \/>\nn\u00famero no se reduce por obra de la rivalidad y de la lucha mutua; que en ninguna \u00e9poca tienen<br \/>\nque, luchar por alimentos: y que si nunca se reproducen hasta llegar al grado de<br \/>\nsuperpoblaci\u00f3n, la raz\u00f3n reside en el clima, y no en la lucha mutua por el alimento.<br \/>\nLa importancia en la naturaleza de los obst\u00e1culos naturales a la reproducci\u00f3n excesiva: y en<br \/>\nespecial su relaci\u00f3n con la hip\u00f3tesis de la Competencia, aparentemente nunca fue tomada<br \/>\ntodav\u00eda en consideraci\u00f3n en la medida debida. Estos obst\u00e1culos, o, m\u00e1s exactamente, algunos<br \/>\nde ellos se citan de paso, pero, hasta ahora, no se ha examinado en detalle su acci\u00f3n. Sin<br \/>\nembargo, si se compara la acci\u00f3n real de las causas naturales sobre la vida de las especies<br \/>\nanimales, con la acci\u00f3n posible de la rivalidad dentro de las especies, debemos reconocer en<br \/>\nseguida que la \u00faltima no soporta ninguna comparaci\u00f3n con la anterior. As\u00ed, por ejemplo, Bates<br \/>\nmenciona la cantidad sencillamente inimaginable de hormigas aladas que perecen cuando<br \/>\nenjambran. Los cuerpos muertos o semimuertos de la hormiga de fuego (Myrmica saevissima),<br \/>\narrastrados al r\u00edo durante una tormenta, \u00abpresentaban una l\u00ednea de una pulgada o dos de alto y<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n54<br \/>\nde la misma anchura, y la l\u00ednea se extend\u00eda sin interrupci\u00f3n en la extensi\u00f3n de algunas millas, al<br \/>\nborde del agua\u00bb. Mir\u00edadas de hormigas suelen ser destruidas de tal modo, en medio de una<br \/>\nnaturaleza que podr\u00eda alimentar mil veces m\u00e1s hormigas de las que viv\u00edan entonces en este<br \/>\nlugar.<br \/>\nEl Dr. Altum, forestal alem\u00e1n que escribi\u00f3 un libro muy instructivo los animales da\u00f1inos a<br \/>\nnuestros bosques, aporta tambi\u00e9n muchos hechos que demuestran la gran importancia de los<br \/>\nobst\u00e1culos naturales a la multiplicaci\u00f3n excesiva. Dice que una sucesi\u00f3n de tormentas o el<br \/>\ntiempo fr\u00edo y neblinoso durante la enjumbraz\u00f3n de la polilla de pino (Bombyx Pini), la destruye<br \/>\nen cantidades inveros\u00edmiles, y en la primavera del a\u00f1o 1871 todas estas polillas desaparecieron<br \/>\nde golpe, probablemente destruidas por una sucesi\u00f3n de noches fr\u00edas. Se podr\u00edan citar<br \/>\nejemplos semejantes, relativos a los insectos de diferentes partes de Europa. El Dr. Altum<br \/>\ntambi\u00e9n menciona las aves que devoran a las y la enorme cantidad de huevos de este insecto<br \/>\ndestruidos por los zorros; pero agrega que los hongos par\u00e1sitos que la atacan peri\u00f3dicamente<br \/>\nson enemigos de la polilla considerablemente m\u00e1s terribles que cualquier ave, puesto que<br \/>\ndestruyen a la polilla de golpe, en una extensi\u00f3n enorme. En cuanto a las diferentes especies<br \/>\nde ratones (Mus sylvaticus, Arvicola orvalis, y Aeagretis) Altum, exponiendo una larga lista de<br \/>\nsus enemigos, observa: \u00abSin embargo, los enemigos m\u00e1s terribles de los ratones no son los<br \/>\notros animales, sino los cambios bruscos de tiempo que se producen casi todos los a\u00f1os\u00bb. Si<br \/>\nlas heladas y el tiempo templado se alternan, destruyen a los ratones en cantidades<br \/>\ninnumerables; \u00abun solo cambio brusco de tiempo puede dejar, de muchos miles de ratones,<br \/>\nnada m\u00e1s que algunos individuos vivos\u00bb. Por otra parte, un invierno templado, o un invierno que<br \/>\navanza paulatinamente, les da la posibilidad de multiplicarse en proporciones amenazantes, a<br \/>\npesar de cualesquiera enemigos; as\u00ed fue en los a\u00f1os 1876 y 1877. La rivalidad es, de tal modo,<br \/>\ncon respecto a los ratones, un factor completamente insignificante en comparaci\u00f3n con el<br \/>\ntiempo. Hechos del mismo g\u00e9nero son citados por el mismo autor tambi\u00e9n con respecto a las<br \/>\nardillas.<br \/>\nEn cuanto a las aves, todos sabemos bien c\u00f3mo sufren por los cambios bruscos de tiempo. Las<br \/>\nnevascas a fines de la primavera son tan ruinosas para las aves en los pantanos de Inglaterra<br \/>\ncomo en la Siberia y Ch. Dixon tuvo ocasi\u00f3n de ver a las gelinotas reducidas por el fr\u00edo de<br \/>\ninviernos excepcionalmente crudos, a tal extremo, que abandonaban lugares salvajes en<br \/>\ngrandes cantidades \u00aby conocemos casos en que eran cogidas en las calles de Sheffield\u00bb. El<br \/>\ntiempo h\u00famedo y prolongado -agrega- es tambi\u00e9n casi desastroso para ellas\u00bb.<br \/>\nPor otra parte, las enfermedades contagiosas que afectan de tiempo en tiempo a la mayor\u00eda de<br \/>\nlas especies animales, las destruyen en tal cantidad que a menudo las p\u00e9rdidas no pueden ser<br \/>\nrepuestas durante muchos a\u00f1os, ni aun entre los animales que se multiplican m\u00e1s r\u00e1pidamente.<br \/>\nAs\u00ed por ejemplo, all\u00e1 por el a\u00f1o 40, los susliki s\u00fabitamente desaparecieron de los alrededores<br \/>\nde Sarepta, en la Rusia suroriental, debido a cierta epidemia, y durante muchos a\u00f1os no fue<br \/>\nposible encontrar en estos lugares ni un susliki. Pasaron muchos a\u00f1os antes de que se<br \/>\nmultiplicaran como anteriormente.<br \/>\nSe podr\u00eda agregar en cantidad hechos semejantes, cada uno de los cuales disminuye la<br \/>\nimportancia atribuida a la competencia y a la lucha dentro de la especies. Naturalmente, se<br \/>\npodr\u00eda contestar con las palabras de Darwin, de que, sin embargo, cada ser org\u00e1nico, \u00aben<br \/>\ncualquier periodo de su vida, en el transcurso de cualquier estaci\u00f3n del a\u00f1o, en cada<br \/>\ngeneraci\u00f3n, o de tiempo en tiempo, debe luchar por la existencia y sufrir una gran destrucci\u00f3n\u00bb,<br \/>\ny de que s\u00f3lo los m\u00e1s aptos sobrevivan a tales per\u00edodos de dura lucha por la existencia. Pero si<br \/>\nla evoluci\u00f3n del mundo animal estuviera basada exclusivamente, o aun preferentemente en la<br \/>\nsupervivencia de los m\u00e1s aptos en per\u00edodos de calamidades, si la selecci\u00f3n natural estuviera<br \/>\nlimitada en su acci\u00f3n a los per\u00edodos de sequ\u00eda excepcional, o cambios bruscos de temperatura<br \/>\no inundaciones, entonces la regla general en el mundo animal seria la regresi\u00f3n, y no el<br \/>\nprogreso.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n55<br \/>\nAquellos que sobreviven al hambre, o a una epidemia severa de c\u00f3lera, viruela o difteria, que<br \/>\ndiezman en tales medidas como las que se observan en pa\u00edses incivilizados, de ninguna<br \/>\nmanera son ni m\u00e1s fuertes, ni m\u00e1s sanos ni m\u00e1s inteligentes. Ning\u00fan progreso podr\u00eda basarse<br \/>\nsobre semejantes supervivencias, tanto m\u00e1s cuanto que todos los que han sobrevivido<br \/>\nordinariamente salen de la experiencia con la salud quebrantada, como los caballos de<br \/>\nTransbaikalia que hemos mencionado antes, o las tripulaciones de los barcos \u00e1rticos, o las<br \/>\nguarniciones de las fronteras obligadas a vivir durante algunos meses a media raci\u00f3n y que, al<br \/>\nlevantarse el sitio, salen con la salud destrozada y con una mortalidad completamente anormal<br \/>\ncomo consecuencia. Todo lo que la selecci\u00f3n natural puede hacer en los per\u00edodos de calamidad<br \/>\nse reduce a la conservaci\u00f3n de los individuos dotados de una mayor resistencia para soportar<br \/>\ntoda clase de privaciones. Tal es el papel de la selecci\u00f3n natural entre los caballos siberianos y<br \/>\nel ganado corn\u00fapeto. Realmente se distinguen por su resistencia; pueden alimentarse, en caso<br \/>\nde necesidad, con abedul polar, pueden hacer frente al fr\u00edo y al hambre, pero, en cambio, el<br \/>\ncaballo siberiano s\u00f3lo puede llevar la mitad de la carga que lleva el caballo europeo sin<br \/>\nesfuerzo; ninguna vaca siberiana da la mitad de la cantidad de leche que da la vaca Jersey, y<br \/>\nning\u00fan ind\u00edgena de los pa\u00edses salvajes soporta la comparaci\u00f3n con los europeos. Esos<br \/>\nind\u00edgenas pueden resistir m\u00e1s f\u00e1cilmente el hambre y el fr\u00edo, pero sus fuerzas f\u00edsicas son<br \/>\nconsiderablemente inferiores a las fuerzas del europeo que se alimenta bien, y su progreso<br \/>\nintelectual se produce con una lentitud desesperante. \u00abLo malo no puede engendrar lo bueno\u00bb,<br \/>\ncomo escribi\u00f3 Chemishevsky en un ensayo notable consagrado al darwinismo.<br \/>\nPor fortuna, la competencia no constituye regla general ni para el mundo animal ni para la<br \/>\nhumanidad. Se limita, entre los animales, a per\u00edodos determinados, y la selecci\u00f3n natural<br \/>\nencuentra mejor terreno para su actividad. Mejores condiciones para la selecci\u00f3n progresiva<br \/>\nson creadas por medio de la eliminaci\u00f3n de la competencia, por medio de la ayuda mutua y del<br \/>\napoyo mutuo. En la gran lucha por la existencia -por la mayor plenitud e intensidad de vida<br \/>\nposible con el m\u00ednimo de desgaste innecesario de energ\u00eda- la selecci\u00f3n natural busca<br \/>\ncontinuamente medios, precisamente con el fin de evitar la competencia en cuanto sea posible.<br \/>\nLas hormigas se unen en nidos y tribus; hacen provisiones, cr\u00edan \u00abvacas\u00bb para sus necesidades,<br \/>\ny de tal modo evitan la competencia; y la selecci\u00f3n natural escoge de todas las hormigas<br \/>\naquellas especies que mejor saben evitar la competencia intestina, con sus consecuencias<br \/>\nperniciosas inevitables. La mayor\u00eda de nuestras aves se trasladan lentamente al Sur, a medida<br \/>\nque avanza el invierno, o se re\u00fanen en sociedades innumerables y emprenden viajes largos, y<br \/>\nde tal modo evitan la competencia. Muchos roedores se entregan al sue\u00f1o invernal cuando<br \/>\nllega la \u00e9poca de la posible competencia, otras razas de roedores se proveen de alimento para<br \/>\nel invierno y viven en com\u00fan en grandes poblaciones a fin de obtener la protecci\u00f3n necesaria<br \/>\ndurante el trabajo. Los ciervos, cuando los l\u00edquenes se secan en el interior del continente<br \/>\nemigran en direcci\u00f3n del mar. Los b\u00fafalos atraviesan continentes inmensos en busca de<br \/>\nalimento abundante. Y las colonias de castores, cuando se reproducen demasiado en un r\u00edo, se<br \/>\ndividen en dos partes: los viejos descienden el r\u00edo, y los j\u00f3venes lo remontan, para evitar la<br \/>\ncompetencia. Y si, por \u00faltimo, los animales no pueden entregarse al sue\u00f1o invernal ni emigrar,<br \/>\nni hacer provisiones de alimentos, ni cultivar ellos mismos el alimento necesario como hacen las<br \/>\nhormigas, entonces se portan como los paros (v\u00e9ase la hermosa descripci\u00f3n de Wallace en<br \/>\nDarwinism; cap. V); a saber: recurren a una nueva clase de alimento, y, de tal modo, una vez<br \/>\nm\u00e1s, evitan incompetencias.<br \/>\n\u00abEvitad la competencia. Siempre es da\u00f1ina para la especie, y vosotros ten\u00e9is abundancia de<br \/>\nmedios para evitarla\u00bb. Tal es la tendencia de la naturaleza, no siempre realizable por ella, pero<br \/>\nsiempre inherente a ella. Tal es la consigna que llega hasta nosotros desde los matorrales,<br \/>\nbosques, r\u00edos y oc\u00e9anos. \u00abPor consiguiente: \u00a1Un\u00edos! \u00a1Practicad la ayuda mutua! Es el medio<br \/>\nm\u00e1s justo para garantizar la seguridad m\u00e1xima tanto para cada uno en particular como para<br \/>\ntodos en general; es la mejor garant\u00eda para la existencia y el progreso f\u00edsico, intelectual y<br \/>\nmoral\u00bb.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n56<br \/>\nHe aqu\u00ed lo que nos ense\u00f1a la naturaleza; y esta voz suya la escucharon todos los animales que<br \/>\nalcanzaron la m\u00e1s elevada posici\u00f3n en sus clases respectivas. A esta misma orden de la<br \/>\nnaturaleza obedeci\u00f3 el hombre -el m\u00e1s primitivo- y s\u00f3lo debido a ello alcanz\u00f3 la posici\u00f3n que<br \/>\nocupa ahora. Los cap\u00edtulos siguientes, consagrados a la ayuda mutua en las sociedades<br \/>\nhumanas, convencer\u00e1n al lector de la verdad de esto.<br \/>\nCAP\u00cdTULO III<br \/>\nLA AYUDA MUTUA ENTRE LOS SALVAJES<br \/>\nHemos considerado r\u00e1pidamente, en los dos cap\u00edtulos precedentes, el enorme papel de la<br \/>\nayuda mutua y del apoyo mutuo en el desarrollo progresivo del mundo animal. Ahora tenemos<br \/>\nque echar una mirada al papel que los mismos fen\u00f3menos desempe\u00f1aron en la evoluci\u00f3n de la<br \/>\nhumanidad. Hemos visto cu\u00e1n insignificante es el n\u00famero de especies animales que llevan una<br \/>\nvida solitaria, y, por lo contrario, cu\u00e1n innumerables la cantidad de especies que viven en<br \/>\nsociedades, uni\u00e9ndose con fines de defensa mutua, o bien para cazar y acumular dep\u00f3sitos de<br \/>\nalimentos, para criar la descendencia o, simplemente, para el disfrute de la vida en com\u00fan.<br \/>\nHemos visto, tambi\u00e9n, que aunque la lucha que se libra entre las diferentes clases de animales,<br \/>\ndiferentes especies, aun entre los diferentes grupos de la misma especie, no es poca, sin<br \/>\nembargo, hablando en general, dentro del grupo y de la especie reinan la paz y el apoyo mutuo;<br \/>\ny aquellas especies que poseen mayor inteligencia para unirse y evitar la competencia y la<br \/>\nlucha, tienen tambi\u00e9n mejores oportunidades para sobrevivir y alcanzar el m\u00e1ximo desarrollo<br \/>\nprogresivo. Tales especies florecen mientras que las especies que desconocen la sociabilidad<br \/>\nvan a la decadencia.<br \/>\nEvidente es que el hombre seria la contradicci\u00f3n de todo lo que sabemos de la naturaleza si<br \/>\nfuera la excepci\u00f3n a esta regla general: si un ser tan indefenso como el hombre en la aurora de<br \/>\nsu existencia hubiera hallado protecci\u00f3n y un camino de progreso, no en la ayuda mutua, como<br \/>\nen los otros animales, sino en la lucha irrazonada por ventajas personales, sin prestar atenci\u00f3n<br \/>\na los intereses de todas las especies. Para toda inteligencia identificada con la idea de la unidad<br \/>\nde la naturaleza, tal suposici\u00f3n parecer\u00e1 completamente inadmisible. Y sin embargo, a pesar de<br \/>\nsu inverosimilitud y su falta de l\u00f3gica, ha encontrado siempre partidarios. Siempre hubo<br \/>\nescritores que han mirado a la humanidad como pesimistas. Conoc\u00edan al hombre, m\u00e1s o menos<br \/>\nsuperficialmente, seg\u00fan su propia experiencia personal limitada: en la historia se limitaban al<br \/>\nconocimiento de lo que nos contaban los cronistas que siempre han prestado atenci\u00f3n<br \/>\nprincipalmente a las guerras, a las crueldades, a la opresi\u00f3n; y estos pesimistas llegaron a la<br \/>\nconclusi\u00f3n de que la humanidad no constituye otra cosa que una sociedad de seres d\u00e9bilmente<br \/>\nunidos y siempre dispuestos a pelearse entre s\u00ed, y que s\u00f3lo la intervenci\u00f3n de alguna autoridad<br \/>\nimpide el estallido de una contienda general.<br \/>\nHobbes, fil\u00f3sofo ingl\u00e9s del siglo XVII, el primero despu\u00e9s de Bacon que se decidi\u00f3 a explicar<br \/>\nque las concepciones morales del hombre no hab\u00edan nacido de las sugestiones religiosas, se<br \/>\ncoloc\u00f3, como es sabido, precisamente en tal punto de vista. Los hombres primitivos, seg\u00fan su<br \/>\nopini\u00f3n, viv\u00edan en una eterna guerra intestina, hasta que aparecieron entre ellos los<br \/>\nlegisladores, sabios y poderosos que asentaron el principio de la convivencia pac\u00edfica.<br \/>\nEn el siglo XVIII, naturalmente, hab\u00eda pensadores que trataron de demostrar que en ning\u00fan<br \/>\nmomento de su existencia -ni siquiera en el per\u00edodo m\u00e1s primitivo- vivi\u00f3 la humanidad en estado<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n57<br \/>\nde guerra ininterrumpida, que el hombre era un ser social a\u00fan en \u00abestado natural\u00bb y que m\u00e1s<br \/>\nbien la falta de conocimientos que las malas inclinaciones naturales llevaron a la humanidad a<br \/>\ntodos los horrores que caracterizaron su vida hist\u00f3rica pasada. Pero, los numerosos<br \/>\ncontinuadores de Hobbes prosiguieron, sin embargo, sosteniendo que el llamado \u00abestado<br \/>\nnatural\u00bb no era otra cosa que una lucha continua entre los hombres agrupados casualmente por<br \/>\nlas inclinaciones de su naturaleza de bestia.<br \/>\nNaturalmente, desde la \u00e9poca de Hobbes la ciencia ha hecho progresos y nosotros pisamos<br \/>\nahora un terreno m\u00e1s seguro que el que pisaba \u00e9l, o el que pisaban en la \u00e9poca de Rousseau.<br \/>\nPero la filosof\u00eda de Hobbes a\u00fan ahora tiene bastantes adoradores, y en los \u00faltimos tiempos se<br \/>\nha formado toda una escuela de escritores que, armados, no tanto de las ideas de Darwin como<br \/>\nde su terminolog\u00eda, se han aprovechado de esta \u00faltima para predicar en favor de las opiniones<br \/>\nde Hobbes sobre el hombre primitivo; y consiguieron hasta dar a esta pr\u00e9dica un cierto aire de<br \/>\napariencia cient\u00edfica. Huxley, como es sabido, encabezaba esta escuela, y en su conferencia,<br \/>\nle\u00edda en el a\u00f1o 1888, present\u00f3 a los hombres primitivos como algo a modo de tigres o leones,<br \/>\ndesprovistos, de toda clase de concepciones sociales, que no se deten\u00edan ante nada en la<br \/>\nlucha por la existencia, y cuya vida entera transcurr\u00eda en una -\u00abpendencia continua\u00bb. \u00abM\u00e1s all\u00e1<br \/>\nde los l\u00edmites familiares org\u00e1nicos y temporales, la guerra hobbesiana de cada uno contra todos<br \/>\nera -dice- el estado normal de su existencia\u00bb.<br \/>\nHa sido observado m\u00e1s de una vez que el error principal de Hobbes, y en general de los<br \/>\nfil\u00f3sofos del siglo XVIII, consist\u00eda en que se representaban el g\u00e9nero humano primitivo en forma<br \/>\nde peque\u00f1as familias n\u00f3madas, a semejanza de las familias -limitadas y temporales\u00bb de los<br \/>\nanimales carn\u00edvoros algo m\u00e1s grandes. Sin embargo, se ha establecido ahora positivamente<br \/>\nque semejante hip\u00f3tesis es por completo incorrecta. Naturalmente, no tenemos hechos directos<br \/>\nque testimonien el modo de vida de los primeros seres antropoides. Ni siquiera la \u00e9poca de la<br \/>\nprimera aparici\u00f3n de tales seres est\u00e1 a\u00fan establecida con precisi\u00f3n, puesto que los ge\u00f3logos<br \/>\ncontempor\u00e1neos est\u00e1n inclinados a ver sus huellas ya en los dep\u00f3sitos plic\u00e9nicos y hasta en los<br \/>\nmioc\u00e9nicos del per\u00edodo terciario. Pero tenemos a nuestra disposici\u00f3n el m\u00e9todo indirecto, que<br \/>\nnos da la posibilidad de iluminar hasta cierto grado aun ese per\u00edodo lejano. Efectivamente,<br \/>\ndurante los \u00faltimos cuarenta a\u00f1os se han hecho investigaciones muy cuidadosas de las<br \/>\ninstituciones humanas de las razas m\u00e1s inferiores, y estas investigaciones revelaron, en las<br \/>\ninstituciones actuales de los pueblos primitivos, las huellas de instituciones m\u00e1s antiguas, hace<br \/>\nmucho desaparecidas, pero que, sin embargo, dejaron signos indudables de su existencia.<br \/>\nPoco a poco, una ciencia entera, la etnolog\u00eda, consagrada al desarrollo de las instituciones<br \/>\nhumanas, fue creada por los trabajos de Bachofen, Mac Lennan, Morgan, Edward B. Tylor,<br \/>\nMaine, Post, Kovalevsky y muchos otros. Y esta ciencia ha establecido ahora, fuera de toda<br \/>\nduda, que la humanidad no comenz\u00f3 su vida en forma de peque\u00f1as familias solitarias.<br \/>\nLa familia no s\u00f3lo no fue la forma primitiva de organizaci\u00f3n, sino que, por lo contrario, es un<br \/>\nproducto muy tard\u00edo de la evoluci\u00f3n de la humanidad. Por m\u00e1s lejos que nos remontemos en la<br \/>\nprofundidad de la historia m\u00e1s remota del hombre, encontramos por doquier que los hombres<br \/>\nviv\u00edan ya en sociedades, en grupos, semejantes a los reba\u00f1os de los mam\u00edferos superiores.<br \/>\nFue necesario un desarrollo muy lento y prolongado para llevar estas sociedades hasta la<br \/>\norganizaci\u00f3n del grupo (o clan), que a su vez debi\u00f3 sufrir otro proceso de desarrollo tambi\u00e9n<br \/>\nmuy prolongado, antes de que pudieran aparecer los primeros g\u00e9rmenes de la familia, pol\u00edgama<br \/>\no mon\u00f3gama.<br \/>\nSociedades, bandas, clanes, tribus -y no la familia- fueron de tal modo la forma primitiva de<br \/>\norganizaci\u00f3n de la humanidad y sus antecesores m\u00e1s antiguos. A tal conclusi\u00f3n lleg\u00f3 la<br \/>\netnolog\u00eda, despu\u00e9s de investigaciones cuidadosas, minuciosas. En suma, esta conclusi\u00f3n<br \/>\npodr\u00edan haberla predicho los zo\u00f3logos, puesto que ninguno de los mam\u00edferos superiores, con<br \/>\nexcepci\u00f3n de bastantes pocos carn\u00edvoros y algunas especies de monos que indudablemente se<br \/>\nextinguen (orangutanes y gorilas), viven en peque\u00f1as familias, errando solitarias por los<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n58<br \/>\nbosques. Todos los otros viven en sociedades y Darwin comprendi\u00f3 tambi\u00e9n que los monos que<br \/>\nviven aislados nunca podr\u00edan haberse desarrollado en seres antropoides, y estaba inclinado a<br \/>\nconsiderar al hombre como descendiente de alguna especie de mono, comparativamente d\u00e9bil,<br \/>\npero indefectiblemente social, como el chimpanc\u00e9, y no de una especie m\u00e1s fuerte, pero<br \/>\ninsociable, como el gorila. La zoolog\u00eda y la paleontolog\u00eda (ciencia del hombre m\u00e1s antiguo)<br \/>\nllegan, de tal modo, a la misma conclusi\u00f3n: la forma m\u00e1s antigua de la vida social fue el grupo,<br \/>\nel clan y no la familia. Las primeras sociedades humanas simplemente fueron un desarrollo<br \/>\nmayor de aquellas sociedades que constituyen la esencia misma de la vida de los animales<br \/>\nsuperiores.<br \/>\nSi pasamos ahora a los datos positivos, veremos que las huellas m\u00e1s antiguas del hombre, que<br \/>\ndatan del per\u00edodo glacial o posglacial m\u00e1s remoto, presentan pruebas indudables de que el<br \/>\nhombre viv\u00eda ya entonces en sociedades. Muy raramente suele encontrarse un instrumento de<br \/>\npiedra aislado, aun en la edad de piedra m\u00e1s antigua; por el contrario, donde quiera que se ha<br \/>\nencontrado uno o dos instrumentos de piedra, pronto se encontraron all\u00ed otros, casi siempre en<br \/>\ncantidades muy grandes. En aquellos tiempos en que los hombres viv\u00edan todav\u00eda en cavernas o<br \/>\nen las hendiduras de las rocas, como en Hastings, o solamente se refugiaban bajo las rocas<br \/>\nsalientes, junto con mam\u00edferos desde entonces desaparecidos, y apenas sab\u00edan fabricar hachas<br \/>\nde piedra de la forma m\u00e1s tosca, ya conoc\u00edan las ventajas de la vida en sociedad. En Francia,<br \/>\nen los valles de los afluentes del Dordogne, toda la superficie de las rocas est\u00e1 cubierta, de<br \/>\ntanto en tanto, de cavernas que serv\u00edan de refugio al hombre paleol\u00edtico, es decir, al hombre de<br \/>\nla edad de piedra antigua. A veces las viviendas de las cavernas est\u00e1n dispuestas en pisos, y,<br \/>\nsin duda, recuerdan m\u00e1s los nidos de una colonia de golondrinas que la madriguera de<br \/>\nanimales de presa. En cuanto a los instrumentos de s\u00edlice hallados en estas cavernas, seg\u00fan la<br \/>\nexpresi\u00f3n de Lubbock, \u00absin exageraci\u00f3n puede decirse que son innumerables\u00bb. Lo mismo es<br \/>\nverdad con respecto a todas las otras estaciones paleol\u00edticas. A juzgar por las exploraciones de<br \/>\nLartet, los habitantes de la regi\u00f3n de Aurignac, en el sur de Francia, organizaban festines<br \/>\ntribales en los entierros de sus muertos. De tal modo, los hombre viv\u00edan en sociedades, y en<br \/>\nellas aparecieron los g\u00e9rmenes del rito religioso tribal, ya en aquella \u00e9poca muy lejana, en la<br \/>\naurora de la aparici\u00f3n de los primeros antropoides.<br \/>\nLo mismo se confirma, con mayor abundancia a\u00fan de pruebas respecto al periodo neol\u00edtico,<br \/>\nm\u00e1s reciente, de la edad de piedra. Las huellas del hombre se encuentran aqu\u00ed en enormes<br \/>\ncantidades, de modo que por ellas se pudo reconstituir en grado considerable toda su manera<br \/>\nde vivir. Cuando la capa de hielo (que en nuestro hemisferio deb\u00eda extenderse de las regiones<br \/>\npolares hasta el centro de Francia, Alemania y Rusia, y cubr\u00eda el Canad\u00e1 y tambi\u00e9n una parte<br \/>\nconsiderable del territorio ocupado ahora por los Estados Unidos), comenz\u00f3 a derretirse, las<br \/>\nsuperficies libradas del hielo se cubrieron primero de ci\u00e9nagas y pantanos, y luego de<br \/>\ninnumerables lagos.<br \/>\nEn aquella \u00e9poca los lagos, evidentemente, llenaban las depresiones y los ensanchamientos de<br \/>\nlos valles antes de que las aguas cavaran los cauces permanentes, que en la \u00e9poca siguiente<br \/>\nse convirtieron en nuestros r\u00edos. Y dondequiera nos dirijamos ahora, a Europa, Asia o Am\u00e9rica,<br \/>\nencontramos que las orillas de los innumerables lagos de este periodo -que con justicia<br \/>\ndeber\u00edase llamar per\u00edodo lacustre-, est\u00e1n cubiertas de huellas del hombre neol\u00edtico. Estas<br \/>\nhuellas son tan numerosas que s\u00f3lo podemos asombrarnos de la densidad de la poblaci\u00f3n en<br \/>\naquella \u00e9poca. En las terrazas que ahora marcan las orillas de los antiguos lagos, las<br \/>\n\u00abestaciones\u00bb del hombre neol\u00edtico se siguen de cerca, y en cada una de ellas se encuentran<br \/>\ninstrumentos de piedra en tales cantidades que no queda ni la menor duda de que durante un<br \/>\ntiempo muy largo estos lugares fueron habitados por tribus de hombres bastante numerosas&#8217;<br \/>\nTalleres enteros de instrumentos de s\u00edlice que, a su vez, atestiguan la cantidad de trabajadores<br \/>\nque se reun\u00edan en un lugar, fueron descubiertos por los arque\u00f3logos.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n59<br \/>\nHallamos los rastros de un per\u00edodo m\u00e1s avanzado, caracterizado ya por el uso de productos de<br \/>\nalfarer\u00eda, en los llamados \u00abdesechos culinarios\u00bb de Dinamarca. Como es sabido, estos<br \/>\nmontones de conchas, de 5 a 10 pies de espesor, de 100 a 200 pies de anchura y 1.000 y m\u00e1s<br \/>\npies de longitud, est\u00e1n tan extendidos en algunos lugares del litoral mar\u00edtimo de Dinamarca que<br \/>\ndurante mucho tiempo fueron considerados como formaciones naturales. Y, sin embargo, se<br \/>\ncomponen \u00abexclusivamente de los materiales que fueron usados de un modo u otro por el<br \/>\nhombre\u00bb, y est\u00e1n de tal modo repletos de productos del trabajo humano, que Lubbock, durante<br \/>\nuna estancia de s\u00f3lo dos d\u00edas en Milgaard, hall\u00f3 191 piezas de instrumentos de piedra y cuatro<br \/>\nfragmentos de productos de alfarer\u00eda. Las medidas mismas y la extensi\u00f3n de estos montones<br \/>\nde restos culinarios prueban que, durante muchas y muchas generaciones, en las orillas de<br \/>\nDinamarca se asentaron centenares de peque\u00f1as tribus o clanes que sin ninguna duda viv\u00edan<br \/>\ntan pac\u00edficamente entre s\u00ed como viven ahora los habitantes de Tierra del Fuego, quienes<br \/>\ntambi\u00e9n acumulan ahora semejantes montones de conchas y toda clase de desechos.<br \/>\nEn cuanto a las construcciones lacuestres de Suiza, que representan un grado muy avanzado<br \/>\nen el camino de la civilizaci\u00f3n, constituyen a\u00fan mejores pruebas de que sus habitantes viv\u00edan<br \/>\nen sociedades y trabajaban en com\u00fan. Sabido es que, ya en la edad de piedra, las orillas de los<br \/>\nlagos suizos estaban sembradas de series de aldeas, compuestas de varias chozas,<br \/>\nconstruidas sobre una plataforma sostenida por numerosos pilotes clavados en el fondo del<br \/>\nlago. No menos de veinticuatro aldeas, la mayor\u00eda de las cuales pertenec\u00edan a la edad de<br \/>\npiedra, fueron descubiertas en los \u00faltimos a\u00f1os en las orillas del lago de Ginebra, treinta y dos<br \/>\nen el lago Costanza, y cuarenta y seis en el lago de Neufehatel, etc., cada una como testimonio<br \/>\nde la inmensa cantidad de trabajo realizado en com\u00fan, no por la familia, sino por la tribu entera.<br \/>\nAlgunos investigadores hasta suponen que la vida de estos habitantes de los lagos estaba en<br \/>\ngrado notable libre de choques b\u00e9licos; y esta hip\u00f3tesis es muy probable si se toma en<br \/>\nconsideraci\u00f3n la vida de las tribus primitivas, que a\u00fan ahora viven en aldeas semejantes,<br \/>\nconstruidas sobre pilotes a orillas del mar.<br \/>\nSe desprende de tal modo, aun del breve esbozo precedente, que al final de cuenta, nuestros<br \/>\nconocimientos del hombre primitivo de ning\u00fan modo son tan pobres, y en todo caso refutan m\u00e1s<br \/>\nque confirman las hip\u00f3tesis de Hobbes y de sus continuadores contempor\u00e1neos. Adem\u00e1s,<br \/>\npueden ser completadas en medida considerable si se recurre a la observaci\u00f3n directa de las<br \/>\ntribus primitivas que en el presente se hallan todav\u00eda en el mismo nivel de civilizaci\u00f3n en que<br \/>\nestaban los habitantes de Europa en los tiempos prehist\u00f3ricos.<br \/>\nYa ha sido plenamente probado por Ed. B. Tylor y J. Lubbock que los pueblos primitivos que<br \/>\nexisten ahora de ning\u00fan modo representan -como afirmaron algunos sabios- tribus que han<br \/>\ndegenerado y que en otros tiempos han conocido una civilizaci\u00f3n m\u00e1s elevada, que luego<br \/>\nperdieron. Por otra parte, a las pruebas alegadas contra la teor\u00eda de la degeneraci\u00f3n se puede<br \/>\nagregar todav\u00eda lo siguiente: con excepci\u00f3n de pocas tribus que se mantienen en las regiones<br \/>\nmonta\u00f1osas poco accesibles, los llamados \u00absalvajes\u00bb ocupan una zona que rodea a naciones<br \/>\nm\u00e1s o menos civilizadas, preferentemente los extremos de nuestros continentes, que en su<br \/>\nmayor parte conservaron hasta ahora el car\u00e1cter de la \u00e9poca posglacial antigua o que hace<br \/>\npoco a\u00fan lo ten\u00eda. A estos pertenecen los esquimales y sus cong\u00e9neres en Groenlandia,<br \/>\nAm\u00e9rica \u00c1rtica y Siberia Septentrional, y en el hemisferio Sur, los ind\u00edgenas australianos,<br \/>\npap\u00faes, los habitantes de Tierra de Fuego y, en parte, los bosqu\u00edmanos; y en los l\u00edmites de la<br \/>\nextensi\u00f3n ocupada por pueblos m\u00e1s o menos civilizados, semejantes tribus primitivas se<br \/>\nencuentran s\u00f3lo en el Himalaya, en las tierras altas del Sureste de Asia y en la meseta<br \/>\nbrasile\u00f1a. No se debe olvidar que el periodo glacial no termin\u00f3 de golpe en toda la superficie del<br \/>\nglobo terrestre; se prolonga hasta ahora en Groenlandia. Debido a esto, en la \u00e9poca en que las<br \/>\nregiones litorales del oc\u00e9ano Indico, del mar Mediterr\u00e1neo, del golfo de M\u00e9xico gozaban ya de<br \/>\nun clima m\u00e1s templado y en ellos se desarrollaba una civilizaci\u00f3n m\u00e1s elevada, inmensos<br \/>\nterritorios de Europa Central, Siberia y Am\u00e9rica del Norte, y tambi\u00e9n de la Patagonia, Sur del<br \/>\n\u00c1frica, Sureste de Asia y Australia, permanec\u00edan todav\u00eda en las condiciones del per\u00edodo<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n60<br \/>\nposglacial antiguo, que las hicieron inhabitables para las naciones civilizadas de la zona t\u00f3rrida<br \/>\ny templada. En esa \u00e9poca, las zonas citadas constitu\u00edan algo as\u00ed como los actuales y terribles<br \/>\n\u00aburman\u00bb de la Siberia del Noroeste, y su poblaci\u00f3n, inaccesible a la civilizaci\u00f3n y no tocada por<br \/>\nella, conserv\u00f3 el car\u00e1cter del hombre posglacial antiguo.<br \/>\nSolamente m\u00e1s tarde, cuando la desecaci\u00f3n hizo estos territorios m\u00e1s aptos para la agricultura,<br \/>\ncomenzaron a poblarse de inmigrantes m\u00e1s civilizados; y entonces, parte de los habitantes<br \/>\nanteriores se fundieron poco a poco con los nuevos colonos, mientras que otra parte se retiraba<br \/>\nm\u00e1s y m\u00e1s lejos en direcci\u00f3n a las zonas subglaciales y se asentaba en los lugares donde los<br \/>\nencontramos ahora. Los territorios habitados por ellos en el presente conservaron hasta ahora,<br \/>\no conservaban hasta una \u00e9poca no muy lejana, en su aspecto f\u00edsico, un car\u00e1cter casi glacial; y<br \/>\nlas artes y los instrumentos de sus habitantes hasta ahora no salieron a\u00fan del per\u00edodo neol\u00edtico,<br \/>\nes decir, la edad de piedra posterior. Y a pesar de las diferencias de raza y de la extensi\u00f3n que<br \/>\nsepara estas tribus entre s\u00ed, su modo de vida y sus instituciones sociales son asombrosamente<br \/>\nparecidos.<br \/>\nPor esto podemos considerar a estos \u00absalvajes\u00bb como resto de la poblaci\u00f3n del posglacial<br \/>\nantiguo.<br \/>\nLo primero que nos asombra, no bien comenzamos a estudiar a los pueblos primitivos, es la<br \/>\ncomplejidad de la organizaci\u00f3n de las relaciones maritales en que viven. En la mayor\u00eda de ellos,<br \/>\nla familia, en el sentido como la comprendemos nosotros, existe solamente en estado<br \/>\nembrionario. Pero al mismo tiempo, los \u00absalvajes\u00bb de ning\u00fan modo constituyen \u00abuna turba de<br \/>\nhombres y mujeres poco unidos entre s\u00ed, que se re\u00fanen desordenadamente bajo la influencia de<br \/>\ncaprichos del momento\u00bb. Todos ellos, por el contrario, se someten a una organizaci\u00f3n<br \/>\ndeterminada, que Luis Morgan describi\u00f3 en sus rasgos t\u00edpicos y llam\u00f3 organizaci\u00f3n \u00abtribalo de<br \/>\nclan\u00bb.<br \/>\nExponiendo brevemente esta materia, muy amplia, podemos decir que actualmente no existen<br \/>\nm\u00e1s dudas sobre el hecho de que la humanidad, en el principio de su existencia, ha pasado por<br \/>\nla etapa de las relaciones conyugales que puede llamarse \u00abmatrimonio tribal o comunal\u00bb; es<br \/>\ndecir, los hombres o las mujeres, en tribus enteras, viv\u00edan entre s\u00ed como los maridos con sus<br \/>\nesposas, prestando muy poca atenci\u00f3n al parentesco sangu\u00edneo. Pero es indudable tambi\u00e9n<br \/>\nque algunas restricciones a estas relaciones entre los sexos fueron establecidas por la<br \/>\ncostumbre ya en un per\u00edodo muy antiguo. Las relaciones conyugales fueron pronto prohibidas<br \/>\nentre los hijos de una misma madre y la hermana de ella, sus nietas y t\u00edas. M\u00e1s tarde tales<br \/>\nrelaciones fueron prohibidas entre los hijos e hijas de una misma madre, y siguieron pronto<br \/>\notras restricciones.<br \/>\nPoco a poco se desarroll\u00f3 la idea de clan (gens) que abarcaba a todos los descendientes reales<br \/>\no supuestos de una ra\u00edz com\u00fan (m\u00e1s bien a todos los unidos en un grupo de clan por el<br \/>\nsupuesto parentesco). Y cuando el clan se multiplic\u00f3 por la subdivisi\u00f3n en algunos clanes, cada<br \/>\nuno de los cuales se divid\u00eda, a su vez, en clases (habitualmente en cuatro clases), el matrimonio<br \/>\nera permitido s\u00f3lo entre clases determinadas, estrictamente definidas. Se puede observar un<br \/>\nestado semejante aun ahora entre los ind\u00edgenas de Australia, sus primeros g\u00e9rmenes<br \/>\naparecieron en la organizaci\u00f3n de clan. La mujer hecha prisionera durante la guerra con<br \/>\ncualquier otro clan, en un per\u00edodo m\u00e1s tard\u00edo, el que la hab\u00eda tomado prisionera la guardaba<br \/>\npara s\u00ed, bajo la observaci\u00f3n, adem\u00e1s, de determinados deberes hacia el clan. Pod\u00eda ser ubicada<br \/>\npor \u00e9l en una caba\u00f1a separada despu\u00e9s de haber pagado ella cierto g\u00e9nero de tributo a cada<br \/>\nmiembro del clan; entonces ella pod\u00eda fundar dentro del clan una familia separada, cuya<br \/>\naparici\u00f3n evidentemente, abri\u00f3 una nueva fase de la civilizaci\u00f3n. Pero en ning\u00fan caso la esposa<br \/>\nque asentaba la base de la familia especialmente patriarcal pod\u00eda ser tomada de su propio clan.<br \/>\nPod\u00eda provenir solamente de un clan extra\u00f1o.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n61<br \/>\nSi consideramos que esta organizaci\u00f3n compleja se ha desarrollado entre hombres que<br \/>\nocupaban los pelda\u00f1os m\u00e1s bajos de desarrollo que conocemos, y que se mantuvo en<br \/>\nsociedades que no conoc\u00edan m\u00e1s autoridad que la autoridad de la opini\u00f3n p\u00fablica,<br \/>\ncomprenderemos en seguida cu\u00e1n profundamente arraigados deb\u00edan estar los instintos sociales<br \/>\nen la naturaleza humana hasta en los pelda\u00f1os m\u00e1s bajos de su desarrollo. El salvaje, que<br \/>\npod\u00eda vivir en tal organizaci\u00f3n, someti\u00e9ndose por propia voluntad a las restricciones que<br \/>\nconstantemente chocaban con sus deseos personales, naturalmente no se parec\u00eda a un animal<br \/>\ndesprovisto de todo principio \u00e9tico y cuyas pasiones no conoc\u00edan freno. Pero este hecho se<br \/>\nhace a\u00fan m\u00e1s asombroso si tomamos en consideraci\u00f3n la antig\u00fcedad inconmensurablemente<br \/>\nlejana de la organizaci\u00f3n de clan.<br \/>\nActualmente es sabido que los semitas primitivos, los griegos de Homero, los romanos<br \/>\nprehist\u00f3ricos, los germanos de T\u00e1cito, los antiguos celtas y eslavos, pasaron todos por el<br \/>\nper\u00edodo de organizaci\u00f3n de clan de los australianos, los indios pieles rojas, esquimales y otros<br \/>\nhabitantes del \u00abcintur\u00f3n de salvajes\u00bb.<br \/>\nDe tal modo, debemos admitir una de dos: o bien el desarrollo de las costumbres conyugales,<br \/>\npor algunas razones, se encamin\u00f3 en una misma direcci\u00f3n en todas las razas humanas; o bien<br \/>\nlos rudimentos de las restricciones de clan se desarrollaron entre algunos antepasados<br \/>\ncomunes que fueron el tronco geneal\u00f3gico de los semitas, arios, polinesios, etc., antes de que<br \/>\nestos antepasados se dividieran en razas separadas, y estas restricciones se conservaron<br \/>\nhasta el presente entre razas que mucho ha se separaron de la ra\u00edz com\u00fan. Ambas<br \/>\nposibilidades, en igual grado, se\u00f1alan, sin embargo, la asombrosa tenacidad de esta instituci\u00f3n<br \/>\n-tenacidad que no pudo destruir durante muchas decenas de milenios ning\u00fan atentado que<br \/>\ncontra ella perpetrara el individuo-. Pero la misma fuerza de la organizaci\u00f3n del clan demuestra<br \/>\nhasta d\u00f3nde es falsa la opini\u00f3n en virtud de la cual se representa a la humanidad primitiva en<br \/>\nforma de una turba desordenada de individuos que obedecen s\u00f3lo a sus propias pasiones y que<br \/>\nse sirve cada uno de su propia fuerza personal y su astucia para imponerse a todos los otros. El<br \/>\nindividualismo desenfrenado es manifestaci\u00f3n de tiempos m\u00e1s modernos, pero de ninguna<br \/>\nmanera era propio del hombre primitivo.<br \/>\nPasando ahora a los salvajes existentes en el presente, podemos comenzar con los<br \/>\nbosqu\u00edmanos, que ocupan un pelda\u00f1o muy bajo de desarrollo, tan bajo que ni siquiera tienen<br \/>\nviviendas y duermen en cuevas cavadas en la tierra o, simplemente, bajo la cubierta de ligeras<br \/>\nmamparas de hierbas y ramas que los protegen del viento. Es sabido que cuando los europeos<br \/>\ncomenzaron a colonizar sus territorios y destruir enormes reba\u00f1os salvajes de ciervos que<br \/>\npac\u00edan hasta entonces en las llanuras, los bosqu\u00edmanos comenzaron a robar ganado corn\u00fapeta<br \/>\na los colonos, y estos emigrantes iniciaron entonces una guerra desesperada contra aqu\u00e9llos;<br \/>\ncomenzaron a exterminarlos con una bestialidad de la que prefiero no hablar aqu\u00ed. Quinientos<br \/>\nbosqu\u00edmanos fueron exterminados de tal modo en 1774; en los a\u00f1os 1801 &#8211; 1809, la uni\u00f3n de<br \/>\ngranjeros destruy\u00f3 tres mil, etc. Los exterminaban como a ratas, dej\u00e1ndoles carne envenenada,<br \/>\na estos hombres llevados al hambre, o los cazaban a tiros como bestias, embosc\u00e1ndose detr\u00e1s<br \/>\ndel cad\u00e1ver de un animal puesto como cebo; los mataban donde los encontraban. De tal modo,<br \/>\nnuestro conocimiento de los bosqu\u00edmanos, recibido, en la mayor\u00eda de los casos de los mismos<br \/>\nque los exterminaban, no puede destacarse por una especial simpat\u00eda. Sin embargo, sabemos<br \/>\nque durante la aparici\u00f3n de los europeos, los bosqu\u00edmanos viv\u00edan en peque\u00f1os clanes que a<br \/>\nveces se reun\u00edan en federaciones; que cazaban en com\u00fan y se repart\u00edan la presa, sin peleas ni<br \/>\ndisputas; que nunca abandonaban a los heridos y demostraban un s\u00f3lido afecto hacia sus<br \/>\ncamaradas. Lichtenstein refiere un episodio sumamente conmovedor de un bosqu\u00edmano que<br \/>\nestuvo a punto de ahogarse en el r\u00edo y fue salvado por sus camaradas. Se quitaron de encima<br \/>\nsus pieles de animales para cubrirlo mientras ellos temblaban de fr\u00edo; lo secaron, lo frotaron<br \/>\nante el fuego y le untaron el cuerpo con grasa tibia, hasta que por fin le volvieron a la vida. Y<br \/>\ncuando los bosqu\u00edmanos encontraron, en la persona de Johann van der Walt, un hombre que<br \/>\nlos trataba bien, le expresaron su reconocimiento con manifestaciones del afecto m\u00e1s<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n62<br \/>\nconmovedor. Burchell y Moffat los describen como de buen coraz\u00f3n, desinteresados, fieles a<br \/>\nsus promesas y agradecidos cualidades todas ellas que pudieron desarrollarse s\u00f3lo siendo<br \/>\nconstantemente practicadas en el seno de la tribu. En cuanto a su amor a los ni\u00f1os, bastar\u00e1<br \/>\nrecordar que cuando un europeo quer\u00eda tener a una mujer bosqu\u00edmana como esclava, le<br \/>\narrebataba el hijo; la madre siempre se presentaba por s\u00ed misma y se hac\u00eda esclava para<br \/>\ncompartir la suerte de su ni\u00f1o.<br \/>\nLa misma sociabilidad se encuentra entre los hotentotes, que sobrepasan un poco a los<br \/>\nbosqu\u00edmanos en el desarrollo. Lubbock habla de ellos como de los \u00abanimales m\u00e1s sucios\u00bb, y<br \/>\nrealmente son muy sucios. Toda su vestimenta consiste en una piel de animal colgada al cuello,<br \/>\nque llevan hasta que cae a pedazos; y sus chozas consisten en algunas varillas unidas por las<br \/>\npuntas y cubiertas por esteras: en el interior de las chozas no hay mueble alguno. A pesar de<br \/>\nque cr\u00edan bueyes y ovejas, y, seg\u00fan parece, conoc\u00edan el uso del hierro antes de encontrarse<br \/>\ncon s europeos, sin embargo, est\u00e1n hasta ahora en uno de los m\u00e1s bajos pelda\u00f1os del<br \/>\ndesarrollo humano. No obstante eso, los europeos que conoc\u00edan de cerca sus vidas,<br \/>\nmencionaban con grandes elogios su sociabilidad y su presteza en ayudarse mutuamente. Si se<br \/>\nda algo a un hotentote, en seguida divide lo recibido entre todos los presentes, cuya costumbre,<br \/>\ncomo es sabido, asombr\u00f3 tambi\u00e9n a Darwin en los habitantes de la Tierra de Fuego. El<br \/>\nhotentote no puede comer solo, y por m\u00e1s hambriento que est\u00e9, llama a los que pasan y<br \/>\ncomparte con ellos su alimento. Y cuando Kolben, por esta causa, expres\u00f3 su asombro, le<br \/>\ncontestaron: \u00abTal es la costumbre de los hotentotes\u00bb. Pero esta costumbre no es propia<br \/>\nsolamente de los hotentotes: es una costumbre casi universal, observada por los viajeros en<br \/>\ntodos los \u00absalvajes\u00bb. Kolben, que conoc\u00eda bien a los hotentotes y que no pasaba en silencio sus<br \/>\ndefectos, no puede dejar de elogiar su moral tribal.<br \/>\n\u00abLa palabra dada es sagrada para ellos\u00bb -escribe-. \u00abIgnoran por completo la corrupci\u00f3n y la<br \/>\ndeslealtad de los europeos\u00bb. \u00abViven muy pac\u00edficamente y raramente guerrean con sus<br \/>\nvecinos\u00bb&#8230; Uno de los m\u00e1s grandes placeres para los hotentotes es el cambio de regalos y<br \/>\nservicios&gt;,&#8230; \u00abPor su honestidad, por la celeridad y exactitud en el ejercicio de la justicia, por su<br \/>\ncastidad, los hotentotes sobrepasan a todos, o casi todos los otros pueblos.<br \/>\nTachart, Barrow y Moodie confirman plenamente las palabras de Kolben. S\u00f3lo es necesario<br \/>\nnotar que cuando Kolben escribi\u00f3 de los hotentotes que \u00aben sus relaciones mutuas son el<br \/>\npueblo m\u00e1s amistoso, generoso y ben\u00e9volo, que jam\u00e1s haya existido en la tierra\u00bb (I, 332), dio la<br \/>\ndefinici\u00f3n que repiten continuamente, desde entonces, los viajeros, en sus descripciones de los<br \/>\nm\u00e1s diferentes salvajes. Cuando los europeos incultos chocaron por primera vez con las razas<br \/>\nprimitivas, habitualmente presentaban sus vidas de modo caricaturesco; pero bast\u00f3 que un<br \/>\nhombre inteligente viviera entre salvajes un tiempo m\u00e1s prolongado, para que los describiera<br \/>\ncomo el pueblo \u00abm\u00e1s manso\u00bb o -m\u00e1s noble- del mundo. Justamente con esas mismas palabras,<br \/>\nlos viajeros m\u00e1s dignos de fe caracterizaron a los ostiakos samoyedos, esquimales, dayacos,<br \/>\naleutas, pap\u00faes, etc. Semejante declaraci\u00f3n tuve ocasi\u00f3n de leer sobre los tunguses, los<br \/>\nchukchis, los indios sioux y algunas otras tribus salvajes. La repetici\u00f3n misma de semejantes<br \/>\nelogios dice m\u00e1s que tomos enteros de investigaciones especiales.<br \/>\nLos ind\u00edgenas de Australia ocupan, por su desarrollo, un lugar no m\u00e1s alto que sus hermanos<br \/>\nsudafricanos. Sus chozas tienen el mismo car\u00e1cter, y muy a menudo los hombres se conforman<br \/>\nhasta con simples mamparas o biombos de ramas secas para protegerse de los vientos fr\u00edos.<br \/>\nEn su alimento no se destacan por su discernimiento; en caso de necesidad devoran carro\u00f1a en<br \/>\ncompleto estado de putrefacci\u00f3n, y cuando sobreviene el hambre recurren entonces hasta al<br \/>\ncanibalismo. Cuando los ind\u00edgenas australianos fueron descubiertos por vez primera por los<br \/>\neuropeos, se vio que no ten\u00edan ning\u00fan otro instrumento que los hechos, en la forma m\u00e1s<br \/>\ngrosera, de piedra o hueso. Algunas tribus no ten\u00edan siquiera piraguas y desconoc\u00edan por<br \/>\ncompleto el trueque comercial. Y sin embargo, despu\u00e9s de un estudio cuidadoso de sus<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n63<br \/>\ncostumbres y h\u00e1bitos, se vio que tienen la misma organizaci\u00f3n elaborada de clan de la que se<br \/>\nhabl\u00f3 m\u00e1s arriba.<br \/>\nEl territorio en que viven est\u00e1 dividido habitualmente entre diferentes clanes, pero la regi\u00f3n en la<br \/>\ncual cada clan realiza la caza o la pesca permanece siendo de dominio com\u00fan, y los productos<br \/>\nde la caza y la pesca van a todo el clan. Tambi\u00e9n pertenecen al clan los instrumentos de caza y<br \/>\nde pesca. La comida se realiza en com\u00fan. Como muchos otros salvajes, los ind\u00edgenas<br \/>\naustralianos se atienen a determinadas reglas respecto a la \u00e9poca en que se permite recoger<br \/>\ndiversas especies de gomeros y hierbas. En cuanto a su moral en general, lo mejor es citar aqu\u00ed<br \/>\nlas siguientes respuestas a las preguntas de la Sociedad Antropol\u00f3gica de Par\u00eds, dadas por<br \/>\nLumholtz, un misionero que vivi\u00f3 en North Queesland.<br \/>\n\u00abConocen el sentimiento de amistad; est\u00e1 fuertemente desarrollado en ellos. Los d\u00e9biles gozan<br \/>\nde la ayuda com\u00fan; cuidan mucho a los enfermos. Nunca los abandonan al capricho de la<br \/>\nsuerte y no los matan. Estas tribus son antrop\u00f3fagas, pero raramente comen a los miembros de<br \/>\nsu propia tribu (si no me equivoco, solamente cuando matan por razones religiosas); comen<br \/>\ns\u00f3lo a los extra\u00f1os. Los padres aman a sus hijos juegan con ellos y los miman. Se practica el<br \/>\ninfanticidio s\u00f3lo con el consentimiento com\u00fan. Tratan a los ancianos muy bien y nunca los<br \/>\nmatan. No tienen religi\u00f3n ni \u00eddolos, y solamente existe el temor a la muerte. El matrimonio es<br \/>\npol\u00edgamo. Las disputas surgidas dentro de la tribu se resuelven por duelos con espadas de<br \/>\nmadera y escudos de madera. No existe la esclavitud; no tienen agricultura alguna; no poseen<br \/>\nproductos de alfarer\u00eda; no tienen vestidos, exceptuando un delantal que a veces usan las<br \/>\nmujeres. El clan se compone de doscientas personas divididas en cuatro clases de hombres y<br \/>\ncuatro clases de mujeres; se permite el matrimonio solamente entre las clases habituales, pero<br \/>\nnunca dentro del mismo clan\u00bb.<br \/>\nRespecto a los pap\u00faes, parientes cercanos de los australianos, tenemos el testimonio de G. L.<br \/>\nBink, que vivi\u00f3 en Nueva Guinea, principalmente en Geelwink Bay, desde 1871 hasta 1883.<br \/>\nTraemos la esencia de sus respuestas a las mismas preguntas.<br \/>\n\u00abLos pap\u00faes son sociables y de un humor muy alegre. Se r\u00eden mucho. M\u00e1s bien t\u00edmidos que<br \/>\nvalientes. La amistad es bastante fuerte entre miembros de los diferentes clanes y a\u00fan m\u00e1s<br \/>\nfuerte dentro del mismo clan. El pap\u00fa, a menudo paga las deudas de su amigo, a condici\u00f3n de<br \/>\nque este \u00faltimo pague esta deuda, sin intereses, a sus hijos. Cuidan a los enfermos y ancianos;<br \/>\nnunca abandonan a los ancianos, ni los matan, con excepci\u00f3n de los esclavos que han estado<br \/>\nenfermos mucho tiempo. A veces devoran a los prisioneros de guerra. Miman y aman a los<br \/>\nni\u00f1os. Matan a los prisioneros de guerra ancianos y d\u00e9biles, y venden a los restantes como<br \/>\nesclavos. No tienen religi\u00f3n, ni dioses, ni \u00eddolos, ni clase alguna de autoridad; el miembro m\u00e1s<br \/>\nanciano de la familia es el juez. En caso de adulterio (es decir, violaci\u00f3n de sus costumbres<br \/>\nmatrimoniales) el culpable paga una multa, parte de la cual va a favor de la \u00abnegoria\u00bb<br \/>\n(comunidad). La tierra es dominio com\u00fan, pero los frutos de la tierra pertenecen a aqu\u00e9l que los<br \/>\nha cultivado. Los pap\u00faes tienen vasijas de arcilla y conocen el trueque comercial, y seg\u00fan una<br \/>\ncostumbre elaborada, el comerciante les da mercanc\u00eda y ellos vuelven a sus casas y traen los<br \/>\nproductos ind\u00edgenas que necesita el comerciante; si no pueden obtener los productos<br \/>\nnecesarios, entonces devuelven al comerciante su mercanc\u00eda europea. Los pap\u00faes \u00abcazan<br \/>\ncabezas\u00bb -es decir, practican la venganza de sangre-. Adem\u00e1s, \u00aba veces -dice Finsch-, el asunto<br \/>\nse somete a la consideraci\u00f3n del Rajah de Namototte, quien lo resuelve imponiendo una multa\u00bb.<br \/>\nCuando se trata bien a los pap\u00faes, entonces son muy bondadosos. Mikluho-Maclay<br \/>\ndesembarc\u00f3, como es sabido, en la costa orienta] de Nueva Guinea, en compa\u00f1\u00eda de un solo<br \/>\nmarinero, vivi\u00f3 all\u00ed dos a\u00f1os enteros entre tribus consideradas antrop\u00f3fagas y se separ\u00f3 de<br \/>\nellas con pesar; prometi\u00f3 volver y cumpli\u00f3 su palabra, y pas\u00f3 de nuevo un a\u00f1o, y durante todo<br \/>\nese tiempo no tuvo ning\u00fan choque con los ind\u00edgenas. Verdad es que mantuvo la regla de no<br \/>\ndecirles nunca, bajo ning\u00fan pretexto, algo que no fuera cierto, ni hacer promesas que no<br \/>\npudiera cumplir. Estas pobres criaturas, que no sab\u00edan siquiera hacer fuego y que por esto<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n64<br \/>\nconservaban cuidadosamente el fuego en sus chozas, viven en condiciones de un comunismo<br \/>\nprimitivo, sin tener jefe alguno, y en sus poblados casi nunca se producen disputas de las que<br \/>\nvalga la pena hablar. Trabajan en com\u00fan, s\u00f3lo lo necesario para obtener el alimento de cada<br \/>\nd\u00eda; cr\u00edan a sus hijos en com\u00fan; y por las tardes se atav\u00edan lo m\u00e1s coquetamente que pueden y<br \/>\nse entregan a las danzas. Como todos los salvajes, gustan apasionadamente de las danzas,<br \/>\nque constituyen un g\u00e9nero de misterios tribales. Cada aldea tiene su \u00abbarla\u00bb o \u00abbarlai\u00bb -casa<br \/>\n\u00ablarga\u00bb o \u00abgrande\u00bb- para los solteros, en las que se realizan reuniones sociales y se juzgan los<br \/>\nsucesos p\u00fablicos, un rasgo m\u00e1s que es com\u00fan a todos los habitantes de las islas del oc\u00e9ano<br \/>\nPac\u00edfico, y tambi\u00e9n a los esquimales, indios pieles rojas, etc. Grupos enteros de aldeas<br \/>\nmantienen relaciones amistosas, y se visitan mutuamente concurriendo toda la comunidad.<br \/>\nPor desgracia, entre las aldeas, a menudo surge enemistad, no por \u00abel exceso de densidad de<br \/>\nla poblaci\u00f3n\u00bb o \u00abde la competencia agudizada\u00bb y otros inventos semejantes de nuestro siglo<br \/>\nmercantilista, sino principalmente debido a la superstici\u00f3n. Si enferma alguno, se re\u00fanen sus<br \/>\namigos y parientes y del modo m\u00e1s cuidadoso discuten el problema de qui\u00e9n puede ser el<br \/>\nculpable de la enfermedad. Entonces, consideran a todos los posibles enemigos, cada uno<br \/>\nconfiesa su m\u00ednima disputa y finalmente se halla la causa verdadera de la enfermedad. La<br \/>\nmand\u00f3 alg\u00fan enemigo de la aldea vecina, y por esto resuelven hacer alguna incursi\u00f3n a esa<br \/>\naldea. Debido a ello, las ri\u00f1as son corrientes, aun entre las aldeas del litoral, sin hablar ya de los<br \/>\nantrop\u00f3fagos, que viven en las monta\u00f1as, a los que se considera como verdaderos brujos y<br \/>\nenemigos, a pesar de que un conocimiento m\u00e1s estrecho demuestra que no se distinguen en<br \/>\nnada de su vecino que vive en las costas mar\u00edtimas.<br \/>\nMuchas p\u00e1ginas asombrosas se podr\u00edan escribir sobre la armon\u00eda que reina en las aldeas de<br \/>\nlos habitantes polinesios de las islas del Oc\u00e9ano Pac\u00edfico.<br \/>\nPero ellos ocupan ya un pelda\u00f1o m\u00e1s elevado de civilizaci\u00f3n, y por esto tomaremos otros<br \/>\nejemplos de la vida de los habitantes del lejano norte. Agregar\u00e9 solamente, antes de abandonar<br \/>\nel hemisferio sur; que hasta los habitantes de Tierra del Fuego, que gozan de tan mala fama,<br \/>\ncomienzan a ser iluminados con luz m\u00e1s favorable a medida que los conocemos mejor. Algunos<br \/>\nmisioneros franceses, que viven entre ellos, \u00abno pueden quejarse de ning\u00fan acto hostil\u00bb. Viven<br \/>\nen clanes de ciento veinte a ciento cincuenta almas, y tambi\u00e9n practican el comunismo primitivo<br \/>\ncomo los pap\u00faes. Se reparten todo entre ellos, y tratan bien a los ancianos. La paz completa<br \/>\nreina entre estas tribus.<br \/>\nEn los esquimales y sus m\u00e1s pr\u00f3ximos cong\u00e9neres, los thlinkets, koloshes y aleutas, hallamos<br \/>\nuna semejanza m\u00e1s aproximada a lo que era el hombre durante el per\u00edodo glacial. Los<br \/>\ninstrumentos que ellos emplean apenas se diferencian de los instrumentos del paleol\u00edtico, y<br \/>\nalgunas de estas tribus hasta ahora no conocen el arte de la pesca: simplemente matan a los<br \/>\npeces con el arp\u00f3n. Conocen el uso del hierro, pero lo obtienen solamente de los europeos o de<br \/>\nlo que encuentran en los esqueletos de los barcos despu\u00e9s de los naufragios. Su organizaci\u00f3n<br \/>\nsocial se distingue por su primitivismo completo, a pesar de que ya han salido del estadio del<br \/>\n\u00abmatrimonio comunal\u00bb, aun con sus restricciones de \u00abclase\u00bb. Viven ya en familias, pero los lazos<br \/>\nfamiliares todav\u00eda son d\u00e9biles, puesto que de tanto en tanto se produce en ellos un cambio de<br \/>\nesposas y esposos. Sin embargo, las familias permanecen reunidas en clanes, y no puede ser<br \/>\nde otro modo. \u00bfC\u00f3mo hubieran podido soportar la dura lucha por la existencia si no reunieran<br \/>\nsus fuerzas del modo m\u00e1s estrecho? As\u00ed se portan ellos, Y los lazos de clan son m\u00e1s estrechos<br \/>\nall\u00ed donde la lucha por la vida es m\u00e1s dura, a saber, en el nordeste de Groenlandia. Viven<br \/>\nhabitualmente en una \u00abcasa larga. en la que se alojan varias familias, separadas entre s\u00ed por<br \/>\npeque\u00f1os tabiques de pieles desgarradas, pero con un corredor com\u00fan para todos. A veces la<br \/>\ncasa tiene la forma de una cruz, y en tal caso, en su centro colocan un hogar com\u00fan. La<br \/>\nexpedici\u00f3n alemana que pas\u00f3 un invierno cerca de una de esas \u00abcasas largas\u00bb se pudo<br \/>\nconvencer de que durante todo el invierno \u00e1rtico no perturb\u00f3 la paz ni una pelea, y que no se<br \/>\nprodujo discusi\u00f3n alguna por el uso de estos \u00abespacios estrechos\u00bb. No se admiten las<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n65<br \/>\namonestaciones, y ni siquiera las palabras inamistosas de otro modo que no sea bajo la forma<br \/>\nlegal de una canci\u00f3n burlesca (nigthsong), que cantan las mujeres en coro. De tal manera, la<br \/>\nconvivencia estrecha y la estrecha dependencia mutua son suficientes para mantener, de siglo<br \/>\nen siglo, el respeto profundo a los intereses de la comunidad, que es caracter\u00edstico de la vida de<br \/>\nlos esquimales. Aun en las comunas m\u00e1s vastas de los esquimales \u00abla opini\u00f3n p\u00fablica es un<br \/>\nverdadero tribunal y el castigo habitual consiste en avergonzar al culpable ante todos\u00bb.<br \/>\nLa vida de los esquimales est\u00e1 basada en el comunismo. Todo lo que obtienen por medio de la<br \/>\ncaza o pesca pertenece a todo el clan. Pero, en algunas tribus, especialmente en el Occidente,<br \/>\nbajo la influencia de los daneses, comienza a desarrollarse la propiedad privada. Sin embargo,<br \/>\nemplean un medio bastante original para disminuir los inconvenientes que surgen del<br \/>\nacumulamiento personal de la riqueza, que pronto podr\u00eda perturbar la unidad tribal. Cuando el<br \/>\nesquimal empieza a enriquecerse excesivamente, convoca a todos los miembros de su clan a<br \/>\nun fest\u00edn, y cuando los hu\u00e9spedes se sacian, distribuye toda su riqueza. En el r\u00edo Yukon, en<br \/>\nAlaska, Dall vio que una familia aleutiana reparti\u00f3 de tal modo diez fusiles, diez vestidos de<br \/>\npieles completos, doscientos hilos de cuentas, numerosas frazadas, diez pieles de lobo,<br \/>\ndoscientas pieles de castor y quinientas de armi\u00f1o. Luego, los due\u00f1os se quitaron sus vestidos<br \/>\nde fiesta y los repartieron, visti\u00e9ndose sus viejas pieles, dirigieron a los miembros de su clan un<br \/>\nbreve discurso diciendo que a pesar de que ahora se hab\u00edan vuelto m\u00e1s pobres que cada uno<br \/>\nde sus hu\u00e9spedes, sin embargo hab\u00edan ganado su amistad.<br \/>\nTales distribuciones de riqueza se convirtieron aparentemente en costumbre arraigada entre los<br \/>\nesquimales, y se practica en una \u00e9poca determinada todos los a\u00f1os, despu\u00e9s de una exhibici\u00f3n<br \/>\npreliminar de todo lo que ha sido obtenido durante el a\u00f1o. Constituye, aparentemente, una<br \/>\ncostumbre. La costumbre de enterrar con el muerto, o de destruir sobre su tumba, todos sus<br \/>\nbienes personales -que encontramos en todas las razas primitivas-, aparentemente debe tener<br \/>\nel mismo origen. En realidad, mientras que todo lo que pertenec\u00eda personalmente al muerto se<br \/>\nquema o se rompe sobre su tumba, las cosas que le pertenecieron conjuntamente con toda su<br \/>\ntribu; como, por ejemplo, las piraguas, redes de la comuna, etc., se dejan intactas. Est\u00e1 sujeta a<br \/>\nla destrucci\u00f3n s\u00f3lo la propiedad personal. En una \u00e9poca posterior, esta costumbre se convierte<br \/>\nen un rito religioso: se le da interpretaci\u00f3n m\u00edstica, y la destrucci\u00f3n es prescrita por la religi\u00f3n<br \/>\ncuando la opini\u00f3n p\u00fablica, sola, se muestra ya carente de fuerzas para imponer a todos la<br \/>\nobservaci\u00f3n obligatoria de la costumbre. Finalmente, la destrucci\u00f3n real se reemplaza por un<br \/>\nrito simb\u00f3lico, que consiste en quemar sobre la tumba simples modelos de papel, o<br \/>\nrepresentaciones, de los bienes del muerto (as\u00ed se hace en la China); o se llevan a la tumba los<br \/>\nbienes del muerto y traen de vuelta a la casa al finalizar la ceremonia funeraria; en esta forma,<br \/>\nse ha conservado la costumbre hasta ahora, como es sabido, entre los europeos con respecto a<br \/>\nlos caballos de los jefes militares, las espadas, cruces y otros signos de distinci\u00f3n oficial.<br \/>\nEl alto nivel de la moral tribal de los esquimales se menciona bastante a menudo en la literatura<br \/>\ngeneral. Sin embargo, las observaciones siguientes de las costumbres de los aleutas &#8211;<br \/>\ncong\u00e9neres pr\u00f3ximos de los esquimales- no est\u00e1n desprovistas de inter\u00e9s, tanto m\u00e1s cuanto<br \/>\nque pueden servir de buena ilustraci\u00f3n de la moral de los salvajes en general. Pertenecen a la<br \/>\npluma de un hombre extraordinariamente distinguido, el misionero ruso Venlaminof, que las<br \/>\nescribi\u00f3 despu\u00e9s de una permanencia de diez a\u00f1os entre los aleutas y de tener relaciones<br \/>\nestrechas con ellos.<br \/>\nLas resumo, conservando en lo posible las expresiones propias del autor.<br \/>\n\u00abLa resistencia -escribi\u00f3- en su rasgo caracter\u00edstico, y, en verdad, es colosal. No s\u00f3lo se ba\u00f1an<br \/>\ntodas las ma\u00f1anas en el mar cubierto de hielo y luego se quedan desnudos en la playa,<br \/>\nrespirando el aire helado, sino que su resistencia, hasta en un trabajo pesado y con alimento<br \/>\ninsuficiente, sobrepasa todo lo que se puede imaginar. Si sobreviene una escasez de alimento,<br \/>\nel aleuta se ocupa, ante todo, de sus hijos; les da todo lo que tiene, y \u00e9l mismo ayuna. No se<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n66<br \/>\ninclinan al robo, como fue observado ya por los primeros inmigrantes rusos. No es que no<br \/>\nhayan robado nunca; todo aleuta reconoce que alguna vez ha robado algo, pero se trata<br \/>\nsiempre de alguna frusler\u00eda, y todo esto tiene car\u00e1cter completamente infantil. El afecto de los<br \/>\npadres por los hijos es muy conmovedor, a pesar de que nunca lo expresan con caricias o<br \/>\npalabras. El aleuta dif\u00edcilmente se decide a hacer alguna promesa, pero una vez hecha, la<br \/>\nmantiene cueste lo que cueste.<br \/>\nUn aleuta regal\u00f3 a Venlaminof un haz de pescado seco, pero, en el apresuramiento de la<br \/>\npartida, fue olvidado en la orilla, y el aleuta se lo llev\u00f3 de vuelta a su casa. No se present\u00f3 la<br \/>\noportunidad de enviarlo a Venlaminof hasta enero, y mientras tanto, en noviembre y diciembre,<br \/>\nentre estos aleutas, hubo una gran escasez de v\u00edveres. Pero los hambrientos no tocaron el<br \/>\npescado ya regalado, y en enero fue enviado a su destino. Su c\u00f3digo moral es variado y severo.<br \/>\nAs\u00ed por ejemplo, se considera vergonzoso: temer la muerte inevitable; pedir piedad al enemigo;<br \/>\nmorir sin haber matado ning\u00fan enemigo; ser sorprendido en robo; zozobrar la canoa en el<br \/>\npuerto; temer salir al mar con tiempo tempestuoso; desfallecer antes que los otros camaradas si<br \/>\nsobreviene una escasez de alimentos durante un viaje largo: manifestar codicia durante el<br \/>\nreparto de la presa -en cuyo caso, para avergonzar al camarada codicioso, los restantes le<br \/>\nceden su parte. Se estima vergonzoso tambi\u00e9n: divulgar un secreto p\u00fablico a su esposa; siendo<br \/>\ndos en la caza, no ofrecer la mejor parte de la presa al camarada; jactarse de sus haza\u00f1as, y<br \/>\nespecialmente de las imaginadas; insultarse con malicia; tambi\u00e9n mendigar, acariciar a su<br \/>\nesposa en presencia de los otros y danzar con ella; comerciar personalmente; toda venta debe<br \/>\nser hecha por medio de una tercera persona, quien determina el precio. Se estima vergonzoso<br \/>\npara la mujer: no saber coser y, en general, cumplir torpemente cualquier trabajo femenino; no<br \/>\nsaber danzar; acariciar a su esposo y a sus ni\u00f1os, o hasta hablar con el esposo en presencia de<br \/>\nextra\u00f1os\u00bb<br \/>\nTal es la moral de los aleutas, y una confirmaci\u00f3n mayor de los hechos podr\u00eda ser tomada<br \/>\nf\u00e1cilmente de sus cuentos y leyendas. S\u00f3lo agregar\u00e9 que cuando Venlaminof escribi\u00f3 sus<br \/>\nMemorias (el a\u00f1o 1840), entre los aleutas, que constitu\u00edan una poblaci\u00f3n de sesenta mil<br \/>\nhombres, en sesenta a\u00f1os hubo solamente un homicidio, y durante cuarenta a\u00f1os, entre 1.800<br \/>\naleutas no se produjo ning\u00fan delito criminal. Esto, por otra parte, no parecer\u00e1 extra\u00f1o si se<br \/>\nrecuerda que todo g\u00e9nero de querellas y expresiones groseras son absolutamente<br \/>\ndesconocidas en la vida de los aleutas. Ni siquiera sus hijos pelean, y jam\u00e1s se insultan<br \/>\nmutuamente de palabra. La expresi\u00f3n m\u00e1s fuerte en sus labios son frases como: \u00abTu madre no<br \/>\nsabe coser\u00bb, o \u00abtu padre es tuerto\u00bb.<br \/>\nMuchos rasgos de la vida de los salvajes contin\u00faan siendo, sin embargo, un enigma para los<br \/>\neuropeos. En confirmaci\u00f3n del elevado desarrollo de la solidaridad tribal entre los salvajes y sus<br \/>\nbuenas relaciones mutuas, se podr\u00eda citar los testimonios m\u00e1s dignos de fe en la cantidad que<br \/>\nse quiera. Y, sin embargo, no es menos cierto que estos mismos salvajes practican el<br \/>\ninfanticidio, y que en algunos casos matan a sus ancianos, y que todos obedecen ciegamente a<br \/>\nla costumbre de la venganza de sangre. Debemos, por esto, tratar de explicar la existencia<br \/>\nsimult\u00e1nea de los hechos que para la mente europea parecen, a primera vista, completamente<br \/>\nincompatibles.<br \/>\nAcabamos de mencionar c\u00f3mo el aleuta ayunar\u00e1 d\u00edas enteros, y hasta semanas, entregando<br \/>\ntodo comestible a su ni\u00f1o; c\u00f3mo la madre bosqu\u00edmana se hace esclava para no separarse de<br \/>\nsu hijo, y se podr\u00edan llenar p\u00e1ginas enteras con la descripci\u00f3n de las relaciones realmente<br \/>\ntiernas existentes entre los salvajes y sus hijos. En los relatos de todos los viajeros se<br \/>\nencuentran continuamente hechos semejantes. En uno le\u00e9is sobre el tierno, amor de la madre;<br \/>\nen otro, el relato de un padre que corre locamente por el bosque, llevando sobre sus hombros a<br \/>\nun ni\u00f1o mordido por una serpiente; o alg\u00fan misionero narra la desesperaci\u00f3n de los padres ante<br \/>\nla p\u00e9rdida de un ni\u00f1o, al que ya hab\u00edan salvado de ser llevado al sacrificio inmediatamente<br \/>\ndespu\u00e9s de haber nacido; o bien, os enter\u00e1is de que las madres \u00absalvajes\u00bb amamantan<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n67<br \/>\nhabitualmente a sus ni\u00f1os hasta el cuarto a\u00f1o de edad, y que en las islas de la Nuevas<br \/>\nH\u00e9bridas, en caso de la muerte de un ni\u00f1o especialmente querido, su madre o t\u00eda se suicidan<br \/>\npara cuidar a su amado en el otro mundo. Y as\u00ed sin fin.<br \/>\nHechos semejantes se citan en cantidad; y por ello, cuando vemos que los mismos padres<br \/>\namantes practican el infanticidio, debemos reconocer necesariamente que tal costumbre<br \/>\n(cualesquiera que sean sus ulteriores transformaciones) surgi\u00f3 bajo la presi\u00f3n directa de la<br \/>\nnecesidad, como resultado del sentimiento de deber hacia la tribu, y para tener la posibilidad de<br \/>\ncriar a los ni\u00f1os ya crecidos. Hablando en general, los salvajes de ning\u00fan modo \u00abse reproducen<br \/>\nsin medida\u00bb, como expresan algunos escritores ingleses. Por lo contrario, toman todo g\u00e9nero de<br \/>\nmedidas para disminuir la natalidad. Justamente con \u00e9ste objeto existe entre ellos una serie<br \/>\ncompleta de las m\u00e1s diversas restricciones, que a los europeos indudablemente hasta les<br \/>\nparecer\u00edan molestas en exceso, y que son, sin embargo, severamente observadas por los<br \/>\nsalvajes. Pero, con todo, los pueblos primitivos no pueden criar a todos los ni\u00f1os que nacen, y<br \/>\nentonces recurren al infanticidio. Por otra parte, ha sido observado m\u00e1s de una vez que si bien<br \/>\nconsiguen aumentar sus recursos corrientes de existencia, en seguida dejan de recurrir a esta<br \/>\nmedida, que, en general, los padres cumplen muy a disgusto, y en la primera posibilidad<br \/>\nrecurren a todo g\u00e9nero de compromisos con tal de conservar la vida de sus reci\u00e9n nacidos.<br \/>\nComo ha sido dicho ya por mi amigo El\u00edseo Reclus en su hermoso libro sobre los salvajes, por<br \/>\ndesgracia insuficientemente conocido, ellos inventan, por esta raz\u00f3n, los d\u00edas de nacimientos<br \/>\nfaustos y nefastos, para salvar siquiera la vida de los ni\u00f1os nacidos en los d\u00edas faustos; tratan<br \/>\nde tal modo de posponer la ejecuci\u00f3n algunas horas y dicen despu\u00e9s que si el ni\u00f1o ya ha vivido<br \/>\nun d\u00eda, est\u00e1 destinado a vivir toda la vida. Oyen los gritos de los ni\u00f1os peque\u00f1os como si<br \/>\nvinieran del bosque, y aseguran que si se oye tal grito anuncia desgracia para toda la tribu; y<br \/>\npuesto que no tienen nodrizas especiales ni casa de exp\u00f3sitos que los ayuden a deshacerse de<br \/>\nlos ni\u00f1os, cada uno se estremece ante la idea de cumplir la cruel sentencia, y por eso prefieren<br \/>\nexponer al ni\u00f1o en el bosque, antes que quitarle la vida por un medio violento. El infanticidio es<br \/>\nsostenido, de este modo, por la insuficiencia de conocimientos, y no por crueldad; y en lugar de<br \/>\nllenar a los salvajes con sermones, los misioneros har\u00edan mucho mejor si siguieran el ejemplo<br \/>\nde Venlaminof, quien todos los a\u00f1os, hasta una edad muy avanzada, cruzaba el mar de Ojots<br \/>\nen una miserable goleta para visitar a los tunguses y kamchadales, o viajaba, llevado por<br \/>\nperros, entre los chukchis, aprovision\u00e1ndolos de pan y utensilios para la caza. De tal modo<br \/>\nconsigui\u00f3 realmente extirpar el infanticidio.<br \/>\nLo mismo es cierto, tambi\u00e9n, con respecto al fen\u00f3meno que observadores superficiales<br \/>\nllamaron parricidio. Acabamos de ver que la costumbre de matar a los viejos no est\u00e1 de ning\u00fan<br \/>\nmodo tan extendida como la han referido algunos escritores. En todos estos relatos hay muchas<br \/>\nexageraciones; pero es indudable que tal costumbre se encuentra temporalmente entre casi<br \/>\ntodos los salvajes, y tales casos se explican por las mismas razones que el abandono de los<br \/>\nni\u00f1os. Cuando el viejo salvaje comienza a sentir que se convierte en una carga para su tribu;<br \/>\ncuando todas las ma\u00f1anas ve que quitan a los ni\u00f1os la parte de alimento que le toca -y los<br \/>\npeque\u00f1os que no se distinguen por el estoicismo de sus padres, lloran cuando tienen hambre-;<br \/>\ncuando todos los d\u00edas los j\u00f3venes tienen que cargarlo sobre sus hombros para llevarlo por el<br \/>\nlitoral pedregoso o por la selva virgen, ya que los salvajes no tienen sillones con ruedas para<br \/>\nenfermos ni indigentes para llevar tales sillones entonces el viejo comienza a repetir lo que<br \/>\nhasta ahora repiten los campesinos viejos de Rusia: Chuyoi vi\u00e9k zaidaiu: pora na pokoi<br \/>\n(literalmente: vivo la vida ajena, es hora de irme a descansar). Y se van a descansar. Obra de la<br \/>\nmisma forma que obra un soldado, en tales casos. Cuando la salvaci\u00f3n de un destacamento<br \/>\ndepende de su m\u00e1ximo avance, y el soldado no puede avanzar m\u00e1s, y sabe que debe morir si<br \/>\nqueda rezagado, suplica a su mejor amigo que le preste el \u00faltimo servicio antes de que el<br \/>\ndestacamento avance. Y el amigo descarga, con mano temblorosa, su fusil en el cuerpo<br \/>\nmoribundo.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n68<br \/>\nAs\u00ed obran tambi\u00e9n los salvajes. El salvaje viejo pide la muerte; \u00e9l mismo insiste en el<br \/>\ncumplimiento de este \u00faltimo deber suyo hacia su tribu. Recibe primero la conformidad de los<br \/>\nmiembros de su tribu para esto. Entonces \u00e9l mismo se cava la fosa e invita a todos los<br \/>\ncong\u00e9neres a su \u00faltimo fest\u00edn de despedida. As\u00ed, en su momento, obr\u00f3 su padre, ahora lleg\u00f3le<br \/>\nsu turno, y amistosamente se despide de todos, antes de separarse de ellos. El salvaje, hasta<br \/>\ntal punto considera semejante muerte como el cumplimiento de un deber hacia su tribu, que no<br \/>\ns\u00f3lo se reh\u00fasa a que lo salven de la muerte (como refiri\u00f3 Moffat), sino que ni aun reconoce tal<br \/>\nliberaci\u00f3n si llegara a realizarse. As\u00ed, cuando una mujer que deb\u00eda morir sobre la tumba de su<br \/>\nesposo (en virtud del rito mencionado antes) fue salvada de la muerte por los misioneros y<br \/>\nllevada por ellos a una isla, huy\u00f3 durante la noche, atravesando a nado un amplio estrecho, y se<br \/>\npresent\u00f3 ante su tribu para morir sobre la tumba. La muerte en tales casos se hace para ellos<br \/>\nuna cuesti\u00f3n de religi\u00f3n. Pero, hablando en general, es tan repulsivo para los salvajes verter<br \/>\nsangre fuera de las batallas, que aun en estos casos ninguno de ellos se encarga del homicidio,<br \/>\ny por eso recurren, a toda clase de medios indirectos que los europeos no comprendieron y que<br \/>\ninterpretaron de un modo completamente falso. En la mayor\u00eda de los casos dejan en el bosque<br \/>\nal viejo que se ha decidido a morir, d\u00e1ndole una porci\u00f3n de comida, mayor que la debida, de la<br \/>\nprovisi\u00f3n com\u00fan. \u00a1Cu\u00e1ntas veces las partidas exploradoras de las expediciones polares<br \/>\nhubieron de obrar exactamente del mismo modo cuando no ten\u00edan fuerzas para llevar a un<br \/>\ncamarada enfermo! \u00abAqu\u00ed tienes provisiones. Vive todav\u00eda algunos d\u00edas. Tal vez llegue de<br \/>\nalguna parte una ayuda inesperada\u00bb.<br \/>\nLos sabios de Europa occidental, encontr\u00e1ndose ante tales hechos, se muestran decididamente<br \/>\nincapaces de comprenderlos; no pueden reconciliarlos con los hechos que testimonian el<br \/>\nelevado desarrollo de la moral tribal, y por eso prefieren arrojar una sombra de duda sobre las<br \/>\nobservaciones absolutamente fidedignas, referentes a la \u00faltima, en lugar de buscar explicaci\u00f3n<br \/>\npara la existencia paralela de un doble g\u00e9nero de hechos: la elevada moral tribal y, junto a ella,<br \/>\nel homicidio de los padres muy ancianos y los reci\u00e9n nacidos. Pero si los mismos europeos, a<br \/>\nsu vez, refirieran a un salvaje que personas sumamente amables, afectos a sus ni\u00f1os, y tan<br \/>\nimpresionables que lloran cuando ven en el escenario de un teatro una desgracia imaginaria,<br \/>\nviven en Europa al lado de zaquizam\u00edes donde los ni\u00f1os mueren simplemente por insuficiencia<br \/>\nde alimentos, entonces el salvaje tampoco los comprender\u00eda. Recuerdo cu\u00e1n vagamente me<br \/>\nempe\u00f1\u00e9 en explicar a mis amigos tunguses nuestra civilizaci\u00f3n construida sobre el<br \/>\nindividualismo; no me comprenden y recurr\u00edan a las conjeturas m\u00e1s fant\u00e1sticas. El hecho es que<br \/>\nel salvaje educado en las ideas de solidaridad tribal, practicada en todas las ocasiones, malas y<br \/>\nbuenas, es tan exactamente incapaz de comprender al europeo \u00abmoral\u00bb que no tiene ninguna<br \/>\nidea de tal solidaridad, como el europeo medio es incapaz de comprender al salvaje. Adem\u00e1s, si<br \/>\nnuestro sabio tuviera que vivir entre una tribu semihambrienta de salvajes, cuyo alimento total<br \/>\ndisponible no alcanzara para alimentar algunos d\u00edas a un hombre, entonces comprender\u00eda quiz\u00e1<br \/>\nqu\u00e9 es lo que gu\u00eda a los salvajes en sus actos. Del mismo modo, si un salvaje viviera entre<br \/>\nnosotros y recibiera nuestra \u00abeducaci\u00f3n\u00bb, quiz\u00e1 comprendiera la insensibilidad europea hacia<br \/>\nnuestros semejantes y esas comisiones reales que se ocupan de la cuesti\u00f3n de la prevenci\u00f3n<br \/>\nde las diversas formas legales de homicidio que se practican en Europa. \u00abEn casa de piedra, los<br \/>\ncorazones se vuelven de piedra\u00bb, dicen los campesinos rusos; pero el \u00absalvaje\u00bb tendr\u00eda que<br \/>\nhaber vivido primero en una casa de piedra.<br \/>\nObservaciones semejantes podr\u00edan hacerse tambi\u00e9n respecto a la antropofagia. Si se toman en<br \/>\ncuenta todos los hechos que fueron dilucidados recientemente, durante la consideraci\u00f3n de<br \/>\neste problema, en la Sociedad Antropol\u00f3gica de Par\u00eds, y tambi\u00e9n muchas observaciones<br \/>\ncasuales diseminadas en la literatura sobre los \u00absalvajes\u00bb, estaremos obligados a reconocer que<br \/>\nla antropofagia fue provocada por la necesidad apremiante; y que s\u00f3lo bajo la influencia de los<br \/>\nprejuicios y de la religi\u00f3n se desarroll\u00f3 hasta alcanzar las proporciones espantosas que alcanz\u00f3<br \/>\nen las islas de Fiji y en M\u00e9xico, sin ninguna necesidad, cuando se convirti\u00f3 en un rito religioso.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n69<br \/>\nEs sabido que hasta la \u00e9poca presente muchas tribus de salvajes suelen verse obligadas, de<br \/>\ntiempo en tiempo, a alimentarse con carro\u00f1a casi en completo estado de putrefacci\u00f3n, y en<br \/>\ncasos de carencia completa de alimentos, algunas tuvieron que violar sepulturas y alimentarse<br \/>\ncon cad\u00e1veres humanos, aun en \u00e9pocas de epidemia. Tales hechos son completamente<br \/>\nfidedignos. Pero si nos trasladamos mentalmente a las condiciones que tuvo que soportar el<br \/>\nhombre durante el per\u00edodo glacial, en un clima h\u00famedo y fr\u00edo, no teniendo a su disposici\u00f3n casi<br \/>\nning\u00fan alimento vegetal; si tenemos en cuenta las terribles devastaciones producidas a\u00fan hoy<br \/>\npor el escorbuto entre los pueblos semisalvajes hambrientos y recordamos que la carne y la<br \/>\nsangre fresca eran los \u00fanicos medios conocidos por ellos para fortificarse, deberemos admitir<br \/>\nque el hombre, que fue primeramente un animal gran\u00edvoro, se hizo carn\u00edvoro, con toda<br \/>\nprobabilidad, durante el per\u00edodo glacial, en que desde el norte avanzaba lentamente una capa<br \/>\nenorme de hielo, y con su h\u00e1lito fr\u00edo, agotaba toda la vegetaci\u00f3n.<br \/>\nNaturalmente, en aquellos tiempos probablemente hab\u00eda abundancia de toda clase de bestias;<br \/>\npero es sabido que en las regiones \u00e1rticas las bestias a menudo emprenden grandes<br \/>\nmigraciones, y a veces desaparecen por completo durante algunos a\u00f1os de un territorio<br \/>\ndeterminado. Con el avance. de la capa glacial las bestias, evidentemente, se alejaron hacia el<br \/>\nsur, como lo hacen ahora los corzos, que huyen, en caso de grandes nevadas, de la orilla norte<br \/>\ndel Amur a la meridional. En tales casos, el hombre se ve\u00eda privado de los \u00faltimos medios de<br \/>\nsubsistencia. Sabemos, adem\u00e1s, que hasta los europeos, durante duras experiencias<br \/>\nsemejantes, recurrieron a la antropofagia; no es de extra\u00f1ar que recurrieran a ella tambi\u00e9n los<br \/>\nsalvajes. Hasta en la \u00e9poca presente suelen verse obligados, temporalmente. a devorar los<br \/>\ncad\u00e1veres de sus muertos, y en \u00e9pocas anteriores, en tales casos, se ve\u00edan obligados a devorar<br \/>\ntambi\u00e9n a los moribundos. Los ancianos mor\u00edan entonces convencidos de que con su muerte<br \/>\nprestaban el \u00faltimo servicio a su tribu. He aqu\u00ed por qu\u00e9 algunas tribus atribuyen al canibalismo<br \/>\norigen divino, represent\u00e1ndolo como algo sugerido por orden de un enviado del cielo.<br \/>\nPosteriormente, la antropofagia perdi\u00f3 el car\u00e1cter de necesidad y se convirti\u00f3 en una<br \/>\n\u00absupervivencia\u00bb supersticiosa. Necesario era devorar a los enemigos para heredar su coraje;<br \/>\nluego, en una \u00e9poca posterior, con ese prop\u00f3sito s\u00f3lo se devoraba el coraz\u00f3n del enemigo o<br \/>\nsus ojos. Al mismo tiempo, en otras tribus, en las que se hab\u00eda desarrollado un clero numeroso<br \/>\ny elaborado una mitolog\u00eda compleja, se inventaron dioses malignos, sedientos de sangre<br \/>\nhumana, y los sacerdotes exigieron sacrificios humanos para apaciguar a los dioses. En esta<br \/>\nfase religiosa de su existencia, el canibalismo alcanz\u00f3 su forma m\u00e1s repulsiva. M\u00e9xico es bien<br \/>\nconocido en este sentido como ejemplo, y en las Fiji, donde el rey pod\u00eda devorar a cualquiera de<br \/>\nsus s\u00fabditos, encontramos tambi\u00e9n una casta poderosa de sacerdotes, una compleja teolog\u00eda y<br \/>\nun desarrollo complejo del poder ilimitado de los reyes. De tal modo el canibalismo, que naci\u00f3<br \/>\npor la fuerza de la necesidad, se convirti\u00f3 en un per\u00edodo posterior en instituci\u00f3n religiosa, y en<br \/>\nesta forma existi\u00f3 durante mucho tiempo, despu\u00e9s de haber desaparecido, hac\u00eda mucho, entre<br \/>\ntribus que indudablemente lo practicaban en \u00e9pocas anteriores, pero que no alcanzaron la<br \/>\nforma religiosa de desarrollo. Lo mismo puede decirse con respecto al infanticidio y al abandono<br \/>\nde los padres muy ancianos a los caprichos de la suerte. En algunos casos estos fen\u00f3menos se<br \/>\nmantuvieron tambi\u00e9n como supervivencia de tiempos antiguos, en forma de tradici\u00f3n<br \/>\nconservada religiosamente.<br \/>\nFinalmente, citar\u00e9 aqu\u00ed todav\u00eda una costumbre extraordinariamente importante y generalizada<br \/>\nque ha dado motivo, en la literatura, a las conclusiones m\u00e1s err\u00f3neas. Me refiero a la costumbre<br \/>\nde la venganza de sangre. Todos los salvajes est\u00e1n convencidos de que la sangre vertida debe<br \/>\nser vengada con sangre. Si alguien ha sido herido y su sangre vertida, entonces la sangre del<br \/>\nque produjo la herida tambi\u00e9n debe ser vertida. No se admite excepci\u00f3n alguna a esta regla; se<br \/>\nextiende hasta a los animales; si un cazador ha vertido sangre -matando a un oso o a una<br \/>\nardilla-, su sangre debe ser vertida a su vuelta de la caza. Tal es la concepci\u00f3n que hasta ahora<br \/>\nse conserva en la Europa occidental con respecto al homicidio.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n70<br \/>\nMientras el ofensor y el ofendido pertenecen a la misma tribu, el asunto se resuelve muy<br \/>\nsimplemente: la tribu y las personas afectadas resuelven por s\u00ed mismas el asunto. Pero cuando<br \/>\nel delincuente pertenece a otra tribu, y esta tribu, por cualquier raz\u00f3n, se reh\u00fasa a dar<br \/>\nsatisfacci\u00f3n, entonces la tribu ofendida se encarga de la venganza. Los hombres primitivos<br \/>\nconciben los actos de cada uno en particular como asuntos de toda su tribu, que han recibido la<br \/>\naprobaci\u00f3n de ella y, por eso, estiman a toda la tribu responsable de los actos de cada uno de<br \/>\nsus miembros. Debido a esto, la venganza puede caer sobre cualquier miembro de la tribu a<br \/>\nque pertenece el ofensor. Pero a menudo sucede que la venganza ha sobrepasado a la ofensa.<br \/>\nCon intenci\u00f3n de producir s\u00f3lo una herida, los vengadores pudieron matar al ofensor o herirlo<br \/>\nm\u00e1s gravemente de lo que hab\u00edan supuesto; entonces se produce una nueva ofensa, de la otra<br \/>\nparte, que exige una nueva venganza tribal; el asunto se prolonga de este modo, sin fin. Y, por<br \/>\neso, los primitivos legisladores establec\u00edan muy cuidadosamente los l\u00edmites exactos del<br \/>\ndesquite: ojo por ojo, diente por diente y sangre por sangre. Pero, \u00a1no m\u00e1s! Es notable, sin<br \/>\nembargo, que en la mayor\u00eda de los pueblos primitivos, semejantes casos de venganza de<br \/>\nsangre son incomparablemente m\u00e1s raros de lo que se podr\u00eda esperar, a pesar de que en ellos<br \/>\nalcanzan un desarrollo completamente anormal, especialmente entre los monta\u00f1eses, arrojados<br \/>\na la monta\u00f1a por los inmigrantes extranjeros, como, por ejemplo, en los monta\u00f1eses del<br \/>\nC\u00e1ucaso y especialmente entre los dayacos en Borneo. Entre los dayacos -seg\u00fan las palabras<br \/>\nde algunos viajeros contempor\u00e1neos- se habr\u00eda llegado a tal punto que un hombre joven no<br \/>\npuede casarse ni ser declarado mayor de edad antes de haber tra\u00eddo siquiera una cabeza de<br \/>\nenemigo. As\u00ed, por lo menos, refiri\u00f3 con todos los detalles cierto Carl Bock. Parece, sin embargo,<br \/>\nque los informes publicados al respecto son exagerados en extremo. En todo caso, lo que los<br \/>\ningleses llaman \u00abcazar cabezas\u00bb se presenta bajo una luz completamente distinta cuando nos<br \/>\nenteramos que el supuesto \u00abcazador\u00bb de ning\u00fan modo \u00abcaza\u00bb, y ni siquiera se gu\u00eda por un<br \/>\nsentimiento personal de venganza. Obra de acuerdo con lo que estima una obligaci\u00f3n moral<br \/>\nhacia su tribu, y por eso obra lo mismo que el juez europeo, que obedeciendo evidentemente al<br \/>\nmismo principio falso: \u00absangre por sangre\u00bb, entrega al condenado por \u00e9l en manos del verdugo.<br \/>\nAmbos -tanto el dayaco como nuestro juez experimentar\u00edan hasta remordimiento de conciencia<br \/>\nsi por un sentimiento de compasi\u00f3n perdonaran al homicida. He aqu\u00ed por qu\u00e9 los dayacos, fuera<br \/>\nde esta esfera de los homicidios cometidos bajo la influencia de sus concepciones de la justicia,<br \/>\nson, seg\u00fan el testimonio ecu\u00e1nime de todos los que los conocen bien, un pueblo<br \/>\nextraordinariamente simp\u00e1tico. El mismo Carl Bock, que hizo tan terrible pintura de la \u00abcaza de<br \/>\ncabezas\u00bb, escribe:<br \/>\n\u00abEn cuanto a la moral de los dayacos, debo asignarles el elevado lugar que merecen en el<br \/>\nconcierto de los otros pueblos&#8230; El pillaje y el robo son completamente desconocidos entre<br \/>\nellos. Se distinguen tambi\u00e9n por una gran veracidad&#8230; Si no siempre llegu\u00e9 a obtener de ellos<br \/>\n&#8216;toda la verdad&#8217;, sin embargo, nunca les o\u00ed decir nada salvo la verdad. Por desgracia, no se<br \/>\npuede decir lo mismo de los malayos\u00bb&#8230; (p\u00e1gs. 209 y 210).<br \/>\nEl testimonio de Bock es corroborado totalmente por Ida Pfeiffer: \u00abcomprend\u00ed plenamente &#8211;<br \/>\nescribi\u00f3 \u00e9sta- que continuar\u00eda con placer viajando entre ellos. Generalmente los hallaba<br \/>\nhonestos, buenos y modestos&#8230; en grado bastante mayor que cualquiera de los otros pueblos<br \/>\nque yo conoc\u00eda\u00bb. Stoltze, hablando de los dayacos, usa casi las mismas expresiones.<br \/>\nHabitualmente los dayacos no tienen m\u00e1s que una sola esposa, y la tratan bien. Son muy<br \/>\nsociables, y todas las ma\u00f1anas el clan entero va en partidas numerosas a pescar, a cazar o a<br \/>\nrealizar sus labores de huerta. Sus aldeas se componen de grandes chozas, en cada una de las<br \/>\ncuales se alojan alrededor de una docena de familias, y a veces un centenar de hombres, y<br \/>\ntodos ellos viven entre s\u00ed muy pac\u00edficamente. Con gran respeto tratan a sus esposas Y aman<br \/>\nmucho a sus hijos; cuando alguno enferma, las mujeres lo cuidan por turno. En general, son<br \/>\nmuy moderados en la comida y en la bebida. Tales son los dayacos en su vida cotidiana real.<br \/>\nCitar m\u00e1s ejemplos de la vida de los salvajes significar\u00eda solamente repetir, una y otra vez, lo<br \/>\nque se ha dicho ya. Dondequiera que nos dirijamos, hallamos por doquier las mismas<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n71<br \/>\ncostumbres sociales, el mismo esp\u00edritu comunal. Y cuando tratamos de penetrar en las tinieblas<br \/>\nde los siglos pasados, vemos en ellos la misma vida tribal, y las mismas uniones de hombres,<br \/>\naunque muy primitivas, para el apoyo mutuo. Por esto Darwin tuvo perfecta raz\u00f3n cuando vio en<br \/>\nlas cualidades sociales de los hombres la principal fuerza activa de su desarrollo m\u00e1ximo, y los<br \/>\nexpositores de Darwin de ning\u00fan modo tienen raz\u00f3n cuando afirman lo contrario.<br \/>\n\u00abLa debilidad comparativa del hombre y la poca velocidad de sus movimientos -escribi\u00f3-, y<br \/>\ntambi\u00e9n la insuficiencia de sus armas naturales, etc\u00e9tera, fueron m\u00e1s que compensadas en<br \/>\nprimer lugar por sus facultades mentales (las que, como observ\u00f3 Darwin en otro lugar, se<br \/>\ndesarrollaron principalmente, o casi exclusivamente, en inter\u00e9s de la sociedad); y en segundo<br \/>\nlugar, por sus cualidades sociales, en virtud de las cuales prest\u00f3 ayuda. \u00bb<br \/>\nEn el siglo XVIII estaba en boga idealizar \u00aba los salvajes\u00bb y la \u00abvida en estado natural\u00bb. Ahora los<br \/>\nhombres de ciencia han ca\u00eddo en el extremo opuesto, en especial desde que algunos de ellos,<br \/>\npretendiendo demostrar el origen animal del hombre, pero no conociendo la sociabilidad de los<br \/>\nanimales, comenzaron a acusar a los salvajes de todas las inclinaciones \u00abbestiales\u00bb posibles e<br \/>\nimaginables. Es evidente, sin embargo, que tal exageraci\u00f3n es m\u00e1s cient\u00edfica que la idealizaci\u00f3n<br \/>\nde Rousseau. El hombre primitivo no puede ser considerado como ideal de virtud ni como ideal<br \/>\nde \u00absalvajismo\u00bb. Pero tiene una cualidad elaborada y fortificada por las mismas condiciones de<br \/>\nsu dura lucha por la existencia: identifica su propia existencia con la vida de su tribu; y, sin esta<br \/>\ncualidad, la humanidad nunca hubiera alcanzado el nivel en que se encuentra ahora.<br \/>\nLos hombres primitivos, como hemos dicho antes, hasta tal punto identifican su vida con la vida<br \/>\nde su tribu, que cada uno de sus actos, por m\u00e1s insignificante que sea en si mismo, se<br \/>\nconsidera como un asunto de toda la tribu. Toda su conducta est\u00e1 regulada por una serie<br \/>\ncompleta de reglas verbales de decoro, que son fruto de su experiencia general, con respecto a<br \/>\nlo que debe considerarse bueno o malo; es decir, beneficioso o pernicioso para su propia tribu.<br \/>\nNaturalmente, los razonamientos en que est\u00e1n basadas estas reglas de decencia suelen ser, a<br \/>\nveces, absurdos en extremo. Muchos de ellos tienen su principio en las supersticiones. En<br \/>\ngeneral, haga lo que haga un salvaje s\u00f3lo ve las consecuencias m\u00e1s inmediatas de sus hechos;<br \/>\nno puede prever sus consecuencias indirectas y m\u00e1s lejanas; pero en esto s\u00f3lo exageran el<br \/>\nerror que Bentham reprochaba a los legisladores civilizados. Podemos encontrar absurdo el<br \/>\nderecho com\u00fan de los salvajes, pero obedecen a sus prescripciones, por m\u00e1s que les sean<br \/>\nembarazosas. Las obedecen m\u00e1s ciegamente a\u00fan de lo que el hombre civilizado obedece las<br \/>\nprescripciones de sus leyes. El derecho com\u00fan del salvaje es su religi\u00f3n; es el car\u00e1cter mismo<br \/>\nde su vida. La idea del clan est\u00e1 siempre presente en su mente; y por eso las autolimitaciones y<br \/>\nel sacrificio en inter\u00e9s del clan es el fen\u00f3meno m\u00e1s cotidiano. Si el salvaje ha infringido algunas<br \/>\nde las reglas menores establecidas por su tribu, las mujeres lo persiguen con sus burlas. Si la<br \/>\ninfracci\u00f3n tiene car\u00e1cter m\u00e1s serio, lo atormenta entonces, d\u00eda y noche, el miedo de haber<br \/>\natra\u00eddo la desgracia sobre toda su tribu, hasta que la tribu lo absuelve de su culpa. Si el salvaje<br \/>\naccidentalmente ha herido a alguien de su propio clan, y de tal modo ha cometido el mayor de<br \/>\nlos delitos, se convierte en hombre completamente desdichado: huye al bosque y est\u00e1<br \/>\ndispuesto a terminar consigo si la tribu no lo absuelve de la culpa, provoc\u00e1ndole alg\u00fan dolor<br \/>\nf\u00edsico o vertiendo cierta cantidad de su propia sangre. Dentro de la tribu todo es distribuido en<br \/>\ncom\u00fan; cada trozo de alimento, como hemos visto, se reparte entre los presentes; hasta en el<br \/>\nbosque el salvaje invita a todos los que desean compartir su comida.<br \/>\nHablando con m\u00e1s brevedad, dentro de la tribu, la regla: \u00abcada uno para todos\u00bb, reina<br \/>\nincondicionalmente hasta que el surgimiento de la familia separada empieza a perturbar la<br \/>\nunidad tribal. Pero esta regla no se extiende a los clanes o tribus vecinas, ni siquiera si se han<br \/>\naliado para la defensa mutua. Cada tribu o clan representa una unidad separada. As\u00ed como<br \/>\nentre los mam\u00edferos y las aves, el territorio no queda indiviso, sino que es repartido entre<br \/>\nfamilias separadas, del mismo modo se le distribuye entre las tribus separadas y, exceptuando<br \/>\n\u00e9pocas de guerra, estos l\u00edmites se observan religiosamente. Al penetrar en territorio vecino,<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n72<br \/>\ncada uno debe mostrar que no tiene malas intenciones; cuanto m\u00e1s ruidosamente anuncia su<br \/>\naproximaci\u00f3n, tanto m\u00e1s goza de confianza; si entra en una casa, debe entonces dejar su<br \/>\nhacha a la entrada. Pero ninguna tribu est\u00e1 obligada a compartir sus alimentos con otras tribus;<br \/>\nlibre es de hacerlo o no. Debido a esto, toda la vida del hombre primitivo se descompone en dos<br \/>\ng\u00e9neros de relaciones, y debe ser considerada desde dos puntos de vista \u00e9ticos: las relaciones<br \/>\ndentro de la tribu y las relaciones fuera de ella; y (como nuestro derecho internacional) el<br \/>\nderecho \u00abintertribal\u00bb se diferencia mucho del derecho tribal com\u00fan. Debido a esto, cuando se<br \/>\nllega hasta la guerra entre dos tribus, las crueldades m\u00e1s indignantes hacia el enemigo pueden<br \/>\nser consideradas como algo merecedor del mayor elogio.<br \/>\nTal doble concepci\u00f3n de la moral atraviesa, por otra parte, todo el desarrollo de la humanidad, y<br \/>\nse ha conservado hasta los tiempos presentes. Nosotros, europeos, hemos hecho algo -no<br \/>\nmucho, en todo caso- para apartamos de esta doble moral; pero necesario es, tambi\u00e9n, decir<br \/>\nque si hasta un cierto grado hemos extendido nuestras ideas de solidaridad -por lo menos en<br \/>\nteor\u00eda- a toda la naci\u00f3n, y a veces tambi\u00e9n a otras naciones, al mismo tiempo hemos debilitado<br \/>\nlos lazos de solidaridad dentro de nuestra naci\u00f3n y hasta dentro de nuestra misma familia.<br \/>\nLa aparici\u00f3n de las familias separadas dentro del clan perturb\u00f3 de manera inevitable la unidad<br \/>\nestablecida. La familia aislada conduce, inevitablemente, a la propiedad privada y a la<br \/>\nacumulaci\u00f3n de riqueza personal. Hemos visto, sin embargo, c\u00f3mo los esquimales tratan de<br \/>\nobviar los inconvenientes de este nuevo principio en la vida tribal.<br \/>\nEn un desarrollo m\u00e1s avanzado de la humanidad, la misma tendencia toma nuevas formas: y<br \/>\nseguir las huellas de las diferentes instituciones vitales (las comunas aldeanas, guildas, etc.),<br \/>\ncon ayuda de las cuales las masas populares se empe\u00f1aron en mantener la unidad tribal, a<br \/>\npesar de las influencias que se hab\u00edan empe\u00f1ado en destruirla, constituir\u00eda una de las<br \/>\ninvestigaciones m\u00e1s instructivas. Por otra parte, los primeros rudimentos de conocimientos<br \/>\naparecidos en \u00e9pocas extremadamente lejanas, en que se confund\u00edan con la hechicer\u00eda,<br \/>\ntambi\u00e9n se hicieron en manos del individuo una fuerza que pod\u00eda dirigirse contra los intereses<br \/>\nde la tribu. Estos rudimentos de conocimientos se conservaban entonces en gran secreto, y se<br \/>\ntransmit\u00edan solamente a los iniciados en las sociedades secretas de hechiceros, shamanes y<br \/>\nsacerdotes que encontramos en todas las tribus decididamente primitivas. Adem\u00e1s, al mismo<br \/>\ntiempo, las guerras e incursiones creaban el poder militar y tambi\u00e9n la casta de los guerreros,<br \/>\ncuyas asociaciones y \u00abclubs\u00bb poco a poco adquirieron enorme fuerza. Pero con todo, nunca, en<br \/>\nning\u00fan per\u00edodo de la vida de la humanidad, las guerras fueron la condici\u00f3n normal de la vida.<br \/>\nMientras los guerreros se destru\u00edan entre s\u00ed, y los sacerdotes glorificaban estos homicidios, las<br \/>\nmasas populares prosegu\u00edan llevando la vida cotidiana y haciendo su trabajo habitual de cada<br \/>\nd\u00eda. Y seguir esta vida de la masa, estudiar los m\u00e9todos con cuya ayuda mantuvieron su<br \/>\norganizaci\u00f3n social, basada en sus concepciones de la igualdad, de la ayuda mutua y del apoyo<br \/>\nmutuo -es decir, su derecho com\u00fan-, aun entonces, cuando estaban sometidos a la teocracia o<br \/>\naristocracia m\u00e1s brutal en el gobierno, estudiar esta faz del desarrollo de la humanidad es muy<br \/>\nimportante actualmente para una verdadera ciencia de la vida.<br \/>\nCAPITULO IV<br \/>\nLA AYUDA MUTUA ENTRE LOS BARBAROS<br \/>\nAl estudiar a los hombres primitivos es imposible dejar de admirarse del desarrollo de la<br \/>\nsociabilidad que el hombre evidenci\u00f3 desde los primer\u00edsimos pasos de su vida. Se han hallado<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n73<br \/>\nhuellas de sociedades humanas en los restos de la edad de piedra, tanto neol\u00edtica como<br \/>\npaleol\u00edtica; y cuando comenzamos a estudiar a los salvajes contempor\u00e1neos, cuyo modo de<br \/>\nvida no se distingue del modo de vida del hombre neol\u00edtico, encontramos que estos salvajes<br \/>\nest\u00e1n ligados entre s\u00ed por una organizaci\u00f3n de clan extremadamente antigua que les da<br \/>\nposibilidad de unir sus d\u00e9biles fuerzas individuales, gozar de la vida en com\u00fan y avanzar en su<br \/>\ndesarrollo. El hombre, de tal modo, no constituye una excepci\u00f3n en la naturaleza. Tambi\u00e9n \u00e9l<br \/>\nest\u00e1 sujeto al gran principio de la ayuda mutua, que asegura las mejores oportunidades de<br \/>\nsupervivencia s\u00f3lo a quienes mutuamente se prestan al m\u00e1ximo apoyo en la lucha por la<br \/>\nexistencia. Tales son las conclusiones a que hemos llegado en el cap\u00edtulo precedente.<br \/>\nSin embargo, no bien pasamos a un grado m\u00e1s elevado de desarrollo y recurrimos a la historia,<br \/>\nque ya puede decirnos algo acerca de este grado, suelen consternarnos las luchas y los<br \/>\nconflictos que esta historia nos descubre. Los viejos lazos parecen estar completamente rotos.<br \/>\nLas tribus luchan contra las tribus, unos clanes contra otros, los individuos entre s\u00ed, y, de este<br \/>\nchoque de fuerzas hostiles, sale la humanidad dividida en castas, esclavizada por los d\u00e9spotas,<br \/>\ndespedazada en estados separados que siempre est\u00e1n dispuestos a guerrear el uno contra el<br \/>\notro. Y he aqu\u00ed que, hojeando tal historia de la humanidad, el fil\u00f3sofo pesimista llega triunfante a<br \/>\nla conclusi\u00f3n de que la guerra y la opresi\u00f3n son la verdadera esencia de la naturaleza humana;<br \/>\nque los instintos guerreros y de rapi\u00f1a del hombre pueden ser, dentro de determinados l\u00edmites,<br \/>\nrefrenados s\u00f3lo por alguna autoridad poderosa que, por medio de la fuerza, estableciera la paz<br \/>\ny diera de tal modo a algunos pocos hombres nobles la posibilidad de preparar una vida mejor<br \/>\npara la humanidad del futuro.<br \/>\nSin embargo, basta someter a un examen m\u00e1s cuidadoso la vida cotidiana del hombre durante<br \/>\nel per\u00edodo hist\u00f3rico, como han hecho en los \u00faltimos tiempos muchos investigadores serios de<br \/>\nlas instituciones humanas, v esta vida inmediatamente adquiere un tinte completamente distinto.<br \/>\nDejando de lado las ideas preconcebidas de la mayor\u00eda de los historiadores, y su evidente<br \/>\npredilecci\u00f3n por la parte dram\u00e1tica de la vida humana, vemos que los mismos documentos que<br \/>\naprovechan ellos habitualmente son, por su esencia tales, que exageran la parte de la vida<br \/>\nhumana que se entreg\u00f3 a la lucha y no aprecian debidamente el trabajo pac\u00edfico de la<br \/>\nhumanidad. Los d\u00edas claros y soleados se pierden de vista por obra de las descripciones de las<br \/>\ntempestades y de los terremotos.<br \/>\nAun en nuestra \u00e9poca, los voluminosos anales que almacenamos para el historiador futuro en<br \/>\nnuestra prensa, nuestros juzgados, nuestras instituciones gubernamentales y hasta en nuestras<br \/>\nnovelas, cuentos, dramas y en la poes\u00eda, padecen de la misma unilateralidad. Transmiten a la<br \/>\nposteridad las descripciones m\u00e1s detalladas de cada guerra, combate y conflicto, de cada<br \/>\ndiscusi\u00f3n y acto de violencia; conservan los episodios de todo g\u00e9nero de sufrimientos<br \/>\npersonales; pero en ellos apenas se conservan las huellas precisas de los numerosos actos de<br \/>\napoyo mutuo y de sacrificio que cada uno de nosotros conoce por experiencia propia; en ellos<br \/>\ncasi no se presta atenci\u00f3n a lo que constituye la verdadera esencia de nuestra vida cotidiana, a<br \/>\nnuestros instintos y costumbres sociales. No es de asombrarse por esto si los anales de los<br \/>\ntiempos pasados se han mostrado tan imperfectos. Los analistas de la antig\u00fcedad inscribieron<br \/>\ninvariablemente en sus cr\u00f3nicas todas las guerras menudas y todo g\u00e9nero de calamidades que<br \/>\nsufrieron sus contempor\u00e1neos; pero no prestaron atenci\u00f3n alguna a la vida de las masas<br \/>\npopulares, a pesar de que justamente las masas se dedicaban, sobre todo, al trabajo pac\u00edfico,<br \/>\nmientras que la minor\u00eda se entregaba a las excitaciones de la lucha. Los poemas \u00e9picos, las<br \/>\ninscripciones de los monumentos, los tratados de paz, en una palabra, casi todos los<br \/>\ndocumentos hist\u00f3ricos, tienen el mismo car\u00e1cter; tratan de las perturbaciones de la paz y no de<br \/>\nla paz misma. Debido a esto, aun aquellos historiadores que procedieron al estudio del pasado<br \/>\ncon las mejores intenciones, inconscientemente trazaron una imagen mutilada de la \u00e9poca que<br \/>\ntrataban de presentar; y para restablecer la relaci\u00f3n real entre la lucha y la uni\u00f3n que exist\u00eda en<br \/>\nla vida, debemos ocuparnos ahora del an\u00e1lisis de los hechos peque\u00f1os y de las indicaciones<br \/>\nd\u00e9biles que fueron conservadas accidentalmente en los monumentos del pasado, y explicarlos<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n74<br \/>\ncon ayuda de la etnolog\u00eda comparativa. Despu\u00e9s de haber o\u00eddo tanto sobre lo que divid\u00eda a los<br \/>\nhombres, debemos reconstruir, piedra a piedra, las instituciones que los un\u00edan.<br \/>\nProbablemente no est\u00e1 ya lejana la \u00e9poca en que se habr\u00e1 de escribir nuevamente toda la<br \/>\nhistoria de la humanidad en un nuevo sentido, tomando en cuenta ambas corrientes de la vida<br \/>\nhumana ya citada y apreciando el papel que cada una de ellas ha desempe\u00f1ado en el<br \/>\ndesarrollo de la humanidad. Pero, mientras esto no ha sido todav\u00eda hecho, podemos ya<br \/>\naprovechar el enorme trabajo preparatorio realizado en los \u00faltimos a\u00f1os y que nos da la<br \/>\nposibilidad de reconstruir, a\u00fan en l\u00edneas generales, la segunda corriente, que ha sido<br \/>\ndescuidada durante mucho tiempo. De per\u00edodos de la historia que est\u00e1n mejor estudiados,<br \/>\npodemos esbozar algunos cuadros de la vida de las masas populares y mostrar qu\u00e9 papel ha<br \/>\ndesempe\u00f1ado en ellas, durante estos per\u00edodos, la ayuda mutua. Observar\u00e9 que, en bien de la<br \/>\nbrevedad, no estamos obligados a empezar indefectiblemente por la historia egipcia, ni siquiera<br \/>\ngriega o romana, porque en realidad la evoluci\u00f3n de la humanidad no ha tenido el car\u00e1cter de<br \/>\nuna cadena ininterrumpida de, sucesos. Algunas veces sucedi\u00f3 que la civilizaci\u00f3n quedaba<br \/>\ninterrumpida en cierto lugar, en cierta raza, y comenzaba de nuevo en otro lugar, en medio de<br \/>\notras razas. Pero, todo nuevo surgimiento comenzaba siempre desde la misma organizaci\u00f3n<br \/>\ntribal que acabamos de ver en los salvajes. De modo que si tomamos la \u00faltima forma de nuestra<br \/>\ncivilizaci\u00f3n actual -desde la \u00e9poca en que empez\u00f3 de nuevo en los primeros siglos de nuestra<br \/>\nera, entre aquellos pueblos que los romanos llamaron \u00abb\u00e1rbaros\u00bb- tendremos una gama<br \/>\ncompleta de la evoluci\u00f3n, empezando por la organizaci\u00f3n tribal y terminando por las<br \/>\ninstituciones de nuestra \u00e9poca. A estos cuadros estar\u00e1n consagradas las p\u00e1ginas siguientes.<br \/>\nLos hombres de ciencia a\u00fan no se han puesto de acuerdo sobre las causas que, hace alrededor<br \/>\nde dos mil a\u00f1os, movieron a pueblos enteros de Asia a Europa y provocaron las grandes<br \/>\nmigraciones de los b\u00e1rbaros que pusieron fin al imperio romano de Occidente. Sin embargo, se<br \/>\npresenta de modo natural al ge\u00f3grafo una causa posible, cuando contempla las ruinas de las<br \/>\nque fueron otrora ciudades densamente pobladas de los desiertos actuales de Asia Central, o<br \/>\nbien sigue los viejos lechos de r\u00edos ahora desaparecidos, y los restos de lagos que otrora fueron<br \/>\nenormes y que ahora quedaron reducidos casi a las dimensiones de peque\u00f1os estanques. La<br \/>\ncausa es la desecaci\u00f3n: una desecaci\u00f3n reciente que contin\u00faa todav\u00eda, con rapidez que antes<br \/>\nconsider\u00e1bamos imposible admitir. Contra semejantes fen\u00f3meno, el hombre no pudo luchar.<br \/>\nCuando los habitantes de Mongolia occidental y de Turquest\u00e1n oriental vieron que el agua se<br \/>\nles iba, no les qued\u00f3 otra salida que descender a lo largo de los amplios valles que conducen a<br \/>\nlas tierras bajas y presionar hacia el oeste a los habitantes de estas tierras. Tribu tras tribu, de<br \/>\ntal modo, fueron desplazadas hacia Europa, obligando a las otras tribus a ponerse en<br \/>\nmovimiento una y otra vez durante una serie entera de siglos; hacia el Oeste, o de vuelta al<br \/>\nEste, en busca de nuevos lugares de residencia m\u00e1s o menos permanente. Las razas se<br \/>\nmezclaron, durante estas migraciones; los abor\u00edgenes con los inmigrantes, los arios con los<br \/>\nuralaltaicos; y no seria nada asombroso, si las instituciones sociales que los un\u00edan en sus<br \/>\npatrias, se desplomaran completamente durante esta estratificaci\u00f3n de razas distintas que se<br \/>\nrealizaba entonces en Europa y Asia.<br \/>\nPero estas instituciones no fueron destruidas; s\u00f3lo sufrieron la transformaci\u00f3n que requer\u00edan las<br \/>\nnuevas condiciones de vida.<br \/>\nLa organizaci\u00f3n social de los teutones, celtas, escandinavos, eslavos y otros pueblos, cuando<br \/>\npor primera vez entr\u00f3 en contacto con los romanos, se encontraba en estado de transici\u00f3n. Sus<br \/>\nuniones tribales, basadas en la comunidad de origen real o supuesta, sirvieron para unirlos<br \/>\ndurante muchos milenios. Pero semejantes uniones respondieron a su fin s\u00f3lo hasta que<br \/>\naparecieron dentro del clan mismo las familias separadas. Sin embargo, en virtud de las<br \/>\nrazones expuestas m\u00e1s arriba, las familias patriarcales separadas, lenta, pero<br \/>\ninconteniblemente, se formaban dentro de la organizaci\u00f3n tribal y su aparici\u00f3n, al final de<br \/>\ncuentas, evidentemente condujo a la acumulaci\u00f3n de riquezas y de poder, a su transmisi\u00f3n<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n75<br \/>\nhereditaria en la familia y a la descomposici\u00f3n del clan. Las migraciones frecuentes y las<br \/>\nguerras que las acompa\u00f1aban s\u00f3lo pudieron apresurar la desintegraci\u00f3n de los clanes en<br \/>\nfamilias separadas, y la dispersi\u00f3n de las tribus durante las migraciones y su mezcla con los<br \/>\nextranjeros constitu\u00edan exactamente las condiciones con las que se facilit\u00f3 la desintegraci\u00f3n de<br \/>\nlas uniones anteriores basadas sobre lazos de parentesco. A los b\u00e1rbaros -es decir, aquellas<br \/>\ntribus que los romanos llamaron \u00abb\u00e1rbaros\u00bb y que, siguiendo las clasificaciones de Morgan,<br \/>\nllamar\u00e9 con ese mismo nombre para diferenciarlos de las tribus m\u00e1s primitivas, de los llamados<br \/>\n\u00absalvajes\u00bb- se presentaba de tal modo una disyuntiva: dejar su clan y disolverse en grupos de<br \/>\nfamilias d\u00e9bilmente unidas entre, s\u00ed, de las cuales, las familias m\u00e1s ricas (especialmente<br \/>\naquellas en quienes las riquezas se un\u00edan a las funciones del sacerdocio o a la gloria militar) se<br \/>\nadue\u00f1ar\u00edan del poder sobre los otros; o bien buscar alguna nueva forma de estructura social<br \/>\nfundada sobre alg\u00fan principio nuevo.<br \/>\nMuchas tribus fueron impotentes para oponerse a la desintegraci\u00f3n: se dispersaron y<br \/>\nperdi\u00e9ronse para la historia. Pero las tribus m\u00e1s en\u00e9rgicas no se dividieron; salieron de la<br \/>\nprueba elaborando una estructura social nueva: la comuna aldeana, que continu\u00f3 uni\u00e9ndolas<br \/>\ndurante los quince siglos siguientes, o m\u00e1s a\u00fan. En ellas se elabor\u00f3 la concepci\u00f3n del territorio<br \/>\ncom\u00fan, de la tierra adquirida y defendida con sus fuerzas comunes, y esta concepci\u00f3n ocup\u00f3 el<br \/>\nlugar de la concepci\u00f3n del origen com\u00fan, que ya se extingu\u00eda. Sus dioses perdieron<br \/>\npaulatinamente su car\u00e1cter de ascendientes y recibieron un nuevo car\u00e1cter local, territorial. Se<br \/>\nconvirtieron en divinidades o, posteriormente, en patronos de un cierto lugar.<br \/>\nLa \u00abtierra\u00bb se identificaba con los habitantes. En lugar de las uniones anteriores por la sangre,<br \/>\ncrecieron las uniones territoriales, y esta nueva estructura evidentemente ofrec\u00eda muchas<br \/>\nventajas en determinadas condiciones. Reconoc\u00eda la independencia de la familia y hasta<br \/>\naumentaba esta independencia, puesto que la comuna aldeana renunciaba a todo derecho a<br \/>\ninmiscuirse en lo que ocurr\u00eda dentro de la familia misma; daba tambi\u00e9n una libertad<br \/>\nconsiderablemente mayor a la iniciativa personal; no era un principio hostil a la uni\u00f3n entre<br \/>\npersonas de origen distinto, y adem\u00e1s, manten\u00eda la cohesi\u00f3n necesaria en los actos y en los<br \/>\npensamientos de los miembros de la comunidad; y, finalmente, era lo bastante fuerte para<br \/>\noponerse a las tendencias de dominio de la minor\u00eda, compuesta de hechiceros, sacerdotes y<br \/>\nguerreros profesionales o distinguidos que pretend\u00edan adue\u00f1arse del poder. Debido a esto, la<br \/>\nnueva organizaci\u00f3n se convirti\u00f3 en la c\u00e9lula primitiva de toda vida social futura; y en muchos<br \/>\npueblos, la comuna aldeana conserv\u00f3 este car\u00e1cter hasta el presente.<br \/>\nYa es sabido ahora -y apenas se discute- que la comuna aldeana de ning\u00fan modo ha sido<br \/>\nrasgo caracter\u00edstico de los eslavos o de los antiguos germanos. Estaba extendida en Inglaterra,<br \/>\ntanto en el per\u00edodo saj\u00f3n como en el normando, y se conserv\u00f3 en algunos lugares hasta el siglo<br \/>\ndiecinueve; fue la base de la organizaci\u00f3n social de la antigua Escocia, la antigua Irlanda y el<br \/>\nantiguo Gales. En Francia, la posesi\u00f3n com\u00fan y la divisi\u00f3n comunal de la tierra arable por la<br \/>\nasamblea aldeana se conserv\u00f3 desde los primeros siglos de nuestra era hasta la \u00e9poca de<br \/>\nTurgut, que hall\u00f3 las asambleas comunales \u00abdemasiado ruidosas\u00bb y por ello comenz\u00f3 a<br \/>\ndestruirlas. En Italia, la comuna sobrevivi\u00f3 al dominio romano y renaci\u00f3 despu\u00e9s de la ca\u00edda del<br \/>\nimperio romano. Fue regla general entre los escandinavos, eslavos, fineses (en la pitt\u00fcy\u00fc, y<br \/>\nprobablemente en la kihlakunta), los cures y los lives. La comuna aldeana en la India -pasada y<br \/>\npresente, aria y no aria- es bien conocida gracias a los trabajos de sir Henry Maine, que han<br \/>\nhecho \u00e9poca en este dominio; y Elphistone la describi\u00f3 en los afganos. La encontramos tambi\u00e9n<br \/>\nen el ulus mogol, en la cabila thaddart, en la dessa javanesa, en la kota o tofa malaya y, bajo<br \/>\ndiferentes designaciones, en Abisinia, Sud\u00e1n, en el interior de Africa, en las tribus ind\u00edgenas de<br \/>\nambas Am\u00e9ricas, y en todas las tribus, peque\u00f1as y grandes, de las islas del oc\u00e9ano Pac\u00edfico.<br \/>\nEn una palabra, no conocemos ninguna raza humana, ning\u00fan pueblo, que no hubiera pasado<br \/>\nen determinado periodo por la comuna aldeana. Ya este solo hecho refuta la teor\u00eda seg\u00fan la<br \/>\ncual se trat\u00f3 de representar a la comuna aldeana de Europa como un producto de la<br \/>\nservidumbre. Se form\u00f3 mucho antes que la servidumbre y ni siquiera la sumisi\u00f3n servil pudo<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n76<br \/>\ndestruirla. Ella constituye una fase general del desarrollo del g\u00e9nero humano, un renacimiento<br \/>\nnatural de la organizaci\u00f3n tribal, por lo menos en todas las tribus que desempe\u00f1aron o<br \/>\ndesempe\u00f1an hasta la \u00e9poca presente alg\u00fan papel en la historia.<br \/>\nLa comuna aldeana constitu\u00eda una instituci\u00f3n crecida naturalmente, y por ello no pod\u00eda ser de<br \/>\nestructura completamente uniforme. Hablando en general, era una uni\u00f3n de familias que se<br \/>\nconsideraban originarias de una ra\u00edz com\u00fan y que pose\u00edan en com\u00fan una cierta tierra. Pero en<br \/>\nalgunas tribus, en circunstancias determinadas, las familias crecieron extraordinariamente antes<br \/>\nde que de ellas brotaran nuevas familias; en tales casos, cinco, seis o siete generaciones<br \/>\ncontinuaron viviendo bajo un techo o dentro de un recinto, poseyendo en com\u00fan el cultivo y el<br \/>\nganado, y reuni\u00e9ndose para la comida ante un hogar com\u00fan. Entonces se form\u00f3 lo que se<br \/>\nconoce en la etnolog\u00eda con el nombre de \u00abfamilia indivisa- o \u00abeconom\u00eda dom\u00e9stica indivisa\u00bb, que<br \/>\nnosotros hallamos a\u00fan ahora en toda la China, en la India, en la zadruga de los eslavos<br \/>\nmeridionales y, ocasionalmente, en \u00c1frica, Am\u00e9rica, Dinamarca, Rusia septentrional, en Siberia<br \/>\n(las semieskie), y en Francia occidental. En otros pueblos, o en otras circunstancias que todav\u00eda<br \/>\nno est\u00e1n determinadas con precisi\u00f3n, las familias no alcanzaron tan grandes proporciones; los<br \/>\nnietos, y a veces tambi\u00e9n los hijos, sal\u00edan del hogar inmediatamente despu\u00e9s de contraer<br \/>\nmatrimonio, y cada uno de ellos asentaba el principio de su propia c\u00e9lula. Pero tanto las familias<br \/>\ndivididas como las indivisas, tanto las que se establecieron juntas como las que se<br \/>\nestablecieron diseminadas por los bosques, todas ellas se unieron en comunas aldeanas.<br \/>\nAlgunas aldeas se unieron en clanes, o tribus, y algunas tribus en uniones o federaciones. Tal<br \/>\nera la organizaci\u00f3n, social que se desarroll\u00f3 entre los as\u00ed llamados b\u00e1rbaros cuando empezaron<br \/>\na asentarse en residencias m\u00e1s o menos permanentes en Europa. Necesario es recordar, sin<br \/>\nembargo, que las palabras \u00abb\u00e1rbaros\u00bb y \u00abper\u00edodo b\u00e1rbaro\u00bb se emplean aqu\u00ed siguiendo a Morgan<br \/>\ny otros antrop\u00f3logos -investigadores de la vida de las sociedades humanas- exclusivamente<br \/>\npara designar el per\u00edodo de la comuna aldeana que sigui\u00f3 a la organizaci\u00f3n tribal, hasta la<br \/>\nformaci\u00f3n de los Estados contempor\u00e1neos.<br \/>\nUna larga evoluci\u00f3n fue necesaria para que el clan llegara a reconocer dentro de \u00e9l la existencia<br \/>\nseparada de la familia patriarcal que viv\u00eda en una choza separada; pero, sin embargo, aun<br \/>\ndespu\u00e9s de tal reconocimiento, el clan, hablando en general, todav\u00eda no reconoc\u00eda la herencia<br \/>\npersonal de la propiedad. Bajo la organizaci\u00f3n tribal, las pocas cosas que pod\u00edan pertenecer a<br \/>\nun individuo se destru\u00edan sobre su tumba o se enterraban junto a \u00e9l. La comuna aldeana, por lo<br \/>\ncontrario, reconoc\u00eda plenamente la acumulaci\u00f3n privada de riquezas dentro de la familia, y su<br \/>\ntransmisi\u00f3n hereditaria. Pero la riqueza se extend\u00eda exclusivamente en forma de bienes<br \/>\nmuebles, incluyendo en ellos el ganado, los instrumentos y la vajilla, las armas, y la casahabitaci\u00f3n<br \/>\nque, \u00abcomo todas las cosas que pod\u00edan ser destruidas por el fuego\u00bb, se contaban en<br \/>\nesa misma categor\u00eda. En cuanto a la propiedad privada territorial, la comuna aldeana no<br \/>\nreconoc\u00eda y no pod\u00eda reconocer nada semejante, y hablando en general, no reconoce tal g\u00e9nero<br \/>\nde propiedad tampoco ahora. La tierra era propiedad com\u00fan de todo el clan o de la tribu entera<br \/>\ny la misma comuna aldeana pose\u00eda su parte de territorio tribal, s\u00f3lo hasta donde el clan o la<br \/>\ntribu no es posible establecer aqu\u00ed l\u00edmites precisos no hallaba necesaria una nueva distribuci\u00f3n<br \/>\nde las parcelas aldeanas.<br \/>\nPuesto que el desbroce de la tierra boscosa, y el desmonte de las tierras v\u00edrgenes, en la<br \/>\nmayor\u00eda de los casos, eran realizados por toda la comuna o, por lo menos, por el trabajo<br \/>\nconjunto de varias familias -siempre con el consentimiento de la comuna- las parcelas vueltas a<br \/>\nlimpiar pasaban a ser de cada familia por cuatro, doce, veinte a\u00f1os, despu\u00e9s de lo cual, se<br \/>\nconsideraban ya como parte de la, tierra arable perteneciente a toda la comuna. La propiedad<br \/>\nprivada o el dominio \u00abperpetuo\u00bb de la tierra era tambi\u00e9n incompatible con las concepciones<br \/>\nfundamentales de las ideas religiosas de la comuna aldeana, como antes eran incompatibles<br \/>\ncon las concepciones de clanes; de modo que fue necesaria la influencia prolongada del<br \/>\nderecho romano y de la iglesia cristiana, que asimil\u00f3 presto las leyes de la Roma pagana, para<br \/>\nacostumbrar a los b\u00e1rbaros a la practicabilidad de la propiedad privada territorial. Pero, aun<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n77<br \/>\nentonces, cuando la propiedad privada o el dominio por tiempo, indeterminado fue reconocido,<br \/>\nel propietario de una parcela separada segu\u00eda siendo, al mismo tiempo, copropietario de una<br \/>\nparcela de los bosques y de las dehesas comunes. Adem\u00e1s, vemos continuamente, en especial<br \/>\nen la historia de Rusia, que cuando varias familias, actuando completamente por separado,<br \/>\nhab\u00edan tomado posesi\u00f3n de alguna tierra perteneciente a las tribus que consideraban como<br \/>\nextranjeras, las familias de los usurpadores se un\u00edan en seguida entre s\u00ed y formaban una<br \/>\ncomuna aldeana que, en la tercera o cuarta generaci\u00f3n, ya cre\u00eda en la comunidad de su origen.<br \/>\nSiberia est\u00e1 llena hasta ahora de tales ejemplos.<br \/>\nUna serie completa de instituciones, en parte heredadas del per\u00edodo tribal, empez\u00f3 entonces a<br \/>\nelaborarse sobre esta base del dominio com\u00fan de la tierra, y continu\u00f3 elabor\u00e1ndose a trav\u00e9s de<br \/>\nlas largas series de siglos que fueron necesarios para someter a los comuneros a la autoridad<br \/>\nde los Estados, organizados seg\u00fan el modelo romano o bizantino. La comuna aldeana no s\u00f3lo<br \/>\nera una sociaci\u00f3n para asegurar a cada uno la parte justa en el disfrute de la tierra com\u00fan; era,<br \/>\ntambi\u00e9n, una asociaci\u00f3n para el cultivo com\u00fan de la tierra, para el apoyo mutuo en todas las<br \/>\nformas posibles, para la defensa contra la violencia y para el m\u00e1ximo desarrollo de los<br \/>\nconocimientos, los lazos nacionales y las concepciones morales; y cada cambio en el derecho<br \/>\njur\u00eddico, militar, educacional o econ\u00f3mico de la comuna era decidido por todos, en la reuni\u00f3n del<br \/>\nmir de la aldea, la asamblea de la tribu, o en la asamblea de la confederaci\u00f3n de las tribus y<br \/>\ncomunas. La comuna, siendo continuaci\u00f3n del clan, hered\u00f3 todas sus funciones. Representaba<br \/>\na la universitas, el mir en s\u00ed mismo.<br \/>\nLa caza en com\u00fan, la pesca en com\u00fan y el cultivo comunal de las plantaciones frutales, era la<br \/>\nregla general bajo los antiguos \u00f3rdenes tribales. Del mismo modo, el cultivo com\u00fan de los<br \/>\ncampos se hizo regla en las comunas aldeanas de los b\u00e1rbaros. Es cierto que tenemos muy<br \/>\npocos testimonios directos en este sentido, y que en la literatura antigua encontramos en total<br \/>\nalgunas frases de Diodoro y Julio C\u00e9sar que se refieren a los habitantes de las islas de Lipari, a<br \/>\nuna de las tribus celtiberas y a los suevos. Pero no existe, sin embargo, insuficiencia de hechos<br \/>\nque prueben que el cultivo com\u00fan de la tierra era practicado entre algunas tribus germ\u00e1nicas,<br \/>\nentre los francos y entre los antiguos escoceses, irlandeses y galeses. En cuanto a las \u00faltimas<br \/>\nsupervivencias del cultivo comunal, son simplemente innumerables. Hasta en la Francia<br \/>\ncompletamente romanizada, el arar en com\u00fan era un fen\u00f3meno corriente hace apenas unos<br \/>\nveinticinco a\u00f1os; en Morbihan (Breta\u00f1a). Hallamos el antiguo cyvar gal\u00e9s, o el \u00abarado conjunto\u00bb,<br \/>\npor ejemplo, en el C\u00e1ucaso, y el cultivo com\u00fan de la tierra entregada en usufructo al santuario<br \/>\nde la aldea constituye un fen\u00f3meno corriente en las tribus del C\u00e1ucaso, menos tocadas por la<br \/>\ncivilizaci\u00f3n; hechos semejantes se encuentran constantemente entre los campesinos rusos.<br \/>\nAdem\u00e1s, es bien sabido que muchas tribus del Brasil, de Am\u00e9rica Central y M\u00e9xico cultivaban<br \/>\nsus campos en com\u00fan, y que la misma costumbre est\u00e1 ampliamente difundida, a\u00fan ahora, entre<br \/>\nlos malayos, en Nueva Celedonia, entre algunas tribus negras, etc.. Hablando m\u00e1s brevemente,<br \/>\nel cultivo comunal de la tierra constituye un fen\u00f3meno tan corriente en muchas tribus arias,<br \/>\nuralaltaicas, mog\u00f3licas, negras y pieles rojas, malayas y melanesias, que debemos considerarlo<br \/>\ncomo una forma general -aunque no la \u00fanica posible- de agricultura primitiva.<br \/>\nNecesario es recordar, sin embargo, que el cultivo comunal de la tierra no implica a\u00fan el<br \/>\nnecesario consumo com\u00fan. Ya en la organizaci\u00f3n tribal vemos, a menudo, que cuando los<br \/>\nbotes cargados de frutas o pescados vuelven a la aldea, el alimento transportado en ellos se<br \/>\nreparte entro las chozas separadas y las \u00abcasas largas\u00bb (en las que se alojan ya varias familias,<br \/>\nya los j\u00f3venes) y el alimento se prepara en cada fuego separado. La costumbre de sentarse a la<br \/>\nmesa en un c\u00edrculo m\u00e1s estrecho de parientes o camaradas, de tal modo, aparece ya en el<br \/>\nper\u00edodo antiguo de la vida tribal. En la comuna aldeana se convierte en regla.<br \/>\nHasta los productos alimenticios cultivados en com\u00fan, habitualmente se divid\u00edan entre los<br \/>\ndue\u00f1os de casa despu\u00e9s que una parte hab\u00eda sido almacenada para uso com\u00fan. Adem\u00e1s, la<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n78<br \/>\ntradici\u00f3n de los festines comunales se conservaba piadosamente. En cada caso oportuno,<br \/>\ncomo, por ejemplo, en los d\u00edas consagrados a la recordaci\u00f3n de los antepasados, durante las<br \/>\nfiestas religiosas, al comienzo o al final de las labores campestres y, tambi\u00e9n con motivo de<br \/>\nsucesos tales como nacimiento de los ni\u00f1os, bodas y entierros, la comuna se reun\u00eda en un<br \/>\nfest\u00edn comunal. A\u00fan era la \u00e9poca presente, en Inglaterra, encontramos una supervivencia de<br \/>\nesta costumbre, bien conocida bajo el nombre de cena de la cosecha (Harvest Supper): se ha<br \/>\nconservado m\u00e1s que todas las otras costumbres. A\u00fan mucho tiempo despu\u00e9s que los campos<br \/>\ndejaron de ser cultivados conjuntamente por toda la comuna, vemos que algunas labores<br \/>\nagr\u00edcolas contin\u00faan realiz\u00e1ndose por medio de ella. Cierta parte de la tierra comunal, aun ahora,<br \/>\nen muchos lugares es cultivada en com\u00fan, con el objeto de ayudar a los indigentes, y tambi\u00e9n<br \/>\npara formar dep\u00f3sitos comunales o para usar los productos de semejante trabajo durante las<br \/>\nfiestas religiosas. Los canales de regad\u00edo y las acequias son cavadas y reparadas en com\u00fan.<br \/>\nLos prados comunales son segados por la comuna; y uno de los espect\u00e1culos m\u00e1s inspiradores<br \/>\nlo constituye la comuna aldeana rusa durante la siega, en la cual los hombres rivalizan entre s\u00ed<br \/>\nen la, amplitud del corte de guada\u00f1a y la rapidez de las siegas, y las mujeres remueven la<br \/>\nhierba cortada y la recogen en gavillas; vemos aqu\u00ed qu\u00e9 podr\u00eda ser y qu\u00e9 deber\u00eda ser el trabajo<br \/>\nhumano. En tales casos, se reparte el heno entre los hogares separados, y es evidente que<br \/>\nninguno tiene derecho a tomar el heno del henar de su vecino sin su permiso; pero la restricci\u00f3n<br \/>\na esta regla general, que se encuentra en los osietinos, en el C\u00e1ucaso, es muy instructiva: ni<br \/>\nbien comienza a cantar el cuclillo anunciando la entrada de la primavera, que pronto vestir\u00e1<br \/>\ntodos los prados de hierba, adquieren todos el derecho de tomar del henar vecino el heno que<br \/>\nnecesiten para alimentar a su ganado. De tal modo, se afirman una vez m\u00e1s los antiguos<br \/>\nderechos comunales, como para demostrar con ello hasta qu\u00e9 punto el individualismo sin<br \/>\nrestricciones contradice a la naturaleza humana.<br \/>\nCuando el viajero europeo desembarca en alguna isleta del oc\u00e9ano Pac\u00edfico, y viendo de lejos<br \/>\nun grupo de palmeras se dirige hacia all\u00ed, generalmente le asombra el descubrimiento de que<br \/>\nlas aldehuelas de los ind\u00edgenas est\u00e1n unidas entre s\u00ed por caminos pavimentados con grandes<br \/>\npiedras, perfectamente c\u00f3modos para los abor\u00edgenes descalzos, y que en muchos sentidos<br \/>\nrecuerdan a los \u00abviejos caminos\u00bb de las monta\u00f1as suizas. Caminos semejantes fueron trazados<br \/>\npor los \u00abb\u00e1rbaros\u00bb por toda Europa, y es necesario viajar por los pa\u00edses salvajes, poco<br \/>\npoblados, que est\u00e1n situados lejos de las l\u00edneas principales de las comunicaciones<br \/>\ninternacionales, para comprender las proporciones de ese trabajo colosal que realizaron las<br \/>\ncomunas b\u00e1rbaras para vencer la aspereza de las inmensas extensiones boscosas y<br \/>\npantanosas que presentaba Europa alrededor de dos mil a\u00f1os atr\u00e1s. Las familias separadas,<br \/>\nd\u00e9biles y sin los instrumentos necesarios, no hubieran podido jam\u00e1s vencer la selva, virgen. El<br \/>\nbosque y el pantano las hubieran vencido. Solamente las comunas aldeanas, trabajando en<br \/>\ncom\u00fan, pudieron conquistar estos bosques salvajes, estas ci\u00e9nagas absorbentes y las estepas<br \/>\nLimitadas.<br \/>\nLos senderos, los caminos de fajinas, las balsas y los puentes livianos que se quitaban en<br \/>\ninvierno y se constru\u00edan de nuevo despu\u00e9s de las crecidas de primavera, las trincheras y<br \/>\nempalizadas con las que se cercaban las aldeas, las fortalezas de tierra, las peque\u00f1as torres y<br \/>\nata layas de que estaba sembrado el territorio, todo esto fue obra de las manos de las comunas<br \/>\naldeanas. Y cuando la comuna creci\u00f3, comenz\u00f3 el proceso de echar brotes. A alguna distancia<br \/>\nde la primera, brot\u00f3 una nueva comuna, y de tal modo, paso a paso, los bosques y las estepas<br \/>\ncayeron bajo el poder del hombre. Todo el proceso de la formaci\u00f3n de las naciones europeas<br \/>\nfue en esencia el fruto de tal brote de las comunas aldeanas. Hasta en la \u00e9poca presente los<br \/>\ncampesinos rusos, si no est\u00e1n completamente abrumados por la necesidad, emigran en<br \/>\ncomunas, cultivan la tierra virgen en com\u00fan y, tambi\u00e9n, en com\u00fan, cavan las chozas de tierra, y<br \/>\nluego construyen las casas, cuando se asientan en las cuencas del Amur o en Canad\u00e1. Hasta<br \/>\nlos ingleses, al principio de la colonizaci\u00f3n de Am\u00e9rica, volvieron al antiguo sistema: se<br \/>\nasentaron y vivieron en comunas.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n79<br \/>\nLa comuna aldeana era entonces el arma principal en la dura lucha contra la naturaleza hostil.<br \/>\nEra, tambi\u00e9n, el lazo que los campesinos opon\u00edan a la opresi\u00f3n de parte de los m\u00e1s h\u00e1biles y<br \/>\nfuertes, que trataban de reforzar su autoridad en aquellos agitados tiempos. El \u00abb\u00e1rbaro\u00bb<br \/>\nimaginario, es decir, el hombre que lucha y mata a los hombres por bagatelas, existi\u00f3 tan poco<br \/>\nen la realidad como el \u00absanguinario\u00bb salvaje de nuestros literatos.<br \/>\nEl b\u00e1rbaro comunal, por lo contrario, en su vida se somet\u00eda a una serie entera y completa de<br \/>\ninstituciones, imbuidas de cuidadosas consideraciones sobre qu\u00e9 puede ser \u00fatil o nocivo para<br \/>\nsu tribu o su confederaci\u00f3n; y las instituciones de este g\u00e9nero fueron transmitidas<br \/>\nreligiosamente de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n en versos y cantos, en proverbios y tr\u00edades, en<br \/>\nsentencias e instrucciones.<br \/>\nCuanto m\u00e1s estudiamos este per\u00edodo, tanto m\u00e1s nos convencemos de los lazos estrechos que<br \/>\nligaban a los hombres en sus comunas. Toda ri\u00f1a surgida entre dos paisanos se consideraba<br \/>\nasunto que concern\u00eda a toda la comuna, hasta las palabras ofensivas que escaparan durante<br \/>\nuna ri\u00f1a se consideraban ofensas a la comuna y a sus antepasados. Era necesario reparar<br \/>\nsemejantes ofensas con disculpas y una multa liviana en beneficio del ofendido y en beneficio<br \/>\nde la comuna. Si la ri\u00f1a terminaba en pelea y heridas, el hombre que la presenciara y no<br \/>\ninterviniera para suspenderla era considerado como si \u00e9l mismo hubiera producido las heridas<br \/>\ncausadas.<br \/>\nEl procedimiento jur\u00eddico estaba imbuido del mismo esp\u00edritu. Toda ri\u00f1a, ante todo, se somet\u00eda a<br \/>\nla consideraci\u00f3n de mediadores o \u00e1rbitros, y la mayor\u00eda de los casos eran resueltos por ellos,<br \/>\npuesto que el \u00e1rbitro desempe\u00f1aba un papel importante en la sociedad b\u00e1rbara. Pero si el<br \/>\nasunto era demasiado serio y no pod\u00eda ser resuelto por los mediadores, se somet\u00eda al juicio de<br \/>\nla asamblea comunal, que ten\u00eda el deber de \u00abhallar la sentencia\u00bb y la pronunciaba siempre en<br \/>\nforma condicional: es decir, \u00abel ofensor deber\u00e1 pagar tal compensaci\u00f3n al ofendido si la ofensa<br \/>\nes probada\u00bb. La ofensa era probada o negada por seis o doce personas, quienes confirmaban o<br \/>\nnegaban el hecho de la ofensa bajo juramento: se recurr\u00eda a la ordal\u00eda solamente en el caso de<br \/>\nque surgiera contradicci\u00f3n entre los dos cuerpos de jurados de ambas partes litigantes.<br \/>\nSemejante procedimiento, que estuvo en vigor m\u00e1s de dos mil a\u00f1os, habla suficientemente por<br \/>\ns\u00ed mismo; muestra cu\u00e1n estrechos eran los lazos que un\u00edan entre s\u00ed a todos los miembros de la<br \/>\ncomuna.<br \/>\nNo est\u00e1 de m\u00e1s recordar aqu\u00ed que, aparte de su autoridad moral, la asamblea comunal no ten\u00eda<br \/>\nninguna otra fuerza para hacer cumplir su sentencia. La \u00fanica amenaza posible era declarar al<br \/>\nrebelde, proscrito, fuera de la ley; pero aun esta amenaza era un arma de doble filo. Un hombre<br \/>\ndescontento con la decisi\u00f3n de la asamblea comunal pod\u00eda declarar que abandonaba su tribu y<br \/>\nque se un\u00eda a otra, y \u00e9sta era una amenaza terrible, puesto que, seg\u00fan la convicci\u00f3n general,<br \/>\natra\u00eda indefectiblemente todas las desgracias posibles sobre la tribu, que pod\u00eda haber cometido<br \/>\nuna injusticia con uno de sus miembros. La oposici\u00f3n a una decisi\u00f3n justa, basada sobre el<br \/>\nderecho com\u00fan, era sencillamente \u00abinimaginable\u00bb seg\u00fan la expresi\u00f3n muy afortunada de Henry<br \/>\nMaine, puesto que \u00abla ley, la moral y el hecho constitu\u00edan, en aquellos tiempos, algo<br \/>\ninseparable\u00bb. La autoridad moral de la comuna era tan grande que hasta en una \u00e9poca<br \/>\nconsiderablemente posterior, cuando las comunas aldeanas fueron sometidas a los se\u00f1ores<br \/>\nfeudales, conservaron, sin embargo, la autoridad jur\u00eddica; s\u00f3lo permit\u00edan al se\u00f1or o a su<br \/>\nrepresentante \u00abhallar\u00bb las sentencias arriba citadas condicionales, de acuerdo con el derecho<br \/>\ncom\u00fan que \u00e9l juraba mantener en su pureza; y se le permit\u00eda percibir en su beneficio la multa<br \/>\n(fred) que antes se percib\u00eda en favor de la comunal. Pero, durante mucho tiempo, el mismo<br \/>\nse\u00f1or feudal, si era copropietario de los bald\u00edos y dehesas comunales, se somet\u00eda, en los<br \/>\nasuntos comunales, a la decisi\u00f3n de la comuna. Perteneciera ya a la nobleza o al clero, deb\u00eda<br \/>\nsometerse a la decisi\u00f3n de la asamblea comunal. \u00abWer daselbst Wasser und Weid gerusst,<br \/>\nmuss gehorsan sein\u00bb -quien goza del derecho al agua y a los pastos, debe obedecer-, dice una<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n80<br \/>\nantigua sentencia. Hasta cuando los campesinos se convirtieron en esclavos de los se\u00f1ores<br \/>\nfeudales, los \u00faltimos estaban obligados a presentarse ante la asamblea comunal si los citaban.<br \/>\nEn sus concepciones de la justicia, los b\u00e1rbaros evidentemente no se alejaron mucho de los<br \/>\nsalvajes. Tambi\u00e9n ellos consideraban que todo homicidio deb\u00eda implicar la muerte del homicida;<br \/>\nque la herida producida deb\u00eda ser castigada, produciendo, punto por punto, la misma herida, y<br \/>\nque la familia ofendida deb\u00eda cumplir, ella misma, la sentencia pronunciada o a virtud del<br \/>\nderecho com\u00fan; es decir, matar al homicida o a alguno de sus cong\u00e9neres, o producir un<br \/>\ndeterminado g\u00e9nero de heridas al ofensor o a uno de sus allegados. Esto era para ellos un<br \/>\ndeber sagrado, una deuda hac\u00eda los antepasados que deb\u00eda ser cumplida completamente en<br \/>\np\u00fablico y de ning\u00fan modo en secreto, y deb\u00eda d\u00e1rsele la m\u00e1s amplia publicidad. Por esto, los<br \/>\npasajes m\u00e1s inspirados de las sagas y de todas las obras de la poes\u00eda \u00e9pica en general de<br \/>\naquella \u00e9poca est\u00e1n consagrados a glorificar lo que siempre se consider\u00f3 justo, es decir, la<br \/>\nvenganza tribal. Los mismos dioses se un\u00edan a los matadores, en tales casos, y los ayudaban.<br \/>\nAdem\u00e1s, el rasgo predominante de la justicia de los b\u00e1rbaros es ya, por una parte, el intento de<br \/>\nlimitar la cantidad de personas que pueden ser arrastradas en una guerra de dos clanes por<br \/>\ncausa de la venganza de sangre, y por otra parte, el intento de extirpar la idea brutal de la<br \/>\nnecesidad de pagar sangre por sangre y herida por herida, y el deseo de establecer un sistema<br \/>\nde indemnizaciones al ofendido, por la ofensa. Los c\u00f3digos de leyes b\u00e1rbaras que constitu\u00edan<br \/>\ncolecciones de resoluciones de derecho com\u00fan, escritos para gula de los jueces, \u00abal principio<br \/>\npermit\u00edan y luego estimulaban y por \u00faltimo exig\u00edan\u00bb la sustituci\u00f3n de la venganza de sangre por<br \/>\nla indemnizaci\u00f3n, como lo observ\u00f3 Kbnigswarter. Pero representar este sistema de<br \/>\ncompensaciones judiciales por las ofensas, como un sistema de multas que era igual que si<br \/>\ndiera al hombre rico carta blanche es decir, pleno derecho a obrar como se le antojara,<br \/>\ndemuestra una incomprensi\u00f3n completa de esta instituci\u00f3n. La compensaci\u00f3n monetaria, es<br \/>\ndecir, Wehrgeld, que se pagaba al ofendido, es completamente distinta de la peque\u00f1a multa o<br \/>\nfred que se pagaba a la comuna o a su representante. La compensaci\u00f3n monetaria que se<br \/>\nfijaba com\u00fanmente para todo g\u00e9nero de violencia era tan elevada que, naturalmente, no era un<br \/>\nest\u00edmulo para semejante g\u00e9nero de delitos. En caso de homicidio, la compensaci\u00f3n monetaria<br \/>\ncom\u00fanmente exced\u00eda todos los bienes posibles del homicida. \u00abDieciocho veces dieciocho<br \/>\nvacas\u00bb -tal era la indemnizaci\u00f3n de los osietinos, que no sab\u00edan contar m\u00e1s all\u00e1 de dieciocho;<br \/>\nen las tribus africanas, la compensaci\u00f3n monetaria por un homicidio alcanza a ochocientos<br \/>\nvacas o cien camellos con su cr\u00eda, y s\u00f3lo en las tribus m\u00e1s pobres se reduc\u00eda a 416 ovejas. En<br \/>\ngeneral, en la enorme mayor\u00eda de los casos, era imposible pagar la compensaci\u00f3n monetaria<br \/>\npor un homicidio, de modo que s\u00f3lo restaba al homicida hacer una cosa: convencer a la familia<br \/>\nofendida, con su arrepentimiento, de que lo adoptara. Hasta ahora, en el C\u00e1ucaso, cuando una<br \/>\nguerra de tribus, por venganza de sangre, termina en paz, el ofensor toca con sus labios el<br \/>\npecho de la mujer m\u00e1s anciana de la tribu, y de tal modo se convierte en \u00abhermano de leche\u00bb de<br \/>\ntodos los hombres de la familia ofendida. En algunas tribus africanas, el homicida debe dar en<br \/>\nmatrimonio su hija o hermana a uno de los miembros de la familia del muerto; en otras tribus<br \/>\ndebe casarse con la viuda del muerto; y en todos los casos se convierte, despu\u00e9s de esto, en<br \/>\nmiembro de la familia, cuya opini\u00f3n es escuchada en todos los asuntos familiares importantes.<br \/>\nAdem\u00e1s, los b\u00e1rbaros no s\u00f3lo no menospreciaban la vida humana, sino que de ning\u00fan modo<br \/>\nconoc\u00edan los castigos espantosos que fueron introducidos m\u00e1s tarde por la legislaci\u00f3n laica y<br \/>\ncan\u00f3nica bajo la influencia de Roma y Bizancio.<br \/>\nSi el derecho saj\u00f3n fijaba la pena de muerte con bastante facilidad, aun en caso de incendio y<br \/>\nasalto a mano armada, los otros c\u00f3digos b\u00e1rbaros recurr\u00edan a ella s\u00f3lo en caso de traici\u00f3n a su<br \/>\ntribu y de sacrilegio hacia los dioses comunales. Ve\u00edan en la pena de muerte el \u00fanico medio de<br \/>\napaciguar a los dioses.<br \/>\nTodo esto, evidentemente, est\u00e1 muy lejos del supuesto \u00abdesenfreno moral de los b\u00e1rbaros\u00bb. Por<br \/>\nlo contrario, no podemos hacer menos que admirar los principios profundamente morales que<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n81<br \/>\nfueron elaborados por las antiguas comunas aldeanas y que hallaron su expresi\u00f3n en las<br \/>\ntr\u00edades galesas, en las leyendas del Rey Arturo, en los comentarios irlandeses, \u00abBrehon\u00bb, en las<br \/>\nantiguas leyendas germ\u00e1nicas, etc\u00e9tera, y tambi\u00e9n ahora se expresan en los proverbios de los<br \/>\nb\u00e1rbaros modernos. En su introducci\u00f3n a The Story of Brunt Njal, George Dasent caracteriz\u00f3<br \/>\nmuy fielmente, del modo siguiente, las cualidades del normando, tal como se precisan sobre la<br \/>\nbase de las sagas:<br \/>\n\u00abHacer franca y varonilmente lo que ha de hacerse, sin temer a los enemigos, ni a las<br \/>\nenfermedades, ni al destino&#8230;; ser libre y atrevido en todos los actos; ser gentil y generoso con<br \/>\nlos amigos y cong\u00e9neres; ser severo y temible con los enemigos (es decir, con aquellos que<br \/>\nca\u00edan bajo la ley del tali\u00f3n), pero cumplir, aun con ellos, todas las obligaciones debidas&#8230; No<br \/>\nromper los armisticios, no ser murmurador ni calumniador. No decir en ausencia de una persona<br \/>\nnada que no se atreva a decir en su presencia. No arrojar del umbral de su casa al hombre que<br \/>\npida alimento o refugio, aunque fuera el propio enemigo\u00bb.<br \/>\nDe tales, o a\u00fan m\u00e1s elevados principios, est\u00e1 imbuida toda la poes\u00eda \u00e9pica y las tr\u00edades<br \/>\ngalesas. Obrar \u00abcon dulzura y seg\u00fan los principios de la equidad\u00bb con los otros, sin distinci\u00f3n de<br \/>\nque sean enemigos o amigos, y \u00abreparar el mal ocasionado\u00bb, tales son los m\u00e1s elevados<br \/>\ndeberes del hombre, -el mal es la muerte, y el bien es la vida-, exclama el poeta legisladora. \u00abEl<br \/>\nmundo seria absurdo si los acuerdos hechos verbalmente no fueran respetados\u00bb -dice la ley de<br \/>\nBrehon-. Y el apacible shaman mordvino, despu\u00e9s de haber alabado cualidades semejantes,<br \/>\nagrega, en sus principios di derecho com\u00fan, que \u00abentre los vecinos, la vaca y la vasija de<br \/>\norde\u00f1ar es un bien com\u00fan\u00bb, y que \u00abnecesario es orde\u00f1ar la vaca para s\u00ed y para aqu\u00e9l que pueda<br \/>\npedir leche\u00bb; que \u00abel cuerpo del miro enrojece por los golpes, pero el rostro del que golpea al<br \/>\nni\u00f1o enrojece de verg\u00fcenza\u00bb, etc. Se podr\u00eda llenar muchas p\u00e1ginas con la exposici\u00f3n de<br \/>\nprincipios morales similares, que los -b\u00e1rbaros\u00bb no s\u00f3lo expresaron, sino que siguieron.<br \/>\nNecesario es mencionar aqu\u00ed todav\u00eda un m\u00e9rito de las antiguas comunas aldeanas. Y es que<br \/>\npaulatinamente ampliaron el c\u00edrculo de las personas que estaban estrechamente ligadas entre<br \/>\ns\u00ed. En el periodo de que hablamos, no s\u00f3lo las clases se unieron en tribus, sino que a su vez,<br \/>\nlas tribus, aun siendo de or\u00edgenes distintos, se unieron en federaciones y confederaciones.<br \/>\nAlgunas federaciones eran tan estrechas que, por ejemplo, los v\u00e1ndalos que quedaron en el<br \/>\nlugar, despu\u00e9s que parte de su confederaci\u00f3n fue hacia el Rhin y de all\u00ed a Espa\u00f1a y \u00c1frica,<br \/>\ndurante cuarenta a\u00f1os, cuidaron las tierras comunales y las aldeas abandonadas de sus<br \/>\nconfederados; no tomaron posesi\u00f3n de ellas hasta que sus enviados especiales los<br \/>\nconvencieron de que sus confederados no ten\u00edan intenci\u00f3n de volver m\u00e1s. Entre otros b\u00e1rbaros,<br \/>\nencontramos que la tierra era cultivada por una parte de la tribu, mientras la otra parte combat\u00eda<br \/>\nen las fronteras de su territorio com\u00fan, o m\u00e1s all\u00e1 de sus l\u00edmites. En cuanto a las ligas entre<br \/>\nvarias tribus, constitu\u00edan el fen\u00f3meno m\u00e1s corriente. Los sicambrios se unieron con los<br \/>\nkeruscos y suevos; los cuados con los s\u00e1rmatas; los s\u00e1rmatas con los alanos, carpios y hunos.<br \/>\nM\u00e1s tarde, vemos tambi\u00e9n c\u00f3mo la concepci\u00f3n de naci\u00f3n se desarrolla gradualmente en<br \/>\nEuropa, considerablemente antes de que algo del g\u00e9nero de Estado comenzara a formarse en<br \/>\nlugar alguno de la parte del continente ocupada por los b\u00e1rbaros. Estas naciones -porque no es<br \/>\nposible negar el nombre de naci\u00f3n a la Francia merovingia o la Rusia del siglo und\u00e9cimo o<br \/>\nduod\u00e9cimo-, estas naciones no estaban, sin embargo, unidas entre s\u00ed por otra cosa que no<br \/>\nfuera la unidad de la lengua y el acuerdo t\u00e1cito de sus peque\u00f1as rep\u00fablicas de elegir sus<br \/>\nduques (protectores militares y jueces) de entre una familia determinada.<br \/>\nNaturalmente, las guerras eran ineludibles: las migraciones inevitablemente llevan consigo las<br \/>\nguerras, pero ya sir Henry Maine, en su notable trabajo sobre el origen tribal del derecho<br \/>\ninternacional, demostr\u00f3 plenamente que \u00abel hombre nunca fue tan brutal ni tan est\u00fapido como<br \/>\npara someterse a un mal como la guerra sin hacer algunos esfuerzos para conjurarla\u00bb. Mostr\u00f3<br \/>\ntambi\u00e9n cu\u00e1n grande era -el n\u00famero de las antiguas instituciones que revelan la intenci\u00f3n de<br \/>\nprevenir la guerra o encontrarle algunas alternativas. En realidad, el hombre, a despecho de las<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n82<br \/>\nsuposiciones corrientes, es un ser tan antigu\u00e9rrero que cuando los b\u00e1rbaros se asentaron<br \/>\nfinalmente en sus lugares, perdieron el h\u00e1bito de la guerra tan r\u00e1pidamente que pronto debieron<br \/>\nestablecer caudillos militares especiales, acompa\u00f1ados por Scholae especiales o mesnadas<br \/>\nguerreras para la defensa de sus aldeas en contra de posibles ataques. Prefirieron el trabajo<br \/>\npac\u00edfico a la guerra, y el mismo pacifismo del hombre fue causa de la especializaci\u00f3n de la<br \/>\nprofesi\u00f3n militar, y se obtuvo corno resultado de esta especializaci\u00f3n, posteriormente, la<br \/>\nesclavitud y las guerras \u00abdel per\u00edodo estatal\u00bb de la historia de la humanidad.<br \/>\nLa historia encuentra grandes dificultades en sus tentativas para restablecer las instituciones del<br \/>\nper\u00edodo b\u00e1rbaro. A cada paso, el historiador halla d\u00e9biles indicios de una u otra instituci\u00f3n. Pero<br \/>\nel pasado se ilumina con luz brillante ni bien recurrimos a las instituciones de las numerosas<br \/>\ntribus que a\u00fan viven bajo una organizaci\u00f3n social que casi es id\u00e9ntica a la organizaci\u00f3n de la<br \/>\nvida de nuestros antepasados, los b\u00e1rbaros. Aqu\u00ed encontramos tal abundancia de material que<br \/>\nla dificultad se presenta en la selecci\u00f3n, puesto que las islas del oc\u00e9ano Pac\u00edfico, las estepas de<br \/>\nAsia y las mesetas de \u00c1frica son verdaderos museos hist\u00f3ricos que contienen muestras de<br \/>\ntodas las posibles instituciones intermedias por las que ha atravesado la humanidad en su paso<br \/>\nde la condici\u00f3n tribal de los salvajes a la organizaci\u00f3n estatal. Examinemos algunas de estas<br \/>\nmuestras.<br \/>\nSi tomamos, por ejemplo, las comunas aldeanas de los mogoles buriatos, especialmente de<br \/>\naquellos que viven en la estepa de Kudinsk, en el Lena superior, y que evitaron m\u00e1s que los<br \/>\notros la influencia rusa, tenemos en ellos una muestra bastante buena de los b\u00e1rbaros en<br \/>\nestado de transici\u00f3n de la ganader\u00eda a la agricultura. Estos buriatos viven, hasta ahora, en<br \/>\n\u00abfamilias indivisas\u00bb, es decir, que a pesar de que cada hijo despu\u00e9s de su casamiento, se va a<br \/>\nvivir a una choza separada, sin embargo las chozas de por lo menos tres generaciones se<br \/>\nencuentran dentro de un recinto, y la familia indivisa trabaja en com\u00fan en sus campos y posee<br \/>\nen com\u00fan sus bienes dom\u00e9sticos, el ganado y tambi\u00e9n los \u00abteli\u00e1tniki\u00bb (peque\u00f1os espacios<br \/>\ncercados en los que guardan el pasto tierno para alimentar a los terneros). Com\u00fanmente cada<br \/>\nfamilia se re\u00fane para comer en su choza; pero cuando se asa carne, todos los miembros de la<br \/>\nfamilia indivisa, de veinte a sesenta personas, banquetean juntos.<br \/>\nVarias de tales grandes familias, que viven en grupo, y tambi\u00e9n familias de menor proporci\u00f3n,<br \/>\nasentadas en el mismo lugar (en la mayor\u00eda de los casos, constituyen restos de familias<br \/>\nindivisas, disgregadas por cualquier raz\u00f3n), forman un \u00abulus\u00bb o comuna aldeana. Varios \u00abulus\u00bb<br \/>\ncomponen un clan -m\u00e1s exactamente una tribu- y cada cuarenta y seis \u00abclanes\u00bb de la estepa de<br \/>\nKudinsk est\u00e1n unidos en una confederaci\u00f3n. En caso de necesidad, provocada por tales o<br \/>\ncuales circunstancias especiales, varios \u00abclanes- ingresan en uniones menores, pero m\u00e1s<br \/>\nestrechas. Estos buriatos no reconocen la propiedad privada agraria, que los \u00abulus\u00bb poseen la<br \/>\ntierra en com\u00fan, o m\u00e1s exactamente, la posee toda la confederaci\u00f3n, y de ser preciso se<br \/>\nprocede a la redistribuci\u00f3n de las tierras entre los diferentes \u00abulus\u00bb, en la asamblea de todo el<br \/>\nclan, y entre los cuarenta y seis clanes en la asamblea de la confederaci\u00f3n. Menester es<br \/>\nobservar que la misma organizaci\u00f3n tienen todos los 250.000 buriatos de la Siberia Oriental, a<br \/>\npesar de que ya hace m\u00e1s de trescientos a\u00f1os que se encuentran bajo el dominio de Rusia y<br \/>\nconocen bien las instituciones rusas.<br \/>\nNo obstante todo lo dicho, la desigualdad de fortunas se desarrolla r\u00e1pidamente entre los<br \/>\nburiatos, especialmente desde que el gobierno ruso comenz\u00f3 a atribuir importancia excesiva a<br \/>\nlos \u00abtaisha\u00bb (pr\u00edncipes) elegidos por los buriatos, a quienes consideran recaudadores<br \/>\nresponsables de impuestos y representantes de la confederaci\u00f3n en sus relaciones<br \/>\nadministrativas y hasta comerciales con los rusos. De tal modo, se ofrecen numerosos caminos<br \/>\npara el enriquecimiento de una minor\u00eda que marcha a la par con el empobrecimiento de la<br \/>\nmasa, debido a la usurpaci\u00f3n de las tierras buriatas por los rusos. Sin embargo, entre los<br \/>\nburiatos, especialmente los de Kudinsk, se conserva la costumbre (y la costumbre es m\u00e1s fuerte<br \/>\nque la ley) seg\u00fan la cual si una familia ha perdido su ganado, las familias m\u00e1s ricas le dan<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n83<br \/>\nalgunas vacas y caballos para reparar la p\u00e9rdida. En cuanto a los pobres sin familia, comen en<br \/>\ncasa de sus cong\u00e9neres; el pobre penetra en la choza y ocupa -por derecho, no por caridad- un<br \/>\nlugar junto al fuego y recibe una porci\u00f3n de comida que se divide siempre del modo m\u00e1s<br \/>\nescrupuloso en partes iguales; se queda a dormir all\u00ed donde ha cenado. En general, los<br \/>\nconquistadores rusos de la Siberia se sorprendieron tanto de las costumbres comunistas de los<br \/>\nburiatos, que los llamaron \u00abbratskyie\u00bb (los fraternales) e informaron a Mosc\u00fa: \u00ablo tienen todo en<br \/>\ncom\u00fan-; todo lo que poseen es dividido entre todos.<br \/>\nHasta en la actualidad, los buriatos de Kudinsk, cuando venden el trigo o mandan a vender su<br \/>\nganado al carnicero ruso, todas las familias del \u00abulus\u00bb, o hasta de la tribu, vierten su trigo en un<br \/>\nlugar y re\u00fanen su ganado en un reba\u00f1o, vendiendo todo al por mayor, como si perteneciera a<br \/>\nuna persona. Adem\u00e1s, cada \u00abulus\u00bb tiene su dep\u00f3sito de granos para pr\u00e9stamo en caso de<br \/>\nnecesidad, sus hornos comunales para cocer el pan (el four banal de las antiguas comunas<br \/>\nfrancesas), y su herrero, quien como el herrero de las aldeas indias, siendo miembro de la<br \/>\ncomuna, nunca recibe pago por su trabajo dentro de ella. Debe efectuar gratuitamente todo el<br \/>\ntrabajo de herrer\u00eda necesario, y si utiliza sus horas de ocio para fabricar discos de hierro<br \/>\ncincelados y plateados, que sirven a los buriatos para adornar los vestidos, puede venderlos a<br \/>\nuna mujer de otro clan, pero s\u00f3lo puede regalarlos a la mujer que pertenece a su propio clan. La<br \/>\ncompra-venta de ning\u00fan modo puede tener lugar dentro de la comuna, y esta regla es<br \/>\nobservada tan severamente que cuando una familia buriata acomodada toma a un trabajador,<br \/>\ndebe hacerlo de otro clan o de los rusos. Observar\u00e9 que tal costumbre con respecto a la<br \/>\ncompra-venta no existe s\u00f3lo en los buriatos: est\u00e1 tan bastamente difundida entre los comuneros<br \/>\ncontempor\u00e1neos -los \u00abb\u00e1rbaros\u00bb- arios y uralaltaicos, que debe haber sido general entre<br \/>\nnuestros antepasados.<br \/>\nEl sentimiento de uni\u00f3n dentro de la confederaci\u00f3n es mantenido por los intereses comunes de<br \/>\ntodos los clanes, sus conferencias comunales y los festejos que generalmente tienen lugar en<br \/>\nconexi\u00f3n con las conferencias. El mismo sentimiento es mantenido, adem\u00e1s, tambi\u00e9n por otra<br \/>\ninstituci\u00f3n: por la caza tribal, aba, que evidentemente constituye una reminiscencia de un<br \/>\npasado muy lejano. Cada oto\u00f1o se re\u00fanen todos los cuarenta y seis clanes de Kudinsk para tal<br \/>\ncaza, cuya presa es repartida despu\u00e9s entre todas las familias. Adem\u00e1s, de tiempo en tiempo,<br \/>\nse convoca a una aba nacional, para afirmar los sentimientos de uni\u00f3n de toda la naci\u00f3n<br \/>\nburiata. En tales casos, todos los clanes buriatos dispersos en centenares de verstas al este y<br \/>\noeste del lago Baikal deben enviar cazadores especialmente elegidos para este fin. Miles de<br \/>\npersonas se re\u00fanen para esta caza nacional, y cada una trae provisiones para un mes entero.<br \/>\nTodas las porciones de provisi\u00f3n deben ser iguales, y por ello antes de depositarlas todas<br \/>\njuntas, cada porci\u00f3n es sopesada por un anciano (starschin\u00e1) elegido (indefectiblemente \u00aba<br \/>\nmano\u00bb: la balanza ser\u00eda una infracci\u00f3n a la costumbre antigua). A continuaci\u00f3n de esto, los<br \/>\ncazadores se dividen en destacamentos, a raz\u00f3n de veinte hombres cada uno, y comienzan la<br \/>\ncaza seg\u00fan un plan trazado de antemano. En tales cazas nacionales, toda la naci\u00f3n buriata<br \/>\nrevive las tradiciones \u00e9picas de aquellos tiempos en que estaba unida en una federaci\u00f3n<br \/>\npoderosa. Puedo tambi\u00e9n agregar que semejantes cacer\u00edas son un fen\u00f3meno corriente entre<br \/>\nlos indios pieles rojas y entre los chinos de las orillas del Usuri (kada).<br \/>\nEn los kabdas, cuyo modo de vida ha sido tan bien descrito por dos investigadores franceses,<br \/>\ntenemos a los representantes de los \u00abb\u00e1rbaros\u00bb que han hecho alg\u00fan progreso m\u00e1s en la<br \/>\nagricultura. Sus campos est\u00e1n regados por acequias, abonados y, en general, bien trabajados,<br \/>\ny en las zonas monta\u00f1osas, todo pedazo de tierra apto es labrado a pico. Los kabilas han<br \/>\npasado por no pocas vicisitudes en su historia: siguieron por alg\u00fan tiempo la ley musulmana<br \/>\nsobre la herencia, pero no pudieron conformarse con ella, y hace unos ciento cincuenta a\u00f1os<br \/>\nvolvieron a su anterior derecho com\u00fan tribal. Debido a esto, la posesi\u00f3n de la tierra tiene en<br \/>\nellos un car\u00e1cter mixto, y la propiedad privada de la tierra existe junto con la posesi\u00f3n comunal.<br \/>\nEn todo caso, la base de la organizaci\u00f3n comunal actual es la comuna aldeana (thaddart), que<br \/>\ngeneralmente se compone de algunas familias indivisas (klaroubas), que reconocen la<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n84<br \/>\ncomunidad de su origen, y tambi\u00e9n, en menor proporci\u00f3n, de algunas familias de extranjeros.<br \/>\nLas aldeas se agrupan en clanes o tribus (arch); varios clanes constituyen la confederaci\u00f3n<br \/>\n(thak&#8217; ebilt); y finalmente, varias confederaciones se constituyen a veces en una liga cuyo fin<br \/>\nprincipal es la protecci\u00f3n armada.<br \/>\nLos kabilas no conocen autoridad alguna fuera de su djemda o asamblea de la comuna<br \/>\naldeana. Participan en ella todos los hombres adultos, y se re\u00fanen simplemente bajo el cielo<br \/>\nabierto, o bien en un edificio especial que tiene asientos de piedras. Las decisiones de la<br \/>\ndjemda, evidentemente, deben ser tomadas por unanimidad, es decir, el juicio se prolonga<br \/>\nhasta que todos los presentes est\u00e1n de acuerdo en tomar una decisi\u00f3n determinada, o en<br \/>\nsometerse a ella. Puesto que en la comuna aldeana no existe autoridad que pueda obligar a la<br \/>\nminor\u00eda a someterse a la decisi\u00f3n de la mayor\u00eda, el sistema de decisiones un\u00e1nimes era<br \/>\npracticado por el hombre en todas partes donde exist\u00edan tales comunas, y se practica a\u00fan ahora<br \/>\nall\u00ed donde contin\u00faan existiendo, es decir, entre varios centenares de millones de hombres, sobre<br \/>\ntoda la extensi\u00f3n del globo terrestre. La djemaa kabile\u00f1a misma designa su poder ejecutivo al<br \/>\nanciano, al escriba y al tesorero; ella misma determina sus impuestos y administra la repartici\u00f3n<br \/>\nde las tierras comunales, lo mismo que todos los trabajos de utilidad p\u00fablica.<br \/>\nUna parte importante del trabajo es efectuado en com\u00fan; los caminos, las mezquitas, las<br \/>\nfuentes, los canales de regad\u00edo, las torres de defensa contra las incursiones, las cercas de las<br \/>\naldeas, etc., todo esto es construido por la comuna aldeana, mientras que los grandes caminos,<br \/>\nlas mezquitas de mayores dimensiones y los grandes mercados son obras de la tribu entera.<br \/>\nMuchas huellas del cultivo comunal existen a\u00fan hoy, y las casas siguen siendo construidas por<br \/>\ntoda la aldea, o bien, con ayuda de todos los hombres y mujeres de la aldea. En general,<br \/>\nrecurren a la \u00abayuda\u00bb casi diariamente, para el cultivo de los campos, para la recolecci\u00f3n, las<br \/>\nconstrucciones, etc. En cuanto a los trabajos artesanos, cada comuna tiene su herrero a quien<br \/>\nse da parte de la tierra comunal, y \u00e9l trabaja para la comuna. Cuando se aproxima la \u00e9poca de<br \/>\narar, recorre todas las casas y repara gratuitamente los arados y otros instrumentos agr\u00edcolas;<br \/>\nel forjar un arado nuevo es considerado una obra piadosa que no puede ser recompensada con<br \/>\ndinero ni, en general, con ninguna clase de paga.<br \/>\nPuesto que en los kabilas existe ya la propiedad privada, evidentemente existen entre ellos<br \/>\nricos y pobres. Pero, como todos los hombres que viven en estrecha relaci\u00f3n y saben c\u00f3mo y<br \/>\nd\u00f3nde comienza la pobreza, consideran que la pobreza es una eventualidad que puede<br \/>\npresent\u00e1rselas a todos. \u00abDe la miseria y de la c\u00e1rcel nadie est\u00e1 libre\u00bb -dicen los campesinos<br \/>\nrusos-; los kabilas llevan a la pr\u00e1ctica este proverbio, y en su medio es imposible notar ni la m\u00e1s<br \/>\nligera diferencia en el trato entre pobres y ricos; cuando un pobre solicita \u00abayuda\u00bb, el rico trabaja<br \/>\nen su campo exactamente lo mismo que el pobre trabaja, en caso parecido, en el campo del<br \/>\nrico. Adem\u00e1s, la djem\u00e1a aparta determinados huertos y campos, a veces cultivados en com\u00fan,<br \/>\nen beneficio de los miembros m\u00e1s pobres de la comuna. Muchas costumbres parecidas se<br \/>\nconservaron hasta hoy. Puesto que las familias m\u00e1s pobres no est\u00e1n en condiciones de<br \/>\ncomprarse carne, regularmente compra con la suma formada por el dinero de las multas, de las<br \/>\ndonaciones en beneficio de la djem\u00e1a, o del pago para el uso de los dep\u00f3sitos comunales de<br \/>\nextracci\u00f3n de aceite de oliva; y esta carne se reparte equitativamente entre aquellos que por su<br \/>\npobreza no est\u00e1n en condiciones de comprarla. Exactamente lo mismo, cuando alguna familia<br \/>\nsacrifica una oveja o un buey en d\u00eda que no es de mercado, el pregonero de la aldea lo anuncia<br \/>\npor todas las calles para que los enfermos y las mujeres encinta puedan recibir cuanta carne<br \/>\nnecesiten.<br \/>\nEl apoyo mutuo atraviesa como un hilo rojo toda la vida de los kabilas, y si uno de ellos, durante<br \/>\nun viaje fuera de los l\u00edmites de la tierra natal, encuentra a otro kabila necesitado, debe prestarle<br \/>\nayuda, aunque para esto tuviera que arriesgar sus propios bienes y su vida. Si tal cosa no fuera<br \/>\nprestada, la comuna a que pertenece el que ha sido damnificado por semejante ego\u00edsmo,<br \/>\npuede quejarse y entonces la comuna del ego\u00edsta lo indemniza inmediatamente. En el caso que<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n85<br \/>\ntratamos, tropezamos de tal modo con una costumbre que conoce bien aqu\u00e9l que ha estudiado<br \/>\nlas guildas comerciales medievales.<br \/>\nTodo extranjero que aparece en la aldea kabila tiene derecho, en invierno, a refugiarse en una<br \/>\ncasa, y sus caballos pueden pastar durante un d\u00eda en las tierras comunales. En caso de<br \/>\nnecesidad, puede, adem\u00e1s, contar con un apoyo casi ilimitado. As\u00ed, durante el hambre de los<br \/>\na\u00f1os 1867-1868, los kabilas aceptaban y alimentaban, sin hacer diferencia de origen, a todos<br \/>\naquellos que buscaban refugio en sus aldeas. En el distrito de Deflys se reunieron no menos de<br \/>\ndoce mil personas, negadas no solamente de todas las partes de Argelia, sino hasta de<br \/>\nMarruecos, y los kabilas las alimentaron a toda!. Mientras que por toda Argelia la gente se<br \/>\nmor\u00eda de hambre, en la tierra kabile\u00f1a no hubo un solo caso de muerte por hambre; las<br \/>\ncomunas kabile\u00f1as, a menudo priv\u00e1ndose de lo m\u00e1s necesario, organizaron la ayuda, sin pedir<br \/>\nning\u00fan socorro al gobierno y sin quejarse por la carga; la consideraban como su deber natural.<br \/>\nY mientras que entre los colonos europeos se tomaban todas las medidas policiales posibles<br \/>\npara prevenir el robo y el desorden originados por la afluencia de extranjeros, no fue necesario<br \/>\nninguna vigilancia semejante para el territorio kabile\u00f1o; las djem\u00e1as no tuvieron necesidad de<br \/>\ndefensa ni de ayuda exterior.<br \/>\nPuedo citar, s\u00f3lo brevemente, dos rasgos extraordinariamente interesantes de la vida kabile\u00f1a,<br \/>\na saber: el establecimiento de la llamada anaya, que tiene por objeto vigilar, en caso de guerra,<br \/>\nlos pozos, las acequias de riego, las mezquitas, las plazas de los mercados y algunos caminos,<br \/>\ny, tambi\u00e9n, la instituci\u00f3n de los Cofs, de la que hablar\u00e9 m\u00e1s abajo. En la anaya tenemos<br \/>\npropiamente una serie completa de disposiciones que tienden a disminuir el mal causado por la<br \/>\nguerra, y a conjurarla. As\u00ed, la plaza del mercado es anaya, especialmente si se halla cerca de la<br \/>\nfrontera y sirve de lugar de encuentro de los kabilas con los extranjeros; nadie se atreve a<br \/>\nperturbar la paz en el mercado; y si se produjeran desordenes, en seguida son reprimidos por<br \/>\nlos mismos extranjeros reunidos en la ciudad. El camino por donde las mujeres aldeanas van<br \/>\npor agua a la fuente, se considera tambi\u00e9n anaya en caso de guerra, etc. La misma instituci\u00f3n<br \/>\nse encuentra en ciertas islas del Oc\u00e9ano Pac\u00edfico.<br \/>\nEn cuanto al Cof, esta instituci\u00f3n constituye una forma bastamente extendida de asociaci\u00f3n en<br \/>\nciertos respectos, an\u00e1loga a las sociedades y guildas medievales (B\u00fcrgschaften o Gegilden), y<br \/>\ntambi\u00e9n constituye una sociedad existente tanto para la defensa mutua como para diversos<br \/>\nfines intelectuales, pol\u00edticos, religiosos, morales, etc., que no pueden ser satisfechos por la<br \/>\norganizaci\u00f3n territorial de la comuna, del clan o de la confederaci\u00f3n. El Cof no conoce<br \/>\nlimitaciones territoriales; recluta sus miembros en diferentes aldeas, hasta entre los extranjeros,<br \/>\ny ofrece a sus miembros protecci\u00f3n en todas las circunstancias posibles de la vida. En general,<br \/>\nes una tentativa de completar la asociaci\u00f3n territorial por medio de una agrupaci\u00f3n<br \/>\nextraterritorial, con el fin de dar expresi\u00f3n a la afinidad mutua de todo g\u00e9nero de aspiraciones<br \/>\nque va m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de un lugar determinado. De tal modo, las libres asociaciones<br \/>\ninternacionales de gustos e ideas, que nosotros consideramos una de las mejores expresiones<br \/>\nde nuestra vida contempor\u00e1nea, tiene su principio en el per\u00edodo b\u00e1rbaro antiguo.<br \/>\nLa vida de los monta\u00f1eses caucasianos ofrece otra serie de ejemplos del mismo g\u00e9nero,<br \/>\nsumamente instructiva. Estudiando las costumbres contempor\u00e1neas de los osietines -sus<br \/>\nfamilias indivisas, sus comunas y sus concepciones jur\u00eddicas-, el profesor M. Kovalevsky, en su<br \/>\nnotable obra Las costumbres modernas y la ley antigua, pudo, paso a paso, compararlas con<br \/>\ndisposiciones similares de las antiguas leyes b\u00e1rbaras, y hasta tuvo posibilidad de observar el<br \/>\nnacimiento primitivo del feudalismo. En otras tribus caucasianas, encontramos a veces indicios<br \/>\ndel modo c\u00f3mo se origin\u00f3 la comuna aldeana en los casos en que no era tribal, sino que hab\u00eda<br \/>\nnacido, de la uni\u00f3n voluntaria entre familias de diferentes or\u00edgenes. Tal caso se observ\u00f3, por<br \/>\nejemplo, recientemente en las aldeas de los jevsures, cuyos habitantes prestaban juramento de<br \/>\n\u00abcomunidad y fratemidad\u00bb. En otra parte del C\u00e1ucaso, en el Daghestan, vemos los or\u00edgenes de<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n86<br \/>\nlas relaciones feudales entre dos tribus, conserv\u00e1ndose ambas, al mismo tiempo, constituidas<br \/>\nen comunas aldeanas y conservando hasta las huellas de las \u00abclases\u00bb de la organizaci\u00f3n tribal.<br \/>\nEn este caso, tenemos, de este modo, un ejemplo vivo de las formas que tom\u00f3 la conquista de<br \/>\nItalia y de la Galia por los b\u00e1rbaros. Los vencedores lezhinos, que han sometido a varias aldeas<br \/>\ngeorgianas y t\u00e1rtaras del distrito de Zakataly, no sometieron estas aldeas a la autoridad de las<br \/>\nfamilias separadas; organizaron un clan feudal, compuesto ahora de doce mil hogares divididos<br \/>\nen tres aldeas, y poseyendo en com\u00fan no menos de doce aldeas georgianas y t\u00e1rtaras. Los<br \/>\nconquistadores repartieron sus propias tierras entre sus clanes, y los clanes, a su vez, la<br \/>\ndividieron en partes iguales entre sus familias; pero no intervienen en los asuntos de las<br \/>\ncomunas de sus tributarios, quienes hasta ahora practican la costumbre mencionada por Julio<br \/>\nC\u00e9sar, a saber: la comuna decide anualmente qu\u00e9 parte de la tierra comunal debe ser cultivada,<br \/>\ny esta tierra se reparte en parcelas seg\u00fan la cantidad de familias, y dichas parcelas se<br \/>\ndistribuyen por sorteo. Es menester observar que a pesar de que los propietarios no son raros<br \/>\nentre los lezhinos -que viven bajo el sistema de la propiedad territorial privada y la posesi\u00f3n<br \/>\ncom\u00fan de los esclavos-, son muy raros entre los georgianos sometidos a la servidumbre y que<br \/>\ncontin\u00faan manteniendo sus tierras en propiedad comunal.<br \/>\nEn cuanto al derecho com\u00fan de los monta\u00f1eses georgianos, es muy similar al derecho de los<br \/>\nlongobardos y los francos s\u00e1licos, y algunas de sus disposiciones arrojan nueva luz sobre el<br \/>\nprocedimiento jur\u00eddico del per\u00edodo b\u00e1rbaro. Destac\u00e1ndose por su car\u00e1cter muy impresionable,<br \/>\nlos habitantes del C\u00e1ucaso emplean todas sus fuerzas para que sus ri\u00f1as no lleguen hasta el<br \/>\nhomicidio: as\u00ed, por ejemplo, entre los jevsures pronto se desnudan los sables, pero si acude una<br \/>\nmujer y arroja entre los contendientes un trozo de lienzo que sirve a las mujeres como adorno<br \/>\nde la cabeza, los sables vuelven en seguida a sus vainas y se interrumpe la ri\u00f1a. El adorno de<br \/>\ncabeza de las mujeres en este caso es anaya. Si la ri\u00f1a no se interrumpiera a tiempo y<br \/>\nterminara con un homicidio, la compensaci\u00f3n monetaria impuesta al homicida es tan grande,<br \/>\nque el culpable queda arruinado para toda la vida, si no lo adopta como hijo la familia del<br \/>\nmuerto; si ha recurrido al pu\u00f1al en una ri\u00f1a sin importancia y producido heridas, pierde para<br \/>\nsiempre el respeto de sus cong\u00e9neres.<br \/>\nEn todas las ri\u00f1as, los asuntos pasan a mano de mediadores: ellos eligen a los jueces entre sus<br \/>\ncong\u00e9neres -seis si los asuntos son m\u00e1s bien peque\u00f1os, y de diez a quince en los asuntos m\u00e1s<br \/>\nserios- y observadores rusos atestiguan la absoluta incorruptibilidad de los jueces. El juramento<br \/>\ntiene tal importancia, que las personas que gozan de respeto general son dispensadas de \u00e9l,<br \/>\nconfirmaci\u00f3n simple que es plenamente suficiente, tanto m\u00e1s cuanto que en los asuntos serios<br \/>\nel jevsur nunca vacila en reconocer su culpa (naturalmente, me refiero al jevsur no tocado<br \/>\ntodav\u00eda por la llamada \u00abcultura\u00bb). El juramento se reserva principalmente para asuntos tales<br \/>\ncomo las disputas sobre bienes, en las cuales, aparte del simple establecimiento de los hechos,<br \/>\nse requiere adem\u00e1s un determinado g\u00e9nero de apreciaci\u00f3n de ellos. En tales casos, los<br \/>\nhombres, cuya afirmaci\u00f3n influye de manera decisiva en la soluci\u00f3n de la discusi\u00f3n, act\u00faan con<br \/>\nla mayor circunspecci\u00f3n. En general, puede decirse que las sociedades \u00abb\u00e1rbaras\u00bb del C\u00e1ucaso<br \/>\nse distinguen por su honestidad y su respeto a los derechos de los cong\u00e9neres. Las diferentes<br \/>\ntribus africanas presentan tal diversidad de sociedades, interesantes en grado sumo, y situadas<br \/>\nen todos los grados intermedios de desarrollo, comenzando por la comuna aldeana primitiva y<br \/>\nterminando por las monarqu\u00edas b\u00e1rbaras desp\u00f3ticas, que debo abandonar todo pensamiento de<br \/>\ndar siquiera los resultados m\u00e1s importantes del estudio comparativo de sus instituciones. Ser\u00e1<br \/>\nsuficiente decir que, aun bajo el despotismo m\u00e1s cruel de los reyes, las asambleas de las<br \/>\ncomunas aldeanas y su derecho com\u00fan siguen dotadas de plenos poderes sobre un amplio<br \/>\nc\u00edrculo de toda clase de asuntos. La ley de Estado permite al rey quitar la vida a cualquier<br \/>\ns\u00fabdito, por simple capricho, o hasta para satisfacer su glotoner\u00eda, pero el derecho com\u00fan del<br \/>\npueblo contin\u00faa conservando aquella red de instituciones que sirven para el apoyo mutuo, que<br \/>\nexiste entre otros \u00abb\u00e1rbaros\u00bb o exist\u00eda entre nuestros antepasados. Y en algunas tribus en mejor<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n87<br \/>\nsituaci\u00f3n (en Bornu, Uganda y Abisinia), y en especial entre los bogos, algunas disposiciones<br \/>\ndel derecho com\u00fan est\u00e1n espiritualizadas por sentimientos realmente exquisitos y refinados.<br \/>\nLas comunas aldeanas de los ind\u00edgenas de ambas Am\u00e9ricas ten\u00edan el mismo car\u00e1cter. Los<br \/>\ntup\u00edes de Brasil, cuando fueron descubiertos por los europeos, viv\u00edan en \u00abcasas largas\u00bb<br \/>\nocupadas por clanes enteros que cultivaban en com\u00fan sus sementeras de grano y sus campos<br \/>\nde mandioca. Los aran, que han avanzado m\u00e1s en el camino de la civilizaci\u00f3n, cultivaban sus<br \/>\ncampos en com\u00fan; lo mismo los ucagas, que permaneciendo bajo el sistema del comunismo<br \/>\nprimitivo y de las \u00abcasas largas\u00bb aprendieron a trazar buenos caminos y en algunos dominios de<br \/>\nla producci\u00f3n dom\u00e9stica no eran inferiores a los artesanos del per\u00edodo antiguo de la Europa<br \/>\nmedieval. Todos ellos obedec\u00edan al mismo derecho com\u00fan, cuyos ejemplos hemos citado en las<br \/>\np\u00e1ginas precedentes.<br \/>\nEn el otro extremo del mundo encontramos el feudalismo malayo, el cual, sin embargo,<br \/>\nmostr\u00f3se impotente para desarraigar la negaria; es decir, la comuna aldeana, con su dominio<br \/>\ncomunal, por lo menos, sobre una parte de la tierra y su redistribuci\u00f3n entre las negarias de la<br \/>\ntribu entera. En los alfurus de Minahasa encontramos el sistema comunal de labranzas de tres<br \/>\namelgas; en la tribu india de los wyandots encontramos la redistribuci\u00f3n peri\u00f3dica de la tierra,<br \/>\nrealizada por todo el clan. Principalmente en todas las partes de Sumatra, donde el derecho<br \/>\nmusulm\u00e1n a\u00fan no ha logrado destruir por completo la antigua organizaci\u00f3n tribal, hallamos a la<br \/>\nfamilia indivisa (suka) y a la comuna aldeana (kohta) que conservan sus derechos sobre la<br \/>\ntierra, aun en los casos en que parte de ella ha sido desbrozada sin permiso de la comunal.<br \/>\nPero decir esto significa decir, al mismo tiempo, que todas las costumbres que sirven para la<br \/>\nprotecci\u00f3n mutua y la conjuraci\u00f3n de las guerras tribales a causa de la venganza de sangre y,<br \/>\nen general, de todo g\u00e9nero de guerra -costumbres que hemos se\u00f1alado brevemente m\u00e1s arriba<br \/>\ncomo costumbres t\u00edpicas de la comuna-, tambi\u00e9n existen en el caso que nos ocupa. M\u00e1s a\u00fan:<br \/>\ncuando m\u00e1s completa se ha conservado la posesi\u00f3n comunal, tanto mejores y m\u00e1s suaves son<br \/>\nlas costumbres. De Stuers afirma positivamente que en todas partes donde la comuna aldeana<br \/>\nha sido menos oprimida por los conquistadores, se observa menos desigualdad de bienes<br \/>\nmateriales, y las mismas prescripciones de venganza de sangre se distinguen por una crueldad<br \/>\nmenor; y, por lo contrario, en todas partes donde la comuna aldeana ha sido destruida<br \/>\ndefinitivamente, \u00ablos habitantes sufren una opresi\u00f3n insoportable de parte de los gobernantes<br \/>\ndesp\u00f3ticos\u00bb. Y esto es completamente natural. De modo que cuando Waitz observ\u00f3 que las<br \/>\ntribus que han conservado sus confederaciones tribales se hallan en un nivel m\u00e1s elevado de<br \/>\ndesarrollo y poseen una literatura m\u00e1s rica que las tribus en las cuales estos lazos han sido<br \/>\ndestruidos, expres\u00f3 justamente lo que se hubiera podido prever anticipadamente.<br \/>\nCitar m\u00e1s ejemplos significar\u00eda ya repetirse, tan sorprendentemente se parecen las comunas<br \/>\nb\u00e1rbaras entre s\u00ed, a pesar de la diversidad de climas y de razas. Un mismo proceso de<br \/>\ndesarrollo se produjo en toda la humanidad, con uniformidad asombrosa. Cuando, destruida<br \/>\ninteriormente por la familia separada, y exteriormente por el desmembramiento de los clanes<br \/>\nque emigraban y por la necesidad de aceptar en su medio a los extranjeros, la organizaci\u00f3n<br \/>\ntribal comenz\u00f3 a descomponerse, en su reemplazo apareci\u00f3 la comuna aldeana, basada sobre<br \/>\nla concepci\u00f3n de territorio com\u00fan. Esta nueva organizaci\u00f3n, crecida de modo natural de la<br \/>\norganizaci\u00f3n tribal precedente, permiti\u00f3 a los b\u00e1rbaros atravesar el per\u00edodo m\u00e1s turbio de la<br \/>\nhistoria sin desintegrarse en familias separadas, que hubieran perecido inevitablemente en la<br \/>\nlucha por la existencia. Bajo la nueva organizaci\u00f3n se desarrollaron nuevas formas de cultivo de<br \/>\nla tierra, la agricultura alcanz\u00f3 una altura que la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n del globo terrestre no<br \/>\nha sobrepasado hasta los tiempos presentes; la producci\u00f3n artesana dom\u00e9stica alcanz\u00f3 un<br \/>\nelevado nivel de perfecci\u00f3n. La naturaleza salvaje fue vencida; se practicaron caminos a trav\u00e9s<br \/>\nde los bosques, y pantanos, y el desierto se pobl\u00f3 de aldeas, brotadas como enjambres de las<br \/>\ncomunas maternas. Los mercados, las ciudades fortificadas, las iglesias, crecieron entre los<br \/>\nbosques desiertos y las llanuras. Poco a poco empezaron a elaborarse las concepciones de<br \/>\nuniones m\u00e1s amplias, extendidas a tribus enteras, y a grupos de tribus, diferentes por su origen.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n88<br \/>\nLas viejas concepciones de la justicia, que se reduc\u00edan simplemente a la venganza, de modo<br \/>\nlento sufrieron una transformaci\u00f3n profunda y el deber de reparar el perjuicio producido ocup\u00f3 el<br \/>\nlugar de la idea de venganza.<br \/>\nEl derecho com\u00fan, que hasta ahora sigue siendo ley de la vida cotidiana para las dos terceras<br \/>\npartes de la humanidad, si no m\u00e1s, se elabor\u00f3 poco a poco bajo esta organizaci\u00f3n, lo mismo<br \/>\nque un sistema de costumbres que tend\u00edan a prevenir la opresi\u00f3n de las masas por la minor\u00eda,<br \/>\ncuyas fuerzas crec\u00edan a medida que aumentaba la posibilidad de la acumulaci\u00f3n individual de<br \/>\nriqueza.<br \/>\nTal era la nueva forma en que se encauz\u00f3 la tendencia de las masas al apoyo mutuo. Y<br \/>\nnosotros veremos en los cap\u00edtulos siguientes que el progreso -econ\u00f3mico, intelectual y moralque<br \/>\nalcanz\u00f3 la humanidad bajo esta forma nueva popular de organizaci\u00f3n fue tan grande, que<br \/>\ncuando m\u00e1s tarde comenzaron a formarse los Estados, simplemente se apoderaron, en inter\u00e9s<br \/>\nde las minor\u00edas, de todas las funciones jur\u00eddicas, econ\u00f3micas y administrativas que la comuna<br \/>\naldeana desempe\u00f1aba ya en beneficio de todos.<br \/>\nCAPITULO V<br \/>\nLA AYUDA MUTUA EN LA CIUDAD MEDIEVAL<br \/>\nLa sociabilidad y la necesidad de ayuda y apoyo mutuo son cosas tan innatas de la naturaleza<br \/>\nhumana, que no encontramos en la historia \u00e9pocas en que los hombres hayan vivido dispersos<br \/>\nen peque\u00f1as familias individuales, luchando entre s\u00ed por los medios de subsistencia. Por el<br \/>\ncontrario, las investigaciones modernas han demostrado, como hemos visto en los dos<br \/>\ncap\u00edtulos precedentes, que desde los tiempos m\u00e1s antiguos de su vida prehist\u00f3rica, los<br \/>\nhombres se un\u00edan ya en clanes mantenidos juntos por la idea de la unidad de origen de todos<br \/>\nlos miembros del clan y por la veneraci\u00f3n de los antepasados comunes. Durante muchos<br \/>\nmilenios, la organizaci\u00f3n tribal sirvi\u00f3, de tal modo, para unir a los hombres, a pesar de que no<br \/>\nexist\u00eda en ella decididamente ninguna autoridad para hacerla obligatoria; y esta organizaci\u00f3n de<br \/>\nvida dej\u00f3 una impresi\u00f3n profunda en todo el desarrollo subsiguiente de la humanidad.<br \/>\nCuando los lazos del origen com\u00fan comenzaron a debilitarse a causa de las migraciones<br \/>\nfrecuentes y lejanas, y el desarrollo de la familia separada dentro del clan mismo, tambi\u00e9n<br \/>\ndestruy\u00f3 la antigua unidad tribal; entonces, una nueva forma de uni\u00f3n, fundada en el principio<br \/>\nterritorial -es decir, la comuna aldeana&#8217; fue llamada a la vida por el genio social creador del<br \/>\nhombre. Esta instituci\u00f3n, a su vez, sirvi\u00f3 para unir a los hombres durante muchos siglos,<br \/>\nd\u00e1ndoles la posibilidad de desarrollar m\u00e1s y m\u00e1s sus instituciones sociales, y junto con eso,<br \/>\nayud\u00e1ndolos a atravesar los per\u00edodos m\u00e1s sombr\u00edos de la historia sin haberse desintegrado en<br \/>\nconglomerados de familias e individuos a quienes nada ligaba entre s\u00ed. Gracias a esto, como<br \/>\nhemos visto en los dos cap\u00edtulos precedentes, el hombre pudo avanzar al m\u00e1ximo en su<br \/>\ndesarrollo y elaborar una serie de instituciones sociales secundarias, muchas de las cuales han<br \/>\nsobrevivido hasta el presente.<br \/>\nAhora tenemos que seguir el desarrollo m\u00e1s avanzado de aquella tendencia a la ayuda mutua,<br \/>\nsiempre inherente al hombre. Tomando las comunas aldeanas de los llamados b\u00e1rbaros en la<br \/>\n\u00e9poca en que entraron en el nuevo per\u00edodo de civilizaci\u00f3n, despu\u00e9s de la ca\u00edda del imperio<br \/>\nromano de Occidente, debemos estudiar ahora las nuevas formas en que se encauzaron las<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n89<br \/>\nnecesidades sociales de las masas durante la edad media, y especialmente, las guildas<br \/>\nmedievales en la ciudad medieval<br \/>\nLos as\u00ed llamados b\u00e1rbaros de los primeros siglos de nuestra era, lo mismo que muchas tribus<br \/>\nmog\u00f3licas, africanas, \u00e1rabes, etc., que a\u00fan ahora se encuentran en el mismo nivel de<br \/>\ndesarrollo, no s\u00f3lo no se parec\u00edan a los animales sanguinarios con los que se les compara a<br \/>\nmenudo, sino que, por el contrario, invariablemente prefer\u00edan la paz a la guerra. Con excepci\u00f3n<br \/>\nde algunas pocas tribus, que durante las grandes migraciones fueron arrojadas a los desiertos<br \/>\nest\u00e9riles o a las altas zonas monta\u00f1osas, y de tal modo se vieron obligadas a vivir de<br \/>\nincursiones peri\u00f3dicas contra sus vecinos m\u00e1s afortunados; con excepci\u00f3n de estas tribus,<br \/>\ndec\u00edamos, la gran mayor\u00eda de los germanos, sajones, celtas, eslavos, etc., en cuanto se<br \/>\nasentaron en sus tierras reci\u00e9n conquistadas, inmediatamente se volvieron al arado, o al pico, y<br \/>\na sus reba\u00f1os. Los c\u00f3digos b\u00e1rbaros m\u00e1s antiguos nos describen ya sociedades compuestas<br \/>\nde comunas agr\u00edcolas pac\u00edficas, y de ninguna manera hordas desordenadas de hombres que se<br \/>\nhallaban en guerra ininterrumpida entre s\u00ed.<br \/>\nEstos b\u00e1rbaros cubrieron los piases ocupados por ellos de aldeas y granjas; desbrozaron los<br \/>\nbosques, construyeron puentes sobre los torrentes brav\u00edos, levantaron senderos de tr\u00e1nsito<br \/>\nsobre los pantanos, colonizaron el desierto completamente inhabitable hasta entonces, y<br \/>\ndejaron las arriesgadas ocupaciones guerreras a las hermandades, scholae, mesnadas de<br \/>\nhombres inquietos que se reun\u00edan alrededor de caudillos temporarios, que iban de lugar en<br \/>\nlugar ofreciendo su pasi\u00f3n de aventuras, sus armas y conocimientos de los asuntos militares<br \/>\npara proteger la poblaci\u00f3n que deseaba s\u00f3lo una cosa: que la permitieran vivir en paz. Bandas<br \/>\nde tales guerreros iban y ven\u00edan, librando entre s\u00ed guerras tribales por venganzas de sangre;<br \/>\npero la masa principal de la poblaci\u00f3n continuaba arando la tierra, prestando muy poca atenci\u00f3n<br \/>\na sus pretendidos caudillos, mientras no perturbara la independencia de las comunas aldeanas.<br \/>\nY esta masa de nuevos pobladores de Europa elabor\u00f3, ya entonces, sistemas de posesi\u00f3n de la<br \/>\ntierra y m\u00e9todos de cultivo que hasta ahora permanecen en vigor y en uso entre centenares de<br \/>\nmillones de hombres. Elaboraron su sistema de compensaci\u00f3n por las ofensas inferidas, en<br \/>\nlugar de la antigua venganza de sangre; aprendieron los primeros oficios; y despu\u00e9s de haber<br \/>\nfortificado sus aldeas con empalizadas, ciudadelas de tierra y torres, en donde pod\u00edan ocultarse<br \/>\nen caso de nuevas incursiones, pronto entregaron la protecci\u00f3n de estas torres y ciudadelas a<br \/>\nquienes hac\u00edan de la guerra un oficio.<br \/>\nPrecisamente este pacifismo de los b\u00e1rbaros, y de ning\u00fan modo los supuestos instintos b\u00e9licos,<br \/>\nse convirti\u00f3 de tal manera en la fuente del sojuzgamiento de los pueblos por los caudillos<br \/>\nmilitares que sigui\u00f3 a este per\u00edodo. Es evidente que el mismo modo de vida de las<br \/>\nhermandades armadas daba a las mesnadas oportunidades considerablemente mayores para<br \/>\nel enriquecimiento que las que podr\u00edan present\u00e1rselas a los labradores que llevaban una vida<br \/>\npac\u00edfica en sus comunas agr\u00edcolas. Aun hoy vemos que los hombres armados, de tanto en<br \/>\ntanto, emprenden incursiones de pirater\u00eda para matar a los matabeles africanos y quitarles sus<br \/>\nreba\u00f1os, a pesar de que los matabeles s\u00f3lo aspiran a la paz y est\u00e1n dispuestos a comprarla<br \/>\naunque sea a un precio elevado; as\u00ed en la antig\u00fcedad los mesnaderos evidentemente no se<br \/>\ndistingu\u00edan por una escrupulosidad mayor que sus descendientes contempor\u00e1neos. De este<br \/>\nmodo se apropiaron de ganado, hierro (que ten\u00eda en aquellos tiempos un valor muy elevado) y<br \/>\nesclavos; y a pesar de que la mayor parte de los bienes saqueados se gastaba all\u00ed mismo en<br \/>\nlos gloriosos festines que canta la poes\u00eda \u00e9pica, de todos modos una cierta parte quedaba y<br \/>\ncontribu\u00eda a un enriquecimiento mayor.<br \/>\nEn aquellos tiempos exist\u00edan a\u00fan abundancia de tierras incultas y no hab\u00eda escasez de hombres<br \/>\ndispuestos a cultivarla siempre que pudieran conseguir el ganado necesario y los instrumentos<br \/>\nde trabajo. Aldeas enteras llevadas a la miseria por las enfermedades, las epizootias del<br \/>\nganado, los incendios o ataques de nuevos inmigrantes, abandonaban sus casas y se iban a la<br \/>\ndesbandada en b\u00fasqueda de nuevos lugares de residencia lo mismo que en Rusia a\u00fan en el<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n90<br \/>\npresente hay aldeas que vagan dispersas por las mismas causas. Y he aqu\u00ed que si algunos de<br \/>\nlos hirdmen, es decir, jefes de mesnaderos, ofrec\u00edan entregar a los campesinos alg\u00fan ganado<br \/>\npara iniciar su nuevo hogar, hierro para forjar el arado, si no el arado mismo, y tambi\u00e9n<br \/>\nprotecci\u00f3n contra las incursiones y los saqueos, y si declaraba que por algunos a\u00f1os los nuevos<br \/>\ncolonos estar\u00edan exentos de toda paga antes de comenzar a amortizar la deuda, entonces los<br \/>\ninmigrantes de buen grado se asentaban en su tierra. Por consiguiente, cuando despu\u00e9s de una<br \/>\nlucha obstinada con las malas cosechas, inundaciones y fiebres, estos pioneros comenzaban a<br \/>\nrembolsar sus deudas, f\u00e1cilmente se convert\u00edan en siervos del protector del distrito.<br \/>\nAs\u00ed se acumulaban las riquezas; y detr\u00e1s de las riquezas sigue siempre el poder. Pero, sin<br \/>\nembargo, cuanto m\u00e1s penetramos en la vida de aquellos tiempos -siglo sexto y s\u00e9ptimo- tanto<br \/>\nm\u00e1s nos convencemos de que para el establecimiento del poder de la minor\u00eda se requer\u00eda,<br \/>\nadem\u00e1s de la riqueza y de la fuerza militar, todav\u00eda un elemento. Este elemento fue la ley y el<br \/>\nderecho, el deseo de las masas de mantener la paz y establecer lo que consideraban justicia; y<br \/>\neste deseo dio a los caudillos de las mesnadas, a los knyazi, pr\u00edncipes, reyes, etc., la fuerza<br \/>\nque adquirieron dos o tres siglos despu\u00e9s. La misma idea de la justicia, nacida en el per\u00edodo<br \/>\ntribal, pero concebida ahora como la compensaci\u00f3n debida por la ofensa causada, pas\u00e9 como<br \/>\nun hilo rojo a trav\u00e9s de la historia de todas las instituciones siguientes; y en medida<br \/>\nconsiderablemente mayor que las causas militares o econ\u00f3micas, sirvi\u00f3 de base sobre la cual<br \/>\nse desarroll\u00f3 la autoridad de los reyes y de los se\u00f1ores feudales.<br \/>\nEn realidad, la principal preocupaci\u00f3n de las comunas aldeanas b\u00e1rbaras era entonces (como<br \/>\ntambi\u00e9n ahora en los pueblos contempor\u00e1neos nuestros, situados en el mismo nivel de<br \/>\ndesarrollo) la r\u00e1pida suspensi\u00f3n de las guerras familiares, surgidas de la venganza de sangre,<br \/>\ndebidas a las concepciones de la justicia, corrientes entonces. No bien se produc\u00eda una ri\u00f1a<br \/>\nentre dos comuneros, inmediatamente la comuna, y la asamblea comunal, despu\u00e9s de<br \/>\nescuchar el caso, fijaba la compensaci\u00f3n monetaria (wergeld), es decir, la compensaci\u00f3n que<br \/>\ndeb\u00eda pagar al perjudicado o a su familia, y de modo igual tambi\u00e9n el monto de la multa (fred)<br \/>\npor la perturbaci\u00f3n de la paz, que se pagaba a la comuna. Dentro de la misma comuna las<br \/>\ndisensiones se arreglaban f\u00e1cilmente de este modo. Pero cuando se produc\u00eda un caso de<br \/>\nvenganza de sangre entre dos tribus diferentes, o dos confederaciones de tribus -entonces, a<br \/>\npesar de todas las medidas tomadas para conjurar tales guerras- era dif\u00edcil encontrar el \u00e1rbitro o<br \/>\nconocedor del derecho com\u00fan, cuya decisi\u00f3n fuera aceptable para ambas partes, por confianza<br \/>\nen su imparcialidad y en su conocimiento de las leyes m\u00e1s antiguas. La dificultad se<br \/>\nComplicaba a\u00fan m\u00e1s porque el derecho com\u00fan de las diferentes tribus y confederaciones no<br \/>\ndeterminaba igualmente el monto de la compensaci\u00f3n monetaria en los diferentes casos.<br \/>\nDebido a esto, apareci\u00f3 la costumbre de tomar un juez de entre las familias o clanes conocidos<br \/>\npor que conservaban la ley antigua en toda su pureza, y pose\u00edan el conocimiento de las<br \/>\ncanciones, versos, sagas, etc\u00e9tera, con cuya ayuda se reten\u00eda la ley en la memoria. La<br \/>\nconservaci\u00f3n de la ley, de este modo, se hizo un g\u00e9nero de arte, \u00abmisterio\u00bb, cuidadosamente<br \/>\ntransmitido de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, en determinadas familias. As\u00ed, por ejemplo, en<br \/>\nIslandia y en los otros pa\u00edses escandinavos, en cada Alithing o asamblea nacional, el<br \/>\nl\u00f6vs\u00f6gmathr (recitador de los derechos) cantaba de memoria todo el derecho com\u00fan, para<br \/>\nedificaci\u00f3n de los reunidos, y en Irlanda, como es sabido, exist\u00eda una clase especial de hombres<br \/>\nque ten\u00edan la reputaci\u00f3n de ser conocedores de las tradiciones antiguas, y debido a esto<br \/>\ngozaban de gran autoridad en calidad de jueces. Por esto, cuando encontramos en los anales<br \/>\nrusos noticias de que algunas tribus de Rusia noroccidental, viendo los des\u00f3rdenes que iban en<br \/>\naumento y que ten\u00edan su origen en el hecho de que \u00abel clan se levanta contra el clan\u00bb, acudieron<br \/>\na los varingiar normandos y les pidieron que se convirtiesen en sus jueces y en comandantes<br \/>\nde sus mesnadas; cuando vemos m\u00e1s tarde a los knyazi, elegidos invariablemente durante los<br \/>\ndos siglos siguientes de una misma familia normanda, debemos reconocer que los eslavos<br \/>\nadmit\u00edan en estos normandos un mejor conocimiento de las leyes de derecho com\u00fan, el cual los<br \/>\ndiferentes clanes eslavos reconoc\u00edan como conveniente para ellos. En este caso, la posesi\u00f3n<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n91<br \/>\nde las runas, que serv\u00edan para anotar las antiguas costumbres, fue entonces una ventaja<br \/>\npositiva en favor de los normandos; a pesar de que en otros casos existen tambi\u00e9n indicaciones<br \/>\nde que acud\u00edan en procura de jueces al clan m\u00e1s \u00abantiguo\u00bb, es decir, a la rama que se<br \/>\nconsideraba materna, y que las resoluciones de estos jueces eran consideradas just\u00edsimas. Por<br \/>\n\u00faltimo, en una \u00e9poca posterior vemos la inclinaci\u00f3n m\u00e1s notoria a elegir jueces entre el clero<br \/>\ncristiano, que entonces se atenta a\u00fan al principio fundamental del cristianismo, ahora olvidado:<br \/>\nque la venganza no constituye un acto de justicia. Entonces el clero cristiano abr\u00eda sus iglesias<br \/>\ncomo lugar de refugio a los hombres que hu\u00edan de la venganza de sangre, y de buen grado<br \/>\ninterven\u00eda en calidad de mediador en los asuntos criminales, oponi\u00e9ndose siempre al antiguo<br \/>\nprincipio tribal: \u00abvida por vida y sangre por sangre\u00bb.<br \/>\nEn una palabra, cuanto m\u00e1s profundamente penetramos en la historia de las antiguas<br \/>\ninstituciones, tanto menos encontramos fundamentos para la teor\u00eda del origen militar de la<br \/>\nautoridad que sostiene Spencer. Juzgando por todo eso hasta la autoridad que m\u00e1s tarde se<br \/>\nconvirti\u00f3 en fuente de opresi\u00f3n tuvo su origen en las inclinaciones pac\u00edficas de las masas.<br \/>\nEn todos los casos jur\u00eddicos, la multa (fred) que a menudo alcanzaba a la mitad del monto de la<br \/>\ncompensaci\u00f3n monetaria (wergeld) se pon\u00eda a disposici\u00f3n de la asamblea comunal, y desde<br \/>\ntiempos inmemoriales se empleaba en obras de utilidad com\u00fan, o que serv\u00edan para la defensa.<br \/>\nHasta ahora tiene el mismo destino (erecci\u00f3n de torres) entre los kabilas y algunas tribus<br \/>\nmog\u00f3licas; y tenemos testimonios hist\u00f3ricos directos de que aun bastante m\u00e1s tarde, las multas<br \/>\njudiciales, en Pskov y en algunas ciudades francesas y alemanas, se empleaban en la<br \/>\nreparaci\u00f3n de las murallas de la ciudad. Por esto era perfectamente natural que las multas se<br \/>\nconfiaran a los jueces (knyazi\u00e1), condes, etc., quienes, al mismo tiempo, deb\u00edan mantener la<br \/>\nmesnada de hombres armados para la defensa del territorio, y tambi\u00e9n deb\u00edan hacer cumplir la<br \/>\nsentencia. Esto se hizo costumbre general en los siglos octavo y noveno, hasta en los casos en<br \/>\nque actuaba como juez un obispo electo. De tal modo aparecieron los g\u00e9rmenes de la fusi\u00f3n en<br \/>\nuna misma persona de lo que ahora llamamos poder judicial y ejecutivo.<br \/>\nAdem\u00e1s, la autoridad del rey, knyaz, conde, etc., estaba estrictamente limitada, a estas dos<br \/>\nfunciones. No era, de ning\u00fan modo, el gobernador del pueblo, el poder supremo pertenec\u00eda a\u00fan<br \/>\na la asamblea popular; no era ni siquiera comandante de la milicia popular, puesto que cuando<br \/>\nel pueblo tomaba las armas se hallaba bajo el comando de un caudillo tambi\u00e9n electo, que no<br \/>\nestaba sometido al rey o al knyaz, sino que era considerado su igual. El rey o el knyaz era se\u00f1or<br \/>\ntodopoderoso s\u00f3lo en sus dominios personales. Pr\u00e1cticamente, en la lengua de los b\u00e1rbaros la<br \/>\npalabra knung, konung, koning o cyning -sin\u00f3nimo del rex latino-, no ten\u00eda otro significado que el<br \/>\nde simple caudillo temporal o jefe de un destacamento de hombres. El comandante de una<br \/>\nflotilla de barcos, o hasta de un simple nav\u00edo pirata, era tambi\u00e9n konung; aun ahora en Noruega,<br \/>\nel pescador que dirige la pesca local se llama Not-kcing (rey de las redes). Los honores con que<br \/>\nm\u00e1s tarde comenzaron a rodear la personalidad del rey a\u00fan no exist\u00edan entonces, y mientras<br \/>\nque el delito de traici\u00f3n al clan se castigaba con la muerte, por el asesinato del rey se impon\u00eda<br \/>\nsolamente una compensaci\u00f3n monetaria, en cuyo caso solamente se valoraba el rey tantas<br \/>\nveces m\u00e1s que un hombre libre com\u00fan. Y cuando el rey (o Kanut) mat\u00f3 a uno de los miembros<br \/>\nde su mesnada, la saga le representa convoc\u00e1ndolos a la asamblea (thing), durante la cual se<br \/>\npuso de rodillas suplicando perd\u00f3n. Su culpa fue perdonada, pero s\u00f3lo despu\u00e9s de haber<br \/>\naceptado pagar una compensaci\u00f3n monetaria nueve veces mayor que la habitual, y de esta<br \/>\ncompensaci\u00f3n recibi\u00f3 \u00e9l mismo una tercera parte, por la p\u00e9rdida de su hombre, una tercera<br \/>\nparte fue entregada a los parientes del muerto y una tercera parte (en calidad de fred, es decir<br \/>\nmulta) a la mesnada. En realidad, fue necesario que se efectuara el cambio m\u00e1s completo en<br \/>\nlas concepciones corrientes, bajo la influencia de la Iglesia y el estudio del derecho romano,<br \/>\nantes de que la idea de la sagrada inviolabilidad comenzara a aplicarse a la persona del rey.<br \/>\nMe saldr\u00eda yo, sin embargo, de los l\u00edmites de los ensayos presentes si quisiera seguir desde los<br \/>\nelementos arriba citados el desarrollo paulatino de la autoridad. Historiadores tales como Green<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n92<br \/>\ny la se\u00f1ora de Green con respecto a Inglaterra; Agustin Thierry, Michelet y Luchaire en Francia;<br \/>\nKaufmann, Janssen y hasta Nitzsch en Alemania; Leo y Botta en Italia, y Bielaief, Kostomarof y<br \/>\nsus continuadores en Rusia, y muchos otros, nos han referido esto detalladamente. Han<br \/>\nmostrado c\u00f3mo la poblaci\u00f3n, plenamente libre y que hab\u00eda acordado solamente \u00abalimentar\u00bb a<br \/>\ndeterminada cantidad de sus protectores militares, paulatinamente se convirti\u00f3 en sierva de<br \/>\nestos protectores; c\u00f3mo el entregarse a la protecci\u00f3n de la Iglesia, o del se\u00f1or feudal<br \/>\n(commendation), se convirti\u00f3 en una onerosa necesidad para los ciudadanos libres, siendo la<br \/>\n\u00fanica protecci\u00f3n contra los otros depredadores feudales; c\u00f3mo el castillo del se\u00f1or feudal y del<br \/>\nobispo se convirti\u00f3 en un nido de asaltantes, en una palabra, c\u00f3mo se introdujo el yugo del<br \/>\nfeudalismo y c\u00f3mo las cruzadas, librando a todos los que llevaban la cruz, dieron el primer<br \/>\nimpulso para la liberaci\u00f3n del pueblo. Pero no tenemos necesidad de referir aqu\u00ed todo esto,<br \/>\npues nuestra tarea principal es seguir ahora la obra del genio constructor de las masas<br \/>\npopulares, en sus instituciones, que serv\u00edan a la obra de ayuda mutua.<br \/>\nEn la misma \u00e9poca en que parec\u00eda que las \u00faltimas huellas de la libertad hab\u00edan desaparecido<br \/>\nentre los b\u00e1rbaros, y que Europa, ca\u00edda bajo el poder de mil peque\u00f1os gobernantes, se<br \/>\nencaminaba directamente al establecimiento de los Estados teocr\u00e1ticos y desp\u00f3ticos que<br \/>\ncom\u00fanmente segu\u00edan al per\u00edodo b\u00e1rbaro en la \u00e9poca precedente de civilizaci\u00f3n, o se<br \/>\nencaminaba a la creaci\u00f3n de las monarqu\u00edas b\u00e1rbaras, como las que ahora vemos en \u00c1frica, en<br \/>\nesta misma \u00e9poca, dec\u00edamos, la vida en Europa tomaba una nueva direcci\u00f3n. Se encamin\u00f3 en<br \/>\ndirecci\u00f3n semejante a la que ya hab\u00eda sido tomada una vez por la civilizaci\u00f3n de las ciudades<br \/>\nde la antigua Grecia. Con unanimidad que nos parece ahora casi incomprensible, y que durante<br \/>\nmucho tiempo realmente no ha sido observada por los historiadores, las poblaciones urbanas,<br \/>\nhasta los burgos m\u00e1s peque\u00f1os, comenzaron a sacudir el yugo de sus se\u00f1ores temporales y<br \/>\nespirituales. La villa fortificada se rebel\u00f3 contra el castillo del se\u00f1or feudal; primeramente<br \/>\nsacudi\u00f3 su autoridad, luego atac\u00f3 al castillo, y finalmente lo destruy\u00f3. El movimiento se extendi\u00f3<br \/>\nde una ciudad a otra, y en breve tiempo participaron de \u00e9l todas las ciudades europeas. En<br \/>\nmenos de cien a\u00f1os, las ciudades libres crecieron a orillas del Mediterr\u00e1neo, del mar del Norte,<br \/>\ndel B\u00e1ltico, el oc\u00e9ano Atl\u00e1ntico y de los fiordos de Escandinavia; al pie de los Apeninos, Alpes<br \/>\nSchwarzenwald, Grampianos, C\u00e1rpatos; en las llanuras de Rusia, Hungr\u00eda, Francia y Espa\u00f1a.<br \/>\nPor doquier ard\u00edan las mismas rebeliones, que ten\u00edan en todas partes los mismos caracteres,<br \/>\npasando en todas partes aproximadamente a trav\u00e9s de las mismas formas y conduciendo a los<br \/>\nmismos resultados.<br \/>\nEn cada ciudad peque\u00f1a, en cualquier parte donde los hombres encontraban o pensaban<br \/>\nencontrar cierta protecci\u00f3n tras las murallas de la ciudad, ingresaban en las \u00abconjuraciones\u00bb<br \/>\n(cojurations), \u00abhermandades y amistades\u00bb (amicia), unidas por un sentimiento com\u00fan, e iban<br \/>\natrevidamente al encuentro de la nueva vida de ayuda mutua y de libertad. Y lograron realizar<br \/>\nsus aspiraciones tanto que, en trescientos o cuatrocientos a\u00f1os cambi\u00f3 por completo el aspecto<br \/>\nde Europa. Cubrieron el pa\u00eds de ciudades, en las que se elevaron edificios hermosos y<br \/>\nsuntuosos que eran expresi\u00f3n del genio de las uniones libres de hombres libres, edificios cuya<br \/>\nbelleza y expresividad a\u00fan no hemos superado. Dejaron en herencia a las generaciones<br \/>\nsiguientes, artes y oficios completamente nuevos, y toda nuestra educaci\u00f3n moderna, con todos<br \/>\nlos \u00e9xitos que ha obtenido y todos los que se esperan en lo futuro, constituyen solamente un<br \/>\ndesarrollo ulterior de esta herencia. Y cuando ahora tratamos de determinar qu\u00e9 fuerzas<br \/>\nprodujeron estos grandes resultados, las encontramos no en el genio de los h\u00e9roes individuales<br \/>\nni en la poderosa organizaci\u00f3n de los grandes Estados, ni en el talento pol\u00edtico de sus<br \/>\ngobernantes, sino en la misma corriente de ayuda mutua y apoyo mutuo, cuya obra hemos visto<br \/>\nen la comuna aldeana, y que se anim\u00f3 y renov\u00f3 en la Edad Media mediante un nuevo g\u00e9nero<br \/>\nde uniones, las guildas, inspiradas por el mismo esp\u00edritu, pero que se hab\u00eda encauzado ya en<br \/>\nuna nueva forma.<br \/>\nEn la \u00e9poca presente, es bien sabido que el feudalismo no implica la descomposici\u00f3n de la<br \/>\ncomuna aldeana, a pesar de que los gobernantes feudales consiguieron imponer el yugo de la<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n93<br \/>\nservidumbre a los campesinos y apropiarse de los derechos que antes pertenec\u00edan a la comuna<br \/>\naldeana (contribuciones, mano-muerta, impuestos a la herencia y casamientos), los<br \/>\ncampesinos, a pesar de todo, conservaron dos derechos comunales fundamentales: la posesi\u00f3n<br \/>\ncomunal de la tierra y la jurisdicci\u00f3n propia. En tiempos pasados, cuando el rey enviaba a su<br \/>\nvogt Guez) a la aldea, los campesinos iban al encuentro del nuevo juez con flores en una mano<br \/>\ny un arma en la otra, y le preguntaban qu\u00e9 ley ten\u00eda intenci\u00f3n de aplicar, si la que \u00e9l hallaba en<br \/>\nla aldea o la que \u00e9l tra\u00eda. En el primer caso, le entregaban las flores y lo aceptaban, y en el<br \/>\nsegundo, entablaban guerra contra \u00e9l. Ahora los campesinos hab\u00edan de aceptar al juez enviado<br \/>\npor el rey o el se\u00f1or feudal, puesto que no pod\u00edan rechazarlo; pero a pesar de todo, reten\u00edan el<br \/>\nderecho de jurisdicci\u00f3n para la asamblea comunal, y ellos mismos designaban seis, siete o<br \/>\ndoce jueces que actuaban conjuntamente con el juez del se\u00f1or feudal, en presencia de la<br \/>\nasamblea comunal, en calidad de mediadores o personas que \u00abhallaban las sentencias\u00bb. En la<br \/>\nmayor\u00eda de los casos, ni siquiera quedaba al juez real o feudal m\u00e1s que confirmar la resoluci\u00f3n<br \/>\nde los jueces comunales y recibir la multa (fred) habitual.<br \/>\nEl preciso derecho al procedimiento judicial propio, que en aquel tiempo implicaba el derecho a<br \/>\nla administraci\u00f3n propia y a la legislaci\u00f3n propia, se conserva en medio de todas las guerras y<br \/>\nconflictos. Ni siquiera los jurisconsultos que rodeaban a Carlomagno pudieron destruir este<br \/>\nderecho; se vieron obligados a confirmarlo. Al mismo tiempo, en todos los asuntos relativos a<br \/>\nlas posesiones comunales, la asamblea comunal conservaba la soberan\u00eda y, como ha sido<br \/>\ndemostrado por Maurer, a menudo exig\u00eda la sumisi\u00f3n de parte del mismo se\u00f1or feudal en los<br \/>\nasuntos relativos a la tierra. El desarrollo m\u00e1s fuerte del feudalismo no pudo quebrantar la<br \/>\nresistencia de la comuna aldeana: se aferraba firmemente a sus derechos; y cuanto, en el siglo<br \/>\nnoveno y en el d\u00e9cimo, las invasiones de los normandos, \u00e1rabes y h\u00fangaros, mostraron<br \/>\nclaramente que las mesnadas guerreras en realidad eran impotentes para proteger el pa\u00eds de<br \/>\nlas incursiones, por toda Europa los campesinos mismos comenzaron a fortificar sus<br \/>\npoblaciones con muros de piedras y fortines. Miles de centros fortificados fueron erigidos<br \/>\nentonces, gracias a la energ\u00eda de las comunas aldeanas; y una vez que alrededor de las<br \/>\ncomunas se erigieron baluartes y murallas, y en este nuevo santuario se crearon nuevos<br \/>\nintereses comunales, los habitantes comprendieron en seguida que ahora, detr\u00e1s de sus muros,<br \/>\npod\u00edan resistir no s\u00f3lo los ataques de los enemigos exteriores, sino tambi\u00e9n los ataques de. los<br \/>\nenemigos interiores, es decir, los se\u00f1ores feudales. Entonces una nueva vida libre comenz\u00f3 a<br \/>\ndesarrollarse dentro de estas fortalezas. Hab\u00eda nacido la ciudad medieval.<br \/>\nNing\u00fan per\u00edodo de la historia sirve de mejor confirmaci\u00f3n de las fuerzas creadoras del pueblo<br \/>\nque los siglos d\u00e9cimo y und\u00e9cimo, en que las aldeas fortificadas y las villas comerciales que<br \/>\nconstitu\u00edan un g\u00e9nero de \u00aboasis en la selva feudal\u00bb comenzaron a liberarse del yugo de los<br \/>\nse\u00f1ores feudales y a elaborar lentamente la organizaci\u00f3n futura de la ciudad. Por desgracia, los<br \/>\ntestimonios hist\u00f3ricos de este per\u00edodo se distinguen por su extrema escasez: conocemos sus<br \/>\nresultados, pero muy poco ha llegado hasta nosotros sobre los medios con que estos resultados<br \/>\nfueron obtenidos. Bajo la protecci\u00f3n de sus muros, las asambleas urbanas -algunas<br \/>\ncompletamente independientes, otras bajo la direcci\u00f3n de las principales familias de nobles o de<br \/>\ncomerciantes- conquistaron y consolidaron el derecho a elegir el protector militar de la ciudad<br \/>\n(defensor municipit) y el del juez supremo, o por lo menos el derecho de elegir entre aquellos<br \/>\nque expresaran sus deseos de ocupar este puesto. En Italia, las comunas j\u00f3venes expulsaban<br \/>\ncontinuamente a sus protectores (defensores o domina) y hasta sucedi\u00f3 que las comunas<br \/>\ndebieron luchar con los que no consent\u00edan en irse de buen grado. Lo mismo suced\u00eda en el Este.<br \/>\nEn Bohemia, tanto los pobres como los ricos (Bohemicae gentis magni et parvi, nobiles et<br \/>\nignobiles), tomaban igualmente parte en las elecciones; y las asambleas populares (vi\u00e9che) de<br \/>\nlas ciudades rusas regularmente eleg\u00edan, ellas mismas, a sus knyaz -siempre de una misma<br \/>\nfamilia, los Rurik-; contra\u00edan pactos (convenciones) y expulsaban al knyaz si provocaba<br \/>\ndescontento. Al mismo tiempo, en la mayor\u00eda de las ciudades del Oeste y Sur de Europa exist\u00eda<br \/>\nla tendencia a designar en calidad de protector de la ciudad (defensor) al obispo, que la ciudad<br \/>\nmisma eleg\u00eda; y los obispos a menudo sobresalieron tanto en la defensa de los privilegios<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n94<br \/>\n(inmunidades) y de las libertades urbanas, que muchos de ellos, despu\u00e9s de muertos, fueron<br \/>\nreconocidos como santos o patronos especiales de sus diferentes ciudades. San Uthelred de<br \/>\nWinchester, San Ulrico de Augsburg, San Wolfgang de Ratisbona, San Heriberto de Colonia,<br \/>\nSan Adalberto de Praga, etc., y numerosos abates y monjes se convirtieron en santos de sus<br \/>\nciudades por haber defendido sus derechos populares. Y con la ayuda de estos nuevos<br \/>\ndefensores, laicos y cl\u00e9rigos, los ciudadanos conquistaron para su asamblea popular plenos<br \/>\nderechos a la independencia en la jurisdicci\u00f3n y administraci\u00f3n.<br \/>\nTodo el proceso de liberaci\u00f3n fue avanzando poco a poco, gracias a una serie ininterrumpida de<br \/>\nactos en que se manifestaba su fidelidad a la obra com\u00fan y que eran realizados por hombres<br \/>\nsalidos de las masas populares, por h\u00e9roes desconocidos, cuyos mismos nombres no han sido<br \/>\nconservados por la historia. El asombroso movimiento, conocido bajo el nombre de \u00abpaz de<br \/>\nDios (treuga Dei)\u00bb, con cuya ayuda las masas populares trataban de poner l\u00edmite a las<br \/>\ninterminables guerras tribales por venganza de sangre que se prolongaba entre las familias de<br \/>\nlos notables, naci\u00f3 en las j\u00f3venes ciudades libres, y los obispos y los ciudadanos se esforzaban<br \/>\npor extender a la nobleza la paz que establecieron entre ellos, dentro de sus murallas urbanas.<br \/>\nYa en este per\u00edodo, las ciudades comerciales de Italia, y en especial Amalfi (que ten\u00eda c\u00f3nsules<br \/>\nelectos desde el a\u00f1o 844) y a menudo cambiaban a su dux en el siglo d\u00e9cimo, elaboraron el<br \/>\nderecho com\u00fan mar\u00edtimo y comercial, que m\u00e1s tarde sirvi\u00f3 de ejemplo para toda Europa.<br \/>\nRavenna elabor\u00f3, en la misma \u00e9poca, su organizaci\u00f3n artesanal, y Mil\u00e1n, que hizo su primera<br \/>\nrevoluci\u00f3n en el a\u00f1o 980, se convirti\u00f3 en centro comercial importante y su comercio gozaba de<br \/>\nuna completa independencia ya en el siglo und\u00e9cimo. Lo mismo puede decirse con respecto a<br \/>\nBrujas y Gante, y tambi\u00e9n a varias ciudades francesas en las que el Mahl o forum (asamblea<br \/>\npopular) se hab\u00eda hecho ya una instituci\u00f3n completamente independiente. Ya durante este<br \/>\nper\u00edodo comenz\u00f3 la obra de embellecimiento art\u00edstico de las ciudades con las producciones de<br \/>\nla arquitectura que admiramos a\u00fan, y que atestiguan elocuentemente el movimiento intelectual<br \/>\nque se produc\u00eda entonces. \u00abCasi por todo el mundo se renovaban los templos\u00bb -escrib\u00eda en su<br \/>\ncr\u00f3nica Ra\u00fal Cylaber, y algunos de los monumentos m\u00e1s maravillosos de la arquitectura<br \/>\nmedieval datan de este per\u00edodo: la asombrosa iglesia antigua de Bremen fue construida en el<br \/>\nsiglo noveno; la catedral de San Marcos, en Venecia, fue terminada en el a\u00f1o 1071, y la<br \/>\nhermosa catedral de Pisa, en el a\u00f1o 1063. En realidad, el movimiento intelectual que se ha<br \/>\ndescrito con el nombre de Renacimiento del siglo duod\u00e9cimo y de racionalismo del siglo<br \/>\nduod\u00e9cimo, que fue precursor de la Reforma, tiene su principio en este per\u00edodo en que la<br \/>\nmayor\u00eda de las ciudades constitu\u00edan a\u00fan simples aglomeraciones de peque\u00f1as comunas<br \/>\naldeanas, rodeadas por una muralla com\u00fan, y algunas se convirtieron ya en comunas<br \/>\nindependientes.<br \/>\nPero se requer\u00eda todav\u00eda otro elemento, a m\u00e1s de la comuna aldeana, para dar a estos centros<br \/>\nnacientes de libertad e ilustraci\u00f3n la unidad de pensamiento y acci\u00f3n y la poderosa fuerza de<br \/>\niniciativa que crearon su poder\u00edo en el siglo duod\u00e9cimo y decimotercero. Bajo la creciente<br \/>\ndiversidad de ocupaciones, oficios y artes, y el aumento del comercio con pa\u00edses lejanos, se<br \/>\nrequer\u00eda una forma de uni\u00f3n que no hab\u00eda dado a\u00fan la comuna aldeana, y este nuevo elemento<br \/>\nnecesario fue encontrado en las guildas. Muchos vol\u00famenes se han escrito sobre estas uniones<br \/>\nque, bajo el nombre de guildas, hermandades, dr\u00fazhestva, minne, arti\u00e9l, en Rusia; esnaf en<br \/>\nServ\u00eda y Turqu\u00eda, amkari en Georgia, etc., adquirieron gran desarrollo en la Edad Media. Pero<br \/>\nlos historiadores hubieron de trabajar m\u00e1s de sesenta a\u00f1os sobre esta cuesti\u00f3n antes de que<br \/>\nfuera comprendida la universalidad de esta instituci\u00f3n y explicado su verdadero car\u00e1cter. S\u00f3lo<br \/>\nahora, que ya est\u00e1n impresos y estudiados centenares de estatutos de guildas y se ha<br \/>\ndeterminado su relaci\u00f3n con los collegia romana, y tambi\u00e9n con las uniones a\u00fan m\u00e1s antiguas<br \/>\nde Grecia e India, podemos afirmar con plena seguridad que estas hermandades son solamente<br \/>\nel desarrollo mayor de aquellos mismos principios cuya aparici\u00f3n hemos visto ya en la<br \/>\norganizaci\u00f3n tribal y en la comuna aldeana.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n95<br \/>\nNada puede ilustrar mejor estas hermandades medievales que las guildas temporales que se<br \/>\nformaban en las naves comerciales. Cuando la nave hanse\u00e1tica se hab\u00eda hecho a la mar, sol\u00eda<br \/>\nocurrir que, pasado el primer medio d\u00eda desde la salida del puerto, el capit\u00e1n o skiper (Schiffer)<br \/>\ngeneralmente reun\u00eda en cubierta a toda la tripulaci\u00f3n y a los pasajeros y les dirig\u00eda, seg\u00fan el<br \/>\ntestimonio de un contempor\u00e1neo, el discurso siguiente:<br \/>\n\u00abComo nos hallamos ahora a merced de la voluntad de Dios y de las olas -dec\u00eda- debemos ser<br \/>\niguales entre nosotros. Y puesto que estamos rodeados de tempestades, altas olas, piratas<br \/>\nmar\u00edtimos y otros peligros, debemos mantener un orden estricto, a fin de llevar nuestro viaje a<br \/>\nun feliz t\u00e9rmino. Por esto debemos rogar que haya viento favorable y buen \u00e9xito y, seg\u00fan la ley<br \/>\nmar\u00edtima, elegir a aquellos que ocupar\u00e1n el asiento de los jueces (Sch\u00f6ffenstellen)\u00bb. Y luego la<br \/>\ntripulaci\u00f3n eleg\u00eda a un Vogt y cuatro scabini que se convert\u00edan en jueces. Al final de la<br \/>\nnavegaci\u00f3n, el Vogt y los scabini se despojaban de su obligaci\u00f3n y dirig\u00edan a la tripulaci\u00f3n el<br \/>\nsiguiente discurso: \u00abDebemos perdonarnos todo lo que sucedi\u00f3 en la nave y considerarlo<br \/>\nmuerto (todt und ab sein lassen). Hemos juzgado con rectitud y en inter\u00e9s de la justicia. Por<br \/>\nesto, rogamos a todos vosotros, en nombre de la justicia honesta, olvidar toda animosidad que<br \/>\npod\u00e1is albergar el uno contra el otro y jurar sobre el pan y la sal que no recordar\u00e9is lo pasado<br \/>\ncon rencor. Pero si alguno se considera ofendido, que se dirija al Landvogt (juez de tierra) y,<br \/>\nantes de la ca\u00edda del sol, solicite justicia ante \u00e9l\u00bb. \u00abAl desembarcar a tierra todas las multas<br \/>\n(fred) cobradas en el camino se entregaban al Vogt portuario para ser distribuidas entre los<br \/>\npobres\u00bb.<br \/>\nEste simple relato quiz\u00e1 caracterice mejor que nada el esp\u00edritu de las guildas medievales.<br \/>\nOrganizaciones semejantes brotaban doquiera apareciese un grupo de hombres unidos por<br \/>\nalguna actividad com\u00fan: pescadores, cazadores, comerciantes, viajeros, constructores, o<br \/>\nartesanos asentados, etc. Como hemos visto, en la nave ya exist\u00eda una autoridad, en manos del<br \/>\ncapit\u00e1n, pero, para el \u00e9xito de la empresa com\u00fan, todos los reunidos en la nave, ricos y pobres,<br \/>\nlos amos y la tripulaci\u00f3n, el capit\u00e1n y los marineros, acordaban ser iguales en sus relaciones<br \/>\npersonales -acordaban ser simplemente hombres obligados a ayudarse mutuamente- y se<br \/>\nobligaban a resolver todos los desacuerdos que pudieran surgir entre ellos con la ayuda de los<br \/>\njueces elegidos por todos. Exactamente lo mismo cuando cierto n\u00famero de artesanos,<br \/>\nalba\u00f1iles, carpinteros, picapedreros, etc., se un\u00edan para la construcci\u00f3n, por ejemplo, de una<br \/>\ncatedral, a pesar de que todos ellos pertenec\u00edan a la ciudad, que ten\u00eda su organizaci\u00f3n pol\u00edtica,<br \/>\ny a pesar de que cada uno de ellos, adem\u00e1s, pertenec\u00eda a su corporaci\u00f3n, sin embargo, al<br \/>\njuntarse para una empresa com\u00fan -para una actividad que conoc\u00edan mejor que las otras- se<br \/>\nun\u00edan adem\u00e1s en una organizaci\u00f3n fortalecida por lazos m\u00e1s estrechos, aunque fuesen<br \/>\ntemporarios: fundaban una guilda, un arti\u00e9l, para la construcci\u00f3n de la catedral. Vemos lo<br \/>\nmismo, tambi\u00e9n actualmente, en el kabile\u00f1o. Los kabilas tienen su comuna aldeana, pero<br \/>\nresulta insuficiente para la satisfacci\u00f3n de todas sus necesidades pol\u00edticas, comerciales y<br \/>\npersonales de uni\u00f3n, debido a lo cual se constituye una hermandad m\u00e1s estrecha en forma de<br \/>\ncof.<br \/>\nEn cuanto al car\u00e1cter fraternal de las guildas medievales, para su explicaci\u00f3n, puede<br \/>\naprovecharse cualquier estatuto de guilda. Si tomamos, por ejemplo, la skraa de cualquier<br \/>\nguilda danesa antigua, leemos en ella, primeramente, que en las guildas deben reinar<br \/>\nsentimientos fraternales generales; siguen luego las reglas relativas a la jurisdicci\u00f3n propia en<br \/>\nlas guildas, en caso de ri\u00f1a entre dos hermanos de las guildas o entre un hermano y un extra\u00f1o,<br \/>\ny por \u00faltimo, se enumeran los deberes de los hermanos. Si la casa de un hermano se incendia,<br \/>\nsi pierde su barca, si sufre durante una peregrinaci\u00f3n, todos los dem\u00e1s hermanos deben acudir<br \/>\nen su ayuda. Si el hermano se enferma de gravedad, dos hermanos deben permanecer junto a<br \/>\nsu lecho hasta que pase el peligro; si muere, los hermanos deben enterrarlo -un deber de no<br \/>\npoca importancia en aquellos tiempos de epidemias frecuentes- y acompa\u00f1arlo hasta la iglesia<br \/>\ny la sepultura. Despu\u00e9s de la muerte de un hermano, si era necesario, deb\u00edan cuidarse de sus<br \/>\nhijos; muy a menudo, la viuda se convert\u00eda en hermana de la guilda.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n96<br \/>\nLos dos importantes rasgos arriba citados se encuentran en todas las hermandades, cualquiera<br \/>\nque fuera la finalidad para la cual han sido fundadas. En todos los casos, los miembros<br \/>\nprecisamente se trataban as\u00ed y se llamaban mutuamente hermano y hermana. En las guildas,<br \/>\ntodos eran iguales. Las guildas ten\u00edan en com\u00fan alguna propiedad (ganado, tierra, edificios,<br \/>\niglesias o \u00abahorros comunales\u00bb). Todos los hermanos juraban olvidar todos los conflictos tribales<br \/>\nanteriores por venganza de sangre; y, sin imponerse entre s\u00ed el deber incumplible de no re\u00f1ir<br \/>\nnunca, llegaban a un acuerdo para que la ri\u00f1a no pasara a ser enemistad familiar con todas las<br \/>\nconsecuencias de la venganza tribal, y para que, en la soluci\u00f3n de la ri\u00f1a, los hermanos no se<br \/>\ndirigieran a ning\u00fan otro tribunal fuera del tribunal de la guilda de los mismos hermanos. En el<br \/>\ncaso de que un hermano fuera arrastrado a una ri\u00f1a con una persona ajena a la guilda, los<br \/>\nhermanos estaban obligados a apoyarlo a cualquier precio; y si fuera \u00e9l acusado, justa o<br \/>\ninjustamente, de inferir la ofensa, los hermanos deb\u00edan ofrecerle apoyo y tratar de llevar el<br \/>\nasunto a una soluci\u00f3n pac\u00edfica. Siempre que la violencia ejercida por un hermano no fuera<br \/>\nsecreta -en este \u00faltimo caso estar\u00eda fuera de la ley- la hermandad sal\u00eda en su defensa. Si los<br \/>\nparientes del hombre ofendido quisieran vengarse inmediatamente del ofensor con una<br \/>\nagresi\u00f3n, la hermandad lo proveer\u00eda de caballo para la huida, o de un bote, o de un par de<br \/>\nremos, de un cuchillo y un acero para producir fuego; si permanec\u00eda en la ciudad, lo<br \/>\nacompa\u00f1aba por todas partes una guardia de doce hermanos; y durante este tiempo la<br \/>\nhermandad trataba por todos los medios de arreglar la reconciliaci\u00f3n (composition). Cuando el<br \/>\nasunto llegaba a los tribunales, los hermanos se presentaban al tribunal para confirmar, bajo<br \/>\njuramento, la veracidad de las declaraciones del acusado; si el tribunal lo hallaba culpable, no le<br \/>\ndejaban caer en la ruina completa, o ser reducido a la esclavitud debido a la imposibilidad de<br \/>\npagar la indemnizaci\u00f3n monetaria reclamada: todos participaban en el pago de ella,<br \/>\nexactamente lo mismo que lo hac\u00eda en la antig\u00fcedad todo el clan. S\u00f3lo en el caso de que el<br \/>\nhermano defraudara la confianza de sus hermanos de guilda, o hasta de otras personas, era<br \/>\nexpulsado de la hermandad con el nombre de \u00abinservible\u00bb (tha scal han maeles af br\u00f6drescap<br \/>\nmet nidings nafn). La guilda era, de tal modo, prolongaci\u00f3n del \u00abclan\u00bb anterior.<br \/>\nTales eran las ideas dominantes de estas hermandades que gradualmente se extendieron a<br \/>\ntoda la vida medieval. En realidad, conocemos guildas surgidas entre personas de todas las<br \/>\nprofesiones posibles: guildas de esclavos, guildas de ciudadanos libres y guildas mixtas,<br \/>\ncompuestas de esclavos y ciudadanos libres; guildas organizadas con fines especiales: la caza,<br \/>\nla pesca o determinada expedici\u00f3n comercial y que se disolv\u00edan cuando se hab\u00eda logrado el fin<br \/>\npropuesto, y guildas que existieron durante siglos en determinados oficios o ramos de comercio.<br \/>\nY a medida que la vida desarrollaba una variedad de fines cada vez mayor, crec\u00eda, en<br \/>\nproporci\u00f3n, la variedad de las guildas. Debido a esto, no s\u00f3lo los comerciantes, artesanos,<br \/>\ncazadores y campesinos se un\u00edan en guildas, sino que encontramos guildas de sacerdotes,<br \/>\npintores, maestros de escuelas primarias y universidades; guildas para la representaci\u00f3n<br \/>\nesc\u00e9nica de \u00abLa Pasi\u00f3n del Se\u00f1or\u00bb, para la construcci\u00f3n de iglesias, para el desarrollo de los<br \/>\n\u00abmisterios\u00bb de determinada escuela de arte u oficio; guildas para distracciones especiales, hasta<br \/>\nguildas de mendigos, verdugos y prostitutas, y todas estas guildas estaban organizadas seg\u00fan<br \/>\nel mismo doble principio de jurisdicci\u00f3n propia y de apoyo mutuo. En cuanto a Rusia, poseemos<br \/>\ntestimonios positivos que indican que el hecho mismo de la formaci\u00f3n de Rusia fue tanto obra<br \/>\nde los artieli de pescadores, cazadores e industriales como del resultado del brote de las<br \/>\ncomunas aldeanas. Hasta en los d\u00edas presentes, Rusia est\u00e1 cubierta por artieli.<br \/>\nSe ve ya por las observaciones precedentes cu\u00e1n err\u00f3nea era la opini\u00f3n de los primeros<br \/>\ninvestigadores de las guildas cuando consideraban como esencia de esta instituci\u00f3n la<br \/>\nfestividad anual que era organizada com\u00fanmente por los hermanos. En realidad, el convite<br \/>\ncom\u00fan ten\u00eda lugar el mismo d\u00eda, o el d\u00eda siguiente, despu\u00e9s de realizada la elecci\u00f3n de los jefes,<br \/>\nla deliberaci\u00f3n de las modificaciones necesarias en los reglamentos y, muy a menudo, el juicio<br \/>\nde las ri\u00f1as surgidas entre hermanos; por \u00faltimo, en este d\u00eda, a veces, se renovaba el juramento<br \/>\nde fidelidad a la guilda. El convite com\u00fan, como el antiguo fest\u00edn de la asamblea comunal de la<br \/>\ntribu -mahl o mahlum- o la aba de los buriatos, o la fiesta parroquias y el fest\u00edn al finalizar la<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n97<br \/>\nrecolecci\u00f3n, serv\u00edan simplemente para consolidar la hermandad. Simbolizaba los tiempos en<br \/>\nque todo era del dominio com\u00fan del clan. En ese d\u00eda, por lo menos, todo pertenec\u00eda a todos; se<br \/>\nsentaban todos a una misma mesa. Hasta en un per\u00edodo considerablemente m\u00e1s avanzado, los<br \/>\nhabitantes de los asilos de una de las guildas de Londres, ese d\u00eda, se sentaban a una mesa<br \/>\ncom\u00fan junto con los ricos alderpnen.<br \/>\nEn cuanto a la diferencia que algunos investigadores trataron de establecer entre las viejas &#8211;<br \/>\nguildas de paz\u00bb sajonas (frith guild) y las llamadas guildas \u00absociales\u00bb o \u00abreligiosas\u00bb, con respecto<br \/>\na esto puede decirse que todas eran guildas de paz en el sentido ya dicho y todas ellas eran<br \/>\nreligiosas en el sentido en que la comuna aldeana o la ciudad puesta bajo la protecci\u00f3n de un<br \/>\nsanto especial son sociales y religiosas. Si la instituci\u00f3n de la guilda tuvo tan vasta difusi\u00f3n en<br \/>\nAsia, Africa y Europa, si sobrevivi\u00f3 un milenio, surgiendo nuevamente cada vez que condiciones<br \/>\nsimilares la llamaban a la vida, se explica porque la guilda representaba algo<br \/>\nconsiderablemente mayor que una simple asociaci\u00f3n para la comida conjunta, o para concurrir<br \/>\na la iglesia en determinado d\u00eda, o para efectuar el entierro por cuenta com\u00fan. Respond\u00eda a una<br \/>\nnecesidad hondamente arraigada en la naturaleza humana; reun\u00eda en s\u00ed todos aquellos<br \/>\natributos de que posteriormente se apropi\u00f3 el Estado por medio de su burocracia su polic\u00eda, y<br \/>\naun mucho m\u00e1s. La guilda era una asociaci\u00f3n para el apoyo mutuo \u00abde hecho y de consejo\u00bb, en<br \/>\ntodas las circunstancias y en todas las contingencias de la vida; y era una organizaci\u00f3n para el<br \/>\nafianzamiento de la justicia, diferenci\u00e1ndose del gobierno, sin embargo, en que en lugar del<br \/>\nelemento formal, que era el rasgo esencial caracter\u00edstico de la intromisi\u00f3n del Estado. Hasta<br \/>\ncuando el hermano de la guildas aparec\u00eda ante el tribunal de la misma, era juzgado por<br \/>\npersonas que le conoc\u00edan bien, estaban a su lado en el trabajo conjunto, se hab\u00edan sentado con<br \/>\n\u00e9l m\u00e1s de una vez en el convite com\u00fan, y juntos cumpl\u00edan toda clase de deberes fraternales;<br \/>\nrespond\u00eda ante hombres que eran sus iguales y sus hermanos verdaderos, y no ante te\u00f3ricos<br \/>\nde la ley o defensores de ciertos intereses ajenos.<br \/>\nEs evidente que una instituci\u00f3n tal como la guilda, bien dotada para la satisfacci\u00f3n de la<br \/>\nnecesidad de uni\u00f3n, sin privar por eso al individuo de su independencia e iniciativa, debi\u00f3<br \/>\nextenderse, crecer y fortalecerse. La dificultad resid\u00eda solamente en hallar una forma que<br \/>\npermitiera a las federaciones de guildas unirse entre s\u00ed, sin entrar en conflicto con las<br \/>\nfederaciones de comunas aldeanas, y uniera unas y otras en un todo armonioso. Y cuando se<br \/>\nhall\u00f3 la forma conveniente -en la ciudad libre- y una serie de circunstancias favorables dio a las<br \/>\nciudades la posibilidad de declarar y afirmar su independencia, la realizaron con tal unidad de<br \/>\npensamiento, que habr\u00eda de provocar admiraci\u00f3n aun en nuestro siglo de los ferrocarriles, las<br \/>\ncomunicaciones telegr\u00e1ficas y la imprenta. Centenares de Cartas con las que las ciudades<br \/>\nafirmaron su uni\u00f3n llegaron hasta nosotros; y en todas estas Cartas aparecen las mismas ideas<br \/>\ndominantes, a pesar de la infinita diversidad de detalles que depend\u00edan de la mayor o menor<br \/>\nplenitud de libertad. Por doquier la ciudad se organizaba como una federaci\u00f3n doble, de<br \/>\npeque\u00f1as comunas aldeanas y de guildas.<br \/>\n\u00abTodos los pertenecientes a la amistad de la ciudad -como dice, por ejemplo, la Carta acordada<br \/>\nen 1188 a los ciudadanos de la ciudad de Aire, por Felipe, conde de Flandes- han prometido y<br \/>\nconfirmado, bajo juramento, que se ayudar\u00e1n mutuamente como hermanos en todo lo \u00fatil y<br \/>\nhonesto; que si el uno ofende al otro, de palabra o de hecho, el ofendido no se vengar\u00e1 por s\u00ed<br \/>\nmismo ni lo har\u00e1n sus allegados&#8230; presentar\u00e1 una queja y el ofensor pagar\u00e1 la debida<br \/>\nindemnizaci\u00f3n por la ofensa, de acuerdo con la resoluci\u00f3n dictada por doce jueces electos que<br \/>\nactuar\u00e1n en calidad de \u00e1rbitros. Y si el ofensor o el ofendido, despu\u00e9s de la tercera advertencia,<br \/>\nno se somete a la resoluci\u00f3n de los \u00e1rbitros, ser\u00e1 excluido de la amistad como hombre<br \/>\ndepravado y perjuro.<br \/>\n\u00abTodo miembro de la comuna ser\u00e1 fiel a sus conjurados, y les prestar\u00e1 ayuda y consejo de<br \/>\nacuerdo con lo que dicte la justicia\u00bb -as\u00ed dicen las Cartas de Amiens y Abbeville-. \u00abTodos se<br \/>\nayudar\u00e1n mutuamente, cada uno seg\u00fan sus fuerzas, en los l\u00edmites de la comuna, y no<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n98<br \/>\npermitir\u00e1n que uno tome algo a otro comunero, o que obligue a otro a pagar cualquier clase de<br \/>\ncontribuci\u00f3n\u00bb, leemos en las cartas de Soissons, Compi\u00e9gne, Senlis, y de muchas otras<br \/>\nciudades del mismo tiempo.<br \/>\n\u00abLa comuna -escribi\u00f3 el defensor del antiguo orden, Guilbert de Nogent- es un juramento de<br \/>\nayuda mutua (mutui adjutori conjuratio)\u00bb&#8230; \u00abUna palabra nueva y detestable. Gracias a ella, los<br \/>\nsiervos (capite sensi) se liberan de toda servidumbre; gracias a ella, se liberan del pago de las<br \/>\ncontribuciones que generalmente pagaban los siervos\u00bb.<br \/>\nEsta misma ola liberadora rod\u00f3 en los siglos d\u00e9cimo, und\u00e9cimo y duod\u00e9cimo por toda Europa,<br \/>\narrollando tanto las ciudades ricas como las m\u00e1s pobres. Y si podemos decir que, hablando en<br \/>\ngeneral, primero se liberaron las ciudades italianas (muchas a\u00fan en el siglo und\u00e9cimo y algunas<br \/>\ntambi\u00e9n en el siglo d\u00e9cimo), sin embargo no podemos dejar de se\u00f1alar el centro menudo, un<br \/>\npeque\u00f1o burgo de un punto cualquiera de Europa central se pon\u00eda a la cabeza del movimiento<br \/>\nde su regi\u00f3n, y las grandes ciudades tomaban su Carta como modelo. As\u00ed, por ejemplo, la Carta<br \/>\nde la peque\u00f1a ciudad de Lorris fue aceptada por ciudades del sureste de Francia, y la Carta de<br \/>\nBeaumont sirvi\u00f3 de modelo a m\u00e1s de quinientas ciudades y villas de B\u00e9lgica y Francia. Las<br \/>\nciudades enviaban continuamente diputados especiales a la ciudad vecina, para obtener copia<br \/>\nde su Carta, y sobre esa base elaboraban su propia constituci\u00f3n. Sin embargo, las ciudades no<br \/>\nse conformaban con la simple trascripci\u00f3n de las Cartas: compon\u00edan sus cartas en conformidad<br \/>\ncon las concesiones que consegu\u00edan arrancar a sus se\u00f1ores feudales; resultando, como<br \/>\nobserv\u00f3 un historiador, que las cartas de las comunas medievales se distinguen por la misma<br \/>\ndiversidad que la arquitectura g\u00f3tica de sus iglesias y catedrales. La misma idea dominante en<br \/>\ntodas, puesto que la catedral de la ciudad representaba simb\u00f3licamente la uni\u00f3n de las<br \/>\nparroquias o de las comunas peque\u00f1as y de las guildas en la ciudad libre, y en cada catedral<br \/>\nhab\u00eda una infinita riqueza de variedad en los detalles de su ornamento.<br \/>\nEl punto m\u00e1s esencial para las ciudades que se liberaban era su jurisdicci\u00f3n propia, que<br \/>\nimplicaba tambi\u00e9n la administraci\u00f3n propia. Pero la ciudad no era simplemente una parte<br \/>\n\u00abaut\u00f3noma\u00bb del Estado -tales palabras ambiguas no hab\u00edan sido inventadas-, constitu\u00eda un<br \/>\nEstado por s\u00ed mismo. Ten\u00eda derecho a declarar la guerra y negociar la paz, el derecho de<br \/>\nestablecer alianzas con sus vecinos y de federarse con ellos. Era soberana en sus propios<br \/>\nasuntos y no se inmiscu\u00eda en los ajenos.<br \/>\nEl poder pol\u00edtico supremo de la ciudad se encontraba, en la mayor\u00eda de los casos, \u00edntegramente<br \/>\nen manos de la asamblea popular (forum) democr\u00e1tica, como suced\u00eda, por ejemplo, en Pskof,<br \/>\ndonde la vi\u00e9che enviaba y recib\u00eda los embajadores, conclu\u00eda tratados, invitaba y expulsaba a los<br \/>\nknyazi\u00e1, o prescind\u00eda por completo de ellos durante d\u00e9cadas enteras. 0 bien, el alto poder<br \/>\npol\u00edtico era transferido a manos de algunas familias notables, comerciantes o hasta de nobles; o<br \/>\nera usurpado por ellos, como suced\u00eda en centenares de ciudades de Italia y Europa central.<br \/>\nPero los principios fundamentales continuaban siendo los mismos: la ciudad era un Estado y, lo<br \/>\nque es quiz\u00e1 a\u00fan m\u00e1s notable, si el poder de la ciudad hab\u00eda sido usurpado, o se hab\u00edan<br \/>\napropiado paulatinamente de \u00e9l la aristocracia comercial o hasta la nobleza, la vida interior de la<br \/>\nciudad y el car\u00e1cter democr\u00e1tico de sus relaciones cotidianas sufr\u00edan por ello poca mengua:<br \/>\ndepend\u00eda poco de lo que se puede llamar forma pol\u00edtica del Estado.<br \/>\nEl secreto de esta contradicci\u00f3n aparente reside en que la ciudad medieval no era un Estado<br \/>\ncentralizado. Durante los primeros siglos de su existencia, la ciudad apenas se pod\u00eda llamar<br \/>\nEstado, en cuanto se refer\u00eda a su organizaci\u00f3n interna, puesto que la edad media, en general,<br \/>\nera ajena a nuestra centralizaci\u00f3n moderna de las funciones, como tambi\u00e9n a nuestra<br \/>\ncentralizaci\u00f3n de las provincias y distritos en manos de un gobierno central. Cada grupo ten\u00eda,<br \/>\nentonces, su parte de soberan\u00eda.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n99<br \/>\nCom\u00fanmente la ciudad estaba dividida en cuatro barrios, o en cinco, seis o siete kontsi<br \/>\n(sectores) que irradiaban de un centro donde estaba situada la catedral y a menudo la fortaleza<br \/>\n(krieml). Y cada barrio o koniets en general representaba un determinado g\u00e9nero de comercio o<br \/>\nprofesi\u00f3n que predominaban en \u00e9l, a pesar de que en aquellos tiempos en cada barrio o koniets<br \/>\npod\u00edan vivir personas que ocupaban diferentes posiciones sociales y que se entregaban a<br \/>\ndiversas ocupaciones: la nobleza, los comerciantes, los artesanos y a\u00fan los semi-siervos. Cada<br \/>\nkoniets o sector, sin embargo, constitu\u00eda una unidad enteramente independiente. En Venecia,<br \/>\ncada isla constitu\u00eda una comuna pol\u00edtica independiente, que ten\u00eda su organizaci\u00f3n propia de<br \/>\noficios y comercios, su comercio de sal y pan, su administraci\u00f3n y su propia asamblea popular o<br \/>\nforum. Por esto, la elecci\u00f3n por toda Venecia de uno u otro dux, es decir, el jefe militar y<br \/>\ngobernador supremo, no alteraba la independencia interior de cada una de estas comunas<br \/>\nindividuales.<br \/>\nEn Colonia, los habitantes se divid\u00edan en Geburschaften y Heimschaften (viciniae), es decir,<br \/>\nguildas vecinales cuya formaci\u00f3n data del periodo de los francos, y cada una de estas guildas<br \/>\nten\u00eda en juez (Burgrichter) y los doce jurados electos corrientes (Sch\u00f3ffen), -su Vogt (especie de<br \/>\njefe policial) y su greve o jefe de la milicia de la guilda.<br \/>\nLa historia del Londres antiguo, antes de la conquista normanda del siglo XII, dice Green, es la<br \/>\nhistoria de algunos peque\u00f1os grupos, dispersos en una superficie rodeada por los muros de la<br \/>\nciudad, y donde cada grupo se desarrollaba por s\u00ed solo, con sus instituciones, guildas,<br \/>\ntribunales, iglesias, etc.; s\u00f3lo poco a poco estos grupos se unieron en una confederaci\u00f3n<br \/>\nmunicipal. Y cuando consultamos los anales de las ciudades rusas, de Novgorod y de Pskof,<br \/>\nque se distinguen tanto los unos como los otros por la abundancia de detalles puramente<br \/>\nlocales, nos enteramos de que tambi\u00e9n los kontsi, a su vez, consist\u00edan en calles (ulitsy)<br \/>\nindependientes, cada una de las cuales, a pesar de que estaba habitada preferentemente por<br \/>\ntrabajadores de un oficio determinado, contaba, sin embargo, entre sus habitantes tambi\u00e9n<br \/>\ncomerciantes y agricultores, y constitu\u00eda una comuna separada. La ulitsa asum\u00eda la<br \/>\nresponsabilidad comuna por todos sus miembros, en caso de delito. Pose\u00eda tribunal y<br \/>\nadministraci\u00f3n propios en la persona de los magistrados de la calle (ulitch\u00e1nske st\u00e1rosty) ten\u00eda<br \/>\nsello propio (el s\u00edmbolo del poder estatal) y en caso de necesidad, se reun\u00eda su vi\u00e9che<br \/>\n(asamblea) de la calle. Ten\u00eda, por \u00faltimo, su propia milicia, los sacerdotes que ella eleg\u00eda, y<br \/>\nten\u00eda su vida colectiva propia y sus empresas colectivas. De tal modo, la ciudad medieval era<br \/>\nuna federaci\u00f3n doble: de todos los jefes de familia reunidos en peque\u00f1as confederaciones<br \/>\nterritoriales -calle, parroquia, koniets- y de individuos unidos por un juramento com\u00fan en<br \/>\nguildas, de acuerdo con sus profesiones. La primera federaci\u00f3n era fruto del crecimiento<br \/>\nsubsiguiente, provocado por las nuevas condiciones.<br \/>\nEn esto resid\u00eda toda la esencia de la organizaci\u00f3n de las ciudades medievales libres, a las que<br \/>\ndebe Europa el desarrollo esplendoroso tomado por su civilizaci\u00f3n.<br \/>\nEl objeto principal de la ciudad medieval era asegurar la libertad, la administraci\u00f3n propia y la<br \/>\npaz; y la base principal de la vida de la ciudad, como veremos en seguida, al hablar de las<br \/>\nguildas artesanos, era el trabajo. Pero la \u00abproducci\u00f3n- no absorb\u00eda toda la atenci\u00f3n del<br \/>\neconomista medieval. Con su esp\u00edritu pr\u00e1ctico comprend\u00eda que era necesario garantizar el<br \/>\n\u00abconsumo\u00bb para que la producci\u00f3n fuera posible; y por esto el proveer a \u00abla necesidad com\u00fan de<br \/>\nalimento y habitaci\u00f3n para pobres y ricos- (gemeine notdurft und gemach armer und richer), era<br \/>\nel principio fundamental de toda ciudad. Estaba terminantemente prohibido comprar productos<br \/>\nalimenticios y otros art\u00edculos de primera necesidad (carb\u00f3n, le\u00f1a, etc.) antes de ser entregados<br \/>\nal mercado, o comprarlos en condiciones especialmente favorables -no accesibles a otros-, en<br \/>\nuna palabra, el preempcio, la especulaci\u00f3n. Todo deb\u00eda ir primeramente al mercado, y all\u00ed ser<br \/>\nofrecido para que todos pudieran comprar hasta que el sonido de la campana anunciara la<br \/>\nclausura del mercado. S\u00f3lo entonces pod\u00eda el comerciante minorista comprar los productos<br \/>\nrestantes: pero aun en este caso, su beneficio deb\u00eda ser \u00abun beneficio honesto\u00bb. Adem\u00e1s, si un<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n100<br \/>\npanadero, despu\u00e9s de la clausura del mercado, compraba grano al por mayor, entonces<br \/>\ncualquier ciudadano ten\u00eda derecho a exigir determinada cantidad de este grano (alrededor de<br \/>\nmedio quarter) al precio por mayor si hac\u00eda tal demanda antes de la conclusi\u00f3n definitiva de la<br \/>\noperaci\u00f3n; pero, del mismo modo, cualquier panadero pod\u00eda hacer la demanda si un ciudadano<br \/>\ncompraba centeno para la reventa. Para moler el grano bastaba con llevarlo al molino de la<br \/>\nciudad, donde era molido por turno, a un precio determinado; se pod\u00eda cocer el pan en el four<br \/>\nbanal, es decir, el horno comunal. En una palabra, si la ciudad sufr\u00eda necesidad, la sufr\u00edan<br \/>\nentonces m\u00e1s o menos todos; pero, aparte de tales desgracias, mientras existieron las ciudades<br \/>\nUbres, dentro de sus muros nadie pod\u00eda morir de hambre como sucede demasiado a menudo<br \/>\nen nuestra \u00e9poca.<br \/>\nAdem\u00e1s, todas estas reglas datan ya del per\u00edodo m\u00e1s avanzado de la vida de las ciudades,<br \/>\npues al principio de su vida las ciudades libres generalmente compraban por s\u00ed mismas todos<br \/>\nlos productos alimenticios para el consumo de los ciudadanos. Los documentos publicados<br \/>\nrecientemente por Charles Gross contienen datos plenamente precisos sobre este punto, y<br \/>\nconfirman su conclusi\u00f3n de que las cargas de productos alimenticios llegadas a la ciudad \u00aberan<br \/>\ncompradas por funcionarios civiles especiales, en nombre de la ciudad, y luego distribuidas<br \/>\nentre los comerciantes burgueses, y a nadie se permit\u00eda comprar mercanc\u00eda descargada en el<br \/>\npuerto a menos que las autoridades municipales hubieran rehusado comprarla. Tal era -agrega<br \/>\nGross- seg\u00fan parece, la pr\u00e1ctica generalizada en Inglaterra, Irlanda, Gales y Escocia. Hasta en<br \/>\nel siglo XVI vemos que en Londres se efectuaba la compra com\u00fan de grano -para comodidad y<br \/>\nbeneficio en todos los aspectos, de la ciudad y del Palacio de Londres y de todos los<br \/>\nciudadanos y habitantes de ella en todo lo que de nosotros depende\u00bb, como escrib\u00eda el alcalde<br \/>\nen l565.<br \/>\nEn Venecia, todo el comercio de granos, como se sabe bien ahora, se hallaba en manos de la<br \/>\nciudad, y de los \u00abbarrios\u00bb, al recibir el grano de la oficina que administraba la importaci\u00f3n,<br \/>\ndeb\u00edan distribuir por las casas de todos los ciudadanos del barrio la cantidad que corresponda a<br \/>\ncada uno. En Francia, la ciudad de Amiens compraba sal y la distribu\u00eda entre todos los<br \/>\nciudadanos al precio de compra; y a\u00fan en la \u00e9poca presente encontramos en muchas ciudades<br \/>\nfrancesas las halles que antes eran el dep\u00f3sito municipal para el almacenamiento del grano y<br \/>\nde la sal. En Rusia, era esto un hecho corriente en Novgorod y Pskof.<br \/>\nNecesario es decir que toda esta cuesti\u00f3n de las compras comunales para consumo de los<br \/>\nciudadanos y de los medios con que eran realizadas no ha recibido a\u00fan la debida atenci\u00f3n de<br \/>\nparte de los historiadores; pero aqu\u00ed y all\u00e1 se encuentran hechos muy instructivos que arrojan<br \/>\nnueva luz sobre ella. As\u00ed, entre los documentos de Gross existe un reglamento de la ciudad de<br \/>\nKilkenny, que data del a\u00f1o 1367, y por este documento nos enteramos de qu\u00e9 modo se<br \/>\nestablec\u00edan los precios de las mercader\u00edas. \u00abLos comerciantes y los marinos -dice Grossdeb\u00edan<br \/>\nmostrar, bajo juramento, el precio de compra de su mercader\u00eda y los gastos originados<br \/>\npor el transporte. Entonces el alcalde de la ciudad y dos personas honestas fijaban el precio<br \/>\n(named the price) a que deb\u00eda venderse la mercader\u00eda.\u00bb La misma regla se observaba en<br \/>\nThurso para las mercader\u00edas que llegaban \u00abpor mar y por tierra\u00bb. Este m\u00e9todo \u00abde fijar precio\u00bb<br \/>\narmoniza tan justamente con el concepto que sobre el comercio predominaba en la Edad Media<br \/>\nque debe haber sido corriente. El que una tercera persona fijara el precio era costumbre muy<br \/>\nantigua; y para todo g\u00e9nero de intercambio dentro de la ciudad indudablemente se recurr\u00eda muy<br \/>\na menudo a la determinaci\u00f3n del precio, no por el vendedor o el comprador, sino por una<br \/>\ntercera persona -una persona \u00abhonesta\u00bb-. Pero este orden de cosas nos remonta a un per\u00edodo<br \/>\na\u00fan m\u00e1s antiguo de la historia del comercio, precisamente al per\u00edodo en que todo el comercio<br \/>\nde productos importantes era efectuado por la ciudad entera, y los compradores eran s\u00f3lo<br \/>\ncomisionistas apoderados de la ciudad para las ventas de la mercader\u00eda que ella exportaba. As\u00ed<br \/>\nel reglamento de Waterford, publicado tambi\u00e9n por Gross, dice que \u00abtodas las mercader\u00edas, de<br \/>\ncualquier g\u00e9nero que fueran&#8230; deb\u00edan ser compradas por el alcalde (el jefe de la ciudad) y los<br \/>\nujieres (balives), designados compradores comunales (para la ciudad) para el caso, y deb\u00edan<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n101<br \/>\nser distribuidas entre todos los ciudadanos libres de la ciudad (exceptuando solamente las<br \/>\nmercanc\u00edas propias de los ciudadanos y habitantes libres\u00bb). Este estatuto apenas se puede<br \/>\ninterpretar de otro modo que no sea admitiendo que todo el comercio exterior de la ciudad era<br \/>\nefectuado por sus agentes apoderados. Adem\u00e1s, tenemos el testimonio directo de que<br \/>\nprecisamente as\u00ed estaba establecido en Novgorod y Pskof. El soberano se\u00f1or Novgorod y el<br \/>\nsoberano se\u00f1or Pskof enviaban ellos mismos sus caravanas de comerciantes a los pa\u00edses<br \/>\nlejanos.<br \/>\nSabemos tambi\u00e9n que en casi todas las ciudades medievales de Europa central y occidental,<br \/>\ncada guilda de artesanos habitualmente compraba en com\u00fan todas las materias primas para<br \/>\nsus hermanos y vend\u00eda los productos de su trabajo por medio de sus delegados; y apenas es<br \/>\nadmisible que el comercio exterior no se realizara siguiendo este orden, tanto m\u00e1s cuanto que,<br \/>\ncomo bien saben los historiadores, hasta el siglo XIII todos los compradores de una<br \/>\ndeterminada ciudad en el extranjero no s\u00f3lo se consideraban responsables, como corporaci\u00f3n,<br \/>\nde las deudas contra\u00eddas por cualquiera de ellos, sino que tambi\u00e9n la ciudad entera era<br \/>\nresponsable de las deudas contra\u00eddas por cada uno de sus ciudadanos comerciantes.<br \/>\nSolamente en los siglos XII y XIII las ciudades del Rhin concertaron pactos especiales que<br \/>\nanulaban esta cauci\u00f3n solidaria. Y por \u00faltimo, tenemos el notable documento de Ipswich,<br \/>\npublicado por Gross, en el cual vemos que la guilda comercial de esta ciudad se compon\u00eda de<br \/>\ntodos aquellos que se contaban entre los hombres libres de la ciudad, y expresaban<br \/>\nconformidad en pagar su cuota (su \u00abhanse\u00bb) a la guildas, y toda la comuna juzgaba en com\u00fan<br \/>\ncu\u00e1l era el mejor modo de apoyar a la guilda comercial y qu\u00e9 privilegios deb\u00eda darle. La guilda<br \/>\ncomercial (the Merchant guild) de Ipswich resultaba de tal modo m\u00e1s bien una corporaci\u00f3n de<br \/>\napoderados de la ciudad que una guilda com\u00fan privada.<br \/>\nEn una palabra cuanto m\u00e1s conocemos la ciudad medieval, tanto m\u00e1s nos convencemos de<br \/>\nque no era una simple organizaci\u00f3n pol\u00edtica para la protecci\u00f3n de ciertas libertades pol\u00edticas.<br \/>\nConstitu\u00eda una tentativa -en mayor escala de lo que se hab\u00eda hecho en la comuna aldeana- de<br \/>\nuni\u00f3n estrecha con fines de ayuda y apoyo mutuos, para el consumo y la producci\u00f3n y para la<br \/>\nvida social en general, sin imponer a los hombres, por ello, los grillos del Estado, sino, por el<br \/>\ncontrario, dejando plena libertad a la manifestaci\u00f3n del genio creador de cada grupo individual<br \/>\nde hombres en el campo de las artes, de los oficios, de la ciencia, del comercio y de la<br \/>\norganizaci\u00f3n pol\u00edtica.<br \/>\nHasta d\u00f3nde tuvo \u00e9xito esta tentativa lo veremos, mejor que nada, examinando en el cap\u00edtulo<br \/>\nsiguiente la organizaci\u00f3n del trabajo en la ciudad medieval y las relaciones de las ciudades con<br \/>\nla poblaci\u00f3n campesina que las rodeaba.<br \/>\nCAPITULO VI<br \/>\nLA AYUDA MUTUA EN LA CIUDAD MEDIEVAL<br \/>\nLas ciudades medievales no estaban organizadas seg\u00fan un plano trazado de antemano por<br \/>\nvoluntad de alg\u00fan legislador extra\u00f1o a la poblaci\u00f3n: Cada una de estas ciudades era fruto del<br \/>\ncrecimiento natural, en el sentido pleno de la palabra- era el resultado, en constante variaci\u00f3n<br \/>\nde la lucha entre diferentes fuerzas, que se ajustaban mutuamente una y otra vez, de<br \/>\nconformidad con la fuerza viva de cada una de ellas, y tambi\u00e9n seg\u00fan las alternativas de la<br \/>\nlucha y seg\u00fan el apoyo que hallaban en el medio que las circundaba. Debido a esto, no se<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n102<br \/>\nhallar\u00e1n dos ciudades cuya organizaci\u00f3n interna y cuyos destinos hist\u00f3ricos fueran id\u00e9nticos; y<br \/>\ncada una de ellas, -tomada en particular-, cambia su fisonom\u00eda de siglo en siglo. Sin embargo,<br \/>\nsi echamos un vistazo amplio sobre todas las ciudades de Europa, las diferencias locales y<br \/>\nnacionales desaparecen y nos sorprendemos por la similitud asombrosa que existe entre todas<br \/>\nellas, a pesar de que cada una de ellas se desarroll\u00f3 por s\u00ed misma, independientemente de las<br \/>\notras, y en condiciones diferentes. Cualquiera peque\u00f1a ciudad del Norte de Escocia, poblada<br \/>\npor trabajadores y pescadores pobres, o las ricas ciudades de Flandes, con su comercio<br \/>\nmundial, con su lujo, amor a los placeres y con su vida animada; una ciudad italiana enriquecida<br \/>\npor sus relaciones con Oriente y que elabor\u00f3 dentro de sus muros un gusto art\u00edstico refinado y<br \/>\nuna civilizaci\u00f3n refinada, y, por \u00faltimo, una ciudad pobre, de la regi\u00f3n pantanoso-lacustre de<br \/>\nRusia, dedicada principalmente a la agricultura, parecer\u00eda que poco tienen de com\u00fan entre s\u00ed. Y,<br \/>\nsin embargo, las l\u00edneas dominantes de su organizaci\u00f3n y el esp\u00edritu de que est\u00e1n impregnadas<br \/>\nasombran por su semejanza familiar.<br \/>\nPor doquier hallamos las mismas federaciones de peque\u00f1as comunas o parroquias o guildas;<br \/>\nlos mismos \u00absuburbios\u00bb alrededor de la \u00abciudad\u00bb madre; la misma asamblea popular; los mismos<br \/>\nsignos exteriores de independencia; el sello, el estandarte,, etc. El protector (defensor) de la<br \/>\nciudad bajo distintas denominaciones, y distintos ropajes, representa a una misma autoridad<br \/>\ndefendiendo los mismos intereses; el abastecimiento de v\u00edveres, el trabajo, el comercio, est\u00e1n<br \/>\norganizados en las mismas l\u00edneas generales; los conflictos interiores y exteriores nacen de los<br \/>\nmismos motivos; m\u00e1s a\u00fan, las mismas consignas desplegadas durante estos conflictos y hasta<br \/>\nlas f\u00f3rmulas utilizadas en los anales de la ciudad, ordenanzas, documentos, son las mismas; y<br \/>\nlos monumentos arquitect\u00f3nicos, ya sean de estilo g\u00f3tico, romano o bizantino, expresan las<br \/>\nmismas aspiraciones y los mismos ideales; estaban concebidos para expresar el mismo<br \/>\npensamiento y se constru\u00edan del mismo modo. Muchas disimilitudes son simplemente el<br \/>\nresultado de las diferencias de edad de dos ciudades, y esas disimilitudes entre ciudades de la<br \/>\nmisma regi\u00f3n, por ejemplo, Pskof y Novgorod, Florencia y Roma, que ten\u00edan un car\u00e1cter real, se<br \/>\nrepiten en distintas partes de Europa. La unidad de la idea dominante y las razones id\u00e9nticas<br \/>\ndel nacimiento allanan las diferencias aparecidas como resultado del clima, de la posici\u00f3n<br \/>\ngeogr\u00e1fica, de la riqueza, del lenguaje y de la religi\u00f3n. He aqu\u00ed por qu\u00e9 podemos hablar de la<br \/>\nciudad medieval en general, como de una fase plenamente definida de la civilizaci\u00f3n; y a pesar<br \/>\nde que son de desear en grado superlativo las investigaciones que se\u00f1alen las particularidades<br \/>\nlocales. e individuales de las ciudades, podemos, no obstante, se\u00f1alar los rasgos principales del<br \/>\ndesarrollo que eran comunes a todas ellas.<br \/>\nNo cabe duda alguna de que la protecci\u00f3n que habitual y universalmente se acordaba al<br \/>\nmercado, ya desde las primeras \u00e9pocas b\u00e1rbaras, desempe\u00f1\u00f3 un papel importante, a pesar de<br \/>\nno ser exclusivo, en la obra de la liberaci\u00f3n de las ciudades medievales. Los b\u00e1rbaros del<br \/>\nper\u00edodo antiguo no conoc\u00edan el comercio dentro de, sus comunas aldeanas; comerciaban<br \/>\nsolamente con los extranjeros en ciertos lugares determinados y ciertos d\u00edas fijados de<br \/>\nantemano. Y para que el extranjero, pudiera presentarse en el lugar de trueque, sin riesgo de<br \/>\nser muerto en cualquier altercado sostenido por dos clanes, a causa de una venganza de<br \/>\nsangre, el mercado se pon\u00eda siempre bajo la protecci\u00f3n especial de todos los clanes. Tambi\u00e9n<br \/>\nera inviolable, como el lugar de veneraci\u00f3n religiosa bajo cuya sombra se organizaba<br \/>\ngeneralmente. Entre los kabilas, el mercado hasta ahora es anaya, lo mismo que el sendero por<br \/>\nel cual las mujeres acarrean el agua de los pozos; no era posible aparecer armado en el<br \/>\nmercado ni en el sendero, ni siquiera durante las guerras intertribales. En la \u00e9poca medieval, el<br \/>\nmercado gozaba por lo com\u00fan exactamente de la misma protecci\u00f3n. La venganza tribal nunca<br \/>\ndeb\u00eda proseguirse hasta la plaza donde se reun\u00eda el pueblo con prop\u00f3sitos de comerciar, y, del<br \/>\nmismo modo, en determinado radio alrededor de esta plaza; y si en la abigarrada multitud de<br \/>\nvendedores y compradores se produc\u00eda alguna ri\u00f1a, era menester someterla al examen de<br \/>\naqu\u00e9llos bajo cuya protecci\u00f3n se encontraba el mercado; es decir, al tribunal de la comuna, o al<br \/>\njuez del obispado, del se\u00f1or feudal o del rey. El extranjero que se presentara con fines<br \/>\ncomerciales era hu\u00e9sped, y hasta usaba este hombre; en el mercado era inviolable. Hasta el<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n103<br \/>\nbar\u00f3n feudal, que sin escr\u00fapulos despojaba a los comerciantes en el camino real, trataba con<br \/>\nrespeto al Weichbild, la se\u00f1al de la asamblea popular, es decir, la p\u00e9rtiga que se elevaba en la<br \/>\nplaza del mercado, en cuyo tope se hallaban las armas reales! o un guante de caballero, o la<br \/>\nimagen del santo local, o simplemente la cruz, seg\u00fan estuviera el mercado bajo la protecci\u00f3n<br \/>\ndel rey, de la asamblea popular, vi\u00e9che, o de la iglesia local.<br \/>\nEs f\u00e1cil comprender de qu\u00e9 modo el poder judicial propio de la ciudad, pudo originarse en el<br \/>\npoder judicial especial del mercado, cuando este poder fue cedido, de buen grado o no, a la<br \/>\nciudad misma. Es comprensible, tambi\u00e9n, que tal origen de las libertades urbanas, cuyas<br \/>\nhuellas se pueden seguir en muchos casos, imprimi\u00f3 tu seno inevitablemente. a su desarrollo<br \/>\nulterior. Dio el predominio a la parte comercial de la comuna. Los burgueses que pose\u00edan en<br \/>\naquellos tiempos una casa en la ciudad y que eran copropietarios de las tierras de ella, muy a<br \/>\nmenudo organizaban entonces una guilda comercial, la cual ten\u00eda en sus manos tambi\u00e9n el<br \/>\ncomercio de la ciudad, y a pesar de que al principio cada ciudadano, pobre o rico, pod\u00eda<br \/>\ningresar en la guilda comercial, y hasta el comercio mismo era efectuado en inter\u00e9s de toda la<br \/>\nciudad, por medio de sus apoderados, no obstante la guilda comercial paulatinamente se<br \/>\nconvert\u00eda en un g\u00e9nero de corporaci\u00f3n privilegiada. Llena de celo, no admiti\u00f3 en sus filas a la<br \/>\npoblaci\u00f3n advenediza, que pronto comenz\u00f3 a afluir a las ciudades libres y todas las ventajas<br \/>\nderivadas del comercio las conservaban en beneficio de unas pocas \u00abfamilias\u00bb (les familles, los<br \/>\nstaroy\u00edby, viejos habitantes) que eran ciudadanos cuando la ciudad proclam\u00f3 su independencia.<br \/>\nDe tal modo, evidentemente, amenazaba el peligro del surgimiento de una oligarqu\u00eda comercial.<br \/>\nPero, ya en el siglo X, y a\u00fan m\u00e1s, en los siglos XI y XII, los oficios principales tambi\u00e9n se<br \/>\norganizaban en guildas, que en la mayor\u00eda de los casos pod\u00edan limitar las tendencias<br \/>\nolig\u00e1rquicas de los comerciantes.<br \/>\nLa guilda de artesanos de aquellos tiempos, generalmente vend\u00eda por s\u00ed misma los productos<br \/>\nque sus miembros elaboraban, y compraban en com\u00fan las materias primas para ellos, y de este<br \/>\nmodo sus miembros eran, al mismo tiempo, tanto comerciantes corno artesanos. Debido a esto,<br \/>\nel predominio alcanzado por las viejas guildas de artesanos desde el principio mismo de la vida<br \/>\nlibre de las ciudades dio al trabajo de artesano aquella elevada posici\u00f3n que ocup\u00f3<br \/>\nposteriormente en la ciudad. En realidad, en la ciudad medieval, el trabajo del artesano no era<br \/>\nsigno de posici\u00f3n social inferior, por lo contrario, no s\u00f3lo conservaba huellas del profundo<br \/>\nrespeto con que se le trataba antes, en la comuna aldeana, sino que el r\u00e1pido desarrollo de la<br \/>\nhabilidad art\u00edstica en la producci\u00f3n de todos los oficios: de la joyer\u00eda, del tejido, de la canter\u00eda,<br \/>\nde la arquitectura, etc\u00e9tera, hac\u00eda que todos los que estaban en el poder en las rep\u00fablicas libres<br \/>\nde aquella \u00e9poca, trataran con profundo respeto personal al artesano-artista.<br \/>\nEn general, el trabajo manual se consideraba en: los \u00abmisterios\u00bb (arti\u00e9ti, guildas) medieval es<br \/>\ncomo un deber piadoso hacia los conciudadanos, corno una funci\u00f3n (Amt) social, tan honorable<br \/>\ncorno cualquier otra. La idea de \u00abjusticia\u00bb con respecto a la comuna y de \u00abverdad\u00bb con respecto<br \/>\nal producto y al consumidor, que nos parecer\u00eda tan extra\u00f1a en nuestra \u00e9poca, entonces<br \/>\nimpregnaba todo el proceso de producci\u00f3n y trueque. El trabajo del curtidor, calderero,<br \/>\nzapatero, deb\u00eda ser \u00abjusto\u00bb, Concienzudo escrib\u00edan entonces. La madera, el cuero o los hilos<br \/>\nutilizados por los artesanos, deb\u00edan ser \u00abhonestos\u00bb; el pan deb\u00eda ser amasado \u00aba conciencia\u00bb,<br \/>\netc\u00e9tera. Transportado este lenguaje a nuestra vida moderna, aparecer\u00e1 artificioso y afectado;<br \/>\npero entonces era completamente natural y estaba desprovisto de toda afectaci\u00f3n, pues que el<br \/>\nartesano medieval no produc\u00eda para un comprador que no conoc\u00eda, no arrojaba sus mercanc\u00edas<br \/>\nen un mercado desconocido; antes que nada produc\u00eda para su propia guilda, que al principio<br \/>\nvend\u00eda ella misma, en su c\u00e1mara de tejedores, de cerrajeros, etc\u00e9tera, la mercanc\u00eda elaborada<br \/>\npor los hermanos de la guilda; para una hermandad de hombres en la que todos se conoc\u00edan,<br \/>\nen la que todos conoc\u00edan la t\u00e9cnica del oficio y, al estabais el precio al producto, cada uno<br \/>\npod\u00eda apreciar la habilidad puesta en la producci\u00f3n de un objeto determinado y el trabajo<br \/>\nempleado en \u00e9l. Adem\u00e1s, no era un, productor aislado que ofrec\u00eda a la comuna la mercanc\u00eda<br \/>\npala la compra, la ofrec\u00eda la guilda; la comuna misma, a su vez, ofrec\u00eda a la hermandad de las<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n104<br \/>\ncomunas confederadas aquellas mercanc\u00edas que eran exportadas por ella y por cuya calidad<br \/>\nrespond\u00eda ante ellas.<br \/>\nCon tal organizaci\u00f3n para cada oficio, era cuesti\u00f3n de amor propio no ofrecer mercanc\u00eda de<br \/>\ncalidad inferior; los defectos t\u00e9cnicos de la mercanc\u00eda o adulteraciones afectaban a toda la<br \/>\ncomuna, pues, seg\u00fan las palabras de una ordenanza, \u00abdestruyen la confianza p\u00fablica\u00bb De tal<br \/>\nmodo la producci\u00f3n era un deber social y estaba puesta bajo el control de toda las amitas -de<br \/>\ntoda la hermandad-; debido a lo cual, el trabajo manual, mientras existieron las ciudades libres,<br \/>\nno pod\u00eda descender a la posici\u00f3n inferior a la cual, a menudo, llega ahora.<br \/>\nLA diferencia entre el maestro y el aprendiz, o entre el maestro y el medio oficial (compayne,<br \/>\nGeselle) ha existido ya desde la \u00e9poca misma del establecimiento de las ciudades medievales<br \/>\nlibres; pero al principio esta diferencia era s\u00f3lo diferencia de edad y de grado de habilidad, y no<br \/>\nde autoridad y riqueza. Despu\u00e9s de haber estado siete a\u00f1os como aprendiz y de haber<br \/>\ndemostrado conocimiento y capacidad en un determinado oficio, por medio de una obra hecha<br \/>\nespecialmente, el aprendiz se convert\u00eda, en maestro a su vez. Y solamente bastante m\u00e1s tarde,<br \/>\nen e! siglo XVI, cuando la autoridad real ya hab\u00eda destruido la organizaci\u00f3n de la ciudad y de los<br \/>\nartesanos, se pod\u00eda llegar a maestro simplemente por herencia o en virtud de la riqueza. Pero<br \/>\n\u00e9sta ya era la \u00e9poca de la decadencia general de la industria y del arte de la Edad Media.<br \/>\nEn el primer per\u00edodo, floreciente, de las ciudades medievales, no hab\u00eda en ellas mucho lugar<br \/>\npara el trabajo alquilado y para los alquiladores individuales. El trabajo de los tejedores,<br \/>\narmeros, herreros, panaderos, etc\u00e9tera, efectu\u00e1base para la guilda y la ciudad; y cuando en los<br \/>\noficios de la construcci\u00f3n se alquilaban artesanos extra\u00f1os, \u00e9stos trabajaban como corporaci\u00f3n<br \/>\ntemporal (como se observa tambi\u00e9n en la \u00e9poca presente en los arti\u00e9li rusos) cuyo trabajo se<br \/>\npagaba a todo el arti\u00e9l, en bloque. El trabajo para un patr\u00f3n individual empez\u00f3 a extenderse<br \/>\nm\u00e1s tarde; pero tambi\u00e9n en estas circunstancias se pagaba al trabajador mejor de lo que se<br \/>\npaga ahora, aun en Inglaterra, y considerablemente mejor de lo que se pagaba com\u00fanmente en<br \/>\ntoda Europa en la primera mitad del siglo XIX. Thorold Rogers hizo conocer este hecho en<br \/>\ngrado suficiente a los lectores ingleses; pero es menester decir lo mismo de la Europa<br \/>\ncontinental, como lo demuestran las investigaciones de Falke y Sch\u00f3nberg, y tambi\u00e9n muchas<br \/>\nindicaciones ocasionales. A\u00fan en el siglo XV, el alba\u00f1il, carpintero o herrero, recib\u00eda en Amiens<br \/>\nun salario diario a raz\u00f3n de cuatro sols, que correspond\u00edan a 48 libras de pan o a una octava<br \/>\nparte de un buey peque\u00f1o (bouverd). En Sajonia, el salario de un Geselle (medio oficial) en el<br \/>\noficio de la construcci\u00f3n era tal que, expres\u00e1ndonos con las palabras de Falke, el obrero pod\u00eda<br \/>\ncomprar con su sueldo de seis d\u00edas tres ovejas y un par de botas. Las ofrendas de los obreros<br \/>\n(Geselle) en los distintos templos son tambi\u00e9n testimonios de su relativo bienestar, sin hablar ya<br \/>\nde las ofrendas suntuosas de algunas guildas de artesanos y de sus gastos para las<br \/>\nfestividades y sus procesiones pomposas. Realmente, cuanto m\u00e1s estudiamos las ciudades<br \/>\nmedievales, tanto m\u00e1s nos convencemos que nunca el trabajo ha sido tan bien pagado y ha<br \/>\ngozado de respeto general como en la \u00e9poca en que la vida de las ciudades libres se hallaba en<br \/>\nsu punto m\u00e1ximo de desarrollo. M\u00e1s a\u00fan. No s\u00f3lo, muchas aspiraciones de nuestros radicales<br \/>\nmodernos hab\u00edan sido realizadas ya en la Edad media, sino que hasta mucho de lo que ahora<br \/>\nse considera ut\u00f3pico se aceptaba entonces como algo completamente natural. Se burlan de<br \/>\nnosotros cuando decimos que el trabajo debe ser agradable, pero, seg\u00fan las palabras de la<br \/>\nordenanza de la Edad Media de Kuttenberg, \u00abcada uno debe hallar placer en su trabajo y nadie<br \/>\ndebe, pasando el tiempo en holganza (mit nichts thun), apropiarse de lo que ha sido producido<br \/>\ncon la aplicaci\u00f3n y el trabajo ajeno, pues las leyes deben ser un escudo para la defensa de la<br \/>\naplicaci\u00f3n y del trabajo\u00bb. Y entre todas las charlas modernas sobre la jornada de ocho horas de<br \/>\ntrabajo, no ser\u00eda inoportuno recordar la ordenanza de Fernando I, relativa a las minas imperiales<br \/>\nde carb\u00f3n; seg\u00fan esta ordenanza se establece la jornada de trabajo del minero en ocho horas<br \/>\n\u00abcomo se ha hecho desde antiguo\u00bb (wie vor Alters herkommen), y que estaba completamente<br \/>\nprohibido trabajar despu\u00e9s del medio d\u00eda del s\u00e1bado. Una jornada de trabajo m\u00e1s larga era muy<br \/>\nrara, dice Janssen, mientras que se daban con bastante frecuencia las m\u00e1s cortas. Seg\u00fan las<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n105<br \/>\npalabras de Rogers, en Inglaterra, en el siglo XV, los trabajadores trabajaban solamente<br \/>\ncuarenta y ocho \u00abhoras por semana\u00bb. El semi-feriado del s\u00e1bado, que consideramos una<br \/>\nconquista moderna, en realidad era una antigua instituci\u00f3n medieval; era ese el d\u00eda de ba\u00f1o de<br \/>\nuna parte considerable de los miembros de la comuna, y los jueves, despu\u00e9s del mediod\u00eda, lo<br \/>\nera para todos los medios oficiales (Geselle). Y a pesar de que en aquella \u00e9poca no exist\u00edan<br \/>\naun los comedores escolares -probablemente porque no enviaban hambrientos los ni\u00f1os a la<br \/>\nescuela- se hab\u00eda establecido, en diversas ciudades, el distribuir dinero a los ni\u00f1os para el<br \/>\nba\u00f1o, si este gasto constitu\u00eda una carga para sus padres.<br \/>\nEn cuanto a los congresos de trabajadores, eran un fen\u00f3meno corriente en la Edad Media. En<br \/>\nalgunas partes de Alemania, los artesanos de un mismo oficio, pero que pertenec\u00edan a<br \/>\ndiferentes comunas, generalmente se reun\u00edan para determinar el plazo del aprendizaje, el<br \/>\nsalario, la condici\u00f3n del viaje por su pa\u00eds, que se consideraba entonces obligatorio para todo<br \/>\ntrabajador que hab\u00eda terminado su aprendizaje, etc\u00e9tera. En el a\u00f1o 1572, las ciudades que<br \/>\npertenec\u00edan a la liga hanse\u00e1tica formalmente reconoc\u00edan a los artesanos el derecho de reunirse<br \/>\nperi\u00f3dicamente en asamblea y adoptar cualquier g\u00e9nero de resoluciones, siempre que estas<br \/>\n\u00faltimas no se opusieran a las ordenanzas de las ciudades, que determinaban la calidad de las<br \/>\nmercanc\u00edas. Es sabido que tales congresos de trabajadores, en parte internacionales (como la<br \/>\nmisma Hansa), eran convocados por los panaderos, fundadores, curtidores, herreros,<br \/>\nespaderos, toneleros.<br \/>\nLa organizaci\u00f3n de las guildas requer\u00eda, naturalmente, una supervisi\u00f3n cuidadosa de ellas sobre<br \/>\nlos artesanos, y para este fin se designaban jurados especiales. Es notable, sin embargo, el<br \/>\nhecho de que mientras las ciudades llevaban una vida libre, no se o\u00edan quejas sobre<br \/>\nsupervisi\u00f3n; mientras que cuando el Estado intervino y confisc\u00f3 la propiedad de las guildas y<br \/>\nviol\u00f3 su independencia en beneficio de su propia burocracia, las quejas se hicieron simplemente<br \/>\ninnumerables. Por otra parte, el enorme progreso en el campo de todas las artes, alcanzado<br \/>\nbajo el sistema de la guilda medieval, es la mejor demostraci\u00f3n de que este sistema no era un<br \/>\nobst\u00e1culo para el desarrollo de la iniciativa personal. El hecho es que la guilda medieval, como<br \/>\nla parroquia medieval, la ulitsa o el koniets, no era una Corporaci\u00f3n de ciudadanos puestos bajo<br \/>\nen control de los funcionarios del Estado; era una confederaci\u00f3n de todos los hombres unidos<br \/>\npara una determinada producci\u00f3n, y en su composici\u00f3n entraban compradores jurados de<br \/>\nmaterias primas, vendedores de mercanc\u00edas manufacturadas y maestros artesanos, medio<br \/>\noficiales, compaynes y aprendices. Para la organizaci\u00f3n interna de una determinada<br \/>\nproducci\u00f3n, la asamblea de todas estas personas era soberana, mientras no afectara a las otras<br \/>\nguildas, en cuyo caso el asunto se somet\u00eda a la consideraci\u00f3n de la guilda de las guildas, es<br \/>\ndecir, de la ciudad. Aparte de las funciones reci\u00e9n indicadas, la guilda representaba a\u00fan algo<br \/>\nm\u00e1s. Ten\u00eda su jurisdicci\u00f3n propia, es decir, el derecho propio de justicia en sus asuntos, y su<br \/>\npropia fuerza armada; ten\u00eda sus asambleas generales o vi\u00e9che, propias tradiciones de lucha,<br \/>\ngloria e independencia, y sus relaciones propias con las otras guildas del mismo oficio u<br \/>\nocupaci\u00f3n de otras ciudades. En una palabra, llevaba una vida org\u00e1nica plena, que proven\u00eda de<br \/>\nque abrazaba en un conjunto la vida toda de esta uni\u00f3n. Cuando la ciudad era convocada a las<br \/>\nurnas, la guilda marchaba como una compa\u00f1\u00eda separada (Schaar), equipada con las armas que<br \/>\nle pertenec\u00edan (y en una \u00e9poca m\u00e1s avanzada, con sus ca\u00f1ones propios, adornados<br \/>\namorosamente por la guilda), bajo el mando de los jefes elegidos por ella misma. En una<br \/>\npalabra, la guilda era la misma unidad independiente, era la federaci\u00f3n, como lo era la rep\u00fablica<br \/>\nde Uri, o Ginebra, cincuenta a\u00f1os atr\u00e1s, en la confederaci\u00f3n suiza. Por esta raz\u00f3n, comparar las<br \/>\nguildas con los sindicatos modernos o las uniones profesionales, despojados de todos los<br \/>\natributos de la soberan\u00eda del Estado y reducidos al cumplimiento de dos o tres funciones<br \/>\nsecundarias, es tan irrazonable corno comparar Florencia y Brujas con cualquier comuna<br \/>\naldeana francesa que arrastra una vida desgraciada, bajo la opresi\u00f3n del prefecto y del c\u00f3digo<br \/>\nnapole\u00f3nico, o con una ciudad rusa administrada seg\u00fan las ordenanzas municipales de Catalina<br \/>\nII. La aldehuela francesa y la ciudad rusa tienen tambi\u00e9n su alcalde electo, como lo ten\u00edan<br \/>\nFlorencia y Brujas, y la ciudad rusa hasta ten\u00eda las corporaciones de aduanas; pero la diferencia<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n106<br \/>\nentre ellos es toda la diferencia que existe entre Florencia, por una parte, y cualquier aldehuela<br \/>\nde Fontenay-les Oises, en Francia, o Tsarevokokshaisk, por otra; o bien, entre el dux veneciano<br \/>\ny el alcalde de aldea moderno, que se inclina ante el escribiente del se\u00f1or subprefecto.<br \/>\nLas guildas de la Edad Media estaban en condici\u00f3n de sostener su independencia, y cuando<br \/>\nm\u00e1s tarde especialmente en el siglo XIV, debido a varias razones que indicaremos en seguida,<br \/>\nla antigua vida de la ciudad empez\u00f3 a sufrir profundos cambios, entonces los oficios m\u00e1s<br \/>\nj\u00f3venes demostraron ser lo bastante fuertes para conquistarse, a su vez, la parte que les<br \/>\ncorrespond\u00eda en la direcci\u00f3n de los asuntos de la ciudad. Las masas organizadas en guildas<br \/>\n\u00abmenores\u00bb se rebelaron para arrancar el poder de manos de la oligarqu\u00eda creciente, y en la<br \/>\nmayor\u00eda de los casos obtuvieron \u00e9xito, y entonces abrieron una nueva era de florecimiento de<br \/>\nlas ciudades libres. Verdad es que, en algunas ciudades, la rebeli\u00f3n de las guildas menores fue<br \/>\nahogada en sangre, y entonces se decapit\u00f3 sin piedad a los trabajadores, como sucedi\u00f3 en el<br \/>\na\u00f1o 1306 m Par\u00eds y en 1374 en Colonia. En esos casos, las libertades urbanas, despu\u00e9s de<br \/>\ntales derrotas, se encaminaron hacia la decadencia, y la ciudad cay\u00f3 bajo el yugo del poder<br \/>\ncentral. Pero en la mayor\u00eda de las ciudades exist\u00edan fuerzas vitales suficientes como para salir<br \/>\nde la lucha renovadas y con energ\u00edas nuevas. Un nuevo per\u00edodo de renovaci\u00f3n juvenil fue<br \/>\nentonces su recompensa. Se infundi\u00f3 a las ciudades una ola de vida nueva, que hall\u00f3 tambi\u00e9n<br \/>\nsu expresi\u00f3n en magn\u00edficos monumentos arquitect\u00f3nicos nuevos y en un- nuevo per\u00edodo de<br \/>\nprosperidad, en el progreso repentino de la t\u00e9cnica y de los inventos, y en el nuevo movimiento<br \/>\nintelectual que condujo pronto a la \u00e9poca del Renacimiento y de la Reforma. La vida de la<br \/>\nciudad medieval era una serie completa de luchas que ten\u00edan que librar los burgueses para<br \/>\nobtener la libertad y conservarla. Verdad es que durante esta dura lucha se desarroll\u00f3 la raza de<br \/>\nlos ciudadanos fuerte y tenaz; verdad es que esta lucha cre\u00f3 el amor y la adoraci\u00f3n por la<br \/>\nciudad natal y que los grandes hechos realizados por las comunas, medievales estaban<br \/>\ninspirados precisamente por este amor. Pero los sacrificios que tuvieron que hacer las comunas<br \/>\nen las luchas por la libertad eran, sin embargo, muy duros, y la lucha sostenida por las comunas<br \/>\nintrodujo fuentes profundas de disensiones en su vida interior misma. Muy pocas ciudades<br \/>\nconsiguieron, gracias al concurso de circunstancias favorables, alcanzar la libertad<br \/>\ninmediatamente, y en la mayor\u00eda de los casos la perdieron con la misma facilidad. La enorme<br \/>\nmayor\u00eda de las ciudades hubo de luchar durante cincuenta y cien a\u00f1os, y a veces m\u00e1s, para<br \/>\nalcanzar el primer reconocimiento de sus derechos a una vida libre, y otro siglo m\u00e1s antes de<br \/>\nque consiguieran afirmar su libertad sobre una base s\u00f3lida; las Cartas del siglo XII fueron<br \/>\nsolamente los primeros pasos hacia la libertad. En realidad, la ciudad medieval era un oasis<br \/>\nfortificado en un pa\u00eds hundido en la sumisi\u00f3n feudal, y tuvo que afirmar con la fuerza de las<br \/>\narmas su derecho a la vida.<br \/>\nDebido a las razones expuestas brevemente en el cap\u00edtulo que precede, toda comuna aldeana<br \/>\ncay\u00f3 gradualmente bajo el yugo de alg\u00fan se\u00f1or laico o cl\u00e9rigo. La casa de tal se\u00f1or poco a<br \/>\npoco se transform\u00f3 en castillo, y sus hermanos de armas se convirtieron entonces en la peor<br \/>\nclase de vagabundos mercenarios, siempre dispuestos a despojar a los campesinos. A m\u00e1s de<br \/>\nla barchina, es decir, de los tres d\u00edas semanales que los campesinos deb\u00edan trabajar para el<br \/>\nse\u00f1or, impon\u00edanles ahora iodo g\u00e9nero de contribuciones por todo: por el derecho de sembrar y<br \/>\ncosechar por el derecho de estar triste o de alegrarse, por el derecho de vivir, casarse y morir.<br \/>\nPero lo peor de todo era que constantemente los despojaban los hombres armados que<br \/>\npertenec\u00edan a las mesnadas de los terratenientes feudales vecinos, quienes miraban a los<br \/>\ncampesinos c\u00f3mo si fueran familiares del se\u00f1or, y por ello, si estallaba entre sus se\u00f1ores una<br \/>\nguerra tribal por venganza de sangre, ejerc\u00edan su venganza sobre sus campesinos, sus<br \/>\nganados y sus sembrados. Adem\u00e1s, todos los prados, todos los campos, todos los r\u00edos y<br \/>\ncaminos, todo alrededor de la ciudad y todo hombre asentado sobre la tierra estaban bajo la<br \/>\nautoridad de alg\u00fan se\u00f1or feudal.<br \/>\nEl odio de los burgueses contra los terratenientes feudales hall\u00f3 una expresi\u00f3n muy precisa en<br \/>\nalgunas Cartas que obligaron a firmar a sus ex-se\u00f1ores. Enrique V, por ejemplo, debi\u00f3 firmar,<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n107<br \/>\nen la Carta acordada a la ciudad de Speier, en el a\u00f1o 1111, que libraba a los burgueses de \u00abla<br \/>\nley horrible e indigna de la posesi\u00f3n de manomuerta, por la cual la ciudad fue llevada a la<br \/>\nmiseria m\u00e1s profunda (von dem Scheusslichen und nichtswurdigen Gesetze, welches gemein<br \/>\nBudel genannt wird. Kallsen, T. I. 397). En la coutume, es decir, ordenanza de la ciudad de<br \/>\nBayona, existen tales l\u00edneas: \u00abEl pueblo es anterior al se\u00f1or. El pueblo, que sobrepasa por su<br \/>\nn\u00famero a las otras clases, deseando la paz, cre\u00f3 a los se\u00f1ores para frenar y reprimir a los<br \/>\npoderosos\u00bb, etc. (Giry, Etablissements de Rouen, T. I., 117, citado por Luchairel p\u00e1g. 24). Una<br \/>\ncarta sometida a la firma del rey Roberto no es menos caracter\u00edstica. Le obligaron a decir en<br \/>\nella: \u00abNo robar\u00e9 bueyes ni otros animales. No me apoderar\u00e9 de los comerciantes ni les quitar\u00e9<br \/>\nsu dinero, ni les impondr\u00e9 rescate. Desde la Anunciaci\u00f3n hasta el d\u00eda de Todos los Santos, no<br \/>\nme apoderar\u00e9, en los prados, de caballos, yeguas ni potros. No incendiar\u00e9 los molinos y no<br \/>\nrobar\u00e9 la harina&#8230; No prestar\u00e9 protecci\u00f3n a los ladrones\u00bb, etc. (Pfister public\u00f3 este documento,<br \/>\nreproducido tambi\u00e9n por Luchaire). La Carta \u00abotorgada\u00bb por el obispo de Besangon, Hugues, a<br \/>\nla ciudad que se hab\u00eda rebelado contra \u00e9l, en la cual debi\u00f3 enumerar todas las calamidades<br \/>\ncausadas por sus derechos a la posesi\u00f3n feudal, no es menos caracter\u00edstica. Se podr\u00edan citar<br \/>\nmuchos otros ejemplos.<br \/>\nConservar la libertad entre la arbitrariedad de los barones feudales que las rodeaban hubiera<br \/>\nsido imposible, y por esto las ciudades libres se vieron obligadas a iniciar una guerra fuera de<br \/>\nsus muros. Los burgueses comenzaron a enviar sus hombres para levantar a las aldeas contra<br \/>\nlos terratenientes y dirigir la insurrecci\u00f3n; aceptaron a las aldeas en la organizaci6n de sus<br \/>\ncorporaciones; y por \u00faltimo iniciaron la guerra directa contra la nobleza. En Italia, donde la tierra<br \/>\nestaba densamente poblada de castillos feudales, la guerra asumi\u00f3 proporciones heroicas y era<br \/>\nlibrada por ambas partes con extrema dureza. Florencia tuvo que sostener, durante setenta y<br \/>\nsiete a\u00f1os enteros guerras sangrientas para liberar su contado (es decir, su provincia) de los<br \/>\nnobles, pero, cuando la lucha se termin\u00f3 victoriosamente (en el a\u00f1o 1181), hubo que empezar<br \/>\nde nuevo. La nobleza reuni\u00f3 sus fuerzas y form\u00f3 sus propias ligas en contraposici\u00f3n a las ligas<br \/>\nde las ciudades, y recibi\u00f3 el apoyo creciente ya sea de parte del emperador o del papa, y<br \/>\nprolong\u00f3 la guerra a\u00fan ciento treinta a\u00f1os m\u00e1s. Lo mismo sucedi\u00f3 en la regi\u00f3n de Roma, en<br \/>\nLombard\u00eda, en la regi\u00f3n de G\u00e9nova, por toda Italia.<br \/>\nProdigios de valor, audacia y tenacidad fueron real izados por los burgueses durante estas<br \/>\nguerras. Pero el arco y las segures de guerra de los artesanos de las ciudades no siempre se<br \/>\nimpusieron a lo! caballeros vestidos de armaduras, y muchos castillos resistieron el asedio con<br \/>\n\u00e9xito, a pesar de las ingeniosas m\u00e1quinas agresivas y la tenacidad de los burgueses que lo<br \/>\nsitiaban. Algunas ciudades, como por ejemplo Florencia, Bolonia y muchas otras en Francia,<br \/>\nAlemania y Bohemia, consiguieron liberar a las aldeas que las rodeaban, y la recompensa de<br \/>\nsus esfuerzos fue una notable prosperidad y tranquilidad. Pero aun en estas ciudades, y m\u00e1s<br \/>\na\u00fan en las ciudades menos poderosas o menos emprendedoras, los comerciantes y los<br \/>\nartesanos, agotados por la guerra y comprendiendo falsamente sus propios intereses,<br \/>\nconcertaron la paz con lo barones, vendi\u00e9ndoles, por as\u00ed decirlo, los campesinos. Obligaron al<br \/>\nbar\u00f3n a prestar juramento de lealtad a la ciudad; su castillo fue derruido hasta los cimientos y \u00e9l<br \/>\ndio su conformidad para construir una casa y vivir en la ciudad, donde se convirti\u00f3 entonces en<br \/>\nconciudadano (combourgeois, concittadino), pero en cambio, conserv\u00f3 la mayor\u00eda de sus<br \/>\nderechos sobre los campesinos, quienes de tal modo recibieron s\u00f3lo un alivio parcial de la<br \/>\ncarga servil que pesaba sobre ellos. Los burgueses no comprendieron que les era menester dar<br \/>\niguales derechos de ciudadan\u00eda al campesino, en quien ten\u00edan que confiar en materia de<br \/>\naprovisionamiento de productos alimenticios para la ciudad; y debido a esta incomprensi\u00f3n<br \/>\nentre la ciudad y la aldea se abri\u00f3 entre ellos, desde entonces, un profundo abismo. En algunas<br \/>\nocasiones, los campesinos solamente cambiaron de se\u00f1ores, puesto que la ciudad compraba<br \/>\nlos derechos al bar\u00f3n y los vend\u00eda en parte a sus propios ciudadanos. La servidumbre se<br \/>\nmantuvo de tal modo, y s\u00f3lo considerablemente m\u00e1s tarde, al final del siglo XIII, revoluci\u00f3n de<br \/>\nlos oficios menores le puso fin; pero, habiendo destruido la servidumbre personal, esta<br \/>\nrevoluci\u00f3n, al mismo tiempo, quitaba no pocas veces al campesino sus tierras. Apenas es<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n108<br \/>\nnecesario agregar que las ciudades sintieron pronto en carne propia las consecuencias fatales<br \/>\nde tal pol\u00edtica miope: la aldea se convirti\u00f3 en enemiga de la ciudad.<br \/>\nLa guerra contra los castillos tuvo todav\u00eda una consecuencia perniciosa m\u00e1s: arroj\u00f3 a las<br \/>\nciudades a guerras prolongadas, lo que permiti\u00f3 que se formara entre los historiadores la teor\u00eda<br \/>\nque estuvo en boga hasta tiempos recientes, y seg\u00fan la cual las ciudades perdieron su libertad<br \/>\ndebido a la envidia rec\u00edproca y a la lucha entre s\u00ed. Sosten\u00edan esta teor\u00eda especialmente los<br \/>\nhistoriadores imperialistas, pero fue sacudida fuertemente por las recientes investigaciones. Es<br \/>\nindudable que en Italia las ciudades lucharon entre s\u00ed con animosidad obstinada; pero en<br \/>\nninguna parte, fuera de Italia, las guerras urbanas, especialmente en el per\u00edodo antiguo,<br \/>\ntuvieron sus causas especiales. Fueron (como lo han demostrado ya Sismondi y Ferrari) la<br \/>\nprolongaci\u00f3n de la lucha contra los castillos, la prolongaci\u00f3n inevitable de la lucha del principio<br \/>\ndel municipio libre y federativo en contra del feudalismo, del imperialismo y del papado; es decir,<br \/>\nen contra de los partidarios de la servidumbre, apoyados unos por el emperador germano y<br \/>\notros por el papa. Muchas ciudades que se hab\u00edan liberado s\u00f3lo en parte del poder del obispo,<br \/>\ndel se\u00f1or feudal o del emperador, fueron arrastradas por la fuerza a la lucha contra las ciudades<br \/>\nlibres, por los nobles, el emperador y la Iglesia, cuya pol\u00edtica tend\u00eda a no permitir que las<br \/>\nciudades se unieran, y a armarlas una contra la otra. Estas condiciones especiales (que<br \/>\nparcialmente se hab\u00edan reflejado tambi\u00e9n sobre Alemania) explican por qu\u00e9 las ciudades<br \/>\nitalianas, de las cuales algunas buscaron el apoyo del emperador para luchar contra el papa,<br \/>\notras el de la Iglesia para luchar contra el emperador, Pronto se dividieron en dos campos,<br \/>\ngibelinos y g\u00fcelfos, y por qu\u00e9 la misma divisi\u00f3n apareci\u00f3 tambi\u00e9n dentro de cada ciudad. El<br \/>\nenorme progreso econ\u00f3mico alcanzado por la mayor\u00eda de las ciudades italianas justamente en<br \/>\nla \u00e9poca en que estas guerras estaban en su apogeo, y la ligereza con que se concertaban las<br \/>\nalianzas entre las ciudades, dan una idea a\u00fan m\u00e1s fiel de la lucha de las ciudades y socava<br \/>\nm\u00e1s a\u00fan la teor\u00eda arriba citada. Y en los a\u00f1os 1130-1150 empezaron a formarse poderosas<br \/>\nalianzas o ligas de ciudades; y transcurridos algunos a\u00f1os, cuando Federico Barbarroja atac\u00f3 a<br \/>\nItalia, y, apoyado por la nobleza y algunas ciudades retardadas march\u00f3 contra Mil\u00e1n, el<br \/>\nentusiasmo del pueblo se despert\u00f3 con fuerza en muchas ciudades, bajo la influencia de los<br \/>\npredicadores populares. Cremona, Piacenza, Brescia, Tortona y otras se lanzaron al rescate;<br \/>\nlos estandartes de las guildas de Verona, Padua, Vicenzia y Trevisso, llameaban juntos en el<br \/>\ncampamento de las ciudades contra los estandartes del emperador y de la nobleza. El a\u00f1o<br \/>\nsiguiente se form\u00f3 la alianza lombarda, y sesenta a\u00f1os despu\u00e9s vemos ya que esta liga se<br \/>\nfortific\u00f3 con las alianzas de muchas otras ciudades, y constituy\u00f3 una organizaci\u00f3n durable que<br \/>\nguardaba la mitad de sus fondos de guerra en G\u00e9nova y la mitad en Venecia. En Toscana,<br \/>\nFlorencia encabezaba otra liga poderosa, la de Toscana, a la que pertenec\u00edan Lucea, Bologna,<br \/>\nPistoia y otras ciudades, y la cual desempe\u00f1\u00f3 un papel importante en la derrota de la nobleza<br \/>\nde Italia central. Ligas m\u00e1s reducidas eran, en aquella misma \u00e9poca, el fen\u00f3meno m\u00e1s<br \/>\ncorriente. De tal modo, es indudable que a pesar de que exist\u00eda rivalidad entre las ciudades, y<br \/>\nno era dif\u00edcil sembrar la discordia entre ellas, esta rivalidad no imped\u00eda a las ciudades unirse<br \/>\npara la defensa com\u00fan de su libertad. Solamente m\u00e1s tarde, cuando cada una de las ciudades<br \/>\nse convirti\u00f3 en un peque\u00f1o Estado, empezaron entre ellas guerras, como sucede siempre que<br \/>\nlos Estados comienzan a luchar entre s\u00ed por el predominio o por las colonias.<br \/>\nLigas semejantes se formaron, con el mismo fin, en Alemania. Cuando, bajo los herederos de<br \/>\nConrado, el pa\u00eds se convirti\u00f3 en un campo de interminables guerras de venganza entre los<br \/>\nbarones, las ciudades de Westfalia formaron una liga contra los caballeros, y uno de los puntos<br \/>\ndel pacto era la obligaci\u00f3n de no dar nunca pr\u00e9stamo de dinero al caballero que continuara<br \/>\nocultando mercanc\u00edas robadas. En los tiempos en que \u00ablos caballeros y la nobleza viv\u00edan de la<br \/>\nrapi\u00f1a y mataban a quienes quer\u00edan\u00bb, como dice la queja de Worms (Wormser Zorn), las<br \/>\nciudades del Rhin (Mainz, Colonia, Speier, Strassbourg y Basel) tomaron la iniciativa de formar<br \/>\nuna liga para perseguir a los saqueadores y mantener la paz; pronto cont\u00f3 con sesenta<br \/>\nciudades que hab\u00edan ingresado en la alianza. M\u00e1s tarde, la liga de las ciudades de Suabia,<br \/>\ndivididas en tres c\u00edrculos de paz- (Augsburg, Constanza y Ulm) persegu\u00eda el mismo objeto. Y a<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n109<br \/>\npesar de que estas alianzas fueron rotas se prolongaron el tiempo suficiente como para<br \/>\ndemostrar que mientras los pretendidos pacificadores -los reyes, emperadores y la Iglesiafomentaban<br \/>\nla discordia, y ellos mismos eran impotentes contra los rapaces caballeros, el<br \/>\nimpulso para el establecimiento de la paz y la uni\u00f3n provino de las ciudades. Las ciudades -y no<br \/>\nlos emperadores- fueron los verdaderos creadores de la uni\u00f3n nacional.<br \/>\nAlianzas similares, mejor dicho, federaciones, con fines semejantes, se organizaron tambi\u00e9n<br \/>\nentre las aldeas, y ahora que Luchaire ha llamado la atenci\u00f3n sobre este fen\u00f3meno es de<br \/>\nesperar que pronto conoceremos m\u00e1s detalles de estas federaciones. Sabemos que las aldeas<br \/>\nse unieron en peque\u00f1as ligas en el distrito (contado) de Florencia; tambi\u00e9n en los distritos<br \/>\nsometidos a Novgorod y Pskof. En cuanto a Francia, existe el testimonio positivo de la<br \/>\nfederaci\u00f3n de diecisiete aldeas campesinas que ha existido en el Laonnais durante casi cien<br \/>\na\u00f1os (hasta el a\u00f1o 1256) y que han luchado obstinadamente por su independencia. Adem\u00e1s, en<br \/>\nlas vecindades de la ciudad de Laon exist\u00edan tres rep\u00fablicas campesinas que ten\u00edan tartas<br \/>\njuradas, seg\u00fan el modelo de la Carta de Laon y Soissons, y como sus tierras lindaban, se<br \/>\napoyaban mutuamente en sus guerras de liberaci\u00f3n. En general, Luchaire opina que muchas de<br \/>\ntales uniones se formaron en Francia en los siglos XII y XIII, pero en la mayor\u00eda de los casos se<br \/>\nhan perdido las noticias documentales sobre ellas. Naturalmente, no estando protegidas por<br \/>\nmuros, como las ciudades, las uniones aldeanas fueron f\u00e1cilmente destruidas por los reyes y<br \/>\nbarones, pero bajo algunas condiciones favorables, cuando hallaron apoyo en las uniones de<br \/>\nlas ciudades, o protecci\u00f3n en sus monta\u00f1as, semejantes rep\u00fablicas campesinas se hicieron<br \/>\nindependientes, como ocurri\u00f3 en la Confederaci\u00f3n Suiza.<br \/>\nEn cuanto a las uniones concertadas por las ciudades con fines especiales, eran un fen\u00f3meno<br \/>\nmuy corriente. Las relaciones establecidas en el per\u00edodo de liberaci\u00f3n, cuando las ciudades se<br \/>\ncopiaban mutuamente las cartas, no se interrumpieron posteriormente. A veces cu\u00e1ndo los<br \/>\nseabini de cualquier ciudad alemana deb\u00edan pronunciar una sentencia, en un caso para ellos<br \/>\nnuevo y complejo, y declaraban que no pod\u00edan hallar la resoluci\u00f3n (des Urtheiles nieht weise zu<br \/>\nsean), enviaban delegados a otra ciudad con el fin de buscar una soluci\u00f3n oportuna. Lo mismo<br \/>\nsuced\u00eda tambi\u00e9n en Francia. Sabemos tambi\u00e9n que Forli y Ravenna naturalizaban<br \/>\nrec\u00edprocamente a sus ciudadanos y les daban plenos derechos en ambas ciudades.<br \/>\nSometer una disputa surgida entre dos ciudades, o dentro de la ciudad, a la resoluci\u00f3n de otra<br \/>\ncomuna, a la que incitaban a actuar en calidad de \u00e1rbitro, estaba tambi\u00e9n en el esp\u00edritu de la<br \/>\n\u00e9poca. En cuanto a los pactos comerciales entre las ciudades eran cosa muy corriente. Las<br \/>\nuniones para la regulaci\u00f3n de la producci\u00f3n y la determinaci\u00f3n del volumen de los toneles<br \/>\nutilizados en el comercio de vinos, las \u00abuniones de los arenqueros\u00bb, etc., fueron precursores de<br \/>\nla gran federaci\u00f3n comercial de la Hansa flamenca, y m\u00e1s tarde, de la gran Hansa germ\u00e1nica<br \/>\ndel Norte, en la cual ingresaron la soberana Novgorod y algunas ciudades polacas. La historia<br \/>\nde estas dos vastas uniones es interesante en grado sumo, e instructiva, pero se requerir\u00edan<br \/>\nmuchas p\u00e1ginas para relatar su vida compleja y multiforme. Observar\u00e9, solamente, que gracias<br \/>\na las Uniones de la Edad Media hicieron m\u00e1s por el desarrollo de las relaciones internacionales,<br \/>\nde la navegaci\u00f3n mar\u00edtima y de los descubrimientos mar\u00edtimos que todos los Estados de los<br \/>\nprimeros diecisiete siglos de nuestra era.<br \/>\nResumiendo lo dicho, las ligas y las uniones entre peque\u00f1as unidades territoriales, lo mismo<br \/>\nque entre los hombres que se un\u00edan con fines comunes en sus guildas correspondientes, y<br \/>\ntambi\u00e9n las federaciones entre las ciudades y grupos de ciudades, constituy\u00f3 la esencia misma<br \/>\nde la vida y del pensamiento de todo este per\u00edodo. Los primeros cinco siglos del segundo<br \/>\nmilenio de nuestra era (hasta el XVI) pueden ser considerados, de tal modo, una colosal<br \/>\ntentativa de asegurar la ayuda mutua y el apoyo mutuo en gran escala, sobre los principios de<br \/>\nla uni\u00f3n y de la colaboraci\u00f3n, llevados a trav\u00e9s de todas las manifestaciones de la vida humana<br \/>\ny en todos los grados posibles. Este intento fue coronado por el \u00e9xito en grado considerable.<br \/>\nUni\u00f3 a los hombres, antes divididos, les asegur\u00f3 una libertad considerable, decuplic\u00f3 sus<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n110<br \/>\nfuerzas. En aquella \u00e9poca en que multitud de toda clase de influencias creaban en los hombres<br \/>\nla tendencia a aislarse de los otros en su c\u00e9lula, y exist\u00eda tal abundancia de causas de<br \/>\ndiscordia, es consolador ver y observar que las ciudades diseminadas por toda Europa tuvieran<br \/>\ntanto en com\u00fan y que con tal presteza se unieran para la persecuci\u00f3n de tan numerosos<br \/>\nobjetivos comunes. Verdad es que, al final de cuentas, no resistieron ante, enemigos<br \/>\npoderosos. Practicaban ampliamente los principios de ayuda mutua, pero, sin embargo,<br \/>\nsepar\u00e1ndose de los campesinos labradores, aplicaron estos principios a la vida de una manera<br \/>\nque no fue suficientemente amplia, y privadas del apoyo de los campesinos, las ciudades no<br \/>\npudieron resistir la violencia de los reinos e imperios nacientes. Pero no perecieron debido a la<br \/>\nenemistad rec\u00edproca, y sus errores no fueron la consecuencia del desarrollo insuficiente del<br \/>\nesp\u00edritu federativo entre ellos.<br \/>\nLa nueva direcci\u00f3n tomada por la vida humana en la ciudad de la Edad Media tuvo enormes<br \/>\nconsecuencias en el desarrollo de toda la civilizaci\u00f3n. A comienzos del siglo XI, las ciudades de<br \/>\nEuropa constitu\u00edan solamente peque\u00f1os grupos de miserables chozas, que se refugiaban<br \/>\nalrededor de iglesias bajas y deformes, cuyos constructores apenas si sab\u00edan trazar un arco.<br \/>\nLos oficios, que se reduc\u00edan principalmente a la tejedur\u00eda y a la forja, se hallaban en estado<br \/>\nembrionario; la ciencia encontraba refugio s\u00f3lo en algunos monasterios. Pero trescientos<br \/>\ncincuenta a\u00f1os m\u00e1s tarde el aspecto mismo de Europa cambi\u00f3 por completo. La tierra estaba<br \/>\nya sembrada de ricas ciudades, y estas ciudades hall\u00e1banse rodeadas por muros dilatados y<br \/>\nespesos que se hallaban adornados por torres y puertas ostentosas cada una de, las cuales<br \/>\nconstitu\u00eda una obra de arte. Catedrales concebidas en estilo grandioso y cubiertas por<br \/>\nnumerosos ornamentos decorativos, elevaban a las nubes sus altos campanarios, y en su<br \/>\narquitectura se manifestaba tal audacia de imaginaci\u00f3n y tal pureza de forma, que vanamente<br \/>\nnos esforzamos en alcanzar en la \u00e9poca presente. Los oficios y las artes se elevaron a tal<br \/>\nperfecci\u00f3n que aun, ahora apenas podemos decir que las hemos superado en mucho, si no<br \/>\ncolocamos la velocidad de la fabricaci\u00f3n por encima del talento inventiva del trabajador y de la<br \/>\nterminaci\u00f3n de su trabajo. Las naves de las ciudades libres surcaban en todas direcciones el<br \/>\nmar Mediterr\u00e1neo norte y sur; un esfuerzo m\u00e1s y cruzar\u00edan el oc\u00e9ano. En vastas extensiones, el<br \/>\nbienestar ocup\u00f3 el lugar de la miseria anterior; se desarroll\u00f3 y se extendi\u00f3 la educaci\u00f3n.<br \/>\nJunto con esto se elabor\u00f3 el m\u00e9todo cient\u00edfico de investigaci\u00f3n -positivo y natural en lugar de la<br \/>\nescol\u00e1stica anterior- y fueron establecidas las bases de la mec\u00e1nica y de las ciencias f\u00edsicas.<br \/>\nM\u00e1s a\u00fan: estaban preparados todos aquellos inventos mec\u00e1nicos de que tanto se enorgullece<br \/>\nel siglo XIX. Tales fueron los cambios m\u00e1gicos que se hab\u00edan producido en Europa en menos<br \/>\nde cuatrocientos a\u00f1os. Y las p\u00e9rdidas sufridas por Europa cuando cayeron sus ciudades libres<br \/>\npueden ser plenamente apreciadas si se compara el siglo diecisiete con el catorce o hasta con<br \/>\nel trece. En el siglo dieciocho desapareci\u00f3 el bienestar que distingu\u00eda a Escocia, Alemania, las<br \/>\nllanuras de Italia. Los caminos decayeron, las ciudades se despoblaron, el trabajo libre se<br \/>\nconvirti\u00f3 en esclavitud, las artes se marchitaron, y hasta el comercio decay\u00f3. . Si tras las<br \/>\nciudades medievales no hubiera quedado monumento escrito alguno, por los cuales se pudiera<br \/>\njuzgar el esplendor de su vida, si hubieran quedado tras ellas solamente los monumentos de su<br \/>\narte arquitect\u00f3nico, que hallamos dispersos por toda Europa, de Escocia a Italia, y de Gerona,<br \/>\nen Espa\u00f1a, hasta Breslau, en el territorio eslavo, aun entonces podr\u00edamos decir que la \u00e9poca de<br \/>\nlas ciudades independientes fue la del m\u00e1ximo florecimiento del intelecto humano durante todos<br \/>\nlos siglos del cristianismo, hasta el fin del siglo XVIII. Mirando, por ejemplo, el cuadro medieval<br \/>\nque representa Nuremberg, con sus decenas de torres y elevados campanarios que llevaban en<br \/>\nsi cada una el sello del arte creador libre, apenas podemos imaginar que s\u00f3lo trescientos a\u00f1os<br \/>\nantes Nuremberg era \u00fanicamente un mont\u00f3n de chozas miserables.<br \/>\nLo mismo con respecto a todas las ciudades libres de la Edad Media, sin excepci\u00f3n. Y nuestro<br \/>\nasombro aumenta a medida que observamos en detalle la arquitectura y los ornatos de cada<br \/>\nuna de las innumerables iglesias, campanarios, puertas de las ciudades y casas consistoriales,<br \/>\ndiseminados por toda Europa, empezando por Inglaterra, Holanda, B\u00e9lgica, Francia e Italia, y<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n111<br \/>\nllegando, en el Este, hasta Bohemia y hasta las ciudades de la Galitzia polaca, ahora muertas.<br \/>\nNo solamente Italia -madre del arte-, sino toda Europa, estaba repleta de semejantes<br \/>\nmonumentos. Es extraordinariamente significativo, adem\u00e1s, el hecho de que de todas las artes,<br \/>\nla arquitectura arte social por excelencia alcanzara en esta \u00e9poca el m\u00e1s elevado desarrollo. Y<br \/>\nrealmente, tal desarrollo de la arquitectura fue posible s\u00f3lo como resultado de la sociabilidad<br \/>\naltamente desarrollada en la vida de entonces.<br \/>\nLa arquitectura medieval alcanz\u00f3 tal grandeza no s\u00f3lo porque era el desarrollo natural de un<br \/>\noficio art\u00edstico, como insisti\u00f3 sobre esto justamente Ruskin; no solamente porque cada edificio y<br \/>\ncada ornato arquitect\u00f3nico fueron concebidos por hombres que conoc\u00edan por la experiencia de<br \/>\nsus propias manos cu\u00e1les efectos art\u00edsticos pueden producir la piedra, el hierro, el bronce o<br \/>\nsimplemente las vigas y el cemento mezclado con guijarros; no s\u00f3lo porque cada monumento<br \/>\nera el resultado de la experiencia colectiva reunida, acumulada en cada arte u oficio, la<br \/>\narquitectura medieval era grande porque era la expresi\u00f3n de una gran idea. Como el arte<br \/>\ngriego, surgi\u00f3 de la concepci\u00f3n de la fraternidad y unidad alentadas por la ciudad. Pose\u00eda una<br \/>\naudacia que pudo ser lograda s\u00f3lo merced a la lucha atrevida de las ciudades contra sus<br \/>\nopresores y vencedores; respiraba energ\u00eda porque toda la vida de la ciudad estaba impregnada<br \/>\nde energ\u00eda. La catedral o la casa consistorial de la ciudad encarnaba, simbolizaba, el organismo<br \/>\nen el cual cada alba\u00f1il y picapedrero eran constructores. El edificio medieval nunca constitu\u00eda el<br \/>\ndesignio de un individuo, para cuya realizaci\u00f3n trabajan miles de esclavos, desempe\u00f1ando un<br \/>\ntrabajo determinado por una idea ajena: toda la ciudad tomaba parte en su construcci\u00f3n. El alto<br \/>\ncampanario era parte de un gran edificio; en el que palpitaba la vida de la ciudad; no estaba<br \/>\ncolocado sobre una plataforma que no tenla sentido como la torre Eiffel de Par\u00eds; no era una<br \/>\nconstrucci\u00f3n falsa, de piedra: erigida con objeto de ocultar la fealdad del armaz\u00f3n de hierro que<br \/>\nle serv\u00eda de base, como fue hecho recientemente en el Tow\u00e9r Bridge, Londres. Como la<br \/>\nAcr\u00f3polis de Atenas, la catedral de la ciudad medieval ten\u00eda por objeto glorificar las grandezas<br \/>\nde la ciudad victoriosa; encarnaba y espiritualizaba la uni\u00f3n de los oficios, era la expresi\u00f3n del<br \/>\nsentimiento de cada ciudadano, que se enorgullec\u00eda de su ciudad, puesto que era su propia<br \/>\ncreaci\u00f3n. No raramente ocurr\u00eda tambi\u00e9n que la ciudad, habiendo realizado con \u00e9xito la segunda:<br \/>\nresoluci\u00f3n de los oficios menores, comenzaba a construir una nueva catedral con objeto de<br \/>\nexpresar la uni\u00f3n nueva, m\u00e1s profunda y amplia, que hab\u00eda aparecido en su vida.<br \/>\nLas catedrales y casas consistoriales de la Edad Media tienen un rasgo asombroso m\u00e1s. Los<br \/>\nrecursos efectivos con que las ciudades empezaron sus grandes construcciones sol\u00edan secar en<br \/>\nla mayor\u00eda de los casos, desproporcionadamente reducidos. La catedral de Colonia, por<br \/>\nejemplo, fue iniciada con un desembolso anual de 500 marcos en total; una donaci\u00f3n de 100<br \/>\nmarcos se inscribi\u00f3 como d\u00e1diva importante. Hasta cuando la obra se aproximaba a su fin, el<br \/>\ngasto anual apenas avanzaba a 5.000 marcos, y nunca sobrepas\u00f3 los 14.000. La catedral de<br \/>\nBasilea fue construida con los mismos insignificantes medios. Pero cada corporaci\u00f3n ofrendaba<br \/>\npara su monumento com\u00fan tu parte de piedra de trabajo y de genio decorativo. Cada guilda<br \/>\nexpresaba en ese momento sus opiniones pol\u00edticas, refiriendo, en la piedra o el bronce, la<br \/>\nhistoria de la ciudad, glorificando los principios de libertad, igualdad y fraternidad; ensalzando a<br \/>\nlos aliados de la ciudad y condenando al fuego eterno a sus enemigos. Y cada guilda<br \/>\nexpresaba su amor al monumento com\u00fan orn\u00e1ndolo ricamente con ventanas y vitrales, pinturas,<br \/>\n\u00abcon puertas de iglesia dignas de ser las puertas del cielo\u00bb -seg\u00fan la expresi\u00f3n de Miguel Angelo<br \/>\ncon ornatos de piedra en todos los m\u00e1s peque\u00f1os rincones de la construcci\u00f3n. Las peque\u00f1as<br \/>\nciudades, y hasta las m\u00e1s peque\u00f1as parroquias, rivalizaban en este g\u00e9nero de trabajos con las<br \/>\ngrandes ciudades, y las catedrales de Lyon o de Saint Ouen apenas ceden a la catedral de<br \/>\nReims, a la Casa Consistorial de Bremen o al campanario del Consejo Popular de Breslau.<br \/>\n\u00abNinguna obra debe ser comenzada por la comuna si no ha sido concebida en consonancia con<br \/>\nel gran coraz\u00f3n del la comuna, formada por los corazones de todos sus ciudadanos, unidos en<br \/>\nuna sola voluntad com\u00fan\u00bb -tales eran las palabras del Consejo de la Ciudad, en Florencia-; y<br \/>\neste esp\u00edritu se manifiesta en todas las obras comunales que est\u00e1n destinadas a la utilidad<br \/>\np\u00fablica, como por, ejemplo, en los canales, las terrazas, los plant\u00edos de vi\u00f1edos y frutales<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n112<br \/>\nalrededor de Florencia, o en los canales de regad\u00edo que atravesaban las llanuras de Lombard\u00eda,<br \/>\nen el puerto y en el acueducto de G\u00e9nova, y, en suma, en todas las construcciones comunales<br \/>\nque se emprend\u00edan en casi todas las ciudades<br \/>\nTodas las artes ten\u00edan el mismo \u00e9xito en las ciudades medievales, y nuestras adquisiciones<br \/>\nactuales en este campo, en la mayor\u00eda de los casos, no. son nada m\u00e1s que la prolongaci\u00f3n de<br \/>\nlo que hab\u00eda crecido entonces. El bienestar de las ciudades flamencas se fundaba en la<br \/>\nfabricaci\u00f3n de los finos tejidos de lana., Florencia, a comienzos del siglo XIV hasta la epidemia<br \/>\nde la \u00abmuerte negra\u00bb, fabricaba de 70.000 a 100.000 piezas de lana, que se evaluaban en<br \/>\n1.200.000 florines de oro. El cincelado de metales preciosos, el arte de la. fundici\u00f3n, la forja<br \/>\nart\u00edstica del hierro, fueron creaci\u00f3n de las guildas medievales (misterios), que alcanzaron en sus<br \/>\nrespectivos dominios todo cuanto se pod\u00eda lograr mediante el trabajo manual, sin, recurrir a la<br \/>\nayuda de un motor mec\u00e1nico poderoso; por medio del traba o manual y la inventiva, pues,<br \/>\nsirvi\u00e9ndose de las palabras de Whewell, \u00abrecibimos el pergamino y el papel, la imprenta y el<br \/>\ngrabado, el vidrio perfeccionado y el acero, la p\u00f3lvora, el reloj, el telescopio, la br\u00fajula mar\u00edtima,<br \/>\nel calendario reformado, el sistema decimal, el \u00e1lgebra, la trigonometr\u00eda, la qu\u00edmica, el<br \/>\ncontrapunto (descubrimiento que equivale a una nueva creaci\u00f3n de la m\u00fasica): hemos heredado<br \/>\ntodo esto de aquella \u00e9poca que tan despreciativamente llamamos \u00abper\u00edodo de estancamiento\u00bb\u00bb.<br \/>\nVerdad es que, como observ\u00f3 Whewell, ninguno, de estos descubrimientos introdujo un<br \/>\nprincipio nuevo; pero la ciencia medieval alcanz\u00f3 algo m\u00e1s que el descubrimiento real de<br \/>\nnuevos principios. Prepar\u00f3 al descubrimiento de todos aquellos nuevos principios que<br \/>\nconocemos actualmente en el dominio de las ciencias mec\u00e1nicas: ense\u00f1\u00f3 al investigador a<br \/>\nobservar los hechos y extraer conclusiones. Entonces se cre\u00f3 la ciencia inductiva, y a pesar de<br \/>\nque no hab\u00eda captado a\u00fan plenamente el sentido y la fuerza de la inducci\u00f3n, ech\u00f3 las bases<br \/>\ntanto de la mec\u00e1nica como de la f\u00edsica. Francis Bacon, Galileo y Cop\u00e9rnico, fueron<br \/>\ndescendientes directos de Roger Bacon y Miguel Scott, como la m\u00e1quina de vapor fue el<br \/>\nproducto directo de las investigaciones sobre la presi\u00f3n atmosf\u00e9rica- realizadas en las<br \/>\nuniversidades italianas y de la educaci\u00f3n matem\u00e1tica y t\u00e9cnica que distingu\u00eda a Nurember.<br \/>\nPero, \u00bfes necesario, en verdad, extenderse y demostrar el progreso de las ciencias y de las<br \/>\nartes en las ciudades de la Edad Media? \u00bfNo basta mencionar simplemente las catedrales, en<br \/>\nel campo de las artes, y la lengua italiana y el poema de Dante, en el dominio del pensamiento,<br \/>\npara dar en seguida la medida de lo que cre\u00f3 la ciudad medieval durante los cuatro siglos de su<br \/>\nexistencia?<br \/>\nNo cabe duda alguna de que las ciudades medievales prestaron un servicio inmenso a la<br \/>\ncivilizaci\u00f3n europea. Impidieron que Europa cayera en los estados teocr\u00e1ticos y desp\u00f3ticos que<br \/>\nse crearon en la antig\u00fcedad en Asia; di\u00e9ronle variedad de manifestaciones vivientes, seguridad<br \/>\nen s\u00ed misma, fuerza de iniciativa y aquella enorme energ\u00eda intelectual y moral que posee ahora y<br \/>\nque es la mejor garant\u00eda de que la civilizaci\u00f3n europea podr\u00e1 rechazar toda nueva invasi\u00f3n de<br \/>\nOriente.<br \/>\nPero, \u00bfpor qu\u00e9 estos centros de civilizaci\u00f3n que trataron de hallar respuestas a las exigencias<br \/>\nde la naturaleza humana y que se distinguieron por tal plenitud de vida no pudieron prolongar<br \/>\nsu existencia? \u00bfPor qu\u00e9 en el siglo XVI fueron atacadas de debilidad senil y por qu\u00e9, despu\u00e9s<br \/>\nde haber rechazado tantas invasiones exteriores y de haber sabido extraer una nueva energ\u00eda<br \/>\naun de sus discordias interiores, estas ciudades, al final de cuentas, cayeron v\u00edctimas de los<br \/>\nataques exteriores y de las disensiones intestinas?<br \/>\nDiferentes causas provocaron esta ca\u00edda, algunas de las cuales tuvieron su ra\u00edz en el pasado<br \/>\nlejano, mientras que las otras fueron el resultado de errores cometidos por las ciudades<br \/>\nmismas. El impulso en este sentido fue dado primeramente por las tres invasiones de Europa: la<br \/>\nmogol a Rusia en el siglo XIII, la turca a la pen\u00ednsula balc\u00e1nica y a los eslavos del Este, en el<br \/>\nsiglo XV, y la invasi\u00f3n de los moros a Espa\u00f1a y Sur de Francia, desde el siglo IX hasta el XII.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n113<br \/>\nDetener est\u00e1s invasiones fue muy dif\u00edcil; y se consigui\u00f3 arrojar a los mogoles, turcos y moros,<br \/>\nque se hab\u00edan afirmado en diferentes lugares de Europa, solamente cuando en Espa\u00f1a y<br \/>\nFrancia, Austria y Polonia, en Ucrania y en Rusia, los peque\u00f1os y d\u00e9biles knyazi\u00e1, condes,<br \/>\npr\u00edncipes, etc., sometidos por los m\u00e1s fuertes de ellos, comenzaron a formar, estados capaces<br \/>\nde mover ej\u00e9rcitos numerosos contra los conquistadores orientales.<br \/>\nDe tal modo, a fines del siglo XV, en Europa, comenz\u00f3 a surgir una serie de peque\u00f1os estados,<br \/>\nformados seg\u00fan el modelo romano antiguo. En cada pa\u00eds y en cada dominio, cualquiera de los<br \/>\nse\u00f1ores feudales que fuera m\u00e1s astuto que los otros, m\u00e1s inclinado a la codicia y, a menudo,<br \/>\nmenos escrupuloso que su vecino, lograba adquirir en propiedad personal patrimonios m\u00e1s<br \/>\nricos, con mayor cantidad de campesinos, y tambi\u00e9n reunir en tomo a s\u00ed mayor cantidad de<br \/>\ncaballeros y mesnaderos y acumular m\u00e1s dinero en sus arcas. Un bar\u00f3n, rey o knyaz,<br \/>\ngeneralmente escog\u00eda como residencia no una ciudad administrativa con el consejo popular,<br \/>\nsino un grupo de aldeas, de posici\u00f3n geogr\u00e1fica ventajosa, que no se hab\u00edan familiarizado a\u00fan<br \/>\ncon la vida libre de la ciudad; Par\u00eds, Madrid, Mosc\u00fa, que s\u00e9, convirtieron en centros de grandes<br \/>\nEstados, se hallaban justamente en tales condiciones; y con ayuda del trabajo servil se cre\u00f3<br \/>\naqu\u00ed la ciudad real fortificada, a la cual atra\u00eda, mediante una distribuci\u00f3n generosa de aldeas<br \/>\n\u00abpara alimentarse\u00bb, a los compa\u00f1eros de haza\u00f1as, y tambi\u00e9n a los comerciantes, que gozaban<br \/>\nde la protecci\u00f3n que \u00e9l ofrec\u00eda al comercio.<br \/>\nAs\u00ed se citaron, mientras se hallaban a\u00fan en condici\u00f3n embrionaria, los futuros estados, qu\u00e9<br \/>\ncomenzaron gradualmente a absorber a otros centros iguales. Los jurisconsultos, educados en<br \/>\nel estudio del derecho romano, aflu\u00edan de buen grado a tales ciudades; una raza de hombres,<br \/>\ntenaz y ambiciosa, surgida de entre los burgueses y que odiaba por igual la altivez de los<br \/>\nfeudales Ala manifestaci\u00f3n de lo que llamaban iniquidad de los campesinos. Ya las formas<br \/>\nmismas de la comuna aldeana, desconocidas en sus c\u00f3digos, los mismos principios del<br \/>\nfederalismo, les eran odiosos, como herencia de los b\u00e1rbaros. Su ideal era el cesarismo,<br \/>\napoyado por la ficci\u00f3n del consenso popular y -especialmente- por la fuerza de las armas; y<br \/>\ntrabajaban celosamente para aquellos en quienes confiaban para la realizaci\u00f3n de este ideal.<br \/>\nLa Iglesia cristiana, que antes se hab\u00eda rebelado contra el derecho romano y que ahora se<br \/>\nhab\u00eda convertido en su aliada, trabajaba en el mismo sentido. Puesto que la tentativa de formar<br \/>\nun imperio teocr\u00e1tico en Europa, bajo la supremac\u00eda del Papa, no fue coronada por el \u00e9xito, los<br \/>\nobispos m\u00e1s inteligentes y ambiciosos comenzaron a ofrecer entonces apoyo a los que<br \/>\nconsideraban capaces de reconstituir el poder de los reyes de Israel y el de los emperadores de<br \/>\nConstantinopla. La Iglesia invest\u00eda a los gobernantes que surg\u00edan con su santidad; los coronaba<br \/>\ncomo representantes de Dios sobre la tierra, pon\u00eda a su servicio la erudici\u00f3n y el talento<br \/>\nestadista de sus servidores; les tra\u00eda sus bendiciones y, sus maldiciones, sus riquezas y la<br \/>\nsimpat\u00eda que ella conservaba entre los pobres. Los campesinos, a los cuales las ciudades no<br \/>\npudieron o no quisieron liberar, viendo a los burgueses impotentes para poner fin a las guerras<br \/>\ninterminables entre los caballeros -por las cuales los campesinos hubieron de pagar tan carodepositaron<br \/>\nentonces sus esperanzas en el rey, el emperador, el gran knyaz; y ayud\u00e1ndoles a<br \/>\ndestruir el poder de los se\u00f1ores feudales, al mismo tiempo les ayudaron a establecer el Estado<br \/>\nCentralizado. Por \u00faltimo, las guerras que tuvieron que sostener durante dos siglos contra los<br \/>\nmogoles y los turcos, y la guerra santa contra los moros en Espa\u00f1a, y del mismo modo tambi\u00e9n<br \/>\naquellas guerras terribles que pronto comenzaron dentro de cada pueblo entre los centros<br \/>\ncrecientes de soberan\u00eda: Ile de France y Borgogne, Escocia e Inglaterra, Inglaterra y Francia,<br \/>\nLituania y Polonia, Mosc\u00fa y Tver, etc., condujeron finalmente, a lo mismo. Surgieron estados<br \/>\npoderosos y las ciudades tuvieron que entablar lucha no s\u00f3lo con las federaciones, d\u00e9bilmente<br \/>\nunidas entre s\u00ed, de los barones feudales o knyazi\u00e1, sino con centros fuertemente organizados<br \/>\nque ten\u00edan a su disposici\u00f3n ej\u00e9rcitos enteros de siervos.<br \/>\nLo peor de todo era, sin embargo, que los centros crecientes de la monarqu\u00eda hallaron apoyo en<br \/>\nlas disensiones que surg\u00edan dentro de las ciudades mismas. Una gran idea, sin duda, constitu\u00eda<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n114<br \/>\nla base de la ciudad medieval, pero fue comprendida con insuficiente amplitud. La ayuda y el<br \/>\napoyo mutuo no pueden ser limitados por las fronteras de una asociaci\u00f3n peque\u00f1a; deben<br \/>\nextenderse a todo lo circundante, de lo contrario, lo circundante absorbe a la asociaci\u00f3n; y en<br \/>\neste respecto, el ciudadano medieval, desde el principio mismo, cometi\u00f3 un error enorme. En<br \/>\nlugar de considerar a los campesinos y artesanos que se reun\u00edan bajo la protecci\u00f3n de sus<br \/>\nmuros, como colaboradores que pod\u00edan aportar su parte en la obra de creaci\u00f3n de la ciudad -lo<br \/>\nque han hecho en realidad-, \u00ablas familias\u00bb de los viejos burgueses se apresuraron a separarse<br \/>\nnetamente de los nuevos inmigrantes. A los primeros, es decir, a los fundadores de la ciudad,<br \/>\nse les dejaba todos los beneficios del comercio comunal de ella, y el usufructo de sus tierras, y<br \/>\na los segundos no se les dejaba m\u00e1s, que el derecho de manifestar libremente la habilidad de<br \/>\nsus manos. La ciudad, de tal modo, se dividi\u00f3 en \u00abburgueses\u00bb o \u00abcomuneros\u00bb y en \u00abresidentes\u00bb o<br \/>\n\u00abhabitantes\u00bb. El comercio, que ten\u00eda antes car\u00e1cter comunal, se convirti\u00f3 ahora en privilegio de<br \/>\nlas familias de los comerciantes y artesanos: de la guilda mercantil y de algunas guildas de los<br \/>\nllamados \u00abviejos oficios\u00bb; y el paso siguiente: la transici\u00f3n al comercio personal o a los<br \/>\nprivilegios de las compa\u00f1\u00edas capitalistas opresoras -de los trusts- se hizo inevitable.<br \/>\nLa misma divisi\u00f3n surgi\u00f3 tambi\u00e9n entre la ciudad, en el sentido propio de la palabra, y las<br \/>\naldeas que la rodeaban. Las comunas medievales trataron, pues, de liberar a los campesinos;<br \/>\npero, sus guerras contra los feudales, poco a poco, se convirtieron, como se ha dicho antes,<br \/>\nm\u00e1s bien en guerras por liberar la ciudad misma del poder, de los feudales que por liberar a los<br \/>\ncampesinos. Entonces las ciudades dejaron a los feudales sus derechos sobre los campesinos,<br \/>\ncon la condici\u00f3n de que no causar\u00edan m\u00e1s da\u00f1o a la ciudad y se hicieron \u00abconciudadanos\u00bb. Pero<br \/>\nla nobleza \u00abadoptada\u00bb por la ciudad introdujo sus viejas guerras familiares, en los l\u00edmites de ella.<br \/>\nNo se conformaba con la idea de qu\u00e9 los nobles deb\u00edan someterse al tribunal de simples<br \/>\nartesanos y comerciantes, y continu\u00f3 librando en las calles de las ciudades sus viejas guerras<br \/>\ntribales por venganza de sangre. En cada ciudad exist\u00edan sus Colonnas y Orsinis, sus<br \/>\nMontescos y Capuletos, sus Overtolzes y Wises. Extrayendo mayores rentas de las posesiones<br \/>\nque consiguieron conservar, los se\u00f1ores feudales se rodearon de numerosos clientes e<br \/>\nintrodujeron h\u00e1bitos y costumbres feudales en la vida de la ciudad misma. Cuando en las<br \/>\nciudades comenz\u00f3 a surgir el descontento entre las clases artesanas contra las viejas guildas y<br \/>\nfamilias, los feudales comenzaron a ofrecer a ambas partes sus espadas y sus numerosos<br \/>\nservidores para resolver, por medio de la guerra, los conflictos que surg\u00edan, en lugar de dar al<br \/>\ndescontento una salida pac\u00edfica vali\u00e9ndose de los medios que hasta entonces hab\u00eda hallado<br \/>\nsiempre, sin recurrir a las armas.<br \/>\nEl error m\u00e1s grande y m\u00e1s fatal cometido por la mayor\u00eda de las ciudades fue tambi\u00e9n el basar<br \/>\nsus riquezas en el comercio y la industria, junto con un trato despectivo hacia la agricultura. De<br \/>\ntal modo, repitieron el error cometido ya una vez por las ciudades de la antigua Grecia y debido<br \/>\nal cual cayeron en los mismos cr\u00edmenes. Pero el distanciamiento entre las ciudades y la tierra<br \/>\nlas arrastr\u00f3, necesariamente, a una pol\u00edtica hostil hacia las clases agr\u00edcolas, que se hizo<br \/>\nespecialmente visible en Inglaterra durante Eduardo III, en Francia durante las jacqueries (las<br \/>\ngrandes rebeliones campesinas), en Bohemia en las guerras hussitas, y en Alemania durante la<br \/>\nguerra de los campesinos del siglo XVI.<br \/>\nPor otra parte, la pol\u00edtica comercial arrastr\u00f3 tambi\u00e9n a las autoridades populares urbanas a<br \/>\nempresas lejanas, y desarroll\u00f3 la pasi\u00f3n&#8217; por enriquecerse con las colonias. Surgieron las<br \/>\ncolonias fundadas por las rep\u00fablicas italianas, en, el sureste, en Asia Menor y a orillas del mar<br \/>\nNegro; por los alemanes en el Este, en tierras eslavas, y por los eslavos, es decir, por Novgorod<br \/>\ny Pskof, en el lejano noroeste. Entonces fue necesario mantener ej\u00e9rcitos de mercenarios para<br \/>\nlas guerras coloniales, y luego esos mercenarios fueron utilizados tambi\u00e9n para oprimir a los<br \/>\nmismos burgueses. Merced a esto, ciudades enteras comenzaron a concertar empr\u00e9stitos en<br \/>\ntales proporciones que pronto tuvieron una influencia profundamente desmoralizadora sobre los<br \/>\nciudadanos; las ciudades se convirtieron en tributar\u00edas y no raramente en instrumentos<br \/>\nobedientes en manos de algunos de sus capitalistas. Asumir el poder fue cosa muy ventajosa, y<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n115<br \/>\nlas disensiones internas se desarrollaron en mayores proporciones en cada elecci\u00f3n, durante<br \/>\nlas cuales la pol\u00edtica colonial desempe\u00f1aba un papel importante en inter\u00e9s de unas pocas<br \/>\nfamilias. La divisi\u00f3n entre ricos y pobres, entre los hombres \u00abmejores\u00bb y \u00abpeores\u00bb, se extendi\u00f3<br \/>\nm\u00e1s y m\u00e1s, y en el siglo XVI el poder real hall\u00f3 en cada ciudad aliados y colaboradores<br \/>\ndispuestos, a veces entre \u00ablas familias\u00bb que luchaban por el poder, y muy a menudo tambi\u00e9n<br \/>\nentre los pobres, a quienes promet\u00edan apaciguar a los ricos.<br \/>\nSin embargo, exist\u00eda todav\u00eda una raz\u00f3n de la decadencia de las instituciones comunales, que<br \/>\nera m\u00e1s profunda que las restantes. La historia de las ciudades medievales constituye uno de<br \/>\nlos ejemplos m\u00e1s asombrosos de la poderosa influencia de las ideas y de los principios,<br \/>\nfundamentales reconocidos por los hombres, sobre el destino de la humanidad. Del mismo<br \/>\nmodo nos ense\u00f1a tambi\u00e9n que ante un cambio radical en las ideas dominantes de la sociedad,<br \/>\nse producen resultados completamente nuevos que encauzan la vida en una nueva direcci\u00f3n.<br \/>\nLa fe en sus fuerzas y en el federalismo, el reconocimiento de la libertad y de la administraci\u00f3n<br \/>\npropia a cada grupo separado y en general, la estructura del cuerpo pol\u00edtico de lo simple a lo<br \/>\ncomplejo, tales fueron los pensamientos dominantes del siglo XI., Pero desde aqu\u00e9lla \u00e9poca, las<br \/>\nconcepciones sufrieron un cambio completo., Los eruditos jurisconsultos (legistas) que hab\u00edan<br \/>\nestudiado, derecho romano y los prelados de la Iglesia, estrechamente unidos desde la \u00e9poca<br \/>\nde Inocencio III, lograron paralizar la idea la antigua idea griega de la libertad y de la federaci\u00f3n<br \/>\nque predominaba en la \u00e9poca de la liberaci\u00f3n de las ciudades y exist\u00eda primeramente en la<br \/>\nfundaci\u00f3n de estas rep\u00fablicas.<br \/>\nDurante dos o tres siglos, los jurisconsultos y el clero comenzaron a ense\u00f1ar, desde el p\u00falpito,<br \/>\ndesde la c\u00e1tedra universitaria y en los tribunales, que la salvaci\u00f3n de los hombres se encuentra<br \/>\nen un estado fuertemente centralizado, sometido al poder semi-divino de uno o de unos pocos;<br \/>\nque un hombre puede y debe ser el salvador de la sociedad, y en nombre de la salvaci\u00f3n<br \/>\np\u00fablica puede realizar cualquier acto de violencia: quemar a los hombres en las hogueras,<br \/>\nmatarlos con muerte lenta en medio de torturas indescriptibles, sumir provincias enteras en la<br \/>\nmiseria m\u00e1s abyecta. Y no escatimaron el dar lecciones visuales en gran escala, y con una<br \/>\ncrueldad inaudita se daban estas lecciones donde quiera que pudiese llegar la espada del rey o<br \/>\nla hoguera de la Iglesia Debido a estas lecciones y a los ejemplos correspondientes,<br \/>\nconstantemente repetidos e inculcados por la fuerza en la conciencia p\u00fablica bajo el signo de la<br \/>\nfe, del poder y de lo que consideraba ciencia, la mente misma de los hombres comenz\u00f3 a<br \/>\nadquirir una nueva forma. Los ciudadanos comenzaron a encontrar que ning\u00fan poder puede ser<br \/>\ndesmedido, ning\u00fan asesinato lento demasiado cruel cuando se trata de la \u00abseguridad p\u00fablica\u00bb. Y<br \/>\nen esta nueva direcci\u00f3n de las mentes, y en esta nueva fe en la fuerza de un gobernante \u00fanico,<br \/>\nel antiguo principio federal perdi\u00f3 su fuerza, y junto con \u00e9l muri\u00f3 tambi\u00e9n el genio creador de las<br \/>\nmasas. La idea romana venci\u00f3, y en tales circunstancias los estados militares centralizados<br \/>\nhallaron en las ciudades una presa f\u00e1cil.<br \/>\nLa Florencia del siglo XV constituye el modelo t\u00edpico de semejante cambio. Anteriormente, la<br \/>\nrevoluci\u00f3n popular sol\u00eda ser el comienzo de un progreso nuevo y m\u00e1s grande. Pero entonces,<br \/>\ncuando el pueblo, reducido a la desesperaci\u00f3n, se rebel\u00f3, ya no pose\u00eda el esp\u00edritu constructivo v<br \/>\ncreador, y el movimiento popular no produjo idea nueva alguna. En lugar de los anteriores<br \/>\ncuatrocientos representantes ante el consejo popular, se introdujeron en ella cien. Pero esta<br \/>\nrevoluci\u00f3n en los n\u00fameros no condujo a nada. El descontento popular crec\u00eda, y sigui\u00f3 una serie<br \/>\nde nuevas revueltas. Entonces se busc\u00f3 la salvaci\u00f3n en el \u00abtirano\u00bb, que recurri\u00f3 a la masacre de<br \/>\nlos rebeldes, pero la desintegraci\u00f3n del organismo comunal prosigui\u00f3. Y cuando, despu\u00e9s de<br \/>\nuna nueva revuelta, el pueblo florentino solicit\u00f3 consejo a su favorito, Jer\u00f3nimo Savonarola, el<br \/>\nmonje respondi\u00f3: \u00abOh, pueblo m\u00edo, t\u00fa sabes que no puedo intervenir en los asuntos del estado&#8230;<br \/>\nPurifica tu alma, y si en tal disposici\u00f3n de mente reformas la ciudad, entonces t\u00fa, pueblo de<br \/>\nFlorencia, debes comenzar la reforma de toda Italia\u00bb. Se quemaron las m\u00e1scaras que se pon\u00edan<br \/>\ndurante los paseos en carnaval y los libros tentadores; se promulg\u00f3 una ley de ayuda a los<br \/>\npobres y otra dirigida contra los usureros, pero la democracia de Florencia qued\u00f3 donde estaba.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n116<br \/>\nEl antiguo esp\u00edritu creador hab\u00eda desaparecido. Debido a la excesiva confianza en el gobierno,<br \/>\nlos florentinos cesaron de confiar en s\u00ed mismos; y demostraron ser impotentes para renovar su<br \/>\nvida. El estado no tuvo m\u00e1s que avanzar y destruir sus \u00faltimas libertades. Y as\u00ed lo hizo.<br \/>\nY sin embargo, la corriente de ayuda y apoyo mutuo no se apag\u00f3 en las masas, y continu\u00f3<br \/>\nfluyendo a\u00fan despu\u00e9s de esta derrota de las ciudades libres. Pronto surgi\u00f3 de nuevo, con<br \/>\nfuerza poderosa, en respuesta al llamado comunista de los primeros propagandistas de la<br \/>\nreforma, y sigui\u00f3 viviendo a\u00fan despu\u00e9s de que las masas, que hablan sufrido de nuevo el<br \/>\nfracaso en su tentativa de construir una nueva vida, inspirada por una religi\u00f3n reformada,<br \/>\ncayeron bajo el poder de la monarqu\u00eda. Fluye hoy todav\u00eda y busca los caminos para una nueva<br \/>\nexpresi\u00f3n que no ser\u00e1 ya el estado, ni la ciudad medieval, ni la comuna aldeana de los<br \/>\nb\u00e1rbaros, ni la organizaci\u00f3n tribal de los salvajes, sino que, procediendo de todas estas formas,<br \/>\nser\u00e1 m\u00e1s perfecta que ellas, por su profundidad y por la amplitud de sus principios humanos.<br \/>\nCAPITULO VII<br \/>\nLA AYUDA MUTUA EN LA SOCIEDAD MODERNA<br \/>\nLa inclinaci\u00f3n de los hombres a la ayuda mutua tiene un origen tan remoto y est\u00e1 tan<br \/>\nprofundamente entrelazada con todo el desarrollo pasado de la humanidad, que los hombres la<br \/>\nhan conservado hasta la \u00e9poca presente, a pesar de todas las vicisitudes de la historia. Esta<br \/>\ninclinaci\u00f3n se desarroll\u00f3, principalmente, en los per\u00edodos de paz y bienestar; pero aun cuando<br \/>\nlas mayores calamidades azotaban a los hombres, cuando pa\u00edses enteros eran devastados por<br \/>\nlas guerras, y poblaciones enteras mor\u00edan de miseria, o gem\u00edan bajo el yugo del poder que los<br \/>\noprim\u00eda, la misma inclinaci\u00f3n, la misma necesidad continu\u00f3 existiendo en las aldeas y entre las<br \/>\nclases m\u00e1s pobres de la poblaci\u00f3n de las ciudades. A pesar de todo, las fortific\u00f3, y, al final de<br \/>\ncuentas, actu\u00f3 aun sobre la minor\u00eda gobernante, belicosa y destructiva que trataba a esta<br \/>\nnecesidad como si fuera una tonter\u00eda sentimental. Y cada vez que la humanidad ten\u00eda que<br \/>\nelaborar una hueva organizaci\u00f3n social, adaptada a una nueva fase de su desarrollo, el genio<br \/>\ncreador del hombre siempre extra\u00eda la inspiraci\u00f3n y los elementos para un nuevo adelanto en el<br \/>\ncamino del progreso, de la misma inclinaci\u00f3n, eternamente viva, a la ayuda mutua. Todas las<br \/>\nnuevas doctrinas morales y las nuevas religiones provienen de la misma fuente. De modo que<br \/>\nel progreso moral del g\u00e9nero humano, si lo consideramos desde un punto de vista amplio,<br \/>\nconstituye una extensi\u00f3n gradual de los principios de la ayuda mutua, desde el clan primitivo, a<br \/>\nla naci\u00f3n y a la uni\u00f3n de pueblos, es decir, a las agrupaciones de tribus v hombres, m\u00e1s y m\u00e1s<br \/>\namplia, hasta que por \u00faltimo estos principios abarquen a toda la humanidad sin distinciones de<br \/>\ncreencias, lenguas y razas.<br \/>\nAtravesando el per\u00edodo del r\u00e9gimen tribal y el per\u00edodo siguiente de la comuna aldeana, los<br \/>\neuropeos, como hemos visto, elaboraron en la Edad Media una nueva forma de organizaci\u00f3n<br \/>\nque ten\u00eda una gran ventaja. Dejaba un amplio margen a la iniciativa personal y, al mismo<br \/>\ntiempo, respond\u00eda en grado considerable a la necesidad de apoyo mutuo del hombre. En las<br \/>\nciudades medievales, fue llamada a la vida la federaci\u00f3n de las comunas aldeanas, cubierta por<br \/>\nuna red de guildas y hermandades, v con ayuda de esta nueva forma de doble uni\u00f3n se<br \/>\nalcanzaron resultados inmensos en el bienestar com\u00fan, en la industria, en el arte. la ciencia y el<br \/>\ncomercio. Hemos considerado estos resultados con bastante detalle en los dos cap\u00edtulos<br \/>\nprecedentes, y hemos tratado de explicar por qu\u00e9, al final, del siglo XV las rep\u00fablicas<br \/>\nmedievales, rodeadas por los feudos hostiles, incapaces de liberar a los campesinos del yugo<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n117<br \/>\nservil y gradualmente corrompidas por las ideas del cesarismo romano, inevitablemente deb\u00edan<br \/>\nser presa de los estados guerreros que nac\u00edan y hab\u00edan sido creados para ofrecer resistencia a<br \/>\nlas invasiones de los mogoles, turcos y \u00e1rabes.<br \/>\nSin embargo, antes que someterse, en los trescientos a\u00f1os siguientes, al poder del estado que<br \/>\nlo absorb\u00eda todo, las masas populares hicieron una tentativa grandiosa de reconstruir la<br \/>\nsociedad, conservando la base anterior de la ayuda y el apoyo mutuos. Ahora es ya bien sabido<br \/>\nque el gran movimiento de los hussitas y de la reforma no fue, de ning\u00fan modo, s\u00f3lo una<br \/>\nrevuelta en contra de los abusos de la Iglesia cat\u00f3lica. Este movimiento expuso tambi\u00e9n su ideal<br \/>\nconstructivo, y ese ideal era la vida en las comunas fraternales libres. Los escritos y discursos<br \/>\nde los predicadores del per\u00edodo primitivo de la reforma, que hab\u00edan hallado el mayor eco en el<br \/>\npueblo, estaban impregnados de las ideas de una hermandad econ\u00f3mica y social de los<br \/>\nhombres. Son conocidos los \u00abdoce puntos\u00bb de los campesinos alemanes, expuestos por ellos en<br \/>\nsu guerra contra los terratenientes y duques, y los art\u00edculos de fe, parecidos a ellos, difundidos<br \/>\nentre los campesinos y artesanos alemanes y suizos, que exig\u00edan no s\u00f3lo el establecimiento del<br \/>\nderecho de cada uno a interpretar la Biblia seg\u00fan su propia raz\u00f3n, sino que inclu\u00edan tambi\u00e9n la<br \/>\nexigencia de la devoluci\u00f3n de las tierras comunales a las comunas aldeanas y la supresi\u00f3n de<br \/>\nla prestaci\u00f3n feudal, y en estas exigencias se alud\u00eda siempre a la fe cristiana \u00abverdadera\u00bb, es<br \/>\ndecir a la fe en la fraternidad humana. Al mismo tiempo, decenas de miles de hombres<br \/>\ningresaron en Moravia en las hermandades comunistas, sacrificando en beneficio de las<br \/>\nhermandades todos sus bienes y creando numerosas y florecientes poblaciones, fundadas en<br \/>\nlos principios del comunismo. Solamente las masacres en masa, durante las cuales perecieron<br \/>\ndecenas de miles de personas, pudieron detener \u00e9ste movimiento popular que se extend\u00eda<br \/>\nampliamente y solamente con ayudas de la espada, del fuego y de la rueda, los estados<br \/>\nj\u00f3venes se aseguraron la primera y decisiva, victoria sobre las masas populares.<br \/>\nDurante los tres siglos siguientes, los Estados que se formaron en toda Europa destru\u00edan<br \/>\nsistem\u00e1ticamente las instituciones en las que hallaba expresi\u00f3n la tendencia de los hombres al<br \/>\napoyo mutuo. Las comunas aldeanas fueron privadas del derecho de sus asambleas<br \/>\ncomunales, de la jurisdicci\u00f3n propia y de la administraci\u00f3n independiente, y las tierras que les<br \/>\npertenec\u00edan fueron sometidas al control de los funcionarios del estado y entregadas a merced<br \/>\nde los caprichos y de la venalidad. Las ciudades fueron despose\u00eddas de su soberan\u00eda, y las<br \/>\nfuentes mismas de su vida interior, la v\u00e9che (la asamblea, el tribunal electo, la administraci\u00f3n<br \/>\nelecta y la soberana de la parroquia y de las guildas, todo esto fue destruido. Los funcionarios<br \/>\ndel estado, tornaron en sus manos todos los eslabones de lo que antes constitu\u00eda un todo<br \/>\norg\u00e1nico.<br \/>\nDebido a esta pol\u00edtica fatal y a las guerras engendradas por ella, pa\u00edses enteros, antes poblados<br \/>\ny ricos, fueron asolados. Ciudades ricas populosas se transformaron en aldehuelas<br \/>\ninsignificantes; hasta los caminos que un\u00edan a las ciudades entre s\u00ed se hicieron intransitables.<br \/>\nLa industria, el arte, la ilustraci\u00f3n, decayeron. La educaci\u00f3n pol\u00edtica, la ciencia y el derecho<br \/>\nfueron sometidos a la idea de la centralizaci\u00f3n estatal. En las universidades, y desde las<br \/>\nc\u00e1tedras eclesi\u00e1sticas se empez\u00f3 a ense\u00f1ar que las instituciones en que los hombres<br \/>\nacostumbraban a encarnar hasta entonces su necesidad de ayuda mutua no pueden ser<br \/>\ntoleradas en un estado debidamente organizado; que s\u00f3lo el estado y la iglesia pueden<br \/>\nconstituir los lazos de uni\u00f3n entre sus s\u00fabditos; que el federalismo y el \u00abparticularismo\u00bb es decir,<br \/>\nel cuidado de los intereses locales de una regi\u00f3n o de una ciudad eran enemigos del progreso.<br \/>\nEl estado es el \u00fanico impulsor apropiado de todo desarrollo ulterior.<br \/>\nAl final del siglo XVIII., los reyes del continente europeo, el Parlamento, en Inglaterra, y hasta la<br \/>\nconvenci\u00f3n revolucionaria en Francia, aunque se hallaban en guerra, entre s\u00ed, coincid\u00edan, en la<br \/>\nafirmaci\u00f3n de que dentro del Estado no deb\u00eda haber ninguna clase de uniones separadas entre<br \/>\nlos ciudadanos, aparte de las establecidas por, el estado y sometidas a \u00e9l; que para los<br \/>\ntrabajadores que se atrev\u00edan a ingresar a una \u00abcoalici\u00f3n\u00bb, es decir, en uniones para la defensa<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n118<br \/>\nde sus derechos, el \u00fanico castigo conveniente era el trabajo forzado y la muerte. \u00abNo<br \/>\ntoleraremos un estado en el estado\u00bb. \u00danicamente el estado y la Iglesia del, estado deb\u00edan<br \/>\nocuparse de los intereses generales de los s\u00fabditos, los mismos s\u00fabditos deb\u00edan ser grupos de<br \/>\nhombres poco vinculados entre s\u00ed, no unidos por clase alguna de lazos especiales y obligados a<br \/>\nrecurrir al estado cada vez que ten\u00edan una necesidad com\u00fan. Hasta la mitad del siglo XIX esta<br \/>\nteor\u00eda. y su pr\u00e1ctica correspondiente dominaban en, Europa.<br \/>\nHasta las sociedades comerciales e industriales eran miradas con desconfianza por todos los<br \/>\nestados. En cuanto a los trabajadores, recordamos a\u00fan que sus uniones eran consideradas<br \/>\nilegales hasta en Inglaterra. El mismo punto de vista sosten\u00edase no hace mucho m\u00e1s de veinte<br \/>\narios, al final del siglo XIX, en todo el continente, incluso en Francia; a pesar de las revoluciones<br \/>\nque vivi\u00f3, los mismos revolucionarios eran tan feroces partidarios del estado como los<br \/>\nfuncionarios del rey y del emperador. Todo el sistema de nuestra educaci\u00f3n estatal, hasta la<br \/>\n\u00e9poca presente, aun en Inglaterra, era tal que una parte importante de la sociedad consideraba<br \/>\ncomo una medida revolucionaria que el pueblo recibiese los derechos de que gozaban todos &#8211;<br \/>\nlibres y siervos- en la Edad Media, quinientos a\u00f1os Antes, en la asamblea aldeana, en su<br \/>\nguilda, en su parroquia y en la ciudad.<br \/>\nLa absorci\u00f3n por el estado de todas las funciones sociales, fatalmente favoreci\u00f3 el desarrollo<br \/>\ndel individualismo estrecho, desenfrenado. A medida que los deberes del ciudadano hacia el<br \/>\nestado se multiplicaban, los ciudadanos evidentemente se liberaban de los deberes hacia los<br \/>\notros. En la guilda -en la Edad Media todos pertenec\u00edan a alguna guilda o cofrad\u00eda-, dos<br \/>\n\u00abhermanos\u00bb deb\u00edan cuidar por turno al hermano enfermo; ahora basta con dar al compa\u00f1ero de<br \/>\ntrabajo la del hospital, para pobres, m\u00e1s pr\u00f3ximo. En la sociedad \u00abb\u00e1rbara\u00bb presenciar una<br \/>\npelea entre dos personas por cuestiones personales y no preocuparse de que no tuviera<br \/>\nconsecuencias fatales significar\u00eda atraer sobre s\u00ed la acusaci\u00f3n de homicidio, pero, de acuerdo<br \/>\ncon las teor\u00edas m\u00e1s recientes del estado que todo lo vigila, el que presencia una pelea no tiene<br \/>\nnecesidad de intervenir, pues para eso est\u00e1 la polic\u00eda. Cuando entre los salvajes -por ejemplo,<br \/>\nentre los hotentotes-, se considerarla inconveniente ponerse a comer sin haber hecho a gritos<br \/>\ntres veces una invitaci\u00f3n Al que deseara unirse al fest\u00edn, entre nosotros el ciudadano respetable<br \/>\nse limita a pagar un impuesto para los pobres, dejando a los hambrientos arregl\u00e1rselas como<br \/>\npuedan.<br \/>\nEl resultado obtenido fue que por doquier -en la vida, la ley, la ciencia, la religi\u00f3n- triunfa ahora<br \/>\nla afirmaci\u00f3n de que cada uno puede y debe procurarse su propia felicidad, sin prestar atenci\u00f3n<br \/>\nalguna a las necesidades ajenas. Esto se transform\u00f3 en la religi\u00f3n de nuestros tiempos, y los<br \/>\nhombres que dudan de ella son considerados utopistas peligrosos. La ciencia proclama en alta<br \/>\nvoz que la lucha de cada uno contra todos constituye el principio dominante de la naturaleza en<br \/>\ngeneral, y de las sociedades humanas en particular. Justamente a esta guerra la biolog\u00eda actual<br \/>\natribuye el desarrollo progresivo del mundo animal. La historia juzga del mismo modo; y los<br \/>\neconomistas, en su ignorancia ingenua, consideran que el \u00e9xito de la industria y de la mec\u00e1nica<br \/>\ncontempor\u00e1nea son los resultados \u00abasombrosos\u00bb de la influencia del mismo principio. La religi\u00f3n<br \/>\nmisma de la Iglesia es la religi\u00f3n del individualismo, ligeramente suavizada por las relaciones<br \/>\nm\u00e1s o menos caritativas hacia el pr\u00f3jimo, con preferencia los domingos. Los hombres<br \/>\n\u00abpr\u00e1cticos\u00bb y los te\u00f3ricos, hombres de ciencia y predicadores religiosos, legistas y pol\u00edticos,<br \/>\nest\u00e1n todos de acuerdo en que el individualismo, es decir, la afirmaci\u00f3n de la propia<br \/>\npersonalidad en sus manifestaciones groseras, naturalmente, pueden ser suavizadas con la<br \/>\nbeneficencia, y que ese individualismo es la \u00fanica base segura para el mantenimiento de la<br \/>\nsociedad y su progreso ulterior.<br \/>\nParecer\u00eda, por esto, algo desesperado buscar instituciones de ayuda mutua en la sociedad<br \/>\nmoderna, y en general las manifestaciones pr\u00e1cticas de este principio. \u00bfQu\u00e9 pod\u00eda restar de<br \/>\nellas? Y adem\u00e1s, en cuanto empezamos a examinar c\u00f3mo viven millones de seres humanos y<br \/>\nestudiamos sus relaciones cotidianas, nos asombra, ante todo, el papel enorme que<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n119<br \/>\ndesempe\u00f1an en la vida humana, a\u00fan en la \u00e9poca actual, los principios de ayuda y apoyo mutuo.<br \/>\nA pesar de que hace ya trescientos o cuatrocientos a\u00f1os que, tanto en la teor\u00eda, como en la vida<br \/>\nmisma se produce una destrucci\u00f3n de las instituciones y de los h\u00e1bitos de ayuda mutua, sin<br \/>\nembargo, centenares de millones de hombres contin\u00faan viviendo con ayuda de estas<br \/>\ninstituciones y h\u00e1bitos; y religiosamente las apoyan all\u00ed donde pudieron ser conservadas y tratan<br \/>\nde reconstruirlas donde han sido destruidas. Cada uno de nosotros, en nuestras relaciones<br \/>\nmutuas, pasamos minutos en los que nos indignamos contra el credo estrechamente<br \/>\nindividualista, de moda en nuestros d\u00edas; sin embargo los actos en cuya realizaci\u00f3n los hombres<br \/>\nson guiados por su inclinaci\u00f3n a la ayuda mutua constituyen una parte tan enorme de nuestra<br \/>\nvida cotidiana que, si fuera posible ponerles t\u00e9rmino repentinamente, se interrumpir\u00eda de<br \/>\ninmediato todo el progreso moral ulterior de la humanidad. La sociedad humana, sin la ayuda<br \/>\nmutua, no podr\u00eda ser mantenida m\u00e1s all\u00e1 de la vida de una generaci\u00f3n.<br \/>\nLos hechos de tal g\u00e9nero, a los que no se presta atenci\u00f3n, que son muy numerosos y que<br \/>\ndescriben la vida de las sociedades, tienen un sentido de primer orden para la vida y la<br \/>\nelevaci\u00f3n ulterior de la humanidad. Tambi\u00e9n los examinaremos ahora, comenzando por las<br \/>\ninstituciones existentes de apoyo mutuo y pasando luego a los actos de ayuda mutua que<br \/>\ntienen origen en las simpat\u00edas personales o sociales.<br \/>\nEchando una mirada amplia a la constituci\u00f3n contempor\u00e1nea de la sociedad europea nos<br \/>\nasombra, en primer lugar, el hecho de que, a pesar de todos los esfuerzos para terminar con la<br \/>\ncomuna aldeana, est\u00e1 forma de uni\u00f3n de los hombres contin\u00faa existiendo en grandes<br \/>\nproporciones, como se ver\u00e1 a continuaci\u00f3n, y que en el presente se hacen tentativas ya sea<br \/>\npara reconstituirla en una u otra forma, ya sea para hallar algo en su reemplazo. Las teor\u00edas<br \/>\ncorrientes de los economistas burgueses y de algunos socialistas afirman que la comuna ha<br \/>\nmuerto en la Europa occidental de muerte natural, puesto que se encontr\u00f3 que la posesi\u00f3n<br \/>\ncomunal de la tierra era incompatible con las exigencias contempor\u00e1neas del cultivo de la tierra.<br \/>\nPero la verdad es que en ninguna parte desapareci\u00f3 la comuna aldeana por propia voluntad, al<br \/>\ncontrario, en todas partes las clases dirigentes necesitaron varios siglos de medidas estatales<br \/>\npersistentes para desarraigar la comuna y confiscar las tierras comunales. Un ejemplo de tales<br \/>\nmedidas y de los m\u00e9todos para ponerla en pr\u00e1ctica nos lo ha dado recientemente el gobierno<br \/>\nzarista en el celo del ministro Stolypin.<br \/>\nEn Francia, la destrucci\u00f3n de la independencia de las comunas aldeanas y el despojo de las<br \/>\ntierras que les pertenec\u00edan empez\u00f3 ya en el siglo XVI. Adem\u00e1s, s\u00f3lo en el siglo siguiente,<br \/>\ncuando la masa campesina fue reducida a la completa esclavitud y a la miseria por las<br \/>\nrequisiciones y las guerras tan brillantemente descritas por todos los historiadores, el despojo<br \/>\nde las tierras comunales pudo realizarse impunemente y entonces alcanz\u00f3 proporciones<br \/>\nescandalosas \u00abCada uno les tomaba cuanto pod\u00eda&#8230; las divid\u00edan&#8230; para despojar a las comunas,<br \/>\nse serv\u00edan de deudas simuladas\u00bb. As\u00ed s\u00e9 expresaba el edicto promulgado por Luis XIV, en el<br \/>\na\u00f1o 1667. Y como era de esperar, el estado no hall\u00f3 otro medio de curar \u00e9stos males que una<br \/>\nmayor sumisi\u00f3n de las comunas a su autoridad y un despojo mayor, esta vez hecho por el<br \/>\nEstado mismo. En realidad, dos a\u00f1os despu\u00e9s todos los ingresos monetarios de las comunas<br \/>\nfueron confiscados por el rey. En cuanto a la usurpaci\u00f3n de las tierras comunales, se extendi\u00f3<br \/>\nm\u00e1s y m\u00e1s, y en el siglo siguiente la nobleza y el clero eran ya due\u00f1os de enormes extensiones<br \/>\nde tierra: Seg\u00fan algunas apreciaciones, pose\u00edan la mitad de la superficie apta para el cultivo, y<br \/>\nla mayor\u00eda de esas tierras permanec\u00eda inculta. Pero los campesinos todav\u00eda conservaban sus<br \/>\ninstituciones comunales y hasta el a\u00f1o 1787 la asamblea comunal campesina, compuesta por<br \/>\ntodos los jefes de familia, se reun\u00eda, generalmente a la sombra de un campanario o de un \u00e1rbol,<br \/>\npara distribuir las porciones de tierra o partir los campos que quedaban en su posesi\u00f3n, para<br \/>\nfijar los impuestos y elegir la administraci\u00f3n comunal, exactamente lo mismo que el mir ruso<br \/>\nhoy. Esto ha sido demostrado ahora plenamente por Babeau.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n120<br \/>\nEl gobierno franc\u00e9s encontr\u00f3, sin embargo, que las asambleas populares comunales eran<br \/>\n\u00abdemasiado ruidosas\u00bb, es decir, demasiado desobedientes, y en- el a\u00f1o 1787 fueron sustituidas<br \/>\npor consejos electivos, compuestos por un alcalde y de tres o seis s\u00edndicos que eran elegidos<br \/>\nentre los campesinos m\u00e1s acomodados. Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, la Asamblea Constituyente<br \/>\n\u00abrevolucionaria\u00bb, que en este sentido concordaba plenamente con la vieja organizaci\u00f3n, ratific\u00f3<br \/>\n(el 14 de diciembre de 1789) la ley citada, y la burgues\u00eda aldeana se dedic\u00f3 ahora, a su vez, al<br \/>\ndespojo de las tierras campesinas, que se prolong\u00f3 durante todo el per\u00edodo revolucionario. El<br \/>\n16 de agosto del a\u00f1o 1792, la Asamblea Legislativa, bajo la presi\u00f3n de las insurrecciones<br \/>\ncampesinas y del \u00e1nimo alterado del pueblo de Par\u00eds, despu\u00e9s de haber \u00e9ste ocupado el<br \/>\npalacio real, decidi\u00f3 devolver a las comunas las tierras que les hab\u00edan quitado; pero, al mismo<br \/>\ntiempo, dispuso que de estas tierras, las de laboreo fueran distribuidas solamente entre los<br \/>\n\u00abciudadanos\u00bb, es decir, entre los campesinos m\u00e1s acomodados. Esta medida, naturalmente,<br \/>\nprovoc\u00f3 nuevas insurrecciones, y fue derogada al a\u00f1o siguiente cuando, despu\u00e9s de la<br \/>\nexpulsi\u00f3n de los girondinos de la Convenci\u00f3n, los jacobinos dispusieron, el 11 de junio de 1793,<br \/>\nque todas las tierras comunales quitadas a los campesinos por los terratenientes y otros, a<br \/>\npartir del a\u00f1o 1669, fueran devueltas a las comunas que pod\u00edan -si lo decid\u00eda una mayor\u00eda de<br \/>\ndos tercios de votos- repartir las tierras comunales, pero, en tal caso, en partes iguales entre<br \/>\ntodos los habitantes, tanto ricos como pobres, tanto \u00abactivos\u00bb como \u00abinactivos\u00bb.<br \/>\nSin embargo, las leyes sobre la repartici\u00f3n de las tierras comunales eran contrarias de tal modo<br \/>\na las concepciones de los campesinos, que estos \u00faltimos no las cumpl\u00edan, y en todas partes<br \/>\ndonde los campesinos volv\u00edan a poseer, aunque no fuera m\u00e1s que una parte de las tierras,<br \/>\ncomunales que les hab\u00edan usurpado, las pose\u00edan en com\u00fan, dej\u00e1ndolas sin dividir. Pero pronto<br \/>\nsobrevinieron los largos a\u00f1os de guerras y la reacci\u00f3n, y las tierras comunales fueron<br \/>\nllanamente confiscadas por el estado (en el a\u00f1o 1794) para asegurar los pr\u00e9stamos estatales;<br \/>\nuna parte fue destinada a la venta, y al final de cuentas, usurpada; luego fueron devueltas las<br \/>\ntierras nuevamente a las comunas, y otra vez confiscadas (en el a\u00f1o 1813), y recientemente en<br \/>\nel a\u00f1o 1816, los restos de estas tierras, constituidos por alrededor de 6.000.000 de deciatinas<br \/>\nde la tierra menos productiva, fueron devueltas a las comunas aldeanas. Todo, r\u00e9gimen nuevo<br \/>\nve\u00eda en las tierras comunales una fuente accesible para recompensar a sus partidarios, y tres<br \/>\nleyes (la primera en 1837, y la \u00faltima bajo Napole\u00f3n III) fueron promulgadas con el fin de incitar<br \/>\na las comunas aldeanas a realizar la repartici\u00f3n de las tierras comunales. Pero tampoco \u00e9ste<br \/>\nfue, todav\u00eda, el fin de las penurias comunales. Hubo que derogar tres veces estas leyes, debido<br \/>\na la resistencia que encontraron en las aldeas, pero cada vez, el gobierno consigui\u00f3 usurpar<br \/>\nalgo de las posesiones comunales; as\u00ed Napole\u00f3n III, con el pretexto de proteger, con un m\u00e9todo<br \/>\nperfeccionado, la agricultura, entreg\u00f3 grandes posesiones comunales a algunos de sus<br \/>\nfavoritos.<br \/>\nHe aqu\u00ed la serie de violencias con que los adoradores del centralismo luchaban contra la<br \/>\ncomuna. Y a esto llaman los economistas \u00abmuerte natural de la agricultura comunal, en virtud<br \/>\nde las leyes econ\u00f3micas\u00bb<br \/>\nEn cuanto a la administraci\u00f3n propia de las comunas aldeanas, \u00bfqu\u00e9 pod\u00eda quedar de ella<br \/>\ndespu\u00e9s de tantos golpes? El gobierno consideraba al alcalde y a los s\u00edndicos Como<br \/>\nfuncionarios gratuitos, que cumpl\u00edan determinadas funciones de la m\u00e1quina estatal. Aun ahora,<br \/>\nbajo la tercera rep\u00fablica, la aldea est\u00e1 privada de toda independencia, y dentro de la comuna no<br \/>\npuede ser realizado el m\u00e1s m\u00ednimo acto sin la intervenci\u00f3n y aprobaci\u00f3n de casi todo el<br \/>\ncomplejo mecanismo estatal, incluyendo los prefectos y los ministros. Resulta dif\u00edcil creerlo, y<br \/>\nsin embargo tal es la realidad. Si, por ejemplo, un campesino tiene intenci\u00f3n de pagar con un<br \/>\ndep\u00f3sito en dinero su parte de trabajo en la reparaci\u00f3n de un camino comunal (en lugar de<br \/>\nponer \u00e9l mismo la cantidad necesaria de pedregullo), no menos de doce funcionarios del<br \/>\nEstado, de diferentes rangos, deben dar su conformidad y para ello se necesitan 52<br \/>\ndocumentos, que deben intercambiar los funcionarios, antes de que se permita al campesino<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n121<br \/>\nhacer su pago en dinero al consejo comunal. Lo mismo si una tormenta arroja un \u00e1rbol en el<br \/>\ncamino; y todo el resto tiene igual car\u00e1cter.<br \/>\nLo que ocurri\u00f3 en Francia sucedi\u00f3 en toda Europa occidental y central. Aun los a\u00f1os principales<br \/>\ndel colosal saqueo de las tierras comunales coinciden en todas partes. En Inglaterra, la \u00fanica<br \/>\ndiferencia reside en que el pillaje se efectu\u00f3 por medio de actos aislados y no por medio de una<br \/>\nley general, en una palabra, se produjo con menor precipitaci\u00f3n que en Francia pero, sin<br \/>\nembargo, con mayor solidez. La usurpaci\u00f3n de las tierras comunales por los terratenientes<br \/>\n(landlords) empez\u00f3 en el siglo XV, despu\u00e9s de la sofocaci\u00f3n de la insurrecci\u00f3n campesina en el<br \/>\na\u00f1o 1380, como se desprende de la Historia de Rossus y del estatuto de Enrique VII, en los<br \/>\ncuales se habla de estas usurpaciones bajo el t\u00edtulo de \u00abAbominaciones y fechar\u00edas que<br \/>\nperjudican al bien p\u00fablico\u00bb. M\u00e1s tarde, bajo Enrique VIII, se inici\u00f3, como es sabido, una<br \/>\ninvestigaci\u00f3n especial (Great Inquest), cuyo objeto era hacer cesar la usurpaci\u00f3n de las tierras<br \/>\ncomunales: pero esta investigaci\u00f3n termin\u00f3 con la ratificaci\u00f3n de las dilapidaciones, en las<br \/>\nproporciones en que ya se hab\u00edan llevado a cabo.<br \/>\nLa dilapidaci\u00f3n de las tierras comunales se prolong\u00f3 y se continu\u00f3 expulsando a los<br \/>\ncampesinos de las tierras. Pero solamente desde mediados del siglo XVIII, en Inglaterra como<br \/>\npor doquier en los, otros pa\u00edses, se instituy\u00f3 una pol\u00edtica sistem\u00e1tica, con miras a destruir la<br \/>\nposesi\u00f3n comunal; de modo que no es menester asombrarse de que la posesi\u00f3n comunal haya<br \/>\ndesaparecido, sino de que haya podido conservarse hasta en Inglaterra y \u00abpredominar a\u00fan en el<br \/>\nrecuerdo de los abuelos de nuestra generaci\u00f3n\u00bb. El verdadero objeto de las actas de<br \/>\ncercamiento (Enclosure Acts), como fue demostrado por Seebohm, era la eliminaci\u00f3n de la<br \/>\nposesi\u00f3n, comunal&#8217; y fue eliminada tan por completo cuando el Parlamento promulg\u00f3, entre<br \/>\n1760 y 1844, casi 4.000 actas de cercamiento, que de ella quedan ahora s\u00f3lo d\u00e9biles huellas.<br \/>\nLos lores se apoderaron de las tierras de las comunas aldeanas y cada caso de despojo fue<br \/>\nratificado por el Parlamento.<br \/>\nEn Alemania, Austria y B\u00e9lgica, la comuna aldeana fue destruida por el estado de modo<br \/>\nexactamente igual. Fueron raros los casos en que los comuneros mismos dividieran entre s\u00ed las<br \/>\ntierras comunales, a pesar de que en todas partes el estado obligaba a tal repartici\u00f3n o,<br \/>\nsimplemente, favorec\u00eda el despojo de sus tierras por particulares, El \u00faltimo golpe a la posesi\u00f3n<br \/>\ncomunal en el norte de Europa fue asestado tambi\u00e9n a mediados del siglo XVIII. En Austria, el<br \/>\ngobierno tuvo qu\u00e9 poner en acci\u00f3n la fuerza bruta, en el a\u00f1o 1768, para obligar a las comunas a<br \/>\nrealizar la divisi\u00f3n de las tierras, y dos a\u00f1os despu\u00e9s se design\u00f3, para este objeto, una comisi\u00f3n<br \/>\nespecial. En Prusia, Federico II, en varias de sus ordenanzas (en 1752, 1763, 1765 y 1769)<br \/>\nrecomend\u00f3 a las C\u00e1maras judiciales (Justizcollegien) efectuar la divisi\u00f3n por medio de la<br \/>\nviolencia. En un distrito de Polonia, Silesia, con el mismo objeto, fue publicada, en 1771, una<br \/>\nresoluci\u00f3n especial. Lo mismo sucedi\u00f3 tambi\u00e9n en B\u00e9lgica, pero, como las comunas<br \/>\ndemostraron desobediencia, entonces, en el a\u00f1o 1847, fue emitida una ley que daba al<br \/>\ngobierno el derecho de comprar los prados comunales y venderlos en parcelas y realizar una<br \/>\nventa obligatoria de las tierras comunales si hubiese compradores.<br \/>\nPara abreviar, lo que se dice acerca de la muerte natural de las comunas aldeanas, en virtud de<br \/>\nlas leyes econ\u00f3micas, constituye una broma tan pesada como si habl\u00e1ramos de la muerte<br \/>\nnatural de los soldados ca\u00eddos en el campo de batalla. El lado positivo de la cuesti\u00f3n es este:<br \/>\nlas comunas aldeanas vivieron m\u00e1s de mil a\u00f1os, y en los casos en que los campesinos no<br \/>\nfueron arruinados por las guerras y las requisiciones, gradualmente mejoraron los m\u00e9todos de<br \/>\ncultivo; pero, como el valor de la tierra aumentaba debido al crecimiento de la industria, y la<br \/>\nnobleza, bajo la organizaci\u00f3n estatal, alcanz\u00f3 una autoridad como nunca tuvo en el sistema<br \/>\nfeudal, se apoder\u00f3 de la mejor parte de las tierras comunales y aplic\u00f3 todos sus esfuerzos en<br \/>\ndestruir las instituciones comunales.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n122<br \/>\nSin embargo, las instituciones de la comuna aldeana responden tan bien a las necesidades y<br \/>\nconcepciones de los que cultivan la tierra, que a pesar de todo, Europa hasta en la \u00e9poca<br \/>\npresente est\u00e1 a\u00fan cubierta de supervivencias vivas de las comunas aldeanas, y en la vida<br \/>\naldeana abundan a\u00fan hoy h\u00e1bitos y costumbres cuyo origen se remonta al per\u00edodo comunal. En<br \/>\nInglaterra misma, a pesar de todas las medidas, draconianas adoptadas para destruir el viejo<br \/>\norden de cosas, existi\u00f3 hasta principios del siglo XIX. Gomme, uno de los pocos sabios ingleses<br \/>\nque ha llamado la atenci\u00f3n sobre esta materia, se\u00f1ala en su obra que en Escocia se han<br \/>\nconservado muchas huellas de la posesi\u00f3n comunal de las tierras, y la \u00abrunrigtenancy\u00bb; es decir,<br \/>\nla posesi\u00f3n por los granjeros de parcelas en muchos campos (derechos del comunero<br \/>\ntraspasados al granjero), se mantuvo en Forfarshire hasta el a\u00f1o 1813; y en algunas aldeas de<br \/>\nInvernes, hasta el a\u00f1o 1801, era costumbre arar la tierra para toda la comuna, sin trazar l\u00edmites,<br \/>\ndistribuy\u00e9ndola despu\u00e9s de la labor. En Kilmoriel la participaci\u00f3n y repartici\u00f3n de los campos<br \/>\nestuvo en pleno vigor \u00abhasta los \u00faltimos veinticinco a\u00f1os\u00bb, dec\u00eda Gomme, y la Comisi\u00f3n Crofter<br \/>\ndel a\u00f1o ochenta hall\u00f3 que esta costumbre se conservaba todav\u00eda en algunas islas\u00bb. En Irlanda,<br \/>\neste mismo sistema predomin\u00f3 hasta la \u00e9poca del hambre terrible del a\u00f1o 1848. En cuanto a<br \/>\nInglaterra, las obras de Marshall, que pasaron inadvertidas mientras Nasse y Mine no llamaron<br \/>\nla atenci\u00f3n sobre ellas, no dejan la menor duda de que el sistema de la comuna aldeana<br \/>\ngozaba de amplia difusi\u00f3n en casi todas las regiones de Inglaterra, a\u00fan en los comienzos del<br \/>\nsiglo XIX.<br \/>\nEn el a\u00f1o 1870, sir Henry Maine fue \u00absorprendido extraordinariamente por la cantidad de casos<br \/>\nde t\u00edtulos de propiedad anormales, los que de modo necesario suponen una existencia primitiva<br \/>\nde la posesi\u00f3n colectiva y del cultivo conjunto de la tierra\u00bb, y estos casos llamaron su atenci\u00f3n<br \/>\ndespu\u00e9s de un estudio comparativamente breve. Y como la posesi\u00f3n comunal se conserv\u00f3 en<br \/>\nInglaterra hasta una \u00e9poca tan reciente, es indudable que en las aldeas inglesas se hubiera<br \/>\npodido hallar gran n\u00famero de h\u00e1bitos y costumbres de ayuda mutua, con s\u00f3lo que los escritores<br \/>\ningleses hubieran prestado mayor atenci\u00f3n a la vida aldeana real.<br \/>\nPor \u00faltimo, tales rastros fueron se\u00f1alados, no hace mucho, en un art\u00edculo del Journal of the<br \/>\nStatistical Society, vol. IX, junio 1897, y en un excelente art\u00edculo de la nueva edici\u00f3n, und\u00e9cima,<br \/>\nde la Enciclopedia Brit\u00e1nica. Por este art\u00edculo nos enteramos de que, vali\u00e9ndose del<br \/>\n\u00abcercamiento\u00bb de los campos comunales y dehesas, los supuestos due\u00f1os y los herederos de<br \/>\nlos derechos feudales quitaron a las comunas 1.016.700 deciatinas desde el a\u00f1o 1709 hasta<br \/>\n1797, con preferencia campos cultivables; 484.490 deciatinas desde 1801 hasta 1842, y<br \/>\n228.910 deciatinas desde 1845 hasta 1869; adem\u00e1s, 37.040 deciatinas de bosques; en total<br \/>\n1.767.140 deciatinas, es decir, m\u00e1s de la octava parte de toda la superficie de Inglaterra,<br \/>\nincluido Gales (13.789.000 deciatinas), fue quitada al pueblo.<br \/>\nY a pesar de esto, la posesi\u00f3n comunal de la tierra se ha conservado hasta ahora en algunos<br \/>\nlugares de Inglaterra y Escocia, como lo demostr\u00f3 en el a\u00f1o 1907 el doctor Gilbert Slater en su<br \/>\nobra detallada The English Peasantry and the Enclosure of Common Fields, donde est\u00e1n los<br \/>\nplanos de algunas de dichas comunas -que recuerdan plenamente los planos del libro de P. P.<br \/>\nSemionof- y se describe su vida as\u00ed: sistema de tres o cuatro amelgas, y los comuneros deciden<br \/>\ntodos los a\u00f1os en la asamblea con qu\u00e9 sembrar la tierra en barbecho y se conservan las<br \/>\n\u00abfranjas\u00bb lo mismo que en la comuna rusa. El autor del art\u00edculo de la Enciclopedia Brit\u00e1nica<br \/>\nconsidera que hasta ahora quedan bajo posesi\u00f3n comunal, en Inglaterra, de 500.000 a 700.000<br \/>\ndeciatinas de campos, y principalmente dehesas.<br \/>\nEn la parte continental de Europa, numerosas instituciones comunales, que han conservado<br \/>\nhasta ahora su fuerza vital, se encuentran en Francia, Suiza, Alemania. Italia, Pa\u00edses<br \/>\nEscandinavos y en Espa\u00f1a, sin hablar de toda la Europa occidental eslava. Aqu\u00ed la vida<br \/>\naldeana, hasta ahora, est\u00e1 impregnada de h\u00e1bitos y costumbres comunales, y la literatura<br \/>\neuropea casi anualmente se enriquece con trabajos serios consagrados a esta materia, y lo que<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n123<br \/>\ntiene relaci\u00f3n con ella. Por esto, en la elecci\u00f3n de los ejemplos, tengo que limitarme a algunos,<br \/>\nlos m\u00e1s t\u00edpicos.<br \/>\nSuiza nos ofrece uno de estos ejemplos. Existen all\u00ed como rep\u00fablicas: Uri, Schwytz, Appenzell,<br \/>\nGlarus y Unterwalden, que poseen una parte importante de sus tierras sin dividir y son<br \/>\nadministradas todas por la asamblea popular de toda la rep\u00fablica (cant\u00f3n), pero, en todas las<br \/>\notras rep\u00fablicas, las comunas aldeanas tambi\u00e9n gozan de amplia autonom\u00eda y vastas partes del<br \/>\nterritorio federal permanecen hasta ahora en posesi\u00f3n comunal. Dos tercios de todos los prados<br \/>\nalpinos y dos tercios de todos los bosques de Suiza y un n\u00famero importante de campos,<br \/>\nhuertos, vi\u00f1edos, turberas, canteras, hasta ahora siguen siendo de propiedad comunal. En el<br \/>\ncant\u00f3n de Vaud, donde todos los jefes de familia tienen derecho a participar con voto consultivo<br \/>\nen las deliberaciones de los asuntos comunales, el esp\u00edritu comunal se manifiesta con vivacidad<br \/>\nespecial en los consejos elegidos por ellos. Al final del invierno, en algunas aldeas, toda la<br \/>\njuventud masculina se encamina al bosque por algunos d\u00edas, para cortar \u00e1rboles y lanzarlos por<br \/>\nlas pendientes abruptas de las monta\u00f1as (en forma semejante al deslizamiento en trineo desde<br \/>\nlas monta\u00f1as); la madera para construcci\u00f3n y la le\u00f1a se reparte entre todos los jefes de familia<br \/>\no se vende en su beneficio. Estas excursiones son verdaderas fiestas del trabajo viril. Sobre las<br \/>\norillas del lago de Ginebra, una parte del trabajo necesario para conservar en orden las terrazas<br \/>\nde los vi\u00f1edos aun ahora se realiza en com\u00fan; y en primavera, cuando el term\u00f3metro amenaza<br \/>\ndescender a bajo cero antes de la salida del sol y cuando la helada podr\u00eda da\u00f1ar los sarmientos,<br \/>\nel sereno nocturno despierta a todos los jefes de familias, los cuales encienden hogueras de<br \/>\npaja y esti\u00e9rcol y preservan de tal modo a las vides de la helada, envolvi\u00e9ndolas en nubes de<br \/>\nhumo.<br \/>\nEn el Tessino, los bosques son de dominio comunal; se realiza la tala con mucha regularidad,<br \/>\npor secciones, y los ciudadanos de cada comuna reciben, por familia, su porci\u00f3n de<br \/>\nrendimiento. Luego, casi en todos los cantones las comunas aldeanas poseen las llamadas<br \/>\nB\u00fcrgern\u00fatzen, es decir, mantienen en com\u00fan una determinada cantidad de vacas para proveer<br \/>\nde manteca a todas las familias; o bien cuidan en com\u00fan los campos o vi\u00f1edos, cuyos<br \/>\nproductos se reparten entre los comuneros, o bien, por \u00faltimo, arriendan su tierra, en cuyo caso<br \/>\nel ingreso se destina al beneficio de toda la comuna.<br \/>\nEn general, puede tomarse como regla que all\u00ed donde las comunas han retenido una esfera de<br \/>\nderechos lo suficientemente amplia como para ser partes vivas del organismo nacional, y donde<br \/>\nno han sido reducidas a la miseria completa, los comuneros no dejan de cuidar sus tierras con<br \/>\natenci\u00f3n. Debido a esto, las propiedades comunales de Suiza presentan un contraste<br \/>\nasombroso, en comparaci\u00f3n con la situaci\u00f3n lamentable de las tierras \u00abcomunales\u00bb de<br \/>\nInglaterra. Los bosques comunales del cant\u00f3n de Vaud y de Valais se conservan en excelente<br \/>\norden, seg\u00fan las reglas de la moderna silvicultura. En otros lugares, \u00ablas peque\u00f1as franjas\u00bb de<br \/>\nlos campos comunales, que cambian de due\u00f1os bajo el sistema de reparticiones, est\u00e1n muy<br \/>\nbien abonados, puesto que no hay escasez de ganado ni de prados. Los elevados prados<br \/>\nalpinos, en general, se conservan bien, y los caminos de las aldeas son excelentes. Y cuando<br \/>\nadmiramos el chalet suizo, es decir, la caba\u00f1a, los caminos monta\u00f1eses, el ganado campesino,<br \/>\nlas terrazas de los vi\u00f1edos y las casas de escuela en Suiza, debemos recordar que la madera<br \/>\npara la construcci\u00f3n del chalet, en su mayor parte, proviene de los bosques comunales, y los<br \/>\ncaminos y las casas escolares son resultado del trabajo comunal. Naturalmente, en Suiza,<br \/>\ncomo en todas partes, la comuna perdi\u00f3 muchos de sus derechos y funciones, y la<br \/>\n\u00abcorporaci\u00f3n\u00bb, compuesta por un peque\u00f1o n\u00famero de viejas familias, ocup\u00f3 el lugar de la<br \/>\ncomuna aldeana anterior, a la que pertenec\u00edan todos. Pero lo que se conserv\u00f3, mantuvo, seg\u00fan<br \/>\nla opini\u00f3n de investigadores serios, su plena vitalidad.<br \/>\nApenas es necesario decir que en las aldeas suizas se conservan, hasta ahora, muchos h\u00e1bitos<br \/>\ny costumbres de ayuda mutua. Las veladas para descascarar nueces, que se realizan por turno<br \/>\nen cada hogar; las reuniones al atardecer para coser el ajuar en casa de la doncella que se va a<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n124<br \/>\ncasar; las invitaciones a la \u00abayuda\u00bb cuando se construyen casas y para la recolecci\u00f3n de la<br \/>\ncosecha, y de igual manera para todos los trabajos posibles que pudieran ser necesarios a cada<br \/>\nuno de los comuneros; la costumbre de intercambiar los ni\u00f1os de un cant\u00f3n a otro con el fin de<br \/>\nense\u00f1arles dos idiomas distintos, franc\u00e9s y alem\u00e1n, etc., todo esto es un fen\u00f3meno<br \/>\ncompletamente corriente.<br \/>\nEs curioso observar que tambi\u00e9n diferentes necesidades modernas se satisfacen de este<br \/>\nmismo modo. As\u00ed, por ejemplo, en Glarus, la mayor\u00eda de los prados alpinos fueron vendidos en<br \/>\n\u00e9poca de calamidades, pero las comunas contin\u00faan a\u00fan comprando campos llanos, y as\u00ed,<br \/>\ndespu\u00e9s que las parcelas recompradas han permanecido en poder de diferentes comuneros<br \/>\ndurante diez, veinte o treinta a\u00f1os, vuelven al cuerpo de las tierras comunales, que se<br \/>\ndistribuyen seg\u00fan las necesidades de todos los miembros. Existen tambi\u00e9n grandes cantidades<br \/>\nde peque\u00f1as uniones que se dedican a la producci\u00f3n de art\u00edculos alimenticios necesarios -pan,<br \/>\nqueso, vino- por medio del trabajo com\u00fan, a pesar de que esta producci\u00f3n no ha alcanzado<br \/>\ngrandes proporciones; y finalmente, gozan de gran difusi\u00f3n en Suiza las cooperativas rurales.<br \/>\nLas asociaciones de diez a treinta campesinos que compran y siembran en com\u00fan prados y<br \/>\ncampos constituyen un fen\u00f3meno corriente; y las asociaciones para la venta de leche y queso<br \/>\nest\u00e1n organizadas en todo el pa\u00eds. En suma, Suiza fue la cuna de esta forma de cooperaci\u00f3n.<br \/>\nAdem\u00e1s, all\u00ed se presenta un amplio campo para el estudio de toda clase de sociedades<br \/>\npeque\u00f1as y grandes, fundadas para la satisfacci\u00f3n de todas las posibles necesidades<br \/>\nmodernas. As\u00ed, por ejemplo, casi en todas las aldeas de algunas partes de Suiza se puede<br \/>\nhallar toda una serie de sociedades: de protecci\u00f3n contra incendios, de aprovisionamiento del<br \/>\nagua, de paseos en botes, de conservaci\u00f3n de los muelles del lago, etc.; adem\u00e1s, todo el pa\u00eds<br \/>\nest\u00e1 sembrado de sociedades de arqueros, tiradores, top\u00f3grafos, exploradores y de otras<br \/>\nsociedades semejantes, nacidas de los peligros que significa el militarismo moderno y el<br \/>\nimperialismo.<br \/>\nSin embargo, Suiza no es, de ning\u00fan modo, una excepci\u00f3n en Europa, puesto que instituciones<br \/>\ny h\u00e1bitos semejantes se pueden observar en las aldeas de Francia, Italia, Alemania, Dinamarca,<br \/>\netc\u00e9tera. As\u00ed, en las p\u00e1ginas precedentes hemos hablado de lo que hicieron los gobernantes de<br \/>\nFrancia con el fin de destruir la comuna aldeana y usurparle sus tierras, pero, a pesar de todos<br \/>\nlos esfuerzos del gobierno, una d\u00e9cima parte de todo el territorio apto para el cultivo, es decir,<br \/>\nalrededor de 13.500.000 acres que comprenden la mitad de los prados naturales y casi la quinta<br \/>\nparte de los bosques del pa\u00eds contin\u00faan bajo posesi\u00f3n comunal. Estos bosques proveen a los<br \/>\ncomuneros de combustible, y la madera de construcci\u00f3n, en la mayor\u00eda de los casos, es cortada<br \/>\npor medio del trabajo comunal, con toda la regularidad deseable; el ganado de los comuneros<br \/>\npace libremente en las dehesas comunales, y el remanente de los campos comunales se divide<br \/>\ny reparte en algunos lugares de Francia -como en las Ardenas- de modo corriente.<br \/>\nEstas fuentes suplementarias que ayudan a los campesinos m\u00e1s pobres a sobrellevar los a\u00f1os<br \/>\nde malas cosechas sin vender las parcelas peque\u00f1as de tierra de su pertenencia y sin<br \/>\nenredarse en deudas impagables, sin duda tienen importancia tanto para los trabajadores<br \/>\nagr\u00edcolas como para casi 3.000.000 de modestos campesinos-propietarios. Hasta es dudoso<br \/>\nque la peque\u00f1a propiedad campesina pudiera conservarse sin ayuda de estas fuentes<br \/>\nsuplementarias. Pero la importancia \u00e9tica de la propiedad comunal, por peque\u00f1as que fueran<br \/>\nsus proporciones, sobrepasa en mucho a su importancia econ\u00f3mica. Ayuda a la conservaci\u00f3n,<br \/>\nen la vida aldeana, de un n\u00facleo de h\u00e1bitos y costumbres de ayuda mutua que indudablemente<br \/>\nact\u00faa como contrapeso del individualismo estrecho y de la codicia, que tan f\u00e1cilmente se<br \/>\ndesarrolla entre los peque\u00f1os propietarios de la tierra, y facilita el desenvolvimiento de las<br \/>\nformas modernas de cooperaci\u00f3n y sociabilidad. La ayuda mutua, en todas las circunstancias<br \/>\nde la vida aldeana, entra en la rutina habitual de la aldea. Por todas partes encontramos, bajo<br \/>\nnombres distintos, el \u00abcharroi\u00bb, es decir, ayuda libre prestada por los vecinos para levantar la<br \/>\ncosecha, para la recolecci\u00f3n de uva, para la construcci\u00f3n de una casa, etc\u00e9tera; por todas<br \/>\npartes encontramos las mismas reuniones vespertinas que en Suiza. En todas partes los<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n125<br \/>\ncomuneros se asocian para efectuar todos los trabajos posibles que ellos por s\u00ed solos no<br \/>\npodr\u00edan realizar. Casi todos los que han escrito sobre la vida aldeana francesa han mencionado<br \/>\nesta costumbre. Pero quiz\u00e1 lo mejor de todo ser\u00eda citar aqu\u00ed algunos fragmentos de cartas que<br \/>\nrecib\u00ed de un amigo, al que rogu\u00e9 comunicarme sus observaciones sobre esta materia. Estas<br \/>\ninformaciones se deben a un hombre de edad, que ha sido durante mucho tiempo alcalde de su<br \/>\ncomuna natal en el Sur de Francia (en el departamento de Ari\u00e9ge); los hechos qu\u00e9 ha<br \/>\ncomunicado le eran conocidos merced a una observaci\u00f3n personal de muchos a\u00f1os y tienen la<br \/>\nventaja de que provienen de una localidad y no est\u00e1n tomados por partes, de observaciones<br \/>\nhechas en lugares alejados entre s\u00ed. Algunos de ellos pueden parecer balad\u00edes, pero en<br \/>\ngeneral, pintan el mundillo entero de la vida aldeana.<br \/>\n\u00abEn algunas comunas, pr\u00f3ximas a las nuestras -escribe mi amigo- se mantiene en pleno vigor la<br \/>\nvieja costumbre de l&#8217;emprount. Cuando en la granja se necesitan muchas manos para el<br \/>\ncumplimiento r\u00e1pido de cierto trabajo -recoger papas o segar un prado- se convoca a los<br \/>\nj\u00f3venes de la vecindad; re\u00fanense mozos y muchachas y realizan el trabajo animada y<br \/>\ngratuitamente, y por la tarde, despu\u00e9s de una cena alegre, los j\u00f3venes organizan bailes.<br \/>\n\u00abEn las mismas aldeas, cuando una moza se va a casar, las vecinas de la aldehuela se re\u00fanen<br \/>\nen su casa para coser su ajuar. En algunas aldeas las mujeres, a\u00fan ahora, hilan con bastante<br \/>\ncelo. Cuando le llega la \u00e9poca a determinada familia de devanar el hilo, se realiza este trabajo<br \/>\nen una tarde, con la ayuda de los vecinos invitados. En muchas comunas de Ari\u00e9ge, y en otros<br \/>\nlugares del Suroeste de Francia, el desgranamiento del ma\u00edz tambi\u00e9n se efect\u00faa con la ayuda<br \/>\nde todos los vecinos. Se les agasaja con casta\u00f1as y vino, y los j\u00f3venes danzan despu\u00e9s de<br \/>\nterminado el trabajo. La misma costumbre se practica al elaborarse el aceite de nueces y al<br \/>\nrecoger el c\u00e1\u00f1amo. En la comuna L., la misma costumbre se observa cuando se transporta el<br \/>\ntrigo. Estos d\u00edas de trabajo pesado se convierten en fiestas, puesto que el due\u00f1o considera un<br \/>\nhonor agasajar a los voluntarios con una buena comida. No se fija pago alguno: todos se<br \/>\nayudan mutuamente.<br \/>\n\u00abEn la comuna C., la superficie de las dehesas comunales se aumenta cada a\u00f1o, de modo que<br \/>\nactualmente casi toda la tierra de la comuna ha pasado a ser de uso com\u00fan. Los pastores son<br \/>\nelegidos por los due\u00f1os del ganado, incluyendo tambi\u00e9n las mujeres. Los toros son comunales.<br \/>\n\u00abEn la comuna M., los peque\u00f1os reba\u00f1os de 40 a 50 cabezas que pertenecen a los comuneros,<br \/>\nse re\u00fanen en uno y luego se dividen en tires o cuatro reba\u00f1os antes de enviarlos a los prados<br \/>\nde la monta\u00f1a. Cada due\u00f1o permanece durante una semana junto al reba\u00f1o, en calidad de<br \/>\npastor.<br \/>\n\u00abEn la aldea C., algunos jefes de familia compraron en com\u00fan una trilladora, todas las familias,<br \/>\nen com\u00fan, proveen los hombres que son necesarios, quince o veinte, para atender la m\u00e1quina.<br \/>\nOtras tres trilladoras compradas por los jefes de familia de la misma aldea son ofrecidas en<br \/>\nalquiler por ellos, pero el trabajo en este caso es realizado por ayudantes forasteros, invitados<br \/>\ndel modo habitual.<br \/>\n\u00abEn nuestra comuna R., era necesario levantar un muro alrededor del cementerio. La mitad de<br \/>\nla suma requerida para la compra de la cal y para el pago de los obreros h\u00e1biles fue dada por \u00e9l<br \/>\nconsejo del distrito, y la otra mitad fue reunida por suscripci\u00f3n. En cuanto al trabajo de<br \/>\nsuministrar arena y agua, mezclar la argamasa y ayudar a los alba\u00f1iles, todo fue realizado por<br \/>\nvoluntarios (lo mismo que s\u00e9 hace en la djem\u00e2a kabile\u00f1a). Los caminos de la aldea son<br \/>\nlimpiados tambi\u00e9n por medio del trabajo voluntario de los comuneros. Otras comunas<br \/>\nconstruyeron de tal modo sus fuentes. La prensa para extraer el jugo de la uva y otras<br \/>\npeque\u00f1as instalaciones a menudo son de propiedad comunal.\u00bb<br \/>\nDos habitantes de la misma localidad, interrogados por mi amigo, agregaron lo siguiente:<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n126<br \/>\n\u00abEn O., hace algunos a\u00f1os no exist\u00eda molino. La comuna construy\u00f3 un molino imponiendo una<br \/>\ncontribuci\u00f3n a los comuneros. En cuanto al molinero, para evitar que incurriera en cualquier<br \/>\nclase de enga\u00f1os y de parcialidad, se decidi\u00f3 pagarle dos francos por consumidor y que el trigo<br \/>\nfuera molido gratis.<br \/>\n\u00abEn Saint G., muy pocos campesinos se aseguran contra incendio. Cuando se produce un<br \/>\nincendio -como sucedi\u00f3 recientemente- todos entregan algo a la familia damnificada: una<br \/>\ncaldera, una s\u00e1bana, una silla, etc., y de tal modo el modesto hogar es reconstituido. Todos los<br \/>\nvecinos ayudan al perjudicado por el incendio a reconstruir su casa, y la familia, mientras tanto,<br \/>\nse aloja gratuitamente en casa de los vecinos.\u00bb<br \/>\nSemejantes h\u00e1bitos de ayuda mutua, y se podr\u00edan citar un sinn\u00famero, indudablemente nos<br \/>\nexplican por qu\u00e9 los campesinos franceses se asocian con tal facilidad para el uso por turno del<br \/>\narado y sus yuntas de caballos, o bien de la prensa de uva o de la trilladora, cuando los \u00faltimos<br \/>\npertenecen a una cierta persona de la aldea, y de igual modo tambi\u00e9n para la realizaci\u00f3n en<br \/>\ncom\u00fan de todo g\u00e9nero de trabajos de aldea. La conservaci\u00f3n de los canales de riego, el<br \/>\ndesmonte de los bosques, la desecaci\u00f3n de pantanos, la plantaci\u00f3n de \u00e1rboles, etc., desde<br \/>\ntiempo inmemorial, eran realizados por el municipio. Lo mismo contin\u00faa haci\u00e9ndose ahora. As\u00ed,<br \/>\npor ejemplo, muy recientemente en La Bome, en el departamento de Loz\u00e9re, las colinas \u00e1ridas<br \/>\ny brav\u00edas fueron convertidas en ricos huertos mediante el trabajo com\u00fan. \u00abLa gente llevaba la<br \/>\ntierra sobre sus hombros; construyeron terrazas y las sembraron de casta\u00f1os y durazneros;<br \/>\ndise\u00f1aron huertos y trajeron el agua, por medio de un canal, desde dos o tres millas de<br \/>\ndistancia\u00bb. Ahora, seg\u00fan parece, se ha construido all\u00ed un nuevo acueducto de once millas de<br \/>\nlongitud.<br \/>\nEl mismo esp\u00edritu comunal explica el notable \u00e9xito obtenido en los \u00faltimos tiempos por los<br \/>\nsindicatos agr\u00edcolas; es decir, las asociaciones de campesinos y granjeros. En el a\u00f1o 1884, se<br \/>\nautorizaron, en Francia, las asociaciones compuestas por m\u00e1s de 19 personas, y apenas es<br \/>\nnecesario agregar que cuando se decidi\u00f3 hacer esta \u00abexperiencia peligrosa\u00bb -como se dijo en la<br \/>\nC\u00e1mara de los Diputados- los funcionarios tomaron todas aquellas \u00abprecauciones\u00bb posibles que<br \/>\ns\u00f3lo la burocracia puede inventar. Pero, a pesar de todo, Francia se llena de asociaciones<br \/>\nagr\u00edcolas (sindicatos). Al principio se formaban solamente para la compra de abono y semillas,<br \/>\npuesto que las adulteraciones en estos dos ramos y las mezclas de toda clase de desperdicios<br \/>\nalcanzaron proporciones inveros\u00edmiles. Pero gradualmente extendieron su actividad en diversas<br \/>\ndirecciones; incluso a la venta de productos agr\u00edcolas y a la mejora constante de las parcelas de<br \/>\ntierras. En el sur de Francia, los estragos producidos por la filoxera originaron la formaci\u00f3n de<br \/>\ngran n\u00famero de asociaciones entre los propietarios de vi\u00f1edos. Diez, veinte, a veces treinta de<br \/>\nesos propietarios organizaban un sindicato, compraban una m\u00e1quina a vapor para bombear<br \/>\nagua y hac\u00edan los preparativos necesarios para inundar sus vi\u00f1edos por turno. Constantemente<br \/>\nse forman nuevas asociaciones para la defensa contra las inundaciones, para el riego, para la<br \/>\nconservaci\u00f3n de los canales de riego ya existentes, etc. Y no constituye obst\u00e1culo alguno el<br \/>\ndeseo un\u00e1nime de todos los campesinos de la vecindad en cuesti\u00f3n que la ley exige. En otros<br \/>\nlugares encontramos las fruiti\u00e9res o asociaciones de queseros o lecheros, y algunos de ellos<br \/>\nreparten el queso y la manteca en partes iguales, independientemente del rendimiento de leche<br \/>\nde cada vaca. En Ari\u00e9ge existe una asociaci\u00f3n de ocho comunas diferentes para el cultivo<br \/>\nconjunto de sus tierras, que se unieron en una; en el mismo departamento, comunas en 172<br \/>\nsindicatos han organizado la ayuda m\u00e9dica gratuita; en conexi\u00f3n con los sindicatos surgen<br \/>\ntambi\u00e9n sociedades de consumidores, etc\u00e9tera. \u00abUna verdadera revoluci\u00f3n se realiza en<br \/>\nnuestras aldeas -dice Alfred Baudrillart- por medio de estas asociaciones que adquieren en<br \/>\ncada regi\u00f3n de Francia su car\u00e1cter propio\u00bb.<br \/>\nCasi Tomismo puede decirse tambi\u00e9n de Alemania. En todas partes donde los campesinos han<br \/>\npodido detener el despojo de sus tierras comunales, las conservan en propiedad comunal, la<br \/>\nque predomina ampliamente en W\u00fcrttemberg, Baden, Hohenzollern, y en la provincia de<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n127<br \/>\nHessen, en Starkenberg. Los bosques comunales, en general, se conservan en estado<br \/>\nexcelente, y en miles de comunas tanto la madera de construcci\u00f3n como la le\u00f1a se reparte<br \/>\nanualmente entre todos los habitantes; hasta la antigua costumbre denominada Lesholztag<br \/>\ngoza a\u00fan ahora de amplia difusi\u00f3n: al ta\u00f1ido de la campana del campanario de la aldea, todos<br \/>\nlos habitantes se dirigen al bosque para traer cada uno cuanta le\u00f1a pueda. En Westfalia existen<br \/>\ncomunas en las cuales se cultiva toda la tierra como si fuera una propiedad com\u00fan, seg\u00fan las<br \/>\nexigencias de la agronom\u00eda moderna. En cuanto a los viejos h\u00e1bitos y costumbres comunales,<br \/>\nse hallan hasta ahora en vigor en la mayor parte de Alemania. Las invitaciones a la \u00abayuda\u00bb,<br \/>\nverdaderas fiestas del trabajo, son un fen\u00f3meno arteramente corriente en Westfalia, Hessen y<br \/>\nNassau. En las regiones en que abundan maderas de construcci\u00f3n, para la construcci\u00f3n de una<br \/>\ncasa nueva, se toma habitualmente del bosque comunal y todos los vecinos ayudan en la<br \/>\nedificaci\u00f3n. Hasta en los arrabales de la gran ciudad de Francfort, entre los hortelanos, en casa<br \/>\nde enfermedad de alguno de ellos, existe la costumbre de ir los domingos a cultivar el huerto del<br \/>\ncamarada enfermos.<br \/>\nEn Alemania, lo mismo que en Francia, cuando los gobernantes del pueblo derogaron las leyes<br \/>\ndirigidas contra las asociaciones de campesinos -lo que fue hecho en 1884-1888- este g\u00e9nero<br \/>\nde uniones comenz\u00f3 a desarrollarse con rapidez asombrosa, a pesar de toda clase de<br \/>\nobst\u00e1culos ofrecidos por la nueva ley, que estaba lejos de favorecerlas. El hecho es que -dice<br \/>\nBuchenberger- debido a estas uniones, en millares de comunas aldeanas, en las que antes<br \/>\nnada sab\u00edan de abonos qu\u00edmicos ni de alimentaci\u00f3n racional del ganado, ahora tanto el uno<br \/>\ncomo la otra se aplican en proporciones sin precedentes\u00bb (t. II, p\u00e1g. 507). Con ayuda de estas<br \/>\nuniones se compra todo g\u00e9nero de instrumentos y de m\u00e1quinas agr\u00edcolas que economizan<br \/>\ntrabajo, y de modo parecido se introducen diferentes m\u00e9todos para el mejoramiento de la<br \/>\ncalidad de los productos. Se forman tambi\u00e9n uniones para la venta de los productos agr\u00edcolas y<br \/>\npara la mejora constante de las parcelas de tierra.<br \/>\nDesde el punto de vista de la econom\u00eda social, todos estos esfuerzos de los campesinos<br \/>\nnaturalmente no tienen gran importancia. No pueden aliviar de modo sustancial -y menos<br \/>\ntodav\u00eda durable- la miseria a que est\u00e1n condenadas las clases agr\u00edcolas de toda Europa. Pero<br \/>\ndesde el punto de vista moral, que es el que nos ocupa en este momento, su importancia es<br \/>\nenorme. Demuestra que, aun bajo el sistema del individualismo desenfrenado que domina<br \/>\nahora, las masas agr\u00edcolas conservan piadosamente la ayuda mutua heredada por ellos; y en<br \/>\ncuanto los Estados debilitan las leyes f\u00e9rreas mediante las cuales destruyeron todos los lazos<br \/>\nexistentes entre los hombres para tenerlos mejor en sus manos, estos lazos se reanudan<br \/>\ninmediatamente, a pesar de las innumerables dificultades pol\u00edticas, econ\u00f3micas y sociales; y se<br \/>\nreconstituyen en las formas que mejor responden a las exigencias modernas de la producci\u00f3n.<br \/>\nY se\u00f1alan tambi\u00e9n las direcciones en que es menester buscar el m\u00e1ximo progreso, y las formas<br \/>\nen que tienden a fundirse.<br \/>\nF\u00e1cilmente podr\u00eda aumentarse la cantidad de ejemplos, tom\u00e1ndolos de Italia, Espa\u00f1a y,<br \/>\nespecialmente, Dinamarca, y podr\u00edan se\u00f1alarse algunos rasgos muy interesantes, propios de<br \/>\ncada uno de estos pa\u00edses. Ser\u00eda menester, tambi\u00e9n, mencionar la poblaci\u00f3n eslava de Austria y<br \/>\nde la pen\u00ednsula balc\u00e1nica, en la que a\u00fan existe la \u00abfamilia compuesta\u00bb y el \u00abhogar indiviso\u00bb y<br \/>\ngran n\u00famero de instituciones de apoyo mutuo. Pero me apresuro a pasar a Rusia, donde la<br \/>\nmisma tendencia al apoyo mutuo asume algunas formas nuevas e inesperadas. Adem\u00e1s,<br \/>\nexaminando la comuna aldeana en Rusia, tenemos la ventaja de poseer una enorme cantidad<br \/>\nde material, emprendido por algunos ziemstva (concejos campesinos) y que comprend\u00eda una<br \/>\npoblaci\u00f3n de casi 20.000.000 de campesinos de diferentes partes de Rusia.<br \/>\nDe la enorme cantidad de datos reunidos por los censos rusos se pueden extraer dos<br \/>\nimportantes conclusiones. En la Rusia Media, donde una tercera parte de la poblaci\u00f3n<br \/>\ncampesina, si no m\u00e1s, fue arrastrada a la ruina completa (por los impuestos gravosos, los<br \/>\nnadiely muy peque\u00f1os, de tierra mala, el elevado arriendo y la recaudaci\u00f3n muy severa de&#8217;<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n128<br \/>\nimpuestos despu\u00e9s de p\u00e9rdidas completas de cosechas) se hizo evidente, durante los primeros<br \/>\nveinticinco a\u00f1os de la emancipaci\u00f3n de los campesinos de la servidumbre, la tendencia decidida<br \/>\na establecer la propiedad, personal de la tierra dentro de las comunas aldeanas. Muchos<br \/>\ncampesinos empobrecidos, \u00absin caballos\u00bb, abandonaron sus nadiely, y sus tierras a menudo<br \/>\npasaban a ser propiedad de los campesinos m\u00e1s ricos, los cuales, dedicados al comercio,<br \/>\npose\u00edan fuentes suplementarias de ingresos; o bien los nadiely cayeron en manos de<br \/>\ncomerciantes extra\u00f1os que compraban tierras, principalmente con objeto de arrendarlas luego a<br \/>\nlos mismos campesinos a precios desproporcionadamente elevados. Se debe observar tambi\u00e9n<br \/>\nque, debido a una omisi\u00f3n en la Ley de Emancipaci\u00f3n de 1861, ofrec\u00edase una gran posibilidad<br \/>\nde acaparar las tierras de los campesinos a precio muy bajo y los funcionarios del Estado, a su<br \/>\nvez, utilizaban su influencia poderosa en favor de la propiedad privada y se comportaban en<br \/>\nforma negativa hacia la propiedad comunal.<br \/>\nSin embargo, desde el a\u00f1o 1880 comenz\u00f3 tambi\u00e9n una fuerte oposici\u00f3n en Rusia Media contra<br \/>\nla propiedad personal, y los campesinos que ocupaban una posici\u00f3n intermedia entre los ricos y<br \/>\nlos pobres hicieron esfuerzos en\u00e9rgicos para mantener las comunas. En cuanto a las f\u00e9rtiles<br \/>\nestepas del sur, que son las partes de la Rusia europea actualmente m\u00e1s pobladas y ricas,<br \/>\nfueron principalmente colonizadas durante el siglo XIX, bajo el sistema de la propiedad personal<br \/>\no la usurpaci\u00f3n reconocida en esta forma por el estado. Pero desde que en la Rusia del sur<br \/>\nfueron introducidos, con ayuda de la m\u00e1quina, m\u00e9todos mejorados de agricultura, los<br \/>\ncampesinos propietarios de algunos lugares comenzaron, por s\u00ed mismos, a pasar de la<br \/>\npropiedad personal a la comunal, de modo que ahora en este granero de Rusia se puede hallar,<br \/>\nseg\u00fan parece, una cantidad bastante importante de comunas aldeanas, creadas libremente y de<br \/>\norigen muy reciente.<br \/>\nLa Crimea y la parte del continente situada al norte de ella (la provincia de Tauride), de las<br \/>\ncuales tenemos datos detallados, pueden servir mejor que nada para ilustrar este movimiento.<br \/>\nDespu\u00e9s de su anexi\u00f3n a Rusia, en el a\u00f1o 1783, esta localidad comenz\u00f3 a ser colonizada por<br \/>\nemigrantes de la gran Rusia, la peque\u00f1a Rusia y la Rusia blanca -por cosacos, hombres libres y<br \/>\nsiervos fugitivos- que aflu\u00edan aisladamente o en peque\u00f1os grupos de todos los rincones de<br \/>\nRusia. Al principio se dedicaron a la ganader\u00eda, y m\u00e1s tarde, cuando comenzaron a arar la<br \/>\ntierra, cada uno araba cuanto pod\u00eda. Pero, cuando debido al aflujo de colonos que se<br \/>\nprolongaba, y a la introducci\u00f3n de los arados perfeccionados, aument\u00f3 la demanda de tierra,<br \/>\nsurgieron entre los colonos disputas exasperadas. Las disputas se prolongaron a\u00f1os enteros<br \/>\nhasta que estos hombres, no ligados antes por ning\u00fan v\u00ednculo mutuo, llegaron gradualmente al<br \/>\npensamiento de que era necesario poner fin a las discordias introduciendo la propiedad<br \/>\ncomunal de la tierra. Entonces comenzaron a concertar acuerdos seg\u00fan los cuales la tierra que<br \/>\nhablan pose\u00eddo hasta entonces personalmente pasaba a ser de propiedad comunal; e<br \/>\ninmediatamente despu\u00e9s comenzaron a dividir y a repartir esta tierra, seg\u00fan las costumbres<br \/>\nestablecidas en las comunas aldeanas. Este movimiento fue adquiriendo, gradualmente, vastas<br \/>\nproporciones, y en un territorio relativamente peque\u00f1o, las estad\u00edsticas de Tauride hallaron 161<br \/>\naldeas en las que la posesi\u00f3n comunal hab\u00eda sido introducida por los mismos campesinos<br \/>\npropietarios, en reemplazo de la propiedad privada, principalmente durante los a\u00f1os 1855-1885.<br \/>\nDe tal modo, los colonos elaboraron libremente los tipos m\u00e1s variados de comuna aldeana. Lo<br \/>\nque, a\u00f1ade todav\u00eda un especial inter\u00e9s a este paso de la posesi\u00f3n personal de la tierra a la<br \/>\ncomunas que se realiz\u00f3 no s\u00f3lo entre los grandes rusos, acostumbrados a la vida comunal, sino<br \/>\ntambi\u00e9n entre los peque\u00f1os rusos, que hac\u00eda mucho que bajo el dominio polaco hab\u00edan<br \/>\nolvidado la comuna, y tambi\u00e9n entre los griegos y b\u00falgaros y hasta entre los alemanes, quienes<br \/>\nya hac\u00eda tiempo hab\u00edan conseguido elaborar, en sus florecientes colonias semi-industriales, en<br \/>\nel Volga, un tipo especial de comuna aldeana. Los t\u00e1rtaros musulmanes de la provincia de<br \/>\nTauride, evidentemente, continuaron poseyendo la tierra seg\u00fan el derecho com\u00fan musulm\u00e1n,<br \/>\nque permit\u00eda s\u00f3lo una limitada posesi\u00f3n personal de la tierra; pero, aun entre ellos, en algunos<br \/>\ncontados casos implantaron la comuna aldeana europea. En cuanto a las otras nacionalidades<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n129<br \/>\nque pueblan la provincia de Tauride, la posesi\u00f3n privada fue suprimida en seis aldeas estonas,<br \/>\ndos griegas, dos b\u00falgaras, una checa y una alemana.<br \/>\nEl retorno a la posesi\u00f3n comunal de la tierra es caracter\u00edstico de las f\u00e9rtiles estepas del sur.<br \/>\nPero, ejemplos aislados del mismo retorno se pueden encontrar tambi\u00e9n en la peque\u00f1a Rusia.<br \/>\nAs\u00ed, en algunas aldeas de la provincia de Chernigof, los campesinos eran antes propietarios<br \/>\nprivados de la tierra; ten\u00edan documentos legales individuales de sus parcelas, y dispon\u00edan<br \/>\nlibremente de la tierra, d\u00e1ndola en arriendo o dividi\u00e9ndola. Pero en 1850 se inici\u00f3 entre ellos un<br \/>\nmovimiento en favor de la posesi\u00f3n comunal, y sirvi\u00f3 de argumento principal el aumento del<br \/>\nn\u00famero de familias empobrecidas. Inici\u00f3se tal movimiento en una aldea, y despu\u00e9s le siguieron<br \/>\notras, y el \u00faltimo caso citado por V. V. se remontaba al a\u00f1o 1882. Naturalmente, se originaron<br \/>\nchoques entre los campesinos pobres que exig\u00edan el paso a la posesi\u00f3n comunal y los ricos,<br \/>\nque ordinariamente prefieren la propiedad privada, y a veces la lucha se prolongaba a\u00f1os<br \/>\nenteros. En algunas localidades, la resoluci\u00f3n un\u00e1nime de toda la comuna, exigida por la ley<br \/>\npara el paso a la nueva forma de posesi\u00f3n de la tierra, no pudo ser alcanzada, y la aldea se<br \/>\ndividi\u00f3 entonces en dos partes: una continuaba con la posesi\u00f3n privada de la tierra y la otra<br \/>\npasaba a la comunal; a veces, se fund\u00edan, m\u00e1s tarde, en una comuna, y a veces quedaban as\u00ed,<br \/>\ncada cual con su forma de posesi\u00f3n de la tierra.<br \/>\nEn cuanto a Rusia central, en muchas aldeas cuya poblaci\u00f3n se inclinaba a la posesi\u00f3n privada<br \/>\nsurgi\u00f3, desde el a\u00f1o 1880, un movimiento de masas en favor del restablecimiento de la comuna<br \/>\naldeana. Hasta los campesinos propietarios, que hab\u00edan vivido durante a\u00f1os bajo el sistema de<br \/>\nposesi\u00f3n personal de la tierra, volv\u00edan al orden comunal. As\u00ed, por ejemplo, existe una cantidad<br \/>\nimportante de ex-siervos que han recibido s\u00f3lo una cuarta parte de nadie, pero Ubres de<br \/>\nredenci\u00f3n y con t\u00edtulos de propiedad privada. En el a\u00f1o 1890, inici\u00f3se entre ellos un movimiento<br \/>\n(en las provincias de Kursk, Riazan, Tanibof y otras) cuya finalidad era establecer en com\u00fan sus<br \/>\nparcelas, sobre la base de la posesi\u00f3n comunal. Exactamente lo mismo \u00ablos agricultores libres\u00bb<br \/>\n(v\u00f3lnye klebop\u00e1shtsy) que fueron emancipados de la servidumbre por la ley de 1803 y que<br \/>\ncompraron sus nadiely cada familia por separado casi todos pasaron ahora al sistema comunal,<br \/>\nlibremente introducido por ellos. Todos estos movimientos se remontan a una \u00e9poca muy<br \/>\nreciente, y en ellos participan tambi\u00e9n los campesinos de otras nacionalidades, adem\u00e1s de la<br \/>\nrusa. As\u00ed, por ejemplo, los b\u00falgaros del distrito de Tiraspol, que poseyeron la tierra durante<br \/>\nsesenta a\u00f1os bajo r\u00e9gimen de propiedad privada, introdujeron la posesi\u00f3n comunal en los a\u00f1os<br \/>\n1876-1882. Los, menonitas alemanes del distrito de Berdiansk lucharon, en el a\u00f1o 1890 por la<br \/>\nintroducci\u00f3n de la posesi\u00f3n comunal, y los peque\u00f1os campesinos-propietarios<br \/>\n(Kleinwirthschafiliche), entre los bautistas alemanes, hicieron propaganda en sus aldeas para la<br \/>\nadopci\u00f3n de la misma medida. Para concluir citar\u00e9 un ejemplo m\u00e1s: en la provincia de Samara,<br \/>\nel gobierno ruso organiz\u00f3, a modo de ensayo, en el a\u00f1o 1840, 103 aldeas bajo el r\u00e9gimen de la<br \/>\nposesi\u00f3n privada de la tierra. Cada jefe de familia recibi\u00f3 un excelente nadiel, de 40 deciatinas.<br \/>\nEn el a\u00f1o 1890, en 72 aldeas de estas 103, los campesinos expresaron su deseo de pasar a la<br \/>\nposesi\u00f3n comunal. Tomo todos estos hechos del excelente trabajo de V. V., quien, a su vez, se<br \/>\nlimit\u00f3 a clasificar los que las estad\u00edsticas territoriales se\u00f1alaron durante los censos por hogar<br \/>\narriba citados.<br \/>\nTal movimiento en favor de la posesi\u00f3n comunal va rotundamente en contra de las teor\u00edas<br \/>\necon\u00f3micas modernas, seg\u00fan las cuales el cultivo intensivo de la tierra es incompatible con la<br \/>\ncomuna aldeana. Pero de est\u00e1s teor\u00edas se puede decir solamente que nunca pasaron por el<br \/>\nluego de la experiencia pr\u00e1ctica: pertenecen enteramente al dominio de las teor\u00edas abstractas.<br \/>\nLos hechos mismos que tenemos ante nuestros ojos demuestran, por el contrario, que en todas<br \/>\npartes donde los campesinos rusos, gracias al concurso de circunstancias favorables, fueron<br \/>\nmenos presa de la miseria, y en todas partes donde hallaron entre sus vecinos hombres<br \/>\nexperimentados y que ten\u00edan iniciativa la comuna aldeana contribu\u00edan la introducci\u00f3n de<br \/>\ndiferentes perfeccionamientos en el dominio de la agricultura y, en general, de, la vida<br \/>\ncampesina. Aqu\u00ed, como en todas partes, la ayuda mutua conduce al progreso m\u00e1s r\u00e1pidamente<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n130<br \/>\ny mejor que la guerra de cada uno contra todos, como puede verse por los hechos siguientes.<br \/>\nHemos visto ya (ap\u00e9ndice XVI) que los campesinos ingleses de nuestro tiempo, all\u00ed donde la<br \/>\ncomuna se conserv\u00f3 intacta, convirtieron el campo en barbecho, en campos de leguminosas y<br \/>\ntuberosas. Lo mismo empieza a hacerse tambi\u00e9n en Rusia.<br \/>\nBajo Nicol\u00e1s 1, muchos funcionarios del Estado y terratenientes obligaban a los campesinos a<br \/>\nintroducir el cultivo comunal en las peque\u00f1as parcelas que pertenec\u00edan a la aldea, con el fin de<br \/>\nllenar los dep\u00f3sitos comunales de grano. Tales cultivos, que en el esp\u00edritu de los campesinos<br \/>\nvan unidos a los peores recuerdos de la servidumbre, fueron abandonados inmediatamente<br \/>\ndespu\u00e9s de la ca\u00edda del r\u00e9gimen servil; pero ahora los campesinos comienzan, en algunas<br \/>\npartes, a establecerlos por iniciativa propia. En un distrito (Ostrogozh, de la provincia de Kursk)<br \/>\nfue suficiente el esp\u00edritu de empresa de una persona para introducir tales cultivos en las cuatro<br \/>\nquintas partes de las aldeas del distrito. Lo mismo se observa tambi\u00e9n en algunas otras<br \/>\nlocalidades. En. el d\u00eda fijado, los comuneros se re\u00fanen para el trabajo: los ricos con arados o<br \/>\ncarros, y los m\u00e1s pobres aportan al trabajo com\u00fan s\u00f3lo sus propias manos, y no se hace<br \/>\ntentativa alguna de calcular cu\u00e1nto trabaja cada uno. Luego, lo recaudado por el cultivo<br \/>\ncomunal es destinado a pr\u00e9stamo para los comuneros m\u00e1s pobres -la mayor\u00eda de las veces sin<br \/>\ndevoluci\u00f3n-, o bien se utiliza para mantener a los hu\u00e9rfanos y viudas, o para reparar la iglesia<br \/>\nde la aldea o la escuela, o, por \u00faltimo, para el pago de cualquier deuda de la comuna.<br \/>\nComo debe esperarse de hombres que viven bajo el sistema de la comuna aldeana, todos los<br \/>\ntrabajos que entran, por as\u00ed decirlo, en la rutina de la vida aldeana (la reparaci\u00f3n de caminos y<br \/>\npuentes, la construcci\u00f3n de diques y caminos de fajina, la desecaci\u00f3n de pantanos, los canales<br \/>\nde riego y pozos, la tala de bosques, la plantaci\u00f3n de \u00e1rboles, etc.), son realizados por las<br \/>\ncomunas enteras; exactamente lo mismo que la tierra, muy a menudo, se arrienda en com\u00fan, y<br \/>\nlos prados son segados por todo el mir, y al trabajo van los ancianos y los j\u00f3venes, los hombres<br \/>\ny las mujeres, como lo ha descrito magn\u00edficamente L. N. Tolstoy. Tal g\u00e9nero de trabajo es cosa<br \/>\nde todos los d\u00edas en todas partes de Rusia; pero la comuna aldeana no elude de modo alguno<br \/>\nlas mejoras de la agricultura moderna, cuando puede hacer los gastos correspondientes y<br \/>\ncuando el conocimiento, que habla sido hasta entonces privilegio de los ricos, penetra, por fin,<br \/>\nen la choza de la aldea.<br \/>\nHemos indicado ya que los arados perfeccionados se extienden r\u00e1pidamente en el sur de<br \/>\nRusia, y est\u00e1 probado que en muchos casos precisamente las comunas aldeanas, cooperaron<br \/>\nen esta difusi\u00f3n. Suced\u00eda tambi\u00e9n, cuando el arado era comprado por la comuna, que, despu\u00e9s<br \/>\nde probarlo en la parcela de la tierra comunal, los campesinos indicaban los cambios<br \/>\nnecesarios a aquellos a quienes hab\u00edan comprado el arado; o bien, ellos mismos prestaban<br \/>\nayuda para organizar la producci\u00f3n artesana de atados baratos. En el distrito de Mosc\u00fa, donde<br \/>\nla compra de arados por los campesinos se extendi\u00f3 r\u00e1pidamente, el impulso fue dado por<br \/>\naquellas comunas que arrendaban la tierra en com\u00fan y fue hecho esto con el fin especial de<br \/>\nmejorar sus cultivos.<br \/>\nEn el nordeste de Rusia, en la provincia de Viatka, peque\u00f1as asociaciones de campesinos que<br \/>\nviajaban con sus aventadoras (fabricadas por los artesanos de uno de los distritos en que<br \/>\nabundaba el hierro) extendieron el uso de estas m\u00e1quinas entre ellos, y aun en las provincias<br \/>\nvecinas. La amplia difusi\u00f3n de las trilladoras en las provincias de Samara, Sartof y Jerson, es el<br \/>\nresultado de la actividad de las asociaciones de campesinos, que pueden llegar a comprar<br \/>\nhasta una m\u00e1quina cara, mientras que el campesino aislado no est\u00e1 en condiciones de hacerlo.<br \/>\nY mientras que en casi todos los, tratados econ\u00f3micos d\u00edcese que la comuna aldeana est\u00e1<br \/>\ncondenada a desaparecer en cuanto el sistema de tres amelgas sea reemplazado por el cultivo<br \/>\nrotativo, vemos que en Rusia muchas comunas aldeanas tomaron la iniciativa de la introducci\u00f3n<br \/>\njustamente de este sistema de cultivo rotativo, lo mismo que hicieron en Inglaterra. Pero antes<br \/>\nde pasar a \u00e9l, los campesinos habitualmente reservan, una parte de los campos comunales<br \/>\npara efectuar ensayos de siembra artificial de pastos, y las semillas son compradas por el mir.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n131<br \/>\nSi el ensayo tiene \u00e9xito, los campesinos no se sienten embarazados en hacer una nueva<br \/>\nrepartici\u00f3n de los campos para pasar a la econom\u00eda de cuatro, cinco y aun seis amelgas.<br \/>\nEste sistema se practica ahora en centenares de aldeas de la provincia de Mosc\u00fa, Tver,<br \/>\nSmolensk, Viatka y Pskof. Y all\u00ed donde el posible separar cierta cantidad de tierra para este fin,<br \/>\nlas comunas reservan parcelas para el cultivo de plant\u00edos de frutales.<br \/>\nAdem\u00e1s, las comunas emprenden, con bastante frecuencia, mejoras constantes, como el<br \/>\ndrenaje y el riego. As\u00ed, por ejemplo, en tres distritos de la provincia de Mosc\u00fa, de car\u00e1cter<br \/>\nindustrial marcado, durante una d\u00e9cada (1880-1890), se ejecutaron trabajos de drenaje en gran<br \/>\nescala en 180 a 200 aldeas diferentes, y los comuneros mismos trabajaron con el pico. En el<br \/>\notro extremo de Rusia, en las estepas \u00e1ridas del distrito de Novouzen, fueron erigidos por la<br \/>\ncomuna m\u00e1s de 1.000 diques para estanques y fosos, y fueron excavados algunos centenares<br \/>\nde pozos profundos. Al mismo tiempo, en una rica colonia alemana del sureste de Rusia, los<br \/>\ncomuneros -hombres y mujeres- trabajaron cinco semanas consecutivas en la erecci\u00f3n de un<br \/>\ndique de tres verstas de largo destinado al riego. Pues, \u00bfc\u00f3mo podr\u00edan luchar contra el clima<br \/>\nseco hombres aislados? \u00bfY a d\u00f3nde podr\u00edan llegar con el esfuerzo personal, en aquella \u00e9poca<br \/>\nen que el sur de Rusia sufr\u00eda por la multiplicaci\u00f3n de marmotas, y todos los agricultores, ricos y<br \/>\npobres comuneros e individualistas hubieron de aplicar el trabajo de sus propias manos para<br \/>\nconjurar esa calamidad? La polic\u00eda, en tales circunstancias, no sirve de ayuda, y el \u00fanico medio<br \/>\nes la asociaci\u00f3n.<br \/>\nComo es sabido, bajo el reinado de Nicol\u00e1s II, el ministro Stolypin hizo una tentativa en gran<br \/>\nescala para destruir la posesi\u00f3n comunal de la tierra y transportar los campesinos a parcelas de<br \/>\ngranjas separadas. Muchos esfuerzos y mucho dinero del estado se gast\u00f3 en esto, con \u00e9xito en<br \/>\nalgunas provincias, seg\u00fan parece, especialmente en Ucrania. Pero la guerra y la revoluci\u00f3n que<br \/>\nsigui\u00f3 sacudieron tan profundamente toda la vida de la aldea que en el momento presente es<br \/>\nimposible dar respuesta que tenga cierta precisi\u00f3n sobre, los resultados de esta campa\u00f1a del<br \/>\nestado contra la comuna.<br \/>\nDespu\u00e9s de haber hablado tanto de la ayuda y del apoyo mutuos practicados por los<br \/>\nagricultores de los pa\u00edses \u00abcivilizados\u00bb, veo que podr\u00eda a\u00fan llenarse un tomo bastante<br \/>\nvoluminoso de ejemplos tomados de la vida de los centenares de millones de hombres que<br \/>\nviven m\u00e1s o me nos bajo la autoridad o la protecci\u00f3n de estados m\u00e1s o menos civilizados, pero<br \/>\nque, sin embargo, est\u00e1n a\u00fan fuera de la civilizaci\u00f3n moderna y de las ideas modernas. Podr\u00eda<br \/>\ndescribir, por ejemplo, la vida interior de la aldea turca, con su red de asombrosos h\u00e1bitos y<br \/>\ncostumbres ayuda mutua. Consultando mis cuadernos de apuntes con respecto a la ayuda<br \/>\ncampesina del C\u00e1ucaso, hallo hechos muy conmovedores de apoyo mutuo. Los mismos h\u00e1bitos<br \/>\nhallo en mis notas sobre la djem\u00e1a \u00e1rabe, la purra afgana, sobre las aldeas de Persia, India y<br \/>\nJava, sobre la familia indivisa de los chinos, sobre los semin\u00f3madas del Asia Central y los<br \/>\nn\u00f3madas del lejano Norte. Consultando las notas, tomadas en parte al azar, de la riqu\u00edsima<br \/>\nliteratura sobre \u00c1frica, encuentro que est\u00e1n llenas de los mismos hechos; aqu\u00ed tambi\u00e9n se<br \/>\nconvoca a la \u00abayuda\u00bb para recoger la cosecha; las casas tambi\u00e9n se construyen con ayuda de<br \/>\ntodos los habitantes de la aldea. a veces para reparar el estrago ocasionado por las incursiones<br \/>\nde bandidos \u00abcivilizados\u00bb; en algunos casos, pueblos enteros se prestan ayuda en la desgracia<br \/>\no bien protegen a los viajeros, etc\u00e9tera. Cuando recurro a trabajos como el compendio del<br \/>\nderecho com\u00fan africano hecho por Post, empiezo a comprender por qu\u00e9, a pesar de toda la<br \/>\ntiran\u00eda, de todas las opresiones, de los despojos y de las incursiones, a pesar de las guerras<br \/>\ninternacionales, de los reyes antrop\u00f3fagos, de los hechiceros charlatanes y de los sacerdotes, a<br \/>\npesar de los cazadores de esclavos, etc. la poblaci\u00f3n de estos pa\u00edses no se ha dispersado por<br \/>\nlos bosques; por qu\u00e9 conserv\u00f3 un determinado grado de civilizaci\u00f3n; empiezo a comprender por<br \/>\nqu\u00e9 estos \u00absalvajes\u00bb siguieron siendo, sin embargo, hombres, y no descendieron al nivel de<br \/>\nfamilias errantes, como los orangutanes que se est\u00e1n extinguiendo. El caso es que los<br \/>\ncazadores de esclavos, europeos y americanos, los saqueadores de los dep\u00f3sitos de marfil, lo<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n132<br \/>\nreyes belicosos, los \u00abh\u00e9roes\u00bb matabeles y malgaches desaparecen dejando tras s\u00ed s\u00f3lo huellas<br \/>\nmarcadas con sangre y fuego; pero el n\u00facleo de instituciones, h\u00e1bitos y costumbres de ayuda<br \/>\nmutua creadas primero por la tribu y luego por la comuna aldeana permanece y mantiene a los<br \/>\nhombres unidos en sociedades, abiertas al progreso de la civilizaci\u00f3n y prestas a aceptarla<br \/>\ncuando llegue el d\u00eda en que, en lugar de balas y aguardiente, comiencen a recibir de nosotros la<br \/>\nverdadera civilizaci\u00f3n.<br \/>\nLo mismo se puede decir tambi\u00e9n de nuestro mundo civilizado. Las calamidades naturales y las<br \/>\nprovocadas por el hombre pasan. Poblaciones enteras son peri\u00f3dicamente reducidas a la<br \/>\nmiseria y al hambre; las mismas tendencias vitales son despiadadamente aplastadas en<br \/>\nmillones de hombres reducidos al pauperismo de las ciudades; el pensamiento y los<br \/>\nsentimientos de millones de seres humanos est\u00e1n emponzo\u00f1ados por doctrinas urdidas en<br \/>\ninter\u00e9s de unos pocos. Indudablemente, todos estos fen\u00f3menos constituyen parte de nuestra<br \/>\nexistencia. Pero el n\u00facleo de instituciones, h\u00e1bitos y costumbres de ayuda mutua contin\u00faa<br \/>\nexistiendo en millones de hombres; ese n\u00facleo los une, y los hombres prefieren aferrarse a<br \/>\nesos h\u00e1bitos, creencias y tradiciones suyas antes que aceptar la doctrina de una guerra de cada<br \/>\nuno contra todos, ofrecida en nombre de una pretendida ciencia, pero que en realidad nada<br \/>\ntiene de com\u00fan con la ciencia.<br \/>\nCAPITULO VIII<br \/>\nLA AYUDA MUTUA EN LA SOCIEDAD MODERNA (Continuaci\u00f3n)<br \/>\nObservando la vida cotidiana de la poblaci\u00f3n rural de Europa he visto que, a pesar de todos los<br \/>\nesfuerzos de los estados modernos para destruir la -comuna- aldeana, la vida de los<br \/>\ncampesinos est\u00e1 llena d\u00e9 h\u00e1bitos y costumbres de ayuda mutua y apoyo mutuo; hemos<br \/>\nencontrado que se han conservado hasta: ahora restos de la posesi\u00f3n comunal de la tierra que<br \/>\nest\u00e1n ampliamente difundidos y tienen todav\u00eda importancia; y que apenas fueron suprimidos, en<br \/>\n\u00e9poca reciente, los obst\u00e1culos legales que embarazaban el resurgimiento de las asociaciones y<br \/>\nuniones rurales; en todas partes surgi\u00f3 r\u00e1pidamente entre los campesinos una red entera de<br \/>\nasociaciones libres con todos los fines posibles; y este movimiento juvenil evidencia<br \/>\nindudablemente la tendencia a restablecer un g\u00e9nero determinado de uni\u00f3n, semejante a la que<br \/>\nexist\u00eda en la comuna aldeana anterior. Tales fueron las conclusiones a que llegamos en el<br \/>\ncap\u00edtulo precedente; y por eso nos ocuparemos ahora de examinar las instituciones de apoyo<br \/>\nmutuo que se forman en la \u00e9poca presente entre la poblaci\u00f3n industrial.<br \/>\nDurante los tres \u00faltimos siglos, las condiciones para la elaboraci\u00f3n de dichas asociaciones<br \/>\nfueron tan desfavorables en las ciudades como en las aldeas. Sabido es que, pr\u00e1cticamente,<br \/>\ncuando las ciudades medievales fueron sometidas, en el siglo XVI, al dominio de los estados<br \/>\nmilitares que nac\u00edan entonces, todas las instituciones que asociaban a los artesanos, los<br \/>\nmaestros y los mercaderes en guildas y en comunas ciudadanas fueron aniquiladas por la<br \/>\nviolencia. La autonom\u00eda y la jurisdicci\u00f3n propia, tanto en las guildas como en la ciudad, fueron<br \/>\ndestruidas; el juramento de fidelidad entre hermanos de las guildas comenz\u00f3 a ser considerado<br \/>\ncomo una manifestaci\u00f3n de traici\u00f3n hacia el estado; los bienes de las guildas fueron<br \/>\nconfiscados del mismo modo que las tierras de las comunas aldeanas; la organizaci\u00f3n interior y<br \/>\nt\u00e9cnica de cada ramo del trabajo cay\u00f3 en manos del estado. Las leyes, haci\u00e9ndose<br \/>\ngradualmente m\u00e1s y m\u00e1s severas, trataban de impedir de todos modos que los artesanos se<br \/>\nasociaran de cualquier manera que fuese. Durante alg\u00fan tiempo se permiti\u00f3, por ejemplo, la<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n133<br \/>\nexistencia de las guildas comerciales, bajo condici\u00f3n de que otorgar\u00edan subsidios generosos a<br \/>\nlos reyes; se toler\u00f3 tambi\u00e9n la existencia de algunas guildas de artesanos, a las qu\u00e9 utilizaba el<br \/>\nestado como \u00f3rganos de administraci\u00f3n. Algunas de las guildas del \u00faltimo g\u00e9nero todav\u00eda<br \/>\narrastran su existencia in\u00fatil. Pero lo que antes era una fuerza vital de la existencia y de la<br \/>\nindustria medievales, hace va mucho que ha desaparecido bajo el peso abrumador del estado<br \/>\ncentralizado.<br \/>\nEn Gran Breta\u00f1a, que puede ser tomada como el mejor ejemplo de la pol\u00edtica industrial de los<br \/>\nestados modernos, vemos que ya en el siglo XV el Parlamento inici\u00f3 la obra de destrucci\u00f3n de<br \/>\nlas guildas; pero las medidas decisivas contra ellas fueron tomadas s\u00f3lo en el siglo siguiente,<br \/>\nEnrique VIII no s\u00f3lo destruy\u00f3 la organizaci\u00f3n de las guildas, sino que en el momento oportuno<br \/>\nconfisc\u00f3 sus bienes \u00abcon mayor desconsideraci\u00f3n -dijo Toulmin Smith- que la demostrada en la<br \/>\nconfiscaci\u00f3n de los bienes de los monasterios\u00bb Eduardo VI termin\u00f3 su obra. Y ya en la segunda<br \/>\nmitad del siglo XVI hallamos que el Parlamento se ocup\u00f3 de resolver todas las divergencias<br \/>\nentre los artesanos y los comerciantes que antes eran resueltas en cada ciudad por separado.<br \/>\nEl Parlamento y el rey no s\u00f3lo se apropiaron del derecho de legislaci\u00f3n en todas las disputas<br \/>\nsemejantes, sino que teniendo en cuenta los intereses de la corona, ligados a la exportaci\u00f3n al<br \/>\nextranjero, enseguida comenzaron a determinar el n\u00famero necesario, seg\u00fan su opini\u00f3n, de<br \/>\naprendices para cada oficio, y a regularizar del modo m\u00e1s detallado la t\u00e9cnica misma de cada<br \/>\nproducci\u00f3n: el peso del material, el n\u00famero de hilos por pulgada de tela, etc. Se debe decir, sin<br \/>\nembargo, que estas tentativas no fueron coronadas por el \u00e9xito, puesto que las discusiones y<br \/>\ndificultades t\u00e9cnicas de todo g\u00e9nero, que durante una serie de siglos fueron resueltas por el<br \/>\nacuerdo entre las guildas estrechamente dependientes una de otra y entre las ciudades que<br \/>\ningresaban en la uni\u00f3n, est\u00e1n completamente fuera del alcance de los funcionarios del estado.<br \/>\nLa intromisi\u00f3n constante de los funcionarios no permit\u00eda a los oficios vivir y desarrollarse, y llev\u00f3<br \/>\na la mayor\u00eda de ellos a una decadencia completa; y por ello, los economistas, ya en el siglo<br \/>\nXVIII, rebel\u00e1ndose contra la regulaci\u00f3n de la producci\u00f3n por el estado, expresaron un<br \/>\ndescontento plenamente justificado y extendido entonces. La destrucci\u00f3n hecha por la<br \/>\nrevoluci\u00f3n francesa de este g\u00e9nero de intromisi\u00f3n de la burocracia en la industria fue saludada<br \/>\ncorno un acto de liberaci\u00f3n; y pronto otros pa\u00edses siguieron el ejemplo de Francia.<br \/>\nEl estado no pudo, tampoco, alabarse de haber obtenido mejor \u00e9xito en la determinaci\u00f3n del<br \/>\nsalario. En las ciudades medievales, cuando en el siglo XV comenz\u00f3 a marcarse cada vez m\u00e1s<br \/>\nagudamente la distinci\u00f3n entre los maestros y sus medio oficiales o jornaleros, los medio<br \/>\noficiales opusieron sus uniones (Geseilverbande), que a veces ten\u00edan car\u00e1cter internacional,<br \/>\ncontra las uniones de maestros y comerciantes. Ahora, el estado se encarg\u00f3 de resolver sus<br \/>\ndiscusiones, y seg\u00fan el estatuto de Isabel, de 1 a\u00f1o 1563, se confiri\u00f3 a los jueces de paz la<br \/>\nobligaci\u00f3n de establecer la proporci\u00f3n del salario, de modo que asegurara una existencia<br \/>\n\u00abdecorosa\u00bb a los jornaleros y aprendices. Los jueces de paz, sin embargo, resultaron<br \/>\ncompletamente impotentes en la obra de conciliar los intereses opuestos de amos y obreros, y<br \/>\nde ning\u00fan modo pudieron obligar a los maestros a someterse a la resoluci\u00f3n judicial. La ley<br \/>\nsobre el salario, de tal modo, se convirti\u00f3 gradualmente en letra muerta, y fue derogada al final<br \/>\ndel siglo XVIII.<br \/>\nPero, a la vez que el estado se vio obligado a renunciar al deber de establecer el salario,<br \/>\ncontinu\u00f3, sin embargo, prohibiendo severamente todo g\u00e9nero de acuerdo entre los jornaleros y<br \/>\nlos maestros, concertados con el fin de aumentar los salarios o de mantenerlos en un<br \/>\ndeterminado nivel. Durante todo el siglo XVIII, el estado emiti\u00f3 leyes dirigidas contra las uniones<br \/>\nobreras, y en el a\u00f1o 1799, finalmente, prohibi\u00f3 todo g\u00e9nero de acuerdo de los obreros, bajo<br \/>\namenaza de los castigos m\u00e1s severos. En suma, el Parlamento brit\u00e1nico s\u00f3lo sigui\u00f3, en este<br \/>\ncaso, el ejemplo de la Convenci\u00f3n revolucionaria francesa, que dict\u00f3 en 1793 una ley<br \/>\ndraconiana contra las coaliciones obreras; los acuerdos entre un determinado n\u00famero de<br \/>\nciudadanos eran considerados por esta asamblea revolucionaria como un atentado contra la<br \/>\nsoberan\u00eda del estado, del que se supon\u00eda que proteg\u00eda en igual medida a todos sus s\u00fabditos.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n134<br \/>\nDe tal modo fue terminada la obra de la destrucci\u00f3n de las uniones medievales. Ahora, tanto en<br \/>\nla ciudad como en la aldea, el estado reinaba sobre los grupos, d\u00e9bilmente unidos entre s\u00ed, de<br \/>\npersonas aisladas, y estaba dispuesto a prevenir, con las medidas m\u00e1s severas, todas sus<br \/>\ntentativas de restablecer cualquier uni\u00f3n especial.<br \/>\nTales fueron las condiciones en que tuvo que abrirse paso la tendencia a la ayuda mutua en el<br \/>\nsiglo XIX. Es comprensible, sin embargo, que todas estas medidas no tuvieran fuerza como<br \/>\npara destruir esa tendencia perdurable. En el transcurso del siglo XVIII. las uniones obreras se<br \/>\nreconstitu\u00edan constantemente. No pudieron detener su nacimiento y desarrollo ni siquiera las<br \/>\ncrueles persecuciones que comenzaron en virtud de las leyes de 1797 y 1799. Los obreros<br \/>\naprovechaban cada advertencia de la ley y de la vigilancia establecida, cada demora de parte<br \/>\nde los maestros, obligados a informar de la constituci\u00f3n de las uniones, para ligarse entre s\u00ed.<br \/>\nBajo la apariencia de sociedades amistosas (friendly societies), de clubs de entierros, o de<br \/>\nhermandades secretas, las uniones se extendieron por todas partes: en la industria textil, entre<br \/>\nlos trabajadores de las cuchiller\u00edas de Sheffield, entre los mineros: y se formaron tambi\u00e9n<br \/>\npoderosas organizaciones federales para apoyar a las uniones locales durante las huelgas y<br \/>\npersecuciones. Una serie de agitaciones obreras se produjeron a principios del siglo XIX,<br \/>\nespecialmente despu\u00e9s de la conclusi\u00f3n de la paz de 1815, de modo que finalmente hubo que<br \/>\nderogar las leyes de 1797 y 1799.<br \/>\nLa derogaci\u00f3n de la ley contra las coaliciones (Combinations Laws), en 1825, dio un nuevo<br \/>\nimpulso al movimiento. En todas las ramas de producci\u00f3n se organizaron inmediatamente<br \/>\nuniones y federaciones nacionales y cuando Robert Owen comenz\u00f3 la organizaci\u00f3n de su<br \/>\n\u00abGran Uni\u00f3n Consolidada Nacional\u00bb de las uniones profesionales, en algunos meses alcanz\u00f3 a<br \/>\nreunir hasta medio mill\u00f3n de miembros. Verdad es que este per\u00edodo de libertad relativo dur\u00f3<br \/>\npoco. Las persecuciones comenzaron de nuevo en 1830, y en el intervalo entre 1832 y 1844<br \/>\nsiguieron condenas judiciales feroces contra las organizaciones obreras, con destierro a<br \/>\ntrabajos forzados a Australia. La \u00abGran Uni\u00f3n Nacional\u00bb de Owen fue disuelta, y \u00e9ste hubo de<br \/>\nrenunciar a su ensayo de Uni\u00f3n Internacional, es decir, a la Internacional. Por todo el pa\u00eds, tanto<br \/>\nlas empresas particulares como igualmente el estado en sus talleres, empezaron a obligar a sus<br \/>\nobreros a romper todos los lazos con las uniones y a firmar un \u00abdocument\u00bb, es decir, una<br \/>\nrenuncia redactada en este sentido. Los unionistas fueron perseguidos en masa y detenidos<br \/>\nbajo la acci\u00f3n de la ley \u00abSobre los amos y sus servidores\u00bb, en virtud de la cual era suficiente la<br \/>\nsimple declaraci\u00f3n del patrono de la f\u00e1brica sobre la supuesta mala conducta de sus obreros<br \/>\npara arrestarlos en masa y juzgarlos.<br \/>\nLas huelgas fueron sofocadas del modo m\u00e1s desp\u00f3tico, y condenas asombrosas por su<br \/>\nseveridad fueron pronunciadas por la simple declaraci\u00f3n de huelga, o por la participaci\u00f3n en<br \/>\ncalidad de delegado de los huelguistas, sin hablar ya de las sofocaciones, por v\u00eda militar, de los<br \/>\nm\u00e1s m\u00ednimos des\u00f3rdenes durante las huelgas, o de los juicios seguidos por las frecuentes<br \/>\nmanifestaciones de violencias de diferentes g\u00e9neros por parte de los obreros. La pr\u00e1ctica de la<br \/>\nayuda mutua, bajo tales circunstancias, estaba bien lejos de ser cosa f\u00e1cil. Y, sin embargo, a<br \/>\npesar de todos los obst\u00e1culos, de cuyas proporciones nuestra generaci\u00f3n ni siquiera tiene la<br \/>\ndebida idea, ya. desde el a\u00f1o 1841 comenz\u00f3 el renacimiento de las uniones obreras, y la obra<br \/>\nde la asociaci\u00f3n de los obreros se prolong\u00f3 incansablemente desde entonces hasta el presente;<br \/>\nhasta que, por fin, despu\u00e9s de una larga lucha que duraba ya m\u00e1s de cien a\u00f1os, fue<br \/>\nconquistado el derecho de pertenecer a las uniones. En el a\u00f1o 1900 casi una cuarta parte de<br \/>\ntodos los trabajadores que ten\u00edan ocupaci\u00f3n fija, es decir, alrededor de 1.500.000 hombres,<br \/>\npertenec\u00edan a las uniones obreras (trace unions), y ahora su n\u00famero casi se ha triplicado.<br \/>\nEn cuanto a los otros estados europeos, es suficiente decir que hasta \u00e9pocas muy recientes<br \/>\ntodo g\u00e9nero de uniones era perseguido como conjuraci\u00f3n; en Francia, la formaci\u00f3n de las<br \/>\nuniones (sindicatos) con m\u00e1s de 19 miembros s\u00f3lo fue permitida por la ley en 1884. Pero a<br \/>\npesar de esto, las uniones obreras existen por doquier, si bien a menudo han de tomar la forma<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n135<br \/>\nde sociedades secretas; al mismo tiempo, la difusi\u00f3n y la fuerza de las organizaciones, en<br \/>\nespecial de los \u00abcaballeros del trabajo\u00bb en los Estados Unidos y de las uniones obreras de<br \/>\nB\u00e9lgica, se manifest\u00f3 claramente en las huelgas del 90.<br \/>\nSin embargo, es necesario recordar que el hecho mismo de pertenecer a una uni\u00f3n obrera,<br \/>\naparte de las persecuciones posibles, exige del obrero sacrificios bastante importantes en<br \/>\ndinero, tiempo y trabajo impago, o implica riesgo constante de perder el trabajo por el mero<br \/>\nhecho de pertenecer a la uni\u00f3n obrera. Adem\u00e1s, el unionista tiene que recordar continuamente<br \/>\nla posibilidad de huelga, y la huelga cuando se ha agotado el limitado cr\u00e9dito que da el<br \/>\npanadero y el prestamista, la entrega del fondo de huelga no alcanza para alimentar a la familia<br \/>\ntrae consigo el hambre de los ni\u00f1os. Para los hombres que viven en estrecho contacto con los<br \/>\nobreros, una huelga prolongada constituye uno de los espect\u00e1culos que m\u00e1s oprimen el<br \/>\ncoraz\u00f3n; por esto, f\u00e1cilmente puede imaginarse qu\u00e9 significa, a\u00fan ahora, en las partes no muy<br \/>\nricas de la Europa continental. Continuamente, aun en la \u00e9poca presente, la huelga termina con<br \/>\nla ruina completa y la emigraci\u00f3n forzosa de casi toda la poblaci\u00f3n de la localidad y el<br \/>\nfusilamiento de los huelguistas por a menor causa, y hasta sin causa alguna, aun ahora<br \/>\nconstituye el fen\u00f3meno m\u00e1s corriente en la mayor\u00eda de los estados europeos.<br \/>\nY sin embargo, cada a\u00f1o, en Europa y Am\u00e9rica, se producen miles de huelgas y despidos en<br \/>\nmasa, y las as\u00ed llamadas huelgas, \u00abpor solidaridad\u00bb, provocadas por el deseo de los<br \/>\ntrabajadores de apoyar a los compa\u00f1eros despedidos del trabajo o bien para defender los<br \/>\nderechos de sus uniones, son las que se destacan por su esencial duraci\u00f3n y severidad. Y<br \/>\nmientras la parte reaccionaria de la prensa suele estar siempre inclinada a declarar las huelgas<br \/>\ncomo una \u00abintimidaci\u00f3n\u00bb, los hombres que viven entre huelguistas hablan con admiraci\u00f3n de la<br \/>\nayuda del apoy\u00f3 mutuo practicado entre ellos. Probablemente, muchos han o\u00eddo hablar del<br \/>\ntrabajo colosal realizado por los trabajadores Voluntarios para organizar la ayuda y la<br \/>\ndistribuci\u00f3n de comida durante la gran huelga de los obreros de los docks de Londres en el 80,<br \/>\no de los mineros que habiendo estado ellos mismos sin trabajo durante semanas enteras, en<br \/>\ncu\u00e1nto volvieron al trabajo de nuevo empezaron inmediatamente a pagar cuatro chelines por<br \/>\nsemana al fondo de huelga; o de la viuda del minero que durante los disturbios obreros de<br \/>\nYorkshire, en 1894, aport\u00f3 todos los ahorros de su difunto esposo al fondo de huelga; de c\u00f3mo<br \/>\ndurante la huelga los vecinos se repart\u00edan siempre entre s\u00ed el \u00faltimo trozo de pan; de los<br \/>\nmineros de Redstoc, que pose\u00edan vastos huertos e invitaron a 400 camaradas de Bristol a<br \/>\nllevarse gratuitamente coles, patatas, etc. Todos los corresponsales de los diarios, durante la<br \/>\ngran huelga de los mineros de Yorkshire, en 1894, conoc\u00edan un c\u00famulo de hechos semejantes,<br \/>\na pesar de que bien lejos estaban todos ellos de atreverse a escribir sobre semejantes<br \/>\n\u00abbagatelas\u00bb inconvenientes en las p\u00e1ginas de sus respetables diarios.<br \/>\nLa uni\u00f3n de los obreros profesionales no constituye, sin embargo, la \u00fanica forma en que se<br \/>\nencauza la necesidad del obrero de ayuda mutua. Adem\u00e1s de las uniones obreras existen las<br \/>\nasociaciones pol\u00edticas, cuya acci\u00f3n, seg\u00fan consideran muchos obreros, conduce mejor al<br \/>\nbienestar p\u00fablico que las uniones profesionales, que ahora se limitan, en su mayor parte, a sus<br \/>\nsolos estrechos fines. Naturalmente, no es posible considerar el simple hecho de pertenecer a<br \/>\nuna corporaci\u00f3n pol\u00edtica como una manifestaci\u00f3n de la tendencia a la ayuda mutua. La pol\u00edtica,<br \/>\ncomo es sabido, constituye precisamente el campo donde los hombres ego\u00edstas entran en las<br \/>\nm\u00e1s complicadas combinaciones con los hombres inspirados por tendencias sociales. Pero todo<br \/>\npol\u00edtico experimentado sabe que los grandes movimientos pol\u00edticos, todos, surgieron teniendo<br \/>\njustamente objetivos amplios y, a menudo, lejanos, y los m\u00e1s poderosos de estos movimientos<br \/>\nfueron aquellos que provocaron el entusiasmo m\u00e1s desinteresado.<br \/>\nTodos los grandes movimientos hist\u00f3ricos ten\u00edan este car\u00e1cter, y el socialismo brinda a nuestra<br \/>\ngeneraci\u00f3n un ejemplo de este g\u00e9nero de movimientos. \u00abEs obra de agitadores pegados\u00bb tal es<br \/>\nel estribillo corriente de aquellos que nada saben de estos movimientos. Pero, en realidad &#8211;<br \/>\nhablando s\u00f3lo de los hechos que conozco personalmente- si durante los \u00faltimos treinta y cinco<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n136<br \/>\na\u00f1os hubiera llevado un diario y anotado en \u00e9l todos los ejemplos por m\u00ed conocidos de<br \/>\nabnegaci\u00f3n y sacrificio con que he tropezado en el movimiento social, la palabra \u00abhero\u00edsmo\u00bb no<br \/>\nabandonar\u00eda los labios de los lectores de ese diario. Pero los hombres de que tendr\u00eda que<br \/>\nhablar en \u00e9l estaban lejos de ser h\u00e9roes; eran gente mediocre, inspirada solamente por una<br \/>\ngran idea. Todo diario socialista -y en Europa solamente existen muchos centenaresrepresenta<br \/>\nla misma historia de largos a\u00f1os de sacrificio, sin la m\u00e1s m\u00ednima esperanza de venta<br \/>\na material alguna, y en la inmensa mayor\u00eda de los casos, casi sin la satisfacci\u00f3n de la ambici\u00f3n<br \/>\npersonal, si es que \u00e9sta existe. He visto c\u00f3mo familias que viv\u00edan sin saber si tendr\u00edan un trozo<br \/>\nde pan al d\u00eda siguiente -boicoteado el esposo en todas partes, en su peque\u00f1a ciudad, por su<br \/>\nparticipaci\u00f3n en un diario, y la esposa manteniendo a la familia con su trabajo de agujaprolongaban<br \/>\nsemejante situaci\u00f3n meses y a\u00f1os, hasta que, por, \u00faltimo, la familia, agotada, se<br \/>\nretiraba, sin una palabra de reproche, diciendo a los nuevos compa\u00f1eros: \u00abContinuad, nosotros<br \/>\nya no tenemos fuerzas para resistir\u00bb. He visto hombres que mor\u00edan de tisis y que lo sab\u00edan, y,<br \/>\nsin embargo, corr\u00edan bajo la llovizna helada y la nieve para organizar m\u00edtines, y ellos mismos<br \/>\nhablaban en los m\u00edtines hasta pocas semanas antes de su muerte, y por \u00faltimo, al ir al hospital,<br \/>\nnos dec\u00edan: \u00abBueno, amigos, mi canci\u00f3n ha terminado: los m\u00e9dicos han decidido que me<br \/>\nquedan s\u00f3lo pocas semanas de vida. Decid a los camaradas que me har\u00e1n feliz si alguno viene<br \/>\na visitarme\u00bb. Conozco hechos que ser\u00edan considerados \u00abuna idealizaci\u00f3n\u00bb de parte m\u00eda si los<br \/>\nrefiriera a mis lectores, y hasta los nombres mismos de estos hombres apenas son conocidos<br \/>\nm\u00e1s all\u00e1 del c\u00edrculo estrecho de sus amigos, y ser\u00e1n pronto olvidados cuando \u00e9stos tambi\u00e9n<br \/>\ndejen de existir.<br \/>\nEn suma, no s\u00e9 qu\u00e9 admirar m\u00e1s: si la ilimitada abnegaci\u00f3n de estos pocos o la suma total de<br \/>\nlas peque\u00f1as manifestaciones de abnegaci\u00f3n de las masas conmovidas por el movimiento. La<br \/>\nventa de cada decena de n\u00fameros de un diario obrero, cada mitin, cada centenar de votos<br \/>\nganados en favor de los socialistas en las elecciones, son el resultado de una masa tal de<br \/>\nenerg\u00eda y de sacrificios de que los que est\u00e1n fuera del movimiento no tienen siquiera la menor<br \/>\nidea. Y as\u00ed como obran los socialistas, obraba en el pasado todo partido popular y progresista,<br \/>\npol\u00edtico y religioso. Todo el progreso realizado por nosotros en el pasado es el resultado del<br \/>\ntrabajo de unos hombres de una abnegaci\u00f3n semejante.<br \/>\nA menudo se presenta, especialmente en Gran Breta\u00f1a, a la cooperaci\u00f3n como un<br \/>\n\u00abindividualismo por acciones\u00bb, y es indudable que en su aspecto presente puede contribuir<br \/>\nf\u00e1cilmente a desarrollar el ego\u00edsmo cooperativista, no solamente, con respecto a la sociedad<br \/>\ngeneral, sino entre los mismos cooperadores. Sin embargo, es sabido de manera cierta que al<br \/>\nprincipio ten\u00eda este movimiento un car\u00e1cter profundo de ayuda mutua. Aun en la \u00e9poca<br \/>\npresente, los m\u00e1s ardientes partidarios de dicho movimiento est\u00e1n firmemente convencidos de<br \/>\nque la cooperaci\u00f3n conducir\u00e1 a la humanidad a una forma armoniosa superior, de relaciones<br \/>\necon\u00f3micas; y despu\u00e9s de haber estado en algunas localidades del norte de Inglaterra, donde<br \/>\nla cooperaci\u00f3n se halla muy desarrollada, es imposible no llegar a la conclusi\u00f3n de que un<br \/>\nn\u00famero importante de los participantes de este movimiento sostienen justamente tal opini\u00f3n. La<br \/>\nmayor\u00eda de ellos perder\u00eda todo inter\u00e9s en el movimiento cooperativo si perdiera la fe<br \/>\nmencionada. Es necesario decir tambi\u00e9n que en los \u00faltimos a\u00f1os comenzaron a evidenciarse,<br \/>\nentre los cooperadores, ideales m\u00e1s amplios de bienestar p\u00fablico y de solidaridad entre los<br \/>\nproductores. Imposible es negar tambi\u00e9n la inclinaci\u00f3n manifestada en ellos, que tiende a<br \/>\nmejorar las relaciones entre los propietarios de las cooperativas productoras y sus obreros.<br \/>\nLa importancia del cooperativismo en Inglaterra, Holanda y Dinamarca, es bien conocido, y en<br \/>\nAlemania, especialmente en el, Rhin, las sociedades cooperativas, en la \u00e9poca presente, son ya<br \/>\nuna fuerza poderosa de la vida industrial, Pero quiz\u00e1 Rusia constituya el mejor campo para el<br \/>\nestudio del cooperativismo en su infinita variedad de formas. En Rusia, la cooperativa, es decir,<br \/>\nel artiel, ha crecido de manera natural; fue una herencia de la Edad Media, y mientras que la<br \/>\nsociedad cooperativa constituida oficialmente habr\u00eda tenido que luchar contra un c\u00famulo de<br \/>\ndificultades legales y contra la suspicacia de la burocracia, la forma de cooperativa no oficial -el<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n137<br \/>\nartiel- constituye la esencia misma de la vida campesina rusa. Toda la historia de la \u00abcreaci\u00f3n<br \/>\nde Rusia\u00bb y de la organizaci\u00f3n de Siberia se presenta en realidad corno la historia de los arti\u00e9li<br \/>\nde cazadores y de industriales, inmediatamente despu\u00e9s de los cuales se extendieron las<br \/>\ncomunas aldeanas. Ahora hallamos el arti\u00e9l por todas partes: en cada grupo de campesinos<br \/>\nque de una misma aldea va a ganarse la vida a la f\u00e1brica, en todos los oficios de la<br \/>\nconstrucci\u00f3n, entre los pescadores y cazadores, entre los presos que van en viaje a Siberia y<br \/>\nlos fugitivos de Siberia, entre los mozos de cuerda de los ferrocarriles, entre los miembros de<br \/>\nlos arti\u00e9li de la bolsa, de los obreros de la aduana, en muchas de las industrias artesanos (que<br \/>\ndan trabajo a siete millones de hombres), etc\u00e9tera. En una palabra, de arriba a abajo, en todo el<br \/>\nmundo trabajador, hallamos arti\u00e9li: permanentes y temporales, para la producci\u00f3n y para el<br \/>\nconsumo, y en todas las formas posibles. Hasta la \u00e9poca presente las secciones de las<br \/>\npesquer\u00edas, en los r\u00edos que afluyen al mar Caspio, son arrendadas por arti\u00e9li colosales; el r\u00edo<br \/>\nUral pertenece a todo el Ej\u00e9rcito de cosacos del Ural, que divide y reparte sus secciones de<br \/>\npesquer\u00edas -quiz\u00e1 las m\u00e1s ricas del mundo- entre las aldeas cosacas, sin intromisi\u00f3n alguna por<br \/>\nparte de las autoridades. En el Ural, el Volga y en todos los lagos del norte de Rusia, la pesca<br \/>\nes realizada por los arti\u00e9li (v\u00e9ase el ap\u00e9ndice XIX).<br \/>\nJunto con estas organizaciones permanentes existe tambi\u00e9n una multitud innumerable de arti\u00e9li<br \/>\ntemporales, constituidos con todos los fines posibles. Cuando de diez a veinte campesinos de<br \/>\nuna localidad se dirigen a una ciudad grande a ganarse la vida; sea en calidad de tejedores,<br \/>\ncarpinteros, alba\u00f1iles, navegantes, etc., siempre constituyen un arti\u00e9l, alquilan un alojamiento<br \/>\ncom\u00fan y toman una cocinera (muy a menudo la esposa de uno de ellos se ocupa de la cocina),<br \/>\nelijen a un st\u00e1rosta, comen en com\u00fan y cada uno paga al arti\u00e9l el alojamiento y la comida. La<br \/>\npartida de presos en viaje a Siberia obra siempre del mismo modo, y el st\u00e1rosta elegido por<br \/>\nellos es el intermediario, reconocido oficialmente, entre los presos y el jefe militar del convoy<br \/>\nque acompa\u00f1a a la partida. En los presidios, los presos tienen la misma organizaci\u00f3n. Los<br \/>\nmozos de cuerda de los ferrocarriles, los mandaderos de la bolsa, los miembros de los arti\u00e9li de<br \/>\nla aduana, y los mandaderos de la ciudad, unidos por canci\u00f3n solidaria, gozan de tal reputaci\u00f3n<br \/>\nque los comerciantes conf\u00edan a un miembro del arti\u00e9l de los mandaderos cualquier suma de<br \/>\ndinero. En la construcci\u00f3n se forman arti\u00e9li que cuentan, a veces decenas de miembros, a<br \/>\nveces tambi\u00e9n unos pocos, y los grandes contratistas de la construcci\u00f3n de casas y ferrocarriles<br \/>\nprefieren siempre tratar con el arti\u00e9l antes que con los obreros contratados separadamente.<br \/>\nLas tentativas hechas por el Ministro de la Guerra, en 1890, para negociar directamente con los<br \/>\narti\u00e9li de productores, formados para producciones especiales entre artesanos, y encargarles<br \/>\nzapatos y todo g\u00e9nero de art\u00edculos de cobre y hierro para los uniformes de los soldados, a<br \/>\njuzgar por los informes, dieron resultados enteramente satisfactorios; y la entrega de una f\u00e1brica<br \/>\nfiscal (Votkinsk) en arriendo a los arti\u00e9li de obreros viose coronada, un tiempo, por un \u00e9xito<br \/>\npositivo. De tal modo, podemos ver en Rusia c\u00f3mo las antiguas instituciones medievales, que<br \/>\nhab\u00edan evitado la intromisi\u00f3n del estado (en sus manifestaciones no oficiales) sobrevivieron<br \/>\n\u00edntegras hasta la \u00e9poca presente, y tomaron las formas m\u00e1s diferentes, de acuerdo, con las<br \/>\nexigencias de la industria y el comercio modernos. En cuanto a la pen\u00ednsula balc\u00e1nica, en el<br \/>\nimperio turco y el C\u00e1ucaso, las viejas guildas se conservaron all\u00ed con plena fuerza. Los esnafy<br \/>\nservios conservaron plenamente el car\u00e1cter medieval: en su constituci\u00f3n entran tanto los<br \/>\nmaestros tomo los jornaleros; regulan la industria y son los \u00f3rganos de apoyo mutuo, tanto en el<br \/>\ncampo del trabajo c\u00f3mo en un caso de enfermedad, mientras que los amkari georgianos del<br \/>\nC\u00e1ucaso, y en especial en Tiflis, no s\u00f3lo cumplen los deberes de las uniones profesionales, sino<br \/>\nque ejercen una influencia importante sobre la vida de la ciudad.<br \/>\nRelacionado con la cooperaci\u00f3n, deber\u00eda, quiz\u00e1, mencionar la existencia en Inglaterra de las<br \/>\nsociedades amistosas de apoyo mutuo (friendly societies), las uniones de los \u00abchistosos\u00bb<br \/>\n(oddfellows), los clubs de las aldeas de las ciudades para pagar la asistencia m\u00e9dica, los clubs<br \/>\npara entierros o para la adquisici\u00f3n de ropas, los peque\u00f1os clubs organizados a menudo entre<br \/>\nlas muchachas de las f\u00e1bricas, que abonan algunos peniques semanales y luego sortean entre<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n138<br \/>\ns\u00ed la suma de una libra, que les da la posibilidad de realizar alguna compra m\u00e1s o menos<br \/>\nimportante, y muchas otras sociedades de g\u00e9nero semejante. Toda la vida del pueblo trabajador<br \/>\nde Inglaterra est\u00e1 impregnada de tales instituciones En todas estas sociedades y clubs se<br \/>\npuede observar no poca reserva de alegre sociabilidad y camarader\u00eda, a pesar de que se lleva<br \/>\ncuidadosamente el \u00abcr\u00e9dito\u00bb y el \u00abd\u00e9bito\u00bb de cada miembro. Pero aparte de estas instituciones,<br \/>\nexisten tantas uniones basadas en la disposici\u00f3n a sacrificar, si necesario fuera, el tiempo, la<br \/>\nsalud y la vida, que podemos extraer d\u00e9 su actividad ejemplos de las mejores formas de apoyo<br \/>\nmutuo.<br \/>\nEn primer lugar es menester citar aqu\u00ed la sociedad de salvamento mar\u00edtimo en Inglaterra, e<br \/>\ninstituciones semejantes en el resto de Europa, La sociedad inglesa tiene m\u00e1s de 300 botes de<br \/>\nsalvamento a lo largo las orillas de Inglaterra, y tendr\u00eda dos veces m\u00e1s si no fuera por la<br \/>\npobreza de los pescadores, quienes no siempre pueden comprar por mismos los caros botes de<br \/>\nsalvamento. La tripulaci\u00f3n de estos botes se compone siempre de voluntarios, cuya disposici\u00f3n<br \/>\na sacrificar la vida para salvar a hombres que les son completamente desconocidos es<br \/>\nsometida todos los a\u00f1os a una prueba dura, cada invierno, y en realidad algunos de los m\u00e1s<br \/>\nvalientes perecen en las aguas. Y si pregunt\u00e1is a estos hombres qu\u00e9 fue lo que los incit\u00f3 a<br \/>\narriesgar la vida, a veces en condiciones tales que, seg\u00fan parec\u00eda, no hab\u00eda posibilidad alguna<br \/>\nde \u00e9xito, os contestar\u00e1n probablemente con un relato, del g\u00e9nero del siguiente, que yo, escuch\u00e9<br \/>\nen la costa meridional. Una furiosa tormenta, de nieve soplaba sobre el canal de la Mancha;<br \/>\nrug\u00eda sobre las llanas orillas arenosas donde se hallaba una peque\u00f1a aldehuela, y el mar arroj\u00f3<br \/>\nsobre las arenas pr\u00f3ximas a ella, una embarcaci\u00f3n de un solo m\u00e1stil, cargada de naranjas. En<br \/>\naguas tan poco profundas s\u00f3lo se mantiene el bote salvavidas de fondo chato, de tipo<br \/>\nsimplificado, y salir con \u00e9l de tal tormenta significaba, ir a un verdadero desastre, y sin embargo,<br \/>\nlos hombres se decidieron y fueron. Horas enteras lucharon contra la tormenta de nieve; dos<br \/>\nveces el bote se volc\u00f3. Uno de los remeros se ahog\u00f3, y los restantes fueron arrojados a la<br \/>\nplaya. A la ma\u00f1ana siguiente, hallaron, a uno de los \u00faltimos -un guarda aduanero inteligenteseriamente<br \/>\nherido y medio helado en la nieve. Yo le pregunt\u00e9 c\u00f3mo hab\u00edan decidido a hacer<br \/>\naquella tentativa desesperada. \u00abYo mismo no lo s\u00e9 -respondi\u00f3-. All\u00ed, en el mar, la gente perec\u00eda;<br \/>\ntoda la aldea estaba en la orilla, y dec\u00edan todos que hacerse a la mar hubiera sido una locura y<br \/>\nque nunca vencer\u00edamos la rompiente. Ve\u00edamos que hab\u00eda en el barco cinco o seis hombres que<br \/>\nse aferraban al m\u00e1stil y hac\u00edan se\u00f1ales desesperadas. Todos sent\u00edamos que era necesario<br \/>\nemprender algo, pero, \u00bfqu\u00e9 pod\u00edamos hacer? Pas\u00f3 una hora, otra, y permanec\u00edamos a\u00fan en la<br \/>\nplaya, ten\u00edamos todos e1 alma oprimida. Luego, de repente, nos pareci\u00f3 o\u00edr que a trav\u00e9s de los<br \/>\naullidos de la tempestad nos llegaban sus lamentos&#8230; Hab\u00eda un ni\u00f1o con ellos. No pudimos<br \/>\nresistir m\u00e1s la tensi\u00f3n: todos juntos dijimos: \u00a1Es necesario salir! Las mujeres dec\u00edan lo mismo;<br \/>\nnos hubieran considerado cobardes si nos hubi\u00e9ramos quedado, a pesar de que ellas mismas<br \/>\nnos llamaban locos el d\u00eda siguiente, por nuestra tentativa. Como un solo hombre, nos arrojamos<br \/>\nal bote salvavidas partimos. El bote volc\u00f3, pero conseguimos volver a enderezarlo. Lo peor de<br \/>\ntodo fue cuando el desdichado N. se ahog\u00f3, aferrado a una cuerda del bote, y nada pudimos<br \/>\nhacer por salvarlo. Luego nos azot\u00f3 una ola enorme, el bote vol\u00f3 de nuevo y nos arroj\u00f3 a todos<br \/>\na la playa. Los hombres del buque n\u00e1ufrago fueron salvados por un bote de Dungenes, y<br \/>\nnuestro bote fue recogido muchas millas al oeste. A m\u00ed me hallaron a la ma\u00f1ana siguiente sobre<br \/>\nla nieve.\u00bb<br \/>\nEl mismo sentimiento mov\u00eda tambi\u00e9n a los mineros del valle de Ronda cuando salvaron a sus<br \/>\ncamaradas de un pozo de la mina que hab\u00eda sufrido una inundaci\u00f3n. Tuvieron que atravesar<br \/>\nuna capa de carb\u00f3n de 96 pies de espesor para llegar hasta los compa\u00f1eros enterrados vivos.<br \/>\nPero cuando s\u00f3lo les faltaba perforar en total nueve pies, los sorprendi\u00f3 el gas gris\u00fa. Las<br \/>\nl\u00e1mparas se extinguieron y los mineros hubieron de retirarse. Trabajar en tales condiciones<br \/>\nsignificaba correr el riesgo de ser volado en cualquier momento y, finalmente, perecer todos.<br \/>\nPero se o\u00edan todav\u00eda los golpes de los enterrados; estos hombres estaban vivos y clamaban<br \/>\nayuda, y algunos mineros voluntariamente se propusieron salvar a sus camaradas, arriesgando<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n139<br \/>\nsus vidas. Cuando descendieron al pozo, las mujeres los acompa\u00f1aban con l\u00e1grimas<br \/>\nsilenciosas, pero ninguna pronunci\u00f3 una palabra para detenerlos.<br \/>\nTal es la esencia de la psicolog\u00eda humana. Mientras los hombres no se han embriagado con la<br \/>\nlucha hasta la locura, no \u00abpueden o\u00edr\u00bb pedidos de ayuda sin responderles. Al principio se habla<br \/>\nde cierto hero\u00edsmo personal, y tras del h\u00e9roe sienten todos que deben seguir su ejemplo. Los<br \/>\nArtificios de la mente no pueden oponerse al sentimiento de ayuda mutua, pues este<br \/>\nsentimiento ha sido educado durante muchos miles de a\u00f1os por la vida social humana y por<br \/>\ncentenares de miles de a\u00f1os de vida prehumana en las sociedades animales.<br \/>\nSin embargo, quiz\u00e1 todos preguntar\u00e1n: Pero, \u00ab\u00bfc\u00f3mo es que pudieron ahogarse recientemente<br \/>\nlos hombres en el Serpentine, el lago que se halla en medio del Hyde Park, en presencia de una<br \/>\nmultitud de espectadores y nadie se arroj\u00f3 en su ayuda?\u00bb 0 bien; \u00ab\u00bfc\u00f3mo pudo ser dejado sin<br \/>\nayuda el ni\u00f1o que cay\u00f3 al agua en el Regent&#8217;s Park, tambi\u00e9n en presencia de una multitud<br \/>\nnumerosa de p\u00fablico dominguero, y s\u00f3lo fue salvado gracias a la presencia de \u00e1nimo de una<br \/>\nni\u00f1a jovencita, criada de una casa vecina, que azuz\u00f3 al perro Terranova de un buzo? La<br \/>\nrespuesta a estas preguntas es simple. El hombre constituye una mezcla no s\u00f3lo de instintos<br \/>\nheredados, sino tambi\u00e9n de educaci\u00f3n. Entre los mineros y marinos, gracias a sus ocupaciones<br \/>\ncomunes y al contacto cotidiano entr\u00e9 si, se crea un sentimiento de reciprocidad, y los peligros<br \/>\nque los rodean educan en ellos el coraje y el ingenio audaz. En las ciudades, por lo contrario, la<br \/>\nausencia de intereses comunes educa la indiferencia; y el coraje y el ingenio, que raramente<br \/>\nhallan aplicaci\u00f3n, desaparecen o toman otra direcci\u00f3n.<br \/>\nAdem\u00e1s, la tradici\u00f3n de las haza\u00f1as heroicas en los pozos de las minas y en el mar vive en las<br \/>\naldehuelas de los mineros y de los pescadores, rodeada de una aureola po\u00e9tica. Pero, \u00bfqu\u00e9<br \/>\ntradici\u00f3n puede existir en la abigarrada multitud de Londres? Toda tradici\u00f3n, que es en ellos<br \/>\npatrimonio com\u00fan, hubo de ser creada por la literatura o la palabra; pero apenas si existe en la<br \/>\ngran ciudad una literatura equivalente a las leyes de las aldeas. El clero, en sus sermones, tanto<br \/>\nse empe\u00f1a en demostrar lo pecaminoso de la naturaleza humana y el origen sobrehumano de<br \/>\ntodo lo bueno en el hombre, que, en la mayor\u00eda de los casos, pasa en silencio aquellos hechos<br \/>\nque no se pueden exhibir en calidad de ejemplo de una gracia divina enviada del cielo. En<br \/>\ncuanto a los escritores \u00ablaicos\u00bb, su atenci\u00f3n se dirige principalmente a un aspecto del hero\u00edsmo,<br \/>\na saber, el hero\u00edsmo del pescador casi sin prestarle atenci\u00f3n alguna. El poeta y el pintor suelen<br \/>\nser impresionados por la belleza del coraz\u00f3n humano, es verdad, pero s\u00f3lo en raras ocasiones<br \/>\nconocen la vida de las clases m\u00e1s pobres; y si pueden a\u00fan cantar o representar, en un<br \/>\nambiente convencional, al h\u00e9roe romano o militar, demuestran ser incapaces cuando tratan de<br \/>\nrepresentar al h\u00e9roe que act\u00faa en ese modesto ambiente de la vida popular que les es extra\u00f1o.<br \/>\nNo es de asombrar, por esto, si la mayor\u00eda de tales tentativas se destacan invariablemente por<br \/>\nla ampulosidad y la ret\u00f3rica.<br \/>\nLa cantidad innumerable de sociedades, clubs y asociaciones de distracci\u00f3n, de trabajos<br \/>\ncient\u00edficos e investigaciones, y con diferentes fines educacionales, etc., que se constituyeron y<br \/>\nse extendieron en los \u00faltimos tiempos, es tal que se necesitar\u00edan muchos vol\u00famenes para su<br \/>\nsimple inventario. Todos ellos constituyen la manifestaci\u00f3n de la misma fuerza, enteramente<br \/>\nactiva que incita a los hombres a la asociaci\u00f3n y al apoyo mutuo. Algunas de estas sociedades,<br \/>\ncomo las asociaciones de las cr\u00edas j\u00f3venes de aves de diferentes especies, que se re\u00fanen en el<br \/>\noto\u00f1o, persiguen un objetivo \u00fanico, el goce de la vida en com\u00fan. Casi todas las aldeas de<br \/>\nInglaterra, Suiza, Alemania, etc., tienen sus sociedades de juego de cricket, football, tennis,<br \/>\nbolos o clubs de palomas, musicales y de canto. Existen luego grandes sociedades nacionales<br \/>\nque se destacan por el n\u00famero especial de sus miembros, como, por ejemplo, las sociedades<br \/>\nde ciclistas, que en los \u00faltimos tiempos se desarrollaron en proporciones inusitadas. A pesar de<br \/>\nque los miembros de estas asociaciones no tienen nada en com\u00fan, excepto su afici\u00f3n de andar<br \/>\nen veloc\u00edpedo, han conseguido formar entre ellos un g\u00e9nero de francmasoner\u00eda con fines de<br \/>\nayuda mutua, especialmente en los lugares apartados, libres todav\u00eda del aflujo de veloc\u00edpedos.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n140<br \/>\nLos miembros consideran al club de ciclistas asociados de cualquier aldehuela, hasta cierto<br \/>\npunto, como si fuera su propia casa, y en el campamento de ciclistas, que se re\u00fane todos los<br \/>\na\u00f1os en Inglaterra, a menudo se entablan s\u00f3lidas relaciones amistosas. Los Kegelbruder, es<br \/>\ndecir, las sociedades de bolos, de Alemania, constituyen la misma asociaci\u00f3n; exactamente lo<br \/>\nmismo las sociedades gimn\u00e1sticas (que cuentan hasta 300.000 miembros en Alemania), las<br \/>\nhermandades no oficializadas de remeros de los r\u00edos franceses, los clubs de yates, etc.<br \/>\nSemejantes asociaciones, naturalmente, no cambian la estructura econ\u00f3mica de la sociedad,<br \/>\npero especialmente en las ciudades peque\u00f1as ayudan a nivelar las diferencias sociales, y<br \/>\npuesto que ellas tienden a unirse en grandes federaciones nacionales e internacionales, ya por<br \/>\nesto contribuyen al desenvolvimiento de las relaciones amistosas personales entre toda clase<br \/>\nde hombres diseminados en las diferentes partes del globo.<br \/>\nLos clubs alpinos, la uni\u00f3n para la protecci\u00f3n de la caza (Jagdpschutzverlein) de Alemania, que<br \/>\ntiene m\u00e1s de 100.000 miembros -cazadores, guardabosques y zo\u00f3logos profesionales, y<br \/>\nsimples amantes de la naturaleza- y, del mismo modo, la Sociedad Ornitol\u00f3gica Internacional,<br \/>\ncuyos miembros son zo\u00f3logos, criadores de aves y simples campesinos de Alemania, tienen el<br \/>\nmismo car\u00e1cter. Consiguieron, en el curso de unos pocos a\u00f1os, no s\u00f3lo realizar una enorme<br \/>\nobra de utilidad p\u00fablica que est\u00e1 al alcance \u00fanicamente de las sociedades importantes (el<br \/>\ntrazado de cartas geogr\u00e1ficas, la construcci\u00f3n de refugios y apertura de caminos en las<br \/>\nmonta\u00f1as; el estudio de los animales, de los insectos nocivos, de la migraci\u00f3n de aves, etc.),<br \/>\nsino que han creado tambi\u00e9n nuevos lazos entre los hombres. Dos alpinistas de diferentes<br \/>\nnacionalidades que se encuentran, en una caba\u00f1a de refugio, construida por el club en la cima<br \/>\nde las monta\u00f1as del C\u00e1ucaso, o bien el profesor y el campesino ornit\u00f3logo, que han vivido bajo<br \/>\nun mismo techo, no han de sentirse ya dos hombres completamente extra\u00f1os. Y la \u00abSociedad<br \/>\ndel T\u00edo Toby\u00bb, de New Castle, que ha persuadido a m\u00e1s de 300.000 ni\u00f1os y ni\u00f1as que no<br \/>\ndestruyan los nidos de p\u00e1jaros y a ser buenos con todos los animales, es indudable que ha<br \/>\nhecho bastante m\u00e1s en pro del desarrollo de los sentimientos humanos y de la afici\u00f3n al estudio<br \/>\nde las ciencias naturales que el conjunto de predicadores de todo g\u00e9nero y que la mayor\u00eda de<br \/>\nnuestras escuelas.<br \/>\nNi siquiera en nuestro breve ensayo podemos pasar en silencio los millares de sociedades<br \/>\ncient\u00edficas, literarias, art\u00edsticas y educativas. Naturalmente, necesario es decir que, hasta la<br \/>\n\u00e9poca presente, las corporaciones cient\u00edficas, que se encuentran bajo el control del estado y<br \/>\nque con frecuencia reciben de \u00e9l subsidios, generalmente se han convertido en un c\u00edrculo muy<br \/>\nestrecho, ya que los hombres de carrera a menudo consideran a las sociedades cient\u00edficas<br \/>\ncomo medios para ingresar en las filas de sabios pagados por el estado, mientras que,<br \/>\nindudablemente, la dificultad de ser miembro de algunas sociedades privilegiadas s\u00f3lo conduce<br \/>\na suscitar envidias mezquinas. Pero, con todo, es indudable que tales sociedades nivelan hasta<br \/>\ncierto punto las diferencias de clases, creadas por el nacimiento o por pertenecer a tal o cual<br \/>\ncapa, a tal o cual partido pol\u00edtico o creencia. En las peque\u00f1as ciudades apartadas, las<br \/>\nsociedades cient\u00edficas, geogr\u00e1ficas, musicales, etc., especialmente aquellas que incitan a la<br \/>\nactividad de un c\u00edrculo de aficionados m\u00e1s o menos amplios, se convierten en peque\u00f1os<br \/>\ncentros y en un g\u00e9nero de eslab\u00f3n que une a la peque\u00f1a ciudad con un mundo vasto, y<br \/>\ntambi\u00e9n en el lugar en que se encuentran en un pie de igualdad hombres que ocupan las<br \/>\nposiciones m\u00e1s diferentes en la vida social. Para apreciar la importancia de tales centros es<br \/>\nnecesario conocerlos, por ejemplo, en Siberia.<br \/>\nPor \u00faltimo, una de las manifestaciones m\u00e1s importantes del mismo esp\u00edritu lo constituyen las<br \/>\ninnumerables sociedades que tienen por fin la difusi\u00f3n de la educaci\u00f3n, y que s\u00f3lo ahora<br \/>\ncomienzan a destruir el monopolio de la iglesia y del estado en esta rama de la vida, importante<br \/>\nen grado sumo. Puede osar decirse que, dentro de un tiempo extremadamente breve, estas<br \/>\nsociedades adquirir\u00e1n una importancia dominante en el campo de la educaci\u00f3n popular.<br \/>\nDebemos ya a la \u00abAsociaci\u00f3n Froebel\u00bb el sistema de jardines infantiles, y a una serie entera de<br \/>\nsociedades oficializadas y no oficializadas debemos el nivel elevado que ha alcanzado la<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n141<br \/>\neducaci\u00f3n femenina en Rusia. En cuanto a las diferentes sociedades pedag\u00f3gicas de Alemania,<br \/>\ncomo es sabido, les corresponde una enorme parte de influencia en la elaboraci\u00f3n de los<br \/>\nm\u00e9todos modernos de ense\u00f1anza en las escuelas populares. Tales asociaciones son tambi\u00e9n<br \/>\nel mejor sost\u00e9n de los maestros. \u00a1Cu\u00e1n infeliz se sentir\u00eda sin su ayuda el maestro de aldea,<br \/>\nabrumado por el peso de un trabajo mal retribuido!<br \/>\n\u00bfTodas estas asociaciones, sociedades, hermandades, uniones, institutos etc\u00e9tera, que se<br \/>\npueden contar por decenas de miles en Europa solamente, y cada una de las cuales representa<br \/>\nuna masa enorme de trabajo voluntario, desinteresado, impagado o retribuido muy pobremente<br \/>\nno son todas ellas manifestaciones, en formas infinitamente variadas, de aquella necesidad,<br \/>\neternamente viva en la humanidad, de ayuda y apoyo mutuos? Durante casi tres siglos se ha<br \/>\nimpedido que el hombre se tendiera mutuamente las manos, ni aun con fines literarios,<br \/>\nart\u00edsticos y educativos. Las sociedades pod\u00edan formarse solamente con el conocimiento y bajo<br \/>\nla protecci\u00f3n del estado o de la Iglesia, o deb\u00edan existir en calidad de sociedades secretas<br \/>\nsemejantes a las francmasonas; pero ahora que esta oposici\u00f3n del estado ha sido,<br \/>\nquebrantada, surgen por todas partes, abarcando las ramas m\u00e1s distintas de la actividad<br \/>\nhumana. Empiezan a adquirir un car\u00e1cter internacional, e indudablemente contribuyen -en<br \/>\ngrado tal que a\u00fan no hemos apreciado plenamente- al quebrantamiento de las barreras<br \/>\ninternacionales erigidas por los estados. A pesar de la envidia, a pesar del odio, provocados por<br \/>\nlos fantasmas de un pasado en descomposici\u00f3n, la conciencia de la solidaridad internacional<br \/>\ncrece, tanto entre los hombres avanzados como entre las masas obreras, desde que ellas se<br \/>\nconquistaron el derecho a las relaciones internacionales; y no hay duda alguna de que este<br \/>\nesp\u00edritu de solidaridad creciente ejerci\u00f3 ya cierta influencia al conjurar una guerra entre estados<br \/>\neuropeos en los \u00faltimos treinta a\u00f1os. Y despu\u00e9s de esa cruel lecci\u00f3n recibida por Europa, y en<br \/>\nparte por Am\u00e9rica, en la \u00faltima guerra de cinco a\u00f1os, no hay duda alguna que la voz del sano<br \/>\njuicio, poniendo freno a la explotaci\u00f3n de unos pueblos por otros, har\u00e1 imposible por mucho<br \/>\ntiempo otra guerra semejante.<br \/>\nPor \u00faltimo, es menester mencionar aqu\u00ed tambi\u00e9n las sociedades de beneficencia que, a su vez,<br \/>\nconstituyen todo un mundo original, ya que no hay la menor duda de que mueven a la inmensa<br \/>\nmayor\u00eda de los miembros de estas sociedades los mismos sentimientos de ayuda mutua que<br \/>\nson inherentes a toda la humanidad. Por desgracia, nuestros maestros religiosos prefieren<br \/>\natribuir origen sobrenatural a tales sentimientos. Muchos de ellos tratan de afirmar que el<br \/>\nhombre no puede inspirarse conscientemente en las ideas de ayuda mutua, mientras no est\u00e9<br \/>\niluminado por las doctrinas de aquella religi\u00f3n especial de la cual son los representantes, y junto<br \/>\ncon San Agust\u00edn, la mayor\u00eda de ellos no reconocen la existencia de esos sentimientos en los<br \/>\n\u00absalvajes paganos\u00bb. Adem\u00e1s, mientras el cristianismo primitivo, como todas las otras religiones<br \/>\nnacientes, era un llamado a un sentimiento de ayuda mutua y de solidaridad, ampliamente<br \/>\nhumano, que le es propio, como hemos visto, de todas las instituciones de ayuda y apoyo<br \/>\nmutuo que exist\u00edan antes, o se hab\u00edan desarrollado fuera de ella. En lugar de la ayuda mutua<br \/>\nque todo salvaje consideraba como el cumplimiento de un deber hacia sus cong\u00e9neres, la<br \/>\nIglesia cristiana comenz\u00f3 a predicar la caridad, que constitu\u00eda, seg\u00fan su doctrina, una virtud<br \/>\ninspirada por el cielo, una virtud que por obra de tal interpretaci\u00f3n atribuye un determinando<br \/>\ng\u00e9nero de superioridad a aqu\u00e9l que da sobre el que recibe, en lugar de reconocer la igualdad<br \/>\ncom\u00fan al g\u00e9nero humano, en virtud de la cual la ayuda mutua es un deber. Con estas<br \/>\nlimitaciones, y sin intenci\u00f3n alguna de ofender a aquellos que se consideran entre los elegidos,<br \/>\nmientras cumplen una exigencia de simple humanitarismo, nosotros podemos considerar,<br \/>\nnaturalmente, al enorme n\u00famero de sociedades diseminadas por todas partes como una<br \/>\nmanifestaci\u00f3n de aquella inclinaci\u00f3n a la ayuda mutua.<br \/>\nTodos estos hechos demuestran que la b\u00fasqueda irrazonada de la satisfacci\u00f3n de intereses<br \/>\npersonales, con olvido completo de las necesidades de los otros hombres, de ning\u00fan modo<br \/>\nconstituye el rasgo principal, caracter\u00edstico, de la vida moderna. Junto a estas corrientes<br \/>\nego\u00edstas, que orgullosamente exigen que se les reconozca importancia dominante en los<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n142<br \/>\nnegocios humanos, observamos la lucha porfiada que sostiene la poblaci\u00f3n rural y obrera con el<br \/>\nfin de reintroducir las firmes instituciones de ayuda y apoyo mutuos. No s\u00f3lo eso: descubrimos<br \/>\nen todas las clases de la sociedad un movimiento ampliamente extendido que tiende a<br \/>\nestablecer instituciones infinitamente variadas, m\u00e1s o menos firmes, con el mismo fin. Pero,<br \/>\ncuando de la vida p\u00fablica pasamos a la vida privada del hombre moderno, descubrimos todav\u00eda<br \/>\notro amplio mundo de ayuda y apoyos mutuos, a cuyo lado pasan la mayor\u00eda de los soci\u00f3logos<br \/>\nsin observarlo, probablemente porque est\u00e1 limitado al c\u00edrculo estrecho de la familia y de la<br \/>\namistad personal.<br \/>\nBajo el sistema moderno de vida social, todos los lazos de uni\u00f3n entre los habitantes de una<br \/>\nmisma calle o \u00abvecindad\u00bb han desaparecido. En los barrios ricos de las grandes ciudades, los<br \/>\nhombres viven juntos sin saber siquiera qui\u00e9n es su vecino. Pero en las calles y callejones<br \/>\ndensamente poblados de esas mismas ciudades, todos se conocen bien y se encuentran en<br \/>\ncontinuo contacto. Naturalmente, en los callejones, lo mismo que en todas partes, las peque\u00f1as<br \/>\nrencillas son inevitables, pero se desarrollan tambi\u00e9n relaciones seg\u00fan las inclinaciones<br \/>\npersonales, y dentro de estas relaciones se practica la ayuda mutua en tales proporciones que<br \/>\nlas clases m\u00e1s ricas no tienen idea. Si, por ejemplo, nos detenemos a mirar a los ni\u00f1os de un<br \/>\nbarrio pobre, que juegan en la plazuela, en la calle, o en el viejo cementerio (en Londres se ve<br \/>\nesto a menudo) observaremos en seguida que entre estos ni\u00f1os existe una estrecha uni\u00f3n, a<br \/>\npesar de las peleas que se producen, y esta uni\u00f3n preserva a los ni\u00f1os de numerosas<br \/>\ndesgracias de todo g\u00e9nero. Basta que alg\u00fan chico se incline curiosamente sobre el orificio<br \/>\nabierto de un sumidero para que su compa\u00f1ero de juego le grite: \u00ab\u00a1Sal de ah\u00ed, que en ese<br \/>\nagujero est\u00e1 la fiebre!\u00bb \u00ab\u00a1No trepes por esta pared; si caes del otro lado el tren te destrozar\u00e1!\u00bb<br \/>\n\u00ab\u00a1No te acerques a la zanja!\u00bb \u00ab\u00a1No comas de estas bayas: es veneno, te morir\u00e1s!\u00bb Tales son las<br \/>\nprimeras lecciones que el chico recibe cuando se une con sus compa\u00f1eros de, calle. \u00a1Cu\u00e1ntos<br \/>\nni\u00f1os a quienes sirven de lugar de juego, las calles de las proximidades de las viviendas modelo<br \/>\npara obreros\u00bb recientemente construidas, o las riberas y puentes de los canales, perecer\u00edan<br \/>\nbajo las ruedas de los carros o en el agua turbia de la corriente si entre ellos no existiera este<br \/>\ng\u00e9nero de ayuda mutua! Si a pesar de todo alg\u00fan chiquillo cae en un foso sin parapeto, o una<br \/>\nni\u00f1a resbala y cae en el canal, la horda callejera arma tal griter\u00edo que todo el vecindario torre a<br \/>\nayudarlos. De todo esto hablo por experiencia personal.<br \/>\nViene luego la uni\u00f3n de las madres: \u00abNo puede usted imaginarse -me escribe una doctora<br \/>\ninglesa que viv\u00eda en un barrio pobre de Londres, y a la cual rogu\u00e9 que me comunicara sus<br \/>\nimpresionase, no puede usted imaginarse cu\u00e1nto se ayudan entre s\u00ed. Si una mujer no ha<br \/>\npreparado, o no puede preparar, lo necesario para el ni\u00f1o que espera -\u00a1y cu\u00e1n a menudo<br \/>\nsucede esto!- todas las vecinas traen algo para el reci\u00e9n nacido. Al mismo tiempo, una de las<br \/>\nvecinas se hace cargo en seguida del cuidado de los ni\u00f1os, y otra del hogar, mientras la<br \/>\nparturienta permanece en cama\u00bb. Es \u00e9ste un fen\u00f3meno corriente que mencionan todos los que<br \/>\ntuvieron, que vivir entre los pobres de Inglaterra, y en general entre la poblaci\u00f3n pobre de una<br \/>\nciudad. Las madres se apoyan mutuamente haciendo miles de peque\u00f1os servicios y cuidan de<br \/>\nlos ni\u00f1os ajenos. Es. menester que la dama perteneciente a las clases ricas tenga una cierta<br \/>\ndisciplina -para mejor o para peor, que lo juzgue ella misma- para pasar por la calle al lado de<br \/>\nni\u00f1os que tiritan de fr\u00edo y est\u00e1n hambrientos, sin notario. Pero las madres de las clases pobres<br \/>\nno poseen tal disciplina. No pueden soportar el cuadro de un chico hambriento: deben<br \/>\nalimentarlo; y as\u00ed lo hacen. Cuando los ni\u00f1os que van a la escuela piden pan, raramente, o m\u00e1s<br \/>\nbien nunca, reciben una negativa\u00bb -me escribe otra amiga, que trabaj\u00f3 durante algunos a\u00f1os en<br \/>\nWhite-Chapel, en relaci\u00f3n con un club obrero. Pero mejor ser\u00e1 transcribir algunos fragmentos<br \/>\nde su carta:<br \/>\n\u00abEs regla general entre los obreros cuidar a un vecino o una vecina enfermos, sin buscar<br \/>\nninguna clase de retribuci\u00f3n. Del mismo modo, cuando una mujer que tiene ni\u00f1os peque\u00f1os se<br \/>\nva al trabajo, siempre se los cuida una de las vecinas.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n143<br \/>\n\u00abSi los obreros no se ayudaran mutuamente, no podr\u00eda n vivir en absoluto. Conozco familias<br \/>\nobreras que se ayudan constantemente entre s\u00ed, con dinero, alimento, combustible, vigilancia de<br \/>\nlos ni\u00f1os, en caso de enfermedad y en casos de muerte.<br \/>\n\u00abEntre los pobres, lo \u00abm\u00edo\u00bb, y lo \u00abtuyo\u00bb se distingue bastante menos que entre los ricos. Botines,<br \/>\nvestidos, sombreros, etc. -en una palabra, lo que se necesita en un momento dado-, se prestan<br \/>\nconstantemente entre s\u00ed, y del mismo modo todo g\u00e9nero de efectos del hogar.<br \/>\n\u00abDurante el invierno pasado (1894), los miembros del United Radical Club reunieron en su<br \/>\nmedio una peque\u00f1a suma de dinero y empezaron despu\u00e9s de Navidad a suministrar<br \/>\ngratuitamente sopa y pan a los ni\u00f1os que concurr\u00edan a la escuela. Gradualmente, el n\u00famero de<br \/>\nni\u00f1os que alimentaban alcanz\u00f3 hasta 1.800. Las donaciones llegaban de fuera, pero todo el<br \/>\ntrabajo reca\u00eda sobre los hombros de los miembros del club. Algunos de ellos -aquellos que<br \/>\nentonces estaban sin trabajo- ven\u00edan a las cuatro de la ma\u00f1ana para lavar y limpiar legumbres:<br \/>\ncinco mujeres ven\u00edan a las nueve o diez de la ma\u00f1ana (despu\u00e9s de haber terminado el trabajo<br \/>\nde su hogar) a vigilar el cocimiento de la comida, y se quedaban hasta las seis o siete de la<br \/>\ntarde para lavar la vajilla. Durante la hora del almuerzo, entre las doce y doce y media, ven\u00edan<br \/>\nde 20 a 30 obreros a ayudar a repartir la sopa; para lo cual hab\u00edan de robar tiempo a su propia<br \/>\ncomida. Tal trabajo se prolong\u00f3 dos meses, y siempre fue hecho completamente gratis.<br \/>\nMi amiga cita tambi\u00e9n diferentes casos particulares, de los cuales menciono los m\u00e1s t\u00edpicos:<br \/>\n\u00abLa ni\u00f1a Anita W. fue entregada, en pensi\u00f3n, por su madre a una anciana de la calle Wilmot.<br \/>\nCuando muri\u00f3 la madre de Anita, la anciana, que viv\u00eda ella misma en la mayor indigencia, cri\u00f3 a<br \/>\nla ni\u00f1a a pesar de qu\u00e9 nadie le pagaba un centavo. Cuando muri\u00f3 tambi\u00e9n la anciana, la ni\u00f1a,<br \/>\nque ten\u00eda entonces cinco a\u00f1os qued\u00f3, durante la enfermedad de su madre adoptiva, sin<br \/>\ncuidado alguno, e iba en andrajos; pero le ofreci\u00f3 asilo entonces la esposa de un zapatero, que<br \/>\nten\u00eda ya seis varones. M\u00e1s tarde, cuando el zapatero cay\u00f3 enfermo, todos ellos tuvieron que<br \/>\nsufrir hambre.\u00bb<br \/>\n\u00abHace unos d\u00edas, M., madre de seis ni\u00f1os, atend\u00eda a la vecina Mg. durante su enfermedad, y<br \/>\nllev\u00f3 a su casa al ni\u00f1o m\u00e1s grande&#8230; Pero, \u00bfson necesarios a usted estos hechos? Constituyen<br \/>\nel fen\u00f3meno m\u00e1s corriente&#8230; Conozca a la se\u00f1ora D. (en direcci\u00f3n tal) que tiene una m\u00e1quina<br \/>\nde coser. Continuamente cose para los otros, no aceptando retribuci\u00f3n alguna por el trabajo, a<br \/>\npesar de que debe cuidar a cinco ni\u00f1os y al esposo&#8230;, etc. \u00bb<br \/>\nPara todo aqu\u00e9l que tiene siquiera una peque\u00f1\u00edsima idea de la vida de las clases obreras,<br \/>\nresulta evidente que si en su medio no se practicara en grandes proporciones la ayuda mutua,<br \/>\nno podr\u00edan, de modo alguno, vencer las dificultades de que est\u00e1 llena su vida. Solamente<br \/>\ngracias a la combinaci\u00f3n de felices circunstancias la familia obrera puede pasar la vida sin<br \/>\natravesar por momentos duros como los que fueron descritos por el tejedor de cintas Josept<br \/>\nGuttridge en su autobiograf\u00eda. Y si no todos los obreros caen, en tales circunstancias, hasta los<br \/>\n\u00faltimos grados de miseria, se lo deben precisamente a la ayuda mutua practicada entre ellos.<br \/>\nUna vieja nodriza que viv\u00eda en la pobreza m\u00e1s extrema ayud\u00f3 a Guttridge en el instante mismo<br \/>\nen que su familia se avecinaba a un desenlace fatal: les consigui\u00f3 a cr\u00e9dito pan, carb\u00f3n y otros<br \/>\nart\u00edculos de primera necesidad. En otros casos era otro el que ayudaba, o bien los vecinos se<br \/>\nun\u00edan para arrebatar a la familia de las garras de la miseria. Pero, si los pobres no acudieran en<br \/>\nayuda de los pobres, \u00a1en qu\u00e9 proporciones enormes aumentar\u00eda el n\u00famero de aquellos que<br \/>\nllegan a la miseria espantosa ya irreparable!<br \/>\nSamuel Plimsoll, conocido en Inglaterra por su campa\u00f1a en contra el seguro de las naves<br \/>\npodridas e in\u00fatiles que eran enviadas al mar con la esperanza de que se hundieran para cobrar<br \/>\nla prima de seguro, despu\u00e9s de haber vivido alg\u00fan tiempo entre pobres gastando solamente<br \/>\nsiete chelines seis peniques (tres rublos cincuenta copecas) por semana vi\u00f3se obligado a<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n144<br \/>\nreconocer que los buenos sentimientos hacia los pobres que ten\u00eda cuando comenz\u00f3 este<br \/>\ng\u00e9nero de vida \u00abse cambiaron en sentimientos de sincero respeto y admiraci\u00f3n, cuando vio<br \/>\nhasta d\u00f3nde las relaciones entre los pobres est\u00e1n imbuidas de ayuda y apoyo mutuos, y cuando<br \/>\nconoci\u00f3 los medios simples con que se prestan este g\u00e9nero de apoyo. Despu\u00e9s de muchos<br \/>\na\u00f1os de experiencia lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que si bien se piensa, resulta que semejantes<br \/>\nhombres constituyen la inmensa mayor\u00eda de las clases obreras\u00bb. En cuanto a la crianza de<br \/>\nhu\u00e9rfanos practicada hasta por las familias m\u00e1s pobres de los vecinos, es un fen\u00f3meno tan<br \/>\nampliamente difundido que se puede considerar regla general; as\u00ed, despu\u00e9s de la explosi\u00f3n de<br \/>\ngases de las minas de Warren Vale y Lund Hill, revel\u00f3se que \u00abcasi un tercio de los mineros<br \/>\nmuertos, seg\u00fan las investigaciones de la comisi\u00f3n,- manten\u00eda, aparte de sus esposas e hijos,<br \/>\ntambi\u00e9n a otros parientes pobres\u00bb. \u00ab\u00bfHab\u00e9is pensado -agrega a esto Plimsoll- qu\u00e9 significa este<br \/>\nhecho? No dudo de que semejante fen\u00f3meno no es raro entre los ricos o hasta entre personas<br \/>\npudientes. Pero, pensad bien en la diferencia.\u00bb Y, realmente, vale la pena pensar qu\u00e9 significa,<br \/>\npara el obrero que gana 16 chelines (menos de ocho rublos) por semana y que alimenta con<br \/>\nestos m\u00f3dicos recursos a la esposa y a veces cinco o seis hijos, gastar un chel\u00edn en ayudar a la<br \/>\nviuda de un camarada o sacrificar medio chel\u00edn para el entierro de uno tan pobre como \u00e9l<br \/>\nmismo. Pero semejantes sacrificios son un fen\u00f3meno corriente entre los obreros de cualquier<br \/>\npa\u00eds, aun en ocasiones considerablemente m\u00e1s de orden com\u00fan que la muerte, y ayudar por<br \/>\nmedio del trabajo es la cosa m\u00e1s natural en su vida.<br \/>\nLa misma pr\u00e1ctica de ayuda y apoyo mutuos se observa, naturalmente, tambi\u00e9n entre las clases<br \/>\nm\u00e1s ricas, con la misma sedimentaci\u00f3n en capas que se\u00f1ala Plimsoll. Naturalmente, cuando se<br \/>\npiensa en la crueldad que los empleadores m\u00e1s ricos muestran hacia los obreros, si\u00e9ntese uno<br \/>\ninclinado a tratar la naturaleza humana con suma desconfianza. Muchos probablemente<br \/>\nrecuerdan todav\u00eda la indignaci\u00f3n provocada en Inglaterra por los due\u00f1os de las minas durante la<br \/>\ngran huelga de Yorkshire, en 1894, cuando empezaron a procesar a los viejos mineros por<br \/>\nrecoger carb\u00f3n en un pozo abandonado. Y aun dejando de lado los per\u00edodos agudos de lucha y<br \/>\nde guerra civil cuando, por ejemplo, decenas de miles de obreros prisioneros fueron fusilados<br \/>\ndespu\u00e9s de la ca\u00edda de la Comuna de Par\u00eds, \u00bfqui\u00e9n puede leer sin estremecerse las<br \/>\nrevelaciones de las comisiones reales sobre la situaci\u00f3n de los obreros en 1840 en Inglaterra, o<br \/>\nlas palabras de Lord Shaftesbury sobre -el espantoso despilfarro de vida humana en las<br \/>\nf\u00e1bricas donde trabajan ni\u00f1os toma-, dos de los hospicios, si no simplemente comprados en<br \/>\ntoda Inglaterra para venderlos despu\u00e9s, a las f\u00e1bricas\u00bb. \u00bfQui\u00e9n puede leer todo esto sin<br \/>\nsorprenderse por la bajeza de que es capaz el hombre en su af\u00e1n de lucro? Pero necesario es<br \/>\ndecir que ser\u00eda err\u00f3neo atribuir tal g\u00e9nero de fen\u00f3meno exclusivamente a la criminalidad de la<br \/>\nnaturaleza humana. \u00bfAcaso hasta una \u00e9poca reciente los hombres de ciencia, y hasta una<br \/>\nparte importante del clero no difund\u00edan doctrinas que inculcaban desconfianza y desprecio, y<br \/>\ncasi odio a las clases m\u00e1s pobres? \u00bfAcaso los hombres de ciencia no dec\u00edan que desde que la<br \/>\nservidumbre qued\u00f3 abolida s\u00f3lo pueden caber en la pobreza los hombres viciosos? \u00a1y qu\u00e9<br \/>\npocos representantes de la Iglesia se ha hallado que se atrevieran a vituperar estos<br \/>\ninfanticidios, mientras que la mayor\u00eda del clero ense\u00f1aba que los sufrimientos de los pobres y<br \/>\nhasta la esclavitud de los negros eran cumplimiento de la voluntad de la Providencia Divina!<br \/>\n\u00bfAcaso el cisma (non conformism) mismo en Inglaterra no era en esencia una protesta popular<br \/>\ncontra el cruel trato que la iglesia del estado daba a los pobres?<br \/>\nCon tales gu\u00edas espirituales no es de extra\u00f1ar que los sentimientos de las clases pudientes,<br \/>\ncomo observ\u00f3 M. Plimsoll, deb\u00edan no tanto embotarse cuanto tomar tinte de clase. Los ricos<br \/>\nraramente se rebajan hasta los pobres, de quienes est\u00e1n separados por el mismo modo de vida<br \/>\ny de quienes ignoran por completo el lado mejor de su existencia cotidiana. Pero tambi\u00e9n los<br \/>\nricos, dejando de lado por una parte la mezquindad y los gastos irrazonables por otro, en el<br \/>\nc\u00edrculo de la familia y de los amigos se observa la misma pr\u00e1ctica de ayuda y apoyo mutuos que<br \/>\nentre los pobres. Ihering y Dargun ten\u00edan plena raz\u00f3n al decir que si se hiciera un resumen<br \/>\nestad\u00edstico del dinero que pasa de mano en mano en forma de pr\u00e9stamo amistoso y de ayuda,<br \/>\nla suma general resultar\u00eda colosal, aun en comparaci\u00f3n con las transacciones del comercio<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n145<br \/>\nmundial. Y si se agrega a esto -y necesario es agregarlo- los gastos de hospitalidad, los<br \/>\npeque\u00f1os servicios mutuos prestados entre s\u00ed, la ayuda para arreglar asuntos ajenos, regalo y<br \/>\nbeneficencia, indudablemente nos asombraremos de la importancia que tales gastos tienen en<br \/>\nla econom\u00eda nacional. Aun en el mundo dirigido por el ego\u00edsmo comercial existe una frase<br \/>\ncorriente: \u00abEsta firma nos ha tratado duramente\u00bb, y est\u00e1 frase demuestra que hasta en el<br \/>\nambiente comercial existen relaciones amistosas, opuestas a las duras, es decir a las<br \/>\nrelaciones basadas exclusivamente en la ley. Todo comerciante, naturalmente, sabe cu\u00e1ntas<br \/>\nfirmas se salvan por a\u00f1o de la ruina gracias al apoyo amistoso prestado por otras firmas.<br \/>\nEn cuanto a la beneficencia y a la masa de trabajos de utilidad p\u00fablica realizados<br \/>\nvoluntariamente, tanto por los representantes de la clase acomodada como de las obreras y, en<br \/>\nespecial, por los representantes de las diferentes profesiones, todos saben qu\u00e9 papel<br \/>\ndesempe\u00f1an estas dos categor\u00edas de benevolencia en la vida moderna. Si el car\u00e1cter<br \/>\nverdadero de esta benevolencia a menudo suele ser echada a perder por la tendencia a adquirir<br \/>\nfama, poder pol\u00edtico o distinci\u00f3n social, a pesar de todo es indudable que en la mayor\u00eda de los<br \/>\ncasos el impulso proviene del mismo sentimiento de ayuda mutua. Muy a menudo, los hombres,<br \/>\nadquiriendo riquezas, no hallan en ellas las satisfacciones que esperaban. Otros empiezan a<br \/>\nsentir que a pesar de cuanto han difundido los economistas de que la riqueza es la recompensa<br \/>\nde sus capacidades, su recompensa es demasiado grande. La conciencia de la solidaridad<br \/>\nhumana se despierta en ellos; a pesar de que la vida social est\u00e1 constituida como para sofocar<br \/>\neste sentimiento con miles de m\u00e9todos astutos, a pesar de todo, a menudo se sobrepone, y<br \/>\nentonces los hombres del tipo arriba indicado tratan de hallar una salida para esta necesidad<br \/>\nalojada en la profundidad del coraz\u00f3n humano, entregando su fortuna o sus fuerzas a algo que<br \/>\nseg\u00fan su opini\u00f3n contribuir\u00e1 al desarrollo del bienestar general.<br \/>\nDicho m\u00e1s brevemente, ni las fuerzas abrumadoras del estado centralizado, ni las doctrinas de<br \/>\nmutuo odio y de lucha despiadada que provienen, ordenadas con los atributos de la ciencia, de<br \/>\nlos fil\u00f3sofos y soci\u00f3logos obsequiosos, pudieron desarraigar los sentimientos de solidaridad<br \/>\nhumana, de reciprocidad, profundamente enraizados en la conciencia Y el coraz\u00f3n humanos,<br \/>\npuesto que este sentimiento fue criado por todo nuestro desarrollo precedente. Aquello que ha<br \/>\nsido resultado de la evoluci\u00f3n, comenzando desde sus m\u00e1s primitivos estadios, no puede ser<br \/>\ndestruido por una de las fases transitorias de esa misma evoluci\u00f3n. Y la necesidad de ayuda y<br \/>\napoyo mutuos que se ha ocultado quiz\u00e1 en el c\u00edrculo estrecho de la familia, entre los vecinos de<br \/>\nlas calles y callejuelas pobres, en la aldea o en las uniones secretas de obreros, renace de<br \/>\nnuevo, hasta en nuestra sociedad moderna y proclama su derecho, el derecho de ser, como<br \/>\nsiempre lo ha sido, el principal impulsor en el camino del progreso m\u00e1ximo.<br \/>\nTales son las conclusiones a las cuales llegamos inevitablemente despu\u00e9s de un examen<br \/>\ncuidadoso de cada grupo de hechos enumerados brevemente en los dos \u00faltimos cap\u00edtulos.<br \/>\nCONCLUSI\u00d3N<br \/>\nSi tomamos ahora lo que nos ense\u00f1a el examen de la sociedad moderna en relaci\u00f3n con los<br \/>\nhechos que se\u00f1alan la importancia de la ayuda mutua en el desarrollo gradual del mundo<br \/>\nanimal y de la humanidad, podemos extraer de nuestras investigaciones las siguientes<br \/>\nconclusiones:<br \/>\nEn el mundo animal nos hemos persuadido de que la enorme mayor\u00eda de las especies viven en<br \/>\nsociedades y que encuentran en la sociabilidad la mejor arma para la lucha por la existencia,<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n146<br \/>\nentendiendo, naturalmente, este t\u00e9rmino en el amplio sentido darwiniano, no como una lucha<br \/>\npor los medios directos de existencia, sino como lucha contra todas las condiciones naturales,<br \/>\ndesfavorables para la especie. Las especies animales en las que la lucha entre los individuos<br \/>\nha sido llevada a los l\u00edmites m\u00e1s restringidos, y en las que la pr\u00e1ctica de la ayuda mutua ha<br \/>\nalcanzado el m\u00e1ximo desarrollo, invariablemente son las especies m\u00e1s numerosas, las m\u00e1s<br \/>\nflorecientes y m\u00e1s aptas para el m\u00e1ximo progreso. La protecci\u00f3n mutua, lograda en tales casos<br \/>\ny debido a esto la posibilidad de alcanzar la vejez y acumular experiencia, el alto desarrollo<br \/>\nintelectual y el m\u00e1ximo crecimiento de los h\u00e1bitos sociales, aseguran la conservaci\u00f3n de la<br \/>\nespecie y tambi\u00e9n su difusi\u00f3n sobre una superficie m\u00e1s amplia, y la m\u00e1xima evoluci\u00f3n<br \/>\nprogresiva. Por lo contrario, las especies insaciables, en la enorme mayor\u00eda de los casos, est\u00e1n<br \/>\ncondenadas a la degeneraci\u00f3n.<br \/>\nPasando luego al hombre, lo hemos visto viviendo en clanes y tribus, ya en la aurora de la Edad<br \/>\nPaleol\u00edtica; hemos visto tambi\u00e9n una serie de instituciones y costumbres sociales formadas<br \/>\ndentro del clan ya en el grado m\u00e1s bajo de desarrollo de los salvajes. Y hemos hallado que los<br \/>\nm\u00e1s antiguos h\u00e1bitos y costumbres tribales dieron a la humanidad, en embri\u00f3n, todas aquellas<br \/>\ninstituciones que m\u00e1s tarde actuaron como los elementos impulsores m\u00e1s importantes del<br \/>\nm\u00e1ximo progreso. Del r\u00e9gimen tribal de los salvajes naci\u00f3 la comuna aldeana de los \u00abb\u00e1rbaros\u00bb,<br \/>\ny un nuevo c\u00edrculo a\u00fan m\u00e1s amplio de h\u00e1bitos, costumbres e instituciones sociales, una parte de<br \/>\nlos cuales subsistieron hasta nuestra \u00e9poca, se desarroll\u00f3 a la sombra de la posesi\u00f3n com\u00fan de<br \/>\nuna tierra dada y bajo la protecci\u00f3n de la jurisdicci\u00f3n de la asamblea comunal aldeana en<br \/>\nfederaciones de aldeas pertenecientes, o que se supon\u00edan pertenecer a una tribu y que se<br \/>\ndefend\u00edan de los enemigos con las fuerzas comunes. Cuando las nuevas necesidades incitaron<br \/>\na los hombres a dar un nuevo paso en su desarrollo, formaron el derecho popular de las<br \/>\nciudades libres, que constitu\u00edan una doble red: de unidades territoriales (comunas aldeanas) y<br \/>\nde guildas surgidas de las ocupaciones comunes en un arte u oficio dado, o para la protecci\u00f3n y<br \/>\nel apoyo mutuos. Ya hemos considerado en dos cap\u00edtulos, el quinto y el sexto, cu\u00e1n enormes<br \/>\nfueron los \u00e9xitos del saber, del arte y de la educaci\u00f3n en general en las ciudades medievales<br \/>\nque ten\u00edan derechos populares.<br \/>\nFinalmente, en los dos \u00faltimos cap\u00edtulos se han reunido hechos que se\u00f1alan c\u00f3mo la formaci\u00f3n<br \/>\nde los estados seg\u00fan el modelo de la Roma imperial destruy\u00f3 violentamente todas las<br \/>\ninstituciones medievales de apoyo mutuo y cre\u00f3 una nueva forma de asociaci\u00f3n, sometiendo<br \/>\ntoda la vida de la poblaci\u00f3n a la autoridad del estado. Pero el estado, apoyado en agregados<br \/>\npoco vinculados entre s\u00ed de individuos y asumiendo la tarea de ser \u00fanico principio de uni\u00f3n, no<br \/>\nrespondi\u00f3 a su objetivo. La tendencia de los hombres al apoyo mutuo y su necesidad de uni\u00f3n<br \/>\ndirecta para \u00e9l, nuevamente se manifestaron en una infinita diversidad de todas las sociedades<br \/>\nposibles que tambi\u00e9n tienden ahora a abrazar todas las manifestaciones de vida, a dominar<br \/>\ntodo lo necesario para la existencia humana y para reparar los gastos condicionados por la vida:<br \/>\ncrear un cuerpo viviente, en lugar del mecanismo muerto, sometido a la voluntad de los<br \/>\nfuncionarios.<br \/>\nProbablemente se nos observar\u00e1 que la, ayuda mutua, a pesar de constituir una de las grandes<br \/>\nfuerzas activas de la evoluci\u00f3n, es decir, del desarrollo progresivo de la humanidad, es s\u00f3lo una<br \/>\nde las diferentes formas de las relaciones de los hombres entre s\u00ed; junto con esta corriente, por<br \/>\npoderosa que fuera, existe y siempre existi\u00f3, otra corriente la de auto-afirmaci\u00f3n del individuo,<br \/>\nno s\u00f3lo en sus esfuerzos por alcanzar la superioridad personal o de casta en la relaci\u00f3n<br \/>\necon\u00f3mica, pol\u00edtica y espiritual, sino tambi\u00e9n en una actividad que es m\u00e1s importante a pesar<br \/>\nde ser menos potable; romper los lazos que siempre tienden a la cristalizaci\u00f3n y petrificaci\u00f3n,<br \/>\nque imponen sobre el individuo el clan, la comuna aldeana, la ciudad o el estado. En otras<br \/>\npalabras, en la sociedad humana, la autoafirmaci\u00f3n de la personalidad tambi\u00e9n constituye un<br \/>\nelemento de progreso.<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n147<br \/>\nEs evidente que ning\u00fan esquema del desarrollo de la humanidad puede pretender ser completo<br \/>\nsi no se considera estas dos corrientes dominantes. Pero el caso es que la autoafirmaci\u00f3n de la<br \/>\npersonalidad o grupos de personalidades, su lucha por la superioridad y los conflictos y la lucha<br \/>\nque se derivan de ella fueron, ya en \u00e9pocas inmemoriales, analizados, descritos y glorificados.<br \/>\nEn realidad, hasta la \u00e9poca actual s\u00f3lo esta corriente ha gozado de la atenci\u00f3n de los poetas<br \/>\n\u00e9picos, cronistas, historiadores y soci\u00f3logos. La historia, como ha sido escrita hasta ahora, es<br \/>\ncasi \u00edntegramente la descripci\u00f3n de los m\u00e9todos y medios con cuya ayuda la teocracia, el poder<br \/>\nmilitar, la monarqu\u00eda pol\u00edtica y m\u00e1s tarde las clases pudientes establecieron y conservaron su<br \/>\ngobierno. La lucha entre estas fuerzas constituye, en realidad, la esencia de la historia.<br \/>\nPodemos considerar, por esto, que la importancia de la personalidad y de la fuerza individual en<br \/>\nla historia de la humanidad es enteramente conocida, a pesar de que en este dominio ha<br \/>\nquedado no poco que hacer en el sentido recientemente indicado.<br \/>\nAl mismo tiempo, otra fuerza activa -la ayuda mutua- ha sido relegada hasta ahora al olvido<br \/>\ncompleto; los escritores de la generaci\u00f3n actual y de las pasadas, simplemente la negaron o se<br \/>\nburlaron de ella. Darwin, hace ya medio siglo, se\u00f1al\u00f3 brevemente la importancia de la ayuda<br \/>\nmutua para la conservaci\u00f3n y el desarrollo progresivo de los animales. Pero, \u00bfqui\u00e9n trat\u00f3 ese<br \/>\npensamiento desde entonces? Sencillamente se empe\u00f1aron en olvidarla. Debido a esto, fue<br \/>\nnecesario, antes que nada, establecer el papel enorme que desempe\u00f1a la ayuda mutua tanto<br \/>\nen el desarrollo del mundo animal como de las sociedades humanas. S\u00f3lo despu\u00e9s que esta<br \/>\nimportancia sea plenamente reconocida ser\u00e1 posible comparar la influencia de una y otra<br \/>\nfuerza: la social y la individual.<br \/>\nEvidentemente, es imposible efectuar, con un m\u00e9todo m\u00e1s o menos estad\u00edstico, siquiera una<br \/>\napreciaci\u00f3n grosera de su importancia relativa. Cualquier guerra, como todos sabemos, puede<br \/>\nproducir, ya sea directamente o bien por sus consecuencias, m\u00e1s da\u00f1os que beneficios, puede<br \/>\nproducir centenares de a\u00f1os de acci\u00f3n, libres de obst\u00e1culos, del principio de ayuda mutua. Pero<br \/>\ncuando vemos que en el mundo animal el desarrollo progresivo y la ayuda mutua van de la<br \/>\nmano, y la guerra interna en el seno de una especie, por lo contrario, va acompa\u00f1ada \u00abpor el<br \/>\ndesarrollo progresivo\u00bb, es decir, la decadencia de la especie; cuando observamos que para el<br \/>\nhombre hasta el \u00e9xito en la lucha y la guerra es proporcional al desarrollo de la ayuda mutua en<br \/>\ncada una de las dos partes en lucha, sean estas naciones, ciudades, tribus o solamente<br \/>\npartidos, y que en el proceso de desarrollo de la guerra misma (en cuanto puede cooperar en<br \/>\neste sentido) se somete a los objetivos finales del progreso de la ayuda mutua dentro de la<br \/>\nnaci\u00f3n, ciudad o tribu, por todas estas observaciones ya tenemos una idea de la influencia<br \/>\npredominante de la ayuda mutua como factor de progreso.<br \/>\nPero vemos tambi\u00e9n que la pr\u00e1ctica de la ayuda mutua y su desarrollo subsiguiente crearon<br \/>\ncondiciones mismas de la vida social, sin las cuales el hombre nunca hubiera podido desarrollar<br \/>\nsus oficios y artes, su ciencia, su inteligencia, su esp\u00edritu creador; y vemos que los periodos en<br \/>\nque los h\u00e1bitos y costumbres que tienen por objeto la ayuda mutua alcanzaron su elevado<br \/>\ndesarrollo, siempre fueron periodos del m\u00e1s grande progreso en el campo de las artes, la<br \/>\nindustria y la ciencia. Realmente, el estudio de la vida interior de las ciudades de la antigua<br \/>\nGrecia, y luego de las ciudades medievales, revela el hecho de que precisamente la<br \/>\ncombinaci\u00f3n de la ayuda mutua, como se practicaba dentro de la guilda, de la comuna o el clan<br \/>\ngriego -con la amplia iniciativa permitida al individuo y al grupo en virtud del principio federativo-,<br \/>\nprecisamente esta combinaci\u00f3n, dec\u00edamos, dio a la humanidad los dos grandes periodos de su<br \/>\nhistoria: el periodo de las ciudades de la antigua Grecia y el periodo de las ciudades de la Edad<br \/>\nMedia; mientras que la destrucci\u00f3n de las instituciones y costumbres de ayuda mutua,<br \/>\nrealizadas durante los periodos estatales de la historia que siguieron, corresponde en ambos<br \/>\ncasos a las \u00e9pocas de r\u00e1pida decadencia.<br \/>\nProbablemente se nos replicar\u00e1, sin embargo, haciendo menci\u00f3n del s\u00fabito progreso industrial<br \/>\nque se realiz\u00f3 en el siglo XIX y que corrientemente se atribuye al triunfo del individualismo y de<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n148<br \/>\nla competencia. No obstante este progreso, fuera de toda duda, tiene un origen<br \/>\nincomparablemente m\u00e1s profundo. Despu\u00e9s que fueron hechos los grandes descubrimientos<br \/>\ndel siglo XV, en especial el de la presi\u00f3n atmosf\u00e9rica, apoyada por una serie completa de otros<br \/>\nen el campo de la f\u00edsica -y estos descubrimientos fueron hechos en las ciudades medievalesdespu\u00e9s<br \/>\nde estos descubrimientos, la invenci\u00f3n de la m\u00e1quina a vapor, y toda la revoluci\u00f3n<br \/>\nindustrial provocada por la aplicaci\u00f3n de la nueva fuerza, el vapor, fue una consecuencia<br \/>\nnecesaria. Si las ciudades medievales hubieran subsistido hasta el desarrollo de los<br \/>\ndescubrimientos empezados por ellas, es decir, hasta la aplicaci\u00f3n pr\u00e1ctica del nuevo motor,<br \/>\nentonces las consecuencias morales, sociales, de la revoluci\u00f3n provocada por la aplicaci\u00f3n del<br \/>\nvapor podr\u00edan tomar, y probablemente hubieran tomado, otro car\u00e1cter; pero la misma revoluci\u00f3n<br \/>\nen el campo de la t\u00e9cnica de la producci\u00f3n y de la ciencia tambi\u00e9n hubiera sido inevitable.<br \/>\nSolamente hubiera encontrado menos obst\u00e1culos. Queda sin respuesta el interrogante: \u00bfNo fue<br \/>\nacaso retardada la aparici\u00f3n de la m\u00e1quina de vapor y tambi\u00e9n la revoluci\u00f3n que le sigui\u00f3 luego<br \/>\nen el campo de las artes, por la decadencia general de los oficios que sigui\u00f3 a la destrucci\u00f3n de<br \/>\nlas ciudades libres y que se not\u00f3 especialmente en la primera mitad del siglo XVIII?<br \/>\nConsiderando la rapidez asombrosa del progreso industrial en el per\u00edodo que se extiende desde<br \/>\nel siglo XII hasta el siglo XV, en el tejido, en el trabajo de metales, en la arquitectura, en la<br \/>\nnavegaci\u00f3n, y reflexionando sobre los descubrimientos cient\u00edficos a los cuales condujo este<br \/>\nprogreso industrial a fines del siglo XIX, tenemos derecho a formularnos esta pregunta: \u00bfNo se<br \/>\nretras\u00f3 la humanidad en la utilizaci\u00f3n de todas estas conquistas cient\u00edficas cuando empez\u00f3 en<br \/>\nEuropa la decadencia general en el campo de las artes y de la industria, despu\u00e9s de la ca\u00edda de<br \/>\nla civilizaci\u00f3n medieval? Naturalmente, la desaparici\u00f3n de los artistas artesanos, como los que<br \/>\nprodujeron Florencia, N\u00fcremberg y muchas otras ciudades, la decadencia de las grandes<br \/>\nciudades y la interrupci\u00f3n de las relaciones entre ellas no pod\u00edan favorecer la revoluci\u00f3n<br \/>\nindustrial. Realmente sabemos, por ejemplo, que James Watt, el inventor de la m\u00e1quina a vapor<br \/>\nmoderna, emple\u00f3 alrededor de doce a\u00f1os de su vida para hacer su invento pr\u00e1cticamente<br \/>\nutilizable, puesto que no pudo hallar, en el siglo XVIII aquellos ayudantes que hubiera hallado<br \/>\nf\u00e1cilmente en la Florencia, N\u00fcremberg o Brujas de la Edad Media; es decir, artesanos<br \/>\ncapacitados para realizar su invento en el metal y darle la terminaci\u00f3n y finura art\u00edstica que son<br \/>\nnecesarias para la m\u00e1quina de vapor que trabaja con exactitud.<br \/>\nDe tal modo, atribuir el progreso industrial del siglo XV a la guerra de todos contra uno significa<br \/>\njuzgar como aqu\u00e9l que sin saber las verdaderas causas de la lluvia la atribuye a la ofrenda<br \/>\nhecha por el hombre al \u00eddolo de arcilla. Para el progreso industrial, lo mismo que para cualquier<br \/>\notra conquista en el campo de la naturaleza, la ayuda mutua y las relaciones estrechas sin duda<br \/>\nfueron siempre m\u00e1s ventajosas que la lucha mutua.<br \/>\nSin embargo, la gran importancia del principio de ayuda mutua aparece principalmente en el<br \/>\ncampo de la \u00e9tica, o estudio de la moral. Que la ayuda mutua es la base de todas nuestras<br \/>\nconcepciones \u00e9ticas, es cosa bastante evidente. Pero cualesquiera que sean las opiniones que<br \/>\nsostuvi\u00e9ramos con respecto al origen primitivo del sentimiento o instinto de ayuda mutua -sea<br \/>\nque lo atribuyamos a causas biol\u00f3gicas o bien sobrenaturales- debemos reconocer que se<br \/>\npuede ya observar su existencia en los grados inferiores del mundo animal. Desde estos grados<br \/>\nelementales podemos seguir su desarrollo ininterrumpido y gradual a trav\u00e9s de todas las clases<br \/>\ndel mundo animal y, no obstante, la cantidad importante de influencias que se le opusieron, a<br \/>\ntrav\u00e9s de todos los grados de la evoluci\u00f3n humana hasta la \u00e9poca presente. Aun las nuevas<br \/>\nreligiones que nacen de tiempo en tiempo -siempre en \u00e9pocas en que el principio de ayuda<br \/>\nmutua hab\u00eda deca\u00eddo en los estados teocr\u00e1ticos y desp\u00f3ticos de Oriente, o bajo la ca\u00edda del<br \/>\nimperio Romano-, aun las nuevas religiones nunca fueron m\u00e1s que la afirmaci\u00f3n de ese mismo<br \/>\nprincipio. Hallaron sus primeros continuadores en las capas humildes, inferiores, oprimidas de la<br \/>\nsociedad, donde el principio de la ayuda mutua era la base necesaria de la vida cotidiana; y las<br \/>\nnuevas formas de uni\u00f3n que fueron introducidas en las antiguas comunas budistas Y cristianas,<br \/>\n\u201cEl apoyo mutuo\u201d de Piotr Kropotkin<br \/>\n149<br \/>\nen las comunas de los hermanos moravos, etc., adquirieron el car\u00e1cter de retorno a las mejores<br \/>\nformas de ayuda mutua que de practicaban en el primitivo per\u00edodo tribal.<br \/>\nSin embargo, cada vez que se hacia una tentativa para volver a este venerado principio antiguo,<br \/>\nsu idea fundamental se extend\u00eda. Desde el clan se prolong\u00f3 a la tribu, de la federaci\u00f3n de tribus<br \/>\nabarc\u00f3 la naci\u00f3n, y, por \u00faltimo -por lo menos en el ideal-, toda la humanidad. Al mismo tiempo,<br \/>\ntomaba gradualmente un car\u00e1cter m\u00e1s elevado. En el cristianismo primitivo, en las obras de<br \/>\nalgunos predicadores musulmanes, en los primitivos movimientos del per\u00edodo de la Reforma y,<br \/>\nen especial, en los movimientos \u00e9ticos y filos\u00f3ficos del siglo XVIII y de nuestra \u00e9poca se elimina<br \/>\nm\u00e1s y m\u00e1s la idea de venganza o de la \u00abretribuci\u00f3n merecida\u00bb: \u00abbien por bien y mal por mal\u00bb. La<br \/>\nelevada concepci\u00f3n: -No vengarse de las ofensas-, y el principio: \u00abDa al pr\u00f3jimo sin contar, da<br \/>\nm\u00e1s de lo que piensas recibir\u00bb. Estos principios se proclaman como verdaderos principios de<br \/>\nmoral, como principios que ocupan m\u00e1s elevado lugar que la simple \u00abequivalencia\u00bb, la<br \/>\nimparcialidad, la fr\u00eda justicia, como principios que conducen m\u00e1s r\u00e1pidamente mejor a la<br \/>\nfelicidad. Incitan al hombre, por esto, a tomar por gu\u00eda, en sus actos, no s\u00f3lo el amor, que<br \/>\nsiempre tiene car\u00e1cter personal o, en el mejor de los casos, car\u00e1cter tribal, sino la concepci\u00f3n<br \/>\nde su unidad con todo ser humano, por consiguiente, de una igualdad de derecho general y,<br \/>\nadem\u00e1s, en sus relaciones hacia los otros, a entregar a los hombres, sin calcular la actividad de<br \/>\nsu raz\u00f3n y de su sentimiento y hallar en esto su felicidad superior.<br \/>\nEn la pr\u00e1ctica de la ayuda mutua, cuyas huellas podemos seguir hasta los m\u00e1s antiguos<br \/>\nrudimentos de la evoluci\u00f3n, hallamos, de tal modo, el origen positivo e indudable de nuestras<br \/>\nconcepciones morales, \u00e9ticas, y podemos afirmar que el principal papel en la evoluci\u00f3n \u00e9tica de<br \/>\nla humanidad fue desempe\u00f1ado por la ayuda mutua y no por la lucha mutua. En la amplia<br \/>\ndifusi\u00f3n de los principios de ayuda mutua, aun en la \u00e9poca presente, vemos tambi\u00e9n la mejor<br \/>\ngarant\u00eda de una evoluci\u00f3n a\u00fan m\u00e1s elevada del g\u00e9nero humano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL APOYO MUTUO Piotr Kropotkin INTRODUCCI\u00d3N A LA TERCERA EDICI\u00d3N EN ESPA\u00d1OL El apoyo mutuo es la obra m\u00e1s representativa de la personalidad intelectual de Kropotkin. 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